Capítulo 16

BRÚJULA

―Paso por ti a la salida.

Su abuela se despedía de ella con un beso en la frente. Entró al colegio y saludó a sus dos únicas amigas. Ya no eran compañeras y eso cada vez hacía sentir parte de un grupo.

Pero no estaba ahí para entrar y recibir una clase en la que únicamente se la pasaban haciendo trazos, cortes y colorear.

Ocupaba salir de ahí e ir en búsqueda de Kagome. A pesar de que ella y su papá ya no eran amigos, ella la consideraba su amiga. Además, la extrañaba mucho.

― ¿Qué te pasa?

Levantó la cabeza cuando una de ellas le preguntó porque andaba sería el día de hoy. Cuando normalmente se la pasaba hablando de fotografía y de su cámara rosa.

Miró ambos lados para ver si no había nadie alrededor que pudiera escucharlas.

El asombro de las pequeñas iba en aumento ante la locura de Kanna.

―Pero Kanna, eso es imposible. Te puedes perder en una ciudad tan grande.

―Sé dónde vive. Pero lo que necesito es salir de aquí.

Sus amigas se miraron una a la otra buscando una solución y como una niña pudiera salir de ahí sin que nadie sospechara.

―Puedes decir que te duele el estómago. Eso me ayuda con mi mamá cuándo no quiero ir a la escuela.

―No― negó la otra – La miss le hablara a su papá para que venga por ella.

―Es cierto.

Entonces hubo otro silencio, ahora el turno de dar su opinión a la segunda amiga.

―Podemos hacer sonar la alarma contra incendios.

Las tres se miraron, era una idea perfecta. Además, ya no había hecho simulacros contra incendios, entre lo que los demás padres dejaban a sus hijos y las otras maestras desalojaban los salones se crearía el caos y ella tendría una mínima oportunidad de salir del colegio.

―Pero vas a tener segundos para poder salir.

Kanna asintió, agradeciendo a sus amigas.

―Así que ocúltate lo más cerca de la salida para que te sea más fácil.

―La señal para huir es la misma alarma, en cuanto la escuches sales.

Se ocultó en una jardinera a esperar a que sus amigas activaran la alarma de incendios.

Tal y como se habían planeado, en cuanto se activó la alarma hubo un caos en todo el colegio. Las maestras se apresuran a sacar a los alumnos e irlos juntando en el punto de reunión.

Los padres de familia que aún no se habían ido entraron apresurados en búsqueda de sus hijos.

Ahí aprovechó para salir corriendo por la entrada sin ser detectada por un adulto.

Ya en la calle tomó el sentido contrario a dónde se había ido su abuela.

Le hizo una señal al taxista y este se detuvo al ver a una niña pequeña y sola en la calle. Posiblemente se había perdido.

Bajó inmediatamente y fue a revisar a la niña. Se puso de cuclillas para verla mejor. Tenía hijos de su misma edad, si los veía solos o se perdían, no sabía cuál sería su reacción.

― ¿Te has periodo, pequeña?

Puso la carita más tierna y triste que pudo.

―Estoy buscando a mi mami.

― ¿Sabes dónde vives?

Asintió, fingiendo limpiarse las lágrimas.

―Bien, en ese caso te llevó con ella.

Afortunadamente tenía una buena memoria fotográfica y fue guiando al taxista.

El coche se detuvo justo en la entrada del departamento de Kagome. Sin aguardar a que el hombre le abriera ella lo hizo y salió de un salto del vehículo.

― ¿Es aquí, pequeña?

―Si, gracias, señor.

Pero él no se fue sino hasta que la niña entrara.

Llamó a uno y fingió ser un repartidor de almuerzos. Para su fortuna la puerta se abrió y antes de entrar se despidió del taxista. Que ni siquiera le cobró pasaje.

Ahora su trabajo sería encontrar cuál era el departamento de Kagome entre todos los que había.

Cansada se detuvo en el tercer piso, llamó a uno y le abrió una pelirroja. Ella no era Kagome.

