Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es la prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
3 – FORKS EN AGOSTO
BPOV
Hice una mueca al mirar mi reflejo la mañana siguiente.
Me aseguré que Charlie se hubiera ido antes de salir de puntillas al baño, pero cuando estuve allí, deseé no haber despertado en lo absoluto. Porque ahora… en mi mejilla derecha, estaba la huella enrojecida de una mano, y se estaba hinchando.
Amoratando.
Él realmente me fastidió.
Limpié mi mejilla con cuidado con una toalla fría, e hice una mueca, lloré y me quejé. Nada ayudaría. La gente iba a ver esto. Y aunque antes había visto chicas con moretones, no era tan común, y nunca pensé que yo sería una de esas chicas.
Creo que me equivoqué.
Después, al caminar hacia la escuela ese lluvioso sábado para ver a Rose, más de un coche bajó la velocidad.
Perfecto. Jodidamente perfecto.
Traté de ocultarlo, obviamente, pero la capucha no lo cubría todo. Mi frente aún estaba a la vista, y la gente sabía quién era la hija del jefe de policía, y esto era noticia. Era chisme.
Al doblar en la última esquina y entrar en el estacionamiento vacío, dejé escapar un suspiro de alivio cuando vi que Rose ya me estaba esperando. Sentada junto a las mesas de picnic, con la mirada baja. Al menos, no era un día de escuela. Lo último que quería era que todo el Instituto de Forks me viera ahora.
"Hola," murmuré al llegar, extendiendo dos dedos.
Ella entendió y me dio un cigarrillo.
Lo encendí y le di la primera calada antes que ella levantara la vista para ver mi rostro.
Casi me impresionó.
"¡Mierda, Bella!" Jadeó. "¿Quién demonios te hizo eso?"
"Charlie," bufé, rodando los ojos por la locura en que se había convertido mi vida.
Aunque, el cigarrillo está bueno, pensé al darle otra calada.
"Por qué—no lo comprendo, B. Él no golpea a la gente, ¿o sí?"
"Ahora lo hace," murmuré, tirando ceniza sobre la mesa. "Pregunté—o se puede decir que demandé saber cómo podía permitir que Edward Cullen entrara en mi vida."
Rosalie encendió otro cigarrillo y le dio una calada antes de hablar. "¿Y solo te abofeteó?"
"Sí," suspiré. Y luego supuse que bien podría decirle. "Edward Cullen es mi futuro esposo."
"Mierda," maldijo bajo su aliento. "¿Te dijo eso anoche en la cita?"
Asentí.
"Y por si no lo sabes ya, su hermano te ha elegido," agregué.
Las dos dimos una calada.
"Eso pensé," murmuró.
Nuestras vidas habían cambiado en solo una semana.
"Aunque no puedo creer que Charlie te haya golpeado," murmuró bajito. "Eso está jodido."
No dije nada.
"Entonces, ¿nunca averiguaste por qué va a permitir que Cullen se case contigo?"
"Nop," respondí al exhalar algo de humo. "¿Tu padre te lo dijo?"
"Dinero," escupió.
Imaginé que era algo como eso. Una maldita dote.
Supuse que fue lo mismo con Charlie.
"Hola, chicas," una efusiva voz dijo detrás de nosotros.
Alice.
Eso definitivamente no era lo que necesitábamos ahora, y era muy obvio que Rose pensaba lo mismo.
"Hola, Ali. ¿Qué te trajo por aquí?" Pregunté educadamente mientras apagaba mi cigarrillo.
"Solo pasaba por aquí." Se encogió de hombros al sentarse. "Realmente deberían dejar de hacer eso." Señaló apuntando a nuestros cigarrillos.
Sip, ella es una buena chica. De cabo a rabo.
"¡Oh Dios mío, Bella, ¿qué le pasó a tu rostro?!" Jadeó entonces. "Cristo, ¿Edward Cullen te hizo eso? ¡Lo hizo él, ¿verdad?!"
"¡No!" Prácticamente grité, y por alguna razón me sentí horrorizada por su suposición. "Mi maldito padre hizo esto."
"¿Charlie lo hizo?" Preguntó con incredulidad. "¿Estás segura que no estás cubriendo a alguien más?"
Joder.
"Estoy segura, Alice, ¿de acuerdo?" Espeté.
