La tarde extenuaba su paso ante la llegada del frío otoñal del anochecer. Arribaron a Tokyo siendo cubiertos por tintes dorados y bermellón. Los mismos que hace solo unos días bañaron el cuerpo de Kyo, cuando había abandonado la casa familiar. Levanto la tapa del casco y respiro la brisa marina que se filtraba por toda la costa. Tokyo se erguía como un monstruo extenso de progreso y tecnología.

3 días, complejos e inesperados habían transcurrido desde lo sucedido con Yuki. Tal vez contactar a su familia podría ser conveniente, no sabía nada de ella desde entonces y por alguna razón, se empecinaba en no pensar en ello. Aun no era el momento, todavía estaban parados sobre suelo movedizo. Kyo no tenía nada contundente que aportar a la situación, lo cual no lo dejaba en una posición diferente a la inicial. Siendo de esa manera, no se expondría a ser enclaustrado por el temor de su padre.

Su motocicleta, siempre tan leal a las exigencias de su dueño, no había generado problema alguno en el viaje. A las velocidades con que Yagami discurrió las extensas calzadas boscosas, habían llegado antes de lo calculado.

Se detuvieron a comprar algo liviano en un pequeño puesto ambulante, ubicado en los límites de una amplia zona de comidas, cerca al norte de la ciudad. Yagami, recostado parcialmente en la moto, realizaba algunas llamadas por celular, completamente abstraído de su entorno.

Kyo hambriento, pago a la mujer una bandeja de Takoyakis. Llevaba días comiendo poco, eso sin mencionar sus accidentadas horas de descanso. Mastico una bola rellena y acercó la bandeja, ofreciendo su contenido a Iori. Este distraído tomo un par de esferas de maíz rellenas de pulpo y comió. Alguien atendió al otro lado de la línea y Yagami se sumergió en una conversación que poco importaba a Kyo.

El castaño miro a su alrededor, era una zona comercial reducida, pero mucha gente se aglomeraba en el paso, en especial jóvenes que cruzaban constantemente las calles abarrotadas. En la esquina izquierda de la calle, estaba postrado a modo de rompe-tráfico un pequeño aviso de farmacia que contrastaba pálido en comparación a los vistosos colores que lo rodeaban.

Kyo recordó la formula firmada por la mujer que atendió su herida en el hostal y tras comer un par de bolitas rellenas, dejó la bandeja en manos de Yagami. Este la recibió sin percatarse siquiera de haberlo hecho y continuo su conversación por el celular.

– Dame el número mujer, necesito contactarlo…- fueron las únicas palabras que Kyo escucho antes de alejarse.

Regreso tras ingerir un par de capsulas, tal como decía la prescripción médica. Guardó las pastillas en la chaqueta, un par de chicas de instituto chocaron con él, le sonrieron con descarada picardía y se alejaron entre risitas tontas. Kyo observo a las jóvenes estudiantes evocando algunos años atrás, cuando todo parecía reducirse solo a entrenarse para el torneo. Sin ninguna tragedia de por medio.

El sonido del motor lo saco de la momentánea ensoñación. Yagami ya incorporado para arrancar la moto, resguardaba su celular en el bolsillo interno de la gabardina. Regreso la bandeja a Kyo, esta contenía solo dos Takoyaki.

– Que considerado. – hablo el castaño sarcástico, mirando las humildes bolitas rellenas, su estómago aun hambriento, resentido con Yagami. Las comió algo desganado.

– Sube rápido, haremos un par de paradas antes de ir al templo. –

– Que planeas Yagami. – espeto Kyo tomando posición en el asiento del pasajero. Su hombro no le había resentido nuevamente, pero tras lo sucedido en el hostal, opto por dejar el camino en manos de Iori.

– Nada importante, no tomara mucho tiempo. – La moto avanzo rápido entre los automóviles atrapados en el tráfico de la capital.

Arribaron a la zona de Shinjuku. Tras recorrer algunos callejones más clandestinos, Iori apeo la moto hasta un estrecho callejón entre altos muros grises, otro par de motocicletas grandes ocupaban casi todo el espacio y las paredes desnudas del primer piso refulgían en graffitis de colores intensos.

Abandonaron los cascos, dejándolos oscilar en el manubrio. Caminaron hacia una puerta oscura en el fondo del callejón, esta tenía un símbolo extraño, grabado con pintura desgastada sobre el metal. En su dintel reposaba un letrero que decía "Authorized personnel only". Iori dio un par de golpes secos.

– No es que me moleste que no digas que carajos hacemos aquí, pero si me molesta bastante que ni lo menciones. – hablo Kyo recostado contra el muro gris de la puerta. Iori lo miro y acaricio distraído el estuche de la guitarra.

Desde la noche anterior habían cruzado pocas palabras, pero el ambiente entre ellos se desenvolvía tranquilo. Kyo manejaba una actitud más afable y dócil, cosa que a Iori le incomodaba en ocasiones. ¿Acaso lo prefería irritante, lleno de orgullo altanero? O sencillamente era aquella actitud condescendiente, ante la que Iori no tenía armas.

Kyo lo miraba con una expresión expectante de "porque guardas silencio todo el maldito tiempo".

– Martin Guitar True North. Es un instrumento de edición limitada muy querido por alguien que conozco y no planeo tenerlo conmigo bajo estas circunstancias. No me quitara mucho tiempo. – respondió.

Kyo miro el estuche atendiendo con facilidad a sus razones. Iori se irrito irracionalmente al no escuchar reproche alguno. La puerta emitió ahogados sonidos de bisagras, un hombre musculoso, enorme y lleno de tatuajes los observo.

