Malik recibió un mensaje del sanador que lo trató. Esperaba problemas, Assim, el asesino que habían salvado, tenía semanas desaparecido, había iniciado su búsqueda, avisando a Maria quien no lo tomó alegremente pero no mencionó su disconformidad. El papel en su mano había pasado por al menos 5 manos antes de llegar a él. Porque si algo había aprendido con su muerte era que nunca estaba de más ser precavido.

En un principio le costó entender el código, Altair y él lo habían modificado cuando su amigo tomó el título de mentor, de manera que pudieran esconder hasta tres mensajes en la misma carta. Por lo que el mensaje desde Masyaf era un código en su mayoría olvidado para él. Sin embargo, una vez que pudo descifrarlo sintió su sangre helarse a pesar de que se trataba de una sola línea.

"¿Qué caminos recorre Altair?"

Arrugando el papel con odio, lo lanzó lo más lejos posible que él. Había sido su error, ser asociado con Altair solo podía significar peligro para él. Malik estaba a salvo gracias a la distancia y sus habilidades, pero Altair caminaba entre los muros de Masyaf, en compañía de sus hermanos que seguirían sin dudarlo las órdenes del maestro. La amenaza era obvia y Rashid estaba tan seguro de su victoria que ni siquiera necesitaba hacer su petición a Malik.

Tomó el fruto, guardado bajo la tablas de la casa que usaba como refugio, junto a él la tela roja que era el cinturón de Altair, la sujetó como si se tratara de una reliquia sagrada, mostrando más reverencia que ante el fruto. Supuso que a ese punto ya no importaba por lo que ató la tela a su cintura. Un cinturón que había aprendido a atar con una sola mano cuando se volvió Dai y perdió a su hermano. Esta vez no hubo mensaje para Maria cuando se puso en camino.

Esperó a las afueras de Masyaf el tiempo suficiente para que su halcón capturara una de las palomas que se dirigían a Acre, era más fácil que Jabal aceptara pasar un mensaje que había llegado con una de sus mensajeras al halcón de Malik.

—Bien hecho, cariño —felicitó al ave cuando entregó la paloma con vida.

Su ave nunca sería Senu o Synin, pero había tenido menos tiempo que Bayek para educarla y a diferencia de Synin su ave no había estado enamorado de él desde que se conocieron; Malik había esperado contar con tiempo para mejorar su relación, pero al parecer ahora le correspondería a Maria cuidar de ella.

Malik sustituyó el mensaje de la paloma por el suyo, Altair no tendría un encuentro con Maria, por lo que le correspondería a él darle la ubicación de De Sable, Malik no ansiaba la venganza a ese punto, pero lo mejor era mantener a Altair lejos de Masyaf hasta que el mentor acabara con él.

—Pórtate bien, habibi —se despidió del ave dejando que emprendiera el vuelo, sabía que buscaría a Maria, se había sentido tentado a enviar un mensaje de despedida, pero estaba seguro que sin él tanto ella como Altair estaría bien. Había dejado una advertencia sobre Abass, una vez más su venganza quedaría en manos de su amigo.

Las puertas de Masyaf estuvieron abiertas para él, cubrió su cabeza con la capucha, sabiendo que por sus colores resaltaba dolorosamente en el lugar, pero era esperado, así que nadie levantó una mano contra él, permitiéndole llegar a las puertas de la fortaleza donde ya lo aguardaba una comitiva.

Había podido entrar de incognito, los años le habían dado tiempo para explorar todas las vulnerabilidades de la fortaleza, pero sabía que necesitaba ser visto, quería sembrar dudas en los asesinos sobre su mentor por su encuentro, no le permitiría hacer de su muerte un secreto más entre los que ya condenaban a la hermandad. Entregó todas sus armas antes de que lo pidieran, incluso su segunda hoja oculta por lo que ganó algunos murmullos de interés. No se opuso a ser revisado en busca de más armas, ante las miradas hostiles solo mostró indiferencia y mantuvo su silencio. No podía enfrentarse a Rashid mientras él tuviera la vida de Altair entre sus dedos. Lo condujeron al jardín, como no podía ser de otra manera.

—¡Malik! —el anciano tuvo el descaro de saludarlo como un viejo amigo cuando los dejaron solos. Sabía que había guardias, pero lo suficiente alejados para atacar con flechas y no escuchar su conversación —Me alegra ver que te encuentras con salud, hijo mío.

Malik sintió la amargura en su garganta ante sus palabras.

—¿Qué has hecho con Assim?

