Capítulo 19

"TU MISTERIOSO ALGUIEN"

La barrió con la mirada de arriba abajo. Alzó una ceja platinada al verla en ese top plateado y una falda negra de cuero. Se veía hermosa y aunque sus manos se morían por tocarla, no fue más allá de una simple mirada.

Abrió más la puerta para darle acceso a su departamento. En un principio se había rehusado a llamarle y creer que el ataque de Kanna pasaría, pero transcurrida una hora y ver que no paraba en llanto no tuvo más remedio que bajar los brazos y acceder a hablarle.

Cerró los ojos cuando la brisa de su perfume penetró sus fosas nasales.

―Lamento si interrumpí tus planes.

Kagome asintió, después de todo no estaba ahí para verlo y profetizar su amor, eso ya le había quedado claro. Entre ellos no podía existir nada, no por ella, sino por él. Debía recordar en donde estaba y para que había venido. Solo estaba ahí para ver a Kanna. Esa niña a la cual le hizo una promesa la cual no era capaz de cumplir.

― ¿Dónde está?

Inuyasha señaló la habitación de Kanna.

―Ni siquiera ha querido vernos a mi madre y a mí.

Ella sintió un poco de compasión por él. Realmente se veía muy demacrado incluso cansado, probablemente por su campaña de fiscal como para llegar y lidiar con problemas familiares. Su ropa hablaba por sí mismo. Su camisa azul marino estaba arrugada y las mangas las tenía dobladas hasta los codos y desabrochada de los tres primeros botones. Su cabello platinado alborotado, si, a pesar de todo aquello, no desaparecía en él su atractivo.

Recargó su espalda con pesades y se cruzó de brazos.

―Veré que puedo hacer.

Él asintió con un largo suspiro.

―Gracias.

Incapaz de decir algo más se dispuso a llamar la puerta, pero fue recibida por un pequeño grito. Aun así, no le importó y abrió la puerta. Y ahí, en un pequeño rincón estaba Kanna, con su cabecita entre las rodillas.

―No quiero ver a nadie, abuela.

Una sonrisa triste se dibujó en sus labios. Se sentía culpable por no poderle cumplir su promesa de visitarla y la verdad nunca imaginó hasta qué punto tomaría en serio esa promesa. Ahora entendía que cuando se trataba de algo con Kanna, se tenía que tomar en serio.

― ¿Ni siquiera a mí?

Kanna al escuchar el sonido de esa voz levantó su pequeña carita. Al verla inmediatamente se puso en pie y corrió a sus brazos. Kagome ya la estaba recibiendo de rodillas y con los brazos extendidos.

La niña se apartó un poco y frunció su cejo.

―Prometiste venir a visitarme.

Kagome sacó un pañuelo de su bolso y retiró el exceso de sus lágrimas. Ni siquiera sabía que responder a esa reclamación. Tenía derecho, algo. ¿Estaba obligada ella a visitarla? Claro que no, pero promesa era una promesa y no podía jugar con ello. Aunque por cruel que fuese ella no era nada de Kanna.

―Lo siento linda – le dio un pequeño beso en la mejilla – He tenido mucho trabajo.

Pero no pasó por desapercibido para la niña la forma de vestir de Kagome. Aun así, no dijo nada y dejó que la guiara hasta la cama. Donde se quedaron platicando unos minutos.

― ¿Cuándo es el festival? – preguntó ella, para distraer a la pequeña.

Kanna se encogió de hombros. Ese era otro factor, porque a pesar de haber empezado a tener amigas en su colegio, su papá decidió cambiarla. Ahora tenía que comenzar desde el principio y eso para ella era difícil.

―No sé. Mi papá me cambió de colegio.

Tal vez la cambió debido a lo sucedido, cuando ella decidió irse de pinta para ir a buscarla a su departamento. Si fuera su hija, haría exactamente lo mismo.

Pero no lo era.

―Qué bonita estas― comentó ella ― ¿A dónde vas?

No sabía si responderle y mucho menos sabía cómo se lo tomaría, pero debía ser sincera a partir de estos momentos.

―Un amigo me invitó a un concierto.

― ¿Un amigo como mi papá?

