El bosque prohibido
Hermione había escuchado a su padre hablar sobre la Ley de Murphy alguna vez.
Cuando el Sr. Granger tenía un mal día se sentaba en el sofá y se quejaba mientras su madre le masajeaba los hombros intentando calmarlo – Si algo puede salir mal, saldrá mal- protestaba hasta que se tranquilizaba y se iba a dormir.
En estos momentos Hermione entendía en carne propia lo que quería decir ese tal Murphy.
Estaban en la oficina de McGonagall, parados en un rincón, esperando el inminente castigo que se les venía encima. Hermione temblaba tanto que creyó que iba a desmayarse en cualquier momento. Al parecer Harry pensaba lo mismo porque la agarraba del brazo con fuerza por miedo que se caiga al suelo.
En el otro rincón estaba Draco Malfoy que los miraba como si quisiera atravesarlos con los ojos. Tenía una sonrisita torcida en la cara y se lo notaba contento de que los hayan atrapado.
Viendo el lado positivo, Ron se había salvado del castigo, esperaba que el pelirrojo fuera más listo que ellos y baje con la capa puesta hasta la torre de Gryffindor. -Bueno, por lo menos eso no salió tan mal- pensó para sus adentros.
Hermione tuvo que tragarse sus palabras cuando la profesora McGonagall entró a la oficina arrastrando a Neville de la oreja – Estúpido Murphy -
- ¡Harry! - gritó Neville cuando los vio - estaba intentando advertirte, hoy Malfoy estaba diciendo algo sobre atraparte con un dragón...- se interrumpió cuando se dio cuenta de la presencia del rubio.
Harry estaba pálido y negaba con la cabeza compulsivamente – No... dragón, y- y- yo no...- tartamudeaba el moreno.
- ¡Silencio todos ustedes! - dijo McGonagall. La mujer estaba tan molesta que parecía que iba a echar fuego por la boca como Norberto – Quiero que me expliquen de inmediato que hacían en la torre de astronomía a la una de la mañana-
Por primera vez en su vida Hermione no tenía respuesta para la pregunta de un profesor.
-Se lo dije profesora, Potter tenía un dragón-
-Cállese Malfoy, ya le dije que no voy a escuchar más de esas tonterías sobre dragones ¿Creen que no sé lo que están haciendo? Debería darles vergüenza. Se inventaron una historia de un dragón solo para sacar al señor Malfoy de la cama ¿les pareció gracioso que el señor Longbottom lo creyera también? -
Hermione sintió una puntada en el pecho al ver la expresión sorprendida y herida en la cara de Neville. Intentó buscar su mirada para transmitirle que no era así, pero el chico evitaba el contacto visual y parecía a punto de echarse a llorar. Se sentía horriblemente culpable, nunca había pensado que Neville iba a meterse en problemas por intentar ayudarlos.
- Estoy tan disgustada, cuatro alumnos fuera de la cama en una sola noche ¡Están fuera de control y necesitan un castigo ejemplar! Se les descontarán cincuenta puntos...-
- ¡¿Cincuenta?! - dijo Harry con la mandíbula dislocada.
-A cada uno- finalizó la profesora con expresión severa- además tendrán noticias mías pronto, informándoles cuál será su castigo una vez lo haya decidido. Los quiero a todos fuera de mi vista en este mismo instante ¡Fuera! - gritó McGonagall y los cuatro salieron corriendo de la oficina.
Hermione pudo escuchar que Malfoy y Harry se quedaban atrás discutiendo, aun así, ella siguió persiguiendo a Neville todo el camino hacia la torre de Gryffindor. El chico era más rápido que ella y le estaba costando seguirle el ritmo.
Cuando llegó a la sala común Neville ya estaba subiendo las escaleras hacia el dormitorio de los chicos - ¡Neville! ¡espera un segundo! Tu no entiendes... -
- ¡Déjame en paz Hermione! - le gritó antes de encerrarse en su cuarto.
Se llevó la mano al pecho para intentar recuperar el aliento. No había sido su intención ni la de Harry lastimarlo, pero Neville no estaba dispuesto a escuchar razones.
Desde un rincón apareció Ron, sacándose la capa hasta la altura de los hombros - ¿Ese era Neville? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Y Harry? - preguntó mirando detrás de ella.
