Viendo conferencias de las cruzadas (mira que hobbies los míos) me enteré que la definición de cruzados es más actual, ellos no se referían así. Así que a partir de este punto utilizo cristianos para ellos, trataré de corregir las anteriores, pero el formato de publicación de FF me irrita un poco por lo mucho que me enredan innecesariamente las cosas

Malik odiaba Acre, ahí solo había muerte y destrucción. Los abusos de los hospitalarios ante aquellos que ya sufrían. Había seguido a Altair durante su misión, encontrando satisfacción en la muerte del Maestro de la orden de los caballeros hospitalarios, pero a diferencia suya, Altair no había encontrado paz al ver correr la sangre del hombre.

Lo único que había planeado hacer en el distrito pobre de Acre era revisar que la misión de Altair hubiera sucedido como debería y después hacer su propio asesinato de un cristiano que había matado a inocentes sin que nadie lo supiera. Maria y él habían estado investigando sus movimientos por varias ciudades, esa mañana había recibido un mensaje de ella, que le avisaba que había sido visto en el distrito rico de Acre. Sin embargo, ahora se encontraba siguiendo a un Altair fuera de sí.

Sabía que su encuentro era innecesario, al igual que el anterior en Damasco. Altair no lo necesitaba, si él no era el encargado de la oficina de Jerusalem Altair de igual manera completaría sus misiones y sería mejor persona, nunca había necesitado a Malik, a diferencia de como él lo había necesitado. Así que su encuentro en Damasco fue más el capricho de Malik que del destino: había estado disfrutando los canales que tanto le habían gustado después de acabar con uno de los aliados del mercader Tamir cuando vio a Altair y a pesar de que podía pasar desapercibido fue él quien decidió hablarle. Le sorprendió no encontrar más asesinos siguiendo su pista después de su encuentro, lo que significaba que Altair no habló con nadie de ello, quizá debido a la culpa que sentía por la pérdida de Malik o en agradecimiento por salvarlo.

Vio a Altair saltar de lleno en una pelea cuando escuchó a alguien pedir ayuda, pero podía ver que por su estado de ánimo los siete hombres que lo atacaban le estaban superando en la pelea. Saltó de lo alto de la cornisa al toldo de madera que cubría una de las ventanas bajas. El sonido atrajo la atención de unos cristianos, pero al verlo sentarse no se sintieron amenazados por él.

Altair siempre había dependido de su velocidad para evitar el daño en los duelos, pero según lo había seguido aprendió que últimamente corría a meterse en peleas por cualquiera que solicitara su ayuda. Maria y él ya se habían encontrado en esa situación, pero a diferencia del asesino ambos dominaban la espada lo suficiente para desviar ataques y acabar con los enemigos en un movimiento. Algo que Altair nunca se había molestado en aprender.

—¡Lo estás haciendo mal, novicio! —se atrevió a gritarle cuando su salto hacia atrás le dio suficiente espacio para permitirle una distracción.

—¡Cállate y no me digas que hacer! —lo vio cubrirse, pero en lugar de aprovechar el impulso del enemigo solo se alejó.

—¡Mal! —Altair no podía darse el lujo de voltear a mirarlo, pero por la tensión de los hombros podía ver que lo escuchó.

Lo vio cubrirse de nuevo, estaba dispuesto a ayudarlo solo si estaba en peligro real, pero los atacantes no eran más que novatos, si algún momento tenía la oportunidad de aprender algo ese era el momento.

—Tienes que girar tu muñeca cuando te defiendas y aprovechar para usar su propio impulso contra él —los extranjeros al no entender su idioma encontraron divertido que Malik solo pareciera distraer a Altair.

—¡Cállate! —y a pesar de su reacción notó que intentó seguir su consejo.

Pudo ver como desvió ligeramente la espada.

—Mantente más firme, novicio.

