He aquí mi episodio favorito, continuo salvando NPC's que el juego debería de darte esa opción, me caían bien

Altair apenas volteó a tiempo para sentir el cuerpo chocar contra él, la mano sujetó la muñeca izquierda, evitando que usara la hoja oculta. El impacto lo hizo caer del edificio en un montón de paja, antes de poder decir nada sintió una mano contra su boca.

—Silencio, novicio.

Y el cuerpo cálido y firme contra el suyo era Malik, el único que no se cansaba de recordarle su degradación. Altair agradeció la paja que ocultaba el rostro que sentía ardiente debido a que el otro hombre estaba presionando en todos los lugares correctos. Se enfocó en no dejar que su cuerpo reaccionara, apartándose de inmediato cuando Malik le dio el mínimo espacio cuando sus perseguidores se marcharon.

Sus recientes encuentros con Malik habían traído de vuelta sentimientos que se había obligado a dejar de lado en el pasado y eran cosas que después de todo lo que había arrebatado a Malik no podía permitirse desear. Incluso aunque eso no existiera entre ellos tenía a su Maria, nunca lo vería de la misma manera.

—Estás oxidándote —Malik apartó la capucha, su barba se había recortado para darle un orden, pero su cabello estaba aún más largo que la última vez que lo vio.

—Pude haberte matado.

—Claro, claro — lo vio levantarse mientras claramente descartaba sus palabras— ¿Qué sabes de Jubair al Hakim?

—¿Qué sabes tú de él? —como siempre la información exacta de sus objetivos lo ponía en guardia, no por temor a que se le implicara en la traición, las acciones de Malik habían demostrado que su interés no era afectarlo, lo que temía era la manera en la que se arriesgaba para conseguir esa información.

—Extremista, fanático, templario, ¿necesitas que haga la investigación por ti, novicio?

—N-no me refería a eso. Mi investigación está hecha.

—En esta ocasión pensé que no te vendría mal nuestra ayuda.

—¿Nuestra?

—¿Divirtiéndote, Malik? —una mujer castaña se acercó a ellos, vestía con la ropa masculina de los extranjeros, alta, hermosa y Altair supo quién era incluso antes de que Malik le sonriera.

—Maria.

Y no le gustó debido a la sonrisa cariñosa que tenía Malik para ella.

—No necesito su ayuda, soy lo suficientemente capaz de hacerlo por mi cuenta.

—Novicio —Malik se cruzó de brazos y ahí notó el brazalete de oro por encima de su codo derecho, resaltaba de manera agradable en la piel morena.

—Querido, no sabía que disfrutabas tratar con mocosos.

—Maria —le dirigió la idéntica mirada que tuvo para Altair, ella hizo el gesto de cubrir su boca, pero sonreía encantadoramente, sabía que contra alguien tan hermosa no era competencia.

—No estoy interesado en matarlo, disfrutaré su muerte cuando la sangre corra por tu espada, sé que uno de nuestros informantes te dio un mapa en donde los libros van a quemarse, es lo que me interesa.

—¿Y cuál es el interés de ella en esto? —señaló con un movimiento de cabeza a Maria.

—Los intereses de Malik son mis intereses, así de sencillo.

—Es solo papel, Malik —no lo creía realmente, pero si Malik pensaba hacer algo arriesgado por eso, entonces esos libros se volvían solo papel en comparación, aun así sacó el mapa de su ropa, ofreciéndolo.

—No es solo papel, novicio —y lucía ofendido por sus palabras, alejándose de él, seguido de Maria como una sombra, deteniéndose en el lugar donde podía apoyarse— es conocimiento , y solo el conocimiento es la verdadera libertad, puede haber mentiras en los libros, pero nos permiten formar nuestra propia opinión y no atarnos a las palabras de otros. Por Alá, tus mapas son terribles ¿quién dibuja esto?

Altair escuchó reír a Maria.

—No todos los cartógrafos tienen tu capacidad de escalar torres, Malik, no puedes culparlos por hacer lo que pueden a ras de tierra —ella se sentó en el mismo lugar en donde el moreno se apoyaba, comenzando a tocar los mechones largos del cabello negro, jugando con ellos con una actitud desenfadada, Malik sacudió su cabeza una vez, con lo que ganó una risita de la mujer, pero cuando ella no se detuvo continuó con su trabajo, ignorándola.

