Espíritu. Predicción
...
–Estoy seguro de que estaba por aquí –dijo Naruto.
Aprovecharon que a Kiba lo habían liberado del castigo, y que la Mamá de Sasuke había salido y lo había dejado a cargo de Itachi para volver a aquella tienda horrorosa. Sasuke no tenía ni un poco de ganas, pero el resto de los niños si y, lamentablemente, estaba en plan de hacer amigos…
–Creo que era hacia la derecha, en esa esquina –
Sasuke aún estaba un poco reticente, pero termino por aceptar la situación, apuntando donde habían corrido aquella vez. Naruto lo pensó un poco y confirmó, dándole una gran sonrisa.
–¡Tienes toda la razón, tebayo! Cuando ese viejo nos perseguía fuimos por allá para escondernos…–
–¿Qué clase de aventura tuvieron? ¿No te lo estás inventando? –Dijo Kiba, mirándolos con sospecha.
El niño no parecía creerles mucho, pero Sasuke pensó que también podía tener relación a que su mamá le impuso un severo castigo por romper el vidrio del viejo Tanaka. Era por eso que Akamaru, su perro, no los acompañaba. ¿Quizá les guardaba algo de rencor? A Sasuke no le importaba demasiado –¿Qué iba a hacer, quitarle sus dulces? –pero contrario a lo que él pensaba, Naruto resopló, no tomándose nada bien su poca motivación.
–¡Ya te lo dije Kiba! El viejo Tanaka nos persiguió con un palo por casi toda la ciudad ¿Cómo podríamos inventarnos eso tebayoo? –
–Cerca hay un local de dulces. ¿Por qué no vamos ahí después? –Sugirió Choji, más interesado en las tiendas y en los snack que comía que en la aventura que estaban teniendo. Shikamaru se limitó a bostezar y a asentir, menos interesado que todos ellos. Sasuke vio a Naruto rezongar, enojado por no obtener la atención que quería. Él suspiró, sintiendo un poco de pena por él.
–Por ahí –anunció, tratando de al menos intentar sonar emocionado. Falló, pero pareció ser suficiente para que Naruto dejara de mirarlos feo.
No era un día tan concurrido como cuando les sucedió aquello, pero si tuvieron que sortear personas con bolsas de compra que amenazaban con volarles la cabeza antes de llegar a la parte antigua del distrito comercial. Cuando las tiendas que conocían las dejaron atrás y comenzaron a aparecer cosas viejas, supieron que estaban en buen camino. Sólo necesitaron deambular un poco antes de encontrar una de las dos mueblerías que estaban antes de su destino y poder llegar finalmente.
Kiba arrugó la nariz.
–Huele a viejo –anunció –A polvo y moho –
Sasuke ni siquiera se sorprendió. Aún tenia en sus pensamientos esa vez que tuvo que esconderse bajo toneladas de ropa que lograron que el niño tuviera que tomar más de un baño ese día. Tembló un poco de sólo acordarse. ¡Y su ropa! Su mamá no le pidió que le explicara donde había estado, pero Sasuke si había notado que miraba su ropa con más atención que antes.
Y quizá hoy volviera igual de sucio que esa vez.
No estaba vestido de blanco, como el polerón que estaba usando Kiba o la camiseta de Naruto, pero el negro igual dejaba de ser negro con polvo encima. Lo bueno es que como Itachi estaba a cargo, él tendría que explicarle a su mamá y no sería su culpa.
–¡Vamos, dattebayo! –
–Espera –
Shikamaru detuvo su mano justo antes de que Naruto abriera la puerta. Señaló con la otra mano hacia donde había una campanilla. Sasuke se sintió tonto por ni siquiera considerarlo.
–Va a sonar si lo abres rápidamente, idiota –
–¿Y si miramos el escaparate primero? –
Sugirió Sasuke. Si iban a ver que había en aquel lugar debían ser cuidadosos. Los niños asintieron y uno a uno se deslizaron debajo del escaparate, haciendo una fila. Shikamaru contó hasta tres con sus manos y ellos se levantaron inmediatamente.
No había nadie. Sólo el local, con el mismo aspecto de olvidado de cuando entraron.
–Entremos –
Abrieron la puerta suavemente y tuvieron cuidado de deslizarse sin tocar la campanilla. Al menos él, Choji y Shikamaru. Naruto se golpeó la cabeza contra la puerta por intentar jugar a los espías y a Kiba ni siquiera le importó tener cuidado. ¿Porqué no sonó? Supusieron que la antigüedad del lugar.
–Ni siquiera me acuerdo si esa vez sonó la campanilla –
Le susurró Naruto, acercándose y jalándose del brazo. Él, acostumbrado a la efusividad del niño se limitó a encogerse de hombros. Tampoco se acordaba, producto del susto y de la vergüenza por la mano de Naruto tomando la suya. Y ¿Cómo iba a recordar más que el susto de que Tanaka-san los golpeara?
No había cambiado mucho de la última vez que habían ido a ese lugar. Los montones de tela seguían llenos de polvo y los objetos que estaban repartidos en el local no habían cambiado de posición. Sasuke recordaba vagamente que, en la urgencia por huir, habían pateado bastante tela y una mesa con retazos que estaba como si Sasuke nunca hubiese hecho nada. Supuso que si se esforzaba encontraría el montón de tela donde se escondieron aquella vez.
