Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es la prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
2 – FORKS EN AGOSTO
BPOV
El resto de la semana pasó muy rápidamente, y vi al Aston de Edward estacionado afuera de la escuela varias veces, justo como Rose vio el Jeep de Emmett estacionado cerca. Y como habíamos temido, Emmett quería volver a ver a Rose.
Unas cuantas veces, le pregunté a papá por qué le dijo que sí a Edward, pero no ofreció respuesta alguna. Simplemente gruñó antes de dejar la habitación.
Y entonces era viernes.
Llegó demasiado rápido.
Vestida con jeans negros, y una blusa azul marino, murmuré mi despedida a Charlie mientras me ponía mi chaqueta antes de salir hacia el Aston estacionado.
El cabrón ni siquiera tocó el timbre.
Así que me sorprendió mucho cuando salió del coche para abrir la puerta de mi lado.
"Isabella… te ves deslumbrante," murmuró antes de ofrecerme su mano.
No me gustó la forma en que reaccioné a su voz. O a sus palabras. O a su toque. Y tuve que resistir el deseo de resoplar cuando me llamó deslumbrante. Todo mi atuendo probablemente costaba menos que su par de zapatos.
Una vez más, llevó mi mano a su boca, sin quitarme en ningún momento sus provocadores ojos de encima al rozar sus labios contra mis nudillos.
"Gracias," respondí bajito.
También odié que fuera tan atractivo. Impresionantemente guapo.
Cuando ambos estábamos sentados en su coche deportivo, hizo rugir el motor antes de salir a toda velocidad, y no dijo nada.
Por un rato.
No fue sino hasta que estuvimos fuera de los límites del pueblo que sacó una cajetilla de cigarrillos, encendió uno para él y luego me preguntó si quería uno también.
Era una marca que no había visto antes.
"No fumo," murmuré bajito.
"Claro que lo haces," fue su respuesta, y pude escuchar la sonrisa en su voz.
Por supuesto, pensé. Probablemente me ha visto fumar, como el acosador que ha sido esta semana.
Molesta, decidí que sería totalmente yo misma está noche, y con eso resuelto, tomé el cigarrillo que me ofrecía.
Vería y escucharía todo de mí. No ocultaría mi desdén. No seré educada. No me refrenaría de usar lenguaje vulgar. No intentaré impresionarlo como se espera que lo haga.
Seré yo. De manera honesta.
Edward presionó un botón, y mi ventanilla bajó.
Me concentré en la nicotina calmándome.
"¿Qué tipo de música te gusta, Isabella?"
¿En serio? ¿Está hablando en serio?
Como si le interesara.
"Clásica y rock," dije con un suspiro.
No pregunté por cortesía qué escuchaba él.
Murmuró en respuesta, y lo escuché darle una profunda calada a su cigarrillo.
Luego encendió el estéreo.
Lloriqueé en mi interior.
Era Chopin.
"¿Te gusta ir a la escuela?" Preguntó a continuación.
Mi honesta respuesta sería perfecta aquí ya que se supone que los Cullen eran personas educadas.
Resistí el impulso de soltar una risita al responder. "No."
Estuvo callado por unos minutos, pero pude ver que estaba pensando mucho en algo. No que observara su rostro, sino que sus nudillos estaban blancos por sujetar el volante con mucha fuerza.
"¿Eres religiosa?"
"Nop," suspiré, lanzando el cigarrillo por la ventana.
Silencio.
Me siento bien. Muy bien.
Me dejaría tan rápido después de esta noche que no lo vería irse.
"Mi hermano está muy impresionado con tu amiga."
Tragué con fuerza, apretando mis dientes.
"Va a haber una propuesta," agregó.
Oh, Dios.
Mirando por mi ventanilla, deseé que desaparecieran mis lágrimas.
Si el padre de Rose no dice que no, Rose sería una Cullen.
"Y tú pronto cumplirás dieciocho años, ¿verdad?"
Mierda.
No. No. No. No puede.
"El 13 de septiembre," susurré, sin confiar en mi voz.
En mi vista periférica, lo vi asentir.
Y entonces me encabroné. Maldición, realmente me encabroné.
"¿Por qué no buscan chicas de su edad?" Pregunté, finalmente encarándolo. "¿Y por qué venir hasta Forks?"
Aunque puede decirse que tenía la respuesta a la última pregunta, porque con el cambio en el mundo, sabía que muchos padres estaban dando a sus hijas la libertad de elegir ellas mismas, y esa era la gente moderna. La gente viviendo en las ciudades.
El cabrón sonrió.
"Vinimos a Forks porque disfrutamos de las viejas tradiciones. Y para responder a tu primera pregunta; porque la mayoría de las chicas de mi edad han tenido sexo antes, Isabella."