― ¿Dime, tesoro?

― ¿Sabes dónde vive Kagome Higurashi?

Ella le sonrió.

―Claro, su departamento es el siguiente. Pero ella se encuentra trabajando.

―No importa, la esperaré.

A Ayame se le hizo extraño ver a una niña tan pequeña buscando a su vecina. No le pareció lo más sensato dejarla sola en el pasillo. Debía resguardarla.

― ¿No la quieres esperar aquí? ―abrió aún más la puerta de su departamento – Hice unas galletas.

― ¿Llevan avena?

―No – negó – Soy alérgica.

Kanna se quedó pensativa y miró a esa pelirroja. Esperar con ella no podría ser tan malo, además, se veía confiable.

Asintió y entró al departamento.

Inmediatamente Ayame le dejó un tazón de galletas mientras tomaba su móvil y le marcaba a su vecina.

XXX

Jakotsu trabajaba en completo silencio. Buscando la cotización para el viaje de esa mierda y su novia. No tenía nada en contra de la chica, pero gracias a su novio, su amiga la había estado pasando mal esta semana.

Entre Kikyo, Sango y él le habían estado aconsejando que se tomara un fin de semana al bosque como era su deseo.

A fin de cuentas, Lucy ya estaba adaptada con todo lo que se requería para un viaje. Incluso quedó mucho mejor que su departamento.

― ¿Cómo has estado, Jacky?

Él alzó una ceja y mostró su gafete de empleado. Y usando un tono más varonil posible, respondió:

―Es Jakotsu. Jacky es solo para los amigos más íntimos.

A la pelirroja se le escapó una risa, pero al ver al hombre de ojos dorados se aclaró la garganta, fingiendo toser.

―Bueno, este es el presupuesto a las Bahamas.

Les mostró un plan de lo que contenía el viaje. Que intuía, los días y noches que estaban añadidos al paquete, así como las actividades turísticas.

― ¿Qué te parece, querido?

―Lo pensaremos.

Se levantó y salió a toda velocidad de ahí. La joven se sintió apenada y se despidió del chico para seguir a su supuesto novio.

Jacky frunció el cejo mientras veía a ese bastardo desaparecer de la agencia. Tomó el papel, lo hizo añicos y los trozos de los tiró a la basura.

Se levantó y fue en busca de Kagome al cuarto de servicio, no sin antes de tomar un botiquín del cajón de su escritorio.

Al no tener respuesta de ella cuando tocó la puerta, decidió entrar.

Cerró la puerta con llave y la obligó a salir de dónde estaba.

Kagome asomó su cabecita en una puerta. El corazón se le partió al verla con sus ojos y la nariz roja.

― ¿Ya se fue?

Asintió.

―Si, ese pendejo ya se fue. Ven – dejó el botiquín en el lavamanos – Quiero ver tus muñecas.

―Estoy bien – ocultó sus brazos tras su espalda.

―No digas tonterías. Vi cómo te rasguñabas debajo del escritorio. Así que muéstramelas.

Suspiró cuando vio los rasguños que se hizo con las uñas. Las muñecas estaban rojas, los rasguños aún latentes y con poca sangre.

―Debes controlar esa ansiedad.

Se sintió un poco apenada ante un ataque.

―No me había pasado desde hace tiempo.

―Todo por ese idiota. Te juro que quise cortarle los huevos a ese maldito. Pero me controle.

Abrió el botiquín, sacó un algodón y lo empapó de alcohol. Empezó a curar sus heridas y aunque en un principio Kagome se resistió, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano.

Era verdad, sus ataques de ansiedad habían disminuido desde hace tiempo. Ya no se despertaba en las madrugadas con esa necesidad de salir corriendo, como si huyera de algo o alguien.

Pero esos ataques aparecieron nuevamente tras la separación de ella con Inuyasha.

Sacó una venda empezó a cubrir las muñecas.

―Gracias. La verdad es que no sé qué haría sin ti.

