Septiembre
Esa misma noche, después de cenar algunas sobras y pasar algo de tiempo en la sala común, Hermione subió a su habitación y les escribió una larga carta a sus padres usando su recién estrenado regalo de cumpleaños.
Junto con el mes de septiembre llegó la primera nevada a Hogwarts.
El castillo se convirtió en un enorme freezer, por el que los estudiantes corrían de un lado a otro intentando no pasar mucho tiempo en los helados pasillos. Hermione tampoco era una gran fanática del frío, pero por suerte para ella la sala común de Gryffindor y el Gran Comedor tenían una enorme chimenea en la que podía acurrucarse a leer por horas.
Claro que lo que antes hubiera sido era una tarde de lectura pacífica se había convertido en algo muy diferente.
-Hermione te lo suplico déjame ver tu tarea de Transformaciones, una mirada rápida- preguntó Ron por quinta vez consecutiva. A su lado Harry la observaba de reojo, temeroso de preguntar, pero pendiente de su respuesta.
-Merlín dame fuerzas- pensó ella.
-Hagamos un trato, ustedes hacen sus deberes y yo los reviso- negoció la castaña.
- ¿Segura que no quieres dejarnos copiar? Piensa el tiempo que te ahorrarías - insistió el pelirrojo siendo secundado por Harry.
- ¿Y eso de que serviría? No van a aprender nada-
-Vale, lo pillamos- aceptó finalmente, sin querer tentar su suerte. Tomó un libro enorme (que Hermione le había ofrecido como lectura de referencia) y enterró la nariz entre las amarillentas páginas.
Harry, por otro lado, había estado disperso en los últimos días. Tanto Ron como ella lo achacaban a los nervios por el comienzo de la temporada de Quiddich.
Hermione no tardó mucho en descubrir lo duro que era ser Harry Potter. Desde fuera parecía genial tener a todo el mundo a tus pies y ser el mago más famoso en todo Hogwarts (después de Dumbledore, claro). Pero, al contrario, el moreno tenía una personalidad simple y no le gustaban ese tipo de cosas, aunque era demasiado amable como para decirlo en voz alta.
Ella intentaba apoyarlo dentro de sus posibilidades, ayudándolo con sus tareas para que pueda tener más tiempo de entrenamiento con Wood.
Incluso Harry, que se negaba a leer la mayoría de los libros que les recomendaba con excusas cómo "Hermione no tengo tiempo" o "Eso se puede aprender sobre la marcha", había aceptado cuando ella le prestó la copia que había conseguido en la biblioteca de Quiddich a través de los tiempos. Aunque era probable que no saque muchas cosas en claro de la lectura (era casi imposible recordar las ciento siete maneras de hacer una falta mientras estás sobrevolando) por lo menos mantenía su cabeza ocupada en algo que no sea las expectativas que el resto del mundo tenía sobre él.
A ella no le importaba demasiado el Quiddich (ni ningún otro deporte), pero no pudo evitar revisar algunos libros sobre el tema con el fin de apoyar al equipo de Gryffindor. La tarde anterior, mientras Harry entrenaba, Ron le había explicado el reglamento básico y algunas jugadas más complicadas que conocía después de años de ser fanático de los Chudley Cannons.
La mayoría del tiempo los tres se llevaban bastante bien, teniendo en cuenta que hace dos meses no se conocían y que unas semanas atrás ella no les dirigía la palabra.
La relación con Harry era amena, su personalidad tranquila y agradable encajaba bien con la suya, un poco más rígida y por momentos mandona.
Con Ron la historia era otra. A diferencia de Harry, la personalidad del pelirrojo era cambiante: por momentos era divertido y simpático con todo mundo, y de la nada se transformaba en un niño inmaduro y malhumorado.
Ambos congeniaban hasta tal punto que, por momentos, respondían al unísono (como había visto hacer a Fred y George) y, un segundo más tarde, comenzaban a discutir tan fuerte que cualquiera que los viera pensaría que se odiaban.
Sin embargo, estas constantes peleítas les habían servido a ambos para acercarse el uno al otro. Tenían una pequeña rutina en la que, cuando Harry estaba ocupado con el Quiddich, ellos pasaban tiempo juntos.
Algunos días se sentaban frente a alguna ventana en la sala común a hacer sus tareas o hablar de cualquier tema: por ejemplo, él le había hablado de su numerosa familia mágica, y ella le contó sobre sus padres dentistas. Otras veces, caminaban alrededor de los terrenos de Hogwarts y del lago negro, o visitaban la cabaña de Hagrid para tomar el té.