–¿Y qué hacemos…? –
Alcanzó a preguntar Kiba, rodeando las telas aún con polvo, mirando hacia todos lados y empujando un poco las mesas. Habían avanzado, toqueteando muebles y telas que sólo le hicieron recordar esa fea experiencia hasta que la puerta de la entrada se había abierto y cerrado de un portazo, sobresaltándolos a todos.
–Les gusta mi local, al parecer –
Escucharon de pronto, provocándoles un sobresalto aún mayor. Todos los niños, sin excepción, voltearon sus miradas hacia la mesa de atención donde hacía unos segundos no había nada. Sasuke tomó la mano de Naruto ahora, sin vergüenza alguna.
La vieja. Había aparecido sin que se dieran cuenta. ¿Y quien había azotado la puerta, entonces?
Tenía una baraja de cartas en la mano y la revolvía ociosa, como si se tratase del maso de cartas de carioca de una de las abuelas de Sasuke. Los examinaba como si fueran un experimento. Como los científicos locos de la televisión. Kiba Inuzuka chilló y corrió hacia la puerta.
–¡N-no la puedo abrir! –
–Por supuesto que no, mocoso–
La señora se reía. Tenía una voz y una risa que le recordaba a las brujas de cuentos de hadas. Los brazos de Sasuke se pusieron como piel de gallina de sólo acordarse. Naruto apretó su mano aún más. La vieja comenzó a revolver las cartas de su mano, despreocupada.
–Esta es mi tienda y ustedes han entrado sin ser clientes. Ahora se aguantan –
–¿Nos va a comer? –
Preguntó Choji. Ella hizo una carcajada mucho más grande que la anterior. Kiba seguía intentando mover la puerta y Shikamaru se había deslizado discretamente hacia él, con algo en la mano. Ellos dos, que eran los que más cerca de ella estaban, no se habían movido ni un milímetro.
–Quizá, dependiendo que digan las cartas –
Ella sonrió, y Sasuke deseó que no lo hubiera hecho. Faltaban dientes en su boca y tenían un color amarillo que ni las tías de su mamá lo tenían.
–Tendrán una vida llena de cambios y sobresaltos, al menos la primera parte de ella –
Los miro a ellos dos, y él sintió como si un hielo se deslizaba por su espalda. Sus ojos eran corrientes, no muy diferentes a los de su mamá o sus vecinos, pero había una intensidad… que lo asustaba. Tan simple como eso. Como si viera más allá de Sasuke. Como si supiera realmente de cómo sería su vida y simplemente no quería decirle nada.
–Pero si siguen su instinto, deberían estar bien mocosos. Aunque la vida no siempre va a resultar como quieres –
¿Cómo de qué? ¿Y porqué lo miraba a él?
–No entiendo –admitió Naruto. Ella le sonrió.
–Claro que no. Eres un niño –
–¡Soy grande, tebayoo! ¡He crecido bastante este año! –
Ella se rio otra vez y volvió a revolver las cartas. Más rápido que al comienzo sacó tres más, justo al mismo tiempo que Shikamaru intentaba romper la puerta con una lámpara de latón. El movimiento sólo provocó que el chico terminara en el piso, con la lámpara rota y la puerta sin un rasguño. Kiba y Choji chillaron.
–Te recomiendo que no hagas planes, porque nada de lo que hagas va a salir como lo planeaste –
–Que molestia –
Respondió Shikamaru, gruñendo y levantándose, como si no la hubiese escuchado. El chico se sacó el polvo tranquilamente. Sasuke se preguntó cómo podía permanecer tranquilo. Él estaba internamente en histeria. Naruto parecía aun indignado por llamarlo un niño. Ella sacó tres cartas más.
–Oh, que sorpresa, tu tienes la misma predicción –
Choji sólo hizo un gritito. Y se acercó más a Shikamaru, apretando la bolsa de snacks y posiblemente volviéndolos pedacitos. Su mano comenzaba a picar, pero no quiso soltar la de Naruto. Y el rubio lo tenía tan agarrado, que tampoco veía cómo hacerlo.
–Ahora bien… tu vida va a ser mucho más entretenida. Si estás dispuesto a dejar de lado tu estupidez, niño –
Kiba arrugó la nariz. De pronto, los adornos del techo comenzaron a temblar y los hizo saltar. El polvo en la lámpara de techo se cayó encima de ellos, haciéndolos estornudar. Las mesas, de pronto, comenzaron a moverse, como si quisieran encerrarlos. Naruto tiró su mano y lo jaló hacia la entrada, chillando sinceramente. Hasta ese momento, Sasuke no sabía por qué no había gritado.
–Ahora ¡Fuera de mi tienda! –
No necesitó decir más para que todos ellos corrieran hacia la puerta. Shikamaru, el más inteligente de ellos por decidir permanecer aparte, la abrió con sorprendente agilidad y todos salieron a trompicones de ahí. Ni siquiera se molestaron en cerrar la puerta, sobre todo después de escuchar una risa maniaca que ninguno pudo sacarse de la cabeza en largo tiempo.
Naruto no soltó su mano hasta que salieron del distrito comercial, y nadie mencionó nada al respecto.
Sasuke y sus amigos sacaron aquella aventura de sus mentes demasiado rápido. Pero si no lo hubiesen hecho, quizá, lo que vino después no les hubiese tomado con tanta sorpresa ni hubiese sido tan doloroso.
