Amenaza
...
No era nadie que él conociera, o hubiese visto antes.
Tenía el cabello largo hasta la cintura, y parecía ser más joven que su papá, pero al mismo tiempo no. Aunque tenía menos arrugas de su papá, había algo en su mirada que le hizo pensar que era más viejo, mucho más. Su postura no era amenazante, pero ser descubierto de esa manera igual le asustó.
–Y-yo sólo pasaba…–
No uso su tono de voz usual, ni siquiera sabía que podía tartamudear frente a alguien que no fuera su papá cuando estaba en problemas. El hombre frente a él le sonrió.
–Ya veo… ¿Y la puerta abierta fue sólo coincidencia y no fruto de tu curiosidad? –
Sasuke no supo cómo responder a eso ¿El fruto de quien? Pero negó con la cabeza.
–Yo volvía al jardín con mi hermano. –
El hombre lo miró con sospecha. El niño dirigió su atención hacia el otro lado de la puerta, donde aún no se percataban de su existencia. Concluyó que eso era bueno. Podía huir y pretender que nada había pasado.
–No puedo dejarte ir. Escuchaste demasiado –
¿Cómo supo que intentaba huir? Él se acercó a Sasuke y lo miró hacia abajo, como los malos de las películas que veía Itachi cuando sus papás no estaban. ¿Qué iba a hacerle? ¿Y si su papá era realmente malo, entonces el hombre era el que les cerraba la boca a los traidores? ¿Lo tiraría a la basura como en la televisión?
Optó por la solución más sana; hacerle caso a Itachi y volver al jardín, por lo que el niño se dio media vuelta en silencio y comenzó a caminar hacia el patio.
No avanzó mucho.
–Oh no, no, no Sasuke. Huir no te servirá –
El hombre avanzó y lo levantó de las axilas, algo que le sorprendió. No tanto, como el hecho de que supiera como se llamaba. ¿No se suponía que los malos no decían sus nombres y usaban un código? El niño dejó escapar un chillido involuntario, moviendo sus pies para intentar bajar. En otra circunstancia habría estado avergonzado de su arrebato, pero no era el momento para ese tipo de sentimientos.
–¡P-pero no he hecho nada! –
Sasuke pataleaba, al hombre se le escapo una carcajada. Lo tenia agarrado tan firme que, aunque se retorcía, no podía deshacerse del agarre y bajar como quería.
–Sasuke –
Escuchó de pronto. Sasuke dejó de moverse y enfocó su vista hacia el final del pasillo. Su hermano se acercó a paso rápido.
–¡Hermano! –
–Oh, es el pequeño Itachi –
Su hermano se acercó y lo tomó en brazos. Sorpresivamente el adulto no se opuso. Sasuke se aferró al cuello de su hermano como si fuese una tabla salvavidas.
–Tío abuelo Madara –
Le saludo. La voz de su hermano era seria, hasta aburrida. Ahora ¿tío abuelo? ¿Tenían un tío abuelo? Sasuke se volteo para ver al hombre. Madara, como Itachi le había llamado, chasqueó la lengua.
–Tan aburrido como siempre –
Itachi no reaccionó. O a Sasuke le hubiese parecido eso, si no hubiese sido porque apretó su ropa.
–Vine a buscar a Sasuke. Si nos disculpas…–
El hombre dio otro paso adelante.
–Sasuke vio la sala. Ya es momento de explicarle la situación familiar… –
–Eso no es nuestro asunto. Es de los adultos –Él le interrumpió.
Itachi le ayudó a bajar y le tomó de la mano. Su cara seguía siendo seria. El niño reparó en que adentro seguían ignorándolos. Tampoco gritaban como para llamar la atención de más gente, asi que podían volver sin problema.
Claro, si el hombre frente a ellos los dejaba.
–Por supuesto que no. Todos tenemos que colaborar. ¿O crees que no se de las juntas de tu hermanito? –
–¿Cuáles juntas? –
Preguntó él, atrayendo su atención sin poder evitarlo. Sasuke no supo si debía, porque la cara de Itachi era seria hacia él. E Itachi nunca lo miraba así, nunca. Ni aunque hubiese roto un jarrón de la sala. Su hermano apretó su mano, como si le diera un aviso. ¿Qué asunto familiar, de todas maneras? ¿Planes malvados para conquistar el mundo?
–Te repito tío abuelo, ese no… –
–Si eso es lo que tu padre te ha hecho creer, entonces deberé hablar con él –Le interrumpió. Itachi arrugó el entrecejo. Sasuke lo miró sorprendido –¿Crees que esto es un juego? ¿Crees que arriesgaríamos en vano el bien de la familia? ¿Tu futuro y el de este pequeño? –
–Sasuke es muy pequeño para entenderlo, tío abuelo. Tus planes… –Itachi carraspeó –Sus planes, no nos competen. No tiene nada que ver con nosotros –
¿Qué planes? ¿De que estaban hablando?
–Por mucho que lo creas, esto te alcanzará –Él sonrió –Les alcanzará. Y no hay nada que puedas hacer para evitarlo –
Él se acercó, se inclinó y le alborotó el cabello. Sasuke sintió un escalofrio recorriendo su espalda. Sus ojos, tan negros como los de él, como los de Itachi y su papá lo miraron con falso afecto. Sasuke era un niño, pero no era tonto como para no darse cuenta.
–Se que te juntas con Naruto Uzumaki. Y eso es algo inconcebible para un Uchiha –¿Inconse-que?
–Tio abuelo Madara… –
Él negó con la cabeza.
–No Itachi. No debes protegerlo –Él sonrió –Escucha Sasuke; Naruto Uzumaki es malo para la familia. Asi que, si aprecias a ese chico al menos, un poco, te mantendrás lejos de él –
–¿Y por qué? –Preguntó él. Sasuke no entendía; Naruto era solo un niño, como él. Un niño que no tenía papás y que comía ramen. ¿Era por eso? ¿Por qué era pobre? Ni siquiera su papá, que en un inicio le dijo que se mantuviera lejos de Naruto, ahora no le molestaba si le decía que salía a jugar con él –O al menos fingía no escuchar–. Menos su mamá.
Entonces el hombre se acercó, y se puso cara a cara. Y con una voz baja, susurrante, que apostaba que ni siquiera Itachi podía escuchar le dijo:
–Porque si no, lo mataré –
