Despertó sediento pero manos amables ya estaban ahí para darle de beber. Hizo un gesto de desagrado ante el sabor de la bebida, pero Leonardo ya le había advertido de ella y el bien que le haría, por lo que la bebió sin quejas.
—Gracias, novicio —y Altair le sonrió con cariño para después dejar el vaso, temió preguntar, pero no tenía caso tratar de postergar el tema—. ¿Has aprendido algo?
Y cuando lo vio asentir notó que había un ligero cambio ahí, no haciéndolo una persona distinta, como se sintió Malik después del fruto, sino solo más sabio. Lo vio sentarse en la silla, dando un espacio que dolió, porque no había tenido esa distancia antes del fruto, por lo que cualquier sentimiento que Malik se había empeñado en no ver había sido sustituido por los correctos que tenía que haber antes de su intervención.
—Antes de que hablemos, hay algo que necesito decirte y quiero que lo consideres seriamente Malik.
—Como todo lo que dices, Mentor.
—Ambos sabemos que siempre has tenido críticas para mi trabajo.
—¿Y te quejas ahora? —y era doloroso tener de nuevo al viejo amigo y no a ese joven que tanto había crecido en esos meses.
—Claro que no, eso siempre me hizo mejor —y esa mirada tan cariñosa fue dolorosa porque el hombre frente a él era uno que amaba a su Maria.
—Di entonces lo que quieres decir.
—Te amo.
—¿Q-qué? —de no ser por el dolor que impidió que se moviera, estaba seguro que se trataba de una ilusión del fruto.
—No te amo de la manera en que amaste a tu hermano, sino de la que esperabas que amara a Maria —dejo escapar una risa divertida—, claramente de la manera en que actualmente te ama Maria.
—Estás confundido —porque si Malik estaba escuchando bien la única explicación era que Altair fuera el equivocado.
—No —y notó en la manera en que sus cejas se arrugaron que había encontrado su comentario molesto—. Me temo que eres tú el que lo está. No puedo ser el Altair que conociste, aquel debido a quien moriste. Eso que vi, a diferencia tuya, fueron recuerdos de alguien más, de la misma manera en que tú no podías ser Ezio por más que conocieras sus recuerdos, yo no puedo ser ese Altair.
—Pero…
Por Alá, de repente se sentía tan asustado. Leonardo le dijo que no podía cambiar demasiado las cosas, pero ¿no había hecho demasiado mal a este punto? Sus hermanos habían sido torturados porque Al Mualim no habían tenido el fruto para acallar sus dudas sin violencia, y ahora le había robado algo tan preciado a Maria y Altair que…
—Ey, tanquilo —sintió la mano cálida contra su mejilla; Altair se había sentado en la cama y llamaba la atención.
—Esto está mal —y un quejido salió de sus labios cuando intentó moverse, solo quería alejarse y pensar cómo solucionar todo sin esa parte de él que se encontraba tan eufóricamente feliz por las palabras de amor.
—Déjame contarte un secreto de tu amigo —el pulgar de Altair comenzó a acariciar su pómulo en un gesto tranquilizador—, te amaba.
—Estás confundido —¿Quién mejor que él conocía a Altair? Solo Maria.
—Al igual que yo, te amó desde que eran jóvenes, pero te quitó demasiado, tanto como yo lo hice, estuviste siempre ahí para él y su familia, por supuesto que nuestros viejos sentimientos volvieron también para él. Pero, como dije, sabía que había tomado demasiado de ti y nunca sería digno de tu amor, incluso se lo contó a Maria, a ella nunca le importó, incluso llegó a decirle que hiciera algo con eso. Pero yo lo entiendo, después de haber tomado tanto de ti… era injusto.
—Dices que lo entiendes —y Malik no sabía qué hacer con todo eso—, pero tú si me lo estás diciendo.
—Bueno —y esa sonrisa era tan arrogante que Malik no pudo evitar sonreír con burla ante su seguridad—, a diferencia de él, yo no soy tan ciego.
—Ah, ¿sí?
Y la dulzura de la sonrisa lo hizo estremecerse
—Me amas, Malik.