– Hm tiempo sin verte. Max te espera. – dijo el hombretón abriendo el paso para su ingreso. Dirigió una mirada de pocos amigos a Kyo.

El bar era un lugar en extremo amplio, las mesas diseminadas sin orden establecido comprendían grandes distancias unas de las otras. Rodeado de paredes marmóreas sostenidas por madera oscura, daba la impresión de situarse dentro de una fortaleza. Estructurada en su pared principal, una colosal colección de licores forraba toda la extensión del muro. Formas orientales combinaban en juego caótico, pero estéticamente hermoso con decoraciones occidentales.

Kyo observo su vacuidad y resintió la baja temperatura en el ambiente. En la parte central había un reducido grupo de personas, reunidos en una mesa redondeada con sillas acolchadas y rebullidas. Casi todos parecían ser extranjeros ya entrados en años.

– ¡Eh Yagami! – hablo uno de los hombres mayores, de proporciones macizas y rasgos europeos. Se acercó a ellos sonriente y dio un caluroso abrazo corto a Iori, casi abarcándolo por completo. Aquel hombre era enorme en todo sentido.

– Has estado mucho tiempo lejos de mi humilde local Yagami, dime que no solo vienes a entregarme esta belleza. Requiero que la usemos juntos. Más tarde esta vieja banda Bagdahi dará una presentación. Mira que vinieron de muy lejos a visitarme, deberías quedarte. No creo que a tu amigo le moleste. –Kyo lo miro por un instante como si la cosa no fuera con él– Estará encantado igual que todos. La casa invita. Un gusto tenerte de nuevo por acá. – rio bonachón el hombre, mientras posaba una de sus enormes manos en el hombro de Iori.

No parecía ser de los que guardaran silencio por mucho tiempo, pensó Kyo divertido al ver la expresión algo molesta pero paciente de Yagami.

– No tengo mucho tiempo Max, en otra ocasión. – puntualizo Iori, pero el hombre hizo caso omiso a su excusa y lo jaló animoso al centro del bar.

– Por compartir una o dos canciones nadie va a morir Yagami. No será mucho tiempo. La casa invita. La casa invita. – acoto con voz retumbante y alegre. Kyo los siguió divertido, por alguna razón Iori se denotaba levemente contrariado, al parecer algo le impedía negarse de manera contundente.

Una mujer mayor, muy atractiva, dotada de pronunciadas curvas, largos cabellos cenizos y un gran escote se acercó a Kyo. Este percibió su contoneo, mientras silenciosamente, disfrutaba ante el espectáculo del enorme amigo de Iori.

- Bebe algo chico bonito, no tienes que estar tan callado. – habló con voz melosa y coqueta, poniendo entre las manos del castaño una bebida y rozando con delicadeza su piel. Su pronunciado escote, tan cerca de Kyo, hizo que el joven desviara la mirada nervioso, ante las atenciones repentinas de una mujer tan exuberante.

Terrible idea la de mezclar narcóticos con licor, pensó. No deseaba otra intoxicación tan pronto y evitando mirar los pechos voluptuosos de la mujer, regreso la copa a las manos de esta.

– No gracias. – sonrió amable. – Un cóctel sin licor será suficiente. – respondió. La mujer que lo miro con un dejo de sorpresa, no parecía acostumbrada a que alguien le negara una petición.

– Heeee Yagamiii, no sabía que te gustaban los chicos. Y mira que no bebe licor tu niño bonito. – espeto un hombre de entre el grupo de personas, uno de los más jóvenes que yacía cerca a la mesa de Kyo. Su apariencia un poco alcoholizada y sonriente, acompañada de una expresión aguda, lo observó. Kyo se tensó ante las palabras del desconocido, dedico una mirada asesina al hombre. Casi podía imaginar cómo sus dientes serían escupidos.

– Ohhh, easy boy, easy. Solo es una broma joven. – espeto uno de los hombres mayores al ver el amenazante semblante de Kyo. Desde el extremo opuesto del grupo, se levantó con suavidad. Su apariencia era delgada y su cabello rubio entrecano. – No debes atender las bromas de un ebrio patán como Maki chico. – agrego amable, todos guardaron silencio un instante.

– Lo haré, pero solo dos canciones rápidas y nos retiramos. Mi tiempo no es tan libre como el tuyo. – interrumpió el silencio Iori, molesto por la insistencia de Max, pero despreocupado completamente ante la situación con Kyo.

– JAJA ¡maravilloso! Trae un trago fuerte de la barra Queen y dale al chico lo que quiera, sea lo que sea. Ya escucharon a mi amigo Yagami, tiene poco tiempo y yo quiero tener a esa bebé True North en acción. – hablo el hombretón restando importancia al momento tenso. Algunos rieron y los implicados se levantaron poniendo manos a la obra.

– Tu tranquilo cariño, este ebrio tonto, es solo un hombre celoso. – le hablo de nuevo la hermosa mujer nombrada Queen, guiñándole un ojo con coquetería y caminando con sensualidad hacia la barra. Kyo casi se sintió culpable por su reacción ante las miradas amables y risueñas a su alrededor. Cuantas peleas innecesarias habría ocasionado ya aquella mujer, pensó. Aunque al mirar al imbécil ebrio que paseaba los ojos pequeños, entre Kyo y ella, llenos de sospecha auto infundada, pensó que tal vez no sería mala idea golpearlo.

Suspiro irritado ignorando al personaje, se levantó tomando asiento en una mesa más alejada del grupo. Nunca había sido alguien que gustara de las aglomeraciones de desconocidos.

