Capítulo 18

"¿Y CÓMO ES ÉL?"

Cada testigo iba respondiendo a medida que iba siendo interrogado por ambos abogados. Incluso ambos abogados se daban con todo sin dejar nada a medias, uno respondía el otro replicaba, pero todo a beneficio de sus respectivos clientes.

El juez tuvo que intervenir en dos ocasiones cuando lo tenía que ameritar. Por primera vez, para Inuyasha Taisho tenía un rival digno de vencer. Hoshiyomi estaba siendo un puto dolor de muelas.

Su mala fortuna llegó cuando se tuvo que dar el fallo a beneficio de la parte demandada. Había perdido un caso por primera vez y era un mal sabor de boca.

Entonces fue ahí cuando la vio. La miró de reojo. Sonreía, pero esa sonrisa radiante iba en otra dirección distinta a él. Desde luego que había notado su presencia cuando entró a la sala. Su aroma dulce lo seguía embriagando como el primer día. Pero lo que sin duda lo hizo enfurecer fue el modo en que Hoshiyomi la veía.

Ese pedazo de imbécil aprovechaba un momento de tranquilidad para voltear rápido y sonreírle.

¿De dónde carajo lo conocía?

Todo su ser temblaba y luchaba para no perder la cordura y cometer una locura. Como salir de ahí con ella colgada de sus hombros y exigirle una explosión. Pero no eran nada, él mismo la apartó de su vida y no tenía ese derecho.

Así que aguardó a que toda la sala se vaciara para ser el último en salir. Se enfrentó con su peor pesadilla, su némesis, su rival y debía admitir que lo había hecho bien. Hoshiyomi se acercó a él y le extendió una mano.

― ¿Sin resentimientos, futuro fiscal?

Inuyasha lo miró, arqueó una ceja y al final, aceptó el saludo.

―Bien hecho.

Al fondo de ese saludo apareció la figura de Kagome y ambos voltearon al mismo tiempo. Hoshiyomi sonrió e Inuyasha se puso tenso.

――Si me disculpa señor Taisho. Tengo una cita.

El sentimiento que experimentaba era muy difícil de descifrar. Por un lado, no le gustaba que estuviera con alguien, pero por otra parte no podía estar con ella. Estaba siendo completamente egoísta. Sentía como si el propio infierno lo arrastraba hasta sus puertas. Kagome había recibido a aquel abogado con otra de sus sonrisas como lo había hecho con él, solo que esa sonrisa era más segura, las relajada a comparación cuando estaban juntos.

¿Estaban juntos?

Si él mismo se lo había repetido hasta el cansancio. Entre ellos no había relación, entre ellos no había celos, porque solo fue sexo.

Pero entonces ¿Por qué se lo estaba cargando la chingada?

―Me había dicho que usted era el mejor abogado de la ciudad.

Arrugó la frente al escuchar la voz chillona de su cliente. Volteó y se encontró con la mujer morena de pelo negro que lo estaba viendo con el cejo fruncido y sus brazos en jarras.

―Por su ineptitud mi marido no solo no me dará pensión, sino que ahora tendré que compartir la custodia de los niños.

No sabía porque, pero se alegraba de perder el caso. Para ser honesto, se alegraba de que esa mujer hubiera perdido el caso, la verdad no se merecía aquella pensión. Se veía en el reflejo del hombre que Hoshiyomi defendió, conocía el sentimiento de angustia el no ver a sus hijos. Ella misma se lo había prohibido cuando se separaron, si eso le pasaba, no se hubiera imaginado vivir sin Kanna.

Se encogió de hombros.

―A veces se gana y a veces se pierde. De gracias que su exmarido abrirá un fideicomiso para sus hijos.

―Yo quería la pensión.

Esa mujer y todo a su alrededor ya le había colmado la paciencia.

― ¡Seguramente lo quería para comprarse ropa! O no ¡Tal vez para ponerse uñas en las uñas!

La mujer indignada se llevó una mano al pecho y con la otra, muy enfurecida, le dio una bofetada.

― ¡Es un usted un patán!

Se llevó una mano a la mejilla donde estaba marcada la palma de la mano de su clienta. Sabía a la perfección que no debió haber reaccionado de esa manera y de igual modo descargar esa frustración en una mujer que probablemente solo buscaba en beneficio de sus hijos.

Pero todo el entorno lo estaba consumiendo. Se encontró con la mirada angustiada de Kagome y mejor decidió largarse ya que no tenía nada que hacer ahí.