Altair recordó el mapa detallado que había roto sin ningún remordimiento, hecho por Malik según podía adivinar por las palabras de Maria. No recordaba que destacara en esa habilidad, pero en las últimas fechas de su entrenamiento Malik se había cansado de soportar a Altair, por lo que era poco lo que se encontraban. En ese punto la extranjera parecía saber más de él que Altair que lo había conocido por años.

Se acercó a ellos, viendo que Malik copiaba las ubicaciones en su mapa, claramente de una calidad superior.

—Bien hecho por robar la carta en la que descubrían a su mujer, has salvado la vida de una persona admirable.

—Gracias —estaba seguro que se sonrojó ante las sinceras palabras. Pero Malik continuaba trabajando en los mapas, por lo que solo Maria lo notó y le dio una sonrisa que mostraba su diversión, ante lo que volteó a otro lado, después de darle una mala mirada.

—Aquí —Malik regresó el mapa cuando pareció conforme con sus trabajo—. ¿Sabes en dónde encontrarlo?

—En la madraza.

—Perfecto, Maria irá contigo.

—Prefiero ir contigo —dijeron ambos al mismo tiempo, lo que logró hacer reír a Malik.

—Ambos trabajaran bien y no necesito ayuda en mi tarea. Iré a los puntos para acabar con los seguidores, mientras ustedes van a la madraza, habrá seguidores ahí, esos serán para Maria, el asesinato es tuyo, Altair, no necesitas hacer pucheros.

—No hago pucheros —se dio media vuelta.

Tras él escuchó a Maria decir:

—Definitivamente ese era un puchero —con lo que ganó una risa de Malik.

—No voy a disminuir mi paso por ti —dirigió a la mujer.

—Lo mismo digo —ella se apuró a ponerse en pie a su lado, acomodando su ropa Altair vio un collar con un diseño idéntico al brazalete de Malik, lo que lo hizo soltar un resoplido.

—Buena suerte —tras de ellos Malik se marchó corriendo a su misión

Altair intentó ser especialmente rápido, pero a pesar de sus intentos fue incapaz de dejar atrás a la mujer, llegando ambos al mismo tiempo a la madraza.

Se apuraron a entrar cuando notaron el olor a humo, Altair la sujetó del brazo para evitar que saltara a la planta baja, cuando ella volteó a verlo colocó el dedo sobre su labio, pidiendo silencio.

Un hombre discutía con Jubair, ambos se asomaron, viendo a los hombres quemar los libros, notó el gesto de molestia de la mujer.

—Un apasionado, como nuestro Malik —ella comentó escuchando el discurso del hombre en defensa de los libros.

—Tanto amas tus preciosos libros…

Y en ese punto Altair supo que el destino del hombre estaba sellado. Para su sorpresa Maria se alejó de él tomando impulso se lanzó al piso inferior, sujetando en su caída el brazo del hombre que fue lanzado al fuego, llevándolo con ella debido a su impulso, cayendo ambos a los pies de los otros fanáticos. Todos parecieron congelados por la sorpresa.

—Loca —Altair saltó al piso inferior, lanzando una daga que acabó con uno de los seguidores.

—¡Infieles! —los gritos de Jubair al Hakim resonaron por el edificio— ¡Mátenlos! ¡Acaben con ellos!

Los hombres se pusieron en guardia, sirviendo de escudo al escape de su maestro.

—¿Estás bien, abuelo? —Maria ayudó al hombre a ponerse en pie, colocándose frente a él cuando notó que no se había hecho daño—Ve tras él, yo me encargo de ellos.

—Malik no me va a perdonar si te pasa algo.

Maria dejó escapar un sonido de molestia.

—Él no tendría la grosería de dudar de mis habilidades ¡Ve!

Altair aprovechó el ataque de uno de los hombres para girar y quedar tras ellos, antes de que pudiera seguirlo Maria lo atravesó con su espada, la sonrisa salvaje en los labios de esa mujer lo hizo estremecerse, estaba seguro que no la deseaba como enemiga.

Persiguió a Jubair por varias calles, esforzándose por acabar con la distancia que había ganado en su ventaja al huir. Lo alcanzó al entrar a un patio en dónde según marcó el mapa iba a haber una quema de libros.