Yo… mierda, no podía creer lo que estaba escuchando.
Entonces, él y su hermano buscaban a chicas de instituto… ¿porque son vírgenes?
"No creemos en el sexo antes del matrimonio," continuó. "Y no quiero que mi primera vez sea con una chica que ya ha entregado su virginidad a cualquier otro hombre."
Dios mío.
No sabía qué me asombraba más; el hecho de que el maldito y todo poderoso Edward Cullen era virgen con veinticuatro años, o que no creía en el sexo antes del matrimonio.
Obviamente, yo tampoco creía en eso, pero esa mierda no tenía que ver con la religión. Mi virtud era para mi futuro esposo, pero que me jodan si pensaba que eso aplicaba a los criminales Cullen.
Pero una cosa era segura. No quería casarme con un Cullen.
"Entonces, ¿la única razón por la que están asaltando cunas es porque las chicas no tienen permitido follar antes de los dieciocho?" Pregunté con incredulidad.
Edward se echó a reír. Joder, él se rio de mí.
"Me gustas, Isabella," se rio entre dientes. "Me encantará amar a esa boquita sucia, ¿eh?"
Mi boca se abrió.
Hijo de perra, pensé desviando nuevamente la mirada hacia la ventanilla.
"Y sí. Esa es la razón," respondió después de un rato. "Pero ni mi hermano ni yo nos conformaríamos con una chica simplemente porque es virgen."
"¿En serio?" Pregunté secamente, rodando los ojos. "Eso es lo que parece."
"Mm, pero estás equivocada." Canturreó. "Estoy seguro que notaste mi coche más de una vez… Así como Rosalie ha notado el coche de mi hermano."
No me gustó que dijera el nombre de mi amiga.
"Se le llama investigar," explicó. "Queríamos saber tanto como fuera posible antes de abordar a sus padres."
Bastardo.
"¿Y qué averiguaron?" Pregunté, todavía sin mirarlo.
"Lo suficiente para saber que habíamos encontrado a nuestras futuras esposas."
Sus palabras hicieron eco en mi cabeza cuando cerré mis ojos con fuerza.
No.
Por favor, no.
El coche se detuvo entonces, y a través de mi visión borrosa, vi que estábamos estacionados afuera de un restaurante en Port Angeles.
No habló cuando me abrió la puerta. No habló cuando me llevó al interior del restaurante. Y no habló cuando el anfitrión nos guio a la mesa. La única evidencia de que estaba allí fue su mano en mi espalda baja, y después cuando me ayudó a quitarme la chaqueta.
¿Este hombre sería mi esposo?
¡No era posible que papá aceptara eso!
Pero por otro lado, tampoco creí que alguna vez accedería a la primera cita tradicional.
"¿Puedo tomar su orden de bebida, señor?" Una voz femenina preguntó.
Mantuve la mirada baja.
"Tomaré un Murphy's, y mi acompañante un vodka de arándano."
¿Qué demonios?
Levanté mi cabeza de golpe justo cuando la camarera se fue, y no pude evitar preguntarle cómo demonios supo que me gustaba esa bebida. Me refiero a que, solo tengo diecisiete años, lo que significa que eso es algo que bebo solo cuando estoy con Rose y Alice. Tras puertas cerradas.
"Sé mucho sobre ti, Isabella," fue todo lo que dijo antes de coger el menú.
"¿No vas a darle más detalles a tu futura esposa?" Pregunté, asegurándome que las palabras estuvieran teñidas de veneno y sarcasmo.
Volviendo a poner el menú sobre la mesa, entrelazó sus dedos y me observó con una expresión divertida que me encabronó aún más.
"Me está empezando a gustar tu temperamento." Sonrió con suficiencia.
Luego se volvió a concentrar en su menú, al agregar con ligereza, "En cuanto a lo que sé sobre ti; se le llama investigación. No soy nada sino concienzudo, y tengo acceso a mucho."
"Sí, los criminales tienden a tener eso," bufé al coger mi maldito menú.
Solo se rio entre dientes, probablemente ni siquiera sorprendido por mi comentario.
El hombre me enfurecía. Nada lo alteraba.
Estuvo callado cuando llegó la comida, pero quería respuestas.
"¿Por qué yo?" Pregunté en voz baja después que vacié mi bebida.
No titubeó en contestar. "Eres la chica más hermosa que he visto en mi vida, y cuando te vi el día después que llegamos a Forks, supe que tenía que saber más sobre ti. Eres pecaminosamente sexy y de apariencia inocente. Eres una buena chica por así decirlo, pero ahora sé lo que hay detrás de esa fachada, probablemente eres tan inocente como yo."
