Capítulo 23
QUIERO ESTAR
El día de su nombramiento como fiscal había llegado y para nada se llegó a sentir nervioso. Su discurso se lo memorizó de pies a cabeza por lo cual no había necesidad que llevara una copia consigo. Salió de la habitación mientras le hacia un nudo a la corbata. Pasó rápidamente la vista a la habitación de su hija y una fugaz sonrisa se dibujó en su rostro.
Kagome había llegado más temprano de lo acordado para ayudarla a vestirse ya que su madre tal y como se lo advirtió, regresó con su padre. No tenía mucha experiencia en eso por eso le pidió el favor a su ahora novia.
Todo iba rápido en su relación, de hecho, le sorprendió lo fácil que había sido mantener una.
La puerta de la habitación de Kanna se abrió y la primera en salir fue precisamente Kagome. Los ojos se le agrandaron al ver a la elegante mujer que estaba frente a él. Recorrió cada centímetro de su esbelta figura. La cual llevaba un vestido dorado. Con un escote de hombros caídos y cortes asimétricos, largo y con abertura en una pierna. Además, un discreto peinado y un maquillaje natural. Le dio levemente la espalda para sacar algo de su bolso y frunció el cejo al ver el escote en forma de "v" en su espalda.
― ¿Eso vas a llevar? – alzó la ceja un poco alarmado.
Ella esbozó una sonrisa divertida y giró un par de veces para que no se perdiera cada centímetro de tela del vestido. Se esmeró tanto en encontrar uno y no por un escote haría que se lo quitara. En parte porque era elegante más no vulgar.
― ¿No le gusta, señor fiscal?
Inuyasha alzó una ceja ante aquella descarada pregunta. Dio un paso lento, en dirección a la joven de cabello azabache. Que al verlo aproximarse se sonrojó.
―Desde luego que no. – su respuesta fue tajante.
No iba a permitir que otros imbéciles se atrevieran a ver a su novia. Si eso pasaba, buscaría los medios necesarios para meterlos en prisión por un par de horas.
De nueva cuenta ahí estaba su sonrisa pícara. Levantó los brazos para acomodarle la corbata del cuello.
― ¿Quieres que me lo quite?
Una pequeña risa se escapó de los labios del nuevo fiscal, algo que sin duda hizo que ella se derritiera y que realmente contemplara la opción de quitarse el vestido frente a él.
― Dulzura, en otro momento – mordisqueo su oído ― Habría aceptado esa oferta gustosamente. Pero por más que me guste ver tu piel desnuda…
Y más sobre de él.
―Tenemos el tiempo medido.
Sostuvo con una mano su mandíbula y le dio un fugaz beso que se prolongó más de lo debido. Kagome se dejó llevar por la electrificarte sensación que recorría su pequeño cuerpo. Bebiendo todo el amor en un simple gesto como lo era aquel cálido beso.
No todo dura para siempre, así que tuvieron que posponer la promesa de la noche que les aguardaba. Ya que se escuchó la puerta de la habitación de Kanna abrirse de par en par y tras de ella una niña completamente furiosa, casi al borde de uno de sus ataques.
Inuyasha temió por eso y se cuestionó si llevarla a un evento de tan amplia magnitud sería lo adecuado para ella.
Aunque la más sorprendida era la propia Kagome, pues había dejado a una niña radiante y feliz porque estaría acompañando a su padre. En comparación a la pequeña que tenía delante de ellos.
― ¿Es necesario que acuda a ese evento?
Él no encontró las palabras adecuadas al verla con ese elegante vestido de fiesta. Kagome se había encargado de elegirlo y hasta ahora le había permitido verlo.
Era Rosa claro, con barda dos de flores y encaje en el dobladillo. Sin mangas y con escote en forma de O al cuello.
Ver a su pequeña así, tan bonita y con una elaboradas trenzas en la cabeza le hacía cuestionarse en cómo se vería dentro de varios años más en su fase adulta. Con solo pensarlo, un profundo dolor le atravesó el pecho. No estaba preparado para eso mucho menos el día que llegara con un novio. Si eso pasaba, no descansaría hasta que el pobre chico saliera huyendo.
Se acercó a ella y se inclinó de rondilla para estar a su altura.
―Te vez bonita.
Las mejillas de la pequeña se tiñeron de rojo ante el alago de su padre.
―Gracias.
―Pero si – asintió él – Debes ir. Esta noche es importante para los dos.
La pequeña arrugó los labios. Un gesto recién desarrollado desde que Kagome estaba en sus vidas.
―Me aburriré. ¿No puede venir a cuidarme Kaede?
