Alaska, época de los hermanos

Una semana antes

La noche reinaba en el bosque, la aldea estaba en completo silencio. Denahi y Chayo dormían pacíficamente en su tienda, sin preocupación alguna.

Pero poco sabían de lo que estaba a punto de pasar. Alguien había profanado su hogar, estaban completamente indefensos ante el peligro que les asechaba. Su atacante era bastante cauteloso en no despertar a sus víctimas, cuando vió la oportunidad perfecta: Entre la pareja durmiente había un espacio perfecto para atacar. El intruso se lanzó contra ellos y calló sobre ellos despertándolos.

-¡Mamá, Papá despierten!

-Ay Aleu, cinco minutos más- dijo Chayo a su hija de diez años mientras se cubría con la piel de nuevo.

Un año después de su boda, Denahi y Chayo tuvieron una hija, Meztli, quien era la gemela de Denahi. Kenai no paraba de molestar a su hermano diciendo que su sobrina era la versión bonita de él. Al pasar cinco años, y justo el día que Koda recibió su tótem, su segunda hija, Aleu, nació. Ella era una combinación de Denahi y Chayo, su razgos faciales eran los de su padre mientras que también había heredado la piel blanca y el cabello castaño oscuro de su madre.

-A penas va a amanecer- Denahi, se volvió a acurrucar con su esposa -Vuelve a la cama, aún hay tiempo antes de la ceremonia de tu hermana.

-Pues Meztli ya se adelantó.

Estas palabras despabilaron a Denahi, se incorporó y vió que la cama de su hija mayor estaba vacía. "Ningún adolescente se levanta tan temprano", pensó Denahi mientras se levantaba. Salió de la tienda pero fue golpeado por los rayos del sol de la mañana, enseguida sintió a Chayo abrazarlo por detras.

-Es precioso, ¿no crees?- Chayo

Denahi sonrió y con un brazo jaló gentilmente a su esposa.

-Sin duda lo es- le dijo mirándola a los ojos para depués besar sus labios -Los Espíritus nos obsequiaron un hermoso amanecer en un día tan especial.

-No puedo creer que Meztli ya tenga quince años. Y pareciera que fue ayer que la tuvimos.

-Sí, me pregunto dónde debe estar ahora.

-Seguramente explorando por ahí en busca de aventuras.

Mientras tanto, no muy lejos de la aldea, una chica de quince años estaba desafiando a la madre naturaleza. Navegando por los rápidos de un río junto a su fiel compañero de cuatro patas Jet. Jet era el hijo de Saya, fue parte de la última camada de la heroica K9 y un Malamute de uno de los viejos reclutas. Saya se había unido a Los Grandes Espíritus una vez sus últimos cachorros fueron desdetados, hacia ya casi tres años, la edad actual de Jet. El perro mitad Malinois mitad Malamute fue un regalo de cumpleaños para Meztli cuando cumplió doce. La chica y el perro se volvieron amigos inseparables, nunca se separaban el uno del otro. Esta vez Meztli había llevado a su alma gemela a un paseo matutino por el río, pero no pudo resistir la tentación de ir por los rápidos aún si su padre le había advertido de no hacerlo. Meztli tenía el mismo espíritu de adrenalina que su madre, lo que varias veces casi le provocaba a Denahi un infarto desde que Meztli era pequeña.

Una vez pasaron los rápidos Meztli vió una cascada adelante, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.

-¿Listo amigo?

Jet ladró afirmando.

-¡Aquí vamos!

Meztli remó lo más rapido que pudo, su idea era salir volando y aterrizar en el agua. Pero por desgracia no fue así, no tuvo impulso suficiente lo que provocó que cayera en picada. El kayak se undió al hacer contacto con el agua para después salir a flote, pero en eso Meztli remarcó una ausencia.

-¿Ikumak?

Se escuchó un grito desde la cascada, otro kayak cayó al agua emergiendo enseguida. El dueño de este era Ikumak, un chico de dieciséis años que era el mejor amigo de Meztli. Aunque Ikumak tenía sentimientos por Meztli desde que eran pequeños, pero lo mantenía en secreto porque temía perder su amistad.

-¿Estás bien?

-Sigo vivo, así que sí. No entiendo como encuentras divertido arriesgar tu vida navegando rápidos para caer de una catarata después.

-Ay ya empiezas a hablar como mi papá. ¿O no Jet?

Jet ladró dos veces.

-Solo quiero asegurarme de que no te lastimes el día de tu ceremonia.

Meztli exclamó al recordar la fecha de ese día.

-¡LA CEREMONIA!

Meztli comenzó a remar como loca de regreso a la aldea, dejando al pobre de Ikumak atrás. Después de como una hora porfin llegó a la orilla donde otros kayaks estaban atracados. Jet fue el primero en tocar tierra firme, luego Meztli bajó de su embarcación y terminó asegurando el kayak.

-¿Se puede saber dónde haz estado?

Meztli cerró los ojos haciendo una mueca, terminó dándose la vuelta para encontrarse a Denahi con los brazos cruzados y una mirada seria.

-Hola papá

-Los rápidos otra vez, ¿verdad?

-Ah...¿no?

-¿No? ¿Entonces porqué estás tan mojada?

En eso llegó Ikumak, sus brazos estaban exaustos al tratar de alcanzar a Meztli. Su estado delataba que había echo la misma locura que su amiga, pero lo peor era que se había topado con Denahi quien se había vuelto un padre sumamente sobre protector con sus dos hijas. Meztli y Aleu eran sus princesas, Aleu todavía era una niña que veía a Denahi como su héroe y "Príncipe Azul", Meztli por el contrario ya era una señorita que comenzaba a atraer las miradas de muchos jóvenes de la aldea. Por lo que Denahi junto con sus hermanos, tenía la obligación de protegerla de cualquier patán y escoger a un pretendiente digno de su bebé. Lo cual lo último lo consideraba imposible.

-Oh, b-buenos días señor.

Denahi no respondió, pero miró al muchacho con una mirada de asecino. Lo que casi hizo que el pobre mojara sus pantalones. Denahi puso una mano en la espalda de su hija y ambos comenzaron a caminar a casa. En cuanto estubieron solos Denahi cerró a Meztli en sus brazos y comenzó a molestarla juguetona mente.

-Admítelo, te gusta.

-¿Quién, Ikumak? Claro que no, él es sólo mi mejor amigo.

-Meztli soy tu papá y te conozco mejor que nadie. Y sé que tú le gustas también.

-Sí claro.

-Lo digo enserio, si no fueras tan hermosa no tendría que espantar a tantos chacales.

-Papá, mi madre es una guerrera, sé combatir y defenderme sola. No creo necesitar de un hombre en mi vida.

-¡Esa es mi hija!

-Además todos los hombres son estúpidos.

-Oye yo soy hombre.

-Por eso.

-...

-Era una broma, era una broma, ¡NO! ¡PAPÁ DETENTE! ¡NO! ¡DÉJAME!

Denahi no le hizo caso y siguió haciéndole cosquillas a su hija.