Altair había escalado hasta llegar al jardín, sabiendo que esa sería la ruta más difícil y por lo tanto la que no estaría custodiada. Fue duro, resbaló más de una vez y estuvo a punto de caer, notó la sangre correr de sus dedos, pero logró escalar la pared, con sus pies seguros en el pasto.
El lugar estaba oscuro y silencioso, se apuró a dirigirse a la puerta de la biblioteca, pero esta se cerró frente a él. Sintió de pronto un terrible dolor que lo incapacitó, mirando hacia arriba encontró a Al Mualim en el balcón de la biblioteca. En sus manos sostenía el fruto del Edén. Altair sintió miedo, si él lo tenía ¿qué había pasado con Malik?
—Vaya, el aprendiz regresa
—No soy de los que huyen —no podía demostrar lo preocupado que estaba por Malik, Al Mualim, a pesar de su traición, seguía siendo el mentor, cualquier debilidad que viera la aprovecharía en su contra.
—Tampoco de los que escuchan.
—Por eso sigo vivo —pero ¿no había escuchado a Malik, a Maria cuando pidió que confiara en ella?
—¿Qué voy a hacer contigo?
—¡Suéltame!
—Oh, Altaïr. Oigo odio en tu voz. Siento su calor ¿Soltarte? Eso sería una imprudencia.
— Nos has utilizado, no para salvar tierra santa, sino para apoderarte de ella ¿Por qué haces esto?
—Encontré pruebas.
—¿Pruebas de qué?
—De que nada es verdad, de que todo está permitido —vio el fruto brillar en su mano— ¡Venir, destruir al traidor! ¡Acabar con su vida!
El agarre desapareció, pero frente a él se encontraban sus víctimas templarías. Altair tuvo tiempo de darle una última mirada de odio al mentor, peleando contra los hombres a los que había matado. Los venció, utilizando los consejos de Malik, la misma furia que sintió en los ataques de Maria. Robert fue el último, Al Mualim no tenía manera de saber que él no era el responsable de la muerte de ese hombre. Los cuerpos en el suelo desaparecieron, antes de volver a ser atrapado por el fruto.
—¡Lucha tú! —el mentor estaba ahora fuera de la biblioteca, en las escaleras que llevaban al jardín. Intentó recuperar el aliento, la pelea no había sido especialmente dura, pero si a ella sumaba la dura escalada, estaba sudando— ¿Es que tienes miedo?
—He enfrentado a más de mil hombres, todos mejores que tú. ¡Todos ellos murieron a mis manos! ¡No te tengo miedo!
Traía la espada en mano mientras caminaba a él.
—Demuéstralo.
—¿De qué puedo tener miedo? He aquí el poder que domino.
El fruto iluminó al anciano, al dar un paso fueron copias las que avanzaron, nueve enemigos idénticos. Altair fue el primero en atacar cuando se encontró libre. Venció, copia tras copia cayó bajo su hoja, hasta que volvió a ser detenido por el fruto. Trató de recuperar el aliento, se sentía exhausto.
—¿Unas últimas palabras?
—Me mentiste. Llamaste loco a De Sable cuando tu meta era la misma.
—Es que nunca me ha gustado compartir.
—No lo conseguirás, llegarán otros más fuertes que te detendrán.
—¿Otros? ¿Cómo Malik Al Sayf? —y a pesar de que Altair intentó controlar su expresión la sonrisa del maestro mostró que vio a través de él— Mientras los hombres sigan siendo libres no podrá haber paz.
—Todos los que pensaron eso antes de ti ahora están muertos, Mentor, tú mejor que nadie debería saberlo, fuiste que me envió tras ellos.
—Palabras valientes, chico, ¡pero inútiles!
—Suéltame y les daré una utilidad —lo vio reír, la carcajada resonó en todo el jardín— Dime, maestro —esa última palabra salió como veneno de sus labios— ¿por qué no me has hecho lo mismo que a los demás? —los había visto cuando escalaba, gente que había perdido el control de su mente, como si anduvieran sonámbulos— ¿Por qué no has controlado mi mente?
—La verdad es que lo intenté en cuanto pusiste un pie en Masyaf, pero no eres como los otros, no te engañó la ilusión.
—¿Ilusión?
—Es lo que siempre ha sido, el tesoro templario, el fruto del Edén, la palabra de Dios.