Inuyasha negó.
―Ella también asistirá. Así que no hay nadie que te cuide.
Desde luego que si había una opción. Los amigos de Kagome.
―Podría quédame con Jacky.
Por supuesto que esa no era una opción. Todavía estaba vivo el día en que Jacky coqueteó con él. Además, ya había convivido su pequeña con los amigos de Kagome y juntos eran sin duda una bomba de tiempo. Aun así, no podía negar que ese tipo de convivencias era lo que la niña necesitaba de vez en cuando.
―Desde luego que no. Me acompañaras y no está bajo discusión.
Kanna frunció su cejo y se cruzó de brazos. Lo mismo hizo Inuyasha, qué no estaba dispuesto a soltar prenda.
Kagome suspiró y negó con la cabeza al ver la escena. Este hombre, a pesar de medir uno noventa, ser fiscal y abogado sin duda le faltaba mucho por madurar.
¡Se ponía peor que un niño!
Podía apostar con los ojos cerrados a que Kanna era mucho más madura que él.
―!Ya basta! – interrumpió ella.
Ella también se arrodilló a la altura de ambos.
―Lo que quiere decir tu papi, es que es una noche importante para él – acomodó un mechón plateado de la pequeña hacia atrás – Y quiere que su persona favorita, o sea tú, este ahí.
Su último comentario hizo qué el carácter de la menor se ablandará. Miró a su padre y él asintió en cuanto sus miradas se encontraron.
―Está bien – dijo al final – Si es importante para ti, iré. – miró a Kagome ― ¿Me ayudas a ponerme los zapatos?
Ella le guiñó un ojo y tomó la mano que la pequeña le ofrecía. Inuyasha las detuvo antes de que entraran a la habitación.
―Alto ahí las dos.
Tanto Kanna y como Kagome voltearon a verlo.
―Las amo ¿Lo saben?
Si, ambas suspiraron, pero no lo dieron a notar, se miraron una a la otra y respondieron al unísono.
―Nosotros también, señor fiscal.
La pequeña boca de Kanna se abrió ante lo enrome que era el recinto donde su papá tomaría protesta. Era la primera vez que la involucraba en algo así y se sentía importante cuando la presentaba ante un conocido. Desde luego que no se tomó el tiempo de memorizar cada nombre ya que esas personas no serían relevantes en su vida.
Tomó fuerte la mano de Kagome mientras eran guiadas a su lugar y la secretaria de su papá se lo llevaba a un rincón, ya que daría por inicio el tan esperado evento.
Un mesero se acercó con ellas para ofrecerles algo del menú. Kagome iba cuestionándole lo que cada platillo llevaba, lo hacía para que la pequeña tuviera toda la seguridad en ingerirlo.
El mesero asintió ante los pedidos que le había hecho Kagome. Pero antes de retirarse le explicó que se le entregarían luego de que el nuevo fiscal diera su discurso. Y así fue, las luces se apagaron. Como estaban en primera fila aplaudieron con ímpetu cuando el anterior fiscal, presentó al nuevo. De hecho, todo el recinto estalló entre aplausos, chiflidos y gritos de júbilo.
Una luz blanca lo enfocó directamente y buscó rápidamente a las dos personas más importantes de su vida y así inició con su discurso. Había luchado tanto por estar ahí que todo parecía realmente un sueño.
Su emotivo discurso hizo que una lagrima se le escapara a su pequeña hija. Porque una parte extensa iba dedicada especialmente a ella. De que todo lo que hizo era siempre por ella.
Antes de finalizar el discurso, buscó a Kagome hasta que sus miradas conectaron.
―Kagome, gracias por llegar a nuestras vidas, pero sobre todo aguantarme – le guiñó un ojo ―Te amo.
Inuyasha dejó en la cama a Kanna y salió de la habitación para que Kagome le ayudara con la pijama. Había quedado completamente rendida, si no hubiera sido porque la había visto dormida en el regazo de su novia, seguramente aun permanecerían en la recepción.
Salió a la terraza y el aire fresco lo recibió. Tomó asiento en una silla y apoyó sus largas piernas en otra. Por último, se deshizo de los dos primeros botones de la camisa y saboreó la tranquilidad de la noche con una pequeña porción de whisky. Porque a partir de ese momento tendría mucho trabajo.
Kagome se asomó y se permitió verlo por unos breves instantes.
― ¿Ya se durmió?
Salió de su escondite y se sentó entre sus piernas extendidas. Su larga melena cayó por un lado y aprovechó para enredar sus dedos en cada sedosa hebra.
―Rendida – respondió.