Iori estaba en el centro con los miembros de la banda llamada Bagdahi, la mayoría ya hombres de edad. La elevación de la tarima tapizada era mínima, pero se podía divisar perfectamente desde cualquier ángulo del bar. La actitud despreocupada y devota de Yagami, ante los instrumentos que lo circundaban, hizo sonreír a Kyo. Este se sintió embargado por una sensación familiar al mirarlo bajo las tenues luces azuladas, acomodando los acordes en la guitarra electro acústica que le habían facilitado. Su semblante parecía transformarse en algo diferente al tener contacto con la música, y verlo así, le provocaba una sensación extraña.

Su enorme amigo Max, en posesión de la mencionada guitarra, tenía la sonrisa extendida, casi como un niño. Ciertamente era a él a quien Iori se había referido cuando entraron. Yagami improviso una leve tonada, una melodía suave, melancólica.

– ¡Ahh, esa la conozco! – exclamo Max, que parecía dificultársele hablar sin subir la voz. Emparejo el ritmo de Iori en su Martin True North, con una tonada diferente pero que hacia juego con el arpegio. Paulatinamente el resto del grupo se unió a la melodía.

Y allí estaba nuevamente aquel Iori. El semblante calmo, placentero, con una sonrisa invisible en el rostro, sumergido en los movimientos y el compás. Una sensación cálida recubrió el pecho de Kyo, bajando por su estómago. Esto le hizo recordar por qué había dejado de ver las presentaciones de Iori.

Recordó haber indagado en sus diferentes presentaciones, para verlo allí en el escenario. Escucharlo desde el anonimato de las tenues luces y la multitud. Pero fue aquella sensación en su pecho, esa que le hacía sentir extraño, que le hacía cuestionar todo alrededor de su rivalidad, alrededor de aquellos años de conflicto, la que le hizo desistir de esos viajes clandestinos que solo él conocía. Aun ignoraba la razón y no deseaba pensar mucho en ello, pero al tornársele invasivo, se alejó de las noches envueltas en melodías nocturnas, humo y licor.

– Veo que te gusta, su música. – la voz sedosa de la mujer sonó muy cerca. Kyo se alteró como si lo hubiesen sorprendido haciendo algo indebido. Disimulo con éxito la tensión y la miro a los ojos. - Max me habló de él. Bastante virtuoso con el bajo. – acoto Queen, dejando un coctel de colores cálidos entre las manos del castaño. – Sin licor, como lo pediste cariño. – sonrió la mujer. Kyo agradeció con la cabeza. Considero seriamente el haber esperado afuera. Su corazón había dado un vuelco ante el acercamiento repentino de la mujer.

La segunda canción la escucho evitando mirar al pelirrojo, quien ahora tocaba el bajo. Una melodía de blues acompañada por un saxo interpretado por el hombre rubio, abrazo con armónica ensoñación a todos. Para esta canción Queen se unió a la tarima y cantó. Su voz era profunda, con una rudeza inusitada pero llena de suavidad lánguida. No fue difícil distraerse. La mujer parecía cantarle por momentos a Kyo con una sensualidad encantadora. Tanto que el joven algo intimidado, evadió las ocasionales miradas intensas de esta y se vio nuevamente dirigiendo su atención a Yagami. Este ya no observaba el instrumento, ni cerraba los ojos. Durante un momento fugaz, sus miradas se encontraron y languidecieron juntas.

Kyo escucho el resto de la canción observando los detalles del coctel y su juego derretido de colores que destilaban tonos innombrables.

– Ahhh es una delicia para mis dedos, cuidare bien de ella Yagami. Está en buenas manos, muuuy buenas manos. – hablo alto Max al terminar la canción. Iori se levantó tranquilo.

– Lo sé. – fue su respuesta corta.

Estaban nuevamente en la motocicleta, les tomo menos de una hora aquel lapso inesperado, y aunque grato, para Kyo se hizo incómodo. Aun tenia aquel sentimiento ameno hacia Yagami y le molestaba no poder actuar con naturalidad. Tal vez soy algún tipo de fan de su música, pensó. Fan del arte de mi enemigo, cuanta ironía.

Iori manejo a través de la vivaz metrópoli. La cantidad de personas parecía intensificar su número con las horas, las noches de Tokyo florecían en humanidad.

Ya eran alrededor de las 8 pm cuando la moto arraigo a un enorme condominio. Ingresando por una rampa al costado izquierdo de la colosal edificación, Iori condujo la moto a través de la extensa calzada de parking. Tras subir un par de pisos, freno al lado de un Volvo de lujo color gris oscuro y metalizado.

Kyo bajo de la moto sacándose el casco, miro con silenciosa impaciencia a Yagami, aguardando una explicación mínima de que hacían ahora en ese lugar. Iori dejo a su vez el casco anclado al manubrio de la moto y sin mediar palabra saco un juego de llaves de la gabardina, apretando un pequeño dispositivo del llavero. El Volvo gris tras de Kyo reprochó con un ligero ¡Beep! en respuesta.

– Cambiaremos de vehículo. Aún tenemos mucho que buscar y no quiero ningún altercado inesperado del clima. - hablo Iori mientras cruzaba al lado derecho del automovil. Era razonable, pensó Kyo, pero esa pulsión orgullosa de decir sencillamente, me vale una mierda que consideres, rasgaba su garganta. Yagami tenía una facilidad innata para desaparecer cualquier tipo de empatía hacia él. Dejo el casco en la motocicleta, el sonido suave del motor del automóvil vibró generando un eco grave en lo grises espacios cerrados a su alrededor.

