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Aviso 2: La historia no respeta al 100% los libros ni las películas, es una mezcla entre los dos más las cosas que quiera inventar.
Gracias por leer!
Vacaciones y Nicolas Flamel
A Hermione siempre le había gustado leer junto a la ventana de su habitación.
Pero estos últimos días notaba algo raro en su pecho, como una ansiedad o molestia. Intentó solucionarlo de alguna manera acomodando sus almohadas varias veces, cambiándose de ropa (porque primero tenía frío y luego calor) y abriendo y cerrando varios libros porque no se decidía que quería leer. A pesar de sus esfuerzos seguía distrayéndose con cada pequeño ruido o movimiento.
Después de una hora de dar vueltas sin lograr nada tuvo que admitir que su problema es que estaba aburrida.
Todo iba bien hasta las navidades; en noche buena fueron a visitar a su tía abuela Magarett, el único pariente vivo que quedaba en su familia materna.
La mujer vivía en Sawbridgeworth, un pueblito a una hora de distancia de Londres. Tenía una casa demasiado grande para ella sola, un poco venida abajo por el paso del tiempo, y que a veces olía a humedad. Si podías sobreponerte a eso, adentro ibas a encontrar una biblioteca enorme llena de libros de lo más interesantes (y a los 8 gatos de la tía).
Todos los años su tía la dejaba elegir uno de sus libros como regalo, esta vez eligió un libro de Jane Austen llamado "Emma" al que le había echado el ojo desde la navidad pasada. Cenaron pavo asado con verduras y gravy y, un rato después de la medianoche, volvieron a casa.
En su habitación encontró varias cajas a los pies de la cama. El primer regalo que abrió era el de sus padres, dentro del paquete había un pijama de franela color violeta. La segunda era una caja amarrilla con chocolates Mars de parte de Harry (el favorito de ambos) que pensó en guardar para los próximos meses de clase. Ron le había dado una vuelapluma usada que había pertenecido a su hermano Charlie, un objeto encantado que escribía solo en consonancia con lo que el dueño pensaba. El único problema es que a veces, si la pluma estaba de malas, escribía lo que le parecía en vez de lo que se le ordenaba – Típico de Ron buscar atajos para trabajar menos - pensó mientras rodaba los ojos. El último regalo era de parte de Neville: unas varitas de regaliz.
Esa noche se Hermione se fue a dormir con una sonrisa en su cara, pero a partir de ese momento la ansiedad por volver al castillo fue creciendo exponencialmente con el paso de los días.
Las fiestas ya habían pasado y faltaban pocos días para volver a Hogwarts, cosa que agradecía porque no sabía que más hacer para pasar el tiempo.
A pesar de que no podía hacer magia fuera del colegio, se había tomado la costumbre de darle vueltas a su varita entre los dedos, ansiosa por sentir el cosquilleo que le producía lanzar hechizos. Se moría de ganas de practicar las cosas que había aprendido en estos días y, aunque había intentado ocupar su cabeza con otras cosas, siempre volvía a lo mismo.
El otro motivo por el que se estaba desesperando era por el espacio: acostumbrada a caminar media hora diaria de camino a sus clases, a estar encerrada en una casa unifamiliar casi veinticuatro horas al día. A veces salía a dar una vuelta por el vecindario, pero sus padres no le permitían alejarse demasiado, y siempre tenía que volver antes de las seis de la tarde.
Durante la semana se quedaba sola la mayor parte del día durante en el que se preguntaba qué estarían haciendo Harry y Ron.
Ron le había mandado una carta un poco rara el otro día. Se había sorprendido un montón al recibirla, porque pensaba que Harry iba a ser el que le escriba y no al revés. Al contrario, no tuvo noticias del moreno en todas las vacaciones.
