La rebelion de los olvidados


capitulo 25

-Estás bien, Nerea?-preguntó Nate.

-Sí. Ahora estoy bien. Como me habéis encontrado?-contestó la hija de Britomartis.

-Gracias a Raven.

-Mi madre es Euterpe, la musa de la música-explicó Raven-. He tocado una canción de búsqueda para encontrarte.

-Guau. Eso es alucinante.

-Gracias, Nerea. Venga, volvamos a las cabañas. Ya es tarde.

-Y el día de hoy a sido muy largo. Casi me muero-comentó Daniel.

-Que? Vais a tener que explicarme que os ha pasado-aseguró la mayor.

-Eso está hecho. Pero dejémoslo para mañana.

Salieron andando del bosque y Raven les dejó en la cabaña. Los tres se acostaron. Daniel se quedó despierto, escuchando, hasta que su hermano se durmió. Entonces se levantó y se acercó a Nerea.

-Estás despierta?

-Sí-respondió ella con el msimo tono-Pasa algo?

-Vamos fuera.

Salieron de la cabaña con sigilo y fueron hasta el comedor, que estaba vacío. La luna menguante brillaba en lo alto en plena noche y soplaba algo de brisa.

-Que pasa Daniel?-preguntó la chica.

-Qué pasó en el bosque? No me creo lo que dijiste.

Nerea había contado la excusa de que se había ido al bosque a llorar, porque todas las emociones del día la habían superado. Aquello era cierto, pero no del todo. Nerea se quedó observando al hijo de Némesis. Él le había dicho hacía unos días, que parecían años, que confiaba en ella. Era hora de devolver el favor.

-Solo conté una parte. Sí que fui al bosque al llorar. Pero eso no fue todo. Recuerdas mi colgante, la canica?

-Sí, me había fijado. Pero ya no lo llevas.

-Se rompió.

-Oh, vaya.

-Pero de él salió... Mi madre.

-Britomartis.

-Exacto.

Nerea le explicó todo lo que su madre le había contado. Al repetirlo fue incapaz de retener las lágrimas. Daniel la abrazó de nuevo.

-Lo siento, Nerea. Siento que las cosas tengan que ser así. No sé que haría si Nate y mi padre no me recordaran. Si te sirve de algo, yo sí te recuerdo. Y no te voy a dejar sola.

-No tengo ni idea de que habría hecho si hubieras muerto. Gracias, Daniel.

-No es nada.

Volvieron a la cabaña y Nerea sentía como si se hubiera sacado un peso de encima.

A la mañana siguiente, después de desayunar, Raven les hizo una visita guiada por el Campamento Escondido. Mientras los otros tres le contaron su historia.

-Oye, Raven.

-Si, Nerea?

-Tenemos unos amigos en el Campamento Mestizo que también son hijos de dioses menores. Crees que podrían venir aquí?-Nerea ya echaba de menos a su mejor amiga, Crystal.

-Nosotros no elegimos quien viene. Los dioses, con ayuda de el oráculo de Delfos, planean la llegada de los semidioses. Este verano ya habéis desaparecido vosotros. Si desparecieran los hijos de de dioses menores que quedan sería sospechoso. Pero si queréis intentarlo, podéis hablar con Rachel.

Fueron a ello y se dirigieron a la cueva que tenía la pitia en ese campamento. Rachel les recibió con una sonrisa.

-Lo habéis logrado. Enhorabuena.

-Gracias-dijo Daniel-. Queríamos hablar contigo. Hay unos amigos que podrían venir, pero Raven dice que no sería posible.

-Quienes son?-preguntó la pelirroja.

-Crystal, hija de Tánatos, Alexander, hijo de Eros, Jayden, hijo de Bóreas y Noah, hijo de Noto.

-Y con vosotros, siete. Siete mestizos. Como en la profecía de los Siete. Sabíais que esa fue la primera profecía que pronuncié?-se quedó rígida y salió de su boca un humo verde. Comenzó a hablar con una voz que no parecía la suya:

De nuevo siete mestizos tendrán el destino en sus manos.

El enemigo ya está dentro, se oculta dentro del hogar.

Las tres partes unidas, tendrán que elegir:

por sus padres luchar o el Olimpo salvar.

