Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.

Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.


10 – FORKS EN SEPTIEMBRE

BPOV

"Hora de levantarse, cariño."

No.

Todavía no.

Había tenido el mejor de los sueños… Y… mis hormonas estaban despertando, emergiendo… todo gracias a un irlandés.

La atracción estaba sin duda ahí, y puede que sea difícil negarlo, sobre todo después del sueño que tuve.

Qué se jodan los crímenes.

Nada había cambiado desde anoche. Maldición, todavía era algo mutuo.

"Sé que estás despierta, Tush."

Quería lloriquear.

"No, no es cierto, Alec," murmuré adormilada.

"Sí, es cierto, Tush, y tienes un gran día por delante," se rio entre dientes. "Cuando Edward se fue esta mañana me dijo que te despertara a las once, y ya son las once. Sweet Cheeks estará aquí en dos horas."

¿Cuándo Edward se fue? ¿Esta mañana?

Frotando mis ojos para alejar el sueño… y una buena estirada… me senté en el sofá, solo para ver a Alec con su fedora dándome un Snapple.

"Gracias," solté una risita. No fue un sonido lindo. "Pero, ¿a qué te refieres con 'cuándo Edward se fue'? ¿No se fue anoche?"

El Snapple sabía bien. Estará aún mejor cuando me haya cepillado los dientes.

"El muchacho no quiso dejarte." Me guiñó un ojo. "Así que al amanecer, llamó a Emmett y él me trajo aquí."

"Y luego me quedé dormido en la silla." Señaló. "Desperté hace una hora."

Oh.

Y… ¿Edward no me dejó?

Sip, todavía me agrada.

A pesar de todo.

Pero…

"Eso significa que Edward no durmió en toda la noche." Fruncí el ceño.

Alec simplemente se encogió de hombros. "Vamos, cariño, te conseguiré algo de comer… y supongo que vas a querer un pitillo."

"¿Un qué?" Me atraganté al pararme del sofá.

"¡Un cigarrillo, Tush! ¡Un cigarrillo!" Se echó a reír al dirigirse a la cocina.

Jesús, ¿voy a tener que conseguirme un maldito diccionario? Y no me hagan hablar de todas las cosas que escuché ayer.

Entre Edward, Alec, Emmett y Esme, escuché algunas mierdas extrañas.

Palabras extrañas, quise decir.

Lo que sea.

Me levanté, me aseé en el baño, me fumé un cigarrillo y cuando volví a la habitación, Alec estaba allí.

Con el desayuno para mí.

"Eres lindo, sabías eso, ¿verdad?" Sonreí al sentarme.

Con eso me gané un guiño.

"¿Estás nerviosa por casarte, cariño? Me estaría cagando del miedo si fuera tú."

Y me atraganté un poco con mis huevos revueltos.

¿Nerviosa? No. No puedo decir que lo esté.

Había muchos inconvenientes en todo esto, pero nervios… no, no estoy nerviosa.

"Solo tienes doce años," señalé.

"Cierto," admitió, jugueteando con una guitarra. "Aunque Edward y Emmett están jodidamente ansiosos."

"¿Oh? ¿Por qué?"

"Porque son muchachos, por supuesto," se rio entre dientes. "Se están convirtiendo en proveedores. Les preocupa."

Este niño es… demasiado listo para su edad.

Y no había pensado en eso. Nunca lo hice. Pero tiene sentido, supongo. Edward será mi único proveedor y protector. Obviamente, eso era algo importante. Pero por alguna razón no creo que vaya a tener algún problema en ese departamento.

*o*o*o*

Me pareció como un déjà vu cuando Carlisle vino a recogernos esa tarde.

Solo había una diferencia con esta noche – Alec estaba aquí en lugar de Nessa, diciendo que quería escoltar a sus 'cariños'.

A Rose y a mí no nos importó. En lo absoluto.

Pero además de tener a Alec aquí, el día ha sido igual.

Hemos sido pulidas y mimadas por Esme, vestidas y peinadas, y sus palabras cuando nos mostró los vestidos fueron "Para conseguir reacciones esta noche, es momento de mostrar algo de piel, queridas."

Creí que ayer habíamos mostrado piel, pero comparados con los vestidos que teníamos esta noche… ¡Maldición!

Ambos vestidos eran strapless, sexies, y… más cortos que los que nos pusimos ayer. Todavía en negro pero… sí, diferentes en la escala de sexy, y eso no me ayuda en lo referente a las… hormonas… con las que estoy lidiando hoy.

