Capítulo 17
RESPIRO
"Escapas al campo a respirar,
Estallan tus latidos en silencio total"
(Siddhartha ―Respiro)
Ese día por fin se iría de excursión luego de haberlo prolongado por más de lo que ella misma quería. Su camioneta se encontraba con una extensa variedad de provisiones que no solo ella misma había guardado, sino que sus amigos le habían llevado. En ese sentido se sentía protegida, cobijada por todos ellos.
Jacky se despedía de ella como si fuera la última vez que vería a su amiga y compañera de trabajo. De hecho, era el más dramático del grupo. Erick, su novio, tuvo que intervenir y quitárselo de encima porque estaba resultando un tanto extremista.
Las que estaban más tranquilas eran Sango y Kikyo ya que sabían a perfección cuanto significaba este viaje para su amiga. Unos días fuera y desconectada de la ciudad le vendrían muy bien.
Un gran respiro le vendría bien a su alma y corazón.
― ¿Llevas la cámara? – preguntó Sango.
Kagome asintió, era lo primero que había guardado. Ya que a eso iba, a tomar fotografías.
― ¿Condones?
Todos los pares de ojos se centraron en Kikyo y ella simplemente se encogió de hombros.
― Tal vez se encuentre un galán en el boque. Hay que estar preparada para todo.
Con una amplia sonrisa por ese comentario, subió a su combi y miró a todos a través de la ventanilla.
―Nos vemos a mi regreso.
―Claro linda – asintió Jacky emocionado – Nos muestras esas fotografías.
― ¡No se te olvide enviarnos tu ubicación! – repitió por decima vez Sango.
Se volvió a despedir del grupo, encendió la combi y lo último que vieron de ella fue cuando se incorporó al tráfico y daba vuelta en la siguiente manzana.
Habían permanecido unos minutos más ahí en la acera hasta que Kikyo se apartó para aceptar una llamada que había estado esperando.
El grupo guardó silencio y escuchó la conversación.
―Busca al contrademandante. Si es preciso lávale el cerebro de que somos la mejor firma de abogados para llevar su caso. Una vez que lo hayas convencido se lo asignas a Hoshiyomi. Él... ¿Cómo que no se encuentra en la ciudad? – arrugó la frente al escuchar la información del otro lado de la línea ― ¿Otra vez anda en sus excursiones de alpinismo?
Kikyo apartó el móvil e hizo una expresión de enfado, pero de rato volvió a retomar la llamada. Erick miró a su novio y este se encogió de hombros sin entender de qué hablaba.
Al cortar la llamada, Kikyo se dio cuenta que la estaban viendo y que seguramente esperaban una explicación.
―El imbécil de Taisho le han asignado un caso pequeño. Los rumores apuntan de que este será el último, ya que aparentemente se va a enfilar a las elecciones para fiscal del estado.
El grupo asintió complacido ante la explicación de Kikyo. Pero, una sonrisa malévola apareció en el rostro de la directora de bufete McAdams.
―Y mi abogado estrella – sus ojos brillaron ―Hoshiyomi, aparte de ser un bombón en toda regla, es un maldito perro en los tribunales. Le dolerá la cabeza a Taisho con él. Voy a hacer que lo humille, que lo haga polvo de tal manera que no quede nada de él. Su historial perfecto quedará manchado. Le advertí que no le hiciera daño a Kagome, ahora – guardó el móvil en su bolso – Es mi turno de regresarle el favor.
Inuyasha recibió un golpe en la mejilla derecha y ni siquiera se había defendido. Después otro a la derecha y el piso se movió bajo sus pies. Se apoyó contra las cuerdas y sacudió su cabeza para acomodar sus ideas. Pero aún seguía aturdido por el golpe que le había propiciado Miroku.
― ¿Qué pasó mi futuro fiscal?
Preguntó su amigo con una sonrisa a la par que golpeaba los puños de sus guantes y lo incitaba a golpearlo.
Inuyasha se quitó el casco protector y se derrumbó en un banco. Sus pulmones luchaban para volver a recuperar el aire que había perdido. Pero al decir de vedad, por más que intentaba hacerlo sentía que no lo recuperaba del todo. Era como si algo le faltara endiabladamente y no sabía que era.
O tal vez sí, pero no quería reconocerlo.
―Vete a la mierda.
