Capítulo 8

DIME QUE NO

No estaba teniendo el mejor día de su vida. La mañana resultaba ser una jornada completamente pesada. Su mente no estaba conectada en el trabajo y había tenido que preguntarle a su cliente tres veces seguidas la misma pregunta.

La pobre pareja de ese día se miró y después a ella, preguntándole si se encontraba bien.

No.

Habría sido su respuesta natural a un amigo o familiar. Pero las personas que estaban frente a ella ni eran amigos ni mucho menos un familiar. Eran clientes y no se iban a interesar por su vida privada. Estaban ahí para que les cotizaran un viaje a Corea del sur.

Su cabeza no dejaba de dar vueltas, reviviendo una y otra vez los acontecimientos del día anterior.

Flashback

―No entiendo eso de llevar las cosas hasta dónde se pueda.

Él esbozó una sonrisa y sus manos juguetearon con el nudo de su bata.

―Te lo simplifico…

Metió un dedo por debajo del cordón la bata y se deshizo de él. La curva de sus pechos salió a relucir entre las solapas de la bata.

―Hagamos nuestro propio Zeus – se inclinó para admirarlos y juguetear con sus dedos.

Ella tuvo que sostenerse de la barra al sentir la punta de su lengua lamber uno de sus pezones.

―Solo citas de sexo entre tú y yo. Sin nadie más alrededor– exhalo un aliento tibio en su aureola. – Dime que si Kagome.

―Yo…

―Solo un si…

―Entonces ¿Cuál sería la cotización a Corea del Sur?

Fin flashback.

Con un sobresalto regresó de golpe a la realidad. Parpadeó para ver todo a su alrededor. Seguía en la oficina así que volvió a retomar el trabajo dónde lo había dejado. Con una sonrisa forzada que ni siquiera se veía reflejada en sus ojos, respondió a la pregunta de su cliente.

―En un momento le hago su cotización.

Media hora más tarde entró al sanitario de damas y se echó un poco de agua fría en la cara y cuello. Esperando apagar todo el calor que emanaba de su cuerpo.

Vio su reflejo en el espejo. Tenía coloradas las mejillas, sus labios estaban hinchados.

¿Se enfermería?

No. El calor que sentía era derivado de la propuesta de Inuyasha.

Darle un si era peligroso. Porque eso significaba que solamente tendría sexo con él.

― ¿Te encuentras bien, tesoro?

Apartó la vista del espejo para ver a Jakotsu parado en la puerta con una expresión que denotaba preocupación.

― ¿Qué haces en el sanitario de damas?

―Todo el día has estado distraída. Has repetido tres veces un proceso que ya sabes de memoria.

Entró y cerró la puerta con llave a su paso. De un salto se sentó sobre el mármol del inmenso lavamanos.

―No te voy a dejar salir de aquí sin que me digas que es lo que te sucede.

Ella se mordió el labio un poco pensativo. Ni siquiera a Kikyo y a Sango les había contado lo que estaba pasando.

Giró sobre sus pies y recargó la espalda en el mármol.

― ¿Te acuerdas del abogado?

― ¡Ay cómo no! – suspiró a su lado – El Dios platinado que te coge – le dio un pequeño empujón – Eres muy suertuda.

―Bueno. Quiere que esto sea exclusivo de los dos. Es decir, tener sexo ocasional sin salir con alguien más.

Un silbido se escapó de los labios de su amigo, volteo2a verlo y él la miraba con una expresión sería. Algo poco habitual en Jakotsu.

―Muy peligroso.

―Tiene una hija. Bueno en realidad eso es lo de menos.

― ¿Cómo que tiene una hija? ― alzó una ceja ― ¿Es casado?

En ese momento llamaron a la puerta interrumpiendo la charla entre ellos.

―Ve al de clientes, Ayumi – respondió Jakotsu.

―No aguanto Jacky. Está muy lejos. Además ¿Qué haces en el sanitario de mujeres?