Casi choca con el hombre de pie en la puerta, Altair activó la hoja oculta clavándola en la columna. Frente a él podía apreciar la imagen que lo detuvo: Malik sentado en la pila de libros, apartando la mirada del libro en su mano, había sangre que salpicó su mejilla y a su alrededor los cadáveres de los fanáticos. Altair de inclinó al hombre moribundo para escuchar sus palabras cuando Malik apartó la vista de ellos, claramente más interesado en el libro en su mano.

Como siempre, los desvaríos de sus objetivos le dejaban una mala sensación en relación a sus órdenes. Maria llegó cuando el hombre murió.

—¿Te divertiste? —no apartó la vista de su libro, sin preocuparse por su estado, pero ella no pareció ofenderse por ello.

—Siempre me llevas a los mejores lugares, Malik —dio una palmada en el hombro de Altair al pasar a su lado.

—Debemos irnos —Altair sonrió al verlo renuente a soltar el libro, luciendo desanimado cuando por fin lo hizo. Su mirada se encontró con la de Maria, que rodó sus ojos, claramente tan divertida como él ante el apego de Malik al libro.

—¿El hombre va a estar bien? —preguntó a ella.

—Físicamente, pero posiblemente nunca superará haber sido salvado por una mujer, aunque tuvo la cortesía de agradecer.

—¿Dejarás los libros ahí? —preguntó cuándo Malik se acercó a la pared, dispuesto a saltar para marcharse.

—La esposa se encargará de recolectarlos de nuevo. Buen viaje, novicio.

Maria dio un saludo con su mano, saltando detrás de Malik, ambos sin darle tiempo a Altair de agradecer su ayuda. Se acercó a la pila de libros, tomando el que Malik había encontrado tan interesante. Estaba por dejarlo de nuevo cuando escuchó el grito.

—¡Malik!

Se apuró a correr, asustado ante el miedo de la voz de la mujer que le dio la apariencia de no temer nada, la encontró hincada junto a Malik, que sujetaba su brazo izquierdo con fuerza, volteó alrededor en busca de enemigos, pero se encontraban solos, por lo que se apuró a llegar a su lado.

—¿Qué sucedió? —le preguntó a ella al notar el gesto de dolor de Malik y el sudor que perlaba su frente.

—Su brazo, el idiota ha vuelto a excederse con él.

—E-estoy bien —Malik intentó ponerse en pie, pero el dolor lo hizo caer de nuevo de rodillas.

—Idiota, completo idiota ¿qué te he dicho sobre medirse con las cosas?

—Ahora no es el momento, necesitamos salir de aquí, llamaremos la atención, algo que Maik no se puede permitir. Vamos.

Altair se hincó frente a Malik, dando su espalda.

—Puedo andar —el gruñido que fue la voz se Malik demostraba lo intenso que era el dolor.

—Maria —volteó con la mujer pidiendo su ayuda. Quien asintió al entender.

—No es momento de ser un niño, vamos.

Malik cruzó su brazo presionándolo entre la espalda de Altair y su pecho, mientras se sujetaba con su mano derecha a Altair, el asesino notó como su mano se aferraba con fuerza a su túnica, mientras rechinaba sus dientes ante cada oleada de dolor.

—¿Podrás con él? —preguntó la mujer luciendo preocupada, había tomado las armas para evitar más peso sobre Alatir.

—Mientras el camino no tenga saltos de edificios.

Pareció pensarlo.

—Sí, puedo conseguirte un camino así.

Altair no destacaba especialmente en la fuerza física, pero años de entrenamiento en la Orden de los Asesinos le permitió mantener el trote detrás de Maria. Malik intentaba acallar sus quejidos, pero por la cercanía podía oírlo. La mano en su pecho se apretaba con fuerza y al escuchar el llanto se estremeció.

—Casi llegamos —Maria se detuvo frente a unas cuerdas que conectaban con otro edificio, atravesando la calle—, vamos, iré tras de ti, sujetaré a Malik para evitar que pierdas el equilibrio.

Se apuraron a cruzar. María lo ayudó a entrar por un balcón, lo único que había en la habitación era una pila de almohadas en una esquina, no pudo evitar pensar en el descanso de la base de la hermandad, con ayuda de la mujer lo dejó sobre ellas, consiguiendo gritos de dolor de Malik, que volvió a sujetar su brazo con fuerza.