Miroku sonrió y tomó asiento a su lado. Ambos contemplaban el desolado gimnasio en un día como un fin de semana.
―Últimamente tienes un puto humor que ni el mismo sol te calienta. Tal vez lo que necesitas es conocer una chica y coger con ella.
Ni siquiera lo había intentado, es más, se había dado de baja en Zeus. Aunque la empresa no quería renunciar a una cuenta como la de él no hubo ninguna manera de hacerlo entrar en razón. Estaba hastiado de todo eso. De pronto, las chicas con las que se había acostado desfilaban desnuda frente a sus ojos y se sentía una mierda por haber tenido una membresía como esa. Aunque claro, lo bueno de todo esto había resultado Kagome. Pero esa ya era otra historia que no le gustaría recordar.
―Lástima que te diste de baja. La convención estuvo increíble.
Él alzó una ceja.
―No me interesa.
Miroku sabía perfectamente lo que le sucedía pues entre ellos no había ningún secreto. No solo eran una mancuerna perfecta en el bufete, sino que eran grandes amigos. Llevaban años conociéndose y sabía cuándo algo no andaba bien con el otro.
― ¿Cuándo se lo vas a decir?
Para ellos no había secretos, Miroku sabía lo que era dulzura para él.
―Nunca.
―Te vas a arrepentir, puede que la pierdas si no es que ya.
―Es mejor – comentó molesto, recargándose contra las cuerdas con los ojos cerrados. ―Por eso tomé la decisión que tuve que tomar.
Miroku negó con los ojos.
―Nadie tiene el derecho de decidir por una persona.
―Pero en este caso sí, Miroku – Interrumpió Inuyasha – Y ya no quiero hablar de ella. Fin del tema. Mejor arrastra tu trasero al ring. Voy a pateártelo.
Regresaron al ring y esta vez no usó protección. Toda esa frustración, rabia y coraje la desquitó con su mejor amigo de una manera que mejor pudo hacer. Boxeando.
Pero por cada golpe dado y recibido veía el rostro de dulzura.
XXX
Sus ojos brillaban cada vez que miraba las fotografías que había tomado ese día. La verdad que la conexión con la naturaleza era lo que le había estado haciendo falta. Afortunadamente había suficiente señal en ese punto, por lo que aprovechó para enviar su ubicación y hacerle saber a sus amigos que se encontraba bien los ayudaría a dejarlos más tranquilos.
El lugar que había elegido para acampar era realmente hermoso. Frente un lago con agua cristalina. Su camioneta estaba estacionada unos cuantos metros de él. Su pasión sin duda era la naturaleza y ese día había logrado capturar unas cuantas muy hermosas. Estaba segura de que si las vendía en internet no faltaría quien se las comprara.
Después de una pequeña cena, apagó el fuego y se dispuso a irse a dormir. La noche había caído rápido y se escuchaba los sonidos de los animales nocturnos.
Se movía de un lado a otro de la cama y por más que trataba de cerrar los ojos y dejar que el sueño acudiera a ella, pero simplemente el sueño no acudía. Miró a través de la lampara las cicatrices que le habían quedado de en sus muñecas.
Una traviesa lágrima se le escapó. El no poder cumplir una promesa era complicado. Le había prometido en vano a Kanna visitarla, pero sabía perfectamente que eso no podía ser. Porque le iba a doler verlo con otra mujer que no era ella. Amar era complicado, como si estuviera prohibido.
¿Por qué pensaba en él en estos momentos?
Cuando lo que en realidad debía hacer era disfrutar de su viaje, que para eso ella misma lo había organizado.
Pero es que en realidad dolía como una brasa ardiente. Incluso días después se dio cuenta que estaba bloqueada de su WhatsApp, por lo que ni su foto podía ver.
Molesta ella misma y sus sentimientos, apartó las sábanas. Esto era inútil y se estaba engañando. Así que mejor se levantó de la cama y salió de la combi. Se abrigo bien porque la noche estaba un poco fresca. Encendió una lampara y la dejó sobre una pequeña mesa que iluminó un poco el área.
Se acercó a la orilla del lago, viendo como la luna se reflejaba en el agua.
XXX
―Entonces si trazo la ruta por aquí….