El siguiente bloqueo logro tirar al enemigo, Malik siempre estuvo celoso de lo rápido que era Altair para aprender aunque le quedaba la alegría de que incluso con el tiempo nunca tuvo paciencia para perfeccionar su técnica de espada, por lo que siempre fue superado en eso por Malik.

Notó como la tensión disminuía de su postura.

—Aprovecha su desvío superior para atacar por abajo a su costilla.

Altair fue rápido para obedecer sin decir nada, fallando la primera vez, pero lográndolo con él segundo enemigo.

—También aprovecha para patearlo, novicio —no hubo nuevas quejas, por lo que Malik continuó lanzando consejos que en silencio aceptó.

Quedaban solo tres soldados en pie, cuando notaron que la mejora era debido a los consejos de Malik, por lo que uno se separó para atacarlo. Malik fue rápido para saltar cuando la madera bajo él cedió por el golpe que dio el hombre en la columna. Con facilidad cayó sobre él, clavando la hoja oculta en su yugular.

—¡Malik! —Altair se acercó corriendo mientras buscaba en los bolsillos del hombre asesinado, notó como la mirada iba de arriba abajo, tal vez en busca de heridas, pero al estar frente a él compuso su gesto— ¿Ahora robas a tus víctimas?

Le dio una mala cara, valiente para hablar cuando él solía buscar también armas y suministros en los bolsillos de sus víctimas.

—Me parece justo que el pague por los daños que ha causado —comentó lanzando al aire y volviendo a atrapar la bolsa de dinero que sacó del hombre. La mujer agradeció la ayuda, prometiendo que diría a sus hermanos de eso. Malik colocó el dinero en sus manos, pidiéndole que se asegurara de que el dinero llegara al dueño de la casa que había dañado.

—Acre está tan mal que realmente no importa más daño —comentó Altair cuando se alejaron.

—Eso no me da derecho a empeorar las cosas.

—No es…

Altair se calló cuando escucharon gritos de los guardias que descubrieron los cadáveres.

—A prisa, novicio.

Malik corrió al edificio, mientras Altair le pisaba los talones, comenzó a escalar a prisas por la pared, intentando superar a Malik, no le pasó desapercibido como favorecía su brazo derecho, evitando presionar aquel del castigo. Lanzaron piedras cuando ya colgaban a la cornisa del edificio, logrando golpear una en la cabeza del asesino, Malik lo sujetó con su brazo izquierdo, evitando que cayera. Sin soltar su mano se apuró a correr, soltándolo solo cuando saltó a otro edificio.

Saltaron y escalaron por las ruinas, perdiendo a los guardias a la distancia, al mirar a Altair de reojo el asesino lucía divertido con la persecución, por lo que Malik se apuró para intentar dejarlo atrás, al pie de la pared derruida había una pila de paja, sonrió con burla a Altair dando un saltó de fe sin detenerse, cuando cayó de espalda logró ver que su compañero ya se preparaba a saltar.

—No, no, idiota, busca otro escondite —no se atrevió a gritar por temor a que lo oyeran, pero Altair ignoró sus señas, haciendo el salto apenas le dio tiempo de rodar para evitar que cayera sobre él.

—Eres un idiota —comentó cuando lo sintió jalarlo del brazo para enterrarlos a ambos en la paja, juró que el ruido que escuchó fue la risa ahogada de Altair.

Fue consciente de que la mano de su brazo no se apartó mientras esperaban que los guardias se alejaran, la cómoda calidez del cuerpo apretado a su costado lo hizo estremecerse. Maldijo mentalmente sus sentimientos románticos a Altair; no podía asegurar cuanto tiempo duraron, pero había esperado poder mantenerlos bajo control como se había calmado el odio por la muerte de Kadar. En sus recuerdos sabía que el perdón había llegado en su segunda misión a Jerusalem, ya que entendió que sin la fe ciega en Al Mualin Altair había crecido como persona a pasos agigantados. Actualmente había tenido dos encuentros con él, contando ese día que lo había seguido por horas, Altair había cambiado, aún su orgullo era demasiado pero no dudaba en ayudar a quien lo pedía a pesar de que eso no siguiera su misión. Sus seis meses de recuperación le habían dado tiempo para pensar, o quizá había cambiado desde un principio y Malik había estado tan ciego por el odio que no se permitió notarlo.

