Revelacion

Junto con el calor del verano llegaron los temidos exámenes finales.

A pesar de que se había quemado las pestañas estudiando, Hermione estaba tan nerviosa que le sudaban las manos todo el tiempo.

Primero estaban los exámenes teóricos, en los que contaban con una hora para resolver y desarrollar la lista de problemas que se les planteaban en la hoja. Para esto tenían que usar unas plumas especiales anti-trampas, que la mismísima profesora McGonagall se había encargado de hechizar. Hermione pensó que no existiría alguien tan tonto como para intentar copiar con semejante disuasivo, pero se dio cuenta de su error cuando Millicent Bullstrode apareció con una mano negra después de que la pluma le explote entre los dedos.

Si lograban pasar sus exámenes teóricos, los profesores de las diferentes asignaturas los hacían rendir un examen práctico complementario, en el que por lo general se les pedía que realicen alguna gracia relacionada con la materia. Por ejemplo, el profesor Flitwick les pidió que encanten una piña para que baile sobre el escritorio y McGonagall los hacía transformar ratones en cajas de rapé: cuanto más bonita y detallada era la caja, mejor nota tenías, mientras que las cajas con bigotes eran reprobadas.

Cuando terminaron su último examen, que era sobre Historia de la Magia, Harry, Ron y Hermione se reunieron en el lago negro a tomar un poco de sol aprovechando el buen clima.

Normalmente Hermione se pondría a verificar sus respuestas con los libros después de cada examen, pero en este caso estaba tan confiada que decidió no hacerlo –Percy me había dicho que los exámenes finales en Hogwarts eran temibles, pero a mí me parecieron amenos – dijo Hermione estirando sus piernas entumecidas – si lo hubiera sabido no habría estudiado el levantamiento de Elfrico el Vehemente-

-No hables por los demás- dijo Ron malhumorado.

- ¿Cómo les fue a ustedes? - preguntó preocupada por la actitud del pelirrojo. Ron había estado estudiando muchas horas, y le sorprendía lo negativo que sonaba.

-Creo que no me fue mal, pero prefiero relajarme y dejar de pensar en exámenes, aunque sea hasta que nos den las notas la semana próxima-

- ¿Y a ti Harry? -

Al notar que no respondía ambos voltearon a verlo. Se estaba frotando con fuerza la cicatriz de la frente, como si pudiera borrarla con sus manos.

- ¿Todavía te duele? - preguntó Ron – todas las noches se despierta por el dolor, creí que era por los nervios de los exámenes, pero ya no hay excusa- le explicó a una confundida Hermione.

-Me molesta desde que estuvimos en el bosque, ya me ha pasado antes. Es como una especie de advertencia, significa peligro- les dijo Harry.

Hermione, que no estaba muy convencida, le rebatió - Deberías ir a la enfermería, los dolores causados por maldiciones pueden ser peligrosos -

-No voy a ir a la enfermería, algo malo esta por pasar. Lo sé, lo presiento - discutió el moreno.

-Hermione tiene razón- dijo Ron para sorpresa de ambos- mientras Dumbledore esté aquí estamos seguros. Además, Snape nunca podría pasar a través de Fluffy sin la ayuda de Hagrid, casi le arranca una pierna ¿o ya lo olvidaron? -

-Si lo sé, Hagrid nunca traicionaría a Dumbledore, pero aun así hay algo que me molesta - insistió el moreno.

De repente Harry dio un salto, estaba pálido y algunas gotitas de sudor bajaban por su frente -No puede ser- dijo angustiado.

- ¿Te duele mucho? - le preguntó Hermione - ¿Quieres que llame a algún profesor? -

-Vamos a ver a Hagrid- dijo Harry y se dio media vuelta empezando a caminar hacia los terrenos. Ron y Hermione lo siguieron sin saber muy bien por qué.

- ¿Hagrid? Creo que Madame Pomfrey sería más adecuada...- opinó Ron confundido.

-No es por la cicatriz, es por Norberto ¿Recuerdan que les conté que Hagrid siempre quiso un dragón? ¿No es extraño? No hay mucha gente por ahí cargando huevos de dragón ilegales por la calle. Que suerte que tuvo ¿No? -

Aunque no habían dejado de caminar Hermione sintió que la sangre estaba abandonando sus extremidades - Fue planeado...- respondió.

- ¡Apresurémonos! - gritó Ron y los tres salieron corriendo.

