Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.
7 – SEPTIEMBRE EN FORKS
BPOV
El viernes llegó.
Memorias de anoche aún seguían rondando en esta cabeza mía mientras caminaba a la escuela, y cuando me encontré con Rose más tarde para almorzar, era fácil de ver que estaba ocupada con los mismos pensamientos.
"Edward va ir esta noche," murmuré. "Con una pregunta."
Una pregunta no, quise decir. Una declaración.
Pero esa es la sociedad en la que vivimos.
Rose asintió, sin saber qué sentir realmente por mí.
¿Tristeza? ¿Terror? ¿Esperanza? ¿Comprensión? ¿Miedo?
Todo estaba allí.
Pero la amargura había desaparecido, y por eso estaba agradecida.
Lo había aceptado. Más o menos.
Había cosas que me gustaban. Que incluso amaba.
Alec. Definitivamente.
Las canciones irlandesas que tocaron. Lo casuales y relajados que estuvieron. La libertad con la que hablaron y bromearon. Incluso maldijeron bastante. Y se sintió como si fuéramos iguales.
Me encantó la cabaña. Se sintió como si nos relajara a todos.
Honestamente, no sé qué esperar. No ahora que he conocido otra parte de Edward—la parte genuina, la parte que bromea con Alec.
Esa fue otra cosa que noté, por supuesto. Lo mucho que Edward amaba a su ahijado. Y era mutuo. Edward era un héroe para Alec.
Y al final del día de escuela. Rose me dio un abrazo y medio bromeó, "Te veré del otro lado."
Graciosa.
*O*O*O*
"¿Eres tú, Bells?" Charlie habló desde la cocina cuando llegué a casa.
No, tonto, es un ladrón. Déjame presentarme.
"Sí." ¿Quién más?
"Hoy recibí una llamada de Edward Cullen," continuó.
Y me pregunté por qué sonaba tan… casual… casi como antes cuando hablaba de deportes.
Como si nada hubiese pasado entre nosotros. Como si no me hubiese abofeteado.
"Ajá," respondí al quitarme la chaqueta.
Al salir de la cocina, pasé junto a él mientras leía el periódico—algo que siempre hacía tan pronto llegaba a casa del trabajo.
"Viene esta noche," dijo, sin levantar la vista del periódico.
Lo sé, pensé al abrir el refrigerador.
"Está bien."
"Y le di mi consentimiento para pedirte en matrimonio."
Eso también lo sabía. Solo que no sé por qué lo has hecho.
"Está bien."
Y luego agregué, "¿Pollo frito y arroz te parecen bien para la cena?"
Soy una chica buena. Palmaditas en mi espalda.
"Me parece bien. Y Cullen estará aquí a las siete."
Vete a la mierda.
"Está bien."
*O*O*O*
¿Qué te pones el día en que te comprometes?
Cuando no tienes nada elegante.
Unos jeans, las bailarinas que recibí ayer, y la única blusa sin mangas que tenía. Como algo extra, incluso me puse el único brazalete, y el único par de pendientes que tenía.
Mi cabello terminó en una cola de caballo. Una desordenada, además.
Dios, estoy muy arreglada.
¿Perciben el sarcasmo?
Entonces, sonó el timbre abajo, y algo… dentro de mí revoloteó… nervios…
No tenía permitido estar allí para la primera parte, pero necesitaba saber… algo… lo que sea. Así que, bajé de puntillas las escaleras, y escuché…
Estaban en la cocina.
"Seguro que no pierdes el tiempo, ¿verdad?" Escuché que Charlie se rio entre dientes.
Se rio entre dientes.
"No. Por dos razones, Charlie. Una, creo que puedo cuidar de ella mejor que tú. Y dos, nunca le pondría una mano encima."
La voz de Edward era fría. Acusadora.
"Fue un accidente…"
Contuve el impulso de resoplar.
"Ni siquiera voy a responder a eso."
"Hablo en serio, Cullen. ¡Estaba preguntando por qué le hice esto a ella!"
Contuve el aliento.