-Por Merlín, menudo lío- le respondió ella llevándose la mano a la frente.
Harry llegó unos minutos después y puso a Ron al tanto de la situación. El pelirrojo se había puesto pálido cuando le contó sobre los puntos perdidos. Estaban aterrados de qué pasaría cuando amaneciera y el resto de los Gryffindor descubriera lo que había pasado.
No tardó mucho en correrse la noticia: el famoso Harry Potter y otros dos tontos de primero los habían hecho perder ciento cincuenta puntos en una noche. De un día para el otro Harry, Hermione y Neville pasaron a ser las personas más odiadas del colegio, no solo por los Gryffindors, sino también por los Ravenclaw y los Hufflepuff, que les echaban la culpa de que Slytherin iba a ganar la copa de la casa. Los únicos que les hablaban eran los Slytherin, que les agradecían el favor.
Con el paso de los días Hermione había dejado de participar en clase para no llamar la atención, se la pasaba cabizbaja y evitaba el contacto visual con todo el mundo por miedo a los reproches. Había intentado hablar con Neville varias veces para disculparse, pero los evitaba a ella y a Harry a toda costa. Lavander dejó de hablarle otra vez porque, a pesar de que no iba a poder pedirle ayuda con la tarea, era preferible reprobar cuidando de su reputación. A Hermione los idas y vueltas con sus compañeras de habitación la tenían sin cuidado, pero sí que estaba preocupada por Neville.
La única persona que les seguía dirigiendo la palabra era Ron. Aunque en general era el último de los tres en despertarse, desde que pasó lo de Norberto se levantaba antes que todos y los esperaba a Harry y a ella en la sala común para bajar a desayunar los tres juntos. No lo decía en voz alta, pero estaba preocupado por el cambio en el comportamiento de sus amigos, que se veían mucho más decaídos e introvertidos de lo normal.
Por suerte para Hermione, los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y, estando liberada del asunto de Malfoy y el dragón, podía dedicarse a estudiar para distraerse de la realidad.
Una semana antes de que empiecen oficialmente los exámenes, Ron y Hermione estaban en la biblioteca estudiando Astronomía, cuando de pronto llegó Harry con el pelo más revuelto de lo normal. En el lenguaje del trío eso solo podía significar una cosa: problemas.
Les contó que le había parecido escuchar otra discusión entre Quirrell y Snape, y que seguro que el profesor de defensa contra las artes oscuras no iba a resistirse por más tiempo a la influencia de Snape.
-No hay de qué preocuparse, todavía queda Fluffy- opinó Hermione para sacarse el tema de encima. Ya había tenido suficiente con su última aventura como para preocuparse por la piedra.
- ¿Creen que Snape puede haber descubierto como pasarlo sin ayuda de Hagrid? Deberíamos hacer algo para detenerlo- dijo Ron.
Hermione podía ver otra vez la emoción por una nueva aventura despertando en los ojos de Ron – Vamos a ver a Dumbledore y a contarle lo que sabemos, eso es lo que deberíamos haber hecho desde un primer momento- dijo para cortar de raíz el problema.
- ¿Y nos creerá? No tenemos pruebas y dudo que Snape o Quirrell digan algo a nuestro favor- opinó Harry.
-Podemos investigar un poco y...-
-No Ron, no necesito más investigaciones por el resto de mi vida- lo cortó Harry malhumorado, antes de agarrar un libro de Astronomía y ponerse a estudiar, dando por terminado el tema.
El pelirrojo la miró suplicante, intentando que se ponga de su lado para convencer a Harry –Lo siento- murmuró bajito Hermione, mientras volvía a leer, ignorando la cara de decepción de Ron.
Esa noche Hermione se despertó de madrugada por culpa de los nervios por el examen de Transformaciones. Intentó volver a dormirse, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas sobre el capítulo seis: cómo transformar un caracol en una tetera - ¿Era un movimiento ascendente de varita o circular? -
Tuvo que levantarse a la fuerza, sabiendo que no iba a poder descansar hasta resolver la duda. Agarró su libro y bajo a la sala común en puntas de pie, para no molestar a sus compañeras de habitación.
Apenas entró en la sala escuchó unos lloriqueos desde uno de los rincones - ¿Neville? - preguntó Hermione cuando hizo contacto visual.