¿Y cómo negar eso? Era lo único de lo que Malik se sentía incapaz de mentir, porque desde que había vuelto, desde el momento en que se encontró con ese Altair tan sorprendentemente joven, el hombre había sido la brújula que lo había guiado hasta ese punto, ¿No había seguido cada uno de sus pasos en busca de lo mínimo que pudiera tener de él?
—Fuiste feliz con Maria.
—Y porque siempre estuviste ahí, te extrañó tanto cuando se fue, pero eras el único en que podía confiar.
—Y mira como sucedió todo, novicio. ¿No te da una idea a dónde nos conducen tus decisiones?
Sin embargo, no había maldad en su tono, por lo que ganó una risa por parte de Altair.
—Por eso en esta ocasión estoy tomando unas distintas.
—Te amo —admitió, y ¿acaso no valía la pena decirlo solo por la forma en que Altair lucía más feliz de lo que alguna vez podía recordar?—, pero no puedo tomar más de ti de lo que ya he hecho.
—¡Malik! —y lo vio llevar sus manos a la capucha, cubriéndose con ella y jalando lo suficiente para cubrir su rostro, oyendo ahogado un grito desesperado.
—Estás siendo un necio, novicio —un gemido escapó de sus labios cuando movió su brazo, dolía, pero por alguna suerte extraordinaria ninguna herida había causado el daño suficiente para incapacitarlo, solo para ser una tortura temporal. Logró colocar su mano en la pierna de Altair, atrayendo su atención de inmediato.
—Eres el único necio aquí —lo vio revisar su herida preocupado, mientras seguía hablando— Me amas, te amo ¿qué más complicaciones hay que buscar?
—¡¿Complicaciones, novicio?! —y si Malik no encontrara tan doloroso llevar las manos a su cabello ya se habían arrancado varios mechones— ¡¿Qué crees que pasará si estoy contigo?! ¿La orden?! ¡¿Abbas?!
—Esa rata —lo vio lucir realmente furioso, nunca había escuchado tal desprecio en un par de palabras— tendremos que encargarnos de él en algún momento, si no nos encontráramos en una situación tan precaria iría ahora mismo a clavarle mi cuchilla en la yugular.
—Necesitas el perdón que das durante la rebelión para ganar la lealtad de los asesinos que lo siguen, en este momento solo soy un peso para ti, deberías enviarme lejos.
El asesino llevó su mano a la mejilla luciendo molesto con sus palabras, Malik ladeó su cabeza para que Altair no tocara su rostro, por lo que su amigo pellizcó con la fuerza suficiente para picar, Malik intentó morderlo, pero los reflejos del asesino evitaron que tuvieran éxito. La risa de Altair llenó la habitación ante su tonta interacción.
—No confío en nadie más que cuide de ti —admitió por fin.
—¿Y planeas estar encerrado conmigo todo el tiempo? Tienes una orden que ganar y cuidar, no tienes tiempo para mí.
—Tenemos, Dai.
—Todos los consejos que te pude dar ya te los he dado, no me necesitas —y sus palabras ganaron un golpe con suavidad en su frente—. Deja de ser un niño, novicio.
—Pues deja de comportante tú como uno.
—¡Estoy siendo el único sensato en esta conversación!
—Malik —sus manos sujetaron su rostro, haciéndolo mirarlo—, te amo ¿no puedes quedarte conmigo?
Y, a pesar del dolor, llevó su mano a su rostro, cubriendo sus ojos, con lo que logró que Altair dejara escapar una maldición, seguramente ante la sangre que había corrido por su movimiento, pero el dolor no le importó mientras ocultara el llanto a su amigo.
—No puedes hacerme esto, Altair.
—Malik, por favor, vas a empeorar tus heridas—sintió sus manos sujetando su brazo para evitar más daño.
Intentó apartarlo pero, como siempre, Malik pudo ser más terco que él.
—No puedes pedirme eso —y sintió temblar las manos que lo sujetaban—. Altair, por favor, estaba listo para olvidarlo, para dejarte ir en el momento en que te mostré el recuerdo en el fruto… no puedes…
Esta vez dejó que apartara la mano, porque el dolor punzante se había vuelto una buena excusa para las lágrimas en sus ojos.
