Maria vuelve solo por un cameo. En honor al juego me decidí a tomar un diccionario y meter algunas palabras sueltas del idioma de los protagonistas (sigo teniendo pegado el malaka de AC Oddyssey)
—Malik.
—¿Mmm? —ni siquiera volteó a verla, mientras seguía dibujando su mapa.
—¿Estás seguro que no necesitas algo más?
Por fin apartó su vista de mapa, volteando con ella.
—No, gracias, Maria, has hecho demasiado. Perdón por haberte llamado, sé que tienes cosas que hacer por tu cuenta.
—Sabes que vendré siempre que me llames ¿cierto?
—Y te lo agradezco, ujt.
Maria suspiró, agachándose dio un beso en la sien de Malik.
—A veces te empeñas en hacer que te odie, al menos pude verte con una ropa distinta, nos vemos luego.
Malik la miró partir, dio un vistazo a su túnica negra con adornos en hilos de oro. Perfecta para infiltrarse en el palacio del rey mercader. Vería a Altair de nuevo y eso lo tenía aún más nervioso. Debería dejar que las cosas siguieran como estaban dispuestas, pero quería cambiar esto, no quería ser el responsable de tanta muerte sin sentido.
Sabía que Altair seguía haciendo su investigación, aún faltaba tiempo para que la fiesta iniciara, tomó el fruto del Edén, yendo a acostarse sobre las almohadas que había dispuesto en el suelo. Maria siempre se burlaba por hacer eso en cualquier lugar al que iba, pero sabía que si Altair lo viera reconocería su lugar de descanso en cada oficina de los asesinos. Cerró los ojos antes de apretar sus manos en el metal frío, suspiró de nuevo y dejó que el recuerdo lo atrapara.
—¿Estás bien, amico mio? —vio el rostro asomarse ante él
—Leo —era la voz de Ezio, porque Malik solo podía depender de los recuerdos para tener contacto con ese hombre, ponerse en el lugar del asesino e inventar respuestas que hubiera dado a las palabras de Da Vinci que no eran para él.
Movió su mano, acariciando los mechones rubios que se derramaban junto a su cara, lo que hizo sonreír a Leonardo, logrando que sus ojos se iluminaran.
—Parece que te has llevado un golpe más fuerte de lo que creías —los delgados dedos del pintor acariciaron con suavidad entre el cabello de Ezio—, para suerte tuya, tu cabeza de piedra parece haber salvado todo el daño.
Malik había llegado a ese recuerdo al seguir los de Leonardo, al descubrirlo lo buscó con desesperación en los de Ezio, teniendo así la perspectiva más cercana del hombre.
—Tienes galaxias en tu rostro —comentó Ezio, complicándosele enfocarse debido al dolor. Pero a diferencia suya el dolor no era nada para Malik, por lo que no lo distrajo de las mejillas sonrosadas del Leonardo.
—Descansa, Ezio —vio dolor en los ojos de Leonardo—, antes de que digas algo de lo que mi corazón no vaya a poder recuperarse.
El cabello rubio escapó de sus dedos.
—Hubbi— murmuró Malik antes de que el recuerdo terminara.
Abrió sus ojos, encontrando el techo de la casa de Damasco, oyendo a las personas hablar en el exterior en su mismo idioma, Amore mio, sabía que eran palabras que Leonardo entendería, aquellas que había dicho en su recuerdo cuando se alejó de Ezio. Algo que podía entender del hombre, amar a alguien que nunca lo vería de la misma manera.
—Habibi dyali.
Y en esa ocasión no estaba pensando en Leonardo.
…
Malik vio a su amigo acercarse a la fuente, por lo que dio un paso sujetándolo del brazo.
—Concéntrate en tu misión, novicio.
Incluso cuando Altair se volvió el Mentor el apodo se había quedado con él, volviéndose más una manera de cariñosa de tratarse entre ellos.
—Malik —y Altair parecía aliviado de hablar con él, como si temiera que nunca volverían a verse—, sobre la última vez…
—Hablaremos luego —le interrumpió— tienes algo que hacer.
