Capítulo 12

El sauna del amor

Si no fuese por su afán de convertirse en fiscal, habría tenido que rechazar esa invitación a la sauna y por consiguiente pasar un fin de semana con su hija. Su hija estaba emocionada por su próxima fiesta, incluso su misma madre empezó con la organización. Era la primera vez que se celebraba un cumpleaños en casa.

Aunque en parte le debía una disculpa al fiscal Hakudoshi por haber abandonado tan repentinamente la fiesta. Desde luego que comprendió lo sucedido con su hija.

Estaba en los vestidores preparándose para entrar a la cabina del sauna cuando entró Hakudoshi con una sonrisa de oreja a oreja. Algo que lo hizo arquear la ceja, pero no le dio la debida importancia.

― ¿Adiva a quien vi, hijo?

Él, que estaba recargado en la pared con los parpados cerrados mientras recibía el vapor que emanaba de aquella habitación, se encogió de hombros y negó. Restándole importancia a la persona que pudo haber visto, total ni le interesaba en lo más mínimo.

―A la señorita Kagome. Y debo…

No había terminado con su comentario cuando él ya había salido de la habitación dejando al pobre anciano con las frases atoradas en la garganta. Solo se limitó a sonreír y ver a ese joven enamorado – que no era capaz de admitirlo― salir de ahí.

Caminó por los pasillos y se detuvo al ver pasar a Kikyo y a otra señorita, pero sin la compañía de dulzura.

¿Dónde se había metido ella?

―A la señorita Kagome. Y debo…

No había terminado con su comentario cuando él ya había salido de la habitación dejando al pobre anciano con las frases atoradas en la garganta. Solo se limitó a sonreír y ver a ese joven enamorado – que no era capaz de admitirlo― salir de ahí.

Caminó por los pasillos y se detuvo al ver pasar a Kikyo y a otra señorita, pero sin la compañía de dulzura.

¿Dónde se había metido ella?

Sintió una punzada en su corazón y divisó a lo lejos una melena larga y azabache que se dirigía rumo a los baños de vapor. Le dio alcance y como un maldito acosador caminó tras de ella, despejando a todo aquel que se le quedara viendo. Entonces se detuvo, como si sintiera que alguien le seguía el paso. Antes de que volteara se ocultó en un pasillo, aguardó un par de segundos y continuó siguiéndola, pero con una distancia moderada hasta que la vio entrar a una habitación.

Permaneció ahí, frente a la puerta y con móvil el mano le marcó, solo para preguntarle que estaba haciendo ese día. Aunque claramente ya conocía la respuesta. Pero no contestó la llamada y eso lo alteró.

Sostuvo por un par de segundos la manija de la puerta y la rotó al sentido contrario, esperando a que no estuviera cerrada. Una sonrisa burlona se escapó de sus labios al comprobar que no tenía seguro. Claro que una vez que terminara con ella en ese baño de vapor, hablaría al respecto con ella sobre ciertas medidas de seguridad.

La recorrió lentamente, su pecho bajaba y subía de manera lenta. Pero iba ocultó por esa condenada toalla blanca.

¿Estaría completamente desnuda o llevaba un traje de baño?

Bueno, aunque eso no era problema. Sería excitante descubrirlo por sí mismo, si estaba desnuda, mucho mejor.

Kagome se removió incómoda al sentir unas manos recorrer sus pantorrillas.

La habitación se impregnó de una deliciosa fragancia masculina de la cual estaba demasiado familiarizada.

No podía creer que incluso en ese reducido espacio lo invoque hasta en sueños.

Inuyasha esbozó una media sonrisa al verla retorcer su cuerpo.

Llegó hasta el centro de su vagina, maldición, estaba completamente desnuda y eso lo excitó.

Se le escapó en gemido de los labios al sentir un dedo abriéndose paso entre su vulva.

Eso ya no era un sueño erótico.

Abrió los ojos de golpe y se encontró con sus ojos dorados.

Iba decir algo, pero no supo que decir. Así que él fue quien habló por los dos.

―Dime dulzura ¿Alguna vez lo has hecho en una sauna?

Con los labios entreabiertos negó lentamente.

―Te prometo que será delicioso.

― ¿Qué haces aquí?

Retiró sus dedos y levantó sus pantorrillas para apoyarlas una en cada uno de sus hombros.

Pero tembló de anticipación al ver sus ojos dorados sedientos de deseos.

―Quítate esa toalla.

