( - з -)

• • - • - • - • - • -

Title: Someone to You

Ship: Adrinette.

Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)

Word Count: 130,000

Word Count per Chapter: 1,900

Rating: NC-17

Chapters: 37/52

Beta: Unbetated

Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v

Music: Let Your Hair Down by Magic!

Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.

• - • - • - • - •

Era quizá la cena más rara, y Bridgette trató de involucrar a Adrian en una conversación sobre su trabajo en la industria del entretenimiento y sobre los chismes y noticias de sus clientes. Adrian siempre terminaba la conversación con un movimiento de cabeza a modo de disculpa ya que no era profesional hablar sobre la vida privada de sus clientes. Aun así, la ola de preguntas de la chica iluminó el ambiente haciendo que todos sintieran algo mejor el momento.

Marinette alzó la mirada de su comida y vio a su madre mirando con ternura al hombre sentado a su lado antes de mirarla a ella. A mitad de todo, el señor Dupain se recostó en su silla con una pequeña sonrisa, mirándolos a todos: su esposa, sus dos hijas... y al amigo de su hija menor. Tomó un momento explicarle todo. La hermosa chica que se presentó como su hija era muy paciente y le dijo tan gentil como pudo cosas que debía saber sobre ese día.

—¿Qué tal la comida, Marinette?— Sabine Cheng estiró la mano y frotó el brazo de su hija menor. —Este es tu platillo favorito, ¿no?

Marinette asintió, palmeándose internamente en la espalda cuando no retrocedió ante el roce de su madre.

—Me gustaría pedirte la receta, Mamá. He querido hacerlo, pero siempre termino poniéndole mucha sal.

La señora Cheng parpadeó, formando una pequeña 'o' con sus labios.

—¿Te gusta cocinar, amor?

—Y es muy buena en ello.— Adrian de súbito intervino con una orgullosa sonrisa, —Hace la mejor comida que he probado.— Ante los cumplidos, Marinette bajó la cabeza y sonrió tímida.

—Ah... ¿e-en serio?— la señora Dupain-Cheng frunció el ceño, preguntándose por qué este hombre sabía tanto sobre la comida de Marinette. Bridgette se inclinó a su lado y le susurró algo. Dándose cuenta de todo, siguió hablando, —¿Cocina para ti todo el tiempo, señor Agreste?

Asustada, Marinette tosió mientras bebía de su vaso. El agua se fue por la vía equivocada y ahora la tos se había hecho incontrolable.

Adrian rápidamente se puso de pie y frotó su espalda en círculos.

Sabine hizo el amago de ponerse de pie, pero lentamente volvió a sentarse cuando vio a Adrian ayudando a la menor de sus hijas. Por un momento, se sintió obsoleta.

—¿Estás bien?— Adrian musitó preocupado y cuando Marinette por fin pudo respirar bien asintió, haciendo que el abogado regresara a su sitio y se revolviera un poco bajo la calculadora mirada de la señora Cheng.

Tom comió, gruñendo de cuando en cuando cada vez que Bridgette colocaba otra porción en su plato y lo alimentaba lentamente.

—¿Hay algo que quieras decirnos, Marinette?— la señora Dupain-Cheng le sonrió alentadoramente a su hija.

Hubo un prolongado silencio. Todos estaban mirando a Marinette, esperando su respuesta. Se movió un poco cuando encontró la mirada de su padre fija en ella. Aunque estaba segura que su padre no podía recordar ningún detalle malo que compartieron juntos, todavía había esta sensación incómoda en ella que no se iba.

Adrian se recostó en su sitio y cuidadosamente deslizó su mano sobre el regazo de Marinette y sujetó su mano en un cómodo agarre. Su palma estaba sudorosa bajo la suya. Adrian tampoco estuvo seguro sobre cómo debería sentirse al respecto. Nunca había tenido la oportunidad de presentarle a sus padres a la persona que amaba. El nerviosismo era un eufemismo de cómo se sentía Marinette en ese momento.

—Papá... Mamá...— Marinette se aclaró la garganta. —Sé que esto es algo súbito, considerando el hecho de que no he estado en casa desde hace muchos años. Pero solo quería decirles que Adrian y yo... nosotros...— de súbito se sintió acorralada, giró la cabeza y pidió ayuda a Adrian con los ojos.

Respirando hondo, Adrian inconscientemente aflojó el cuello de su camisa. De reojo, pudo ver a Bridgette tratando de contener una sonrisa.