- ¿Qué quieres? ¿Vienes a reírte de mí otra vez? - le reclamó el chico con la cara roja e hinchada.
-Sabes que no haría eso...- le respondió bajito.
-Solía pensar eso, pero ya no estoy seguro-
Se hizo un silencio incómodo - ¿Está bien tu tío Algie?- preguntó Hermione pensando lo peor.
-Sí... ha mejorado. Gracias por preguntar- dijo cambiando el tono por uno menos agresivo - ¿Cómo pudieron inventar una historia para reírse de mí? Creí que éramos amigos-
-Y lo somos, de veras, es solo que...- Hermione hizo silencio sin saber por dónde comenzar a explicar – lo siento mucho Neville, nunca pensé que algo así pasaría. Lamento no poder contarte todo, pero tienes que creerme, no fue algo planeado-
-Dean y Seamus ya no me hablan porque están enojados por lo de los puntos. Malfoy se mete conmigo todos los días y todo el mundo me odia ¡todo por querer advertirles! ¿y aun te niegas a contarme? - dijo volviendo a llorar.
Hermione respiró profundo y se sentó al lado del chico, apoyando su mano en el hombro en un intento de calmarlo- Oh vamos Neville, sabes que te lo diría si no tuviera una buena razón. Harry, Ron y yo estamos metidos en un buen lío, no creo que te haga ningún bien involucrándote, ya quisiera yo no estar enterada del tema-
- ¿Al menos me prometes que no volverán a perder puntos? No creo poder soportar otra semana como esta-
-Ojalá pudiera- dijo ella recostándose en el sofá con los ojos cerrados- sospecho que hay cosas más importantes en juego que la copa de la casa-
Neville la miró con la ceja levantada, confundido por la frustración de la chica– Si no puedes contarme nada y no puedes prometerme que no van a perder puntos ¿Cómo esperas que te perdone? -
Hermione, que había captado el humor en el tono de voz, le respondió con una sonrisa – Con sobornos, mira tengo aquí mis apuntes de Transformaciones. Por cierto ¿recuerdas algo sobre el capítulo seis? Temo que voy a tener que leer todo de nuevo, los nervios me confunden – y de ahí en más la charla fluyó con la normalidad de siempre.
A la mañana siguiente mientras desayunaban llegaron notas para Harry, Hermione y Neville.
"Debe presentarse al castigo esta noche a las once en el vestíbulo. El Sr. Filch le dará más detalles al respecto" decía el papelito.
Hermione se frotó los ojos con fuerza, con el asunto de los puntos casi se había olvidado del castigo. Una parte dentro suyo quería quejarse por perder tiempo de estudio, pero sabía que se lo merecían por romper las reglas, McGonagall había sido generosa al no expulsarlos. Harry y Hermione pasaron el resto del día especialmente taciturnos.
A las once de la noche de despidieron de Ron y bajaron junto a Neville al lugar que pedía la nota, donde Malfoy y Filch ya estaban esperándolos. El celador los condujo a través de los terrenos con ayuda de un farol que apenas alumbraba el camino – Seguro ya se están arrepintiendo de romper las reglas ¿eh? - dijo con maldad- los castigos siempre han sido la mejor forma de evitar estudiantes rebeldes, es una pena que ya no nos dejen colgarlos por los pulgares en estos días. No pierdo la fe de que vuelvan a permitirlo, aún tengo las cadenas bien engrasadas-
Hermione frunció la nariz con disgusto al escucharlo hablar, ese hombre era tan repugnante por fuera como por dentro. En estos momentos casi entendía porque Ron quería patear a la Señora Norris con ayuda de la capa de invisibilidad.
Estaba tan concentrada en no tropezar en la oscuridad que no se dio cuenta hacia donde estaban yendo hasta que estuvieron a un par de metros. El lugar le resultaba amargamente familiar, después de todo estaban en esa situación por culpa de su dueño.
-Esta noche cumplirán su castigo con Hagrid- dijo Filch – tiene un pequeño trabajo para ustedes en el bosque prohibido-
-Demoraron una barbaridad, rápido Filch, no quiero que se haga más tarde- dijo el gigante saliendo de su hogar.
A pesar del resentimiento por el castigo, Hermione estaba aliviada porque iba a ser Hagrid, y no el odioso Filch, el que iba a acompañarlos.