Kagome se mordió el labio inferior y asintió.

―Algo así.

― ¿Y es divertido?

No cabía duda de que la curiosidad de un niño era muy grande. No estaba acostumbrada a que un pequeño le hiciera tantas preguntas al mismo tiempo. En otras circunstancias saldría corriendo.

―Mucho.

Pero sonrió al ver como ella fruncía su pequeño cejo.

―No tanto como mi papá – entonces.

Debía admitir que Kanna en ese punto tenía razón. Hoshiyomi era muy distinto a Inuyasha. Pero eso ya lo sabía.

―Vendrás a verme, ¿verdad? – preguntó seria.

Por más que deseaba estar apartada de esta familia era como si una fuerza la iba arrastrando más y más sin darle la posibilidad de elegir. Bien podría negarse, no tenía ninguna obligación, pero tampoco quería ser una desgraciada. No le haría a Kanna lo que Inuyasha hizo con ella.

―Te prometo que esta vez sí vendré a verte – sonrió – Pero…

Ese "pero" hizo que a la niña se le borrara la sonrisa y quedara suspendida en aire a punto de abrazarla. Bajó los bracitos y la miró seria.

― ¿Qué promesa?

Kagome tomó sus manitas y comenzó a jugar con sus dedos.

―Si me prometes que no volverás a encerrarte en tu habitación. Tu abuelita y tu papi se preocupan mucho por ti y aunque no lo veas, eso les hace daño.

Se quedó un momento contemplando la reacción de la niña. Prácticamente había volteado las cartas a su favor. Solo habría que esperar como tomaba esa propuesta.

― ¿Lo prometes? – insistió.

De nueva cuenta se quedó unos momentos ahí con ella. Platicando de cómo le iba en su nuevo colegio y lo difícil que era conseguir amigos. Sabía que era una niña muy lista y que superaría ese obstáculo.

Miró su reloj, ya había permanecido media hora ahí y probablemente su cita estaba impaciente, aunque sabía que no era así. Si no, ya le estaría enviando un mensaje, cosa que no pasó.

Salió de la habitación y le sonrió a la señora Izayoi cuando pasó a su lado para entrar y ver a su nieta. En cambio, Inuyasha estaba sentado en un amplio sofá con la vista fija en ella. Tenía una expresión menos relajada y llevaba un refresco de cola en la mano. Al menos no era algo fuerte.

De nueva cuenta se quedó unos momentos ahí con ella. Platicando de cómo le iba en su nuevo colegio y lo difícil que era conseguir amigos. Sabía que era una niña muy lista y que superaría ese obstáculo.

Miró su reloj, ya había permanecido media hora ahí y probablemente su cita estaba impaciente, aunque sabía que no era así. Si no, ya le estaría enviando un mensaje, cosa que no pasó.

Salió de la habitación y le sonrió a la señora Izayoi cuando pasó a su lado para entrar y ver a su nieta. En cambio, Inuyasha estaba sentado en un amplio sofá con la vista fija en ella. Tenía una expresión menos relajada y llevaba un refresco de cola en la mano. Al menos no era algo fuerte.

―Se quedó más tranquila.

Inuyasha le dio un trago a su bebida fría y asintió.

―Gracias por venir.

No se quedaría ahí a conformarse con un simple gracias, había llegado una decisión. Puede que él no quisiera nada de lo que pudo haber entre los dos. Pero en aquella habitación había una niña que en cambio sí deseaba su amistad y no podía defraudarla esta vez.

―No podemos seguir así.

Él alzó una ceja y levantó la mirada, atento a lo que ella estaba dispuesta a decir.

―Lo mismo iba a decir.

―Aunque no te parezca bien, vendré a ver a Kanna cada viernes después de salir del trabajo. Lo digo por si no quieres encontrarte conmigo.

Aguardó a que Inuyasha respondiera. Pero en su lugar apoyó el refresco de lata sobre un portavasos que había en la mesa y se puso de pie. Esa situación era un poco cómica, porque discutían por ver a una niña. Como si fueran los propios padres que discutían sobre visitas y salidas. Aunque en este caso, uno si era el padre.

―No te preocupes por eso. Los viernes salgo tarde así que no tendrás que verme.