Frustrado, roló los ojos y volvió a responder.

―Me siento mujer – sonrió a Kagome y volvió a hablarle a su compañera – Aprieta ahí para que no salga.

Un golpe se escuchó en la puerta seguido de un juramento.

― ¡Vete a la mierda, Jakotsu!

Al ver que ya no se escuchaban los golpes en la puerta. De nueva cuenta retomó el asunto dónde se había quedado con Kagome.

―Desde el principio porque no entendí absolutamente nada. Si pudieras comenzar por la parte en dónde dices que tiene una hija.

Tal cual le iba relatando los acontecimientos que habían sucedido el fin de semana. Iniciando por cómo había aceptado salir con el doctor a una galería de fotos. De cómo se encontró con una niña que era hija de Inuyasha y a la vez paciente de Bankotsu.

La expresión de Jacky iba cambiando ante el giro de los acontecimientos. No podía creer que fuese tanta casualidad reunida en un simple día. Esa mujer sin duda no la llamaba. La invocaba.

―No es casado, respondiendo a tu pregunta. La mujer lo dejó junto con su hija cuando no era nada.

Omitió el caso de la condición de Kanna. Porque ese no era un asunto que le cometía a ella.

―Entonces nos siguió a casa, aguardó a que Bankotsu se fuese y bueno, el resto es historia. Ahora quiere que solo tengamos citas de sexo sin salir con nadie más.

Jacky curvó la boca en forma de "o". No podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Al decir verdad él mismo era un fracaso en citas amorosas. Pero eso no quiere decir que sea malo aconsejando a una amiga.

―Como amiga te aconsejaría que te apartaras de él. Es peligroso. Tener sexo con un mismo hombre da paso a otras cosas. Incluso tus sentimientos podrían estar implicados. ¿Te ha hablado de amor?

Ella negó. Aunque al decir verdad ella tampoco lo había hecho.

―Ni yo a él.

Jacky sonrió y negó.

―Mi cielo, no hace falta que lo hables. Todo el día has estado soñadora, ese es un paso al enamoramiento.

― ¡Pero no lo estoy!

―Y lo estarás si sigues así. Cuando un hombre solamente quiere sexo con la misma persona significa que hay algo. Así me sucedió con Richard, terminamos enamorados y al poco tiempo se largó.

La tomó por la solapa de los hombros. Se los masajeó un poco para darle algo de ánimo.

―Solo quiero que tengas cuidado con la decisión que vayas a tomar. No me gustaría verte con un corazón roto. En dado caso que él no quiera amor podría sentirse acorralado y terminar con eso y es ahí donde quedarías con un corazón roto porque tú si te enamoraste.

―No es amor – volvió aclarar.

―Lo será y de mi te acordarás.

Un poco más calmada regresaron a sus actividades, solo que esta vez era la hora de comida y como no pudo quedar con Kikyo, se fue con sus compañeros. Sacó su cartera del bolso junto con su móvil y vio que tenía varios mensajes sin ver. Iban desde sus amigas, Bankotsu y de Inuyasha.

Estaba indecisa cual ver primero.

Se supone que él le había dado ese día para pensar en su propuesta ya que no quería influir en ella.

"¿Lo has pensado? "

"Dime que si o de lo contrario tendré que arrancártelo de otro modo. Y créeme, te encantará ese modo"

― ¿Estás lista, Cielo?

Apartó la vista de su móvil y vio a Jacky frente de ella. Mas que preparado para ir a comer.

Estacionó su coche frente a la acera del complejo de departamento. No tenía ni el más mínimo deseo de salir. Se recargó en el respaldo del asiento y cerró los ojos. Como deseaba un baño muy caliente, tal vez ordenaría algo de comida rápida para cena. En todo el día no le había dado una respuesta a Inuyasha y vaya que si lo pensó muchas veces.

XXX

― ¡Cuidado con el golpe!