En la carta la saludaba por las fiestas, y le contaba como lo habían pasado en el castillo. También le había agradecido el regalo que le dio en navidades (grajeas de todos los sabores). Pensó que iba a decirle algo sobre Nicolas Flamel, porque en teoría tenían que revisar la sección prohibida, pero no dijo nada con respecto a eso, a lo mejor porque no habían tenido la oportunidad de colarse aún.
De lo que si le habló era de un espejo raro, que Harry había encontrado una noche mientras merodeaba por los pasillos - más les vale que no los atrapen- pensó preocupada por lo que podían estar haciendo sin su supervisión. A Ron le daba mala espina algo sobre el espejo, a pesar de que no podía explicar porque, y le contaba que Harry se estaba comportando raro desde que lo había encontrado.
Hermione le respondió que tengan cuidado hasta que ella vuelva, y que le avise si encontraban algo importante.
Para cuando llegó el nueve de enero Hermione ya tenía su maleta lista hacía una semana.
Se sentía un poco culpable porque había evitado pasar tiempo con sus padres. Pudo esquivarlos casi todas las vacaciones, excepto durante la cena, en la que se concentraba en no decir algo fuera de lugar que haga que su padre sospeche. Teniendo en cuenta que se la pasaba pensando en Nicolas Flamel, el perro de tres cabezas y en la sección prohibida tenía miedo de que se le escape algún detalle comprometedor y que no la dejen volver al castillo.
Por eso, cuando el Expreso a Hogwarts empezó a moverse, Hermione casi se desmalla del alivio.
Los nervios la habían agotado mentalmente y solo podía pensar en llegar al colegio y dormir toda la tarde. Se encontró con Neville en el tren, y compartieron el viaje mientras el chico le contaba sobre sus vacaciones.
Cuando llegaron subió las escaleras directo a la torre de Gryffindor. Estuvo a punto de llorar cuando sintió el aroma característico de la sala común: ponche, leña y té de jengibre. No quería que la alejen de este lugar por nada del mundo.
A esta hora la mayoría de los alumnos estaban almorzando en el Gran Comedor así que no se cruzó con Harry ni con Ron. Sus compañeras tampoco estaban en el dormitorio, pero no tardarían en llegar.
Ordenó un poco sus cosas y se apuró a bajar para saludar a sus amigos con las energías renovadas.
-Te dije que ese espejo tenía algo que no me gustaba, Dumbledore tenía razón te puedes volver loco- dijo Ron.
Las clases habían empezado el día anterior y los chicos ya la habían puesto al corriente con las novedades.
Cómo le dijo Ron en su carta, Harry había encontrado un espejo que parecía mostrarte tus deseos más profundos pero que, al mismo tiempo, podía volverte incapaz de diferenciar los sueños de la realidad. Hermione sintió que un escalofrío la recorrió entera al escuchar eso - Es un objeto aterrador, hicieron bien en esconderlo - coincidió con Ron.
Si Harry no estaba de acuerdo con eso nunca lo dijo en voz alta.
También estaba feliz por el regalo que había recibido Harry: la capa de invisibilidad de su padre. El chico no solo no sabía nada sobre ellos, si no que hasta ese momento tampoco poseía ningún recuerdo material al que aferrarse. Aparte del valor emocional, la capa también era muy útil y ya la había usado para colarse en la sección prohibida.
Hermione se decepcionó mucho al escuchar que tampoco encontraron nada ahí, se estaba quedado sin ideas.
Ella y Ron casi habían perdido la esperanza de encontrar algo sobre Flamel en los libros, pero Harry estaba seguro de que había escuchado ese nombre antes, aunque no sabía dónde. A pesar de eso seguían buscando todos los días en sus tiempos libres, que cada vez eran menos frecuentes.
Para colmo de males ahora tenían una persona menos para ayudar. Wood se había puesto más firme que nunca con los entrenamientos, los hacía practicar a todas horas, hasta volaban bajo la lluvia helada.
Una noche después de cenar y ya cansados de buscar sin suerte, Ron y Hermione se fueron a descansar a la sala común y, para pasar el rato, se pusieron a jugar al ajedrez.