Se encontraron a Hagrid a medio camino entre el castillo y el bosque, estaba arreglando unos arbustos que habían sido aplastados por un alumno de tercero que se había caído de la escoba el día anterior.

-¡Hola!- los saludó el gigante con una sonrisa- ¿Cómo van esos exámenes? ¿Ya terminaron?-

-Tenemos una pregunta- dijo Harry con urgencia- ¿Te acuerdas como se veía el desconocido la noche que ganaste a Norberto?-

-No recuerdo mucho porque estuvimos bebiendo, pero de todas formas no podría saberlo porque nunca se quitó la capa- dijo haciendo un ademán desinteresado.

Los tres abrieron mucho los ojos y se miraron entre sí.

- ¿Y ahora que mosca les pico? Son unos niños muy raros- protestó Hagrid perdiendo su buen humor.

- ¿De qué hablaron? - preguntó Hermione preocupada.

-Ya les dije que no recuerdo mucho, creo que hablamos sobre nuestros trabajos... ehm, sí. Le mencioné que era el guardabosques en Hogwarts y... también mencioné que me gustaban los dragones. Estaba preocupado de darme el huevo, pero le dije que después de tener a Fluffy un dragón no sería un problema y...-

-¡¿Estaba interesado en Fluffy?!- jadeó Harry.

-Bueno, lo normal. Ya saben, tiene tres cabezas- dijo Hagrid como si fuera una obviedad- además solo fue un pequeño comentario. Fluffy es muy manso cuando sabes cómo controlarlo, solo tocas un poco de música y se quedará dormido- terminó orgulloso.

Ni bien terminaron de escuchar eso salieron corriendo a toda velocidad dejando al gigante solo y confundido. Solo se detuvieron cuando llegaron al castillo, pensándolo bien no sabían exactamente hacia donde estaban yendo, solo seguían a Harry.

- ¿Dónde está el despacho de Dumbledore? - preguntó Harry agitado.

Ron y Hermione se miraron entre sí y negaron con la cabeza. Ninguno sabía dónde estaba el despacho del director.

-Vamos por McGonagall- dijo Hermione.

Harry estuvo de acuerdo y aunque Ron puso mala cara los tres fueron corriendo al aula de transformaciones.

McGonagall se levantó de su asiento sobresaltada cuando entraron corriendo.

-¡Alto! ¿Dónde van tan apurados? No deberían estar corriendo por los pasillos-

-Profesora es urgente, necesitamos hablar con Dumbledore- dijo Harry agitado.

-¿Por qué motivo?- preguntó la bruja alzando las cejas.

Hubo un segundo de silencio en el que no supieron que responder. ¿Debían sincerarse o era mejor esperar al director?

-Es importante- insistió Harry.

La profesora hizo una mueca enfadada y respondió- Bueno, no sé cuáles serán sus motivos secretos y urgentes, pero el profesor Dumbledore no se encuentra en Hogwarts. Recibió una lechuza del ministro de magia está mañana solicitando su presencia-

La mente de Hermione trabajaba a mil por hora. Hagrid y el extraño, la carta del ministro, la caída de Quirrell, eran demasiadas coincidencias -Por Merlín esto no puede estar pasando-

Seguramente su cara reflejaba el terror que estaba sintiendo porque la profesora pareció preocuparse. Harry y Ron se veían igual de asustados que ella.

-¿Se puede saber que les pasa? Están actuando como locos- dijo McGonagall.

Harry parecía estar dudando sobre que responder, así que Hermione lo interrumpió antes de que se le ocurra alguna tonta excusa- Sabemos lo de la piedra Filosofal y creemos que alguien quiere robarla-

Harry y Ron le pusieron mala cara pero ella los ignoró. La profesora McGonagall podía ser estricta pero era de fiar.

La cara de la mujer era un poema, abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua pero no salían palabras de su boca. -¿Cómo...? ¿Cómo es que ustedes...?- tartamudeo McGonagall. Se sacó los lentes y apretó el puente de su nariz por unos segundos antes de recomponerse - No sé cómo averiguaron eso, pero será mejor que lo olviden. La piedra está protegida y Dumbledore volverá mañana a primera hora- dijo severa.

-Pero profesora...-

-Es suficiente Potter. Salgan a disfrutar del sol con el resto de los alumnos- dijo arrastrándolos fuera del aula.

Aprovechando que la torre estaba desierta se encerraron toda la tarde en la sala común para discutir lo que debían hacer.