Pero eso no le dio tiempo a Inuyasha de esquivar el golpe que dio justo en su mejilla. Se tambaleó un poco y se sostuvo en las cuerdas del ring de boxeo.

Aquella tarde y para mitigar su mal genio por no recibir una respuesta rápida de dulzura. Había ido al gimnasio con su mejor amigo.

Se tumbó en un banquito y comenzó a quitarse los guantes de boxeo. Agarró una botella de agua y la bebió de un solo trago. Miroku hizo lo propio.

―Muy distraído el día de hoy. Normalmente siempre ganas.

Hizo una mueca que parecía a una sonrisa.

―Déjame en paz.

Pero eso no impidió que siguiera hablando.

― ¿Problemas en Zeus?

Si, Miroku también era socio del club. Se podía decir que iba con frecuencia.

―No estoy de humor para hablar de eso.

Entonces el castaño dio un largo silbido. Normalmente Inuyasha no paraba de alardear las citas que le habían tocado en Zeus.

―Últimamente no has hablado de ello. ¿Has dejado de ir? – tocó su frente ― ¿Te encuentras bien?

El peliplateado de un manotazo apartó la mano de su amigo.

―Te dije que no quiero hablar del tema.

Pero esa reacción en Inuyasha le dijo exactamente todo lo contrario. Había algo y de eso estaba seguro.

― ¿Es por una mujer? – al ver que no hubo reacción, prosiguió ― ¿Te has enganchado con alguien que conociste en Zeus?

Prefirió ignorarlo y guardó sus guantes de boxeo y el casco a una maleta deportiva.

―Mira que para eso existen reglas que se deben…

Guardó silencio al ver a Inuyasha levantarse e irse a la ducha.

Abrió el lado caliente del agua y espero unos segundos para entrar. Si, le había dado tiempo incluso había sido paciente en esperarla. Pero por el maldito infierno, su tardanza lo estaba consumiendo.

¿O era él? ¿Se había precipitado con su propuesta?

El agua corría por todas partes de su cuerpo, quitando los restos de sudor. Se enjuagó el cabello con una loción que dejaba un aroma mentolado y a madera.

Cerró los ojos y dejó que sus sentidos se desconectaron de ahí. Solo podía oír el chapoteo del agua sobre sus oídos y como caía al suelo.

A él acudieron imágenes del día anterior.

Flashback

―Solo un si…

Dijo antes de apoderarse de su boca y devorarla. Quitándole el aliento. Quemándole la piel como ella también lo hacía con él.

La tomó de la cintura y la llevó hasta la pequeña isla. De deshizo por completo de su bata. Se relamió los labios al ver su piel desnuda delante suyo.

―Inuyasha…

Ese jadeo fue como mil dardos de deseo que recorrieron su espina dorsal. La tenía dura y solo pensaba estar dentro de ella.

La urgencia por dulzura se volvía cada vez más un maldito tormento.

―Solo es un sí.

Apoyó sus dedos en ambas piernas y mordisqueó la curva de su oreja. La sintió temblar bajo la yema de ellos.

Separó sus piernas con lentitud y su vagina le daba acceso libre a entrar.

―Me vuelves cada día más loco, dulzura. Solo pienso en distintas formas de cogerte.

―Por lo que veo si es una mujer.

Fin flashback.

Inuyasha lo miró con ganas de querer asesinarlo. Pero al ver que su amigo le señalaba más abajo. Vio que la tenía parada.

― ¿Te gusta lo que vez?

Miroku se echó a reír y se concentró en su propia ducha.

― ¿Quién es?

―Nadie que te importe – respondió rápido.

― ¿La presentaras algún día?

―A ti. Jamás.

Se apresuró a terminar con su baño. Salió de ahí con una toalla alrededor de su cintura. Mientras se iba vistiendo escuchó el móvil.

Inmediatamente lo sacó de la bolsa deportiva y vio que era la maestra de su hija.

―Diga.

―Señor Taisho ¿Podría tener una charla con usted después de clase?