―Recuerda, soy mercancía invaluable.

Nuevamente apareció esa sonrisa en su rostro. Pero se le borró cuando su móvil. Jacky lo sacó del bolsillo de su pantalón y se lo entregó.

Frunció el cejo al ver el nombre Ayame. Era raro, ella nunca le marcaba al menos de que hubiera sucedido algo en el departamento.

En cuanto contestó y le dijo lo que había sucedido, levantó la mirada y se encontró con la de Jacky.

XXX

La pelirroja que había fingido ser su novia se detuvo frente a él y extendió el brazo. Si, exigía su pago.

―Mi dinero.

―En seguida. Ya sé que trato es un trato.

Sacó su cartera y la miró.

― ¿Te sirve transferencia?

La mujer negó.

―Efectivo únicamente.

Inuyasha sacó el dinero que habían pactado y se lo entregó a la pelirroja. Está comenzó a contarlo para asegurarse que su pago estuviera completo.

―Es una lástima que mi novio no me lleve a las Bahamas.

Ignoró por completo el comentario.

―Aunque si me permites hacer un comentario.

―Nada de comentarios.

Abrió la puerta de su auto dispuesto a salir de ahí. Pero la mujer lo detuvo.

―Eres un completo idiota. No entiendo porque necesitas alejar a esa chica de tu lado. Es evidente que está enamorada de ti. Lastimarla de esta manera solo hará que la que te odie.

Frunció el cejo, miró la suela de sus zapatos y luego a ella.

―Es precisamente lo que quiero. No puede estar con alguien como yo.

Ella se echó a reír. Esa era la respuesta más estúpida que había escuchado, pero decidió que había sido suficiente el indagar en la vida privada de su cliente.

Con una última mirada, guardó el dinero en su bolso y se fue marchó del estacionamiento.

Inuyasha subió a su coche y recibió una llamada otra llamada de su madre. Desde que había estado con Jakotsu había sido muy persistente, incluso tuvo que poner en silencio su móvil.

― ¿Por qué tanta insistencia, madre?

―Hijo, Kanna ha desaparecido del colegio.

Encendió de inmediato el coche sin cortar la llamada con su madre.

― ¿Dónde estás?

―En el colegio. Por favor, ven rápido.

No sabía si calmar el llanto de su madre o tranquilizarse el mismo. Su hija había desaparecido y la maldita angustia lo invadió por completo.

Al llegar al colegio, había varias patrullas estacionadas frente a la entrada de la escuela de Kanna. En un principio le impidieron el paso, haciéndole varias preguntas. Pero en ese momento la directora salió a recibirlo.

―Señor Taisho, por favor, sígame.

Claro que la iba a seguir. De ser posible la iba a echar, incluso levantaría cargos en contra de la institución por no tener la debida seguro. Por la culpa de la ineptitud de su cuerpo docente su hija estaba desaparecida.

Entró a la dirección y ahí, en un mar de lágrimas estaba su madre. La profesora de su hija la trataba de consolar.

Sentarse a llorar no era una solución, aunque su mundo se reducía a cenizas debido a su angustia.

― ¡¿Me pueden explicar qué sucedió?! ¡¿Cómo una niña de seis años fue capaz de desaparecer?!

―Señor, por favor. Le pido que se trate de tranquilizar.

Pidió la directora. Algo que evidentemente no iba hacer.

― ¿Me está pidiendo que me tranquilice? ¿Cuándo su incapacidad por cuidar niños salta a la luz?

Eso hizo sentir incómoda a la directora, pero aun así no se dejó intimidar por él. Conocía al señor que tenía frente de ella. Era el abogado más temido y se rumoraba que pronto sería un candidato a la fiscalía del estado.

Y para su mala suerte había desaparecido su hija.

―La alarma de incendio se activó y hubo mucha movilización.

―Quiero ver las cámaras.

―Ya se las hemos entregado a las autoridades correspondientes. Tendrá que pedirlas a ellos.