Pero podía ser que Al Mualim fuera débil, el hombre al que antes idolatraba, que había sido un padre para él, y un buen hombre, justo y moderado, preocupado solo por el bienestar de la Orden y los que la servían, incluso él se había corrompido. Había caído ante la ilusión que creó Malik ante él, no fue cruel, no lo hizo para obtener poder, Malik era joven y solo había usado el fruto como un truco burlón ante Altair.
—Lo entiendes ahora —el hombre continuó—. El mar rojo nunca se abrió, el agua no se convirtió en vino, no fueron las intrigas de Eris las que provocaron la guerra de Troya ¡si no esto! —mostró el fruto que seguía brillando en su mano— ¡Ilusiones, todas ellas!
—Tus planes también son una ilusión, la de obligar a todos los hombres a seguirte.
—Acaso es menos real que los fantasmas que sarracenos y cristianos persiguen, esos dioses cobardes que se retiran del mundo para que los humanos puedan matarse en su nombre. Ellos ya viven en una ilusión. Yo solo les ofrezco otra que no exige tanta sangre.
—Pero ellos eligieron esos fantasmas.
—¿A sí? Solo algún converso o hereje los elige.
—No es correcto.
—Ahora abandonas la lógica y la sustituyes por la moral. Me has decepcionado.
Altair sintió el odio recorrerlo, él tenía el descaro de hablar de decepción.
—Entonces ¿qué hacemos?
—Tú no quieres seguirme y yo no puedo obligarte.
—¡Y tú te niegas a renunciar a tus planes!
—Esto es un callejón sin salida.
—No, esto es el final —tal vez Al Mualim tenía razón, puesto que se vio luchando con una oleada de emociones. De traición, tristeza y algo que no podía distinguir al principio, pero luego lo hizo. Soledad.
—Te echaré de menos Altair, has sido mi mejor discípulo.
Y lo soltó, Altair intentó hacer el primer ataque, pero Al Mualim se movía como un espadachín, distinto del hombre que él conocía, nunca lo había visto moverse tan rápido, desvió con facilidad el ataque clavando su espada en la cadera, a pesar del dolor aprovecho la distancia para conectar un golpe, estaba por clavar la espada cuando pareció desaparecer.
—Ciego, Altair, siempre has sido un ciego y siempre lo serás —logró escuchar del otro lado del jardín, por lo que a pesar de lo cansado que se encontraba se apuró a correr tras de él, siendo guiado por el brillo del fruto ya que el jardín parecía irreal.
Pudo hacer un mejor ataque en esa ocasión, Al Mualim más débil después de huir, pero una vez más escapó. Repitiendo el mismo truco Altair notó como cada vez que utilizaba el fruto el maestro parecía más débil. Recibió más golpes que sacaron sangre, pero cada vez era más fácil vencerlo. La última vez que llegó a él, Altair lo vio tambalearse, vio en sus ojos que había notado que el fruto había tomado su energía y que Altair se había dado cuenta. Dando un saltó utilizó su hoja oculta para caer sobre él, ambos vieron como el fruto rodó lejos cuando cayeron al suelo.
—Imposible. El discípulo no puede derrotar al maestro.
Con el anciano vencido por fin Altair podía mostrar lo que realmente le importada.
—¿Dónde está Malik?
Lo vio reír, en su rostro había un golpe que no había dado él.
—Muy tarde, Altair. Ya muy tarde —volteó a una esquina del jardín, mucho más allá del fruto y lo vio, el hombre tirado de costado, dando la espalda, podía ser cualquiera pero Altair conocía las ropas negras.
Soltó a Al Mualin que no tenía salvación, ignoró el fruto al saltar sobre él y a pesar del cansancio y sus heridas corrió a alcanzar a Malik.
—¡Malik! —cayó hincado a su lado y debido a la oscuridad y la ropa negra no podía ubicar las heridas, pero la humedad en el pasto era sangre, ésta había estado cientos de veces en sus manos, conocía perfectamente la sensación, pero era la primera vez que sentía miedo ante ella— Malik —llevó la mano a su cuello buscando el pulso y lo encontró hirviendo, la fiebre no era buena, pero eso significaba que estaba vivo. Vio los ojos oscuros abrirse y sintió las lágrimas de alivio humedecer sus ojos— ¿Crees poder caminar? —necesitaba luz para inspeccionar la gravedad de sus heridas, pero no quería dejarlo tirado ahí.