Sin palabras, Rose me ofreció un nuevo cigarrillo.
"Las dos vamos a casarnos con esos hermanos," dijo Rose sin tapujos, solo para dejarlo en claro, y me sentí agradecida por el cambio de tema.
No es que deseara precisamente hablar de mi rostro.
Una vez más, Alice jadeó, el horror y el despreció evidente en su rostro, y por alguna razón desconocida, me encabronó. No podíamos precisamente evitarlo. No elegimos a los Cullen. Ellos nos eligieron, maldita sea. Pero ahora, sin duda se sentía como si Alice dirigiera esa lástima y desprecio hacia mí y Rose.
Rose también lo sintió.
"Alice, no tienes que decir nada," Rose le advirtió. "Bella y yo estamos jodidas por esto, pero no hay mucho que podamos hacer, ¿de acuerdo? Solo lo superaremos."
"No puedes decir eso en serio, Rosalie." Alice dijo de forma despectiva. "¿Solo lo superarán? ¿Así como así? Rayos, de haber sido yo, ya me hubiese escapado."
"Pero no eres tú," señalé con los dientes apretados.
Amaba a Alice, pero no tenía idea lo que Rose y yo estábamos pasando.
Sus padres eran de esas personas de pueblos pequeños que deseaban que su hija se casara por amor y no por conveniencia o la suma correcta de dinero. Así que, era imposible que entendiera esto.
El fuerte rugido de un motor nos interrumpió entonces, y Rose y yo que estábamos de espaldas al estacionamiento, nos volvimos para ver… un Jeep Wrangler.
"¿Preparada para conocer a mi futuro esposo?" Rose dijo secamente.
Dándole una profunda calada a mi cigarrillo, vi como el Jeep estacionaba unos espacios más allá, y luego… un hombre salió.
Podía ver que eran hermanos.
Aunque Edward tenía el cabello más alborotado, ojos verdes y más rojo en sus rasgos, era malditamente obvio que los dos eran hermanos. Los dos igual de altos, aunque Emmett puede que estuviera un poco más ancho. Los dos con pantalones y camisas de vestir negros… zapatos elegantes… con expresiones amables pero serias.
Eran hombres. No muchachos.
También con barbas incipientes.
Pero Emmett, noté cuando se aproximaba, tenía ojos azules, y su pelo corto parecía rizado.
También un fumador, agregué mentalmente.
"Rosalie," Emmett la saludó. "Un placer volver a verte."
"Estoy segura que sí," Rose le respondió dulcemente.
Contuve el deseo de soltar una risita al dar una última calada antes de apagar mi cigarrillo con mi pie.
Una parte de mí pensó que esto era divertido, hablar con tanta libertad frente a los Cullen, y podía ver que a Rose también lo hacía. Me pregunté si sentía la misma emoción.
"Encantado de conocerte, Isabella; soy Emmett Cullen. El hermano de Edward," Emmett se presentó, ofreciéndome su mano.
No me sorprendió que supiera quién era yo.
Le di una sonrisa tímida cuando estrechó mi mano, pero en mi defensa, fueron los hoyuelos del hombre los que me sacaron una sonrisa.
Otro hechicero, estoy segura.
Mi sonrisa desapareció cuando noté que estaba frunciendo el ceño, sus ojos fijos en mi maldita mejilla.
Brevemente me pregunté si alguna vez golpearían a sus esposas.
"Bella me dijo que soy tu futura esposa. ¿Es eso cierto?" Rose preguntó secamente.
Bajé la mirada al suelo.
"Lo es," lo escuché responder. "Supongo que Edward te lo dijo, ¿eh?"
Levantando la vista, me sorprendió ver una sonrisa en su rostro, porque joder, sin duda esperaba una mirada furiosa o algo así.
"Sí," respondí en voz baja.
"No habrá boda," escuché que Alice dijo burlándose detrás de nosotros.
Maldita sea, había olvidado que estaba aquí.
"Ah, la vivaz y pequeña señorita Brandon," Emmett se rio entre dientes al mismo tiempo que sacaba su teléfono.
No la saludó cortésmente. Ni siquiera la miró. En vez de eso se concentró en su teléfono mientras hablaba con ella.
"He escuchado mucho sobre ti." Soltó una risita. "Pero principalmente de tu madre, por supuesto. La chismosa del pueblo, ¿eh?"