Sus ojos verdes se concentraban en mapa que tenía frente a él. Sacó un plumón rojo y trazó el sendero que debía seguir para llegar a su destino. Un mosquito le picó en el cuello, fue más rápido y lo mató.
―Y podré llegar aquí…
Pero el desgarrador grito de lo que parecía ser una mujer lo sacó de su maldito mapa.
― ¡¿Qué carajo fue eso?!
Si, abrió los ojos de golpe, incluso de miedo. Estaba en maldito bosque y las posibilidades de que fuera una mujer gritando eran completamente nulas.
Aunque ¿Y si lo fuera? Probablemente necesitaría ayuda.
Inmediatamente dejó el mapa, buscó un pico con el que se ayudaba para escalar y salió corriendo en dirección hacia aquel grito.
Se abrió paso entre las hiervas. Distinguía una luz a medida que se iba acercando de dónde había proveído el ruido.
Fue cuando en medio de la noche y la luz blanca que proyectaba una lampara pudo distinguir la silueta de una mujer. Pero ella estaba muy cerca de la orilla del lago, temía que por algún motivo fuese capaz de saltar al agua en una noche fría y que no saliera.
― ¡No lo haga!
Ella giró bruscamente y cuando lo vio lo único que pudo capaz de hacer fue gritar. Porque no se esperaba a ver a nadie más. Dio un paso hacia atrás y tropezó con la rama de un árbol, haciendo que cayera de espaldas al lago.
Se apresuró a sacarla de ahí. Agradeciendo que tosiera para sacar el agua que se había metido a sus pulmones.
Levantó la vista pudo ver por primera vez al hombre que la había asustado y salvado todo al mismo tiempo. Al hacerlo se quedó completamente muda.
Y ahí, la miraba un hombre de cabello castaño y ojos verdes. Se podía apreciar todo de él por la lámpara que le había regalado Kikyo.
A juzgar por su aspecto. Parecía que era de los que les gustaba hacer ejercicio. Sus anchos hombres y su abdomen cuadrado se marcaban por la camisa de manga larga que llevaban.
Era alto, muy alto incluso antinatural.
Él levantó los brazos en señal de paz.
―Disculpe si la asuste.
Su voz era profunda, dura, pero hablaba con cierta rectitud y propia.
―Pero la escuché gritar y pensé que podía necesitar ayuda.
La vio fruncir el cejo para terminar estallando en una sonora risa. Algo que él no comprendió del todo. Alzó una de sus cejas castañas y esperó a que esa dama terminara de burlarse de él. Para ser honesto, era una mujer muy bonita, si hubiera llegado tarde era algo que sin duda se lamentaría.
― ¿Me escuchaste gritar? – preguntó ella y lo vio asentir – ¿En medio del bosque y de noche?
Bueno, si lo planteaba de ese modo si se escuchaba un poco aterrador. Él mismo se asustó cuando la escuchó gritar.
―Eso…suena – comenzó a bacilar – Un… poco extraño.
Kagome asintió.
―Muy extraño. Yo habría salido corriendo.
No hubo más que decir y la vio caminar hacia la combi, cerró la puerta. Probablemente se iba a cambiar de ropa, así que para darle privacidad decidió preparar fuego, siempre cuidando que fuese seguro y evitara cualquier tipo de incendio. Recordó que incluso había dejado el suyo encendido, fue rápidamente a pagarlo y para cuando había regresado ella ya se encontraba frente al que había preparado.
― ¿Esa es una combi del setenta y cinco?
La joven dama negó.
―Es una del sesenta y nueve.
Silbó con admiración ante la respuesta y fue a examinar la camioneta que estaba estacionada. Admiraba cada adecuación que le había realizado a una belleza como esa.
―Tengo una en casa – comentó, mientras sus dedos se pasaban por el logotipo de la marca – Pero por más que he tratado de mandarla a preparar no he podido.
Kagome no dejaba de verlo.
― ¿Qué se lo impide?
Aquel hombre se apartó del mueble y avanzó lentamente a ella y tomó asiento a su lado, guardando una distancia considerable entre ambos.
―Mi trabajo. Solo me permití salir este fin de semana a hacer lo que más me gusta.
― ¿Qué es eso?
No podía dejar de verlo porque entre más lo hacía veía muchas cosas interesantes en él.
―El alpinismo – sonrió – Lo practico desde hace mucho. ¿Y a ti que te trae por aquí?