No sabía si era por lo excitante que resultaba dicha orden o por el habiente de esa habitación. Que al parecer la temperatura había aumentado unos cuantos grados más de lo normal.

Ahí, en esa habitación no había nadie más que ellos dos así que, obedeciendo las órdenes, se quitó la tela que la envolvía

Él sonrió de nueva cuenta, si ya sabía que estaba desnuda, comprobarlo le resultaba placentero. Ahora sus pechos subían y bajaban en una escalara alterada.

Fue dejando un camino de besos de la rodilla hasta sus muslos. No pudo evitar que las piernas le temblaran ante la anticipación de un placer que le aguardaba.

―Inuyasha…

―Sssh dulzura – la calló, deteniéndose justo a centímetros de su vulva – Aquí no puedes gritar como en tu departamento, nos corren.

Sabía justamente a lo que se refería con eso.

―Ahora, abre tus piernas. Quiero saborear cada parte de ti.

Una ráfaga de calor la traspasó al sentir su áspera y humedecida lengua abrirse paso por vulva. Cerró los ojos y se mordió el labio inferior para no tener gritar y dejar por completo que esa sensación la envolviera. Abrió más sus piernas y así darle un mayor acceso. Buscó su cabello enredó sus dedos en su cabello.

Era placentero y el hecho de saber que había más personas en otras habitaciones disfrutando de un baño de vapor ajenos a lo que ocurría ahí. Balanceaba sus caderas al encuentro de su lengua. Lambia y succionaba su clítoris de un modo que él sabía cómo volverla loca.

―Inuyasha.

Fue inevitable retener ese gemido, sentía que estaba a punto de la liberación. Su cuerpo se lo anunciaba con placenteras corrientes eléctricas que se acumulaban en su vagina.

Él se apartó antes de que pudiera correrse.

―Ah no dulzura. No voy a dejar que te corras de ese modo.

Saboreó por última vez su clítoris, bajó las pantorrillas de Kagome hasta el piso de madera y se puso de pie. Ella siguió cada movimiento, se relamió los labios cuando se despojó de su toalla y salió a flote su miembro erecto. Comprendió con una sola mirada de esos ojos dorados lo que él quería de ella.

Y desde luego que sí.

―Esta vez no tengo pastillas Halls negras.

Él sonrió ante su humor.

―No las necesitamos.

Ahora era él quién luchaba por no gritar en cuanto Kagome se había llevado de lleno su pene a la boca. Le recorrió el cabello con las manos hasta juntarlo en una sola. Se permitió verla, dios su carnosa boca en forma de "O" cada vez que pasaba por todo su miembro fue lo que más lo excitó. Balanceaba sus nalgas a su ritmo, dejando que fuera ella quién lo marcara, pero hacer honesto lo quería más rudo.

Igual como sucedió en Zeus, tuvo que terminar aquello, él tampoco no quería acabar rápido.

Tomó asiento a su lado y la arrastró con él a su paso. La alzó por las caderas y la sentó en sus piernas de espaldas a él. Su peso era poco menos que una pluma. En esa pasión, Kagome se permitió recargar su espalda desnuda en su pecho.

Inuyasha aún tenía sus dedos anclados en sus caderas. Su miembro rosaba con delicia sus labios vaginales.

―No traje condón ya que no estaba preparado para algo así – le susurró junto al oído – Pero podríamos…

―No te preocupes – ahora era ella quien lo callaba – Tomó píldoras.

Desde que habían tenido ese acuerdo a modo de preocupación comenzó la píldora anticonceptiva para evitar cualquier sorpresa a futuro, pero eso no implicaba que te salvara de una infección o posiblemente de una enfermedad de transmisión.

―Estoy limpio.

―Lo sé.

Fue en ese lapso en que sus miradas se conectaron, haciendo irresistible el impulso de besarla.

Kagome se deshizo en sus brazos. Levantó los brazos para buscar su nuca y atraerlo más a ella.

Gimió dentro de sus labios al penetrarla lenta y profundamente. Sus dedos se movieron de lugar y torturaban con delirio su ya hinchado clítoris.

Sofocante.

Electrificarte.

Excitante.

Sus movimientos fueron lento, pero a medida que el deseo los iba envolviendo. Se hacían más intensos. Salía para entrar duro.

Estaba deliciosamente húmeda y no había ningún espacio dentro de ella que no estuviera lleno por él.