Una nueva era se acerca, los siete la crearán.

-Una profecía-sentenció Nerea.

-Es real?-preguntó Daniel.

-Sí-respondió Rachel, con la cara pálida-. Es real y es la próxima Gran Profecía.

-Los siete... Somos nosotros y nuestros amigos-aventuró Nate.

El oráculo de Delfos no lo negó.

-Ahora sí que tenemos que ir a buscarlos-decidió Nerea-. Pero iremos a por ellos a nuestra manera.

Los tres ya se iban cuando Rachel les dijo:

-Buena suerte.

-Gracias.

Se marcharon a la cabaña a planear todo. Prepararon las mochilas. Y también el plan. Tras muchas discusiones, se pusieron de acuerdo. Empezaba a anochecer y la luna asomaba por el horizonte cuando subieron a los caballos mecánicos de Leo Valdez y se marcharon.

-Perdón, Campamento Escondido-susurró Nerea-. Pero tenemos que ir a por ellos. Volveremos.

Partieron a toda velocidad hacia el norte. Varias horas más tarde, ya en plena noche, llegaron a Long Island. Cruzaron la frontera y entraron. El lugar estaba silencioso en la noche. Guradaron los caballos y se pusieron en ello. Cada uno se dirigió a donde habían acordado.

Lo gemelos, ambos invisibles se dirigieron a las cabañas 24 y 25, mientras que Nerea fue hacia la 22. El interior era tan tétrico como la última vez que había estado allí. Contaba con tener que despertar a Crystal, pero ella daba vueltas por la habitación, en un claro insomnio. La vio nada más entrar.

-Nerea!-exclamó la hija de Tánatos- Se lo dije, se lo dije a todos. Les dije que no estabas muerta.

-Te he echado mucho de menos.

-Y yo a ti. Que haces aquí?

-Te lo explicaré luego, ahora tenemos que irnos. Coge todas tus cosas.

-Que pasa Nerea?

-Te prometo que lo explicaré. Pero tenemos que irnos. Confías en mi?

Se miraron a los ojos por un segundo, dorado con marrón. La hija de Tánatos asintió con la cabeza y se dio la vuelta para recoger sus cosas. Nerea le ayudó.

Al terminar salieron de la cabaña y fueron a buscar al resto. Daniel y Alexander ya esperaban fuera. Nate, Jayden y Noah salieron unos segundos más tarde.

-Venga, vámonos-dijo Daniel. Nerea se acercó a él.

-Has dejado la nota?-preguntó. El hijo de Némesis asintió con la cabeza.

Se dirigieron al pino de Thalia. Al salir de la barrera mágica sacaron los caballos mecánicos.

-Que...?-empezó Jayden, pero no supo como terminar.

-Vamos, subid, dos por caballo-ordenó Daniel-. Prometo que os lo explicaremos, pero ahora tenemos que irnos.

Jayden y Noah subieron a uno, Nate y Alexander a otro y Daniel y Crystal en el último. Nerea se fijó en que su amiga estaba muy sonrojada y de repente recordó que el gustaba el chico al que estaba pegada. Ese pensimiento provocó en Nerea un sentimiento que no reconoció.

-Y tú, Nerea? No hay más sitio.

-Yo iré volando.

La confusió aumentó en los semidioses que no habían estando en la misión. Daniel parecía preocupado.

-Estás segura de esto, Nerea? Nunca habías intentado hacer algo tan grande.

-No tengo otra opción. Vámonos.

Se convirtió en grifo y salió volando, provocando exclamaciones. Los cabllos la siguieron de vuelta al Campamento Escondido. Lo que ninguno sabía es que alguien les observaba, con la sonrisa cansada del que ha visto mucho y sabe que a veces algunos tienen que marcharse.

A la mañana siguiente en el Campamento Mestizo vieron que habían desaparecido cuatro campistas y sus cosas ya no estaban. En la cabaña de Eros había una nota que decía:

Jayden, Noah, Cystal y yo, Alexander, nos hemos marchado en busca de nuestros amigos que todavía no han vuelto de su misión. Sabemos que no están muertos. Sentimos tener que hacerlo así.

De lo que nadie se dio cuenta fue de que la letra de la nota no era la del hijo de Eros.