Kyo ingreso al asiento del pasajero y abrocho el cinturón en silencio. La casual riña facilista que manejaba con Iori no se daba de manera natural en ese momento. Solo deseaba regresar a la casual facilidad con la que irritaba a Yagami, aquella misma con la que él afectaba a Kyo. Iori fijo unos segundos su atención en el volante, la vibración del motor altero el estado estático de la carrocería.

– Ya conocías mis presentaciones. –hablo con voz queda Iori– ¿Desde hace cuánto? – agrego tras una leve pausa. Su tono de voz manejaba cierta indignación. Kyo lo observo con fría cautela. ¿Por qué tenía que preguntar eso justo ahora?

– ¿Acaso importa? – respondió el castaño con un dejo de cinismo su voz. No, esa respuesta no se la daría a Iori jamás. Aceptar frente a su enemigo personal, que tenía un particular interés por lo que hacía cuando no estaban peleando. No era algo que expresaría abiertamente.

Iori lo observo de soslayo. Algo había diferente en Kyo y no alcanzaba a comprender la naturaleza de ello. Su expresión en el bar había sido como un símil de la noche anterior. Una agradable placidez en la mirada, esta vez no febril.

Iori recordó la dócil sonrisa de Kyo al quedar profundamente dormido en medio de la fiebre y la tormenta. Esa imagen lo perseguía cada vez que lo observaba ¿acaso lo trataba ya con más suavidad? Era posible que medio de la calma del disturbio, casi nulo en los últimos días, se ablandara con él. Pensar en Kyo de una forma diferente a su enemistad no era una posibilidad. "¿Acaso importa?" No, no importaba. Aparto la cuestión finalmente.

Iori arrancó el auto en un silencio desinteresado. Kyo giro su atención al exterior de su ventana, tomando como respuesta el silencio de Yagami, agradeciendo que no indagara más.

– Chizuru, según dices, lleva un tiempo desaparecida. – hablo Iori mientras conducía alejándose de la zona concurrida del barrio.

– Es lo que supongo basado en lo que se me dijo. Pero no tengo idea si es mucho o poco tiempo. – respondió Kyo observando las abarrotadas calles de la ciudad de Tokyo, viéndose estas, paulatinamente más amansadas por la distancia que los separaba del centro de la ciudad.

– Tengo la impresión de que ella ha sido atrapada o es parte de todo esto. – espeto Iori directo al grano. Kyo giro su vista hacía él, aquel rostro pálido y serio, seguía atento al camino frente al volante. – Si ella estuviese huyendo, tomando en cuenta que todo parece estar relacionado de alguna manera a Orochi, sabiendo que no sería la única en ser cazada, ya nos habría contactado. A ti o a mí, indiferente de la situación. Los Kusanagi debieron pensar algo similar. – agrego Iori.

Kyo lo miro quedamente algo escandalizado, luego dirigió su atención al camino. – Si Chizuru estuviese involucrada como parte de lo sucedido ¿No crees que pudo habernos contactado igualmente, hacer que nos reuniéramos con ella donde nadie más lo supiese y tendernos una trampa? – hablo sin poder creer las sospechas de Yagami, no era posible que Chizuru fuera parte de algo así.

– Es posible, pero no parece ser algo relacionado solo con nosotros, también están las desapariciones alrededor de las familias que custodian los tesoros. Hay algo que va más allá de lo poco que sabemos. – respondió Iori pensativo, en su rostro se remarcaba la frustración de la ignorancia especulativa.

– Tsk. No logramos nada pensando en ello, estoy seguro de que Chizuru no debe tener relación con esas cosas. – espeto Kyo molesto, sabían muy poco, pero sospechaban demasiado.

- Lo sabremos cuando revisemos el lugar. Estoy seguro de que si ella no es parte de esto, debe haber alguna pista o mensaje relacionado a nosotros. – puntualizo Iori, la seguridad en sus palabras le daba cierta tranquilidad a Kyo.

Era cierto, un mensaje oculto en un momento crítico sería algo muy propio de Chizuru. Pensar en ella bajo algún peligro desconocido, enfrentándolo completamente sola, tan lejos de cualquier persona que pudiese ayudarla, generó en Kyo un cierto desasosiego. Tampoco Yuki, que se encontraba en medio de una multitud pudo ser ayudada. Ni siquiera ella, que estaba a tan pocos metros de él. Kyo empuño las manos ante la impotencia. Iori percibió aquella tensión, pero guardo silencio.

Arribaron al linde del bosque, la noche lo envolvía todo acompañada de una luna oculta, tras la opacidad gaseosa de los nubarrones. Las luces del Volvo cortaban aquella oscuridad como espadas y se extendían hasta el límite de la carretera que desaparecía tras la curva. Abandonaron el carro, perdiendo este su silueta en la densa negrura. Subieron lentamente a través del bosque por el camino de piedra.

El templo de Kagura no distinguía su forma bajo el negro abrazo de la arboleda. Acreditaron ello, a que sin Chizuru en el lugar, no habría razón para tener alguna luz encendida. Ambos ascendieron por los escalones de piedra caliza, ya irregulares tras décadas de uso. La visión era muy reducida, pero el sendero solo tenía un destino.

Una brisa fría calo a Kyo, generando en su cuerpo, un estremecimiento. Desde la pérdida de sangre, noches atrás, tenía una constante sensación helada en la piel. Kyo deseaba tras finalizar aquella noche de búsqueda, un largo baño tibio y un cambio de ropas. En todo el proceso acelerado en el que se embargó con Iori, no se habían detenido si no salvo para lo necesario. El olor a sangre en su chaqueta, se estaba transformando en un factor crónico en la tela.