-Disculpen ¿ha dicho el bosque? - preguntó Malfoy con la voz temblorosa. Hermione tuvo que golpear con el codo a Harry para que se controle, ya que estaba a punto de reírse por escuchar a Malfoy asustado – Esta bromeando ¿no? Nadie entra ahí, creí que estaba prohibido-
-Tendrían que haber pensado en eso antes de meterse en líos, son todo tuyos Hagrid. Volveré al amanecer para buscar lo que quede de ellos- terminó Filch antes de dar media vuelta y marcharse.
-No entraré a ese lugar- dijo Malfoy.
-Entonces puedes empezar a empacar tus cosas y mañana a primera hora te vas a tu casa en el tren- le respondió Hagrid.
A Malfoy se le pusieron las mejillas rojas de furia- ¿Cómo se atreven? El bosque es solo para los empleados, no para los alumnos. Mi padre escuchará sobre esto, ya verán-
-Puedes decirle lo que quieras a tu padre, pero si no quieres ser expulsado, entrarás al bosque prohibido esta noche- el tono con el que había hablado era el más severo que Hermione le había escuchado nunca - ¡Síganme! - ordenó y los cuatro chicos obedecieron en silencio.
Harry, Neville y Hermione caminaban lo más pegados posible, tanto así que se pisaron un par de veces, pero estaban tan asustados que a ninguno le importó.
El bosque era un lugar aterrador, Hermione había sentido escalofríos en alguna oportunidad cuando pasaban cerca de camino al campo de Quidditch. Pero todo ese ambiente tan cargado se resignificaba por la noche, en la oscuridad y con los ruidos desconocidos que se escuchaban por todos lados.
Los árboles eran tan altos que tapaban casi toda la luz de la luna y era casi imposible caminar sin tropezar con las enormes raíces que aparecían por el suelo. Hermione se sorprendió al notar que había un camino delimitado, al parecer alguien (aparte de Hagrid) se encargaba de mantener los senderos.
-Escuchen con cuidado, lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que nadie salga lastimado- dijo Hagrid deteniéndose en un claro y apuntando hacia un rincón oscuro- ¿Ven eso? Es lo que hemos venido a buscar-
Tuvo que contener una arcada cuando vio lo que Hagrid les estaba mostrando. Oculto entre las raíces de los árboles había un caballo muerto con la garganta desgarrada – No, no es un caballo, es...-
-Un unicornio- dijo Neville continuando su pensamiento.
Cuando Hagrid se acercó al animal y le paso la mano por el cuello roto Hermione pensó que iba a vomitar de la impresión, pero, a diferencia de lo que esperaba, los dedos de Hagrid no estaban rojos, si no cubiertos de una sustancia viscosa y transparente.
-Esto es sangre de unicornio- les explicó- encontré uno muerto hace unas semanas. Nuestro trabajo es encontrar a quién les está haciendo esto y detenerlo-
- ¿Y si esa cosa nos encuentra antes a nosotros? - preguntó Malfoy que estaba más pálido de lo normal.
Se hizo un silencio incómodo en el que miraron en todas las direcciones esperando que salga algo desde la oscuridad a atacarlos.
-Nadie les hará daño mientras estén conmigo. Neville, Hermione ustedes vengan conmigo, Harry irá con Malfoy y buscarán por ese otro lado. No salgan del sendero y recuerden, si están en problemas, pueden lanzar chispas rojas y correremos a ayudarlos-
-Quiero a Fang- dijo Malfoy apretando los puños.
-Bien, pero les advierto que es un cobarde-
Harry y Malfoy tomaron un farol y se fueron en dirección opuesta a la suya.
- ¿Crees que estaremos bien? - le preguntó Neville en un susurro.
-Estaremos con Hagrid, me preocupan más ellos dos- le respondió en voz baja.
Mientras caminaban se escuchó un aullido de fondo - ¿Qué fue eso? - preguntó Hermione asustada.
-Probablemente un hombre lobo, la luna llena es el mejor momento para venir al bosque, te ayuda a ver dónde pisar, pero también tiene sus desventajas...-
- ¿Pudo haber lastimado un hombre lobo al unicornio? - dijo Neville que parecía ansioso por salir de ahí.
-Los unicornios son hermosos y delicados, pero también son criaturas tremendamente poderosas. Nunca he visto algo capaz de dañar uno de esa forma- respondió Hagrid haciendo que ambos traguen saliva.