Como sea…

Carlisle vino, vestido nuevamente con un esmoquin… sosteniendo una bolsa de papel negra… otra vez. Nos dio cajas de terciopelo.

Otra vez.

Abrí la mía y… No sé qué decir. Aún.

¿De verdad es así como será mi vida?

"Eso se te verá precioso, Tush." Sonrió Alec al ver el contenido.

Era un collar de diamantes, muy extravagante. Y anillos de zafiro… para hacer juego con mi anillo.

Abrumada no lo cubría en realidad.

"¿Puedo?" Escuché que Carlisle le preguntó a Rose.

Mirando en su dirección, vi que hoy era su turno con las perlas y mi turno de hacer juego con el anillo.

"Claro," Rose respondió muy temblorosa.

Estaba tan conmocionada como yo.

Esme por otro lado… sonreía de oreja a oreja de felicidad. Y estaba acostumbrada a este… estilo de vida. Rose y yo no. Para nada.

Se me acercó a mí entonces, me preguntó si podía hacer los honores con mi collar.

"Gracias," respondí, parpadeando para contener las lágrimas.

Había sido una tremenda montaña rusa de emociones, y la hora que pasé a solas con Rose antes que Esme apareciera, había sido solo para hablar de esta mierda. Ella por supuesto estaba abrumada por el maldito coche, y me dijo que en realidad no sabía qué pensar estos días. Simplemente todo era demasiado. Y lo comprendía. Desde la bienvenida a la familia, a los regalos lujosos… todo era una locura.

*o*o*o*

Como ayer, Emmett y Edward estaban en el porche, esta vez con Nessa y Tanya, y se acercaron al coche con enormes sonrisas en sus rostros.

Edward y Emmett, no Tanya y Nessa.

Esta vez, fui la primera en salir.

Esta vez él no dijo nada, Edward. Solo me ayudó a salir, en seguida tomó mi mano, y… bueno, diría que me folló con la mirada.

Estaba igual de guapo que ayer, vistiendo un esmoquin menos la chaqueta.

"Veo que mi madre está tratando de matarme," finalmente se obligó a decir.

"¿Ah, sí?" Sonreí con inocencia, teniendo muy claro ya por qué Edward se veía de esa forma

Esa era otra cosa que había aprendido con solo observarlo.

Así se veía cuando estaba excitado, y me encantaba. Mi lado hormonal estaba celebrando. Lo juro.

Sus ojos estaban oscuros, su mandíbula apretada, y parecía estar conteniéndose. Es lo que también había visto en Emmett cuando veía a Rose.

Nos deseaban.

Sí, me hizo sentir deseada, pero me conocía la suficiente para saber que siempre sería una persona sensata. Al igual que Rose, así éramos. Pero eso no significaba que no apreciábamos las mirabas que nos daban nuestros prometidos.

Prometido.

Jesús, estoy comprometida.

Edward no respondió. Solo entrelazó nuestros dedos, y nos llevó adentro.

"Tengo que darte algo necesario," dijo cuando llegamos a la sala.

"¿Necesario?" Me burlé. "¿Crees que con esa palabra me engañas, Edward? Solo di un regalo."

"En realidad, es necesario," escuché que Emmett se rio detrás de mí.

Éramos solo Edward, Emmett, Rose y yo en la sala.

Y Edward y Emmett se veían… casi serios.

Entonces a Rose y a mí nos dieron dos cajas negras a cada una.

Jodidamente confundidas, nos sentamos en el sofá y las abrimos.

Teléfonos móviles.

¿Esto era una broma?

Sabía que Edward me dijo que me compraría un móvil, ¿pero por qué los rostros serios?

Pero hice a un lado esos pensamientos por un segundo cuando desempaqué mi teléfono, porque brillaba mucho. Sí, soy una chica. Pero cielo santo… mi teléfono era ardiente. Hermoso y sexy. En dorado y negro… y por supuesto… tenía diamantes. Ni siquiera me molesté en preguntar, porque era parte de la familia Cullen, obviamente eran reales. Y así es como también comprendí que el metal dorado… Sip, vi la marca. Era verdadero oro por todos los cielos.

¿Qué pasó con comprar un Nokia convencional… o lo que sea…?

Nunca había escuchado de 'Vertu'.

Mirando a Rose, vi que se estaba comiendo con los ojos su teléfono—similar al mío, pero en rojo y plateado… y zafiros…

Dios santo.