—Por ti… —Malik sonaba tan cansado y su voz tan débil que el miedo de Altair volvió— ¿qué no haría por ti?
Y sintió un nudo formarse en su garganta por sus palabras.
—Solo no mueras —rodeó con su brazo sus hombros, teniendo cuidado al moverlo, viendo cuanto podía hacer sin causarle daño— Maria nunca me perdonará si te pasa algo.
—¡No lo muevas! —un sanador se acercaba corriendo en compañía de dos de los asesinos que cuidaban la biblioteca cargando una camilla.
Dejó con suavidad a Malik, hincado a su lado preparó su hoja oculta, pensó que se dirigían a Al Mualim pero pasaron de su cuerpo acercándose a ambos.
—Hay heridas en sus brazos y piernas, las flechas fueron arrancadas sin cuidado, hay que tratar la pérdida de sangre.
—¿Cómo sabes?
Los hombres que cargaban la camilla desviaron la vista y Altair reconoció las manchas en su ropa como sangre, estaba por clavar sus armas en ellos cuando sintió la mano de Malik en la muñeca, por lo que se inclinó con rapidez a él para escuchar lo que quisiera decir.
—Los obligó, no fueron ellos —la voz era un murmullo, pero pudo entender.
Permitió que se acercaran y lo subieran con cuidado en la camilla, aun así los suaves quejidos de Malik lo hicieron estremecerse. Caminó a su lado cuando lo levantaron, pero una vez más Malik atrajo su atención, rozando con sus dedos su mano.
—No olvides el fruto del Eden, Mentor.
Siguieron avanzando, dejándolo atrás, aturdido por las palabras de Malik.
Caminó al fruto con lentitud, no fue capaz de darle una mirada a Al Mualim. Dudó en tomarlo, pero mientras más tardara más estaría lejos de Malik, lo guardó con rapidez en la bolsa de sus cuchillas. Temía de él, Al Mualim y los Templarios habían caído ante él ¿Qué aseguraba que Altair fuera mejor que ellos?
…
—¡El descaro! ¡Decirme a mí como hacer mi trabajo! —Altair escuchó la molestia del hombre antes de entrar a los salones de descanso.
—Él fue capaz de salvar el brazo que íbamos a cortar, pienso que merece que sigamos su consejo.
No pudo evitar sonreír a pesar de la preocupación, no podía ser de otra manera: incluso al borde de la muerte Malik se las arreglaba para hacer a alguien perder la cabeza.
—Un traidor.
—Ahora ya no estoy tan seguro de eso —fue uno de los arqueros que hablo, cuando Altair entro a la habitación vio cuatro asesinos y dos sanadores.
—¿Dónde están los demás? —siempre habían al menos cinco doctores para cuidar el lugar.
—Malik los ha enviado a las mazmorras de la orden —todos se habían puesto de pie frente a él, su rango era el más alto de la orden, la palabra Mentor con la voz de Malik resonó de nuevo en su cabeza— pidió disculpas por hacerlo sin tu permiso, pero creía que era algo que no podía esperar.
Había sido detenido por varios asesinos en su camino ahí, a pesar de su prisa de encontrarse con Malik sabía que no era algo que pudiera dejar pasar, si no se trataba con cuidado la orden caería en caos por la muerte de Al Mualim. Para su suerte había sido el propio hombre que facilitó todo para él. Todos seguían consientes del control de su mente y como había sido en favor del mentor, nadie más que él habría pedido ser seguido ciegamente en su nombre.
—¿Dónde está Malik?
—Duerme ahora —vio la risa divertida del sanador ante el resoplido de su compañero.
—¿Estará bien?
—Hemos seguido instrucciones claras que dejó, si son tan eficaces como la cura de su brazo yo no me preocuparía.
—¿Ustedes que hacen aquí? —preguntó a los cuatro asesinos que solían cuidar la biblioteca, expertos en el arco, ataques a distancia.
—Queríamos hablar en nombre de Malik Al Sayf.
"¿Ante mí?" no preguntó, sino que solo asintió instándolos a continuar.
—Al Mualim —notó incomodidad al ver a uno de ellos comenzar a explicar— nos pidió cuidar a distancia, atacar sin matar…
—Pensamos que lo quería vivo para ejecución —explicó otro, Altair apretó sus puños pero los dejó continuar—. Pidió que arrancáramos las flechas y lo dejáramos morir en un rincón del jardín —entendía, ellos eran asesinos, pero nunca habían disfrutado del sufrimiento innecesario.