Bueno, al menos ella encontraba esto hilarante.

Tom dejó de comer y tal como su esposa, miró a los dos con expresión inescrutable.

—Señor y señora Dupain-Cheng, su hija y yo hemos estado viviendo juntos desde hace casi año y medio y-

—¿Viviendo juntos?— Sabine preguntó, —Pensé que habías estado viviendo con tu prima.

Marinette lamió su labio inferior.

—Sí, pero luego conocí a Adrian y-

—Nos hicimos cercanos y vivimos juntos cuando ella se ofreció a cuidar de casa, ya que yo casi no podía estar.— Adrian completó lo que la menor empezó..., aunque no estaba seguro si así era cómo debía poner su situación en palabras. Su explicación de súbito no calmó la preocupación en la señora Cheng. Bajo la mesa Marinette movió su pierna y pisó su pie nada ligero.

—Lo que él quiere decir es que- —Marinette dijo rápidamente, —Nosotros... Adrian y yo... estamos juntos en toda la extensión de la palabra.— Sus ojos se movieron entre sus padres, insegura de si acababa de arruinar la cena. Se sintió como una niña de cinco años sentada con su madre mirándola con incredulidad, mientras que Tom estaba frunciendo el ceño.

—E-estás sa-sa-sale-

—Saliendo, Papá.— Bridgette ayudó.

—¿Saliendo con mi hija? — el señor Dupain dijo, sus palabras salían algo torpe. Estaba mirando a Adrian, quien deliberadamente se puso de pie a una distancia de la mesa. Todos los ojos estaban enfocados en él con gran curiosidad.

—Adrian...— Marinette tampoco sabía qué estaba pasando.

Adrian se arrodilló frente a todos... frente a la familia de Marinette.

Ella lo miró sin entender.

—Sé que no ha pasado mucho desde que nos conocimos,— nunca se había sentido tan extraño en toda su vida, no como en ese momento en el que estaba hablando en un idioma que casi no entendía.

—¿Estás preguntándome q-qué pienso?— el señor Dupain dijo, y pareció como si estuviera tratando de ayudar a Adrian, quien lo miró agradecido.

—No exactamente.— Respondió Adrian, —Estoy frente a ustedes no porque pido perdón... estoy aquí para pedir su bendición. Justo como lo dicta la cultura de su esposa y la que asumo usted acepto como suya.— Se sintió menos preocupado cuando los padres de Marinette parecieron escuchar con intensidad. —Amo a su hija. Ella es la mujer más maravillosa, inteligente y amorosa que he conocido. Nos conocemos desde hace casi dos años, y puede que esto suene tonto y demasiado aprisa, pero, no puedo imaginar pasar mi vida con alguien que no sea ella.

Marinette vio la ola de emociones a través de los ojos de su padre, y no pudo evitar sentir que el corazón le latía como loco amenazando con estallar con la declaración de Adrian.

Bridgette no pudo evitar sonreír ante el súbito giro de eventos.

—P-pero eres un hombre mayor,— un frunce de ceño lentamente se coló en la frente del señor Dupain. —¿Estás seg-seguro que no quieres a la mayor?— señaló a Bridgette, quien estaba teniendo problemas en contener la risa.

—Él no me quiere a mí, Papá. Además,— pausó, —¡Ya estoy casada, con su primo que por cierto está en el extranjero!

Pero eso no evitó que Tom siguiera especulando.

—Creo que entiendo por qué.— Sus ojos brillaron y sonrió. —Mi hija menor es más bonita que mi hija mayor.— Rió.

—¡Papá!— Bridgette protestó, y eso claramente fue algo que rompió el hielo. Marinette cubrió su rostro para esconder su vergüenza, mientras sus hombros temblaban con la risa.

Adrian movió la cabeza y contuvo la sonrisa, encontrando difícil callar su diversión.

Sabine Cheng sonrió ante la inocencia de su esposo.

—Creo que es hora de que descanses un poco, cariño.— Una mirada cálida pasó entre ellos. —Marinette, ¿por favor puedes ayudar a tu hermana a llevar a tu padre a la habitación?

Sin palabra alguna y solo un asentimiento, Marinette se puso de pie y de inmediato estuvo al lado de su padre. Miró a Adrian insegura antes de tomar la mano de su padre y subir las escaleras con él.

—Señor Adrian.— La señora Cheng miró al abogado.

—¿Sí, señora?