"Esos son sus teléfonos de todos los días," dijo Edward, poniéndose de cuclillas frente a mí. "Ya los programamos e instalamos los números que necesitarán."

"Luego están esos otros dos teléfonos," dijo Emmett, también poniéndose de cuclillas, junto a Rose.

Los otros dos eran blancos, del mismo tipo, muy bonitos y lindos. ¿Pero para qué necesitaríamos dos teléfonos?

"Esos dos están programados de modo que solo ustedes puedan usarlos. Se activan cuando presionan el pulgar en ese botón de ahí," dijo Emmett, señalando el botón grande debajo de la pantalla. "Edward y yo ordenamos estos hace semanas cuando nosotros uh… decidimos que… eran ustedes dos a las que queríamos."

Oh.

"Se activa con la huella digital de su pulgar," Edward aclaró en voz baja.

"¿Y cómo consiguieron nuestras huellas digitales antes de que los conociéramos?" Rose preguntó, arqueando una ceja.

Y esta era la razón por la que se veían serios. Sin bromear, porque sabían que nos ofenderíamos.

"De vasos que usaron en casa," respondió Emmett.

Lo que significa que irrumpieron en nuestras casas. De nuevo, ¿o fue esa la misma vez en que Edward revisó mi habitación?

Joder, no importa. Vamos a casarnos con criminales. Más vale. Que. Nos. Acostumbremos. A. Eso.

Pan comido. O algo así.

"Como sea," suspiré. "¿Qué tienen de especial estos teléfonos? ¿Por qué necesitamos dos?"

Edward y Emmett se miraron el uno al otro antes de asentir una vez, tal vez para ellos mismos, no sé. Y entonces Edward habló mientras me observaba. "Ese teléfono tiene los números que no queremos que se sepan..." Nos da una mirada significativa, y nosotras lo comprendemos. "Para desplazarse, para conseguir esos números, tienen que presionar ese botón, y si la persona que lo hace no son ustedes, el teléfono se apagará."

Y Edward me dijo que Rose y yo nunca seríamos parte de su mierda… sí, claro. Cabrón.

"¿Por qué Rose y yo necesitaríamos alguna vez esos números?" Pregunté, asegurándome de mirar a Edward a los ojos.

Llámenlo niñería, pero joder, estaba muy molesta con él.

"Porque una vez que dejemos Forks, viajaremos mucho," respondió Emmett. "Y si Edward y yo estamos… trabajando, puede que necesiten contactar con alguno de nosotros… u otros miembros de la familia… y esos números son imposibles de rastrear. No van a utilizar sus teléfonos de diario para llamarnos a mí o a Edward cuando estemos en Italia, Mónaco, Bélgica, España o Francia."

No estoy molesta. Estoy encabronada.

"Emmett y yo nunca viajamos con nuestros verdaderos nombres, y nuestros teléfonos normales podrían alertar a las autoridades de que en realidad, estamos ahí," continuó Edward. "Que es la razón por la que utilizarán estos teléfonos para contactarnos siempre que estemos en el extranjero."

"Nosotros también tenemos un segundo teléfono," Emmett dijo, mostrándonos un teléfono negro que lucía más como una pequeña computadora. "Así que, su teléfono blanco tiene los números de estos, así como los números de nuestros contactos en Chicago."

Edward pagará por esto. Imbécil, hijo de puta.

Justo cuando empezaba a sentir cariño por el tipo…

"¿Por qué, por todos los cielos, necesitaríamos llamar a alguien que esté involucrado en su jodida mierda?" Rose dijo furiosa.

La amo.

"Solo en caso de emergencia," Emmett le dijo en voz baja. "Solo en caso que algo salga mal."

"¿Como que los atrapen?" Pregunté, arqueándoles una ceja.

Rose jadeó. No lo sabía.

"Sí, Rose," le dije, fulminando a Edward con la mirada. "Antes que Edward y Emmett vinieran aquí, estuvieron en prisión."

"Bella," Edward dijo con un suspiro, sacudiendo ligeramente su cabeza. "Hay más en esa historia que no sabes."

"Entonces, explíquenos, maldita sea," siseé.

"Hoy no," dijo Emmett con calma.

"Jódanse ustedes dos," Rose escupió. "Vámonos, B."

Nos levantamos y dejamos a los cabrones ahí.

Pero no llegamos lejos.

Esme nos detuvo cuando llegamos al último escalón del porche.