Kagome solo escuchaba un mormullo de Kikyo felicitando a Hoshiyomi, pero la verdad estaba más angustiada al ver como Inuyasha discutía con su cliente y como esta terminó por abofetearlo. Se paralizó por completo cuando sus ojos dorados la atraparon, se podría decir que era una tonta, pero sentía el impulso de ir hasta él y preguntarle si estaba bien. Pero no, se quedó ahí, con los pies anclados al piso y ver como él se marchaba de ahí.

― ¿Y cómo se conocen? – preguntó Kikyo mientras salían del juzgado.

―Nos conocimos en una expedición. Estaba en mitad del bosque cuando ella gritó – el abogado alzó una ceja.

Ahora que lo asimilaba, no le había preguntado porque lo hizo.

― ¿Por qué lo habías hecho?

Kagome se encogió de hombros y simplemente contestó:

―Para relajarme.

―Bueno – Kikyo los tomó de los brazos – Vamos a festejar nuestra victoria. Conozco un bar por…

― ¿No crees que es muy temprano para eso? – interrumpió su abogado.

―Para nada. Soy tu jefa, olvídate del horario laboral. Te doy el día.

Kagome se sintió un poco incomoda cuando ambos pares de ojos voltearon al mismo tiempo en su dirección. Con una sonrisa, él le preguntó:

― ¿Qué dices? ¿Tú también iras?

―Yo…

En un principio se iba a rechazar dicha invitación, pero Kikyo pasó un brazo alrededor de sus hombros y no le dio tiempo de hablar.

―Por supuesto que ira. Así que, andando, muero por festejar.

XXX

Los días transcurrían demasiado lento y con ello su mal humor empeoraba día con día. Buscaba una puta razón para estar molesto, si pasaba una moscaba obligaba a alguien a que fumigara el lugar. Si una letra estaba mal colocada en su campaña, obligaba a de la publicidad a rediseñar todo. Estaba consciente que esto pasaría una vez que se lanzara como candidato a la fiscalía del estado. Su tiempo se redujo a nada y casi no tenía el tiempo suficiente para dárselo a su hija.

Pero entre todo esto, ese mal humor era generado por una causante: Kagome y Hoshiyomi. Era un maldito desgraciado, que a pesar de haberle dicho que no estaba disponible sentimentalmente, en el fondo le calaba que ella estuviera saliendo con un tiempo como ese.

Una noche condujo hasta su departamento y por asares del destino los vio despidiéndose, si bien no era una despedida romántica, estuvo a punto a de salir de su auto y partirle la cara al ver como se despedía de ella con un beso en la mejilla.

¡Como odiaba a ese tipo!

Y no fue porque le ganó una vez en un juzgado, sino porque no lo quería cerca de ella.

Levantó la vista y esquivó el golpe que le iba a propiciar su amigo Miroku, esta vez no se dejó y le respondió de la misma forma, esta vez, logró derribarlo.

Miroku se tambaleó un poco y se agarró entre las cuerdas del ring. Agitando su cabeza en ambas direcciones para mantener el equilibrio.

Ni siquiera se disculpó por ello, en las veces pasadas que boxeaban, él no lo había hecho.

―Deberías relajarte un poco – sugirió Miroku – Sé que estas atravesando por un momento tedioso. Pero cuando logres ser fiscal, todo se va a emparejar.

Ni siquiera lo escuchaba, se quitó los guantes de boxeo y se fue directo a las duchas. Iba llegar tarde para cumplir con su maldita agenda del día. A pesar de ser sábado, no había día que no trabajara duro. La que también la estaba pasando mal era su secretaria Kaede, la cual se le había asignado demasiadas tareas. La pobre incluso comía en su lugar con tal de sacar el trabajo a flote.

Una vez terminada toda esta mierda, le daría las vacaciones que tanto se merece.

Antes de llegar a las duchas, escuchó una risa muy familiar e importante para él. Se detuvo en medio del pasillo y se asomó por una puerta. Ahí, con casco en la cabeza y una especie de arnés se encontraba a Kagome junto a … (un gruñido se le escapó de los labios) Hoshiyomi.

¿A caso ese maldito imbécil siempre debía estar pegado a ella?

― ¿Tan alto voy a trepar?

Kagome se asombró al ver toda la pared tapizada de piedras, incluso el techo lo estaba.

Él asintió, mostrando una más de sus sonrisas.