Kanna iba de lunes a viernes al colegio preescolar y en las tardes normalmente la cuidaba una enfermera. En este caso, ahora su madre.

― ¿Sucede algo con mi hija?

―Para nada, señor.

¿Entonces porqué rayos le marcaba?

―Solo quería hablar de los avances que hemos tenido con la niña.

Con un suspiro asintió.

―Bien. Ahí estaré.

―Gracias señor. Que tenga un buen día.

Así finalizó la llamada y se apuró a vestirse para llegar a tiempo a la cita con la maestra de Kanna.

Se despidió de Miroku y antes de que se fuera este lo detuvo para recordarle la cena con un cliente.

―Mañana es la cena con el fiscal Hakudoshi. Recuerda que ya está a punto de retirarse y buscará un sucesor – señaló a su colega – Y tú. Podrías serlo.

Asintió.

―Deberías ir acompañado de alguien. Estoy seguro de que eso te ayudará a ganar puntos.

No le interesaba mucho, pero podría ganar más y darle a Kanna una mejor calidad de vida.

―Lo pensaré.

―No lo pienses. Acepta antes de que decida alguien de McAdmas y asociados postularse.

Sin decir más salió de ahí en dirección al colegio de su pequeña hija.

Todas las madres de los compañeritos de Kanna no le apartaban la mirada. Podría decir incluso que se lo devoraban a simple vista. O peor aún, podría ser que se lo imaginaban desnudo.

―Pase, señor Taisho.

Se despidió de las madres y entró junto con Kanna al salón. De inmediato la maestra le dio algo para que la niña dibujar mientras ella hablaba con su padre.

― ¿Cómo ha sido su evolución? – preguntó cuando la mujer no decía nada.

―La integración de Kanna con el resto de los niños ha sido muy significativa señor. De hecho, ese no es el problema.

Entonces ¿Por qué estaban ahí?

― ¿Cuál es el problema?

―La niña no desea participar en el festival de las madres. Todos sus compañeros lo harán y es importante que ella este.

Miró a su pequeña. Estaba concentrada en su tarea. No la culpaba si no deseaba participar en una absurda festividad.

―Ella no tiene madre – lo dijo en tono bajo para que Kanna no escuchara ― ¿Aun así la va a obligar asistir? ¿Sabiendo que sus demás compañeros si tienen y que asistirán? Un poco cruel ¿No le parece?

―Bueno, señor Taisho – se había puesto colorada de repente. No sabía que decir – Todo es parte de la integración. Podría enviar a la abuelita de la niña.

No quería seguir escuchando esa tontería de integración. Así que acordó con la maestra pensarlo, tomó a su hija y salió del colegio.

Inuyasha observó a su pequeña desde el espejo retrovisor. La pequeña iba sentada en su sillita especial contemplando las calles desde la ventanilla.

Apretó los nudillos en el volante y maldijo a la mujer que era su madre. Si no hubiera decidido largarse, las cosas serían muy distintas.

― ¿Quieres un helado?

La niña apartó la vista de una tienda de mascotas y vio a su papá.

―Me has dicho que el helado es malo porque tiene azúcar.

Inuyasha no pudo evitar sonreír.

―Hoy está permitiendo ¿Quieres ir?

Kanna asintió.

―Solo si vamos con la abuela.

―Bueno, entonces vamos por ella.

El semáforo cambió a verde y fueron por la abuela Izaoi para ir por un helado.

Inuyaha salió de la habitación de su hija. Habían tenido una tarde activa y regresaron tarde. Su madre lo esperaba sentada en el comedor, bebiendo una taza tibia de té.

―Regreso más tarde.

Eso le llamó la atención a Izaoi. Ya que últimamente su hijo salía más de lo normal. Incluso las dejado casi en la entrada del complejo departamental luego de haber ido al museo donde fue aquella exposición de fotografía que tanto le gustaba a Kanna.

―Últimamente sales más de lo normal – comentó ― ¿Vas a ver a alguien?

