A pesar de que había derrotado al esclavista sus guardias seguían causando caos por la ciudad, así que pospuso la partida. Aunque si era sincero se debía también en gran parte a que esperaba ver a Malik.
No debería conocer su destino, ya que incluso Altair lo ignoraba antes de que lo enviaran a él. Había intentado atraparlo en su último encuentro, pero el pelinegro había aprovechado la mínima ventaja que tuvo al levantarse y, para su propia sorpresa, no había sido capaz de darle alcance, intentó encontrarlo por algunas horas, pero sabía que el Rafiq esperaba noticias suyas acerca del asesinato, por lo que tuvo que abandonar la búsqueda.
Una vez más, sin poder explicarlo, se encontró sin mencionar palabra de Malik ante Al Mualim.
Esta vez lo estaba buscando, por lo que cuando vio la túnica negra en lo alto del edificio no fue notado, Malik miraba hacia abajo, saltó sobre dos de los guardias de Talal, sin arma en su mano, sin embargo, ambos hombres cayeron. Malik movió ambas muñecas, el movimiento de guardar hojas ocultas, pero era innecesario en la mano derecha, donde todos sus dedos demostraban que no llevaba una. Lo vio dar un paso atrás, perdiéndose entre los edificios. Altair corrió tras él, siguiendo sus pasos entre la gente.
Traía la capucha abajo, pero se había acostumbrado tanto al nuevo peinado de Malik que le fue fácil seguirlo, al verlo dar la vuelta en un callejón corrió a seguirlo, fácilmente podía usar las estrechas paredes para subir al techo y ahí perderlo. Pero no había subido, se dio cuenta cuando lo sujetó con fuerza, estrellándolo contra la pared.
—¿Altair? ¿No deberías de estar rumbo a Masyaf? —había caído en una trampa como un novato, todo debido a la necesidad de ver a Malik, pero el hombre lucía confundido por su presencia, lo que no tenía sentido, ya que sabía que vendría a Jerusalem.
—Tienes una segunda hoja oculta —el golpe lo había atontado un poco, pero de hecho la mano con la que lo amenazaba era la derecha, donde la hoja oculta activada no debería estar.
—¿Qué haces aquí, Altair? Talal está muerto, deberías estar camino a Masyaf.
—¿Cómo sabes de mis objetivos?
—Si no puedes adivinarlo por tu cuenta no es algo que valga la pena decirte —Malik estaba tan cerca que podía sentir su respiración en su rostro, podía notar que había estado comiendo mandarinas antes de la misión.
—Espero que hayas guardado alguna mandarina para mí —eso hizo que diera un paso atrás, alejándose de él, seguía luciendo molesto.
—Consigue tú mismo tus malditas frutas.
Ese comentario hizo sonreír a Altair, que se atrevió a quitarse la capucha de nuevo. Malik y él hacían un buen contraste, sus negros y blancos, así como la diferencia entre sus tonos de piel y cabello.
—¿Qué haces tú aquí?
—Tu Rafiq no envió a los asesinos a acabar con los hombres de Talal, fue descuidado, era el momento de acabar con ellos, no hubiera logrado que desaparecieran, pero sin el esclavista hubiera evitado que se organizaran de nuevo.
Comenzó a seguirlo cuando empezó a caminar de nuevo a la calle.
—¿Es lo que hubieras hecho?
—¿Disculpa?
—Me he enterado de que ibas a ser nombrado Dai —lo vio voltear a mirar las vendas en su brazo, entendió donde había quedado la túnica perdida—, al parecer Jerusalem era el lugar a donde te hubieran enviado.
Malik no volteó a verlo, pero su suspiro fue audible y había melancolía en su voz cuando respondió.
—Lo habría hecho.
Continuó siguiéndolo en silencio. Malik nunca había mostrado desdén a la orden y por su reacción podía decir que añoraba el título que recibió, había confiado en Al Mualim, lo respetaba y veneraba en partes iguales; con lo que sabía de Malik él era el menos calificado para ser un traidor y, sin embargo, aquí estaban. ¿Qué había descubierto del fruto del Edén? ¿Por qué no desaparecer desde el templo de Salomón? Si nunca hubiera aparecido en Masyaf lo hubieran dado por muerto y pudiera haberse quedado con el fruto sin consecuencias.