―Claro, de aquí hasta el otro lado.

No, eso sería imposible de hacerlo. Se caería y por consiguiente podría romperse el cuello. Esto sin duda era demasiado peligroso para ella.

― ¡Me voy a caer, Hoshiyomi!

Él simplemente le hizo una indicación que mirar hacia atrás. Kagome lo hizo y al voltear, vio a un niño de seis años que iba trepando con facilidad cada muro, solo era cuestión de un empujón más y llegaba al techo.

―Si él pudo, tú también.

―Si, pero, es mi primera vez.

― ¿Qué va a pasar cuando estemos escalando? – él se cruzó de brazos – No vas a poder tomar fotos.

― ¡Eso será diferente!

―Antes de verte escalar una montaña, prefiero que te rompas una pierna aquí que allá.

Le daba la impresión de que si se lo decía era por algo, como si hubiese algo oculto en aquellas palabras.

Sintiendo vergüenza consigo misma todo porque un niño de seis años si podía escalar fue que se armó de valor para comenzar a trepar ese muro. Además, lo veía como un reto. Odiaba las alturas, les tenía pavor y esto podía ser una especie para liberarse de aquello.

Las primeras tres piedras no representaron nada de dificultad, más si alguien como Hoshiyomi iba guiándola, diciéndole en que piedra colocar su pie. Esto era más difícil de lo que pensaba. Tenía que estar concentrada en todo momento, analizando en que piedra colocar su pie. Había cumplido su propio reto de llegar al techo, ahora seguía escalar desde el techo, que eso si era lo más complicado porque tenía que estar suspendida en el aire y sosteniéndose únicamente de unas piedrecitas.

De tanto esfuerzo que había hecho ya comenzaba a sudar y el clima central del gimnasio no ayudaba en nada.

― ¡No pises ahí!

― ¡¿Qué dices?! – gritó desde arriba al no poder escucharlo ― ¿Qué pise aquí?

El pulso se le aceleró a Hoshiyomi al ver que ella hacía exactamente lo que le había dicho que no hiciera.

― ¡Kagome, no!

Kagome colocó un pie en la roca que estaba fija en la pared, pero se resbaló y cayó en picada. Hoshiyomi se apresuró a su encuentro y la pescó antes de que cayera al piso. A pesar de llevar arnés no dejó de preocuparse por ella, inclusive a Kagome se le hizo innecesaria esa actitud.

Solo hasta que estuvo en sus brazos fue que se relajó, pero al parecer ella estaba como si nada, pues una sonora risa se le escapó de los labios.

― ¿Qué le hace tan divertido, señorita?

Kagome continuó riendo.

―Su cara, señor.

Hoshiyomi frunció levemente el cejo y la depositó con cuidado en el piso. Revisando si se encontraba en perfecto estado.

Kagome pudo percibirlo algo nervioso, pero seguramente se había alarmado al verla caer de esa manera.

―Cuando te diga no pises ahí, hazme caso.

Kagome escuchó un fuerte golpe y miró hacia ambos lados. Pero ahí no había nadie.

Inuyasha apretó los puños de sus manos y salió de ahí como alma que se llevaba el demonio. Al igual que ese bastardo, se había preocupado al verla caer en picada, de hecho, dio un pequeño paso para apresurarse y atraparla. Pero en cambio se había quedado ahí, estático y observándolo todo.

Siendo testigo de cómo Kagome terminaba en sus brazos para luego estallar en risa.

Con enfado, golpeó la puerta y salió de ahí.

La tarde no iba pintando del todo bien y su maldito humor empeoró aún masa medida que no sacaba de la cabeza la imagen de Kagome en brazos de ese hombre.

Cerró la computadora portátil. Era patético fingir estar concentrado en algo que le perdió interés hace exactamente media hora.

Lo mejor era suspender las labores de ese día, irse a casa e invitar a Kanna y a su madre a dar un paseo.

Tan fuerte resultó el pensamiento que Kaede enlazo una llamada de su madre al intercomunicador.

―Estaba pensando en ustedes. ¿Te gustaría salir?

―Hijo, Kanna tiene un ataque. Será mejor que vengas a casa.

Ni siquiera le dio tiempo de decirle más, colgó la llamada y salió apresuradamente al encuentro de su hija.

Entró apresurado al departamento cuando escuchó los gritos desesperados de su hija y de cómo su madre trataba de tranquilizarla. Era la primera vez en dos años que tenía este tipo de ataques.