"¿Entonces? ¿Por qué no solo le dijiste? ¡No, joder, en vez de eso la abofeteaste! Juro por Dios, de no ser por el hecho que eres su padre, te habría matado."
Tragando con fuerza, traté de deshacerme de la memoria de esa noche. Y también… intenté no sentirme bien por la forma en que Edward habló, con disgusto por lo que Charlie hizo. Pero era una hipócrita, porque aquí estaba, en el pasillo, sintiéndome bien sobre eso, y también sabía que Edward no era tan grandioso. Porque al final, sé lo que pagó por el anillo que estaba a punto de darme.
"¿Me estás diciendo que se supone que le confiese que estoy en la ruina? ¿Y que la cambié por dinero? ¿O solo debería decirle que no me importa?" Charlie gruñó.
Y ahí estaba…
Dinero.
Pero esperen… ¿que no le importa?
"Me importa una mierda, Charlie, y si no le dices, entonces yo lo haré, porque me niego a que Bella crea que la compré."
Pero lo hiciste… me compraste.
"Tú fuiste el que mencionó el dinero en todo esto," Edward agregó. "¿Y a qué demonios te refieres con que 'no te importa'?"
Estaba confundida.
"'No me importa' como en 'Ella realmente me importa una mierda'."
"Cristo… Entonces, ¿no era solo por el dinero? ¡¿Qué tan jodido estás?! Espero que entiendas que no le ocultaré esto."
Escuché que Charlie abrió el refrigerador entonces, probablemente para sacar una cerveza.
"No importa. Dile si quieres. Saldrá de mi vida después de la boda."
Ay.
"¡Es tu hija por el amor de Dios!"
"No después de la boda. Estoy harto de ser su padre."
"Maldita sea, tienes que estarme jodiendo."
"Nop. Ya me cansé de pretender. Estoy harto."
Silencio.
¿Él… Él no me quiere?
Oh.
Um, bien…
"Trae a Bella," escuché a Edward ordenar.
No habían pasado ni tres segundos cuando me atrapó.
Mis ojos muy abiertos cuando miré a los ojos igual de abiertos de Charlie en el pasillo.
Supo que lo había escuchado todo.
Y en seguida, una expresión vacía se apoderó de su rostro. Incluso se encogió de hombros.
"Edward quiere verte en la cocina."
Asentí sin palabras, todavía en shock.
No sé cómo llegué a la cocina… pero… estaba allí. Y um, no podía…entender…nada, en realidad.
Duele… en mi pecho… y por todas partes.
"¿Bella?"
Pero por qué Charlie no solo me abandonó en el maldito… como sea que le llamen. ¿Por qué se quedó conmigo?
"Nos escuchó."
"Mierda."
Y si no le importaba, entonces, ¿por qué tuvo problemas para decirme que estaba quebrado? ¿Orgullo de hombre?
Eso es… estúpido.
"Me la llevo, Charlie."
"Adelante."
Todos esos años.
¿Todo ha sido una mentira? ¿Una farsa?
¿Eso incluye el disgusto que mostró cuando Edward entró en escena? ¿Eso fue solo para no mostrar sus verdaderos sentimientos? Y entonces, ¿por qué no aceptó a Riley Biers?
Tal vez porque no podía ofrecer dinero como Edward…
"Bella, ¿puedes escucharme?"
Hace frío.
Mucho frío.
Siento. Creo que. No estoy segura.
Pero huele bien. Cuero y… hombre. A él.
Edward.
"Edward," me escucho murmurar.
"Estoy aquí, Bella. ¿Puedes escucharme?"
Um, sí.
Quizás asiento. Pero mis ojos… necesito enfocarlos… en algo. Lo que sea.
"¿Puedes apretar mi mano, cariño?"
Hice eso con Rose. Cuando nosotros… ya saben, ayer… en la cabaña. Apretamos nuestras manos.
Huele como a coche aquí.
Estoy cansada.
