La ropa de Malik sale de un fanart que me encontré en Pinterest ( /2p3vbsso), muy chulo, me ganó, oficialmente la historia comienza aquí.
Malik se derrumbó en la paja seca al ver al sanador entrar. Había terminado en uno de los pueblos intermedios rumbo a Jerusalem donde se había detenido al recordar que la oficina de la orden no sería un refugio seguro para él. Su mano sana aún se aferraba al fruto del Edén, las voces del asesino, Ezio Auditore, y su amigo el pintor aún resonaban desde la esfera de metal, solo para sus oídos podía decir por la indiferente reacción de las personas que lo acompañaban: el joven que lo había ayudado a esconderse y el sanador que le había conseguido.
Malik vio la túnica negra de Dai enredada en su brazo dañado, sintiendo un pico de añoranza al recordarla. La habían dejado en su cama cuando le asignaron un lugar en donde esperar a que el médico tratara sus heridas, pero no habían retirado su bolsa, en donde el fruto continuaba después de haber rodado fuera de su caja. Había sido un accidente tener contacto con él al buscarlo en la bolsa. Se había salido al tambalearse por las escaleras, lo sabía porque en esa… realidad alternativa había entregado la bolsa al asesino antes de subir y al sacar la caja el fruto seguía en el interior. Era impresionante como el futuro podía cambiar tanto por una decisión tan insignificante.
—¡Aaaaah! —el grito salió de sus labios cuando el hombre desenredó la túnica.
—No puedo hacer nada por el brazo —notaba su nerviosismo, a pesar de la sangre, las túnicas blancas aún lo delataban como parte de la hermandad de los asesinos—, lo mejor que puedo hacer por ti es ofrecer opio antes de cortarlo.
Malik rio con amargura: ¿no eran esas promesas que ya había recibido?
—Mi amigo, creo que has malentendido… —el dolor lo hizo rechinar sus dientes antes de continuar— las razones por las que te mandé llamar.
Comenzó a explicar a ambos lo que necesitaba de ellos. El sanador palideció, pero buscó en su bolsa algo que ofreció a Malik, quien cuando lo vio dejó escapar una risa que sonó como un ladrido a sus propios oídos.
—Necesito estar consiente para decirte que hacer.
—Dolerá —y el miedo en su voz asustó al joven.
—Por eso él sigue aquí, para mantenerme en línea —le sonrió al joven— ¿no has deseado nunca someter a un asesino? —le sonrió para tranquilizarlo.
—N-no —logro tartamudear.
—Claramente no has conocido a Altair —rio de su propio chiste.
Un quejido salió de su boca, aspirando profundamente intentó ignorar el dolor.
—¿Empezamos, doctore?
Cuando ambos hombres estuvieron en posición comenzó a repetir las palabras que el pintor, Leonardo, explicaba a su amigo Ezio: la manera en que cientos de años después él hubiera podido salvar el brazo que el segundo de Altair Ibn'Ahab perdió en el templo de Salomón.
…
Habían pasado 6 meses, Malik se sentó en la punta más alta de la torre, mirando a la distancia, sabiendo que en ese punto y a esa hora de la madrugada nadie iría a molestarlo a ese lugar. Se recargó, buscando comodidad antes de tomar el fruto del Edén en su mano. Era consiente que el tiempo era demasiado frío para estar cómodo en el exterior, pero cerrando sus ojos sabía que eso no iba a importar cuando se perdiera en los recuerdos que no eran suyos.
Malik se encontró en el barandal del puente, viendo al joven Ezio dar un exagerado discurso antes de ser interrumpido por Vieri. A ese punto podía repetirlo de memoria, sabía el número exacto de personas que caerían antes de que Federico Auditore apareciera. Y todo era tan tonto y sin sentido en esa pelea, una pérdida de energía, algo que se castigaría severamente entre los asesinos y, por lo mismo, Malik amaba ese recuerdo. Solo Ezio y su hermano siendo chicos, algo que nunca se le había permitido a él o a Kadar.