Un mal presentimiento palpitaba en la cabeza de Iori, una presión en el pecho, voces suaves que susurraban a su oído, la sensación adusta de ser observado. Se sentía tenso. Temía que, tras dos días de tregua, las voces regresaran afectando su mente con marmórea agitación. Miro el azulado tono de las nubes, donde el ojo plateado de la luna estaba oculto.

Kyo se percató de la pausa de Iori, vio en este, un semblante taciturno y herido ya familiar.

– No tendrás miedo. ¿Eh Yagami? – dijo Kyo unos escalones más arriba. Iori no podía diferenciar su rostro en la oscuridad, pero no necesitaba hacerlo para saber que sonreía.

– No temas, puedes esconderte tras de mi. – agrego burlón adelantándose algunos escalones. Iori gruño molesto y despejando aquellas ideas, continuo el ascenso.

El templo Kagura, desolado, pero aun con sus formas en perfecto estado, se erguía ante ellos imponente bajo los tenues rayos lunares que se filtraban a través de las nubes. La hierba aún estaba corta entre los jardines recogidos y pulidos, con tan solo leves hierbajos rebeldes creciendo impunes en medio de la densa negrura. Si Chizuru estaba ausente, no podría ser desde hace mucho. Pensó Iori.

Kyo cruzo la entrada, las puertas del templo estaban abiertas. Supuso que así las habrían dejado los Kusanagi tras rastrear alguna señal de Chizuru Kagura. La poca visibilidad se tornaba nula dentro de las gruesas vigas de madera, solo unos rayos pálidos de la luna ingresaban débiles por las franjas que daban al patio interno. Una tonalidad fría de destellos violeta, ilumino la galería.

– Si no hay electricidad es inútil, busca una lámpara de papel Kusanagi. – Iori hizo una pausa y su rostro bañado en tonos azulados se ciñó con molestia. – Tu fuego es más indicado para iluminar. – puntualizo seco. Camino por el corredor lateral dando la espalda a Kyo.

– Busca en el ala este, yo iré al otro extremo. –agregó Iori.

- ¿Que se supone que busquemos? – pregunto el castaño tras tomar una de las lámparas colgantes con grabados florecidos de cerezos. Varios cilindros alargados de papel, rodeaban el patio interno del templo. Una luz cálida y mucho más clara que la fría tonalidad del fuego Yagami se extendió por el recinto.

– Cualquier cosa significativa para nosotros. – respondió Iori, sumergiendo su ígnea flama violeta en la oscuridad. Siempre tan especifico, pensó Kyo. Pero que más podría decir al respecto, aun no estaban seguros siquiera de que hubiese un mensaje oculto. Kyo se internó a su vez en las abiertas recamaras del lado este.

Iori respiro la helada brisa nocturna que circundaba en los sesgados pasillos, donde se destilaban moribundos rayos lunares, los cuales, al contacto con los tonos violeta del fuego, desaparecían. Iori corrió las pesadas puertas de madera que daban al jardín externo, permitiendo que una mayor claridad llegara a los oscuros pasillos. Encendió algunas lámparas de papel apergaminado que oscilaban ancladas al travesaño. La instancia se ilumino con aquel tono frío, proveniente de las llamas azuladas. El malestar en su pecho persistía, tenía una particular sensación en la piel, como si algo estuviese a punto de tocarlo.

Camino airado mirando recamara a recamara, intentando pensar como Chizuru Yata, deseando tener razón. Bajo aquel estado de alerta, algo en su interior le gritaba, que toda esa semana infernal retornaría.

Un rápido movimiento seguido de un silbido antinatural llamó su atención. Como acto reflejo ante aquella amenaza palpitante en la piel, Iori levanto el brazo derecho. En el dorso de este, atravesando la gabardina y penetrando la piel, un cilindro delgado de manufactura desconocida se aferró a la carne. Un fluido caliente se esparció por su antebrazo.

Kyo avanzó por los amplios pasillos del templo. Un olor a hierbas inundaba el lugar. Aromas frescos de naturaleza amarga rondaban aquellos salones austeros, faltos de rastros personales. Como podía alguien vivir solo, en medio de un lugar tan vacío y silencioso, se preguntó.

Al cruzar el salón del fuerte aroma herbal, encontró unas escaleras que ascendían al segundo piso. Al subir por estas, la madera se lamentó bajo sus pies. El templo poseía una apariencia aterradora bajo la tenue luz de la lámpara, la cual, proyectaba formas tenebrosas en los quiebres de cada rincón.

Cruzó el dintel de un salón enorme centralizado en la planta superior. En el centro radicaban oscuros maderos, restos del fuego, rodeados por bases metálicas. El techo poseía una gran altura, como también algunos espacios abiertos se distribuían geométricos entre la tablilla y el muro, permitiendo así, el cruce de aire. Una gran fogata podía arder con facilidad en aquella pira renegrida.

Al caminar hacia el montículo, Kyo percibió un leve fulgor entre los trozos carbonizados. No lograba distinguir bien que era, salvo algo similar a las brasas moribundas. Dejo la lámpara a un costado y de su mano broto fuego anaranjado, la luz emitida por este era mucho más intensa e ilumino casi todo a su alrededor. Bajo la presencia del fuego directo, aquel fulgor entre los maderos se intensifico como metal al rojo vivo.