Ya llevaban unos minutos caminando cuando Hagrid volteó a mirarla y le preguntó - ¿Estás bien Hermione? -
Ella asintió y le respondió un sí despacito. Seguro que tenía un aspecto horrible si le estaba preguntando eso.
-No te angusties, las noches pasan rápido en el bosque, antes que se den cuenta estarán en el castillo otra vez y... ¡rápido! ¡escóndanse detrás de ese árbol! -
Hermione y Neville corrieron hasta el lugar indicado y se apretujaron contra un tronco. Se escuchó un ruido de algo que se arrastraba sobre las hojas secas - ¡Alto! ¿Quién anda ahí? - gritó Hagrid con la ballesta en alto.
La sombra se abalanzó haciendo gritar a Hermione y a Neville, por suerte Hagrid disparó al suelo entre esa cosa y ellos justo a tiempo y no le quedó más opción que retirarse.
Se quedaron en silencio un minuto después de que el monstruo se había ido. Neville y Hermione estaban congelados de miedo, y solo se atrevieron a moverse una vez que Hagrid bajó la ballesta.
-Lo sabía, hay algo que no debería estar rondando el bosque- dijo el gigante -síganme, debemos encontrar a Harry y a Malfoy rápido-
Ambos se levantaron, corrieron hasta donde estaba Hagrid y siguieron el camino lo más pegados que podían al gigante.
No habían recorrido más de diez metros cuando otra sombra se apareció frente a ellos. Hagrid levantó la ballesta y dio un grito de alerta, pero en seguida se relajó y bajó el arma- Oh, eres tú Ronan ¿Cómo estás? -
Hermione se asomó desde atrás de Hagrid, lugar donde había estado escondida hasta entonces, intentando ver al recién llegado. Abrió mucho sus ojos cuando notó que quién estaba delante suyo no era exactamente una persona, si no un centauro.
-Buenas noches Hagrid- dijo el majestuoso Ronan con voz profunda.
-Lamento haberte apuntado, estaba un poco nervioso porque algo intentó atacarnos hace unos momentos- se disculpó Hagrid.
El centauro, que parecía que no se había dado cuenta de la presencia de los niños hasta ese momento, los miró desde lo alto – Estudiantes...- dijo.
No parecía que estar preguntando nada, pero aun así Hagrid le respondió - Son alumnos de Hogwarts, ella es Hermione Granger y el chico se llama Neville Longbottom. Este es Ronan, es un centauro- los presentó.
-Si ya lo noté- dijo Hermione con voz amortiguada – Un placer - terminó diciendo sin saber cuál es el protocolo para ser educado cuando conoces a un centauro.
-Es bueno que haya estudiantes, aunque el bosque sea peligroso, espero que estén aprendiendo muchas cosas en el colegio- dijo con voz soñadora, luego miró al cielo y continuó - Ah... Marte está brillante esta noche-
-Si, ehm... por cierto Ronan, algo ha estado matando unicornios en el bosque ¿has visto algo fuera de lo común? -
Ronan siguió mirando al cielo, después de unos segundos de silencio suspiró y dijo - Sí, es extraño que Marte esté tan brillante-
-Me refería con respecto a los unicornios- insistió Hagrid.
-No es algo fuera de lo común que los inocentes sean las primeras víctimas, siempre lo han sido y siempre lo serán- dijo manteniendo el mismo tono- Pero Marte está inusualmente brillante-
- ¿Has visto a la criatura que está matando a los unicornios? - preguntó más concreto.
-El bosque esconde muchos secretos... por ejemplo Marte est...-
-Si, si, bueno. Tenemos que irnos Ronan, gracias por tu tiempo. Avísame si te enteras de algo- dijo Hagrid perdiendo la paciencia y arrastrando a Hermione y a Neville sendero abajo.
-Nunca traten de obtener una respuesta concreta de un centauro, son unos malditos astrólogos. No les importa nada más cercano que la Luna- les explicó Hagrid molesto por la pérdida de tiempo.
- ¿Hay más de ellos? - preguntó Neville que había estado muy callado hasta ese momento.