Poniéndose en pie en el barandal comenzó a caminar por él, aún con su atención en la pelea. Le había tomado meses recuperar su equilibrio al caminar; había vivido la mayor parte de su vida sin su brazo, y a pesar de que su cuerpo joven nunca pasó por eso sus recuerdos confundían su memoria muscular. Pero ahora podía escalar de nuevo; a pesar de que en el pasado, ¿futuro?, se las había arreglado para hacerlo nunca volvió a tener la habilidad que mostraba alguien con dos manos. Ahora podría volver a ser un asesino. Si no fuera por el hecho de que Al Mualim seguía con vida y lo había marcado como traidor.
Vio a Federico y Ezio marcharse. Dio un suspiro cuando el recuerdo se repitió. Encontraba alegría en el gesto feliz e ingenuo de Ezio. La felicidad de la ignorancia. ¿Había apreciado más ese momento si supiera lo que le esperaba? Él era consciente de que había memorias simples con Kadar que hubiera apreciado más.
Cerró los ojos, al abrirlos se encontró de nuevo en lo alto de la torre. Solía sentirse como un hipócrita por utilizar tanto el fruto del Edén después de haber advertido a Altair contra él. Pero después de la cirugía que había salvado su brazo había huido de nuevo, sabiendo que Al Mualim enviaría a todos los asesino tras de él. Eran demasiados, pero Malik había sido su Dai y más delante el mentor. Ninguno era suficiente para encontrarlo si él no lo permitía, pasarían al menos unos años para que Altair tuviera el talento para ser tan bueno como él. Así que ningún asesino lo encontró cuando tuvo que ocultarse dos meses para que sus heridas se curaran.
Entonces había tenido tiempo, para perderse en el fruto y aprender tantas cosas… conocer tantas personas. Todos aquellos que habían tocado los frutos del edén existentes, personas de épocas tan lejanas como Bayek de los antiguos o fechas tan inconcebibles para él como ese joven Desmond tan parecido a Altair que resultaba divertido. Fue… demasiada información, aprendió tanto que llegó incluso a enfermar, hubo días en los que despertó sin saber quién era o en donde se encontraba. Si estaba en América y eran el Kenway que ayudaba en una revolución, o el abuelo en un barco, si estaba en la India o Londres. Lugares que aún no existían pero de los que podría dibujar con facilidad un mapa.
Por lo que limitó lo que veía en el fruto: a seguir a Da Vinci, por quien sentía una sincera adoración, ya que gracias a él se había salvado su brazo; el hombre joven había sido capaz de mejorar la hoja oculta por su cuenta y descifrado el códice. Movió su muñeca derecha, escuchando su nueva arma activarse sin perder un dedo como pedía la tradición de los ocultos. Casi pudo oír la voz burlona de Eivor y ver la indignación de Hytham.
Había elegido algunos recuerdos a los que volver, esa tonta pelea de Ezio era uno de ellos, las auroras boreales de esa tierra de hielo, la punta del mástil más alto de Jackdaw, los atardeceres en el desierto donde no se veía más alrededor que dunas de arena.
Evitó sus propios recuerdos pasados, especialmente a Kadar a pesar de que buscarlo fue lo primero que había hecho con el fruto, pero su perdida aún era tan reciente que había resultado insoportable verlo.
Así que Malik fue libre por un tiempo, hasta que su cuerpo sanó y tuvo que enfrentar de nuevo el mundo actual. Tarde o temprano la odisea de Altair comenzaría, había utilizado el fruto para investigar los movimientos de la hermandad, aquella en la que el debería estar siendo un Dai. Sin el fruto se había hecho una fractura al brazo de Altair como castigo por sus acciones en el templo de Salomón, la fractura había sido limpia y tratada, porque si bien Al Mualin permitiría la muerte de su protegido no dudaría en sacar utilidad de sus habilidades para acabar con sus aliados templarios.