Inuyasha pasaba sus dedos por la sedosa piel.
― ¿Qué se siente ser fiscal?
Se encogió de hombros ya que no le daba suficiente importancia a pesar de que era algo por lo que siempre luchó.
― ¿Qué se siente ser novia de un fiscal?
Ella pasó sus brazos alrededor de su cuello en el acto hizo que su escote se observara más, algo que Inuyasha no perdió detalle alguno. Entonces Kagome, siendo ajena a los pensamientos que atravesaban a Inuyasha, respondió:
―Un poco influyente.
Pero poco le importó a él la respuesta. Pues sus largos dedos comenzaron a bajar el tirante de su vestido a la par que iba dejando un camino de besos por la curva de su cuello. Kagome se puso un poco incomoda. Temía que Kanna se despertara y se encontrara con esa escena.
―Inuyasha… ― jadeó, entre dejarse llevar y ser coherente – Kanna podría…
―Una vez que ella se queda dormida, no hay poder humano que la despierte.
Con dificultad logró sacar un seno de su escote. Estimulando el pezón con los dedos. La última gota que derramó la cordura de Kagome fue cuando se lo llevó a la boca, arqueando la espalda. Inuyasha la tomó de la cintura de tal modo que quedara a horcajadas sobre él.
―Quédate esta noche.
Meditó por un breve instante esa propuesta. Si bien resultaba tentadora, no contaba con ropa para ponerse al siguiente día.
―Tendría que ir por algo de ropa a mi departamento.
Bajó el otro tirante del vestido.
―No está a discusión eso.
Su mente se nubló por completo o más bien ese hombre era el causante, porque cuando reaccionó estaba sobre sus brazos y la llevaba rumbo a su dirección.
La tumbó sobre la inmensa cama, luchando con la maldita tela y cierre del vestido para terminar de desnudarla por completo y tenerla por entera para él.
Se podría decir que se sentía feliz y que su vida estaba completa con ella a su lado, porque realmente así lo era.
―Esta noche te quedas y punto – le susurró en su oído.
―Si ― respondió, buscando sus labios para darle un ligero mordisco en uno de ellos.
Lo envolvió entre sus piernas, usó todo su peso y rodó sobre la cama. Para cuando él se dio cuenta, estaba boca arriba y Kagome encima de él.
Tomó sus manos qué hace unos momentos tenía apoyadas en ambos lados de sus caderas y fue guiándolos por encima de su cabeza.
Cómo había sucedido en el despacho, ella era dueña del ritmo. Volviéndolo loco con el balanceo de sus caderas.
Acelerando el retiro, apretando su pelvis contra su erección cada vez que lo veía arquear la espalda o cerrar los ojos.
―Kagome…
Inuyasha jadeó. Trató de liberarse de las delicadas manos de su novia pero ella no se lo permitió.
―¿Qué deseas? ― se inclinó un poco para susurrarle al oído y mordisquear su lóbulo.
―A ti. Siempre a ti.
Ya no pudo seguir resistiendo más y volvió a retomar la posición habitual.
Sus corazones latían a la par del otro. No hubo prisa como ya se había hecho costumbre entre ambos. Únicamente sentir y dejarse llevar por el vaivén de sus cuerpos. Pero siendo cuidadosos de ser discretos para no despertar a la niña que dormía en la habitación continua.
A partir de ahora y siempre quería ser parte de ella. Estar ahí en sus grandes logros. Ser el fuego qué le abrigara el corazón. Ser el aire de sus alas si no había ninguna ráfaga de viento a su favor. Porque eso era el amor y él, la amaba.
―No me cansaré de decirlo. Pero siempre serás mi deliro.
XXX
― ¿Qué harás esta noche?
Jacky apartó la vista de su ordenado para ver a su mejor amiga, se encogió de hombros porque realmente no tenía muchos planes. Su novio Erick tenía trabajo por la noche y, además, estaba teniendo problemas con él.
―Nada corazón – suspiró ― ¿Y tú?
Kagome negó.
―Esta noche no tengo planes. Mi novio tiene una cita con una pequeña dama.
Si, esta noche Kanna e Inuyasha iban a salir únicamente en calidad de padre e hija. A pesar de las exigencias de su trabajo siempre se daba la oportunidad de convivir con sus seres amados. Además, después de tanto planearlo saldrían de excursión en Lucy. La que estaba más emocionada era la pequeña, pues no paraba de decir que ya quería usar su cámara, así como ella lo hacía.
Jacky exhaló y aprovechando que no había mucho que hacer en la agencia. Se deslizó con todo y silla hasta donde estaba su mejor amiga. La miró y alzó una ceja al verla.