—Malik, es tu corazón blando lo que siempre te ha limitado, pudiste haber llegado especialmente lejos de no ser por eso.

—Assim —repitió furioso, pero manteniendo el tono de su voz.

—Deberías de sentirte orgulloso de él, Malik, se empeñó en nunca traicionarte, pero hay un límite al que un hombre puede llegar sin agua ni dormir —Malik empuñó su mano con fuerza, había sido encerrado y torturado, no le desearía eso a nadie—. Sin embargo, Malik, como dije, es tu corazón el problema. Fuiste el que me puso sobre tu pista: Altair dio su reporte de una masacre en la fiesta de Damasco pero al enviar a investigar descubrí que nadie había muerto además de mi querido amigo Abul'l Nuqoud y sus guardias. Así descubrí que hiciste tu truco con mi tesoro.

Malik sonrió burlón.

—Te referirás a mi tesoro.

—Eres demasiado débil para ser digno de él, Malik, tu presencia aquí es la prueba —señaló el cinturón de Altair—, vienes corriendo aquí por el bien del hombre que mató a Kadar.

—¡No te atrevas a decir su nombre! —Malik dio un paso a él, cuando el anciano levantó un brazo, una señal para los arqueros— ¿Crees que temo a la muerte? —su risa fue la de un loco— He muerto, anciano, moriré de nuevo, la muerte no me asusta —levantó su brazo vendado— incluso el dolor es un viejo amigo, no tienes nada contra mí.

Y por un instante vio miedo en los ojos del hombre, antes de componerse de nuevo.

—Pero lo tengo, Malik, ellos saben que si cualquier cosa me sucede deben matar a Altair —y rio al notar al pelinegro retroceder.

—¿Qué te hace creer que no usaré el fruto para controlarte?

—Ambos sabemos que no lo harás, de poder hacerlo no estuviéramos teniendo esta conversación. Eres débil, justo como tu hermano.

Y su puño alcanzó a conectar en el rostro del anciano antes de que una flecha se clavara en su omoplato, haciendo caer a Malik de rodillas mientras ahogaba su grito en un quejido.

Malik soltó una risa amarga, una vez más de rodillas frente al maestro, sus cartas estaban sobre la mesa.

—Estamos teniendo esta conversación… porque no me corresponde a mí matarte, viejo —levantó la vista, viendo el odio y la marca formándose en el rostro del hombre, lo que lo hizo reír más sinceramente a pesar del dolor de la flecha encajada en su espalda.

—Entonces eres la causa de la muerte de Altair, Malik. Felicidades, has vengado a tu hermano.

Rio cuando lo vio levantar la mano, apoyando su frente en el pasto. Altair estaría matando a Robert De Sable, claro que había vengado a su hermano, pero aún no terminaba.

—Si lo matas nunca tendrás el fruto —levantó su rostro una vez que se aseguró que podía mantener oculto su dolor.

No habían visto el fruto porque él no había querido que lo hicieran, pero al quitarlo de su cinturón lo hizo rodar frente a Rashid.

"Gracias por todo" pensó ante el recuerdo de Leonardo que tan benévolo había sido con él.

Vio la avaricia en el rostro del mentor cuando se inclinó a tomarlo, lo vio reír al saber que era real.

—Altair vivirá —no era una petición, Malik no estaba rogando por eso.

—Por supuesto, pero al igual que Masyaf, Altair me pertenece.

Y lució confundido ante su carcajada, por lo que se dio el placer de responder.

—Tu hermosa águila… vuela muy por encima de ti, mentor.

Lo vio hacer el gesto antes de sentir las flechas clavarse en él, cuatro, incapacitando su brazos y piernas, mordió su labio, sintiendo la sangre correr, no le daría el placer de escuchar su dolor.

Ocultó su rostro en el pasto, incapaz ahora de ponerse en pie, dolía, pero el dolor no era nuevo para Malik. Notó que el maestro había llamado a los arqueros cuando cuatro personas estuvieron a su alrededor. El pie del mentor estaba en su espalda, inmovilizándolo, antes de jalar la flecha sin ninguna contemplación, logrando que las lágrimas corrieran debido al dolor.

—Quiten las flechas, láncenlo a una esquina del jardín, quiero ver cuánto tarda en morir.

Al no notar movimiento Malik se atrevió a mirar, los arqueros lucían horrorizados de sus palabras, ante lo que el hombre mayor apretó el fruto en su mano. Odió como la mirada de los cuatro se perdió, recordando esos hombres sin alma a los que se enfrentó tanto tiempo atrás. Ahora empezaba de nuevo. Esta vez fue incapaz de ahogar un grito cuando la carne se desgarró al arrancar las flechas.