Sus sentimientos por Altair eran complicados, por un lado había crecido en él para ser considerado un hermano, pero actualmente tenía que luchar con los sentimientos de su yo joven, a quien el maestro asesino había arrebatado a su hermano de sangre y ese sentimiento más antiguo que con el tiempo había dejado de pensar en él, pero seguía demasiado presente en la época actual, su enamoramiento con el asesino, ese intenso amor salpicado de lujuria en el que no podía dejar de pensar en sus labios o su cuerpo contra el suyo.
—Qué difícil es ser joven —murmuró mirando lo último del cielo estrellado.
Había muerto y al mismo tiempo no lo había hecho. De vez en cuando no podía evitar llevar su mano a su cuello extrañándose de no encontrar una herida ahí, aún podía sentir la calidez de la sangre corriendo. ¡Oh! y el dolor, que cercano era Malik ahora al dolor, habiendo perdido su brazo —dos veces— y su cabeza, no pudo evitar sonreír, el fruto del Edén lo estaba volviendo loco. Ojalá la vida fueran tan sencilla como destruirlo y acabar así con todo, pero después de todo lo que había aprendido sabía que no serviría de nada, el fruto había vivido antes que él y seguiría existiendo después de su muerte.
Los primeros rayos de sol lo hicieron ponerse en movimiento, pasando sus manos por su cabello ahora notablemente más largo. A pesar de que el cabello y su barba corta no ayudarían si los asesinos lo miraban con atención sabía que no darían una segunda mirada a un hombre con los dos brazos. Así que ahora era eso y sus túnicas negras lo que se interponía entre él y la hermandad.
Hizo un salto de fe, el aterrizaje nunca era cómodo pero la sensación de la caída era incomparable: el viento sonando en sus oídos, la sensación de su cuerpo siendo atraído a la tierra, había caído de lugares inimaginables gracias al fruto y la emoción siempre era la misma. Quitó briznas de paja de su cabello antes de ocultarse bajo su capucha negra, perdiéndose entre la gente que comenzaba sus actividades matutinas.
…
Al entrar al escondite vio su reflejo en la pared. Se había permitido un espejo, no por vanidad, sino porque necesitaba verse constantemente para asegurarse que era el Malik en la década de sus veintes y no el anciano que murió traicionado… o alguna de las personas que habían tocado el fruto del Edén a lo largo de la historia.
Usaba una túnica sin mangas para sentir el clima o el contacto de la gente con la que se topaba para ayudar a mantenerse anclado en la realidad, lo que a veces era bastante difícil, sus recuerdos se sobreponían haciéndolo luchar para reconocer el lugar en donde se encontraba.
El sanador había hecho tiras su túnica de Dai para cubrir sus heridas y después de limpiarlas había mantenido esas vendas para cubrir las terribles cicatrices de su brazo derecho. No era agradable verlo, pero Malik estaba tan agradecido por tenerlo que no le importaba su apariencia.
—Llegas tarde.
—Buen día a ti también, Maria.
La mujer castaña tenía las botas sobre la mesa, equilibrando su silla en las patas traseras, meciéndose con suavidad mientras leía.
—Te has quedado sin desayuno…
—Me estimas demasiado para matarme de hambre, querida.
Ella le sonrió, dejando lo que leía de lado.
—Me gustas demasiado, Malik, eres el único hombre que no ha mostrado ni la mínima sorpresa de mis habilidades por ser mujer. Siempre me has tratado como un igual.
Malik sonrió mientras buscaba su plato en lo que apenas podían llamar cocina en la esquina de la habitación. No podía explicarle que había tenido sus dudas la primera vez que se encontraron, cuando Altair se la presentó, pero Maria fue parte de su familia, incluso creyó en él cuando Altair dudó, si alguien sabía de sus habilidades y las admiraba era él. Así que después de buscar el diario de De Sable en el templo de Salomón se la había arreglado para volverla su aliada, había sido difícil al principio, le había costado aceptar la traición ya que si bien no comulgaba con los templarios su devoción a Robert De Sable había sido sincera.