"Em, soy yo… Mira, ¿puedes ir a casa de Rose? Bella la necesitará pronto…
"No, todavía no… Uh, Bella escuchó a Charlie decirme que no la quería… Y ahora ella está algo… fuera de sí…
"Lo sé, él es-… No, no lo sabía. Mira, se recuperará, pero creo que se sentirá mejor si Rose está allí…
"Sí, um, voy a llevarla a la cabaña…
"Sí… ¿Y podrías pasar por Alec de camino? Creo que a Bella le gustaría tenerlo allí también…
"No, conocerá a Nessa mañana… Pero pídele a mamá que empaque una maleta con ropa para pasar la noche también…
"Gracias, hermano… Adiós."
Muy cansada.
*O*O*O*
"Bella, ¿puedes escucharme?"
"¿Bella?"
Um.
Huele bien aquí. Madera. Fuego. Y está cálido y acogedor.
"Chicos, creo que está volviendo en sí."
"Gracias a Dios, joder… Avísame cuando esté lista para verme, ¿sí?"
"Por supuesto, Edward."
"Estaremos afuera."
Reconozco las voces… Y recuerdo.
Todo.
Charlie no me quiere. Nunca me quiso.
"Cielo, despierta."
Rose.
"Rose," grazné.
Abriendo mis ojos. Enfocándolos. Concentrándome en… todo… Rose… el fuego… todo en madera.
Estoy en la cabaña. En el sofá.
"Oye," susurró. "Nos asustaste. ¿Cómo te sientes?"
Excelente.
Froté mis ojos. De alguna forma, no sé cómo, me senté. Y todo se volvió claro.
Seguía siendo hermoso y pacífico aquí.
"Toma," murmuró, dándome un vaso de agua.
Eh.
"¿No hay Baileys?" Bromeé débilmente.
Sonrió. Un poco triste, y un poco por la broma. Creo.
El agua ayudó. Un poco.
"Gracias," murmuré.
"Y…" Suspiró. "Edward nos contó lo que pasó."
Asentí una vez, sintiendo que mis ojos se humedecían. Y dolió, muchísimo, porque por alguna razón, me sentía traicionada. Por alguna razón deseé que él solo me hubiera dado en adopción o lo que sea… En lugar de pretender. En vez de fingir. Y toda la gratitud que le demostré. Porque sabía. Sabía que no tenía que quedarse conmigo. Es el trabajo de la madre cuidar de sus hijos. Pero aun así se quedó conmigo, y lo aborreció. A mí.
"Que se joda, Bella," Rose dijo al mismo tiempo que limpiaba mis lágrimas. "Si dijo eso… si se sentía de esa forma… Maldita sea, no debió quedarse contigo… Nunca mereció lo que hiciste por su patético trasero."
"Hiciste todo por él," continuó. "Recuerdo todas las veces que cuidaste de él, B. Todo el dinero que le ahorrabas al usar recetas con menos ingredientes, y todas las veces que modificaste tu ropa y la de él para que durara más tiempo."
Dos horas después, me había quedado sin lágrimas.
Estaba seca. Exhausta y agotada. Harta… de todo. Quería seguir adelante. Avanzar. Pero estaba cansada. No podía mantener mis ojos abiertos.
Rose me dio una bolsa de ropa que al parecer Esme empacó para mí, y todo era… nuevecito. La mujer de verdad nos había comprado cosas.
Muy cansada para hacer preguntas, me puse la cómoda camiseta, y los pantalones cortos de pijama muy suaves, y luego volví a quedarme dormida, pero ahora… me sentía mejor. Un poco. No más mentiras. No más cupones para mantener los gastos al mínimo. No más sentirme culpable por aprovecharme.
Porque eso era. Me había estado sintiendo culpable todos estos años.
Y esa era una gran carga que desapareció de mis hombros.
*O*O*O*
Desperté con el tenue sonido de un rasgueo de guitarra.
Solo un suave jugueteo.
Pero era hermoso.
Y estaba muy cómoda en el sofá, y… Jesús, estas sábanas son suaves… Mmm, y tibias… Dios, estaba jodidamente cómoda.