Tuvo que suspender el beso para que ambos recuperaran el aliento.

Inuyasha la hizo girar sobre su miembro para ahora tener un panorama de su boca y sus labios.

―Más rápido.

Susurró ella capturando sus labios de un pequeño mordisco.

―Me vuelves loco cada día dulzura.

Kagome se aferraba a sus hombros, sin dejar de contonear las caderas, envolviendo su miembro entre su vagina y sus pliegues.

―Loco.

Subió una mano por su espalda, trazando una fina línea por su curva hasta llegar a su nuca y atraerla a sus labios.

―Muy loco como para que esto termine.

Capturó sus labios y fue dejando una línea de besos desde la garganta hasta la clavícula y detenerse en el nacimiento de sus pechos.

La fue tumbando de espaldas hasta dejarla tenida por completo en la banca.

Tomó sus manos y las subió hasta la altura de su cabeza.

Kagome rodeó con sus piernas las caderas de Inuyasha y la atrajo a él.

Inuyasha contempló ese par de pechos y antes de llevarse uno a la boca, no pudo evitar decir con voz ronca por la actitud físico del movimiento.

―Me gustan sus pechos, señorita.

Sacó la lengua y pasó la punta por uno de los pezones.

Dejando a una Kagome estremecida y casi a punto de llegar.

―Son perfectos.

Levantó la cabeza y se encontró con los sus rostros.

― ¿Estas a punto de correrte?

―Si.

―Como siempre, los dos juntos.

Un último movimiento y sintió como se liberaba dentro de ella, como sentía su vagina contraerse alrededor de su pene. Haberla probado sin ninguna barrera era algo de lo que sin duda haría más a menudo, ahora le sería difícil hacerlo con una barrera de promedio.

Levantó su mandíbula y recorrió con una mano todo su cuello para perderse en sus labios hinchados y esos ojos color chocolate. Se inclinó y le dio un fugaz pero tierno beso. Debía admitir que cada vez que estaba con ella de ese modo, más le resultaba apartarse de ella o dejarla ir cuando sus encuentros terminaban. Si esto terminara abruptamente no quería lastimarla.

La tomó de las manos y la llevó a un cuarto que había detrás del sauna.

―Hay un jacuzzi de aceites aromáticos.

Aunque ya sabía esa información por parte de Kikyo, dejó que se lo explicara porque en él resultaba mucho más irresistible.

Dentro de ese cuarto externo había un jacuzzi con una burbujeante agua en color verde. El aroma que desprendía era agradable y dulce al punto de llegar a relajarse. Él entró primero y le regaló una radiante sonrisa que le robó un poco más el corazón.

―Esta caliente pero agradable. Ven.

Levantó un brazo y la ayudó a entrar a la tina. Tomaron asiento en lugares encontrados, uno frente al otro.

Y de nueva cuenta ahí estaba esa sonrisa burlona que guardaban oscuros y placenteros pensamientos.

― ¿Qué piensas?

Inuyasha recorrió la poca distancia que había entre los dos y con una rodilla, separó sus piernas.

― ¿Alguna vez lo has hecho en un jacuzzi?

Kagome negó y se mordió el labio inferior.

―Dicen que la sensación es infinita.

― ¿Nunca te cansas de esto?

― ¿De ti?

Ante esa respuesta en forma de pregunta ella asintió, porque era justamente a lo que se estaba refiriendo.

―Nunca dulzura.

De nueva cuenta su pene estaba erigido, listo para un segundo duelo.

―Y pienso demostrártelo.

La alzó por las nalgas a la altura de su miembro y entró en ella con fuerza.

El agua chipoteaba a causa de sus acometidas.

Kagome lo envolvió en sus piernas, haciéndolo cautivo de su cuerpo.

El agua caliente del jacuzzi combinada con sus cuerpos en estado de ebullición cargaba el entorno de sensualidad.

Los roncos jadeos de Inuyasha sobre su oído la hicieron sentir lasciva, poderosa. Esto le dio poder y confianza, contrajo más su vagina, apretando el pene de Inuyasha sobre sus paredes.

Inuyasha apresuró sus movimientos. Yendo esta vez al límite, penetrándola con más fuerza.

Kagome arqueó la espalda, dejando sus pechos a la altura de la boca de Inuyasha.

Desde luego no perdió tiempo y capturó uno. Succionaba, lambia, mordía arrastrándola más hacia el precipicio y él, desde luego que la seguía.

