—Es mejor que vayas a descansar,– le dijo Daz a Crocodile, al verlo tan ansioso.
—¿Qué?– Crocodile gruñó.
—Necesitas dormir, jefe. No es prudente que el niño te vea en mal estado.
—No quiero dormir, Daz. No hasta que lo encuentre, hasta que vea con mis propios ojos que está bien, que está vivo…– Crocodile rompió el puro entre sus dedos crispados.
Nadie podía entender cuan desesperado estaba por encontrar a su hijo, por ser un buen padre, por tenerlo a su lado… por no ser como su propio padre o Dragón que habían arrojado a sus hijos de su lado.
El embarazo lo había tomado por sorpresa, no lo esperaba, ni siquiera lo había buscado. Hizo amenazas locas, pero que realmente nunca le pasaron por la cabeza cumplir, había estado asustado, no es que tuviera las mejores bases familiares para saber cómo criar y amar a un niño, pero quería a su mocoso, quería con todo a su pequeña plaga, no iba a abandonarlo.
Dragón le había arrebatado la posibilidad de amar a su hijo y la miserable oportunidad de intentarlo, se negaba a dormir, como castigo a su incredulidad, debió exigir el cuerpo de su bebé, debió golpear al bastardo de Dragón hasta que le entregará a su niño, pero se había ido, simplemente se había alejado, aceptando que le mintieran.
Daz y Bon Clay se rindieron, ellos sabían que batalla estaba librando su amigo y no podían hacer nada más que aceptar y seguir adelante, esperando a que el infierno de la culpa terminará al encontrar al bebé y traerlo al lado de su madre. Solo la tripulación de mayor confianza estaba presente, aquellos leales a Crocodile por la convicción, no por miedo o interés.
Cuando la isla apareció frente a ellos atracaron lejos de la pequeña aldea, no querían asustar a nadie, ni tampoco que el niño tuviera miedo de los piratas.
Daz le había dado los pormenores de a dónde dirigirse, también las señas de los niños que encajaban en la edad del suyo. Solo bajó Crocodile, no quería mucho revuelo por su llegada.
Al caminar en esas calles se preguntó, ¿Quién lo cuidaría? ¿Cómo sería? ¿Lo trataría con calidez…? Lo llevaría de la mano por esas calles o lo maltratarían… no quería pensar que Garp no se ocupó de buscar a alguien adecuado…
Vio a niños grandes y pequeños correr por allí y sabía que ninguno de ellos era el suyo, su instinto tal vez.
Encontró rápidamente el pequeño bar del que le hablo Daz y se oculto como solo un hombre de arena podría hacerlo espero en las sombras del callejón, tres niños pequeños estaban jugando fuera, los tres eran tan diferentes el uno del otro, dos tenían el cabello negro… el tercero rubio… el pelo negro de Dragón y él mismo… pero su padre era rubio, odiaba la idea de que su bebé pudiera haber heredado eso y los complejos del viejo sobre los omegas… él no lo permitiría, no dejaría que su hijo pensará que los omegas eran masas blandas que debían ser protegidos y acomodados en vitrinas para usarlos solo para parir niños… eso no era lo que quería.
Los tres eran preciosos el que se veía más pequeño era un rayo de sol alborotador con una sonrisa cegadora, el rubio era más mediador, era tranquilo y probablemente el que cedía para apaciguar a los otros dos, el otro era más gruñón, expectante e irritable, parecía ser el más protector.
Pero eran niños que se enredaban en peleas unos con otros, estaba más inclinado a creer que su hijo era el pequeño gruñón, sería lógico viniendo de él y Dragón que no eran precisamente las personas más expresivas, aunque el pequeño tenía la sonrisa de Garp, el rubio de nuevo le recordaba a su padre en los gestos ralos.
—Luffy, Ace, Sabo, vengan a cenar– gritó la voz dulce de una chica.
Los niños desaparecieron a la velocidad del rayo, empujándose unos a otros. Eso arrancó una sonrisa de Crocodile que había pasado el día entero espiando a los bebés, bebiendo cada mueca, gesto y palabra.