Abriendo mis ojos, me recibió en seguida el sol brillando por la ventana, y eso seguro era extraño de ver en Forks.
"¡Tush, estás despierta!"
Esa fue una voz que me hizo sonreír, y cuando me senté… en el sofá… vi a Edward sentado en la silla del otro lado de la mesita de café, y Alec estaba en el reposabrazos del lado derecho de Edward.
"Buenos—". No, eso no funcionó. Aclarando mi garganta, lo intenté de nuevo. "Buenos días."
"¿Buenos días, cariño? ¡No, no, pasa del mediodía!" Alec sonrió.
Oh. Mierda.
"Necesitabas dormir," murmuró Edward al dejar la guitarra a un lado. "Desde luego, tuviste una noche dura."
Es cierto, pero… hoy me sentía más ligera.
La mierda apesta y solo puedo imaginar que sigo un poco aletargada, pero lidiaré con eso cuando esté lista.
"Um, gracias por todo lo que hiciste ayer," susurré, sonrojándome un poco.
No sé por qué, pero me siento tímida hoy.
"Ni lo menciones," respondió, como si no fuera gran cosa. "¿Tienes hambre?"
Bueno, a juzgar por la forma en que mi estómago gruñó en ese momento, diría que… sí.
"¡Wow, Tush, escuché eso!" Alec se echó a reír. "¡Será mejor que vaya a prepararte algo para desayunar o terminarás comiéndome!"
"¿Dónde están tus modales, cachorro? Dale algo de comer entonces," Edward se rio entre dientes. "Oh, y trae la bolsa en el refrigerador con el nombre de Bella, ¿quieres?"
"Claro, jefe," Alec dijo por encima de su hombro, ya a mitad de la cocina.
Volviéndome para encarar a Edward, yo, bueno…
"Um, ¿un baño?" Pregunté.
"Oh, al final de ese pasillo, antes de llegar a la cocina," dijo, señalando hacia la dirección que se fue Alec.
Tal vez no me debió haber sorprendido cuando encontré una bolsa con artículos de tocador con mi nombre en el baño, pero lo hizo. Estaba además tan conmovida por ello que tuve que tomarme unos cuantos segundos para calmar mi trasero antes de volver a la sala. Pero en serio, ella me había comprado todo lo que pudiera necesitar… y más. Nunca antes había alguien hecho eso por mí. Es algo importante para mí. Es importante para nosotras, Rose y yo.
En días de fiesta, como en Navidad, cumpleaños… nunca celebramos tanto. No había dinero para eso.
Después de otra respiración profunda, volví con Edward, ahora con los dientes cepillados con un brillante cepillo de dientes de color rosa, mi rostro lavado con algo floral, y… bueno, olía bien, maldita sea, y se sentía bien.
"Alec casi termina," dijo Edward cuando llegué a él. "Y toma."
Me dio otra cosa con mi nombre, y dentro de la bolsa marrón estaba…
"Un Snapple, goma de mascar sabor cereza, y unos Davidoff," solté una risita dentro de la bolsa.
"Por supuesto." Una sonrisa jugaba en sus labios. "¿Te gustaría acompañarme a fumar un cigarrillo antes de desayunar?"
"Claro." Sonreí, llevando la bolsa conmigo, porque ya saben… ahora lo quería todo.
Puede que haya dado pequeños saltitos por la emoción cuando salíamos al pequeño porche, pero por alguna razón me sentí bien. Ligera y libre… y el sol salió.
"Oh, lo olvidé, um…" Y entonces entró desapareciendo de nuevo.
Uhmmm…
Y entonces regresó. Con una sudadera, y unas UGG… grises. Cristo, a Esme realmente le gusta comprar.
"No quiero que te enfríes." Me guiñó un ojo.
Maldición, ese guiño.
"Um, gracias."
¿Por qué demonios me estoy sonrojando? Me pregunté al agacharme para ponerme las botas. Y maldición, eran cómodas.
Mis reflexiones internas fueron interrumpidas por un gemido de Edward.
"¿Pasa algo?" Pregunté al enderezarme.