"¿Me permiten un momento, queridas?" Preguntó dulcemente.

¡Jodidos demonios!

Suspirando, me di la vuelta… y me encontré con una sonrisa triste.

Me enfureció, porque de ninguna manera podrías encabronarte con Esme… o Alec.

Nos hizo un gesto para que nos sentáramos en el patio donde tenían calentadores.

Lo hicimos. No podías decirle que no a Esme Cullen.

"Los teléfonos son por su bien, chicas," explicó Esme con gentileza, sin andarse con rodeos. "En caso de que Emmett y Edward se metan en problemas, ustedes pueden llamar a Chicago para que las ayuden a salir del país."

Esa puñetera voz dulce.

"Es por su seguridad," continuó. "Y mis muchachos solo quieren que haya un escape para ustedes si las cosas se ponen feas."

Tuve que preguntar. "¿Qué tan a menudo se ponen feas las cosas?"

"No con frecuencia," nos aseguró con una sonrisa que comprendía mis miedos. "Solo ha pasado una vez, y desde entonces, tenemos un contrato con Vertu para hacer seguras nuestras líneas de comunicación e imposibles de rastrear. Actualmente, todas las esposas llevan ese modelo blanco, y es reconfortante para mí… cuando Carlisle está fuera del país… me da la oportunidad de contactarlo."

Yo… ni siquiera había pensado en Carlisle. ¿Él también está en esto?

"¿Tú no viajas con él?" Rose preguntó dudosa.

"En ocasiones." Asintió. "Paso unos cuantos meses del año fuera del país."

"Y… ¿viajaremos juntas?" Pregunté en voz baja, haciendo un gesto entre Rose y yo.

"La mayoría de las veces, sí. Aunque no entrarán a un país todos juntos. Pero se encontrarán en el destino."

Asentí, asimilando esa mierda. Fue un rudo despertar, y una lucha. Dos lados tirando de mí. Un lado, donde los Cullen eran estas personas encantadoras que nos dieron la bienvenida a su familia. El lado donde Edward y Emmett tocaban música irlandesa para nosotras. Nos daban Baileys. Nos hacían pasar un buen rato en la cabaña, e introducían a Alec en nuestras vidas.

Pero entonces…

Estaba el crimen organizado.

Un lado que no comprendo. No comprendo por qué. ¿Por qué harían esto? ¿Por qué viajarían por el mundo para robar coches lujosos? ¿Por qué no pueden tener un trabajo normal? ¿Por qué no podían ser como la gente normal?

Gente normal, ordinaria y aburrida.

Wow. ¿Aburrida?

¿De dónde demonios salió eso?

"¿Saben cuánto tiempo me tomó enamorarme de Carlisle?" Preguntó Esme entonces.

Sacudí mi cabeza diciendo que no.

Era difícil de asimilar, porque ellos se veían tan enamorados, y era difícil de entender que su matrimonio había sido uno arreglado.

"Unos dos meses." Sonrió con dulzura. "Pero me tomó un año admitirlo. Y otro año admitírselo a él."

Cielos.

"Y vengo de este estilo de vida," continuó. "Ya era una Masen, y venimos de una larga línea de malhechores."

No pude evitar reír al escuchar su elección de… ¿palabra?

"Pero aun así detestaba a Carlisle por ser tan similar con lo que estaba involucrada mi familia," dijo, sacudiendo su cabeza por algún recuerdo. "Mi hermana sintió lo mismo cuando nuestros padres encontraron a Ed para ella. Y nuestra promesa de nunca ser parte de los negocios de nuestra familia voló por la ventana," suspiró. "Me casé con Carlisle Cullen— un extraordinario ladrón de coches. Y Elizabeth se casó con Ed—un genio maquinador en el mundo de los negocios."

Esto era una locura.

Pero algo incluso más loco era cómo Rose y yo estábamos desagradablemente intrigadas.

"Así que, una vez que mi padre quiso retirarse," Esme suspiró otra vez, "Ed se hizo cargo de la división de Chicago, y Carlisle me mudó a Seattle, para poder expandirnos. Y él se hizo cargo de todo lo que tuviera que ver con coches, yates, aviones, todo lo de transportación, en realidad… Y Ed… bueno, él es más despiadado, diría yo." Frunció el ceño. "Aunque tienen reglas estrictas sobre nunca involucrar a menores, aun así lidian con drogas y juegos de azar…

"Finalmente, por supuesto, ellos encajan más con lo que la gente llama mafia… por los favores, robos de bancos, los fraudes… asalto… asesinato."

