La rebelion de los olvidados


capitulo 21

Era la mañana del 30 de julio y los tres semidioses salieron del Campamento Júpiter en dirección a San Francisco. Al llegar a la ciudad guardaron los caballos mágicos de Leo en las mochilas y se metieron en las calles.

-¿Chicos?-preguntó Nerea tras una hora de dar veltas por la ciudad-¿Estáis seguros de que era por aquí?

-Es lo que ponía en el cartel-contestó Daniel-. Aunque a lo mejor no lo leí bien. Ya sabes, la dislexia.

-Es decir, que estamos perdidos-aseguró Nerea.

Daniel no lo negó. Antes de que pudieran decidir que hacer Nate les llamó.

-¿Oís eso?

Nerea iba a negar con la cabeza cuando lo oyó. Pasos que se acercaban. Los tres se pusieron en guardia con las armas en la mano. Por la calle lateral apareció una mujer serpiente. Se escondieron en un callejón y esperaron que el monstruo pasara de largo. No lo hizo.

La mujer serpiente se abalanzó sobre ellos y Daniel se lanzó hacia delante con una lanza de bronce. La criatura también iba armada, con una red y una lanza, y contraatacó. Nerea se lanzó hacia abajo e intentó cortarle la cola. Mientras estaba distraida Nate se acercó por detrás y la apuñaló. El monstruo se deshizo en polvo dorado. Los semidioses se calmaron y guardaron las armas. Solo entonces vieron a los dos niños pequeños que les miraban desde la boca del callejón.

Eran un niño y una niña de unos cuatro años. Ella tenía el pelo negro y los ojos de un brillante verde mar y él era rubio con los ojos grises con un brillo de inteligencia.

-¡Habéis matado a la mujer serpiente mala!-exclamó la niña con admiración.

-Se llama dracaena-regañó el niño. Luego miró a los adolescentes-. Podéis ver a los monstruos. ¿Sois como nosotros?

-¿A qué te refieres con ser como vosotros?-preguntó Nerea, aunque sabía lo que el niño quería decir-¿Te refieres a que somos...?

Pero algo la interrumpió. Muy cerca de donde estaban un hombre llamaba a gritos:

-¡Jason! ¡Natalie! ¿Dónde estáis?

Una mujer entró en el callejón y al ver a los niños el alivio se reflejó en su rostro. Gritó hacia alguien que estaba fuera:

-¡Los he encontrado, Sesos de Alga!-después se giró hacia los niños y los regañó- No os podéis ir por ahí solos. ¿Y si un mosntruo os hubiera atrapado y papá y yo no hubiéramos estado ahí para matarlo?

-Perdón, mami-contestaron los dos niños al unísono.

Un hombre entró entonces en el callejón y, con una sonrisa, cogió a los pequeños.

-Menos mal que estáis bien, mis pececitos-dijo.

Fue en ese momento que Nerea se dio cuenta de que la madre era igual que su hijo y que el padre y la hija también eran dos gotas de agua.

-Mamá, mamá-llamó la niñita.

-¿Qué pasa Natalie?-preguntó la mujer.

-Ellos mataron a la mujer serpiente mala.

-Dracaena-repitió el niño, Jason.

-Da igual su nombre. La mataron-volviño a decir Natalie señalando a los tres adolescentes que seguían allí. Los dos adultos les miraron fijamente por un momento y dijeron al unísono:

-Semidioses.

-Eh...-Daniel no supo que decir-. Esto... ¿Cómo lo sabéis?

-Porque también somos semidioses-respondió el hombre con naturalidad-. Soy Percy Jackson.

-¿Percy Jackson? Pero... ¿De verdad?-Nerea tenía tantas cosas que decir, tantas preguntas, que no era capaz de decir nada con sentido.

-Tantos años y aún sigo siendo famoso-dijo entre risas.

-¡Claro que eres famoso!-exclamó la española- Ayudaste a salvar el mundo dos veces. Eres el mayor héroe de la historia. Pasarán doscientos años y aún serás famoso-miró un momento a la mujer-. Y tú eres Annabeth Chase, verdad.

-Bueno, Annabeth Jackson-contestó la hija de Atenea, cogiendo de la mano a su marido.

-Nunca pensé que os conocería. Perdón, debo parecer una fan loca.

-Tranquila-le dijo Annabeth-. Ni eres la primera ni serás la última. ¿Y vosotros quienes sois?

-Me llamó Nerea, y soy hija de Britomartis.

-Y ella-empezó Annabeth.

-Si desapareció. Era cazadora de Artemisa.

-No mola ser algo que no debería existir-comentó el hijo de Poseidón-. ¿Y vosotros dos, gemelitos?

-Soy Daniel, hijo de Némesis.

-Y yo Nate, hijo de Hécate.

-¿Mismo padre mortal?-los gemelos asintieron-¿Qué os trae por San Francisco?

-Tenemos que llegar al monte Tamalpais antes del 1 de agosto-resumió Daniel-. Es una misión que nos mandó mi madre. El problema es que nos hemos perdido.

-Podemos llevaros-propuso Percy.

-Sería genial, la verdad.

-Pues vamos.

Los guiaron hasta su casa y luego sacaron el coche, un siete plazas azul. Subieron y, después de atar a los pequeños a sus sillitas de coche Percy arrancó. Cruzaron la ciudad y empezaron a subir la montaña.

-Papá.

-¿Qué pasa, Natalie?

-¡Vamos a la playa!

-Annabeth, amor de mi vida, ¿podemos ir a la playa?

-Está bien. Pero antes vamos a dejar a estos chicos en la montaña.

-Sabes, esto me recuerda a cuando tu padre nos dejó su coche para subir a buscarte por este mismo camino-recordó el hijo de Poseidón.

Los dos adultos se dieron un beso. Nerea no pudo evitar pensar la suerte que tenían de haber sobrevivido para poder llevar ahora una vida normal.

Llegaron al final de la carretera. En lo alto se veían unas ruinas de mármol negro.

-El lugar de mi sueño-aseguró Daniel.

Se despidieron de la familia Jackson y, justo antes de irse, Percy se asomó a la ventana y les dijo:

-Cuidado con el jardín de las Hespérides.

Sin poder preguntarle a que se refería el coche se marchó hacia la ciudad.

Los tres mestizos empezaron a subir lo que quedaba con la última advertencia del hijo de poseidón flotando en el aire.