—Habibi— Altair se había inclinado, colocando su codo como apoyo a un lado de la cabeza de Malik, y la cercanía era a la vez tan claustrofóbica y anhelada, haciéndole creer que solo eran ellos dos en el mundo… si tan solo pudieran ser ellos dos en el mundo, uno en el que sorprendentemente Altair lo amaba de vuelta—. Preguntaste —y la voz del asesino era un ronco susurro, sus palabras un secreto solo para ambos— qué no harías por mí… —y como siempre, Altair mostraba porque era digno de ser mentor— solo esto, ámame, déjame amarte de vuelta —sus palabras ahora contra sus labios—. Quédate conmigo.
Y Malik solo fue capaz de levantar el mínimo su cabeza para encontrarse con sus labios, sintiendo la cicatriz como el recordatorio que ese solo podía ser Altair, quien dejó escapar un suspiro ¿de alivio? ¿Acaso no había estado tan seguro de su táctica como mostraron sus palabras? Y correspondió el beso, colocando sus dedos en su babilla para abrir su boca, lo que permitió con facilidad, la húmeda lengua entró, pero lo vio apartarse frunciendo el ceño y Malik dejó escapar una carcajada al entender.
—Maliiiik —y ese era un puchero en su rostro cuando se alejó— ¿cómo puedes beber esa porquería?
Y podía ver las mejillas sonrojadas y el gesto de vergüenza por haber arruinado el ambiente. Supo, en ese preciso momento, cuando su carcajada dio paso a una sonrisa, que no era tan fuerte para renunciar a ellos, a eso tan increíble que sus interrupciones habían logrado.
—Está bien, novicio. Te amo, me amas de vuelta. Me quedaré contigo.
Y le sorprendió ver las lágrimas correr a pesar de la sonrisa en sus labios. Verdadero alivio cuando se inclinó a besarlo de nuevo. En esta ocasión Malik mantuvo su boca cerrada a pesar de los ruegos, divertido en hacerlo pasar un mal rato.
—Tengo un regalo para ti —se apartó, luciendo igual de divertido con el juego.
—¿Debo preocuparme?
—No —lo vio correr al escritorio, volviendo con el fruto en su mano—, sé que no lo querías de vuelta, pero hay algo que quiero mostrarte…
Después de ceder Malik se encontró de nuevo en una memoria del fruto del Edén. Una en la que no había estado porque había respetado los recuerdos de Altair como si fueran lo más sagrado que existiera.
—Por Alá —Altair caminaba a su lado sosteniendo su mano, sus ojos voltearon a él cuando habló— eres aún más anciano que la última vez que te vi.
—Son veinte años después de tu muerte —y eso hizo sonreír a Malik, Altair había vivido, el paso del hombre anciano frente a él ya no era tan firme como el joven a su lado.
Alguien caminaba tras de ellos, claramente siguiendo al anciano Altair, sintió como el joven a su lado jalaba su mano con suavidad para apartarlo. Vio al viejo inclinarse a beber en la fuente, queriendo parecer ajeno de la presencia de su sombra, aunque Malik podía decir que era consiente de él aún antes de que hablara.
—Está bien —le dijo al hombre que Malik no había volteado a ver—. Si fueras a matarme, ya lo habrías hecho.
—¿Ibas a dejar que lo hiciera tan fácilmente?
El anciano se rio.
—No he pasado mi vida caminando por el sendero del guerrero para que un joven cachorro me elimine en una fuente —Malik no se sentía capaz de apartar la vista del anciano, fascinado por como parecía diferente a la persona que sujetaba su mano, ese hombre era alguien que nunca había conocido.
—¿Me has oído?
—Por supuesto que te he oído. Te oí acercarte con el sigilo de un elefante y también he oído que te apoyas en el lado izquierdo. Cuando ataques debería moverme a la derecha para encontrarme con tu lado más débil —Malik no pudo evitar reír, incluso ante una amenaza Altair no podía dejar de ser un mentor.
—¿No lo sabría yo de antemano?
—Bueno, eso dependería del objetivo. Por supuesto, conocerías bien tu objetivo y serías plenamente consciente de su destreza en el combate.
—Sé que este no tiene igual en el combate, Altair Ibn-La'Ahad.
—¿Y tú? Debías de ser un niño cuando Masyaf era mía.