Eso lo hizo explotar de manera considerable. Pero el alguacil se acercó a él para hacerle algunas preguntas.

Lo primero que hicieron fue llevarlo a una pequeña sala, donde le mostraron los videos del día. En él se podía ver claramente como su hija se las había ingeniado para salir del edificio aprovechando un momento de descuido de las maestras provocado por el caos del supuesto siniestro.

Incluso temió que todo hubiera sido tramado por su exmujer. Pero era imposible, después de haberle reclamado por arruinar su matrimonio y arruinarle su vida jamás supo de ella.

―Le aconsejo que regrese a su casa. Nosotros nos encargaremos de todo.

―No me puede pedir que me quede de brazos cruzados cuando mi niña está perdida en una maldita ciudad. Lo primero que saldré será irla a buscar.

― ¿No se le ha ocurrido que ella misma vaya a casa y no lo encuentre?

Se quedó uno instante pensativo. Debía admitir que tenía razón. Ahí sentado y reclamándole a medio mundo no solucionaría nada.

―Hijo, lo siento mucho.

Su madre se disculpó una vez que estuvieron dentro del coche. Cuando Kanna apareciera, lo primero que haría sería sacarla de ese colegio de mierda cuya vida de su niña habían arriesgado.

―Vamos a casa. Te quedaras ahí mientras yo salgo a buscarla. Si sucede algo me marcas.

Izaoi asintió, observando en silencio el semblante pálido de su hijo. Sin duda esto lo estaba sobrepasando.

XXX

Ni siquiera se había detenido en saludar al portero. Subió prácticamente a una velocidad récord las escaleras que la conducían hasta el piso donde vivía. Se quedó unos segundos recargada en la barandilla de las escaleras para retomar todo el aire que se le había escapado de sus pulmones.

Una vez repuesta, pasó de largo hasta el departamento de su vecina Ayame. Tocó varias veces la puerta al ver que nadie abría. Sentía una angustia que la comía por dentro y solo quería saber si ella se encontraba bien.

La puerta se abrió y la pelirroja la saludó.

― ¿Dónde está?

―En el comedor. Está comiendo unas galletas.

Recordó que Kanna era alérgica a la avena, entonces cuando abrió la boca para preguntar, Ayame ya se había adelantado.

―Sin avena. Me ha dicho que es alérgica.

Asintió y se dejó guiar por ella. Entonces entraron al pequeño comedor. La niña prestaba atención a un dibujo que le mostraba el novio de su vecina.

―Es fantástico ¿No crees?

Kanna arqueó una ceja, un poco desconfiada de que él pudiera haber dibujado ese paisaje.

―No creo que lo dibujaras tú – agarró otra galleta del tarro y se la llevó a la boca.

―Un día de estos te haré un dibujo especialmente a ti.

La niña sonrió y acepó el trato. Fue cuando sintió la presencia de Kagome y al voltear, la recibió con una gran sonrisa. Saltó de su silla y fue corriendo hacia ella. En ese momento no supo cómo reaccionar. Por un lado, no tenía ni la menor idea de cómo había llegado ella hasta su departamento y por el otro, probablemente su padre y su abuela estarían preocupados por ella.

Se puso de rodillas y la miró seriamente.

― ¿Qué haces aquí sola?

Kanna roló sus ojitos y miró a la pelirroja que estaba tras de Kagome.

Como era un tema que no les concernía ni a Ayame ni a su novio, se lo llevó fuera de ahí para que ambas pudieran hablar a solas.

―Vine a verte. ¿Por qué ya no eres amiga de mi papá?

Ni siquiera sabía que responderle a una pequeña de esa edad.

―Porque a veces los adultos dicen y hacen cosas para alejar a un amigo.

―Pero ustedes dos son muy buenos amigos. Falta con que se pidan una disculpa.

Eso le lleno de ternura, hasta un niño era más sensato que un adulto. Kagome fingió una pequeña sonrisa.

―Las cosas nunca son tan sencillas, linda – acarició su mejilla.