Había deseado tanto verlo, abrazarlo, ya sabía que la pequeña ventana que daba al callejón era la de la habitación de los niños, los tres dormían juntos hechos un manojo de piernas y brazos. Era un lugar pequeño para los tres atiborrado en su mayoría de cosas que los niños usaban para jugar, un mueble con ropa casi desbordante y desde luego que los tres supuestamente eran hermanos. Dormían descuidadamente con la pequeña ventana abierta y eso le facilito la entrada a Crocodile. Quería verlos más de cerca, quería saber solo viendo sus caritas si podía discernir cuál de ellos era el suyo.
Había hablado con Makino, le había dado a saber que era un omega, al igual que ella ambos tenían un collar que les evitaba ser marcados a la fuerza.
A ella se lo había puesto Shanks, desde luego pregunto si era su alpha a lo que la niña sonrió negando.
—Solo me ama como a una hermana. ¿El padre de los niños te puso el tuyo?
—Si.
Makino pensaba que los niños eran trillizos y Crocodile no la saco de su error. La chica era dulce y amigable, sin duda amaba a los bebés, los cuidaba y protegía con esmero y era ella quien intentaba educarlos, le contó la historia que lo llevo a separarse de su hijo y ella le hablo de los niños, el corazón que por mucho tiempo estuvo muerto volvió a latir.
Ace era quien más se parecía a Crocodile, pero no lo sabía a ciencia cierta, Sabo y Luffy era tan diferentes a él, pero seguía estando allí esa sensación de que su hijo podía parecerse a sus abuelos, Garp o Shirohige...
Se reformó dentro de la habitación mirando a los tres pequeños que lo miraban a su vez, él había esperado que estuvieran dormidos.
Pero allí estaba, frente a los tres niños sin tener idea que decir.
—Eso es tan genial– dijeron los tres al unísono.
—Te dije que si nos quedábamos despiertos el Hombre de Arena del que nos habló Makino aparecería– dijo el más pequeño.
—¿Arrancarás nuestros ojos y los llenaras de arena?– gritó el niño rubio.
—¿Qué?
Claramente ninguno de los tres parecía tener miedo.
—Primero a Luffy– ambos niños empujaron al más pequeño.
Crocodile lo atrapó antes de que cayera al suelo.
—¡Idiotas! Makino dijo que El Sandman traía buenos sueños y que no era verdad lo que dijo Shanks– gritó Luffy a sus hermanos.
Así que el maldito pelirrojo de Shanks había puesto ideas raras en la cabeza de los niños, menos mal que Makino había manejado la situación.
—No vine a sacarles los ojos– dijo poniendo a Luffy de vuelta en la cama.
—Mmmm– dijeron los tres decepcionados.
—Entonces de verdad viniste a ver qué estemos durmiendo…
—Si, Makino me pidió echarles un ojo.
Los niños se revolvieron en la cama acomodándose en sus lugares.
—¿Sabes alguna historia?– preguntó Sabo.
—¿De qué tipo de historia les gustaría escuchar?– preguntó mientras los arropaba a los tres.
—Piratas– dijeron los tres emocionados.
—Piratas– sonrió Crocodile, —Ya veo, creo que sí, se algunas.
Así empezó una rutina entre ellos, y el Sandman. Él venía por las noches y les contaba historias hasta que se dormían intentando mantener los ojitos abiertos el mayor tiempo posible, eso lo conmovía al grado de crearle un nudo en la garganta. No sabía cuál era el suyo, el aguerrido Ace, el dulce Sabo o el tornado de energía que era Luffy, pero los tres se habían ganado ya su propio lugar en el alma del Señor de la Guerra.
No tenía el estómago para separar a uno, ni siquiera podía imaginar cómo podrían funcionar uno de ellos sin sus hermanos.
Pero nada dura para siempre y lo supo al día siguiente cuando su mirada oscura y la del Vicealmirante Garp se encontraron, bueno al menos estaba solo y no parecía tener intención de hundir su barco.
—¿Qué hacemos?– Daz miró a Crocodile, si debían pelear para llevarse al niño lo harían, no importaban las bajas, recuperarían al bebé del Jefe y esa determinación estaba grabada en cada miembro de esa tripulación.
—No hagan nada, iré solo.– ordenó.
—¿Estás seguro?– Bon Clay estaba nervioso.
—Sí. Me guste o no ese hombre es el abuelo de mis hijos. No voy a atacarlo, si él no lo hace primero.