Kyo observo sorprendido aquella reacción ígnea. Acercó su mano libre a las brasas frías y removió los troncos superficiales. Dentro de los maderos ennegrecidos por el uso, yacía un alargado tubo de bambú. Unas inscripciones ilegibles reaccionaban con un brillo intenso ante la flama del Kusanagi. Cuando este la apagó para descubrir su contenido, el fulgor bajo su tono a la levedad de una luciérnaga. Kyo abrió el tubo, dentro de este yacía un papel enrollado finamente.

– Para cualquier miembro con las capacidades de convocar los fuegos dotados por Orochi:

Si lees esto es porque no he sido la única que ha caído. Bajo nuestros mantos se ocultan sombras que confabulan contra el orden establecido por los guardianes del sello. Tengo la sospecha de que no son seguidores de Orochi pero desean de este, algo que solo puede traer destrucción a sus ambiciones y sus familias. Desconozco quien esta tras las intenciones de semejantes poderes. Mis ojos son ciegos ante quienes estén detrás de esta peligrosa empresa. Pero debes saber, como parte de las familias guardianas, que en los miembros de la propia carne se encontraran aquellos que derramaran la sangre de los padres de los clanes, legados por nuestros antepasados. Espero mis visiones sean de ayuda para los que padecerán la persecución. Lamento no haber logrado resistir lo suficiente. –

Firma Chizuru Yata.

Una sensación helada bajo por el torso de Kyo. Aunque Chizuru no estaba implicada, había sido reducida, capturada, ¿asesinada tal vez? Casi como si fuese una muerte anunciada, ella había dejado el mensaje que buscaban, pero aun así, Kyo no podía evitar sentir aquella impotencia, aquel dolor sordo de ir perdiendo personas importantes sin siquiera poder reaccionar ante ello. Apretó la hoja con fuerza deformando su textura pulcra.

Una explosión ahogada en el exterior del templo, rompió el silencio. El sonido provenía justo del lado donde Yagami se disponía a investigar. Un nudo de angustia pasajera se formó en el estómago de Kyo. – Yagami – dijo para sí mismo y salió del salón en su búsqueda.

Iori salto veloz tras arrancar el dardo con un movimiento brusco. Una columna delgada de fuego violeta, se abrió paso entre la hierba, consumiendo con su toque breve cualquier forma orgánica. Chocó agrietando el tronco del árbol, dejando ennegrecidos surcos a su paso.

Del árbol salieron en descenso rápido, dos sombras. Dos nuevos pequeños proyectiles se dirigieron a Iori, pero una conflagración rápida de sus llamas, los consumió en el aire mucho antes de que pudiesen tocarlo. Salto veloz sobre una de las sombras apresando su cabeza entre su mano. El personaje de ropajes oscuros ardió en fuego violeta y rodó en llamas hasta chocar con algunos lirios que crecían salvajes, siendo estos a su vez, consumidos por las flamas que envolvían el cuerpo aturdido.

Iori sintió otro pinchazo leve en costado derecho a la altura del hombro. Arranco iracundo el dardo que destilo nuevamente un líquido caliente bajo su piel. Embistió contundente contra el otro hombre que se matizaba con las sombras. Desgarro con sus manos un par de telas delgadas a la altura del abdomen y sintió la sangre tibia en sus dedos. El hombre salto alejándose un par de metros y en respuesta al ataque flamante que Iori le estaba dirigiendo, sopló de su mano un polvo oscuro de visos color tierra.

Al contacto con el aire caliente del fuego de Yagami, aquella sustancia volátil hizo combustión, generando una fuerte explosión. Esta impulsó a Iori un par de metros haciéndolo chocar contra el piso de madera. La inflamación del aire quemo los bordes de la gabardina, pero aparte del impacto causado por la onda, Iori no estaba herido.

Miro al frente justo a tiempo para esquivar un ataque directo. Una de aquellas siluetas oscuras descendió con fuerza, dando una estocada plateada con un Tanto de borde viscoso. Iori detuvo la trayectoria sosteniendo la mano del atacante. Los reconocía, eran ninjas Yagami. Recordaba bien haber presenciado en los enfrentamientos de prueba, aquella técnica de esparcir polvo altamente inflamable como defensa ante los posibles controladores del fuego Kusanagi. Si estos utilizaban sus flamas en medio de aquella sustancia, tanto el ninja como el controlador del fuego se verían envueltos en llamas. Así, evitaban que estos usaran su poder.

Iori impulsó con la pierna al agresor y antes de que este tocara el suelo, una ráfaga de llamas violeta estalló contra el cuerpo del ninja. Este fue expedido por la explosión hacia la oscuridad de la arboleda. Había logrado hacer un corte leve en el antebrazo derecho de Yagami y aunque este ya no sentía el brazo, aún era capaz de ejercer fuerza en él.

No buscan herirme…quieren debilitarme con venenos, pensó Iori. Una rabia descontrolada subió a su pecho, ¿Acaso habían sido los Yagami los agresores todo este tiempo?

La ira surgió intemperita, Iori corrió en búsqueda del ninja herido, maldiciendo su propio clan. Otro movimiento rápido surgió, como un espectro parido por la densa oscuridad del bosque. Así mismo, a su espalda, algo amenazó con atacarlo de manera sincronizada. Iori no podía defender ambos costados y opto por hacerle frente al más cercano. La rabia descontrolada solo visualizaba la sangre de sus enemigos sobre la hierba. Las voces regresaban, vociferando infamias, exigiéndole un tributo de muerte.