Entonces Kanna frunció su pequeño cejo y vio el vendaje en las muñecas de Kagome.

― ¿Qué te sucedió?

Ella se encogió de hombros y le restó un poco de importancia.

―El gato de una amiga me arañó.

¿Cómo es que una niña entraba a un complejo sin ser detectada? Y lo que era aún peor ¿Cómo es que andaba sola? Ni siquiera se quería imaginar que le habría podido pasar con tal de haber llegado hasta aquí. ¿Inuyasha lo sabía? ¿Izaoi lo sabía?

― ¿Tú papá sabe que estas aquí?

Negó y eso la mortificó.

― ¿Tú abuela?

―Me salí del colegio y quise venir a buscarte. Últimamente mi papá se pone de mal humor por todo. Si le pregunto por ti se molesta, así que quise venir sola.

Sabía que debía devolverla a casa. Probablemente la estarían buscando y seguramente la culparían de secuestro, aunque su mayor defensa era que el propio Inuyasha la había visto en la agencia.

―Debo llevarte a casa. Tu familia debe estar preocupada por ti.

Ni siquiera quería mencionar su nombre, ya había visto mucho ese día. Lo único que quería era que se acabara, meterse a la cama y dormir. Pero tal parecía que la niña no quería irse aún, pues se rehusaba a seguirla.

―Kanna, debo llevarte ¿Entiendes? Podríamos tener problemas por esto.

Kanna se quedó un poco pensativa y después miró a Kagome.

―Pero si me prometes visitarme casi todos los días.

No por favor, eso no. Eso no le podía pedir. Si de por si era difícil verlo, ahora con novia seria aún más complicado. Probablemente si accedía, se encontraría con la pareja actual del chico que amaba y eso, eso sabia a perfección que no podía prometer.

Aunque dadas las circunstancias, una mentira piadosa no vendría mal. Así la pequeña se iría tranquila.

―Está bien, lo prometo.

Se despidieron de su vecina y el novio, a quienes Kanna prometía visitar cada vez que Kagome la trajera de visita.

la noche ya había caído cuando subieron al coche. Kagome le colocó el cinturón de seguridad y partieron con destino al complejo. Pensando en las mil formas en cómo le iba a explicar lo sucedido. Estuvo tentada en pedirle a Jacky que la acompañara, pero ya lo había molestado muchas veces que necesitaba un descanso de ella. Tanto él como su novio Erick necesitaban un tiempo de pareja sin terceros de por medio.

Observó el espejo retrovisor para supervisar como iba Kanna. Ella iba tranquila, como si lo que hubiera hecho no estaba mal. Incluso tarareaba una canción que se escuchaba.

Para cuando se estacionó frente a la entrada del edificio Kanna ya se había quedado completamente dormida. Sonrió al ver lo tierna que se veía, pero era momento de despertarla. Algo que fue inútil, así que le quitó con cuidado el cinturón y se la echó al hombro, inmediatamente su cabecita se recargó en él.

En cuanto el portero la vio entrar con la hija de uno de los inquilinos del lugar y que sabía lo que pasaba, se apresuró a ayudarle a llamar al ascensor. Aunque por más que quiso sacarle información, Kagome no se lo dio, le dio una última sonrisa antes de que las puertas del ascensor se cerraran frente a ellas.

Había despedido a todos esos malditos oficiales que ni siquiera habían hecho nada por averiguar acerca del paradero de su hija. Su recorrido por las calles resultó en un completo fracaso, era como buscar una aguja en un pajar. Se cuestionaba si en realidad era un gran padre para su hija. Si en realidad la comprendía del todo. Tantas veces que juzgó a Eri y al menor descuido Kanna desaparecía.

La angustia se lo consumía vivo y no podía dejar de pensar en muchas posibles situaciones por la que estaría pasando su pequeña niña. Como si ya había comido o si es que alguien la tenía le había dado algo. Esperaba que no fuese avena. De hecho, en esa desesperación había ido al departamento de Kagome, preguntarle si la vio. Pero no, esa solo era una excusa únicamente para verla.