—¿Ha pasado antes? —sabía que lucía tan angustiado como ella.

—Un par de veces, si tan solo no estuviéramos aquí, en Damasco no es tan fácil robar una droguería.

Altair vio a Malik ocultar su rostro en una almohada, ahogando el grito en ella.

—¿Qué es lo que necesitas?

—La leche de amapola ha funcionado bien.

Tomando sus armas Altair buscó una de sus cuchillas, asegurándose de que estuviera limpia y afilada la pasó por su brazo izquierdo, rasgando de la parte superior a la muñeca. La herida era superficial, pero la sangre pronto manchó la manga.

—¡¿Qué haces?! —asustó a Maria con su acción repentina.

—Tenemos provisiones, necesito acceder a ellos, volveré.

Salió por la ventana, saltando la mayor distancia posible, buscando el camino más corto.

Al llegar entregó la pluma al sorprendido Rafiq, antes de que pudiera decir nada lo interrumpió.

—¿Puedo tratar mi herida?

El viaje había hecho sangrar más la lesión, dando una apariencia más grave de lo que realmente era.

—¿Necesitas ayuda?

—No, gracias.

Entró, tomando una venda, la enredó en su brazo mientras buscaba en las botellas, al encontrar lo que buscaba salió corriendo. Asustando al pobre hombre en la entrada.

—Deberías de descansar antes de partir.

—No hay tiempo. Gracias por todo.

Saltó fuera de la casa de los asesinos, volviendo a recorrer el mismo camino. Nunca sintió sus habilidades insuficientes como en ese momento que no podía avanzar tanto como quería.

—¡Aquí! —sobresaltó a Maria al entrar, quien sujetaba su arma, el ver que solo era él dejó de lado la cuchilla.

Tenía una tinaja con agua en la que mojaba una tela que colocaba en la frente de Malik. Intentaba distraerlo con sensaciones distintas. Altair le entregó el frasco, sabiendo que ella tendría más experiencia en eso que él.

—Aquí, querido, te hará bien.

Notaron como hizo efecto cuando Malik quedo inconsciente, Altair se sentó en el piso, poniéndose al día por fin de su cansancio: la misión y su investigación, perseguir a su objetivo, correr con Malik a cuestas y la ida y venida.

—Es una vergüenza lo que has hecho con tu brazo —comentó pidiendo su mano.

—Estará bien.

—Malik no me perdonará si te pasa algo.

Al mirarla notó su sonrisa burlona. Por lo que suspiró y le facilitó el acceso a su mano herida.

—¿Estará bien? —preguntó mirando a Malik, que murmuraba en sueños.

—Siempre se recupera, solo… eventualmente sucederá de nuevo.

—Ni siquiera debería tener ese brazo.

Maria dio una palmada a su brazo herido cuando terminó de acomodar la venda, haciéndolo estremecerse.

—El sanador me dijo que estuvo consiente durante todo el proceso, nada para aplacar el dolor. ¿Has visto las cicatrices? —al verlo asentir ella continuó— Nunca había visto a un hombre tan asustado como ese sanador.

—Yo hice eso —él había sido el único culpable del dolor de Malik.

—No quiero quitarle méritos a tu vida, pero a menos de que te llames Al Mualim me temo que Malik no piensa que seas responsable.

—¿Por qué creería eso?

—Según me explicó fue el quien los envió en busca del fruto.

Fue hasta que lo mencionó que Altair lo recordó, se suponía que tenía que recuperarlo para Al Mualim y hasta ese momento no había pensado en él, preocupado solo por la salud del pelinegro.

—¿Cuánto tiempo han estado juntos?

—Como seis meses.

Algo se habrá mostrado en el rostro de Altair porque de pronto ella rio.

—Espera, ¿te refieres a románticamente? Tendrías más posibilidades con él que yo.

—¿Pe-perdona?

—Ya sabes, Malik solo tiene ojos para ese Leonardo que suele mencionar, el que modifico la hoja oculta —ante el shock de Altair pareció molesta— ¿Tienes problema con eso? ¿Qué pasó con el "todo está permitido"?