El día anterior al debut oficial de Harry como buscador, los tres estaban en uno de los tantos patios de Hogwarts en hora de recreo, aprovechando el rato libre para conocer nuevos rincones del castillo. Había nevado durante toda la noche y el clima era más frío de lo habitual, haciendo que un vaho helado aparezca delante de sus bocas cada vez que hablaban.
- ¿No creen que sería mejor volver? - Intentó convencerlos mientras se frotaba las manos entre sí, intentando calentarlas sin éxito - Está helando -
-Sinceramente Hermione prefiero morir congelado- respondió Harry, que no le había sacado los ojos de encima a "Quiddich a través de los tiempos" en todo el día.
-Afuera podemos estar tranquilos, de verdad están todos locos, hoy llegamos tarde a Pociones porque nos paraban cada cinco pasos para hablar con Harry del partido de mañana. Snape casi nos deja fuera durante toda la clase- se quejó el pelirrojo.
-Ustedes siempre llegan tarde de todas maneras- murmuró entre dientes.
A pesar de su protesta (y de que estaba prohibido hacer magia en los pasillos) sacó su varita de los pliegues de la túnica. Como cada vez que intentaba conjurar un hechizo, Hermione acarició con su pulgar el intrincado diseño de vides tallado en la madera. A su tacto, la varita parecía vibrar entre sus dedos.
Dijo en voz baja el conjuro que había encontrado hace unos días en uno de sus libros, haciendo aparecer unas pequeñas llamas azules, que encerró rápidamente en un frasco que le había sobrado de esta mañana.
-Asombroso- murmuró Ron, estupefacto como cada vez que ella hacía algún tipo de magia que hasta el momento desconocía. Incluso Harry había levantado un segundo la vista para disfrutar del espectáculo.
Ella se sentó en medio de ambos, sosteniendo el frasquito entre sus manos para calentarlos.
- ¿No duele? - preguntó Harry al verla sujetar el frasco.
-Estas llamas no queman aunque las toquen... y el agua tampoco puede apagarlas- les explicó.
-Genial- le respondió el moreno con una sonrisa.
Los tres llevaban un buen rato sentados disfrutando del calorcito cuando vieron a Snape atravesar el patio. Se amontonaron para ocultar las llamas, porque no estaban seguros de si estaban permitidas o no. Por desgracia, algo en sus rostros culpables llamó la atención del profesor que caminó directo hacia ellos. Los escaneó con la mirada, buscando algún motivo para regañarlos.
- ¿Qué tienes ahí, Potter? -
Harry le mostró el libro que había estado leyendo.
-Está prohibido sacar los libros de la biblioteca fuera del colegio- le arrebató el libro de las manos – cinco puntos menos para Gryffindor – dijo el profesor antes de darse media vuelta e irse.
- ¿Siquiera existe esa regla? - le preguntó furioso a Hermione mientras el hombre se alejaba.
Ella se encogió de hombros y negó con la cabeza –No lo sé-
- ¿Qué creen que le pasó en la pierna? - dijo Ron haciendo referencia a la evidente cojera que Snape tenía desde hacía un par de semanas.
-Ni idea, pero espero que le duela- murmuró Harry con amargura.
Antes de que pudieran darle más vueltas al asunto sonó la campana del segundo período, avisándoles que tenían 10 minutos antes de su próxima clase.
Después de la cena, volvieron a reunirse en la sala común para pasar un rato antes de ir a la cama.
Ella y Ron fueron los primeros en subir, ocupando el lugar que les gustaba cerca de la ventana. Unos quince minutos después apareció Harry a través del retrato de la dama gorda con el pelo revuelto y cara de cansancio. Se dejó caer al lado de ellos y estuvo un buen rato resoplando y pasándose la mano por la cabeza (supuso que por eso estaba tan despeinado cuando llegó).
Menos de media hora después, durante la que solo les habló con monosílabos y ruiditos que sonaban como "Mmh" y "Oh", Harry se levantó abruptamente haciendo que ella y Ron se sobresalten.
-Le pediré a Snape que me devuelva el libro-
-Yo no lo haría- le respondieron ambos al unísono, pero antes de darles tiempo de nada el chico salió disparado hacia la sala de profesores.
Hermione suspiró y cerró de un golpe el libro que estaba leyendo hacía unos segundos – A este ritmo se va a enfermar antes del partido -
-No le va a pasar nada- dijo Ron, pero su tono no sonaba muy convincente – necesita ocupar su cabeza en otras cosas, eso es todo -
-Aun así no creo que sea buena idea provocar al profesor Snape-
-Ni yo, pero Harry la pasa mejor buscando problemas que haciendo tarea-
No pudo evitar reírse de la tontería dicha por el pelirrojo, al que se le pusieron las orejas rojas de vergüenza.