El viejo se volvió hacia el desconocido, Malik encontró la mirada del hombre, tan cansado y triste, pero vivo. Un superviviente, de momento eso era suficiente para él. Sintió a Altair jalar su mano con suavidad, volteó a verlo y este señaló con un gesto de su cabeza al joven que se bajó la capucha, al parecer era a él a quien quería que observara. Joven, quizá 20 años con una barba negra, una mandíbula cuadrada y al ver los ojos oscuros sintió que sus manos temblar, Altair apretó con suavidad, Malik había visto esos ojos en el espejo que había conseguido para el bien de su salud mental. Volteó a ver al anciano, quien pareció mostrar que algo le parecía conocido del joven.
—Lo era —dijo el chico—, era un recién nacido.
—Entonces, ¿no te adoctrinaron en mi contra? —preguntó el anciano y señaló con la barbilla la fortaleza.
—A algunos no se les adoctrina tan fácilmente como a otros —respondió el chico, Malik lo miró, ansioso de recordar sus palabras, aprender el tono de su voz y cada gesto en su rostro—. Hay muchos que han permanecido fieles a los antiguos códigos, y muchos más, al ser más marcados los perniciosos efectos de los nuevos métodos. Pero yo tengo incluso más razones que los demás para mantener mi fidelidad.
Vio como el anciano palidecía, las manos temblar, la manera en que miró al joven. Malik entendió que lo había descubierto.
—¿Cómo te llamas? —preguntó y su voz sonó diferente a la voz del mentor que había estado usando hasta ese momento, como si temiera que la respuesta que quería fuera una fantasía.
—Tengo dos nombres —contestó el chico, y como dolía verlo y no poder acercarse, hablar con él, estar ahí y no ser mirado—. El nombre por el que me conoce la mayoría de la Orden, que es Tazim —Malik repitió el nombre en un murmullo, sabía que los ojos del joven Altair estaban en él—. Pero tengo otro nombre, el que me dieron, el que me dio mi madre en honor de mi padre. Murió cuando yo era solo un bebé, lo eliminaron por orden de Abbas. Su nombre era…
—Malik —fue el viejo quien lo dijo, lo vio contener la respiración y caminar hacia delante, con lágrimas brotando de sus ojos mientras cogía al chico por los hombros—. Hijo mío —exclamó, y Malik sintió que su corazón dolía al notar el amor con el que llamó al chico, a su hijo—. Debía de haberlo sabido. Tienes los ojos de tu padre. —lo vio reír entre el llanto—. De su sigilo ya no digo lo mismo, pero… tienes su espíritu. No lo sabía, nunca supe que había tenido un hijo.
—A mi madre la enviaron lejos de aquí después de que le encarcelaran. Cuando crecí, volví para unirme a la Orden.
—¿En busca de venganza?
—Al final, quizá. Lo que sea más apropiado para honrar su memoria. Ahora que has venido, ya veo cómo.
Vio a Altaïr rodear sus hombros con un brazo, se apartaron de la fuente, empezando a cruzar la plaza mientras seguían hablando, Altair a su lado comenzó a seguirlos, pero se detuvo al notar que Malik no caminaba con él.
—Vamos —rompió su silencio por primera vez— aún seguirán juntos un rato más.
—No —ante esa palabra sintió sus lágrimas correr por sus mejillas—, es suficiente.
Y el llanto fue incontrolable, notó a Altair asustarse, soltando su mano y colocándose frente a él, como si se interpusiera del par que se alejaba.
—Lo- lo lamento— notó el pánico en el joven rostro, tan distinto del anciano.
—No lo hagas —lo abrazó, pasando sus manos por su cuello y acortando la distancia para, como excusa de hablar en su oído, ocultar el llanto de él—. No lo lamentes, gracias, nunca podré agradecerte esto lo suficiente, pero no puedo ver más, él no me verá nunca. Pero después de ver tu mirada —suspiró, recordando sus palabras se corrigió— la mirada de mi anciano amigo, sé que estará bien.
Sintió a Altair corresponder el abrazo con fuerza.
—Fue tu hijo y lo que veía de ti en él lo que lo salvo —explicó en voz baja, como si alguien pudiera oírlo ahí—, si Tazim lo hubiera traicionado se hubiera perdido para siempre.
Sobre el hombro de Altair, a la distancia, vio a su hijo sonreír abiertamente al Mentor. Sabía que iba a guardar esa imagen para siempre en su memoria.