Kagome asintió tranquila y antes de que pudiera añadir más, empezó a caminar a la puerta.

―Kagome.

Se detuvo al escucharlo, pero ya imaginaba lo que pudiera decir. Así que giró levemente el cuerpo y con una sonrisa que ni llegaba a su rostro, respondió:

―No te preocupes, cerraré la puerta al salir.

Pero eso no era lo que iba a decir, sino que tenía una pregunta que hacerle. Una que lo rondaba desde que la vio en los brazos de aquel hombre.

― ¿Y cómo es él?

Bien, no se esperaba esa pregunta y sabía a quien se estaba refiriendo. Aunque no veía ningún sentido contarle de su vida privada cuando no había nada entre ellos dos. Vino a ella la conversación que tuvo con Jacky y Erick. Hoshiyomi podía ser muchas cosas, pero desafortunadamente no se comparaba con el hombre que estaba parado frente a ella.

― ¿Quién? – se hizo la desentendida.

―Sabes muy bien de quien estoy hablando, Kagome.

No esperaba demorarse más, incluso pensaba salir rápido una vez que dejara a Kanna en su habitación, pero no contaba con que él la abordaría de esa manera. Bien, si sabía que estaba saliendo con alguien, lo mejor era decir la verdad y porque no, añadirle un poco de picante a esto. Ver si en realidad le dolía el hecho de que ella comenzaba a salir con alguien.

―Es divertido – comenzó a enumerar las virtudes de Hoshiyomi – Con él una cosa siempre va a ser nueva porque jamás se predecirá lo que va a pasar.

Si estaba que lo llevaba el demonio logró disimularlo con una amplía maestría de la cual él mismo se asombraba.

― ¿Y ya te acostaste con él?

¿Su pregunta iba en serio?

Apretó los labios en una fina línea. No podía evitar sentirse algo incomoda ante esa pregunta. Si no fuera porque Kanna e Izayoi estaban en la otra habitación, probablemente le habría dejado marcado su rostro perfecto.

En ese momento quiso mentirle. Muy en el fondo quería confirmarle que había tenido el mejor sexo alucinante con un hombre como Hoshiyomi, incluso por encima de él. Pero no quería verse como una mujer fácil que se metía con el primero que conocía.

Tal vez él mismo conocía la respuesta a esa pregunta. De que era incapaz de acostarse con alguien más debido a los malditos sentimientos que sentía hacia él.

Así que mentir quedaba descartado y optó por ser sincera, así como él lo hizo en el pasado con ella.

―Lo que haga con mi vida y mi cuerpo no es asunto suyo, señor Taisho – procuró sonar lo más seria posible – Recuerde que no hay nada entre los dos.

Eso era un golpe fuerte y no se lo esperaba. Porque quedaba la opción abierta a la imaginación y era tremendamente terrible imaginarla en brazos de otro.

Si ya era una tortura haberla visto en brazos, no quería ni pensar de lo que sería capaz si otras manos acarician esa cremosa piel.

Si otra boca devoraba con ansiedad edad labios… si…

Era mejor no seguir esa dirección peligrosa que había tomado una simple pregunta. Guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón para mantenerse tranquilo.

Únicamente asintió y la dejó marchar, no sin antes disculparse por su atrevimiento.

―Tiene razón señorita Higurashi. No hay nada entre los dos. Le pido una disculpa por si la incomode 1en algo con mis preguntas.

Kagome, sin decir nada más, salió rápido de ahí, cerrando la puerta a su paso. Prácticamente había salido de ese departamento como si una maldita horda de zombies sedientos de sangre fresca la persiguieran y ella, luchara por sobrevivir.

Cruzó la calle y se metió al coche, sorprendiendo a Hoshiyomi.

― ¿Nos podemos ir?

―Si, claro.

Encendió el motor del auto y se incorporó nuevamente l tráfico para esta vez, ir al concierto.

Mientras contemplaba las luces de la ciudad no dejaba de pensar en lo estúpida que había sido al ir allá. Fácilmente se habría negado o, mejor dicho, no le hubiera contestado la llamada.