¡Oh, Dios mío, no acaba de decir eso!
Me sonrojé de un vivo color carmesí al mismo tiempo que una risita se escapaba de mis labios fruncidos, y por supuesto, todos lo notaron. Tres personas. Tres reacciones. Alice estaba lívida, eso no me sorprendió. Pero Rose en realidad parecía algo divertida, y no sabía si era debido a mi visible mortificación o si también pensó que Emmett era gracioso. Pero para ser francos, lo que Emmett dijo no podía ser más cierto. Es solo que los Brandon eran personas muy respetadas en este pueblo, y no los exponías como nada, en especial como los chismosos del pueblo.
La reacción de Emmett, sin embargo, fue darme una sonrisa genuina, y esa mierda solo hizo que me sonrojara aún más.
Me reprendí una y otra vez por no reaccionar hacia Emmett Cullen como debería. Y a Edward Cullen para esto, porque Dios sabe que soy pecadora por tan solo pensar algo bueno de ellos.
Qué bueno que no soy religiosa, pensé prestando más atención a mis tenis desgastados que a la charla medio incómoda que continuaba. Pero en serio, tenemos a Emmett Cullen—un criminal de veinticinco años—de pie junto a su futura esposa, que tiene diecisiete años por otra semana más, y ella no tiene opción en el asunto. Agrega a eso a la santurrona de Alice y teníamos a un grupo que no podía ser más incompatible.
"Así que, Emmett… ¿Qué hiciste antes de venir a Forks?" Alice dijo con desdén. "¿Pasar mucho tiempo en prisión, tal vez?"
Jesús, es despiadada…
"Alice, por amor de Dios," Rose siseó.
Emmett solo le sonrió engreído, y sí, definitivamente era el hermano de Edward.
"¿A ti qué te importa, enana?"
No dijo que no, pero antes de poder pensar en eso, mis ojos se dispararon hacia Rose. Esta vez fue su turno de sonrojarse, porque soltó una risita. Sí, se mortificó, pero lo que entonces llamó mi atención fue la risa alegre que se le escapó a Emmett. Y comprendí lo que encontró gracioso. Estaba emocionado por el hecho que Rose podría estar ablandándose con él.
"Todos sabemos lo que eres, Emmett Cullen," Alice estaba furiosa al levantarse. "¡Tú y tu familia deberían volver a dónde pertenecen, y seguro como el infierno que no es aquí en Forks!"
Estaba de acuerdo con ella en eso. También Rose.
Pero… algo no me gustó.
"No te preocupes, no nos quedaremos," Emmett se rio entre dientes.
Y vi que el rostro de Rose palideció.
Yo ya sabía eso, por supuesto, pero Rose no. Muy probablemente se estaba cagando del miedo, igual que yo cuando Edward me habló sobre irnos. Pero cuando Alice se marchó furiosa, supe que tenía que seguirla. Para explicarle, o algo.
No podía dejarlo así.
"Emmett, cuéntale a Rose sobre Europa," le dije enfáticamente. "Dile qué debe esperar."
Asintió confundido y me fui para alcanzar a Alice que ya estaba del otro lado del estacionamiento.
"¡Alice! ¡Por favor, espera!"
"¡¿Para qué, Bella?!" Gritó, dándose la vuelta para encararme. "¡Todos sabemos lo que eso significa! ¡Tú y Rose se van!"
"Yo—" No tenía nada qué decir…
¿Qué puedo decir?
O sea, ella tiene razón. Nos vamos. Nos están alejando de todo lo que conocemos, incluyendo a nuestra Alice.
Puede que a veces sea una cosita fastidiosa, y maldición, es hiperactiva, pero tenemos años de conocerla. Es nuestra mejor amiga, siempre tratando de mantener nuestro lenguaje obsceno al mínimo, siempre enseñándonos—con su madre—cómo se supone que debemos comportarnos como unas verdaderas damas, siempre organizando las mejores pijamadas, siempre preocupándose… siempre allí.
"Yo estaré aquí sola," se sorbió la nariz.
"Alice," dije con voz ahogada, arrojando mis brazos a su alrededor.
Las dos estábamos llorando y sorbiéndonos la nariz cuando se apartó, y en sus ojos… detesté ver su desprecio.