Oh.
El chico irlandés me estaba viendo el trasero.
"Nop, um, no," dijo al mismo tiempo que desviaba la mirada… y mejor se concentró en encender nuestros cigarrillos.
Qué gracioso.
"Aquí tienes," dijo, dándome un cigarrillo.
"Gracias," yo… dije un poco efusiva. "O como ustedes dirían; cheers (1)."
Sí, había notado eso. En vez de 'gracias' ellos dicen 'cheers'.
"Eres una pequeña perspicaz, ¿eh?" Sonrió con suficiencia, dándole una calada a su cigarrillo.
¿Eh? ¿Eh? Pequeña, ¿eh?
Puede que haya soltado una risita al asentir.
¿No dicen también mucho 'eh' en Canadá?
Ah bueno… eh.
Aunque en realidad suena más como un 'ei' que unen a la última palabra… Algo así como… Pequeña perpicaz-ei.
"He decidido que hablas gracioso," anuncié.
"Um… ¿está bien?" Se rio entre dientes con incredulidad.
Lo miré con una sonrisa, y… dejé que mis ojos vagaran un poco… porque, um… ya saben… trae puesta una sudadera gris… unos pantalones cargo cortos color negro… muy casual—
Espera.
Oh.
No, no hay duda en lo que veo. En su bolsillo, no hay duda.
Es una caja de anillo.
Al parecer Edward lo notó. "No te preocupes. No lo haré en este momento. No con el día que acabas de tener."
Um.
Bueno… uh, ¿por qué no? Las cosas no pueden exactamente volver a cómo eran antes. Y es jodidamente seguro que no es lo que deseo, de todas formas. No quiero más de las mentiras de Charlie.
Quiero seguir con mi vida.
Y con esa idea, le di una profunda calada a mi cigarrillo… bueno… Y exhalé.
"Sí, Edward. Hazlo ahora," dije, mirándolo a los ojos. "Tienes el consentimiento de Charlie, y joder, casi tienes el mío."
Honestamente.
¿Qué tan malo podría ser? Va a ser mi vida de todos modos. Será mejor que empiece esta mierda.
No tenía duda que Edward cuidaría de mí, y parecía gustarle. Con él, me siento querida. Y quiero eso. Quiero ser deseada. Y querida.
En cuanto a Edward… bueno, ya hemos establecido que me he ablandando con él. Tal vez incluso me guste algún día. Romántico, lo sé. Pero esa no es la sociedad en la que vivimos. Aprendemos a vivir con lo que tenemos, y algunos tienen suerte de aprender a amarlo.
¿Sería yo una de esas? Lo dudaba. Realmente lo dudaba. Pero podría ser peor. Podría terminar con un esposo abusivo, y considerando la forma en que Charlie no tuvo reparos en entregarme a un criminal, bien podría haberme entregado a un hombre malvado. Y por malvado me refiero a abusivo.
"¿Estás segura?" Preguntó, con la duda escrita en todo su rostro. "¿Tal vez debería darte unos cuantos días… o semanas?"
"Estoy segura, Edward."
Realmente lo estoy.
Se quedó callado. Observándome mientras fumaba. Pero su mano estaba en la caja. Quería hacerlo.
Pero era un caballero.
Y realmente deseaba alejarme de Charlie.
Tan pronto como fuera posible.
¿Qué tan rápido nos casarían? ¿Esperarían el año completo? ¿Sería en unos cuantos meses?
No tenía idea, pero hasta entonces, aún seguía con Charlie.
"No quiero un discurso, Edward," susurré. "Solo quiero una vida. Y estoy segura que me darás una."
Lo hará. Lo sé.
Y le mostraría mi agradecimiento.
Sé que sería una buena esposa.
Inclinándose de rodillas, continuó observándome… exhaló el humo por su nariz… y…
"Cásate conmigo."
No estaba preparada.
Para la forma en que reaccionó mi cuerpo… me estremecí… algo, revoloteó.
"Sí."
Sí. Estoy segura.