—Utilizó el tesoro que Malik había robado para obligarnos, eras consciente de ello, pero estábamos obligados a hacerlo, seguir la voluntad del maestro sin siquiera poder pensar en ello. Malik no hizo nunca nada contra nosotros.
—Entiendo, gracias —nuevos asesinos en la puerta llamaban su atención.
—Dai —uno de los cuatro que no había hablado hasta el momento llamó su atención.
—¿Sí?
—Sí Malik tuvo siempre ese poder ¿por qué nunca lo usó?
—Tal vez es mejor de lo que Al Mualim quería hacernos creer.
—Altair, será mejor que vengas a la biblioteca —el gesto de urgencia del hombre lo hizo suspirar, lo único que quería era ver a Malik, asegurarse que estuviera bien.
—El cargo de traidor pesa aún sobre Malik —se dirigió a los asesinos— ¿pueden asegurarse de que nadie intente nada contra él?
—Sí, Dai —y ese tono sonaba tan cerca de Mentor que Altair sintió su preocupación empeorar.
…
Encontró el piso inferior de la biblioteca lleno de túnicas blancas, los asesinos se gritaban entre ellos. Altair suspiró profundamente antes de entrar, disfrutaba más el silencio, pero tenía que calmar las cosas antes de que la orden se rompiera. Había mandado asesinos a reunirlos y contar la muerte de Al Mualim. Ahora estaban los que hablaban que el fruto había sido utilizado por Malik para hacerlos creer que Al Mualim los había traicionado.
—¡¿Por qué esperar hasta ahora?!
—¡No había más templarios que se le opusieran! —por supuesto, tenía que ser Abbas Sofian.
—¡Todos sentimos a Al Mualim en nuestra cabeza!
Y los gritos continuaron entre ellos.
—¡ES SUFICIENTE! —Altair se paró dando la espalda al jardín, aún sintiendo un escalofrió ante el lugar, a pesar de que sabía que el cuerpo de Al Mualim ya había sido movido, la atención de todos estuvo en él y acalló la necesidad de alejarse de sus miradas—. Tenemos testigos de nuestros hermanos que fue Al Mualim quien utilizó el fruto.
—Pudieron ser influenciados, todos somos conscientes del poder del fruto —Altair apretó sus manos como único gesto de furia que se podía permitir, no podía perder la compostura frente a todos.
—Está herido, quizá al borde de la muerte —y se odió por considerarlo.
—Es la muerte lo que merece ese traidor.
Y Abbas se salvó del filo de las armas de Altair gracias a los asesinos que llegaron, los que estaban en la biblioteca abrieron paso para permitirles llegar a Altair, dejando murmullos a su paso al ver un herido sobre la espalda de un asesino.
—¡Ve! —señaló rumbo a la enfermería, mientras el otro hacía una reverencia ante Altair, que ocasionó un gesto de furia de Abbas— ¿qué sucedió? —preguntó.
La biblioteca se había quedado en completo silencio, ansiosos por la explicación.
—Malik Al Sayf nos envió a las mazmorras de la orden —podía ver la furia en su rostro a pesar de que su tono de voz no revelaba nada—, la celdas están llenas, pedimos sanadores a Masyaf.
—¿De dónde salieron esos hombres? —el asesino miró a Altair, como si pidiera permiso para responder a Abbas— ¡Él no es el mentor! —gritó furioso.
Él no fue el único que se sobresaltó con la explosión.
—Son hermanos, capturados por Al Mualim. Los que pudieron hablar con nosotros explicaron que encontraron cosas sospechosas, otros preguntaron por la partida de Malik. Algunos solo eran cercanos a él cuando estaba en la orden —los murmullos de indignación fueron generales, sin embargo, Altair solo se concentró en el gesto de odio de Abbas ¿Ganaría más el odio por Al Mualim o el que sentía por él?
—Toma camillas, llévate a los que necesites. La discusión terminará una vez que todos nuestros hermanos sean bien atendidos.
—También deberías tratar tus heridas, Dai —uno de los eruditos llamó su atención ante la sangre cuando todos empezaban a retirarse.
—Lo haré.