-Sí, solo unos pocos. No se dejan ver casi nunca, y saben mucho, aunque no quieran contarlo-
Se escuchó el grito de un niño a la distancia que a Hermione le pareció que sonaba como Malfoy. Hagrid se puso en guardia y les ordenó -Quédense aquí y hagan silencio, iré a ver qué pasa- y luego salió corriendo en dirección al ruido.
Hermione y Neville se miraron aterrados. Se habían quedado solos en el medio del bosque prohibido.
Por reflejo se apiñaron contra el tronco de un árbol y se sentaron a esperar en silencio.
- Espero que estén todos bien - dijo Hermione después de un rato.
-Espero que vuelvan pronto, quiero irme a casa- respondió Neville temblando de los nervios. No podía culparlo, ella también estaba asustada.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se había ido, pero casi se pone a llorar del alivio cuando escuchó a Hagrid que volvía junto a Harry y Malfoy.
- ¡Harry! - gritó y salió corriendo a abrazarlo. El chico le devolvió el abrazo, igual de preocupado que ella - ¿Estás bien? ¿Qué paso? ¿Por qué gritaron?-
Harry intentó responderle, pero Hagrid los interrumpió - Será mejor que hablen después de salir de aquí, ya hemos tenido bastantes emociones por una noche-
Para su sorpresa Ron estaba esperándolos en la sala común, a pesar de que ya era muy tarde en la noche. Se notaba que estaba medio dormido, pero se levantó de un salto al verlos llegar pálidos y temblorosos.
Antes de poder explicarle nada escucharon un golpe seco: Neville se había caído de cara al suelo.
-Oh no- dijo Hermione agachándose a revisar a Neville – creo que se desmayó-
- ¿Deberíamos llevarlo a la enfermería? - preguntó Ron alzando las cejas.
-Creo que solo necesita dormir, ayúdame a cargarlo Ron- dijo Harry, y entre los dos lo llevaron escaleras arriba hasta su cama.
Después de dejar a Neville, los tres se sentaron al lado de la chimenea de la sala común. Hermione y Harry no podían parar de temblar a pesar de que no hacía frío.
- ¡¿Qué?! ¡¿El bosque prohibido?! - gritó Ron cuando le dijeron lo que habían estado haciendo.
-Shh, baja la voz. Vas a despertar a todo el castillo- lo regañó Hermione.
-Es bueno ver que estás volviendo a la normalidad- le respondió el pelirrojo con sarcasmo. Estaba a punto de responderle, cosa que seguro terminaría en una discusión, pero Harry los interrumpió.
-Escuchen, es importante- dijo frotándose la cicatriz.
Les contó sobre Firenze que al parecer era más concreto que Ronan. El centauro había insinuado que lo que estaba matando unicornios era ni más ni menos que Lord Voldemort en persona, que apenas se mantenía con vida bebiendo la sangre de estos animales.
-Snape quiere la piedra para Voldemort- concluyó al final – para ayudarlo a revivir-
- ¡No digas su nombre! - pidió Ron aterrorizado, pero Harry lo ignoró.
-Firenze me salvó, pero no debería haberlo hecho. Bane estaba furioso, creen que no deben intervenir en el destino de los humanos- explicó el moreno.
-Bueno, eso explica porque Ronan tampoco quiso decirnos nada- dijo Hermione pensativa.
-Esto es genial, ahora solo tengo que sentarme a esperar que Snape consiga la piedra, así Voldemort podrá acabar conmigo de una vez por todas. Supongo que Bane estará contento- se quejó Harry tirándose del pelo.
-No sé si ahora me preocupan los exámenes finales- dijo Ron, preocupado por su mejor amigo.
Por primera vez desde que había llegado a Hogwarts estaba entendiendo las cosas que había leído en libros sobre la historia de la magia. El mundo mágico era un lugar desconocido para ambos, por lo que quiso darle unas palabras de consuelo, a pesar de que ella estaba igual de aterrada que él.
-Estamos olvidando algo ¿no lo creen? El único mago al que Ya-sabes-quién siempre ha temido es a Dumbledore. Mientras él este aquí no puede tocarte-
Su intento por animarlo funcionó, ya que Harry parecía mucho más tranquilo después de escuchar eso.
Para cuando terminaron de hablar ya estaba amaneciendo. Aun así, los tres se fueron a la cama, dispuestos a ceder unas cuantas horas de la mañana para recuperar el sueño perdido.