Él frunció el cejo. No estaba para dar explicaciones. De hecho, haber pasado tiempo con su hija le ayudó a olvidar que dulzura le debía una respuesta a la propuesta que le había hecho. Pero consideró que ya fue mucho la espera.

―Es solo trabajo, madre.

Ella esbozó una media sonrisa. Pues no le creía.

― ¿Implica a una mujer?

Avanzó hacia ella. Le dio un beso en la frente y tomó las llaves de su coche que estaban sobre la mesa.

―Te veo más tarde. Duermes temprano.

Siguió la trayectoria de su hija al salir por la puerta. Su hijo podría ser un excelente abogado, pero ella tenía sus propios métodos de investigación.

XXX

Golpearon la ventanilla de su lado y abrió los ojos de golpe. Miró a la persona del otro lado y su expresión cambió por completo. Le devolvió la sonrisa y bajó inmediatamente de su auto.

Se abrazó a una de sus personas favoritas en esta vida. Su hermano Sota.

― ¿Qué haces aquí?

― ¿No puedo visitar a mi hermana favorita?

Ella frunció el cejo.

―Soy tu única hermana.

―Por eso. Mi hermana favorita.

Sota de repente la hizo girar y le cubrió los ojos con una venda.

― ¿Qué haces? – preguntó un poco confundida.

―Te tengo una sorpresa.

La fue guiando, diciéndole donde pisar. Hasta que escuchó una reja que se abría de par en par.

― ¿Puedo quitarme esta ridícula venda?

―No.

No pudo más con la intriga así que se quitó la venda. Estaban en la cochera de su edificio y frente a ella estaba la combi que siempre había deseado.

Se llevó las manos a los labios y veía con asombro a su hermano menor.

―La encontré en rebaja – explicó – Sé cuánto has estado buscando una. Digo, necesita muchos arreglos, pero…

No pudo decir nada porque Kagome corrió a abrazarlo con fuerza. En ese momento se sentía la hermana más afortunada por tenerlo a él como hermano.

― ¡Es hermosa!

―Te ayudaré a repararla y a equiparla como siempre has querido.

―Eres un maldito tesoro ¿Lo sabías?

Sota se encogió de hombros y se hizo el importante delante de ella.

―Me lo han dicho continuamente.

Kagome lo fulminó y lo golpeó en el antebrazo derecho.

―El modesto le dicen.

―Ya sabes cómo me las gasto.

Ambos se miraron y no pudieron evitar echarse a reír.

― ¿No me invitas a cenar?

―Justamente estaba por pedir algo.

Cerraron la cochera y Kagome lo tomó del antebrazo para subir con él al edificio. Ambos platicando.

La charla entre hermanos fue amena. Hablaron de diversos temas, en particular de sus padres. Acordando que el próximo mes irían a visitarlos. Sobre todo, de la combi que yacía guardada en la cochera. Sota había tenido que sobornar al duelo del complejo para que los dejara guardarla. Claro, no sin tener un algo a cambio.

Sota se despidió de su hermana acordando volverse a ver. Ella se quedó unos momentos en la puerta, esperando a que él entrara al elevador. Le había hecho bien verlo ya que llevaban menas de dos semanas desde la última vez.

Levantó el brazo e hizo un gesto de despedida cuando por fin entraba al ascensor. Cerró la puerta. Debía preparar las cosas para el día siguiente. Pero primero comenzó a limpiar la mesa donde habían comido hamburguesas hace un rato.

Ni siquiera había guardado el primer envoltorio en una bolsa para basura cuando escuchó el timbre.

Pensó que tal vez a Sota se le pudiera haber olvidado algo.

Con una sonrisa, abrió la puerta.

― ¿Ahora que se te olvidó?

Pero esa sonrisa se le borró de los labios al ver al chico que estaba delante de ella.

Él la recorrió con sus ojos dorados y alzó una ceja.

―Tu respuesta. Y no me iré de aquí sin un "si"