Y por primera vez le cayó como un rayo la afirmación, Garp el Héroe y él eran familia, aunque de manera indirecta, Garp, era nieto de sus hijos, y él era la madre de su único nieto biológico. Garp lo vio descender del barco, lo espero hasta que estuvieron uno frente al otro, desde luego el maldito viejo seguía siendo imponente, Crocodile no era de los que subestimaban al enemigo y ese frente a él, era una leyenda, el marine que persiguió a Gol D Roger.
Claro que el hombre se veía ridículo en aquella camisa de flores y pantalones cortos, como si fuera un vacacionistas en destino turístico.
Al menos los niños no estaban cerca, no quería una confrontación con Garp si se podía evitar, probablemente eso molestaría a los pequeños y no quería que le temieran o lo consideraran un villano por dañar a su abuelo.
Crocodile se enfrentó al hombre, esperando a ver el rumbo de esa conversación que aunque no la quería, debía darse.
—Makino explicó tu situación y está molesta. Aún así, creo que nosotros debemos hablar antes de que esto se nos salga de las manos.– dijo el marine sin mudar su expresión lúgubre.
—En efecto debemos hablar. Pero no aquí, supongo que no querrás venir a mi barco, así que…
—Es mejor mantener esto en un terreno neutral.
—Hablemos en casa del alcalde, a él no le importara y allí no irán los chicos.
Crocodile asintió siguiendo al hombre, no es que fuera muy inteligente confiar en un miembro de la marina, pero Garp era un hombre de honor, si quisiera matarlo o atraparlo lo hubiera hecho allí y de frente.
Garp abrió la puerta y se sentó cómodamente, era claro que ese lugar había sido despejado para esa conversación.
—No voy a darte la bienvenida a la familia– dijo duramente.
—No es que lo esperará.
—No entiendo la razón por la que mi hijo, tuvo que ir hacer un niño precisamente contigo.
—Supongo que aunque te parezca increíble, nos amábamos. Al menos de mi parte hubo amor.
—¿Entonces por qué abandonaste a mi nieto?
—No sé lo que Dragón te haya dicho, pero no lo abandone, es verdad que al principio estaba aterrado. No quería traer un niño a este tipo de mundo, no quería que al igual que yo creciera con el estigma de ser un niño con sangre maldita.
Garp asintió, comprendía eso. Sabía perfectamente de quién era hijo ese hombre.
—Dragón me lo entrego. Dijo que la madre no quería involucrarse…
—¡Yo no lo entregué! ¡Él me lo robó! ¡Me hizo creer que mi bebé estaba muerto!
Los ojos de Garp se abrieron sorprendidos, era obvio que no esperaba esa revelación.
—Aun así el daño ya está hecho. El niño ya a vivido cuatro años alejado de ti. ¿Qué esperas conseguir viniendo aquí?
—Voy a llevarlo conmigo. Es mi maldito derecho.
—No voy a permitirlo.
—No pensaba pedirte permiso, uno de ellos es mi hijo, quiero saber quién es para que podamos irnos lo más pronto posible.– el corazón de Crocodile latía dolorosamente solo de pensar en dejar atrás a los otros dos niños.
—Tal vez si fueras una madre de verdad lo sabrías.
Crocodile abrió los ojos con asombro, elegir a uno solo por sus instintos era un error… es decir, ¿Y si se equivocaba?
—Tal vez no sea un buen padre, pero voy a esforzarme en serlo. Habla, dime quién de ellos es mío.
—No.
La voz de Garp fue tajante. No iba a decirlo y Crocodile lo sabía.
—Entonces no lo digas, amo a esos tres. Si no estás dispuesto a darme al mío… los tomo a todos.– se puso de pie y camino hacia la puerta.
—¿A los tres?
—Desde luego, a los tres.
—Y los llevarás a un barco pirata, los pondrás en la mira de la Marina, de tus enemigos piratas, de los de tu padre.
Por un segundo el muñón del brazo dolió, ese perro infeliz seguía vivo, seguía vivo y coleccionando omegas. Quería someterlo a él, los niños serían su mejor arma. Solo de pensar en volver a verlo su estómago se retorció con asco tratando de sofocar el ácido que burbujeaba subiendo por su esófago, solo de imaginar la asquerosa cara de ese cerdo cerca de los niños.