"Sí," repitió medio en pregunta… como si no creyera que lo dijera. Y tragó… con fuerza… Continuó observándome.
"Sí," le confirmé con seguridad.
Dio una última calada antes de lanzar el cigarrillo al suelo… y entonces sacó la caja de su bolsillo.
Y… la abrió.
Mis ojos, se ampliaron. Y jadeé. Más de una vez.
Era… fuera de este mundo. Del universo.
Era gigantesco.
Lo contrario de lo que creía de mí. Lo contrario a lo que pensé que quería. Pero… esta… cosa… era todo. Era adorable y precioso al mismo tiempo que era… gigantesco y extravagante… y pomposo. El cabrón se merecía una orquesta. Pero al mismo tiempo, era lindo.
Tenía mariposas. Unas lindas. Con pequeños diamantes. Pero… ellas. Las mariposas… estaban, ya saben… unidas… a esa… inmensa y gigantesca… roca.
Un zafiro tallado como una esmeralda.
Cristo, brilla… mucho.
"¿Puedo?" Lo escuché preguntar.
Cierto, no estaba sola aquí… con este… anillo fuera de este mundo.
Tragando con fuerza, lo miré a los ojos… asintiendo, creo… un poco. Y extendí mi mano.
Mi mano vibraba mientras deslizaba delicadamente el… Dios mío, pesado, anillo en mi dedo. Jesús, pesaba.
Debía decir algo. En serio, porque esto… es inmenso. En muchos sentidos.
"Yo uh…" Continúa. Excelente. "Heh…" Perfecto, Bella…
Mierda.
"No tengo maldita idea de qué decir," solté. "Es… fuera de este mundo." Y Jesús, malditamente pesado… "Podrías haberle dado un mejor uso al dinero que gastarlo en mí," agregué, porque parecía lo correcto, ¿cierto?
Esto era demasiado para… mí. Yo no valía tanto.
"¿Te gusta?" Preguntó, enfatizando… mucho cada palabra. Y no parecía preocupado. Más bien como, si él supiera que era el anillo para mí.
¿Me gusta?
Bueno, pensémoslo por un momento, ¿quieren?
Estoy en shock, porque pensé… durante los últimos diecisiete años… y once meses que me gustaban más las cosas… discretas, que me gustaba… la simplicidad y lo práctico.
Vaya si me equivoqué.
Esta cosa azul es… wow.
"Proclamo mi amor por él," solté.
Solté mucho hoy. Al parecer.
"Excelente," dijo. Sencillamente. "Y ni una palabra sobre lo que gasto en ti."
"¿Está bien…?"
"Y este anillo no se compara en nada a ti," murmuró.
Y respondo, "Puras mierdas."
Se echó a reír. De forma alegre. Y hermosa.
Echándose hacia atrás, me rodeó con un brazo, y besó mi sien.
Me gustó. Muchísimo. Pero seguía mirando boquiabierta… ya sabes, el anillo.
"Prometo que te haré feliz, princesa," susurró contra mi piel. "Juro que serás feliz en nuestro matrimonio."
Sí… tal vez… quizás.
Muy probablemente.
En solo un mes… había pasado de odiar al criminal… a… casi gustarme el chico irlandés.
"Pareces seguro," dije en voz baja.
Suspiró… me soltó, y sacó otro cigarrillo… lo encendió, y le dio una calada… sin quitarme los ojos de encima ni un momento. Y de nuevo, me estaba observando.
"Creo que un día me amarás," declaró en voz baja.
Era mucho pedir.
Hoy lo dudaba, pero quién sabe. Él es un hechicero después de todo.
"¿Me amarás algún día?" Pregunté, medio en broma y medio preguntándome.
Edward sonrió, se rio entre dientes y sacudió su cabeza ligeramente. Casi divertido. Creo.
"No me creerías si te dijera lo que ya siento por ti, Bella."
Tal vez no.
Tal vez no estaba preparada para creerlo.
(1) Cheers es una expresión británica para decir gracias o cuando haces un brindis, al igual que en español utilizamos "salud".