Desde que volvió de las vacaciones Ron se había empeñado con que juegue con él, porque Harry ya no podía. Una de esas veces ella aceptó y, para su sorpresa, terminó perdiendo. A partir de ese momento siguieron jugando varias veces por semana, Ron era muy bueno y disfrutaba tener un oponente digno y a ella le divertía el desafío a pesar de que no había podido vencerlo.
-Es por tu bien, el fracaso moldea el carácter- le dijo Ron una de esas veces, y ella no le habló hasta el día siguiente.
En uno de los momentos más tensos de la partida Harry volvió de su entrenamiento, era el turno de Ron para mover y con un poco de suerte se iba equivocar con la distracción.
El moreno tomó asiento al lado de Ron, estaba empapado de pies a cabeza y lleno de barro.
-Dame un segundo Harry necesito concen... ¿Qué te paso? - le preguntó no solamente por su estado general sino por la expresión abatida que tenía en su cara.
-Wood dijo que Snape se ofreció para ser el árbitro del próximo partido- les dijo bajito para que nadie escuche - No es justo, no va a ser imparcial-
- ¿Imparcial? ¿Es eso lo que te preocupa? Snape trato de matarte ¿O ya te olvidaste? - le respondió Hermione con tono mandón - No puedes jugar Harry, es peligroso-
-Estoy de acuerdo con ella, Snape está loco, diles que estás enfermo- dijo Ron.
-Puedes fingir que te rompiste una pierna- sugirió la castaña.
-O romperte una pierna de verdad-
Harry y Hermione se quedaron en silencio mirando al pelirrojo con las cejas levantadas.
-Puede que eso sea un poco extremo- dijo Ron después de unos segundos.
-Como sea- siguió Harry- no puedo hacer ninguna de esas cosas, Gryffindor no tiene buscador suplente. Si yo no puedo jugar el equipo tampoco-
- ¡Ayuda por favor! -
Los tres saltaron del asiento al escuchar el grito.
- ¿Neville? -
Nadie supo cómo se las había ingeniado para pasar a través del retrato de la Dama Gorda. Tenía las dos piernas pegadas juntas por culpa de un maleficio de piernas unidas y daba saltitos para moverse.
- ¡Auch! - gritó el chico cuando inevitablemente se cayó de cara al suelo.
Toda la sala común estalló en risas, menos Hermione que se acercó y le lanzó un contrahechizo.
-Gracias- dijo sobándose el hombro adolorido.
Hermione lo ayudo a levantarse y ambos se sentaron junto a Ron y Harry que seguían riéndose.
-No es gracioso- los regaño con el ceño fruncido. - ¿Qué fue lo que te paso? -
-Me encontré con Malfoy a la salida de la biblioteca, dijo que necesitaba a alguien para practicar el maleficio- les explico temblando.
- ¡Es un cobarde! Vamos a decirle a la profesora McGonagall ella...-
- ¡No! En serio... Estoy bien, no quiero más problemas- murmuró.
- ¿En serio Hermione? ¿Ir con McGonagall? Deberías enfrentar a Malfoy y decirle que pare por ti mismo- opinó Ron.
-No es necesario que me recuerdes que no soy lo suficientemente valiente como para estar en Gryffindor- le respondió Neville desanimado.
-No quise decir eso...-
Hermione lo fulminó con la mirada y Ron bajó la cabeza, avergonzado por la metida de pata.
Harry sacó de su bolsillo una rana de chocolate, que estaba un poco aplastada, y se la dio a Neville – El sombrero seleccionador te eligió para Gryffindor porque pudo ver algo que Malfoy y los demás no pueden, confía en su elección-
El chico sonrió con timidez mientras abría el chocolate –Gracias, creo que mejor me voy al acostar... ¿Quieres el cromo? Se que los coleccionas- Harry aceptó el cromo y Neville se fue a los dormitorios de los chicos.