…
Se desplomó en una silla ya sin energía durante la madrugada. Habían movido a Malik a una habitación para dejar espacio a los prisioneros de Al Mualim. Los eruditos de la biblioteca se habían quedado también con los médicos para escuchar sus declaraciones sobre lo que los había llevado a las mazmorras. Los asesinos no hacían prisioneros, la mazmorra no se había utilizado más que como amenaza silenciosa, ninguno era enemigo.
Había pasado la mayor parte de la noche escribiendo y asegurándose que se enviaran mensajes a las casas de los asesinos. Había planeado una reunión dentro de dos semanas para dar tiempo a sanar a los heridos y que los rafiq pudieran asistir, de ahí había ido a la habitación de Malik a relevar a los asesino que habían cuidado de él, que se marcharon sorprendidos de que Altair agradeciera su labor.
Malik seguía durmiendo a pesar de la incomodidad de como se encontraba acostado. Habían puesto almohadas bajo sus piernas y brazos para que las heridas no tuvieran contacto con la cama, también una en su espalda para evitar que lastimara la que había sido la primera herida y la flecha que Al Mualim arrancó, explicaron los arqueros.
Altair quitó la tela húmeda en la frente de Malik, mojándola de nuevo y volviéndola a colocar una vez que la exprimió, la fiebre iba y venía, pero uno de los sanadores aseguró que estaría bien —para molestia de su compañero, que seguía ofendido por las instrucciones de Malik—, aunque la recuperación sería dolorosa.
—Necesito que despiertes —comentó con suavidad, peinando el cabello oscuro—, ambos sabemos que no estoy calificado para hacer esto solo.
Se dirigió a la puerta cuando tocaron, temiendo más temas relacionados con la orden, pero solo era un asesino que le entregó las ropas negras de Malik. Tomó el cinturón rojo cuando las dejó en la cama, las manchas recientes ocultaban una mancha vieja que sería la herida que se hizo al hacer el salto de fe. Había usado su cinturón al enfrentarse a Al Mualim, lo que ocasionó aleteó en su estómago. Mantuvo el cinturón en sus manos cuando volvió a sentarse en la silla. Se sentía tan cansado.
…
Lo despertó un ruido, y un quejido escapó de él cuando se enderezó, escuchando su cuello tronar al cambiar de posición.
—Eso parece doloroso —escuchó el casi susurro dirigirse a él.
—Mira quien habla de dolor —la enorme sonrisa en su rostro fue el único signo de felicidad que se permitió al ver que Malik estaba despierto.
—Soy un experto. ¿Qué me he perdido, novicio? —su tono de voz rebelaba lo débil que seguía.
Pasó la mano por su cabello, notando que su capucha se había deslizado durante su sueño. Poniéndose en pie retiró la tela ya seca de la frente de Malik, pasando su mano por su rostro en busca de fiebre, ante lo que notó como se tensó.
—Lo siento, ¿te he hecho daño?
—No —lo notó desviar la vista, luciendo incómodo, por lo que decidió no insistir más y sentarse en la cama.
—Principalmente te has perdido una noche de fiebre y la furia del sanador a ti.
Malik rio, volteando de nuevo a él, cualquier cosa que sucedió ya había pasado.
—Créeme, no me perdí eso. Estaba indignado cuando le dije como debía tratarme "¿Crees acaso que soy un brujo de pueblo al que puedes dar instrucciones?" —la alegría era notable en su voz baja.
—¿Cómo supiste de nuestros hermanos en las mazmorras?
Lo vio suspirar, borrando la alegría de su rostro.
—Esperaba que no hubiera más —Altair aguardó, dejándolo continuar—. Tenía amigos antes de ser calificado como traidor, me pareció raro que no los enviara tras de mí, pero pensé que le preocupaba que se unieran a mí. Nos descubrió por Assim, el asesino que salvamos en Jerusalem.
—¿Nos?
Malik suspiró de nuevo y comenzó a explicar lo que había sucedido. Cuando terminó Altair caminaba furioso por la habitación.
—¡No necesitabas venir a salvarme! ¡Ni siquiera estaba aquí!
—Él solo necesitaba dar la orden, Altair —Malik se veía cansado después de su explicación.
—¡Iba a matarte a ti! ¡Estuviste a punto de morir!
—No soy importante.
