La rebelion de los olvidados


Lo siento por el restraso, aquí está el capítulo.


capitulo 24

-Eres igual que mi madre mortal-aseguró la semidiosa.

-Eso es por que soy tu madre mortal.

-Que...?

-Creo que te debo una explicación.

-Pues adelante. Ya va siendo hora de algunas respuestas-repuso Nerea-. Entonces, eres Britomartis?

-Sí, lo soy.

-Pero se suponía que desapareciste cuando rompiste tu juramento de cazadora.

-Más o menos. Para entenderlo tendré que contarte mi historia. Pero no la historia de como me hice cazadora ni diosa-aclaró la excazadora-. Eso ya lo cuentan los mitos. Te contaré la historia de como naciste.

Las dos se sentaron en el suelo y la diosa respiró hondo antes de comenzar a hablar.

-Como supongo que ya sabes hace unos quince o catorce años Gaia intentó despertar y destruir el mundo-Nerea asintió-. Siete valientes semidioses salvaron el mundo luchando contra la primordial. Pero hubo más batallas. En una, en Puerto Rico, lucharon cazadoras y amazonas contra al gigante Orión. Vencieron, pero a un alto precio. Más de la mitad de las cazadoras, y otro tanto con la amazonas, perdió la vida.

-Debió ser terrible.

-Todas las batallas lo son. Por eso prefiero tender una trampa y ganar sin tener que luchar. En fin, que casi no quedaban cazadoras. Y la señora Artemisa me mandó en busca de posibles nuevas miembros. Un día yo estaba en España y andaba por el puerto en forma humana. Estaba distraída y choqué contra un hombre que bajaba de una barco. Intentó agarrarme antes de caer al suelo, pero no lo consiguió. Me ayudó y se preocupó por mí. De cualquier otro hombre habría pensado que quería aprovechar de mí, pero supe que él era sincero. Cuando se aseguró de que estaba bien se marchó y yo hice otro tanto.

-Era papá?-preguntó la semidiosa.

-No había pasado ni una semana y yo no había dejado de pensar en lo que pasó y en ese hombre que me ayudó-continuó Britomartis, eludiendo la pregunta-. Sentí la necesidad de volver a verle. Y lo hice. Estaba esperándole en el puerto cuando él volvió de pescar. Me saludó y se preocupó por si estaba bien. Le convencí para dar una vuelta por el paseo marítimo. Él me pregutnó mi nombre y yo, para no llamar la atención, le dije que me llamaba Beatriz. Él se llamaba Martín.

-Sí que era papá.

-Sí. Citas como esa se repitieron durante meses. No entendía que me ocurría, pero era feliz y no quería estropearlo. Tampoco se lo conté a nadie. Al principio solo hablábamos. Luego llegaron los besos y después... Ya te lo imaginarás. El caso es que unos tres meses después de la guerra contra Gaia quedé embarazada. Lo oculté a todo el mundo. Ser una diosa lo facilitaba. Ayudé a Apolo cuando era un mortal y estaba en la Estación de Paso y nadie se dio cuenta de la vida en proceso que llevaba dentro. Los mese pasaron, llegó julio y llegaste tú. Ya no podía seguir fingiendo. No iba a abandonaros a ti y a tu padre. Os quería demasiado. Así que anuncié a Artemisa que ya no era doncella, pues tenía una hija.

-Imagino que no le gustó.

-No le gustó nada. Me quitó la divinidad y la inmortalidad, pero me concedió vivir como una mortal. Artemisa no solo es diosa de las doncellas, la caza y la luna. También es la diosa de los niños y no iba a dejar a una pequeña sin madre. Me dio una identidad mortal junto a ti y a tu padre, borrándome los recuerdos de mi pasado, y ese fue el mejor destino que pude pedir.

-Pero si tu eres mortal y papá también, por que yo soy una semidiosa?

-Te tuve como una diosa y heredaste esa parte divina. A tus hermanas, Laura y Andrea, las tuve como mortal y ellas también lo son. Tu eres todo lo que queda de la diosa que fui una vez.

-Y entonces que eres? Me refiero a con lo que estoy hablando. Dijiste que te borró la memoria y que dejaste de ser una diosa. Como es posible que estés aquí contándome esto?

-Así es. Pero antes de perder los recuerdos pensé en una cosa. Algún día crecerías, empezarías a atraer monstruos y tendrías que venir al Campamento. Pero yo no podría reconocerte. Así que le pedí a Artemisa que lo hiciera por mí.

-En el aeropuerto me dijiste que la Luna me diría quien era.

-Mi mente recordó por un segundo y, sabiendo lo que pasaría te avisé para que tuvieras paciencia. Pero que Artemisa te nombrara como mi hija no sería suficiente. Tendrías preguntas y solo yo podría responderlas. Así que guardé una minúscula parte de mi esencia en la canica azul y te la di. Para que llegado el momento pudiera volver por un tiempo y responder a esas preguntas.

-Vaya. Yo... Gracias, supongo. No sé que decir.

-No hace falta que digas nada. Además me temo que tengo una mala noticia.

-Mala noticia? Que pasa?

-Como sabrás el mar Mediterráneo es el lugar de origen de los dioses y monstruos y es allí donde son más poderosos. España entra dentro del radio de peligro del Mare Nostrum. Habrías muerto hace mucho de no ser porque mi esencia en la canica te protegía. Pero pronto esa esencia desaparecerá y estarás desprotegida. No puedes volver a casa. Al menos, no sin ponernos a tods en peligro.

-No puedo volver?

-Podrías ir por un día o dos, pero no podrías quedarte más tiempo y sería demasiado doloroso, pues tendrías que irte. Lo mejor será que te quedes en Estados Unidos, en algún lugar seguro.

-Pero no os preocuparéis porque no regreso?

-Puedo hacer que te olvidemos. Es lo mejor. Tú no puedes volver y nosotros no te vamos a encontrar.

-Vale, hazlo. Así no tendréis que sufrir por mi desaparición.

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Nerea. Siempre había tenido la esperanza de poder volver y se acababa de desvanecer. Se quedaría sin familia. Estaría sola. Su madre la abrazó.

-Tengo que irme-dijo separándose-. A cada segundo que pasa me debilito y tengo que hacer una parada en España.

-Está bien. Yo... Te quiero, mamá.

-Y yo a ti, mi niña. Y una última cosa, la familia no tiene por que compartir la sangre.

La diosa desapareció y Nerea se quedó sola en el bosque, pensando en su última frase. Pasaron los minutos, pero no se movió. Oyó una música que se acercaba y de repente varias personas irrumpieron en el claro del bosque. A la cabeza iba Raven tocando la flauta, seguida de los gemelos. Al verla se acercaron corriendo a la chica. Ella se aferró a Daniel como si fuera a desaparecer y susurró, más para sí misma que para el chico:

-No estoy sola. Gracias.

Daniel no entendió que decía, pero la abrazó con más fuerza.


De nuevo, lo siento por el restraso. Ayer me surgieron unos planes con los que no contaba y el capítulo aún no estaba terminado. En cualquier caso aquí está el capítulo 24. Espero que os guste.

Mi millones de gracias por leer.

Erin Luan