Ambos salieron de la paja cuando se aseguraron que nadie los buscaba. Malik sacudió su cabello antes de poner la capucha.

—Por eso debes mantener la capucha puesta en lo saltos.

—A diferencia tuya, novicio —Malik señaló su propio rostro— tengo una cara que vale la pena mostrar al mundo.

Lo escuchó soltar un resoplido, en lugar de preguntarse si era por diversión o burla saltó a la pared, escalando hasta llegar al techo.

—¡Malik! —Al mirar abajo pudo ver la sonrisa burlona de Altair, mostrando la bolsa que Malik solía traer en la cadera, llevó su mano al lugar donde solía estar, a pesar de saber que no encontraría nada. No pudo evitar reír ante su descuido, había bajado la guardia, de no haber sido porque sabía que era debido a la distracción que había sido el cuerpo cálido contra el suyo, se había molestado con sus habilidades.

—¡Felicidades! —se sentó en la cornisa— Al menos muestra la cortesía de darme la mitad.

—¿Qué? —lo vio apurarse a abrir la bolsa, sacando una naranja, hizo el gesto de tirarla al suelo, pero se detuvo, pensándolo mejor, especialmente en Acre ese fruto era una posesión muy valiosa, por lo que la lanzó contra Malik, que la atrapó con facilidad.

Comenzó a pelarla mientras Altair subía con lentitud. Lo vio sentarse a su lado, si estiraba su mano podía clavar su hoja oculta entre las costillas, esa parte del joven que lo odiaba lo encontró tentador, él, por su parte, solo ofreció la mitad de su naranja.

Apartó su capucha, algo que ni siquiera se permitía hacer en la oficina o Masyaf. Lucía cansado y las bolsas bajo sus ojos mostraban las noches sin dormir. Lo vio llevar un gajo a la boca, mirando a la distancia.

—¿Tienes molestias en tu brazo izquierdo? —lo notó tensarse, pero al soltar un suspiro lució resignado.

—No, pero el recuerdo del dolor me hace evitarlo inconscientemente. ¿Cómo no pasas por eso? Escalas con más habilidad de la que mostrabas antes.

El estilo de escalada de Ezio era más ligero que el de los asesino actuales, Malik lo había observado por horas hasta notar los ligeros cambios que le daban impulso, logrando replicarlos después de repetidos intentos, Altair siempre había sido mejor que cualquiera para escalar, pero las lecciones del italiano lo había ayudado a llegar a su nivel.

—He tenido tiempo de practicar sin tus distracciones.

—Mmm —el sonido no reveló que era lo que pensaba, Altair sabía ser inaccesible cuando lo deseaba.

Malik masticó con lentitud el gajo de su naranja, disfrutando el sabor. Había ido especialmente a verlo por lo que había ocultado el fruto del Edén en un lugar seguro antes de correr a su encuentro, el tiempo le había enseñado a nunca subestimar a Altair. Volteó a ver al asesino cuando sintió su mirada en él. Sus ojos estaban clavados en las vendas, por su gesto daba la impresión de que pudiera ver las cicatrices en su brazo.

—¿Novicio?

—¿Quién cuida de ti?

Malik rio, se puso de pie, sacudiendo de su ropa oscura la tierra de las ruinas.

—Hay cosas que debo hacer, novicio, y el camino a Jerusalem es largo, por lo que deberías partir ya.

El rostro de sorpresa por saber su destino no pasó desapercibido antes de que comenzara a correr y lo dejara atrás.