—¡¿N-no… NO ERES IMPORTANTE?! ¡Salvaste personas, Malik! ¡Mantuviste el fruto lejos de Al Mualim! ¡¿Qué hay de Maria?! —Malik había volteando a otro lado, como si encontrara aburridas las palabras de Altair— ¡¿Crees que no le importaría?!
—Con el tiempo estaría bien —y lo dijo con un tono que demostraba que pensaba que Altair estaba siendo un tonto, uno con el que Altair tenía que admitir estaba muy familiarizado.
Se llevó las manos a la cabeza, poniéndose la capucha, para después salir a largos pasos azotando la puerta con fuerza tras de sí. Por supuesto, fue incapaz de ir a algún lado, no podía dejar a Malik solo con sus heridas y aunque pudiera encontrar a alguien que cuidara de él no quería hacerlo. Estaba furioso con él, pero otra parte de él lo entendía, moriría por Malik de ser necesario. Notó el cinturón enredado en su muñeca, manchado aún con sangre; Malik había estado a punto de morir, pero estaba vivo ¿por qué desperdiciar el tiempo que tenían debido a algo que no sucedió?
Entro de nuevo, consciente de lo anticlimático de su salida tan exagerada para volver minutos después.
—¿Olvidaste algo? —podía ver el indicio de una sonrisa en los labios de Malik.
Dio pasos firmes hasta sentarse de nuevo en la silla.
—Sigo molesto contigo, pero lo entiendo, de haber estado en tu situación…
—Me temo que no lo haces, novicio —lo vio mirar al techo, la desesperación en su rostro.
—¡Entonces explícamelo!
Cerró sus ojos, Altair temió que el cansancio por fin lo venció, pero cuando los abrió lucía resignado.
—¿Traes el fruto contigo?
Altair se había olvidado por completo de él debido al caos que ocasionó la muerte de Al Mualim.
—Sí, perdona, aquí —lo sacó de su bolsa—, es tuyo.
—No —lo vio hacer un gesto de dolor cuando cerró los dedos—, el fruto es tuyo, Mentor.
—Malik, no estoy preparado para eso.
—Lo estás, novicio —Altair fue consiente de la sonrisa cariñosa en los labios del pelinegro—. Harás cosas maravillosas con la orden.
—No puedes hablar solo a partir de la fe.
—No es fe, lo sé —era desconfianza en su mirada cuando vio el fruto, abrió su mano, Altair entendió, por lo que lo colocó en la palma abierta—Coloca tu mano sobre él.
Y en un instante Altair estaba sentado en la cama de Malik, seguros entre los muros de la fortaleza, al siguiente estaba de pie en un lugar que nunca había visto, y dio un paso hacia atrás, asustado del hechizo, pero sintió la mano de Malik apretar con suavidad la suya, ahora de pie y vistiendo de nuevo sus ropajes oscuros, el fruto ya no estaba entre ellos, tomados de manos sin él interponiéndose. Malik pareció notar como el momento de pánico pasó, por lo que aflojó su agarre dispuesto a alejarse, pero Altair no lo permitió, sujetando su mano pidiendo que no se alejara.
Vio a un joven castaño dando un discurso digno de una gran pelea hasta que fue interrumpido por una piedra, que hizo un corte en el labio por el que se estremeció ante la familiaridad, recordaba lo doloroso que encontró esperar a que sanara.
—Ellos son ridículos — riendo volteó con Malik encontrando que solo lo miraba a él, el cariño tan obvio de su mirada que hizo que su corazón diera un salto.
—Se llama Ezio Auditore—volteó de nuevo a ver a los jóvenes que peleaban— esto sucederá hasta dentro de casi 400 años, Altair.
—Al Mualim dijo que solo eran ilusiones.
—¡Ese…! —era claro que una maldición se había acallado por el gesto de odio que dio paso a uno más tranquilo— Ellos no sabían nada.
La ilusión desapareció, siendo sustituida la calidez de la mano de Malik por el contacto metálico del Fruto del Edén. Lo apartó al ver lo cansado que Malik lucía. Recordó lo mucho que el fruto pareció tomar de Al Mualim, pero ese cansancio parecía más a causa de las heridas.
—Eres rápido para aprender, novicio, sabes lo que el fruto quiere de ti, aprende de él y después hablaremos. Solo… descansaré.
Altair volvió al escritorio cuando lo vio dormir, tomando el fruto con ambas manos se dejó arrastrar por él.