¿Cómo era posible que un par de ojos dorados pudieran afectarla de tal sobremanera?

Había incluso sentido lástima por él al verlo todo demacrado y en mal estado.

¿Por qué tenía que doler de esa manera en el maldito amor?

La sofocaba, le quemaba las venas y siempre sentía una sensación de vacío en el pecho.

Si eso era amor, no quería sentirlo nunca más. Sobre todo, por él.

―Listo― interrumpió Hoshiyomi pensamos – Hemos llegado.

Kagome parpadeó y al hacerlo se dio cuenta que estaban en un estacionamiento subterráneo. Estaba completamente desierto y apartado del resto de los demás cubículos.

― ¿Estas lista para ver a Dua Lipa?

Habría preferido mejor que la llevara de regreso a su departamento, después de todo no comenzaba a sentirse nada bien. Pero no podía ser así con él, le extendió de buena forma su invitación, lo más correcto era seguir en pie con el plan.

Antes de bajar, Hoshiyomi la miró, ella también lo hizo y fue el peor error que cometió.

―No preguntaré de dónde conoces a Inuyasha Taisho. Ya que eso no es de mi incumbencia.

Ella agradeció ese gesto, pero también sabía reconocer que él necesitaba saber cómo es que lo conocía, aunque fuese solo una pequeña mentira. Desde luego omitiendo todo el sexo pervertido que habían tenido durante lo que duró lo que sea que tenían.

―Lo conozco por su pequeña hija.

Incluso omitió la condición de Kanna ya que eso no le cometía a ella informarle, porque además estaba respetando la privacidad de la familia.

―Y quería verme – concluyó sin más.

Sin más que decir ambos entraron al recinto. El cual todo estaba completamente abarrotado. Podría decir que tanta gente alteraba sus nervios. Sentía que en algún momento podía soltarse una manda y morir aplastada. Hoshiyomi pareció percibir el pánico en ella y lo que hizo mejor fue pasar un brazo alrededor de sus hombros y la guio a dentro del escenario.

Una estela de humo abarcaba el escenario mientras que un técnico revisaba los instrumentos de los músicos. Había ruido, gritos, aplausos para alentar a la cantante y que saliera de una vez.

Para armonizar el ambiente, el staff puso una playlist y el público comenzó a cantar a coro la canción que estaba en ese momento.

Le sorprendió que sus asientos ocupaban uno de los palcos principales. Así que iba a tener a Dua Lipa prácticamente cerca. Sabía de alguien a quién le daría mucha envidia, así que desde ese lugar sacó su móvil, tomó una foto y se la envió a Jacky. La respuesta no se hizo esperar y menos de dos segundos le mandaba un mensaje:

"Te odio maldita, pero gózala por mi ¿Quieres?"

Las luces se apagaron de repente y el concierto dio inicio. Se veía fabulosa con ese conjunto color verde limón y su cabello largo. Abrió su concierto con la canción de inicio "Levitating". Animando a todo el recinto. Que algunos no tardaron en levantarse de sus asientos y cantar a todo pulmón. Donde volteara podía verla ya que dos enromes pantallas habían sido colocadas para que los que estaban muy retirados pudieran apreciarla.

Tanto como Hoshiyomi siguieron a todo el público y como no había nadie atrás a quien molestar se pusieron en pie y se unieron al coro. Contagiados por el ritmo que tenía la chica. No entendía eso, como es que pagas por ver a un cantante y te la pasas todo el evento de pie. Al menos ella estaba en palco y no tenía que hacerlo para ponerse de pie.

Se sacaron fotografías y desde luego las iba subiendo a sus historias de Facebook.

Tras casi dos horas de pura adrenalina fue descargada. La verdad es que necesitaba algo así y agradecía que él la invitara porque desde luego que no iba a ser capaz de comprar una entrada e ir sola. Sin duda era el día más agradable que pudiera haber tenido.

Después del concierto fueron a cenar a un lugar, donde según Hoshiyomi se comía la mejor pizza Italiana que ella pudiera haber probado.

―Gracias – dijo ella una vez que estaban frente a su edificio – La he pasado muy bien.

Él asintió con una amplia sonrisa. Como las que siempre solía darle y de la cual se estaba acostumbrando poco a poco.