Abrió la puerta y se encontró con la desgarradora escena. Ahí, en la cama estaba su hija gritando desconsoladamente mientras que Izayoi intentaba tomarla de los brazos, pero ella no se dejaba.

Se acercó inmediatamente para ofrecerle apoyo a su madre y fue cuando se encontró con los ojos dolidos y bañados en lágrimas de su hija. Ahí él mismo flaqueó.

― ¡Lo prometió!

Confundido, arrugó la frente y miró a su madre en busca de una respuesta, pero ella negó, ya que tampoco entendía a lo que se estaba refiriendo.

―Ya se lo he preguntado y no quiere responder.

Se aclaró la garganta y trato de mostrar un poco de seriedad para que su hija se tranquilizara al verlo.

― ¿Qué prometí, hija?

Ella volteó a verlo y negó.

―Tú no. Kagome – se soltó de ambas manos y se metió entre las sábanas – Ella prometió venir a verme y no lo ha hecho.

Bueno eso tenía mucho sentido. Cuando le prometías algo a un niño con Asperger, ellos se lo tomaban muy en serio. Probablemente Kagome le hizo esa promesa el día en que Kanna se escapó de su ahora ex colegio. Por eso siempre era muy importante cuidar las palabras.

―Kanna… ― ni siquiera él mismo sabía que decir – Ella no…

Pero fue interrumpido por su propia madre, la cual al verla estaba haciendo un gesto de negación. Eso no daba muchas opciones, porque significaba tener que llamarle y volverla a ver. Aún sus celos seguían latentes, no se podía quitar la maldita visión de ella entre los brazos de ese hombre y como obsequia una de sus sonrisas.

Todo eso le hacía pensar en una puta cosa.

Si ya se había acostado con ese hijo de puta.

―Puedes hablarle – sugirió Kanna – Que venga.

Realmente su hija y su madre no lo estaban ayudando en nada. Era por esto por lo que había decidió dejarla, porque no quería que fuese testigo de los arranques espontáneos de la niña.

Con un suspiro y resignado a saber cuál era su opción a, no tuvo más remedio que acceder a la petición.

―Veré que puedo hacer.

Realmente su departamento era un caos. Su ropa estaba regada por todas partes y ni siquiera había encontrado el atuendo adecuado para ir esa noche al concierto que la había invitado Hoshiyomi. No había querido comprar ropa porque ya tenía demasiada, tal vez un día que estuviera libre se dedicaría a separar lo qué si usaba y lo que no, lo dejaría en un albergue como donación. Para ello tuvo que pedir el auxilio de sus amigos inseparables y los que le habían ayudado mucho.

Jakotsu y su novio Erick.

― ¿Qué tal este?

Kagome se quedó pensativa, ese top tipo halter con lentejuelas doradas era tan diminuto que la hizo pensar que eso ni siquiera la iba a cubrir.

―Creo que eso es demasiado pequeño. Además, me hará ver como una zorra.

―Entonces no debiste comprarlo – comentó Jakotsu.

― ¡Fue una compra impulsiva, Jacky!

Mientras seguían buscando el oufits adecuado para que ella, todo en la habitación era bromas y risas. Hasta que a Jakotsu s ele ocurrió preguntar:

―Por cierto ¿Ya tuviste sexo con él?

― ¡Jacky! – exclamó escandalizado – Claro que no.

―No creo que un hombre sea capaz de controlar su deseo sexual y más si tiene una mujer bella como tú a lado – explicó Erick.

Lo cierto es que ni siquiera había roces entre ellos, esto era como si primero se estuvieran conociendo.

―La verdad es que él es muy tierno, pero no ha intentado nada.

―Y lo que tú quieres es que te den como cajón que no cierra – dijo con un poco de humor Jacky.

Eso la hizo ponerse completamente roja, la verdad a pesar de haberlo conocido hace ya más de tres semanas no había habido insinuaciones de su parte. Había pasado mucho tiempo desde que no tenía sexo.

―Porque Hoshiyomi es un caballero – interrumpió Erick – Además, no es un Christian Grey.

Su novio le lanzó una mirada de asco y negó, ahora le tocaba a él dar su punto de vista.

― ¿Por qué todo el puto mundo relaciona una relación basada solo en sexo con una puta novela? Eso nunca ha sido nuevo.

― ¿Será porque está de moda? – preguntó su novio encogiéndose de hombros.