Altair dio una última mirada antes de asentir. Escucharon el discurso, lo que el asesino aprovechó para buscar la manera de llegar a Abu'l y librarse de los guardias. Malik sintió odio por el hombre y sus palabras, él no era el único diferente, pero no cualquiera haría una carnicería solo por eso. Se había prometido no interferir más de lo que lo había hecho, estaba arriesgándose ya lo suficiente. Y aun así…
Tocó solo con la punta de los dedos la espalda de Altair, a pesar de estar atento en el asesinato no había dejado de poner atención a Malik, ya que el toque no lo puso en alerta.
—Yo me encargaré de los guardias, ve tras él.
Las personas comenzaron a caer a su alrededor, el rey Mercader dio la orden a los guardias de atacar, Malik presionó los dedos contra la espalda de Altair para hacerlo avanzar.
—Nos veremos… de nuevo.
Abu'l Nuqoud escapó de Altair, siendo perseguido por el asesino. Una vez que ambos desaparecieron Malik por fin aflojó el agarre del fruto del Edén, que había estado cubierto con la manga larga de su túnica, los cadáveres a su alrededor, así como los guardias que atacaban desaparecieron. Había sacado todo de los recuerdos de Altair, tal como sucedió sin él ahí, un engaño tanto para el rey Mercader como Altair. Notó que el fruto estaba manchado de sangre, por lo que lo frotó en su túnica antes de guardarlo. Subió por la fuente, para llegar al segundo piso, había visto una palangana con agua en la habitación superior. No le importó pisar la sangre ni las huellas que marcaron su camino, tampoco sintió la necesidad de mirar los cadáveres de los guardias dejados en una esquina.
Había salvado a todos los invitados a la fiesta y, sin embargo, se sentía culpable por haber violado los recuerdos de Altair de esa manera. Había entrado en algo que no debería permitirse, era diferente a los demás usuarios del Fruto del Edén, ya que para ellos él también era un simple recuerdo. Pero Altair era real y su amigo, lo que había hecho estaba mal y no tenía manera de disculparse por ello.
…
—¡¿Estas bien?! —Altair ni siquiera espero a llegar a su lado para preguntar.
Malik se había deshecho de la túnica de la fiesta y vuelto a sus ropas oscuras acostumbradas, Altair lo encontró mientras acomodaba el pañuelo en su cuello para usarlo como capucha. Saltó los postes de madera hasta llegar a su lado, levantó sus manos como si quisiera tocarlo, pero dio un paso atrás permitiéndole su espacio.
—Insisto, ofendes mis habilidades. Felicidades por encontrarme.
—¿Creías que no entendería a que te referías? —le sonrió, luciendo más tranquilo.
Ambos se sentaron en el muelle, el atardecer comenzaba a dar paso a la noche.
—¿Te reportaste ante Rafiq?
—De ahí vengo ¿no preguntarás si el asesinato salió bien?
—Eres rápido para aprender de tus errores, por supuesto que el asesinato salió bien —y se sorprendió de notar a Altair avergonzado y feliz de su cumplido, por lo que agregó—. Aun así sigues siendo un novicio. El hecho de que esperes alabanzas por cumplir con tu deber me preocupa —se encontró repitiendo sus mismas palabras, pero esta vez su tono era más de diversión.
—¿Ibas tras Abu'l? —se atrevió a preguntar Altair.
—No, estaba ahí por otro motivo, fue una casualidad que nuestros objetivos de alinearan.
—¿Qué es lo que estás haciendo, Malik? —podía ver que le costó preguntar, como si temiera su reacción.
—Principalmente salvando personas, intentando calmar las cosas, algo que debería estar haciendo los asesinos, supongo.
—No entiendo, no parece que ganaras nada con el robo del fruto, no odias a la orden, Malik, lo sé, ¿por qué perder todo a cambio de nada?
—Odio que nos usen, Altair, mi hermano murió por los deseos egoístas de nuestro mentor. No odio a la Orden de los Asesinos, cuando haya un mentor digno a quien sienta que puedo seguir, entonces volveré.
Altair no preguntó más, con eso entendió la manera en que las dudas ya se habían arraigado a él. Altair Ibn-La'Ahad era un hombre al que valía la pena seguir.