—¡No, no! —Altair sintió su rostro rojo—, no es problema, solo… nunca lo supe.

—Malik me gusta —ella pareció desanimada—no es un secreto, pero no me ve más que como una hermana.

—Tus habilidades son impresionantes, en nuestra orden nos consideramos hermanos, es un honor que Malik te incluya entre sus hermanos.

Maria sonrió más animada.

—¿Crees que soy buena?

—Fui incapaz de dejarte atrás, no sabía que los extranjeros practicaran esas habilidades.

—Malik me ha enseñado, he aprendido del mejor.

Altair acalló esa parte infantil suya que quería clamar que era el mejor, porque sus encuentros con Malik habían demostrado la manera en que sus habilidades se habían separado, por su propia cuenta se había encargado de los seguidores de Jubair al Hakim y los guardias del Rey Mercader.

—¿Sabes quién cuidó de él? —preguntó mirando al hombre que murmuraba algo entre sueños.

—He investigado por mi cuenta, hay dos meses después de que se alejó de ustedes que no pude llenar, tal vez fue en ese punto en donde conoció a ese tal Leonardo que tanto adora —y Altair podía identificar los celos cuando los oía porque era lo mismo que sentía en ese momento.

—Algún día, si quieres, puedo compartir conocimientos contigo, mis habilidades y las de Malik son distintas.

Y la sonrisa que le dio le demostró que ambos podían llegar a ser buenos amigos con el tiempo. Se puso en pie.

—Tengo cosas que hacer, ¿puedes cuidad de él? —y era claro que esa era una muestra de confianza como nunca vería una.

—Lo haré, no iré a ningún lado.

Cuando Maria lo dejó tomó el cojín en el que había estado sentada. Golpeando su brazo con algo en su cinturón notó que se había llevado el libro que Malik leía. Se sentía como que eso había sucedido hace días, lo colocó con cuidado al lado del hombre, pero ese leve movimiento fue suficiente para despertarlo.

—Seguridad y paz, Malik.

—Tu presencia aquí me priva de ambos —y antes de permitirle sentirse dolido con sus palabras lo vio comenzar a reír, como si su respuesta fuera un chiste para él. Extendió su mano a él y al entender lo que buscaba tomó su mano. Lo sintió apretar con suavidad—. ¿Estoy vivo o así es como debe ser la otra vida?

—Estás bastante vivo.

Malik cerró los ojos. Por un instante creyó que se había vuelto a quedar dormido. Hasta que volvió a hablar.

—Supongo que Kadar estaría aquí si fuera la otra vida.

Cuando abrió sus ojos estaban cristalinos, no pudo decir si por las lágrimas o la leche de amapola.

—Malik, he sido un tonto.

Y lo vio sonreír con tristeza, moviendo su cabeza para acomodarse en la almohada.

—Normalmente —lo notó luchar con el sopor— no discutiría, pero ¿a qué viene esto? ¿De qué hablas?

—Todo este tiempo… no te he dicho que lo sentía. He sido demasiado orgulloso. Pasaste por un terrible sufrimiento con tu brazo por mi culpa. Perdiste a Kadar. Tenías todo el derecho de estar enfadado.

—No acepto tus disculpas.

—Lo entiendo —y lo hacía, no buscaba el perdón que no merecía, pero quería que supiera que lo sentía.

—No —Malik cerró los ojos, arrugando su frente como si le constara concentrarse—. No lo haces. No acepto tus disculpas porque no eres… el mismo hombre que fue conmigo al Templo de Salomón, así que no tienes nada porque pedir perdón.

—Malik… —antes de poder agregar algo continuó.

—Tal vez… si no te hubiera tenido tanta envidia… no habría sido tan descuidado. Yo también tuve parte de culpa.

—No digas eso —y su voz sonó rota.

—Somos uno. Así como compartimos la gloria de nuestras victorias —Malik cerró los ojos, ya vencido por la leche de amapola, pero sus palabras no fallaron—, también deberíamos compartir el dolor de nuestro fracaso. De ese modo estamos más unidos. Nos hacemos más fuertes.

—Gracias…

Dormía de nuevo, por lo que no vio cuando ocultó su rostro entre sus manos, permitiéndose quebrarse con las palabras de Malik.

La disculpa de Altair es mi cosa favorita en el juego

Gracias por leer