—¿Crees que Altair llegue a tiempo para matarte con sus propias manos?

Si hubiera tenido fuerzas Malik pudo haber hecho una pregunta similar.

—Hey, hola…

Leonardo Da Vinci sonrió para él, o mejor dicho para Ezio, aunque no se trataba de la sonrisa enamorada que solía mostrarle lucía alegre. Era mayor a aquel hombre que había descifrado las hojas del códice, posiblemente en la época en que servía a César Borgia.

—Hola —respondió a pesar de saber que no sería escuchado, pero estaba tan aliviado de tener un descanso del dolor de las heridas de las flechas que no le importó esperar las palabras de Ezio, pudo ver como la expresión del hombre se iluminaba ante su respuesta.

—Me gusta tu cabello, Malik Al Sayf.

—¡Mierda! —lo vio reír ante su maldición, interactuando realmente con él, al parecer esta vez realmente había perdido la cabeza.

Se puso en pie de un salto, una habitación que había visto antes, Leonardo había estado agachado para verlo de cerca, se paró con más calma que Malik.

—¿Te he asustado? —preguntó con amabilidad, permitiéndole su espacio, pero podía ver como luchaba para mantener su emoción, mientras él recorría la habitación en un gesto de nerviosismo.

—¿Finalmente he perdido la cabeza? —fue capaz de detenerse, dirigiéndose al hombre.

—Supongo que si lo hiciste aplica para ambos —lo vio sonreír, finalmente mostrando lo emocionado que realmente se encontraba— estoy hablando con alguien que tiene siglos muerto… merde, me refiero a…

—Lo entiendo —Malik rio—no esperaba vivir cientos de años.

Apartó la vista del hombre para ver sus manos, aún ambas, con sus vendas y heridas, incluyendo las nuevas, con un aspecto terrible y pero de momento sin dolor.

—Eres una proyección del Fruto del Edén —explicó el hombre rubio, tomando asiento, Malik saltó a la mesa sentándose frente a él con las piernas cruzadas, notando las manchas de sangre a pesar de su ropa oscura—. Es extraño, he estado trabajando con él por meses, me ha estado mostrando algunas cosas, pero es la primera vez que sucede algo así.

—Lo he perdido, lo tuve unos meses conmigo, estuve… —dudo un poco, no queriendo que Leonardo se enterara de su obsesión con él, siendo alguien vivo resultaba vergonzoso admitir—aprendiendo cosas, viendo a los demás usuarios, pero tuve que entregarlo…

—Para salvar a Altair Ibn La'Ahad.

—¿Viste?

—Es extraño —lo vio tomar una hoja y algo con que escribir y colocándolo frente a ambos dibujó una línea— el Malik que conocía fue a través de las memorias del maestro Altair, había perdido su brazo y nunca accediste al fruto.

—Hubiera perdido mi brazo de no ser por ti.

—¿Yo?

—Le explicaste a Ezio como lo hubieras salvado.

Lo vio sonreír, emocionado de nuevo.

—¿Y funcionó?

Malik abrió y cerró su mano frente a él, girando también su muñeca, lo vio inclinarse, dispuesto a tocarlo, pero frunciendo sus labios volvió a recargarse en la silla.

—No eres alguien físico —comentó desanimado— ¿sufres dolor?

—Cuando me excedo.

—Todo en sus vidas de asesinos es excederse. Debes tener cuidado con él, seguirá doliendo.

—Pero ahora lo tengo… no tienes idea lo agradecido que estoy contigo, maestro.

Lo vio tallar su nuca, avergonzando ante al agradecimiento, lo que hizo feliz a Malik.

—Como decía —aclaró su garganta, volviendo al papel, dibujando una línea que salía de su línea anterior y viajaba paralela a la que había dibujado antes— hace unos meses encontré la historia paralela, el Malik que tocó el fruto, el tú frente a mí.

—Soy consciente de esa línea —Malik señaló la primera línea que el hombre había dibujado—, es como… —señaló el final— mi vida acabó, morí y he vuelto a este punto —señaló el lugar donde la segunda línea salía—. Mi vida anterior había sido igual, pero con mis memorias he sido capaz de cambiar muchas cosas… tal vez demasiadas.

—Te preocupa.

—¿A ti no? ¡Podría cambiar las cosas tanto que…!

—No creo que sea posible, estoy seguro que solo hay un límite de cosas que debes de poder hacer, no diría que te fuerces en mostrar que estoy equivocado, pero pienso que deberías de preocuparte menos por eso.