Se derrumbó en el escritorio, ahí no iba hacer nada, pero salir como loco a buscarla tampoco, aunque con una leve esperanza de encontrarla.

Escuchó el timbre y con desgana se levantó a abrir. Le había dado a su madre un somnífero para que pudiera dormir tranquila ya que era la más afectada en todo. Había pasado por mucho, cuando la internaron y este.

Cruzó a grandes zancadas la sala, probablemente era el portero o un oficial de policía para darle información. Pero al abrir la puerta no estaba preparado para verla a ella con Kanna en brazos.

Frunció el cejo e iba a decir algo y antes de que lo hiciera, Kagome se le adelantó.

―No estaría aquí de no ser por ella.

Señaló con la mirada a la niña que estaba recostada en su hombro.

― ¿Qué haces con Kanna, Kagome?

―Fue a buscarme a mi departamento – respondió – Si no me crees puedes revisar las cámaras de seguridad.

Él pareció que le creyó porque se hizo a un lado y dejarla pasar. La iba ayudar con Kanna, pero la niña se despertó y más se aferró a los brazos de Kagome. Entonces se apartó y dejó que fuera ella misma quien la llevara a su habitación.

Luego de haberle ayudado a quitar en uniforme del colegió la arropó, todo ante la tierna mirada de Kanna.

―Mi papá ya no te quiere.

Esa no era una pregunta, era una afirmación.

―Lo vi hoy con otra amiga.

Contaba los segundos para salir huyendo lo más rápido posible de ahí.

―Pero yo te quiero más a ti.

Simuló una sonrisa y le dio un beso en la frente.

―Gracias, linda.

Kanna buscó una de sus manos y las entrelazó con las de ella. Miró sus vendas e hizo una mueca.

― ¿Vas a cumplir tu promesa?

Con la otra mano libre, la levantó en una señal de juramento.

―Lo prometo. Ahora duerme.

Ella asintió y al poco rato había cerrado los ojos.

Las palabras que Kanna habían dicho, a pesar de que eran sinceras, dolían como los mil demonios. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para evitar no derramar ni una lágrima en ese lugar.

Miró sus manos vendadas y eso le dio valor para calmarse un poco antes de salir de la habitación.

La luz en todo el departamento era tenue, pero pudo distinguir su figura frente al ventanal. Contemplando la ciudad de noche con el rostro que siempre lo caracterizaba.

"Vamos, voltea a verme"

Podía ver sus ojos dorados a través del vidrio. Estaba serio, con el cejo fruncido.

―Ya se ha dormido.

Él asintió, sin verla.

"Mírame, dime que también lo sientes"

―Gracias. Dile al portero que te pida un taxi a mi nombre.

―No hace falta – lo interrumpió – Vine en mi coche.

Una vez más movía la cabeza en forma afirmativa pero no se dignaba verla. Ni siquiera le había pedido una explicación entera de cómo fue que Kanna había dado a su departamento. Y, sobre todo, pedirle ella misma una explicación por su nueva novia era algo que no le competía.

―Debo irme.

Avanzó muy despacio a la puerta, esperando a que la retuviera. Que la tomara por la cintura y la llevara a su habitación para no dejarla ir.

―Kagome.

Con el corazón casi a punto de salírsele del pecho porque se dirigió a ella, fue que mantuvo su mano en la manija de la puerta, levantó la vista y su figura aún permanecía frente al ventanal.

― ¿Dime?

Lo vio abrir la boca y después cerrarla de inmediato para después decir:

―Cierra antes de salir.

―Claro.

Salió de ahí lo más rápido que le dieron sus pies. Sin duda la "promesa" que le había hecho a Kanna era algo que no se podía permitir. Una vez más se despidió del portero. Solo estando adentro de su coche se permitió llorar como había querido.

Necesitaba alejarse de todo y contaba los días que faltaban para su próxima excursión.