—¿Y qué si te atacan? ¿Qué harás con ellos? ¿Crees realmente que se quedarán quietos dentro de una habitación esperando…
No. Desde luego que no. Ninguno de ellos.
Crocodile suspiro derrotado. No podía llevarlos y exponerlos a su muerte. Su puño se apretó haciendo blancos los nudillos. ¿Qué iba a hacer?
—Te tengo una propuesta– dijo Garp finalmente.
Claramente sea cual sea la propuesta el marine estaba al borde de vomitar.
—No los voy a dejar.
—Mi hijo cometió un acto vil en tu contra y no lo disculpó, cuando lo vea de nuevo me ocuparé de hacerle saber que es un idiota. Pero eres mi yerno, me guste o no.
—¡No me casé con Dragón!– gritó escandalizado de que Garp lo creyera.
—Le diste un hijo y eso es suficiente para mí. Era mi yerno y a la familia no se le hacen esas cosas.– suspiro bastante molesto. —Ven aquí a visitarlo, convive con él y cuando te ganes el derecho y mi confianza te diré cuál de ellos es el tuyo.
Garp el Héroe le estaba dando una esperanza. Una esperanza real, al mirar por la ventana vio a los tres niños correr jugando frente al bar de Makino.
—No, nunca hablaras de esto. No me importa quien es la madre, de hoy en adelante tuve tres hijos y tú jamás le dirás una mierda a nadie. Aunque sus verdaderos padres aparezcan. Tú vas a mantener la boca cerrada para siempre. De hoy en adelante, yo tuve tres hijos y nunca voy a entregarlos a nadie.
Garp vio la fiereza y determinación de ese hombre, en efecto era un omega, pero también era una madre y él no era estúpido para subestimar la voluntad de ese chico defendiendo a sus cachorros.
—Si en algún momento rompes tu palabra, me llevaré a los niños y no los volverás a ver y si lo haces cuando ellos sean adultos. Me va a importar una mierda que seas su abuelo, te voy a perseguir hasta el maldito fin del mundo para matarte.
Garp miró a los ojos oscuros de ese hombre y asintió, después soltó una fuerte carcajada.
—Al menos eres un buen padre. Un mejor padre que mi muchacho.– Garp se calmó un poco y pregunto —¿Qué saben ellos? ¿Les dijiste que eres su padre?
—No, por lo que he podido apreciar de ellos, Luffy no comprende el concepto de peligro, Ace y Sabo podrían entenderlo y guardar el secreto… pero no Luffy.
—¿Entonces?– Garp sabía que esa descripción encajaba perfectamente con su nieto.
Ya era bastante malo que hablara del maldito pirata pelirrojo sin miramientos, para aparte añadir que hablara de un padre siendo un Shichibukai. Peor aún del hijo de Shirohige.
—Makino les contó la historia del Arenero. Debido a mi poder ellos me llaman así, Sandman.
—¿Estarás bien solo con eso?– Garp al menos se daba cuenta de que Crocodile renunciaba al derecho de ser llamado "padre" por el bien de ellos y la férrea determinación de proteger sus vidas.
—No importa como me llamen, importa el lugar que me gane en sus vidas. Seré su padre, cuando ellos me vean como tal, sin importar si me llaman Arenero o Sandman.
Garp dio una cabezada, al menos podía intentar que esa extraña familia de mierda que tenía, funcionará a la perfección o tan perfectamente como podía ser con tres nietos tercos, un hijo estúpido y un yerno dispuesto a hacer lo mejor para ellos.
—Supongo que siendo familia no puedo patear tu trasero hasta Impel Down, pero no pienses que no lo haré si los chicos salen heridos por tu culpa, me importa una mierda que seas un Señor de la Guerra o toda la mierda de Sengoku.
—Estoy de acuerdo con eso, pero lo mismo va para ti si les haces daño. No me importara matarte si los lastimas.
Con eso aquella pesada charla se dio por concluida. Crocodile se podía sentir un poco tranquilo, no se llevaría a sus hijos, pero podría estar cerca, no sería su papá pero podían ganarse el ser su amigo.
Eso era mucho mejor de lo que tenía antes, llorando año con año a un hijo ausente. Sonrió mientras subía a su barco, para informar de su tregua media con Garp mientras estuvieran de visita en Dawn.