Kagome se apartó un poco de ellos dos, esto sin duda era una discusión de novios. No se imaginaba a ninguno de los dos leyendo esa novela.

― ¿Entonces, si eres tan listo ¿Con que novela identificarías esto? – preguntó Erick desafiante – Dime solo una novela en la que compares tanto al futuro fiscal como al alpinista. Y no de vale orgullo y perjuicio que también está muy quemado. Lo usan para todo.

Él se quedó pensativo un largo rato y después dio su respuesta.

―Con sensatez y sentimientos.

Su novio iba abrir la boca y después se quedó callado.

Kagome ya ni siquiera se sentía parte de la conversación, pero sabía que todo esto iba dirigido a ella.

―Pero Willoughby dejó a Marianne por una rica.

―Exacto, era un perfecto desgraciado que cambió lo que sentía por ella por una mujer rica, al final se queda con dinero y sin el verdadero amor. Que sufra el hijo de perra. Y todo esto hizo que conociera bien al coronel Brandon. Que era todo un perfecto caballero.

Entonces, Jacky volteó a ver a Kagome y le dio su resumen.

―Encontraste un Willoughby en un Inuyasha, que, si bien no te dejó por una rica, te dejó según él "para no hacerte daño" – roló los ojos – Un poco irónico porque eso fue lo que hizo.

Ahora el que terminó con la explicación fue su novio.

―Y un Bardón en un Hoshiyomi. Así que tienes que decidir, uno te dejó, pero el otro te está conociendo apenas. No quieras sexo a la primera.

Había captado la idea y en cierto sentido tenían razón. Hoshiyomi e Inuyasha eran dos hombres completamente opuestos.

Con Inuyasha solo había tenido un acuerdo a base de sexo mientras que con Hoshiyomi hacía todas esas cosas que siempre quiso compartir con una persona. Salían, platicaban y reían de cualquier tontería. Pero si ponía todo eso en una balanza, no era suficiente para los sentimientos que aún guardaba por su futuro fiscal.

Aún era muy temprano para ir al concierto cuando, pero llegó puntal por ella. Lo saludó con un pequeño y fugaz beso de mejilla. Le abrió la puerta del coche y cuando estaban a punto de incorporarse a la calle, recibió una llamada en su móvil.

―Lo siento.

Se disculpó y lo sacó de su bolso para ver quién le estaba llamando. Su corazón palpitó muy fuerte al ver el nombre de Inuyasha en la pantalla.

Tal vez lo correcto era no tomar esa llamada y proseguir con sus planes, al fin y al cabo, sería una falta de respeto para Hoshiyomi si hablaba con otro.

Pero una parte de ella le decía que contestara, que podría tratarse de Kanna.

Contestó y aguardó en la línea.

― ¿Podrías venir?

No respondió, solo miró a Hoshiyomi y después a la ventanilla.

Ir a su departamento y verlo representaba sin duda un reto muy pesado. Porque significaba volver a verlo después de hace tiempo.

XXX

Hoshiyomi estacionó el coche frente al complejo dónde vivía Inuyasha Taisho. Solo se hacía una pregunta en la cabeza:

¿Dónde conocía Kagome al candidato a la fiscalía?

Pero no era nadie como para hacerle ese tipo de preguntas. Eran solo dos personas que se estaban conociendo y que salían para compartir un momento agradable.

―No tardaré – dijo ella, quitándose el cinturón de seguridad.

Él asintió con una sonrisa.

―Ve con cuidado. Todavía tenemos tiempo.

Kagome asintió y salió del coche. Antes de cruzar la avenida, se fijó por ambos lados y cruzo. Las puertas del recinto se abrieron de par en par cuando el detector de movimiento la sintió. Saludó al portero y pasó de lleno a los sensores.

Las puertas se cerraron frente a ella y se recargó en la pared. A quién mentía, se moría de nervios con solo imaginar que iba a volver a verlo. Todo su cuerpo temblaba ante la expectativa. No podía esperar nada, de eso estaba segura. So había ido para ver a Kanna. No para volvérselo a coger (aún si esto era lo que más quería).

Se quedó unos momentos ahí, frente a la puerta de su departamento. Tomándose todo el tiempo necesario antes de anunciar su presencia.

Levantó una mano temblorosa y tocó el timbre.

Inmediatamente la puerta se abrió y sus piernas flaquearon al ver sus ojos dorados fijos en ella.

Maldición, estaba igual de atractivo de como lo recordaba.