― ¿Y ese milagro que te suelta? – comentó resentido y en cierto modo un poco celoso – Desde que estas con él no sales con nosotros. Ya no me invitas a comer.
―Invité la comida de hoy.
―Ya no me invitas al chismecito – ignoró ese punto valioso – Yo necesito estar informado.
― ¿Y qué tal vas con Erick? – prefirió darle un giro al tema.
Por más que había tratado de persuadirlo en el almuerzo, su amigo no soltaba prenda. Tenía la ligera sospecha de que su noviazgo con Erick estaba pasando por mal momento.
―Quiere que vivamos juntos – dijo al fin.
―Eso es maravilloso, Jacky.
Pero para él no tanto. Si ponía en una balanza sus sentimientos e inseguridades, pesaba más esto último.
―Corazón, no estoy listo para una relación formal – respondió incomodo ― ¿Qué tal si sale huyendo el primer día?
Kagome tomó lo tomó de las manos, tal como él lo había hecho en el pasado. Jacky había sido un soporte muy fuerte, había amortiguado todo su dolor. Ahora que se encontraba bien, lo más correcto sería regresarle una parte de lo que hizo por ella.
―Si te lo pide es porque realmente le importas y quiere formalizar la relación – lo vio quejarse y antes de que abriera la boca para decir algo lo interrumpió – Muchas veces te quejabas de no encontrar a un chico sincero, ahora que lo tienes ¿Estás dispuesto a renunciar a él?
Jacky levantó la cabeza y miró a su mejor amiga.
―Sería estúpido de mi parte si renunció a eso ¿Verdad?
Ella asintió. Aunque la verdad no quería que Erick pasara por lo mismo cuando Inuyasha decidió precisamente terminar el acuerdo. Pero eso ya pertenecía al pasado. Ahora ese "acuerdo "fue remplazado por un nombre:
Una relación.
―Por lo que veo tu novio inicio con el pie derecho en su puesto como fiscal.
Kagome frunció el cejo sin entender lo que le comentaba.
―Mira.
Tomó el móvil de Jacky y se dispuso a leer una noticia recién publicada por una página de noticias. La cual detallaba que Bankotsu había sido sentenciado a varios años en prisión por los actos que había cometido. Había imaginado que ese proceso sería muy largo para sentenciar a una persona, pero sospechaba que Inuyasha tenía que ver en esto, dado la superioridad de su nuevo cargo.
―Se lo merece – señaló Jacky – Eso que le hizo a sus victimas y lo que estuvo a punto de hacerte no tiene perdón.
Ella asintió, era algo de su vida que no quería recordar y que aún seguía agradecida por la terquedad de Inuyasha, el cual no se quedó de brazos cruzados.
Kanna tomó el menú que el mesero le ofrecía. No recordaba la última vez que salía de esa manera con su papá. Era asombroso la manera que los atendían, como si realmente estuvieran enterados a lo que se dedicaba.
―Hoy elijes tú – anunció él ― ¿Qué te gustaría ¿
― ¿Lo que yo quiera?
― Lo que tú quieras― repitió él.
Ella miró el basto menú que había para niños. Le llamó la atención antojó la hamburguesa doble con queso y una buena porción de papas fritas. Una vez que se acercó el mesero, Inuyasha ordenó lo que la pequeña quería, incluso ordenó doble.
Mientras aguardaban a que el mesero llegara con la orden, la pequeña frunció el cejo al ver que dos mujeres, una morena y la otra rubia se le quedaban viendo descaradamente a su papá. Pero aun así él no estaba al pendiente de eso.
―Esas chicas no dejan de mirarte – frunció él cejo.
Inuyasha ni siquiera se inmuto en voltear a verlas. En otro tiempo si, antes de dejar Zeus, pero ahora eso le valía muy poco.
―No me he dado cuenta. Estaba distraído viendo a una hermosa niña.
Eso la hizo sonrojarse y a él sonreír.
―Pero a mí sí. Eres mi papá y tienes novia.
― ¡Kanna!
Trató de detenerla cuando la niña se levantó de su asiento y pasó a un lado de él para ir directo hasta donde estaban esas señoritas. Giró levemente para seguir el trayecto de su pequeña hasta verla detenerse delante de la mesa donde estaban las dos mujeres.
Kanna se cruzó de brazos y contempló a las dos chicas.
Una de ellas apoyó los brazos sobre la mesa y recargó su abultado escote en ellos, algo que hizo que Kanna se le curvara una ceja.
― ¿Se te ofrece algo, linda? ¿Vienes a dejarme una nota de ése hombre?