– ¡Traidores! ¡Traidores! ¡Mueran! ¡Mueran! – voces ensordecedoras no le permitieron escuchar a Iori el chasquido de ignición a su espalda, pero el cadáver destrozado del ninja al que encaró, fue teñido de intensos tonos naranja por dos segundos. Tras de sí, una figura envuelta en llamas rodó por el suelo hasta chocar con el tronco del árbol.

Kyo había interceptado a tiempo al atacante. Vio al hombre en cámara lenta, blandir un arma contra la espalda de Yagami. Una especie de ninja cubierto con telas ceñidas y oscuras. Las llamas lo abrasaron y ardió silenciosamente bajo el tronco.

- Yagami ¿Estas bien? – pregunto Kyo, pero Iori no giro, se levantó lento con la espalda encorvada, sus manos goteaban copiosas cantidades de sangre. Kyo se acercó confiado ante el hecho de haber reducido a sus atacantes, pero 3 destellos plateados surcaron la oscuridad. Los tres objetos impactaron sobre el cuerpo del castaño.

La chaqueta detuvo casi todo el impacto del primer shuriken, el segundo perforo la pierna derecha y el tercero paso rápido cortando su cuello, a pocos milímetros de la vena Orta. Kyo se retrajo protegiéndose con el brazo, apretando el cuello con la mano. Unos hilos de sangre tibia cruzaron sus dedos manchando la camisa.

El ninja salto veloz sobre Kyo, pero fue recibido en el aire por Yagami, que tras girar en una parábola abierta con la mano llameante, lo tomo por el cuello y estallo su cabeza contra el piso. El sonido fue sordo, el chasquido del cráneo dejando paso a los sanguinolentos sesos desparramarse por la tierra. Kyo observo aturdido la brutalidad del ataque, Yagami jadeaba entre gruñidos, líneas de sangre brotaban de su boca, sus ojos brillaban con el fulgor de una bestia.

– Mierda. - susurro Kyo retrocediendo un paso. Yagami se movió a una velocidad casi imposible de predecir, el castaño logro evitar por poco su ataque, pero no alcanzó a esquivar a tiempo el agarre. Este lo apreso contra la viga de madera del corredor exterior. Iori retrocedió la sanguinolenta mano amenazante con la intención de dañar al Kusanagi.

- ¡Mataló! ¡Mataló! – gritaron las voces que acompañaban al disturbio.

– ¡Detente! – grito Kyo ahogado. La mano de Iori freno a mitad del ataque, temblorosa por el esfuerzo descomunal que le llevaba detener la voluntad caótica del riot. En medio de los gemidos ensordecedores de la sangre, el recuerdo de "Yagami detente" acompañado el rostro congestionado de Kyo, bajo la presión estranguladora de sus manos, le hizo frenar. Un dolor intenso lo ataco despiadado.

Los ojos de Iori reflejaron aquella humanidad perdida y con una fuerte patada, rompiendo el puntal con el cuerpo de Kyo, lo alejó del alcance del riot. Kyo observó cómo varias sombras se cernían sobre Yagami, para luego verse engullido por unas oscuras fauces de madera.

Cayó en uno de los salones vacíos. Había roto una de las puertas principales con el impacto del golpe. Jadeó sin aliento, salivando, con el rostro a pocos centímetros del piso. La fuerza de Iori bajo el estado del disturbio era monstruosa. Percibió la pelea de Yagami en el exterior, pero al erguirse buscando regresar al jardín, un reflejo plateado surco el aire muy cerca de su cabeza.

Kyo reacciono con reflejos aguzados esquivando aquel ataque, percibió a pocos centímetros de su rostro, una hoja afilada que corto algunos cabellos en su trayectoria. Varios ataques consecutivos reiteraron, buscando los puntos del cuerpo donde el daño podía ser letal. Kyo solo pudo esquivar y bloquear, evitando que la hoja alcanzara aquellas partes vulnerables. Recibió leves cortes en los brazos, hasta que finalmente permitió que una estocada le asestara parcialmente, facilitándole asirse a su atacante, estallando su cuerpo con el fuego Kusanagi.

El arma salió despedida, desapareciendo tras la intensa oscuridad de los rincones. El cuerpo de su enemigo cayo inerte sobre el piso amaderado, las llamas que devoraban indemnes el cuerpo del ninja, destilaron visos cálidos por todo el lugar. Kyo jadeo recostando su espalda contra el muro, visualizando su entorno desde un ángulo seguro.

Podía sentir la presencia de más enemigos, pero no podía verlos. Estaban buscando matarlo, pensó tenso. El corte en el cuello sangraba escandaloso y si no hubiese logrado esquivar el primer ataque de la hoja del ninja, unos segundos atrás, habría perdido la cabeza.

Destellos violetas conflagraban en el jardín. Iori peleaba solo contra varios atacantes. Kyo impaciente abandonó la cautela y corrió veloz dejando atrás la recamara iluminada, atento a cualquier acercamiento agresivo.

- ¡Yagami! – grito Kyo. Iori tenía el brazo derecho descolgado y respiraba con dificultad, el fulgor carmesí de sus ojos brillaba tenue, pero estaba consciente. Varios cuerpos yacían en el suelo a su alrededor, uno de ellos se arrastraba mal herido de regreso a las sombras de la espesura. Iori salto con pesadez desde el jardín hacia el piso de madera del templo, esquivando un par de proyectiles pequeños mientras estos caían consumidos por el fuego violeta.

Observo a Kyo un instante, este se acercaba presuroso por el pasillo, dejando atrás el amplio salón de puertas destruidas. Iori lo percibió antes que él, reflejado bajo los tonos plateados de la luna, el corredor al que Kyo estaba ingresando estaba completamente cubierto de aquel polvo volátil de delicados reflejos terracota.