Al rato apareció un sudoroso Harry con las manos vacías.
- ¿Lo conseguiste? - preguntó Ron - ¡Auch! - se quejó cuando ella le dio un codazo. A veces era tan distraído que resultaba frustrante.
-Es obvio que no Ron- dijo ella señalando las manos del moreno.
-No, pero no van a creer lo que pasó- Entre susurros Harry les explicó lo que había visto.
Hermione estaba al tanto de la conspiración sobre la cámara 713 ya que habían hablado del tema varias veces. Para ser sincera, lo que ellos pensaban era, no solo razonable, si no también probable. El único lugar más seguro que Gringots era Hogwarts, y si Dumbledor necesitaba esconder algo no había mejor lugar que este (en especial cuando estaba custodiado por un perro de tres cabezas).
-Se estaba quejando del perro con Filch mientras se vendaba la pierna, tendrían que haberla visto, estaba destrozada, estoy seguro de que lo mordió-
- Pero ¿cómo? Dumbledor lo hubiese descubierto enseguida- dijo Ron.
-En Halloween Ron ¿no te acuerdas? Cuando íbamos de camino al baño de niñas Snape pasó corriendo hacia el tercer piso- insistió Harry- dejó entrar al troll para distraer a todos mientras él intentaba robar lo que sea que escondieron-
Hermione abrió mucho los ojos – No puede ser – a pesar de que tenía todo el sentido del mundo algo dentro suyo se negaba a creer del todo en lo que estaba sucediendo - ¿Estás seguro Harry? Digo, sé que Snape no es una buena persona, pero intentar robar algo del profesor Dumbledor es muy grave -
-En serio Hermione tú crees que todos los profesores son santos o algo por el estilo- le dijo Ron enfadado – Estoy de acuerdo con Harry, Snape es capaz de cualquier cosa-
Estuvieron hablando un rato más del tema sin llegar a ninguna conclusión clara. Cuando ella empezó a bostezar los tres se fueron a sus respectivas camas y, a pesar de tener muchas cosas en las que pensar, Hermione se quedó dormida al instante.
La mañana siguiente todos los alumnos se habían levantado temprano, aunque era sábado, y conversaban animadamente mientras desayunaban todo tipo de delicias.
El trío estaba reunido en la mesa de Gryffindor, junto a otros niños de primero. Como siempre Ron engullía toda la comida que le ponían delante, pero hoy Harry no había probado bocado y a Hermione le pareció que estaba un poco verde.
-Deberías comer algo, vas a necesitar la energía- le dijo Hermione mientras masticaba una galleta de avena y miel.
-No tengo hambre- le respondió de mal humor.
-Aunque sea una tostada- suplicó ella.
-No quiero nada, Hermione- insistió el chico.
La castaña resopló, Harry podía ser muy testarudo cuando se le metía algo en la cabeza.
A las once estaban todos reunidos en la puerta del estadio de Quiddich. Hermione y Ron se despidieron de Harry, no sin antes desearle buena suerte, y se apresuraron a la tribuna de Gryffindor, donde Neville, Dean y Seamus los estaban esperando.
Ella había traído unos prismáticos, sugerencia de Ron, y una pancarta que habían hecho entre todos para apoyar a Harry. La pintura del cartel brillaba y cambiaba de color gracias a un pequeño hechizo que ella le había lanzado la noche anterior.
Una vez que todos habían encontrado su lugar en las gradas, los jugadores salieron al campo de juego. Un bramido general se escuchó a lo largo y ancho del estadio haciendo temblar el suelo.
Hermione nunca había estado en un espectáculo de esa magnitud y hasta ella, que no le veía la gracia a un montón de personas corriendo detrás de un balón (sean muggles o magos), se contagió de la emoción del ambiente.
-Bienvenidos al primer juego de Quiddich de la temporada- saludó Lee Jordan, el comentarista del partido y amigo cercano de los gemelos Weasley – El juego de hoy será Slytherin contra Gryffindor-
La profesora Hooch, que haría de árbitro llamó a los jugadores al centro del campo y, después de decirles unas palabras, tomó la Quaffle y la arrojó al cielo, dando inicio al partido.
Todos se elevaron en el aire y, mientras los cazadores peleaban por la Quaffle y los golpeadores intentaban derribar a los jugadores del otro equipo, Harry se elevó lo más alto posible y se quedó quieto en una esquina mirando hacia todos lados.