-Sera está noche ¿Cierto?- preguntó Ron desanimado.

-Estoy seguro. Apuesto que el ministro de magia se llevará una sorpresa cuando vea llegar a Dumbledore- aseguró Harry.

-¿Que creen que pase si Ya-saben-quien consigue la piedra?- dijo Hermione bajito.

El silencio en la sala fue absoluto, aunque hacía buen clima Hermione sentía que el frío le calaba los huesos.

-Probablemente no haya una escuela a la que podamos volver el próximo año- dijo Harry empeorando el ambiente.

Hay verdades difíciles de escuchar y lo que había dicho Harry era una verdad tan grande como una casa.

-Tenemos que detenerlo- dijo el moreno envalentonado.

-¿Y que vamos a hacer? ¿Lanzarle chispas a los ojos? Somos unos patéticos alumnos de primero- dijo Ron mientras se revolvía el pelo al mejor estilo Potter.

-Es mejor morir intentándolo que esperar sentados a que venga a matarnos de todas formas- insistió Harry.

-Necesito un momento- dijo Hermione antes de levantarse e ir a su habitación.

No sé molestó en trabar la puerta, sabía que nadie vendría a molestarla.

Necesitaba tiempo para pensar a solas. Esperaba que Harry y Ron no se hayan tomado a mal su huida, pero la situación la estaba abrumando y no supo cómo reaccionar de otro modo.

Se sentó en la cama apretando sus manos con fuerza en un intento de que dejen de temblar. Pero el problema no eran sus manos, todo su cuerpo se convulsionaba por el terror de lo que estaba a punto de pasar.

Había estado en peligro otras veces antes, como en el accidente del troll, con Fluffy y en el bosque prohibido, pero ninguna de esas veces había sido por elección propia, no había tenido opción.

Ahora eran ellos los que estaban eligiendo afrontar la muerte con dignidad, porque siendo sinceros eran tres niños contra el mago tenebroso más peligroso de todos los tiempos y Snape, su seguidor, un basto conocedor de magia oscura avanzada. No iba a engañarse pensando que tenían posibilidades contra él, necesitaban un milagro.

Aún así Harry tenía un punto, si Voldemort lograba resucitar, el destino no solo de ellos tres si no de todo el mundo mágico era inevitable.

Pero ¿Realmente ella pertenecía solo al mundo mágico?

Pensó en sus padres, en lo que sentirían si ella sufría algún daño. Si iba en búsqueda de la piedra estaría yendo en contra de todo lo que le habían inculcado "cuídate mucho cariño" le había dicho su madre en cada una de sus cartas. Estaba a punto de ponerse a llorar, era una pésima hija, mentirosa y manipuladora.

Por un momento se le pasó por la cabeza una idea loca ¿Que pasaría si abandono la vida mágica? Podria volver a la normalidad, a vivir con su familia, todos actuarían como si nada hubiera pasado.

Los chicos no tenían elección. Harry había estado metido en esta trama desde antes de su nacimiento y Ron descendía de generaciones de familia mágica, no tenían otra opción. Pero ella la tenía, podía olvidarlo todo.

Rebuscó en su baúl hasta que encontró la caja de terciopelo rojo, saco la pluma de su interior y se puso a escribir.

Más que una carta era un testamento, una despedida para sus padres. Se sinceró sobre todas las mentiras que les había contado durante el año, sobre sus sentimientos y sus miedo y a medida que se acercaba al final su mente se iba esclareciendo.

-"Lamento haberles mentido, pero si estuviera en la misma situación volvería a hacerlo todo otra vez. Los quiero con todo mí corazón, espero que podamos volver a vernos. Su agradecida hija Hermione Granger"-

Metió el papel en un sobre, y el sobre dentro de la caja con la pluma. No iba a enviarla, pero, si algo pasaba, tarde o temprano sus padres encontrarían la nota en sus pertenencias.

Su corazón había elegido el bando al que pertenecía, protegería a su escuela y a sus amigos a cualquier costo.

Metió la caja roja en lo más profundo de su baúl y se prometió nunca volver a tocarla. Esa pluma pertenecía a una Hermione que ya no existía y se quedaría enterrada en ese lugar junto a ella para siempre.

Se refrescó la cara como pudo para quitarse lo rojo, se obligó a sonreír y salió de la habitación como si nada hubiera pasado -Muy bien, escuchen. Este es el plan -