Entonces, hubo un momento de romanticismo, sus miradas de nuevo se encontraban y estaba vez se acercó para atrapar sus labios.

Sus movimientos fueron haciéndose lentos, pero sin perder el ritmo candente.

Era como si ambos en lugar de sexo estuviesen haciendo el amor.

Nuevamente llegaron al orgasmo juntos y tras un minuto permanecer abrazados se separaron. Al sentir su ausencia Kagome tembló, pero él había pensado que era por el frío así que la atrajo hacía su cuerpo y la abrazo, de tal modo que ella quedara sentada entre sus piernas.

Compartieron otra mirada, pero estaba vez la sonrisa y luego una risa iban implícitas.

― ¿Ya no te ha molestado el doctor Bankotsu?

Kagome frunció el cejo debido al giró tan drástico de la conversación.

―Tú solo eres capaz de hablar de él en un momento así – respondió, jugueteando con su cabello platinado y humedecido.

―Insisto en que ese hombre te desea.

Si no fuera porque solo compartían sexo podría jurar que estaba celoso.

―Hablas como si estuvieras celoso de él.

Inuyasha, que formaba pequeños círculos en la espalda de Kagome, frunció el cejo y se encogió hombros.

―Los celos aquí, entre tú y yo no tienen cavidad. ¿Comprendes dulzura? Recuerda que es solo sexo.

Por alguna estúpida razón estuvo a punto de llorar, pero contuvo las lágrimas. No quería que viera más allá de sus sentimientos.

―Desde luego que sí. Ni yo tengo que estar celosa de ti y tú ni de mí.

Él le guiñó un ojo y de nueva cuenta se perdió en sus labios, en su esencia y en su magnífico cuerpo.

―Aunque debo admitir que ser objeto de deseo entre dos hombres suena ardiente. Un abogado y un doctor. ¡Wow! ¡Qué suerte tengo!

Kagome no pudo evitar terminar riendo ante ese último comentario. Pero era evidente que a Inuyasha no le había agrado en lo más mínimo, porque de nueva cuenta volvió a poseerla en ese jacuzzi, obligándola a callar con un beso.

Kikyo y Sango la esperaban impacientes en los vestidores. Iba con retraso de media hora. Ni siquiera había tomado un masaje con ellas para irse de lleno al sauna.

― ¿Y si le pasó algo? – preguntó alarmada Sango – Tal vez demasiado vapor la abrumó. No sé.

Kikyo, que caminaba de un lado a otro miró su reloj. Era suficiente, ya no podía seguir esperando más ahí. Iría a buscarla en cada puto baño de vapor hasta dar con ella. Realmente estaba preocupada y la muy condenada ni siquiera se dignaba a contestar el móvil.

―Suficiente, no puedo seguir esperando. Iré a buscarla.

Sango también se apuntó, pero cuando estaba por salir de los vestidores la vieron entrar con una sonrisa de oreja a oreja. Incluso su cuerpo irradiaba un aura rosada.

― ¿Estas bien?

Ella sintió, yendo tras su casillero para vestirse.

―No te vimos en el área de masaje.

Ella sonrió discretamente, pues había recibido otro tipo de masaje.

―Tuve suficiente en el sauna. Creo que me quedé dormida.

Pero Kikyo no era tonta, se acercó a su amiga y la hizo girar para tenerla frente a frente.

― ¿Qué pasó en el sauna, realmente?

Kagome se sonrojó aún más con solo recordar su encuentro con Inuyasha. Era claro que no tenía por qué decirles lo que sucedió en esas cuatro paredes.

―Nada y si, tenías razón. Una sala de vapor y ese jacuzzi fue suficiente.

Su amiga se alejó y la contempló junto a Sango, ambas sin dar crédito al extraño cambio de humor por parte de Kagome. Aunque una de ellas sospechaba algo, se veía recién cogida, y por lo que alcanzó a escuchar, sabía que el abogado Taisho estaba aquí. Probablemente se habían quedado de ver en una de las salas para tener sexo.

―Kagome Higurashi – Sango pronunció su nombre dando énfasis a cada letra ― ¡Eres una sucia!

Ahora la que era completamente ajena a todo y la más inocente, aunque no lo parezca era Kikyo. La cuál pasaba la mirada a ambas amigas.

― ¿Me he perdido de algo? – alzó una ceja.

― ¿No le vez la cara de recién cogida? – la señaló con la mirada ― Tú amiga tuvo sexo con Inuyasha.