- ¡Goool! - gritó Ron cuando Angelina, una de las cazadoras de Gryffindor, anotó el primer tanto del partido.
- ¡Ron! ¡Hermione! Déjenme espacio-
- ¡Hagrid! - lo saludó Ron por encima de los festejos. Ambos se juntaron para hacerle lugar al gigante.
- Estaba mirando desde mi cabaña, pero es más divertido celebrar con gente- explicó el gigante - ¿Ya apareció la Snich? -
- Aún no- le respondió el pelirrojo.
Hermione se preguntó porque Hagrid, que había sido el guardián de las llaves y terrenos de Hogwarts desde 1943, y la persona de confianza de Dumbledor, no tenía un lugar en las gradas junto a los profesores. No quiso hacer preguntas al respecto porque creyó que podía ser un tema sensible- Los magos, como ella había averiguado en carne propia, podían ser crueles con aquellos a quienes consideraban diferentes.
Ron y Hagrid, ajenos a los pensamientos de Hermione, estaban celebrando una atajada de Wood.
Marcus Flinch, que según Ron tenía un parentesco cercano con el troll de Halloween, era el capitán del equipo de Slytherin. Los gemelos Weasley se habían quejado de él en varias ocasiones durante la cena, porque tenía un estilo de juego bastante violento, cosa que no tardó en confirmar cuando el chico tomó prestado un bate y le arrojó una Bludger directo en la cabeza a Alicia Spinnet.
-Oigan ¿esa no es la Snich? - preguntó Lee Jordan en altavoz y todos se congelaron.
Harry y el buscador de Slytherin, del cual ella desconocía el nombre, se lanzaron en picada en busca de la pelotita. El jugador de Slytherin era más experimentado a la hora de volar, pero Harry, que era más pequeño y rápido, no tardo en alcanzarlo y superarlo.
- ¡Tú puedes Harry! - gritó Hermione presa de la emoción.
Las Bludgers empezaron a llegar de parte de ambos equipos, haciendo que los dos buscadores pierdan de vista la Snich mientras intentaban evitar que los noqueen.
Harry volvió a elevarse en el aire, buscando una posición estratégica donde poder quedarse quieto, cuando sucedió algo extraño.
La escoba comenzó a sacudirse y a girar intentando tirarlo, lo que le resultó extraño hasta a alguien como Hermione que no tenía ni idea del tema de volar.
- ¿Qué le pasa a Harry? - preguntó Hagrid observándolo con los binoculares – Parece que perdió el control de la escoba -
Todo el mundo pareció percatarse de eso al mismo tiempo. La multitud jadeó cuando Harry quedó colgando de una mano, a punto de caer de la escoba.
- ¡Los Slytherin le hicieron algo a su escoba! - gritó Seamus fuera de sí.
- No creo que sea eso, solo una magia tenebrosa muy poderosa puede intervenir con las escobas, no es algo que un alumno de Hogwarts pueda hacer- dijo Hagrid aún a sabiendas que el chico no lo estaba escuchando.
Hermione abrió mucho los ojos cuando se percató de lo que el hombre estaba diciendo. Si ningún chico podía hacer eso, tenía que ser un adulto. Cogió sus binoculares y empezó a buscar enloquecida entre las gradas.
- ¿Qué haces? - le preguntó Ron, que era el único que se había dado cuenta de la actitud de la chica.
- ¡Es Snape! Está hechizando la escoba – le dijo ella pasándole los binoculares. El hombre estaba mirando fijamente a Harry, mientras movía los labios sin pausa como si estuviese hablando con alguien, o haciendo un embrujo.
- Diablos ¿y ahora que hacemos? - preguntó el pelirrojo, sus pecas resaltaban un montón ahora que estaba lívido de miedo.
-Yo me encargo- le dijo ella antes de salir corriendo en dirección a las gradas de los profesores.
Claro que era más fácil decirlo que hacerlo y, para ser sincera, Hermione no tenía la menor idea de cómo lanzar un contraembrujo. Aún así siguió corriendo mientras repasaba mentalmente lo poco que había podido leer sobre magia oscura.
Los libros que contenían las embrujos más siniestros eran inaccesibles para todos los estudiantes que no tengan permiso de entrar a la sección prohibida de la biblioteca. Pero recordaba haber visto algunas referencias al tema en un libro de encantamientos, en el que se mencionaba la existencia de estos hechizos oscuros y el funcionamiento básico de los mismos.