—¿Cómo lo tomas tan fácil?

—Cualquier cosa que vayas a hacer ya la has hecho —señaló las dos líneas que había dibujado—ambas son diferentes, y el que yo pueda ver las dos significa que nada cambió para mí.

—Es… cierto —Malik llevó la mano a su frente, ninguna de sus decisiones habían cambiado las imágenes futuras que había visto, rio divertido, ganando una mirada de curiosidad de Leonardo—. Resulta que no solo soy irrelevante en lo referente a la vida de Altair, sino a nivel histórico.

—¿No lo somos todos?

Rio de nuevo.

—Créeme, no pasa contigo. Seré olvidado, no es tu caso.

El gesto del rubio paso de sorprendido a complacido a confundido. Lo vio tomar el fruto, mostrándolo a Malik.

—Antes de ver la línea de tiempo en la que te encuentras ahora, sabía de ti porque fuiste importante para Altair, incluso después de tu muerte… Él conoció a tu hijo, ¿sabías?, tan importante para él porque fue tuyo, porque le recordaba a ti, en sus últimos momentos estuviste ahí —debió notar su gesto de incredulidad, porque agregó— fuiste tan importante para él como lo fue Maria. No deberías minimizar tu papel en su historia.

—Hay cosas que por más que queramos no podemos tenerlas, pensé que tú mejor que nadie podría entenderlo.

Leonardo se trataba de un hombre realmente expresivo, Malik lo había aprendido con el tiempo e interactuar con él lo demostraba, se sonrojó, antes de dibujar una sonrisa triste.

—Ezio —murmuró volteando a la ventana, Malik le dio todo el tiempo que necesitaba. Desvió su mirada cuando lo vio limpiar sus ojos —Quizá —lo escuchó aclararse la garganta, por lo que volteó a verlo— en tu caso es algo que tienes.

—¿Cómo?

Lo vio sonreír y dar unos golpecitos al fruto.

—Puedes verlo cuando vuelvas.

—Si vuelvo —Malik vio sus heridas, muestra de su precaria situación en su mundo actual— pienso que he terminado con el fruto; lo que he visto ha sido maravilloso, pero disfruto más la ignorancia de lo que creía.

—Que blasfemia —intentó parecer ofendido, pero sonreía, por lo que Malik correspondió su sonrisa— ¿por qué no te doy algunos consejos para esas heridas?

Malik lo escuchó con atención, consejos por primera vez realmente dirigidos a él, fue incapaz de borrar su sonrisa a pesar de la sensación de dolor en sus heridas, su momento ahí estaba acabando.

—A pesar de no tener el fruto conmigo seguía teniendo recuerdos de él cuando mi mente estaba en conflicto ¿sabes la razón? —preguntó una vez que le aseguró que podía recordar el tratamiento que le explicó.

—Solo puedo suponer…

—Tu suposición será mejor que la mía.

—Pienso que el fruto toma una parte de nosotros, eso que permite que tú y yo estemos hablando ahora, así que aunque lo entregues es posible que pase un tiempo antes de que dejes de ver cosas, aunque estoy seguro que ya no el futuro, has sido el único que pareces hacerlo de manera tan clara, el fruto debe necesitar mucha energía para eso.

—Pero ahora hablamos y no lo tengo.

Vio su gesto sombrío.

—Actualmente está siendo usado para controlar demasiada gente, estás dentro de su área de control. Pero como dije…

—¿Suposición? —lo vio sonreír como respuesta.

Llevo la mano a su nueva herida en su brazo izquierdo.

—Leonado Da Vinci —lo vio enderezarse al notar la seriedad en su voz— Fue tu recuerdo el que me ayudó a seguir adelante todo este tiempo, nunca voy a poder agradecerte lo suficiente —se inclinó hacia adelante, y era cierto, no era alguien físico, por lo que estaba seguro que el beso en su mejilla no debió sentirlo—Grazie, amore.

—Malik —y era la voz de Altair cuando abrió sus ojos, así como la fría mano en su cuello era suya, y había tanta preocupación en esos ojos húmedos con lágrimas— ¿Crees que puedas caminar?

¿Qué había respondido en esa ocasión? "Por ti, caminaré" Por Alá, que ingenuo había sido al creer que su amor por Altair había parado en algún momento.

—Por ti… —respondió una vez más, pero dolía tanto y se sentía tan cansado— ¿qué no haría por ti? —preguntó más para sí mismo, ya que estaba tan cansado que él solo quería quedarse ahí, pero si era Altair quien se lo pedía…