Kagome se puso colorada ante la deducción de Sango.

―Pero si él ni está aquí.

―Él vino con el fiscal, seguramente quedaron de verse en una sala de vapor y ya sabes lo que habrá pasado.

Kikyo, que ahora si comprendió todo, movió la cabeza de arriba abajo y ambas amigas voltearon a ver a Kagome. Con ese gesto sentía como si la propia y extinta inquisición la estuviera juzgando por sus actos pecaminoso.

―Mira nada más. Sexo en el sauna. Ya ni yo eh y eso que soy la más sexual activa de las tres.

Bueno, debía decirle de una vez que ahora ella era la que tenía más sexo que la propia Kikyo.

―Sin comentarios.

Sacó sus pertenecías del casillero y fue directo a las duchas con una sonrisa de oreja a oreja. La verdad es que era algo que no podía contener y si, como le dijo Sango, era una sucia por haberlo hecho en ese lugar, pero la verdad no se arrepentía de lo más mínimo en absoluto. Había sido después de todo, el sexo más alucinante de la historia del sexo.

XXX

Giro el artefacto entre sus manos, analizando el lente y sobre todo que hiciera buenas capturas. Era compacta, liviana, ideal para una niña que apenas aun iniciaba en la fotografía y que era su primer cámara.

― ¿La tienes en rosa?

El vendedor tecleo el PLU de la cámara para comprobar si ese color se encontraba en inventario. El chico esbozó una sonrisa y asintió.

―Esta de suerte, señorita, tengo solo una. Las demás son color uva o amarillas.

Ella negó, al parecer no entendía que solo quería la rosa.

―No, me llevo la rosa.

El joven asintió y se fue a la bodega en busca de la cámara. Tras pagar, salió con su compra y se detuvo frente a un aparador de ropa para niña. Sabía que había cierto tipo de tela la cuál Kanna soportaba, así que le dio detalladamente a la vendedora lo que quería y como lo quería.

Sonrió ante un vestidito de algodón hecho a la medida de la pequeña. Tenía dibujos de unicornios estampados en él. Sabía de los unicornios porque era justo lo que le había confesado Kanna.

Sin duda se iba a ver hermosa con ese vestido de colores pasteles. Igual que en anterior establecimiento, pagó, pero esta vez compró dos bolsas de regalo y pidió que les envolvieran los regalos.

Al salir se encontró con Jacky. Estaban en su hora de comida y de nueva cuenta le pidió que la acompañara a realizar esas compras. Ese lunes había regresado al trabajo y sentía que le faltaron más días de descanso.

―Te vez como una perfecta madrastra comprando cosas para la hijastra.

―Jacky, no soy nada de eso. Solo amiga.

―De mi te acuerdas cuando ella comience a llamarte "mamá ".

Rompió al reír con eso, ya que era completamente estúpido. Además, entre ella e Inuyasha no existía una posibilidad.

― ¿Tú eres Kagome?

Al escuchar una voz femenina tras de ella, giró sobre sus talones y se encontró mujer alta y de cabello negro. Desde luego que no la conocía.

―Disculpe, pero no la conozco.

La elegante mujer se quitó las gafas de sol mostrando sus ojos cafés.

―Pero yo a ti sí.

Caminó hasta ella, Jacky no perdía vista de aquella fina dama.

―Me presentó, soy Eri Robinson.

Seguramente un cliente la había recomendado con ella.

―Si busca un presupuesto para un viaje me temo informarle que ahorita me encuentro en mi hora de descanso.

Eso le apreció darle mucha gracia a la tal Eri y rompió a reír.

―Soy la exesposa de Inuyasha y madre de Kanna. – hizo una pausa – Y he venido a advertirte.

Ahora si Kagome y Jacky se quedaban con la boca abierta.

¿Cómo había dado con ella?

Y sobre todo ¿Qué quería de ella?


Hola

Pues aquí ando actualizando de nuevo, ya lo tenía desde ayer pero como lo escribí en el celu y no me da opción de corregir me esperé para hacerlo en la compu.

Muchas gracias por sus lindos comentarios para esta historia y sobre todo hacía Kanna, que la verdad estoy tratando de reflejar su condición (todo sin llegar a herir la sensibilidad de aquellos papis cuyo corazón esta pintado de azul).

Nos leemos en otro capítulo ¿Les parece?

Besos.

BPB

!Nos vemos en la página!