—No creo poder tratarte como un igual, Maria —Malik vio dolor en sus ojos, por lo que se apuró a terminar su frase— ya que la mayor parte del tiempo me haces creer que eres mejor que yo.
La sonrisa de ella fue enorme.
—Ahí, ahí, ¿no te habrán expulsado de los Asesinos por ser un encanto?
Malik rio entre dientes.
—El traidor de los asesinos y la traidora de los templarios, vaya pareja ¿no?
La vio alegre al volver a su lectura.
La habían pasado mal al principio, Maria iría a su cuello en la primera oportunidad que tuviera a pesar de que fueran aliados, pero con el tiempo había terminado por ablandarse a él, actualmente incluso disfrutaban compartir la misma casa con buen humor.
—¿Tenemos planes para hoy?
—Escuche que los cruzados están causando daño a los viajeros ¿te gustaría hacerles una visita para que consideren lo que es atacar a un viajero indefenso?
La oyó reír, una clara respuesta a su pregunta.
—Sabes, Malik, si mi marido me hubiera dado el mismo entretenimiento que tienes para mí seguiría casada
—Te aseguro que tu siguiente marido te dará incluso más emociones que yo.
—Promesas con tal de no comprometerte conmigo.
Sus sentimientos hacía ella eran complicados, por un lado Maria era la hermana que amaba, pero por el otro su mente joven, para la que aún el amor por Altair era reciente, se encontraba celoso de que esa mujer tomara algo que nunca le pertenecería a él. Sin embargo su admiración por Maria siempre se imponía.
—Por cierto ¿Cómo está él?
Malik rio, lanzando la última migaja de pan a su rostro, pero los reflejos de la mujer eran tan rápidos que logro atraparlo con su boca, tragándolo con facilidad. Estaba convencida de que Leonardo Da Vinci era una persona de la época actual y Malik se escapaba todas las noches a verlo, a pesar de que no estaba tan errada.
—Tenemos tiempo de practicar un rato antes de ir a buscar cruzados —la vio levantarse de un salto para buscar su espada, mientras él se dirigía al patio.
…
—Vamos a separar nuestro caminos un tiempo —Maria lo encontró en lo alto de la torre, sentado con sus piernas cruzadas y el fruto del Edén en sus manos.
Le había tomado un par de meses aprender a escalar, pero ahora era una experta como si se hubiera criado con los asesinos de Masyaf. La vio enarcar una ceja ante la esfera en sus manos. A pesar de su desconfianza inicial en él ella nunca había intentado quitárselo, por lo que Malik no había sentido la necesidad de ocultarlo de ella.
—¿Cosas de asesinos?
—Has visto a los templarios que conspiraron con el líder de mi orden —la vio asentir mientras se sentaba a su lado—, empezaran a suceder cosas y no serán precisamente buenas.
—¿Los mataras?
—Me temo que no me corresponde a mí hacerlo. Alguien más lo hará.
—Pero podrías.
—Con facilidad.
Y era cierto, Malik podía acabar con todos antes de que Altair incluso iniciara, pero sabía que debía dejarlo llevar a cabo su cruzada, ya que ese aprendizaje lo haría un mejor hombre y con ello haría de los asesinos dignos, había cosas que debían suceder como lo habían hecho. Maria apoyó su mejilla en su hombro, viendo el atardecer con él.
—Extrañaré regañarte en las mañanas.
—Me regañas a todas horas —la sintió reír—. Estaré en contacto, podrás regañarme por ahí, y cuando llegue el momento nos encontraremos de nuevo.
—Bien.
—¿Qué harás sin mí? —no apartó los ojos de los tonos dorados del sol.
—Extrañarte, principalmente —por lo que fue su turno de reír—, y si me queda tiempo seguiré manteniendo a los cruzados y los sarracenos a raya.
—Lo siento por ellos ahora que no estaré aquí para mantenerte bajo control —apoyó su mejilla en el cabello castaño.
—Como si pudieras hacerlo.
Una vez más rio, disfrutando en silencio el atardecer.
Besos y abrazos, mil gracias por leer.