Ella sin pensarlo señaló la cámara que estaba colocada sobre un tripee.
―La fotografía.
― ¿Puedo?
El hombre de pelo castaño señaló la cámara, dándole entender que si podía ver las fotografías. Algo que no le importó y accedió a que viera las fotos. Volvió a tomar asiento a su lado, alzando sus cejas de admiración al ver las fotos que iba pasando.
―La verdad son muy buenas. Deberías venderlas por internet. No falta quien las compre.
―Nunca lo he pensado.
―Nunca es demasiado tarde.
Entonces, ambos habían caído en la cuenta de que ni siquiera se habían presentado y ya hablaban de lo que más les gustaba. El primero en presentarse había sido él.
―Soy Hoshiyomi.
Un poco desconfiada, ella se le quedó viendo por unos momentos antes de estrechar su mano.
―Kagome – dijo al final, devolviendo el saludo.
―Es un placer – respondió con una sonrisa.
Esa noche, por primera vez desde que salió de la ciudad para instalarse en el bosque, dejó de pensar en Inuyasha, Kanna y su ansiedad. La charla con su nuevo amigo era realmente enriquecedora. Si se acababa el tema de conversación inmediatamente iniciaba uno nuevo, fresco.
Pero estaba segura de que alguien tan atractivo como él podría estar con alguien, no fácilmente encuentra uno un chico soltero.
De pronto vino el comentario de Kikyo sobre sus condones. No, esta vez primero conocería a alguien antes de abrirse por completo. Aunque claro, esto no significaba nada, solo era un golpe de suerte el conocer a alguien a la mitad del bosque.
Pero algo le decía que aquellos ojos verdes tan demasiado expresivos, tenían algo. Ya que había un brillo especial en ellos. Como si estuviese triste. Preguntarle sin duda sería inapropiado puesto que casi no se conocían. Bueno, llevaban media hora de conocerse.
― ¿Te gustaría acompañarme? – preguntó de repente, al repetir en su mente el modo en que lo había hecho, modificó su pregunta – Tal vez te gustaría acompañarme. Escalando se ve un panorama muy hermoso de la naturaleza. Podría servirte para tu fotografía.
No estaba segura porque en realidad era un recién nacido en eso del alpinismo, comprometerse de ese modo sería sin duda alguna estúpido.
―No estoy segura. No sé nada de alpinismo.
Él pareció comprenderla y asintió. Después de pasar un momento agradable, ambos terminaron por despedirse e irse a su propio campamento, pero antes de irse, Hoshiyomi regresó y mirándola un poco apenado, comentó:
― ¿Me podrías pasar tu número? Tal vez no creas, pero eres la primera chica a la que se lo pido después de un año.
Se quedó un momento pensativo, probablemente nunca le marcaría si se lo pasaba, incluso olvidaría esta noche. Así que ella al igual que él, se animó a hacerlo.
Y así, ambos intercambiaron números. De despidieron para ya no volverse a ver, ya que mientras él avanzaba a su campamento volvió a recibir una llamada de su jefa y directora de bufete.
Frunció el cejo y se puso serio de repente.
―Jefecita… que gusto.
― ¡Deja la cortesía a un lado! ¡He tratado de comunicarme contigo todo el día! ¿Por qué no le contestas a tu jefa?
Sabía que cuando Kikyo McAdmas les hablaba personalmente a sus abogados quería decir que el pez era inmensamente gordo.
― ¿Ahora qué?
―Necesito que suspendas tu alpinismo. Te tengo un pez gordo.
― ¿Qué tan gordo?
Aguardó impaciente a que la mujer del otro lado del teléfono lo revelara.
―Inuyasha Taisho.
Sin duda ese nombre era el motivo por el que lo obligaría a dejar su campamento. Nunca había tenido la suerte de enfrentarse con él y sin duda se sentía privilegiado de que su jefa lo eligiera.
―Ponme al corriente.
XXX
Jacky frunció el cejo al ver a su amiga sonreírle al teléfono, algo raro en ella puesto que había apenas salido de una no relación. Además, desde que regresó de su excursión algo parecía haber cambiado en ella.
Desde luego no se podía quedar con los brazos cruzados, aquí había un chisme y del bueno. Claro, se complacería mucho saber que era el primero en saberlo.