—¿Lo hiciste para afectarme?
—¿A qué te refieres? —se detuvo justo después de preguntar, tomando a Altair del brazo lo hizo sentarse en un banco, mientras uno de los guardias pasaba.
—Podías haber huido desde el templo de Salomón, pero decidiste ir a Masyaf, llevando el fruto contigo.
—Wow, por favor, no ocultes así tu egocentrismo —la ironía de su tono lo molestó, pero era cierto, si Malik hubiera querido el fruto desde el principio no hubiera arriesgado tanto por él.
—A menos de que haya pasado algo cuando lo ibas a entregar… —pero ahora que lo pensaba, pasó, el gesto de odio de Malik había desaparecido y no lo había vuelto a mirarlo ¿Había visto algo en él? Además del odio sin sentido en el maestro, ese desprecio que mostraba siempre por él.
Malik se puso en pie sin responder, dos guardias de Talal caminaban frente a él, Altair iba a apresurarse a ofrecer su ayuda para matar al segundo, pero antes de hacerlo Malik había clavado sus dos hojas, al dar la media vuelta casi choca con Altair, pero con ayuda de los rápidos reflejos de ambos evitaron la colisión, aun así recibió una mala mirada. Por algún motivo su presencia ese día no era tan bienvenida como en sus encuentros anteriores.
Ambos se alejaron en silencio, antes incluso de que los hombres cayeran, estaban a suficiente distancia cuando oyeron un grito de alarma.
—Una segunda hoja resulta muy útil —cambió de tema para aligerar el ambiente.
—Puedes pedirle una segunda a tu mentor cuando vuelvas a Masyaf —ahí de nuevo, el desprecio por Al Mualim.
—Perder un segundo dedo podría afectar mi habilidad con la espada.
—No es que destaques en eso —esta vez fue lo suficiente sensato para aplacar su respuesta.
—Agradezco tus consejos de nuestro último encuentro —Malik volteó a verlo sorprendido, como si fuera la primera vez que oyera palabras de agradecimiento viniendo de él, Altair sintió amargura por sí mismo, lo más seguro es que ese fuera el caso.
—Espero que hayas practicado.
—¡Lo he hecho! Incluso me pidieron que mostrara en Masyaf.
Malik sonrió, sacudiendo su cabeza como si se encontrara sorprendido de sus palabras.
—El día en que el Águila de Masyaf se digna a mirar a los simples humanos a sus pies.
No se sintió ofendido debido al tono alegre del hombre al decir esas palabras. Lo vio mirar al cielo, un halcón volaba en círculos sobre ellos, escuchó un "ahí estás" antes de correr a escalar una pared. Altair se apuró a seguir su paso, no dando oportunidad a perderlo de nuevo.
El halcón se posó en el brazo vendado de Malik, que se apuró a tomar una notada atada a su pata, el ave se inclinó a él, permitiéndole acariciar su pecho.
—Lo siento, habibi, me temo que no tengo nada para ti, estoy seguro que Maria te dará algo al volver.
Lo vio sacar una nota de la bolsa de sus cuchillas y atarla a la pata, antes de mandarlo a volar. Altair tuvo un segundo de realización al darse cuenta de lo celoso que se sintió de la dulzura con la que Malik habló al halcón, antes de dejar de lado ese pensamiento.
—¿Quién es Maria?
Malik lo ignoró a favor de leer la carta.
—Como pensé —volteó con Altair—los esclavos siguen llegando a Acre, es necesario acabar con los hombres de Talal, necesitamos segar a los líderes, de esa manera detendremos su comercio. Vas a tener que hacerte útil, novicio.
Lo vio sacar un mapa, lucía ligeramente distinto del último que había visto de la ciudad, más detalles sobre las calles, quien quiera que lo hubiera hecho tenía talento para eso. Sin preocuparse por el mapa Malik lo rompió a la mitad enarcando una ceja ante el gesto de Altair de detenerlo. Cuando Altair no dijo nada hizo unas marcas, rodeando ciertas calles.
—Podrás encontrarlos en esos lugares, sé que no ocupas que te diga quienes son.