-Dumbledore otra vez...- rezongó mientras miraba la tarjeta - ¡No puede ser, lo encontré! - gritó saltando de su asiento.
- ¿Qué encontraste? - le preguntó Hermione reponiéndose del susto.
- ¡A Nicolas Flamel! Les dije que me sonaba de algo, escuchen: "«El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel!"-
Ron y Hermione se levantaron para mirar el cromo, incapaces de creer que por fin habían encontrado algo.
- ¿Alquimia? - pensó cuando se recuperó de la emoción, cuando de repente una luz se encendió en su cabeza -
¡Esperen un segundo! - dijo y salió disparada hacia su habitación.
Lavander y Parvati ya tenían sus pijamas puestos y estaban a punto de acostarse cuando Hermione entró corriendo y se puso a revolver su baúl como loca. Cuando encontró el libro que estaba buscando salió otra vez hacia la sala común dejándolas con la boca abierta.
Estaba sumamente enojada consigo misma por no haberse dado cuenta antes, tuvo la respuesta delante de su nariz todo este tiempo. Dejó caer el enorme libro haciendo temblar la mesa por el peso –Agh hice que buscaran en la sección equivocada ¿Cómo pude ser tan tonta? - se quejó mientras pasaba las páginas - saqué este libro de la biblioteca hace semanas para tener algo de lectura ligera -
- ¿Llamas a eso ligero? - preguntó Ron con sarcasmo.
Hermione rodo los ojos, pero se aguantó las ganas de decirle algo.
Abrió el libro a la mitad y buscó enloquecida entre sus páginas. - ¡Aquí está! - gritó sin poder controlarse.
Los dos chicos se apretujaron al lado suyo intentando echar un vistazo.
-"Nicolas Flamel es el único creador conocido de la piedra filosofal"- leyó en voz baja.
Levanto la mirada esperando ver la emoción en los ojos de Harry y Ron, pero se encontró con sus caras de confusión.
- ¿La qué? - preguntó Harry mientras Ron negaba con la cabeza.
-Por Merlín ¿Ustedes dos no leen nunca? - respondió molesta -"La piedra filosofal es una sustancia legendaria con poderes asombrosos. Transforma cualquier metal en oro puro y produce el Elixir de la vida que hace inmortal al que la bebe"-
La cara de los chicos se fue transformando a medida que escuchaban - ¿Inmortal? - preguntó Ron arrugando la nariz.
-Significa que no mueres-
- ¡Lo sé Hermione! -
-Bajen la voz- pidió Harry mirando alrededor.
- ¿Lo ven? El perro debe estar cuidando la piedra, Flamel le pidió a Dumbledore que la esconda porque son amigos y sabía que alguien la estaba buscando- continuó Hermione después de asegurarse que nadie estaba escuchando.
-Increíble una piedra que transforma todo en oro y que puede crear el elixir de la inmortalidad, no me extraña que Snape la quiera- dijo Harry.
-A mí no me extraña que no hayamos encontrado información sobre Flamel en Estudio del reciente desarrollo de la hechicería si tiene más de seiscientos años- lo segundo Ron.
Esa noche se quedaron hablando hasta tarde sobre qué haría cada uno de ellos si tuviera una piedra filosofal.
-Yo quiero comprar Hogwarts, así podría vivir en el castillo todo el año-
-No seas ridículo Harry no se puede comprar Hogwarts- dijo Ron- yo compraría un equipo de Quiddich ¿Y tú Hermione? ¿Qué comprarías? -
-Son tan infantiles- Rezongo intentando concentrarse en su libro.
-Jugare el partido a pesar de Snape, es la única manera para cerrarle la boca- informó Harry de repente.
Hermione, que decidió que ya había escuchado suficientes locuras por un día se levantó -Haz lo que quieras, luego no nos culpes si te matan, me voy a la cama- dijo y se marchó.
Sin embargo, tanto Harry como ella sabían que si alguien intentaba lastimarlo Hermione estaría ahí para evitarlo.