"Se están dando por vencidas sin intentarlo," acusó mientras limpiaba sus lágrimas.
Sabía que lo vería así.
"No hay nada que podamos hacer," suspiré. "Y no podemos escapar, en el fondo lo sabes."
Lo sabía.
Rose y yo nunca sobreviviríamos por nuestra cuenta. No teníamos los medios, sin educación, y durante otro mes, aún tendría diecisiete años. Era ilegal para mí viajar sin el consentimiento de mi papá, y no importaba porque de todos modos no teníamos el dinero para hacerlo.
Alice fulminó con la mirada algo detrás de mí, y miré por encima de mi hombro para ver a Edward estacionar su Aston junto al Jeep de Emmett. No me tomó más de un segundo darme cuenta que Emmett le había enviado un mensaje antes.
A veinte yardas de distancia o algo así, vi cómo Emmett presentaba a Rose con Edward, y vi que todos se volvían en nuestra dirección. Los dos hermanos vestidos iguales, con esos pantalones de vestir, zapatos elegantes, y camisas de vestir negras con las mangas arremangadas…
"Entonces, ese es él, ¿eh?" Escupió Alice.
Asentí al volverme para encararla otra vez.
"Están involucrados con la mafia, Bella," murmuró, sacudiendo la cabeza con disgusto.
Nunca pronunciábamos esa palabra. Criminales, sí, pero la palabra 'mafia'… eso era más. Eso era mucho más, y tal vez nos estábamos engañando al no pensar en esa palabra, pero… nada de eso importaba. Era nuestro futuro.
"No puedo ser su amiga…" Murmuró, bajando la vista a sus pies.
¿No puede ser nuestra amiga…?
"Espera, ¿estás diciendo que esto es nuestra culpa?" Pregunté, sintiendo que mi temperamento se encendía.
"No importa," respondió indiferente.
No podía creer esta mierda.
"No puedo relacionarme con esa clase de… escoria," agregó.
Todavía me miraba, y sabía que no todo lo que dijo era cierto, pero eso no eliminó el dolor. Qué pudiera decirme eso…
Dolía.
"Entonces, por favor, Alice… vete," le dije con frialdad.
Y lo hizo. Con una última mirada de desprecio que lanzó hacia los hermanos Cullen, se dio la vuelta para irse.
No lo creía al dirigirme de vuelta a Rose.
No podía creer que Alice nos juzgara. No era nuestra elección. Pero aun así, ella nos puso en la misma categoría que los hombres.
Dios, dolía. Pero también me enfureció.
Rose y yo no merecíamos ser juzgadas por ella, y definitivamente no merecíamos sentirnos como si ella estuviera por encima de nosotros.
Ni siquiera miré a los tres pares de ojos que tenía sobre mí cuando me senté en la banca. Solo me incliné hacia el frente sobre mis rodillas y miré hacia el lote vacío frente a nosotros, y no sabía si reír o llorar cuando un Edward con el ceño fruncido se puso de cuclillas justo frente a mí, con sus manos sobre mis rodillas.
"¿Quién te hizo eso?" Murmuró mientras sus ojos se desviaban hacia mi mejilla.
Había preocupación e interés en su voz, igual que ayer, y joder, me mataba que pudiera afectarme de ese modo.
"¿Me caí?" Me reí sin humor, echándome un poco hacia atrás para escapar de ese… sentimiento.
"Buen intento," respondió, dándome una media sonrisa.
Soltándome, metió la mano a su bolsillo y sacó una cajetilla de cigarrillos. Una marca costosa… que no era americana. También los tenía ayer.
Davidoff.
"Gracias," murmuré cuando me ofreció uno.
Me estaba convirtiendo en una fumadora empedernida por amor de Dios…
"Dile, B," dijo Rose. "Dile quién te golpeó."
Fulminándola con la mirada, dije con los dientes apretados, "No diré una mierda."
Joder, deseaba que pudiera leer mi mente porque lo único que quería decir era que cerrara la puta boca. O sea, ¿no podía entender que si Edward se enteraba que mi padre hizo esto, algo malo podría pasar? No que yo supiera qué, pero no podría ser bueno.
"No tiene que decírmelo, Rose," dijo Edward con un suspiro, poniéndose de pie. "Ya tengo una buena idea." Volviéndose hacia mí, me dijo, "Isabella, quiero llevarte a la casa de mi tía, para que pueda revisar tus moretones." No quería que me resistiera en esto.