¡¿Cómo… se atreve?!
Lo fulminé con la mirada, estaba furiosa. "No te atrevas a compararme con tu miserable trasero. ¡Sé de ti, Edward Cullen, y yo no me asocio con criminales!"
¡El hombre ni siquiera se veía afectado por lo que le escupí!
"Pronto lo harás, princesa." Me guiñó un ojo. "Pronto estarás casada con uno."
Jadeé con horror así como con furia.
"¿Ni siquiera negarás que eres un criminal?"
"He pagado por mis crímenes," dijo crípticamente antes de volver a comer. "No hay nada más que decir."
No podía comer. Estaba asqueada por este hombre ruin.
Unos pocos minutos después, me había calmado.
Un poco.
"Mi papá no lo permitirá," le dije.
Espero que no lo haga.
"No estaría tan seguro si fuera tú," se rio entre dientes.
Él estaba más seguro que yo. Mucho más.
Y comencé a temer que… mi destino había sido decidido.
Esa idea trajo lágrimas a mis ojos.
¿No estaba destinada para más? ¿No merecía algo mejor?
"¿Ni siquiera te importa que no es lo que quiero?" Susurré mientras una lágrima se derramaba.
Inclinando ligeramente su cabeza, creí poder ver preocupación en sus ojos. Al menos por un segundo. Y luego frunció el ceño mientras me observaba.
Me pregunto qué vio en mí. Seguramente vio mi devastación. Mi miedo y mi tristeza.
"Me importa," dijo bajito, todavía frunciendo el ceño. "Me importa mucho, y me duele verte triste… Pero también estoy seguro que cambiarás de opinión."
Estaba demasiado exhausta y consternada para siquiera responder, así que pasé el resto de la cena en silencio, solo moviendo la comida en mi plato.
El viaje de vuelta a casa también fue en silencio, y no habló hasta que estábamos estacionados afuera de mi casa.
Diez minutos antes de mi hora de llegada.
"Isabella, mírame," dijo con gentileza.
Obedecí porque al parecer este era mi futuro. Más vale que lidiara con él.
"Ninguno de los dos disfrutó de esta velada," dijo bajito, de forma comprensiva. "Y sé que en este momento no deseas esto—"
"Nunca voy a desearlo, Edward," suspiré con cansancio.
"Estás equivocada," murmuró.
Me pregunté si siempre hablaba así de gentil o si solo lo hacía conmigo. Tal vez para atraerme. Como si eso fuera posible. Pero odiaba que parecía muy genuino y atento cuando me hablaba.
"Seré un buen esposo," dijo. "Nunca te faltará nada."
Resistí el impulso de resoplar.
"Sin embargo, dejaremos Forks."
"¿Q-qué?" Dije con voz ahogada.
Asintió. "Sí."
Oh, Dios… me alejará de todo lo que conozco.
Charlie.
Alice y Rose.
Bueno, supongo que tendré a Rose en mi vida de una forma u otra.
"¿A dónde vas a llevarme?" Dije entre mi aliento.
"Mi hermano y yo tenemos casas en Bainbridge Island (1), y ese será nuestro hogar, pero viajamos mucho. La mayor parte del año, en realidad."
¿Viajar? ¿Una vida en carretera? Oh, Dios.
Suena horrible, por todos los cielos.
Podía verlo todo. Los moteles en pueblos donde tenían sus supuestas juntas de negocios.
"¿Por qué no dejarme en Seattle? O mejor aún, ¿por qué no ignorar elegir una esposa considerando que no estarás en casa?" Murmuré.
Lo escuché suspirar, pero… luego sentí su mano sobre la mía, y detesté el hecho que el instinto no me hizo alejarme.
¿Qué significaba eso?
"Obviamente, Emmett y yo queremos que nuestras esposas viajen con nosotros," respondió. "Pasaremos un mes en cada lugar, algunas veces en los Estados Unidos, y otras en Europa."
"¿Europa?" Jadeé sorprendida.
Por alguna razón, imaginaba Kansas, Montana, Arizona e Illinois…
"Sí." Asintió, incluso sonriendo un poco. "En Londres, París, Roma, ciudades como esas… Tenemos casas en la mayoría de los lugares, pero en ocasiones vivimos en hoteles si la ciudad en la que estamos está muy lejos de la casa."
Oh… Dios. Eso es… no lo que había imaginado, en absoluto… Eso suena…
"¿Isabella?"
"Mmm, ¿sí?" Respondí tontamente, todavía en mi atlas de ensueño.
"Vas a tener que desaparecer esa hermosa sonrisa de tu rostro. No vas a cambiar de opinión, ¿recuerdas?"
Mierda. ¡Mierda, mierda, mierda!