―Igualmente, Kagome.

Ella se quitó el cinturón de seguridad, apoyó una mano la manija del coche e hizo algo que no debió haber hecho:

Lo miró, pero no como las demás veces anterior, sino que esta mirada era totalmente diferente a las anteriores. Todo ocurrió tan de prisa que el mismo hombre se quedó callado.

Kagome se había precipitado a sus labios, en busca de otro tipo de contacto.

¿Qué no era capaz de tener sexo con alguien más que no fuera Inuyasha?

Hundió sus dedos en la nunca de Hoshiyomi y lo atrajo a su boca.

Contoneaba su pelvis contra su miembro. Pero por más que se esforzara no lograba despertarlo.

Hoshiyomi apoyó sus manos en ambas manos de sus caderas y prácticamente la separó ligeramente de él.

―Así no, Kagome – dijo con la voz ronca.

Colocó un mechón de su cabello rebelde por atrás de su oreja.

―No quiero que pienses que soy un maldito pervertido que toma donde sea a una mujer. Un auto, no es el mejor lugar, créeme.

Estaba muy apenaba por lo que había hecho. Se apartó él bruscamente y se incorporó en su asiento. Comenzó a alinear la ropa que se le había arrugado tras los movimientos.

¿En qué estaba pensando para haber tenido ese tipo de reacción?

Pero quería comprobar una cosa tras salir del departamento de Inuyasha. La cual era saber si era capaz de tener sexo con alguien más.

Tal vez sí, si él no hubiera interrumpido el momento.

Desde luego que Hoshiyomi era completamente distinto a Inuyasha, que, sin duda, él si lo habría hecho en un auto. Probablemente en todas las partes de uno.

―Discúlpame – sintiéndose un poco avergonzada abrió la puerta del coche – No sé qué me pasó.

Le dio un fugaz beso en la mejilla y salió disparada del auto sin darle la más mínima oportunidad a él de decirle algo. Metió su código de seguridad y la puerta se abrió de inmediato. Ni siquiera le devolvió el saludo a su vecina Ayame, quien le preguntó por Kanna.

No, quería entrar rápido a su departamento y refugiarse entre las cuatro paredes. Se recargó en la puerta, agradeciendo la soledad y la oscuridad de este. Avanzó lentamente hasta su habitación, dejando a su paso su bolso en la barra de la cocina. Abrió la puerta y contempló la pequeña cama.

Se dejó caer boca abajo en ella. Aún seguía la huella de Inuyasha en su cama, no podía negar que aun pensaba en él y maldición, todo su cuerpo lo extrañaba. Haber besado a Hoshiyomi simplemente le confirmó que por más que saliera con otro, no podía superarlo.

Dejó escapar una tras otras gruesas lágrimas.

A quien iba a engañar, superar a alguien como él sería completamente difícil.

XXX

―Tal vez lo que necesitas es sexo fácil y sin compromiso.

Kagome levantó la cara del platillo y miró a Kikyo. Ese lunes habían quedado de verse para comer. Su amiga asintió y sacó una tarjeta morado. No hacía falta preguntarle para que era, porque ya sabía perfectamente.

―No la quiero – se rehusó a aceptarla.

―De todos modos, te la dejo. La clave es: Pacman y será dentro el viernes. Así que tienes mucho por pensarlo.

Kagome se le quedó viendo a la tarjeta, si, era una locura aceptar otra de esas. La última vez que aceptó una terminó con un corazón dolido.

―Llevas mucho tiempo sin sexo. Lo que necesitas es que alguien te destroce y te de muy duro.

― ¡Ya te dije que no quiero!

Kikyo apoyó una mano en la de ella y la miró con una sonrisa llena de compresión.

―Lo sé querida. Pero de vez en cuando es bueno un masaje relajante en un spa como ese.

La tomó y se le quedó viendo. Era una locura si aceptaba ir, sería una estupidez que no fuera. Pero tras lo que había pasado en el auto con Hoshiyomi lo estaba completamente esquivando, aun se sentía un poco avergonzada por lo que hizo. Tal vez con un desconocido podría dar rienda suelta a la falta de sexo.