– No. – gruño tenso Yagami. Corrió sin pensarlo dos veces, sin sentir los impactos perforadores en su espalda. Sin importarle siquiera lo que implicaba aquel acto.

– ¡Alejaté! ¡No uses el fuego! – grito Iori en vano, pues el Kusanagi ya estaba sumergido en el centro de aquel mar de partículas.

La escena se ralentizo en un punto crítico. El castaño se percató de una sombra, que oculta en una de las vigas horizontales del techo, acechaba sobre Iori. Pero no usó su fuego. El aire enrarecido y la urgencia en la voz de Yagami lo alarmó.

Kyo aprecio como Iori se acercaba con presura, visto en cámara lenta y aunque no comprendía del todo porque, una sensación de gran peligro lo embargó. Frenó su recorrido por el pasillo, mientras algo dentro de él le pugnaba por retroceder. En ese instante confuso, casi congelado, el castaño vio un destello corto y unas chispas doradas provenientes de la sombra de la viga, cayeron en medio de la oscuridad. Todo transcurrió en pocos segundos, un mínimo lapso donde Iori ya había reducido la distancia entre sus cuerpos cubriendo a Kyo, que siendo embestido con fuerza, se obligó a retroceder.

La explosión conflagró devorando todo a paso ardiente. La sombra oculta sobre la viga fue envuelta en un abrazo desintegrador, un instante después de haber detonado la chispa. La madera del techo cedió a las presiones del calor intenso, expulsando pedazos destrozados por todo el jardín exterior.

Kyo sintió como el aire en sus pulmones ardía, sus ojos enceguecidos se cerraron. El cuerpo de Iori recibió la onda expansiva. La fuerza del impacto los empujó abruptamente, frenando con un sonido sordo sobre el piso, varios metros atrás. Cayeron en el salón que el castaño había abandonado segundos antes. El golpe dejo a Kyo sin aliento, el cuerpo de Yagami, pesado, yacía sobre el suyo.

Iori gruño un momento al intentar incorporarse, pero su brazo derecho, insensible sobre el piso, no reaccionó. Un peso rígido sobre la espalda le impedía moverse. No sentía el dolor, solo un adormecimiento leve en todo su cuerpo, sus oídos sangraban, sus ojos ardían y respirar era un acto insostenible. Iori sintió como las fuerzas abandonaban cualquier intento infructuoso de su cuerpo mal herido. Algunos escombros de la madera perforaban su piel y aunque no los sentía debidamente, percibía el contacto en la carne. Estúpido Kusanagi, pensó. Él no sabía a qué se enfrentaba. No, el estúpido era él, por arriesgar la vida sin pensarlo. Iori Perdió el conocimiento temiendo quedar a merced de los enemigos.

– Yagami. – hablo Kyo aturdido, el entorno bajo tenues llamas moribundas le permitieron ver con claridad. Iori, con el cuerpo pesado sobre el suyo, no respondía a su llamado. El aire recuperando la fría frescura de la noche, facilitaba la respiración.

Alrededor de ellos, estaban clavados sobre el piso multitudinarios pedazos de madera cuarteada, la viga que sostenía el techo se anclaba oblicua desde el piso hasta el extremo superior de su base, evitando que este se desplomara sobre ellos.

– ¿Yagami? - llamo Kyo de nuevo, su voz teñida de una angustia que le arañaba las entrañas. Podía percibir en su piel algunas zonas que se humedecían tibias. Era sangre, lo sabía. Y no era suya. – Yagami responde. – espeto temeroso. Con su pierna libre logro empujar un pedazo de madera que los apresaba, varios escombros rodaron con él, dejando en débil resistencia, la viga tambaleante. Kyo se incorporó asiendo a Yagami a un costado.

Su cuerpo se encontraba mal herido. En la parte alta de su espalda se aferraban dos dardos oscuros. Uno de sus hombros estaba perforado por una filosa esquirla de madera, la cual Kyo retiro con delicadeza. La gabardina en retazos desgarrados por la explosión, dejaba expuesta algunas partes de la piel con quemaduras. Su pierna sangraba y de su cabeza goteaban densas gotas carmesí oscuro. Kyo, aterrado ante aquella imagen, corrió los mechones desordenados de Iori. Acerco su mano al rostro buscando su respiración, conteniendo a la vez, la suya propia. Respiraba. Un suspiro entrecortado escapo del castaño.

– Maldito bastardo. -espeto en voz alta– ¿Porque hiciste esto? - apretó los dientes. Arranco los cilindros de la espalda de Iori, lo giro y rompió gran parte de su camisa para usarla a modo de torniquete, evitando así, el sangrado intenso del corte profundo en la pierna derecha de Yagami. Levanto a Iori descargando todo su peso sobre la espalda. Debía sacarlo de allí rápido, conseguir ayuda, pensó Kyo angustiado.

El cuerpo de Kyo se encontraba en mejores condiciones ahora. Cargó a Iori alejándolo de las inestables estructuras del templo. Yagami había absorbido casi todo el daño. Si el pelirrojo no lo hubiese empujado lejos, si aquella explosión le hubiese dado de lleno, estando a tan corta distancia de la chispa, Kyo habría desaparecido con la misma facilidad que aquella sombra suicida.

Pensar en que Iori recibió gran parte del impacto por protegerlo de una muerte segura, lo acongojó. En lo profundo del corazón de Kyo un dolor vehemente hecho raíces.

– Resiste, por favor… Iori. – un nudo en la garganta entrecortaba su voz.