" Los efectos de un embrujo se pueden eliminar con un contraembrujo y se pueden prevenir mediante un antiembrujo Para realizar un embrujo se debe mantener la mirada en el objetivo o su efecto no perdurará. "
- ¡Eso es! Necesito una distracción - pensó ya casi llegando a las gradas.
Casi tropezó pero se las arregló para seguir corriendo sin parar, se coló por un pequeño hueco (en el que cualquier mago adulto no entraría) que conducía hasta la parte interna de la estructura y por donde llegaba a ver las piernas de los profesores.
Detectó fácilmente la túnica de Snape, porque aparte de ser de los pocos profesores que usaban siempre negro, tenía un olor característico similar a algo que Hermione había olido antes en el aula de pociones.
Sacó su varita y apuntando a las ropas del profesor dijo el primer hechizo que se le pasó por la mente - Lacarnum inflamarae -
Unas bolitas de fuego, similares a las conjuradas el día anterior pero esta vez rojas y dolorosas, salieron de la punta de su varita directo hacia la tela. Hermione no esperó a ver los resultados y salió corriendo de allí antes de que alguien pueda percatarse de su presencia.
Snape tardó casi un minuto en darse cuenta de que se estaba incendiando. Los gritos de los otros profesores le indicaron que su plan había funcionado. Una pequeña sonrisa apareció en su cara mientras corría de regreso (esta vez más lento) a su lugar original.
Antes de que pueda volver, Harry ya había atrapado la Snich, y Gryffindor había ganado el partido, por lo que quedó atrapada en medio de la muchedumbre que celebraba feliz por la victoria.
Se paró en puntas de pie intentando ver a Hagrid (lo que no debería ser muy difícil) pero no había ni rastros del gigante. Sintió como una mano se cerraba sobre su muñeca y la arrastraba fuera de la marea de alumnos.
- ¡Ven sígueme! - le gritó Ron, que había ido a buscarla, mientras seguía arrastrándola a lo largo de todo el estadio de camino a la salida.
Cuando pudieron salir del campo de juego, se encontraron con Hagrid que levantaba en brazos a un muy feliz Harry. Ambos niños se unieron a la celebración felicitando a su amigo entre risas y anécdotas del partido.
De alguna manera los tres terminaron tomando un té de hierbas en la cabaña de Hagrid.
-Fue Snape, Hermione y yo lo vimos- explicaba Ron ante un estupefacto Hagrid. Harry que ya tenía un historial de rencor con el jefe de la casa Slytherin, no se veía sorprendido en lo absoluto.
-No digan tonterías ¿por qué haría algo así? - dijo el gigante.
-No lo sé ¿Por el mismo motivo que querría evadir al perro de tres cabezas? - respondió Harry en un tono sarcástico que rara vez usaba.
- ¿Cómo saben ustedes sobre Fluffy?-
- ¿Fluffy? - preguntó el moreno.
- ¿Esa cosa tiene nombre? - preguntó Ron alzando las cejas con sorpresa.
-Claro que tiene nombre ¿por qué no lo tendría? Se lo compré a un irlandés el año pasado y se lo presté a Dumbledor para cuidar...- se detuvo abruptamente.
- ¿Cuidar qué? - lo presionó Harry.
Hagrid se puso blanco, después verde y por último rojo. Hermione creyó que nunca había visto a una persona cambiar tantas veces de color en tan poco tiempo.
-No debí decir nada... y ustedes no más preguntas- dijo con rudeza.
-Pero Hagrid, Snape intentó robarlo- le insistió el moreno.
-No sean ridículos, Snape enseña en Hogwarts- repitió Hagrid, como si esto fuera prueba suficiente de su inocencia.
-Aunque enseñe en Hogwarts sé que estaba embrujando la escoba, estoy segura- intervino Hermione por primera vez- he leído sobre el tema, necesitas ver lo que hechizas y Snape nunca parpadeó-
-Escuchen bien ustedes tres, se están metiendo en temas que no les conciernen y es peligroso. Lo que está cuidando Fluffy es algo con lo que niños como ustedes no deben meterse, es un asunto únicamente del profesor Dumbledor y de Nicolas Flamel...- volvió a interrumpirse.
- ¿Nicolas Flamel? - preguntó en voz alta Hermione, más para recordar el nombre que porque le sonara de algo.
Hagrid, que parecía muy molesto consigo mismo, los arrastró a los tres fuera de la cabaña, no sin antes pedirles que olviden todo lo que habían escuchado.
Ninguno de ellos iba a olvidar ni una sola palabra.