Incluso Esme se estremeció al pronunciar la última palabra, y fue evidente que, efectivamente, había una diferencia entre un Cullen y un Masen.

"¿Pero esta familia no está involucrada en eso?" Rose preguntó, temerosa de la respuesta.

"No," Esme aseguró. "Carlisle… y Edward y Emmett por ende, nunca lo permitirían. No manejamos las cosas como los italianos. Pero esa es una historia para otro día.

"Mis muchachos son amantes de las emociones fuertes… igual que Carlisle. No hay excusa para ellos. Nadie los ha obligado a hacer esto. Son quienes son… Y no hay un trasfondo".

"Carlisle estaba en la escuela de medicina cuando necesitaba dinero… para la matrícula… y estaba desesperado…"

No necesitó continuar.

Fue entonces que robó su primer coche.

"Lo encontró excitante," murmuró Esme. "Un Porsche se convirtió en cuatro Porsches… 10,000 dólares se convirtieron en más… y no pudo detenerse… No quería detenerse… Y para cuando abordó a mi padre, había salido de la escuela de medicina, era un millonario y tenía una reputación que había llegado a oídos de mis padres."

"Mi padre accedió a la proposición de Carlisle después de la primera cita tradicional," terminó de decir.

Esme había despejado mi mente. Comprendía más. No lo aprobaba, pero temía que la aceptación vendría… pronto… cuando se trataba de Edward. Ya encontraba imposible odiarlo, y sabía que pronto… haría tanta mella en mí que lo aceptaría por todo lo que era. Incluyendo su vida de roba coches… y algo más.

"¿Cuál es la historia de Emmett y Edward en esto?" Rose preguntó.

"La misma de Carlisle," respondió Esme, sonriendo con pesar. "Se metieron en muchos problemas en su adolescencia… fumando hierba, bebiendo, peleando, y le hicieron a otros bromas pesadas que llegaron muy lejos."

"Luego, cuando empezaron a interesarse en las chicas," suspiró con cansancio, "Carlisle y yo nos pusimos firmes, con temor de que solo lastimarían a las chicas… Y sabíamos que Ed y Elizabeth estaban haciendo lo mismo con Liam que es unos años mayor que Em y Edward… Así que, usamos el pretexto de la religión, aunque no somos tan religiosos. Le dijimos a los muchachos que no tenían permitido salir en citas… que no tenían permitido hacer nada hasta que se casaran."

Jesús. No tenía idea que haya sido… de esa forma.

"¿Pero ellos no se dieron cuenta que era mentira?" Pregunté.

"Sí, lo hicieron," se rio entre dientes. "Cuando tenían dieciséis años o diecisiete, averiguaron que solo les dijimos eso para que pudieran mantenerse decentes de al menos una forma. Y Liam se enteró al mismo tiempo.

"Pero para entonces, en realidad concordaron en que esperar sería lo mejor. Simplemente porque sabían lo que hacían—robando coches y otras cosas… Supongo que, querían algo para redimirse."

"¿Robaban coches a esa edad?" Jadeé.

¡¿Diecisiete años?! Mierda, eran… jóvenes.

"Robaron su primer coche cuando tenían catorce y quince años," Esme bufó. "Dios, estaba furiosa con ellos cuando un oficial de policía los trajo a casa… pero entonces… simplemente tuve que aceptar el hecho que eran unos bastardos como su padre."

Demasiado. Para. Procesar.

"Lo intenté," continuó mientras encendía un cigarrillo. Rose y yo hicimos lo mismo. "Realmente intenté mantenerlos en la escuela. Intenté que se interesaran en otras cosas, como conseguir una educación, o conseguir un trabajo normal… Pero no pudieron hacerlo. No pudieron ver más allá de aquello a lo que no habían sido introducidos, y fue entonces que Carlisle intervino, les dijo que él era igual. Y les enseñó todo lo que sabe".

"Emmett y Edward, por supuesto, estaban al tanto de nuestra familia en Chicago, y sabían tanto como los chicos de esa edad podían saber, pero no sabían de la participación de Carlisle."

Me sentí aliviada de escuchar que Carlisle había mantenido su distancia… al principio… supongo.

"Lo único bueno y honesto que hacen mis muchachos es donar dinero para obras benéficas. Eso es todo," se rio sin humor. "Donan millones cada año, los tres… pero todos los días deseo que despierten y piensen 'tal vez quiero ir a la universidad'. Pero no quieren. Y… a pesar de todo, amo a mis muchachos. Son quienes son."