―Les voy a pedir amablemente que dejen de ver a mi papá. Es guapo, lo admito. Pero él ya tiene novia y es mucho más bonita que ustedes. Así que dejen de verlo.
― ¿Cómo se llama? – preguntó la otra, ignorando por completo lo que dijo la niña.
Kanna se enfureció mucho más y apretó ligeramente su cejo.
―Para ustedes no hay nombre.
― ¿Va en serio con su novia? – volvió a preguntar la rubia.
―Es serio.
Inuyasha inmediatamente recuperó su postura en el asiento cuando vio a su pequeña caminar hacia la mesa. Pero en cuanto tomó asiento no pudo contener la risa. Había dejado a esas dos niñas con la boca abierta y después de ese pequeño roce, ninguna volvió a intentar hacer contacto visual con él. En parte porque Kanna estaba al pendiente.
―Les rompiste el corazón ¿Sabes?
―No voy a permitir que alguien más te mire. Además, tienes novia.
El mesero llegó con el pedido y una vez que se marchó, le volvió a preguntar a su hija.
―Así que soy guapo ¿eh?
Soltó una carcajada al verla sonreír, pero guardó compostura al recordar donde estaban. De hecho, si la había traído a cenar era para hacerle una propuesta que los involucraba a los dos y a un giro en sus vidas.
Terminaron de cenar y olvidando el incidente con las dos chicas, que incluso ya no se encontraban en el restaurante. Sacó una pequeña caja del bolsillo se su saco y se lo entregó.
― ¿Qué es? – alzó una ceja al ver una cajita de terciopelo azul marino entre sus manos.
―Ábrelo.
No podrió detalle alguno de cada movimiento de su hija. Quiso en ese momento ten a la mano la cámara que nunca soltaba cuando hizo una expresión de asombro cuando su boca de abrió de par en par.
―Es un anillo. Pero es muy grande para mi – explicó la pequeña – Al menos que…
Apartó la vista del objeto y levantó lentamente la cabecita hasta hacer contacto visual con su papá.
Inuyasha tomó la mano de Kanna y ahora su rostro era serio.
―Los dos hemos estado solos durante mucho tiempo y…
Decirle a su hija que tenía pensado pedirle a Kagome que formara parte de sus vidas era más complicado que cuando dio su discurso como fiscal. Porque aquí se está refiriendo a ella, no a un grupo de personas.
―No quería dar este paso sin consultarlo contigo.
Ella prestaba atención a cada palabra. Desde liego que sabía el significado de un anillo como ese. Su maestra de español llevaba uno, claro, no tan bonito como el que tenía en frente.
―Si no quieres y es muy temprano…
― ¡NO! – negó, mirando el anillo y sonriendo – Es perfecto.
Se levantó de su asiento para sentarse en el regazo de su papá. Y así, juntos contemplaron el hermoso anillo.
―Kagome es muy dulce y la quiero mucho. – lo miró – Creo que no vas a encontrar a una igual a ella.
Sonrió y pasó sus dedos por el cabello de su pequeña. Sin duda Kanna era una niña muy madura para su edad. A raíz de que Kagome estaba en sus vidas sus ataques se habían reducido.
―Entonces…―señaló con las cejas el brillante objeto ― ¿Se lo pedimos?
― ¡Si!
Sonrió y volvió a mirar por ultima vez el anillo. En parte estaba feliz porque su papá había encontrado a una persona que lo hacia feliz. Por otro lado, era la mamá que siempre se había estado imaginando. La familia que probablemente tendría algún día.
En otro punto de la ciudad. Se escuchaban caer las gotas de lluvia tras la ventana. Leía detenidamente el encabezado junto con la nota de aquel día.
"INUYASHA TAISHO: NUEVO FICAL DEL ESTADO"
―Así que después de todo lo has logrado maldito ― contempló a su alrededor, la pocilga dónde vivía ―Pero si yo soy miserable, tú también lo serás.
Se le revolvió el estómago al ver las fotos de su toma de protesta. En una de ellas tenía a su hija cargada en brazos y en otro lado, abrazaba por la cintura a esa mujer.
Recortó precisamente esa foto y la pegó en un tiró a blanco, para después arrojar un dardo y dar justo a su objetivo.
Sonrió, porque si no era feliz, ese desgraciado tampoco lo iba hacer.
Lastimarlo donde más le dolía ese era su objetivo.
―Haré que te duela. Que incluso supliques por estar muerto.
Una fría sonrisa se dibujó en los labios a la par que estallaba en una risa malévola que incluso el mismo diablo habría salido huyendo al escucharla.