Malik se acostó en el muelle, mirando la espalda del asesino y luego al cielo en el que comenzaban a aparecer las primeras estrellas. Levantó su mano izquierda, viendo las vendas oscuras cubriendo sus cicatrices; al estar junto a Altair a veces olvidaba que no era el Rafiq de la oficina de Jerusalem, no mandaba a sus asesinos ni pasaba el tiempo haciendo mapas para los que solicitaban sus servicios. En esta época no tenía el grado más alto que le había permitido humillar al Altair que odiaba.
—Si fueras el mentor ¿me nombrarías Dai?
—¿Qué? —Altair rio, acostándose a su lado— ¿A qué viene eso?
—Rashid no vivirá por siempre —y que seguro estaba de eso—, debo de considerar a quien apoyaré para que lidere la orden.
—¿Y confiarías en mí para hacerlo? —notaba la diversión del hombre a su lado.
—Posiblemente solo depende si me nombrarías Dai.
—Fuiste nombrado Dai antes de tu traición, Malik, estoy seguro que no se te retiró ningún título antes de marcarte como traidor.
—¡Vaya! Qué pena, acabas de perder mi voto, novicio.
Altair rio alegre. Daba la impresión de lucir más libre de lo que Malik lo hubiera visto con anterioridad. La tristeza lo invadió, pensando en la partida de Altair en busca del Khan. Que lejano se sentía ahora eso. Sef se había quedado a su lado en la orden, el hijo de Altair al que Malik había querido tanto como a su propio hijo.
—Sabes —aún sonreía cuando volteó a verlo— quitaría el cargo de traidor de ser mentor, podrías ser mi mano derecha.
—Promesas vacías, novicio —aunque sabía que no lo eran, el único consejo que Altair ignoró de él fue el uso del fruto del Edén, cualquier cosa que Malik decía era considerada seriamente por el mentor, los asesinos siempre se dirigían a Malik cuando había que controlarlo, incluso Maria había bromeado de que su palabra tenía mayor importancia que la de su esposa.
—Tal vez podrías ser el mentor.
—Llevaría a la orden al desastre —fue incapaz de opacar su amargura, era tan culpable de lo que había pasado como Abbas. Antes de que Altair pudiera decir algo, agregó: —¿No tienes un viaje que realizar?
Altair hizo un puchero, lo que consiguió una risa de Malik.
—No entiendo tu obsesión con mis tiempos ¿De qué ríes?
—El maestro asesino me está haciendo pucheros.
—¡Yo no hago pucheros! —y el gesto de indignación solo logró que Malik dejara escapar una carcajada.
—¡Malik, en serio! —el rostro rojo de Altair solo empeoró el ataque de risa del pelinegro—. ¡Atraerás la atención de todos los asesino de Damasco si sigues riendo así!
Altair se sentó, inclinándose sobre él para sostener sus hombros, Malik logró calmarse lo suficiente para ser consciente del hombre sobre él. Levantó su mano izquierda, rozando la mejilla, un rostro tan querido para él de tantas maneras distintas. La última vez que se vieron ambos eran ya ancianos, por lo que a pesar de los recuerdos del joven la sensación de que ese rostro solo debía ser un recuerdo seguía aferrado a él. Era un bonito rostro de ver, entendía porque sus sentimientos románticos se mantuvieron tanto tiempo. El sonrojo notable en las pálidas mejillas lo hizo apartar su mano, pero Altair colocó su mano sobre la de Malik para que descansara en su mejilla. Lo vio suspirar y cerrar los ojos.
—Me alegra… tanto que estés vivo —y de los ojos cerrados corrieron lágrimas que cayeron como gotas de lluvia cálida en su rostro, sin apartar su mano se enderezó rodeando con su brazo libre a Altair.
El hombre soltó su mano, correspondiendo el abrazo de Malik, su llanto siendo más sonoro y Malik ocultó sus lágrimas de él. No tenía idea de lo mucho que le alegraba también estar vivo.
Malik y Altair tienen un momento... ¿Esto es un slow burn? Supongo
Pensar que según yo iba a escribir algo relajado para mi entretenimiento y resulta que esto ya ha superado las 10 mil palabras...