—¿Puedes ayudarme a lavar los trastes?— se puso de pie y empezó a recoger los platos.

De inmediato, Adrian se puso de pie de su posición y se limpió los pantalones.

—S-sí.— Estuvo inseguro de cómo debía sentirse con la idea de estar a solas con la madre de Marinette después de la súbita confesión. Afortunadamente, no había rastro de disgusto o decepción en sus ojos.

Cuando dejaron con éxito los platos, se pusieron lado a lado, concentrados y callados al mismo tiempo.

—Lo que hiciste fue inesperado... y muy valiente.— La mujer miró a Adrian con ojos serios. —No puedo decir que estoy feliz con la idea de que mi hija y tú vivan en la misma casa sin estar casados. El tiempo ha cambiado..., así que lentamente estoy aprendiendo a aceptar el hecho de que las cosas no son las mismas de antes.— Estiró la mano y la presionó contra la del otro. —Pero estoy segura que mi hija escogió a la persona indicada esta vez.

Adrian parpadeó lentamente.

—Eso significa...

—Que lo apruebo.— Sus ojos lucían húmedos, pero estaba absolutamente feliz. —Por favor, cuida de mi hija. A este punto, solo quiero que sea feliz.— Apretó su mano y pidió. —Hazla feliz.

—Gracias,— Adrian dijo luciendo completamente aliviado. Nunca pensó que sería así de difícil, pero estaba agradecido de que la señora Cheng lo hiciera fácil para él.

Aun así, era uno de esos inolvidables momentos de su vida.

—》《—

Una hora después, Marinette y Adrian estuvieron en el auto de regreso a París, cansados del torbellino de eventos que ocurrieron. Había sido menuda noche...

—Lo que dijiste ahí... ¿fue en serio?— Marinette preguntó, su cabeza descansó contra el asiento con los ojos cerrados.

Adrian se contuvo de mirarla mientras iban hacia la autopista.

—Soy un hombre de palabra aun cuando estoy fuera de la corte defendiendo a un cliente, Marinette.

—Ok,— Marinette sonó cansada. Abrió los ojos y miró a Adrian pensativamente, —Entonces déjame decirte que te amo tanto y que eres la persona más maravillosa que he conocido.

Tan pronto como la luz cambió a rojo, Adrian la miró y tocó su mejilla con sus dedos.

—No necesitas decírmelo. Ya lo sé.

Riendo, Marinette regresó.

—Presumido, ¿huh?

—¿Lo soy?— se inclinó hacia adelante y la besó lento y dulce. —De verdad desearía que no copiaras mis palabras, amor.

—¿En serio? Entonces déjame intentarlo.— Lo dijo con la intención de que ambos rieran, —Eres parte de mi alma para siempre.— Adrian la miró incrédulo. —Eres el queso de mis macarrones.

Adrian hizo un gesto y soltó ruidos de arcadas.

—¿En serio?

Lo miró a ojos.

—¡Oh, esta es buena!

—Uhuh.

—Tú...— hubo una larga, larga pausa, —...me complementas.

—Eso estuvo mejor.— Ambos rieron y Adrian casi no vio la luz cambiando.

Condujeron en silencio un momento, pero Marinette se negó a rendirse con sus comentarios.

—Me enamoraste con lo de '¿Quién eres y qué demonios le has hecho a mi hijo?'.— Imitó la enojada voz de Adrian.

—Te odio.

—¡Nah! Tú me amas.

Adrian fingió un suspiro de derrota.

—Claro que sí.

—Hey- —cualquier protesta murió en su garganta cuando Adrian nuevamente presionó sus labios contra los suyos.

Cuando se separaron, Marinette colocó su mano sobre la que estaba sujetando la palanca de cambio y habló.

—Gracias, Adrian.— Y condujeron el resto del camino a la ciudad en un cómodo silencio.

Continuará...


Ya vineee~

Hoy ando triste, al parecer la gatita nueva no será nueva :( no quiere estar en casa y se la pasa llorando y maullando en la puerta y me parte el corazón verla así... No me gusta la idea de que sea un gatito Outdoor, pero tampoco quiero obligarla y casi, casi secuestrarla, solo porque no quiero que le pase nada...

Esperaremos esta semana y veremos que pasa... Si sigue así, con todo el dolor de mi corazón, tendré que dejarla salir y solo cuidarla desde lejos hasta donde me deje.

Nos leemos la próxima semana.

Besitos tristes de murciélago para todos.