Arrastró la silla a ella y de inmediato Kagome apagó el móvil. Si, curioso.
―Desde que regresaste de excursión has estado diferente.
Ella se puso colorada ante la suspicacia de su amigo.
― ¿Qué te hace pensar eso?
Se encogió de hombros y jugueteo con una pluma.
―Sonríes todo el tiempo y, sobre todo, nunca sueltas ese móvil – alzó una ceja ― ¿Has regresado con ese idiota?
Negó, esto nunca se lo había contado a nadie desde que regresó del bosque. Pero tal vez Jacky se merecía saber lo que le sucedió en su excursión, después de todo, siempre ha estado con ella.
―He estado platicando con alguien.
Su compañero alzó una ceja y se puso en modo serio para escuchar el relato de su amiga.
―Lo conocí en mi excursión. Es un chico agradable. Muy agradable, le gusta el alpinismo y es soltero.
― ¿A qué se dedica?
―Es abogado.
Por la expresión de su amigo rompió a reír, si, tal parece que los abogados no la soltaban
―Y me ha invito al concierto de Dua Lipa.
Jacky frunció el cejo e indignado volvió a su lugar. Kagome no comprendió el modo de actuar de su amigo y le preguntó su razón.
Él se recargó en el respaldo de su asiento, se cruzó de brazos y la miró.
―Siento decirte que es gay.
― ¡Jacky!
―Es verdad – asintió – Quién te invite a ver Dua Lipa es gay. Además, Erick y yo tratamos de conseguir boletos desde que salió la preventa. Tú, conoces a un extraño en un bosque y te invita a su concierto.
Ya sabía a dónde iba todo esto. Estaba celoso de que la invitaban a ver a Dua Lipa cuando ni siquiera él había conseguido entradas.
Sin duda era muy tierno. Lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.
― ¿Entonces qué hago? Aconsejarme.
―Cariño, si ese chico te devolvió la sonrisa de la noche a la mañana, acepta esa invitación. Además, serias demasiado estúpida como para rechazar.! Es la reina Dua Lipa!
Recibió una llamada de Kikyo y no dudó en contestataria, se sorprendió al escuchar que la veía en un tribunal de justicia en menos de media hora. Aún no era ni siquiera la hora de comer, pero Jacky, como si fuese el jefe, le dio autorización de hacerlo. Que él la cubría si algo pasaba.
Dio su nombre en la entrada y le indicaron dónde se encontraba la señorita Mc Adams. A medida que se acercaba, distinguió a su amiga a lo lejos, hablando con un chico que estaba sentado en un banco.
Probablemente era un cliente. Al notar su presencia la saludó e indicó que se acercara más a ellos.
Al estar cerca, Kikyo le pasó un brazo por los hombros y la atrajo a ella.
― ¿Qué hago aquí Kikyo?
Su amiga que parecía feliz, le dedicó una sonrisa.
―Te voy a mostrar cómo trabaja uno de mis mejores abogados.
― ¿Solo para eso me has sacado del trabajo?
Asintió feliz y la arrastró al interior de la sala donde la audiencia estaba a cinco minutos por iniciar.
Se paralizó al ver quiénes estaban en el estrado. Por un lado, estaba Inuyasha junto a una mujer y por el lado del demandado estaba Hoshiyomi. Él se inclinó a escuchar lo que le tenía que decir su cliente, asintiendo en modo de confirmación.
Ambos abogados derrochaban seguridad, aparte de ir vestidos de manera soberbia. Un traje de tres piezas y colores sombríos de acuerdo con el momento y lugar donde estaban.
Ninguno se dignaba a verse. Podría decirse que incluso la rivalidad era evidente entre ellos dos.
Todos los presentes en la sala se pusieron de pie en cuanto entro el juez y así, daba inicio el juicio.
Holi
A ver si le atinaron a la encuesta en face ja ja ja.
De plano, todas "Es Koga" no señoritas, Koga es el novio de Ayame (vecina de Kagome!)
A ver que dolor de muelas le provoca ese abogado a Inuyasha, que se ve, viene potente el muchaho!
Nos vemos en otro capítulo, tal vez descanse ya que este fin de semana se nos viene el Super Bowl..
¿A quien le vamos?
¿A los Chiefs? Es todo!
Besos.
BPB