—Los encontraré —señaló un área en el fragmento del mapa que Malik se quedó—, maté uno de ellos aquí antes de encontrarnos.
—Eso sigue haciendo tres más sobre mí —sonrió Malik.
Altair correspondió la sonrisa, claramente un reto. Cuando lo vio dar media vuelta sujetó su brazo.
—¿Nos veremos?
—No creo que tengas tiempo para otro encuentro hoy, deberías de estar en camino desde ayer.
No pudo evitar un resoplido, era su tiempo para gastar.
—Malik —insistió y él dejó caer los hombros.
—Bien, aquí —señaló el mapa de Altair—, junto a la fuente.
Altair no había soltado su brazo.
—¿Lo prometes?
—¿Qué tenemos? ¿cinco?
—Malik, por favor, esperaré hasta que llegues —si tanto interés tenía en que abandonara Jersusalem Altair estaba dispuesto a pasar días ahí de ser necesario.
—Bien, bien —claramente entendió su amenaza—, lo prometo, estaré ahí.
Apartó su mano y ambos se cubrieron con la capucha, corriendo cada uno para su parte de la ciudad.
…
Cuando Altair volvió Malik lavaba algo en la fuente, al notar que se trataba de sus vendas corrió a alcanzarlo.
—¿Estás herido? —preguntó notando como la alarma se transmitía en su voz, Malik solo pareció extrañado por un segundo antes de restarle importancia.
—Cómo si fueran capaces de dañarme, se ha manchado de sangre, no quiero que apeste.
Por primera vez Altair podía ver lo que pasó debido a su causa. Las cicatrices lucían terribles, podía entender porque Malik las cubría, llamarían la atención tanto como la falta de un brazo ¿Cuánto tiempo habría estado inconsciente durante ese procedimiento?
—¿Hay alguna razón por la que deseas que me exponga de esta manera?
Y era verdad, estaba siendo descuidado, Malik seguía buscado por la orden, la piel al descubierto de sus brazos demostraba el poco tiempo que pasaba al sol, claramente solo moviéndose durante las noches. Pero había tantas preguntas para las que no tenía respuesta que necesitaba saber, pero la verdad era que solo había una razón por la que quería volver a verlo.
—Solo quería ver que estarías bien.
Malik exprimía sus vendas pareció congelarse con sus palabras, se aclaró la garganta, antes de seguir con su tarea.
—Me ofendes —respondió por fin, pero no había emoción en sus palabras.
—Permíteme ayudarte —pidió al ver que comenzaba a cubrir su brazo con la venda—, mientras más pronto termines más pronto te desharás de mí.
Dudó, pero terminó asintiendo.
—¿Modificaste la hoja oculta?
—Alguien lo había hecho, solo seguí sus instrucciones —había admiración y dulzura en sus palabras que el nombre de Maria volvió a su memoria ¿alguien que Malik amaba?
Y de nuevo ese viejo sentimiento de celos, como cuando eran niños y Kadar comenzó su entrenamiento con los asesinos, quitándole la atención exclusiva que tenía de Malik. Tal vez había sido en ese momento cuando su amistad comenzó a deteriorarse, Altair se había esforzado cada vez más en humillar las habilidades de Malik para que éste solo se centrara en superarlo, en él.
—Aunque seas un traidor, no deberías revelar los secretos de los asesinos.
—¿Y entonces por qué no cortas la cabeza de este traidor? —jaló su mano, apartándola de Alatir, dejándolo sin terminar su trabajo— Guarda tus consejos para ti, novicio.
Y se alejó corriendo.
Altair se agachó, ocultando su cabeza entre sus brazos, de nuevo hacía lo mismo, alejar a Malik debido a sus celos. Pero era cierto, las instrucciones de Al Mualim eran matar a Malik en el acto, había preguntado cómo conseguirían el fruto si no lo traía en él, pero Al Mualim aseguró que lo tendría, por lo que no deberían de dar ni una advertencia.
No podía decir que en su segundo encuentro Malik no había tenido el fruto con él, y sabía que al volver a Masyaf no mencionaría este nuevo encuentro. ¿No lo hacía eso también un traidor? Al menos parecía que Malik tenía un motivo tras sus acciones, mientras que la única razón de Altair era que no quería verlo morir.