No me di cuenta que había estado sonriendo. Oh, Dios, ¿qué dice eso de mí?
"Sí, ahí está el desprecio que he estado viendo toda la noche," dijo con una sonrisa forzada.
Y por alguna razón, eso me hizo fruncir el ceño.
Sentí que algo desagradable me atravesaba mientras observaba su rostro, y fue por la sonrisa forzada. Fue porque él… Jesús, fue porque él no se veía feliz.
Maldita sea, algo está mal conmigo.
También me di cuenta que había estado sosteniendo la mano de Edward. No era solo su mano cubriendo la mía, eran nuestras manos sosteniéndose… y él se dio cuenta al mismo tiempo.
A la mierda con esto. Claramente, es algún tipo de hechicero, pensé cuando solté su mano.
No lo miré a los ojos después de eso.
"Bueno, supongo que es todo por esta noche," musitó en voz baja.
"Sí." Asentí. "Gracias… supongo."
Podía verlo alcanzar la manija de su puerta, muy probablemente para ser un caballero, pero necesitaba escapar de prisa, y más que eso, necesitaba que no me volviera a tocar. Y es por eso que abrí mi puerta y me despedí antes de que tuviera la oportunidad de acompañarme a la puerta.
Estaba en el infierno… en muchos sentidos.
Y necesitaba a Rose.
Pero al cerrar la puerta detrás de mí y ver que papá seguía despierto, decidí que realmente quería algunas respuestas, y lo encontré sentado en la cocina, con una cerveza en su mano.
"Estoy en casa," anuncié en voz baja.
Apenas me miró.
Eso fue nuevo.
Dolió.
Sentándome frente a él, decidí no andarme con rodeos.
"Él va a pedirme en matrimonio," le dije.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Esta noche había sido… demasiado. Realmente demasiado. Y había confusión, pánico, miedo y… sí, también algo más y no podía identificarlo, pero lo sentía en mi estómago… como, revoloteo. Nervios. Sí, nervios que en ocasiones me hacían estremecer.
Tal vez porque ahora sabía que no podía anticipar mi futuro inmediato. Ya nada era seguro para mí.
"Lo sé," respondió bruscamente, encogiendo un hombro antes de tomar de su cerveza.
Era en pocas ocasiones que veía a Charlie borracho.
"¿Vas a aceptar su propuesta?" Pregunté, mordiendo mi labio mientras esperaba la respuesta.
"Sip."
Respondió simplemente.
Una sencilla palabra con tres letras. Entregando a su hija. La vida de su hija.
Me enfureció.
Me… puso furiosa que fuera tan indiferente con mi vida, con mi futuro.
"¿Cómo puedes hacer eso?" Pregunté al limpiar las lágrimas por la ira.
Los ojos de mi padre resplandecieron por la furia al mirarme. "No te debo una respuesta, Bells. Ahora, vete a la cama."
No, pensé cerrando mis manos en puños en mi regazo. Y no, pensé al apretar mis dientes.
"¡Me debes una respuesta, Charlie… necesito saber por qué estás desperdiciando mi vida! ¡Seré la esposa de un criminal!"
Tragué con fuerza cuando Charlie se puso de pie, fulminándome con la mirada, y supe que esto era nuevo para nosotros. Nunca antes lo había desafiado o contestado, y nunca había levantado mi voz.
El miedo hormigueó por mi cuerpo cuando se aproximaba, y miré con ojos como platos la ira que claramente se había apoderado de él, y cuando se alzaba sobre mí, me golpeó.
Ahogando un jadeo y un sollozo al mismo tiempo, agarré mi mejilla mientras las lágrimas por la conmoción y el dolor llenaban mis ojos. Y una y otra vez, pensé en una cosa. Mi padre acababa de golpearme.
Acababa de darme una bofetada.
Y dolía.
Mucho.
Mis oídos retumbaron con fuerza, mi cabeza palpitaba, pum, pum, pum, y sentí ese fuerte ardor cuando la sangre se apresuraba a mi mejilla.
"Vete. A. La. Cama," dijo con los dientes apretados antes de retroceder.
Jadeando y respirando pesadamente, me puse de pie y corrí hacia mi habitación. Una vez dentro, lloré. Por el dolor, el shock, y con determinación.
Mi vida había cambiado.
Iba a casarme con un hombre que no demostró algún pesar al confesar abiertamente ser un criminal.
Y mi padre iba a permitir que esto pasara.
No solo eso. Acababa de ponerme una mano encima por primera vez en mi vida.
Lloré hasta quedarme dormida.
(1) Bainbridge Island es una ciudad ubicada en el condado de Kitsap en el estado estadounidense de Washington, cuya capital es Seattle.