"No sabía que tenían familia aquí," Rose dijo mientras tiraba de mí para levantarme.
"Los Denali," respondió Emmett.
"¿Tanya Denali es su tía?" Pregunté con incredulidad.
Era la enfermera de la escuela por amor de Dios.
"Sí. La hermana mayor de nuestro padre," asintió Edward.
"Bueno, no me gusta esa mujer," bufé, y Rose concordó con un gesto de su cabeza. "Siempre me está diciendo Allanah o una mierda como esa."
En serio, conocemos a la mujer de toda la vida y aún no puede aprender nuestros malditos nombres. Literalmente, siempre nos está llamando así a Rose y a mí. Es agradable y todo, pero señora, vamos, ¡mi nombre es Bella!
"Es una expresión de cariño," Edward se rio entre dientes.
Estaba cabreada, confundida, y… boquiabierta.
Era hermoso cuando sonreía.
Pero volviendo a lo de estar confundida. "Um, ¿qué?" Pregunté.
¿Expresión de cariño?
"Es gaélico," clarificó. "Significa 'querida niña' o algo así."
Huh.
Rose y yo estábamos aturdidas, y sin duda pensábamos lo mismo. El millón de cosas relacionadas con los Cullen. O tal vez dos millones.
Bueno, son irlandeses. Supongo que ellos sabrían. Y… ¿tienen relación con Tanya? Mierda, no vi venir esa. Quiero decir, siempre ha sido amable. Un poco autoritaria y siempre nos llamaba así… eso de Allanah, pero aun así… amable, supongo.
Y luego, por supuesto, estaban las preguntas que tenía sobre Edward. ¿Por qué se ve tan amable? E interesado.
"Pero realmente me gustaría que te viera," escuché que Edward murmuró.
Esa misma expresión de preocupación estaba de nuevo allí.
Tenía que protegerme. Tal como están las cosas, ya iba a casarme con él, y después de eso, necesitaba distanciarme. Distanciarme para proteger mi mente crédula, porque claramente yo era eso; crédula.
"Estoy bien," dije con firmeza. "Gracias, pero estoy bien."
Frunció el ceño profundamente, igual que lo hizo Emmett, pero me alegró ver que parecía tener a Rose de mi lado. Quizás también ella tenía miedo de pensar cosas buenas de los Cullen. Tendría sentido.
Emmett se acercó en seguida a susurrarle algo a Edward al oído.
Y Edward le asintió decididamente.
"Bueno," dijo con un suspiro. "Supongo que preferirían caminar a casa que permitirnos llevarlas."
Fue más una declaración que una pregunta.
Pero no era del todo cierto. Una parte de mí… no, no voy a pensar en eso.
"Gracias por la oferta, pero caminaremos," le dijo Rose a ambos.
"Bien." Edward asintió. "Fue un placer verte de nuevo, Isabella, y encantado de conocerte, Rosalie. Estoy seguro que nos veremos muy pronto."
"Cuídense, damas," Emmett agregó cortésmente.
No nos quedamos más tiempo.
Tampoco Edward y Emmett.
"Podría preguntarles a mis padres si puedes pasar la noche en mi casa," Rose me ofreció cuando dejamos la escuela.
"No, estoy bien," le aseguré, esperando que mis palabras fueran ciertas.
Pasamos el resto de la caminata comparando historias, expresando nuestros miedos, y contándonos la una a la otra sobre nuestras citas, y tenía razón.
Ambas estábamos aterradas de pensar positivamente de los hermanos Cullen.
Sus citas con Emmett habían transcurrido muy parecidas a mi cita con Edward. Rose no había vacilado. Había sido honesta. Y… a Emmett le había encantado.
En cuanto a nuestro futuro, Emmett le había contado hoy a Rose lo que podía esperar mientras yo estaba con Alice, y confirmó lo que Edward había dicho, afirmando que podíamos esperar estar lejos de 'casa' d meses del año, y se dividían entre Europa y los Estados Unidos.
Antes que Rose y yo nos separáramos, le conté sobre lo que Alice dijo, y aunque Rose se sintió herida como yo, también hubo ira. Y en realidad, no había nada que pudiéramos hacer al respecto.