Y eso fue todo.

Esme nos dio un vistazo. Y sabíamos más… de cómo funcionaban. Cómo trabajaban.

Estaban en eso por la adrenalina, y no solo no podían detener su adicción… no querían hacerlo.

Por ello, lo convirtieron en un negocio.

El robar.

"¿Y los atraparon?" Rose medio preguntó, medio declaró.

"Sí." Esme asintió. "El año pasado, fueron invitados a un show exclusivo de Lamborghini en Nueva York, y Edward y Emmett trabajaron con los esposos de Irina y Kate."

Ahí estaba.

Había una conexión.

"Edward y Emmett sobreestimaron lo que Felix y Dem podían hacer, y los atraparon cuando desaparecieron cuatro coches."

Traté de imaginarlo. Edward, Emmett, vestidos de pipa y guante, pretendiendo ser invitados…

"Felix y Dem fueron sorprendidos in fraganti, dentro de los coches, de camino a la salida… y Emmett y Edward fueron arrestados cuando Felix y Demitri no pudieron mantener la boca cerrada."

Se encogió de hombros. Esme se encogió de hombros.

Una profunda calada. Exhalar.

"A mis muchachos les dieron ocho meses, y a Felix y Demetri les dieron cuatro años."

Jesús.

"Cabe decir, que mis muchachos trabajan mejor solos, o con Carlisle," terminó de decir, riéndose entre dientes y rodando los ojos al mismo tiempo.

"¿Y ahora?" Pregunté. "Ahora que están aquí."

"Se están tomando un descanso, supongo que podrías llamarlo así," me dijo. "Pero reconozco los síntomas en los tres. No pueden estarse quietos, están nerviosos, se pasean de un lado al otro, sacan sus coches con más frecuencia… Están aburridos… y listos para continuar."

Hubo una oleada… de algo… que me atravesó… y no lo comprendí, pero tomé una respiración profunda… que hizo revolotear mis entrañas… me puso nerviosa, y… me hizo sentir algo más… casi como… ¿anticipación?

"Creo que ya están planeando su siguiente movimiento," nos dijo explícitamente. "Y sé por experiencia que a Edward y a Emmett les gusta Italia y el sur de Francia."

Oh, Dios… entonces, ¿ahí es dónde iremos?

Santo… algo.

"Um, ¿sobre esa adicción…?" La voz de Rose se apagó.

"Oh, no se trata de eso," dijo Esme. "Sí, todos son adictos a la adrenalina de hacer esas cosas. Pero también son excelentes planeadores, y nunca harían nada estúpido—en ese sentido—que ponga todo en peligro. Planear un golpe también es gran parte de la adrenalina, y algunas veces pueden planear por meses antes de realmente hacer algo… y es entonces cuando estarán en Seattle".

"Todo empieza con recibir pedidos, y todo eso es trabajo del negocio en Chicago. Compradores acuden a Ed con solicitudes, y Ed contacta a Carlisle o a los muchachos, y luego ellos se hacen cargo, planean el trabajo… lo ejecutan, y entregan a Chicago donde Ed vuelve a hacerse cargo, y entonces llega el dinero."

Huh…

Al alejar mi cigarrillo, me di cuenta que respiraba pesadamente… y no pude, por mi vida, averiguar por qué. ¿Era por miedo?

No.

Esa respuesta llegó en seguida.

Esto era algo más.

Pero no podía definirlo.

Nessa salió entonces, anunciando que ya estaba la cena.

"Puedo ver que las dos ya están más calmadas, ¿verdad?" Esme preguntó en voz baja, sonriendo.

Era cierto.

Las cosas se habían normalizado, y comprendía más. Y mejor.

Pero aún trataba de controlar mi respiración.

"Sí," respondí. Rose hizo lo mismo.

"Excelente." Asintió. "Pero todavía no se lo digan a los muchachos. Déjenlos sufrir un poco. Puede que sea un mundo de hombres, pero sin duda somos las mujeres las que estamos detrás de ellos. Haciendo mucho más que vernos bonitas."

Amamos a Esme.

"Sean despiadadas, háganlos sudar, y lancen unas cuantas maldiciones, por si acaso. Dios sabe que nuestros hombres las necesitan algunas veces."

Sip, realmente la amamos. Está de nuestro lado en esto.