– Es peligroso Saisyu, quédate y envía un mensajero. – habló Shizuka con tono débil, preocupado.

– Lo siento, es necesaria mi presencia. Seiki era un pilar importante. –habló con tristeza Saisyu–. Ese estúpido chico nuestro no lo va a entender y perderá todo derecho al clan Kusanagi si no voy.

– Que importa un título Saisyu. –se acongojo la mujer–. Seiki era alguien realmente influyente en el clan y fue asesinado sin miramientos, justo antes de hablar contigo sobre lo que había descubierto. Saisyu por favor no debes arriesgarte, si pudieron llegar a Seiki, nadie está a salvo.

– La familia está al borde de un enfrentamiento interno, este asesinato fue un golpe crítico y está colapsando la unión del clan. Ya hubo un conflicto fuerte con los Yagami y estoy seguro que quien asesino a Seiki no pertenece a ellos. –Saisyu suspiro agotado–. Si no voy…si no detengo esta locura Shizuka, los traidores van a lograr su cometido, la guerra con los Yagami no tendrá vuelta atrás y el clan no solo terminará dividido, también Kyo perderá todo el derecho a asumir su liderazgo. Incluso el apellido mismo, si todo sale mal.

Saisyu acerco la mano al rostro de su esposa, secando con el pulgar las lágrimas derramadas.

– Lo siento querida, no puedo faltar en el momento de mayor inquietud. Por el bienestar de la familia y por ese estúpido hijo que tenemos.

– Prométeme que no te quedaras…prométeme que apenas pactes con las partes en desacuerdo regresaras conmigo. – la voz de Shizuka aunque afligida, era inquebrantable. Saisyu sonrió con tristeza sabiendo bien los riesgos que corría.

– Lo haré. Mantente a salvo por favor. –habló con dulzura abrazando a su esposa–. Cuida que Kyo no se entere de nada aún, no lo quiero buscando alterar más la inestabilidad del clan. – Saisyu entrego a Masaki, el fiel guardián que Seiki le envió hacía ya un mes, una caja pequeña de madera que reposaba en una mesa enana cerca a la pareja.

– Lo sé. –la voz de Shizuka sonó apagada, herida. Dejar partir a su esposo a un lugar lleno de un sin número de peligros acechantes, la aterraba, como también lo hacía desconocer el paradero de su hijo.

Saisyu Kusanagi abandono la morada acompañado por tres miembros del clan. Shizuka cerró los ojos, mantuvo un silencio meditativo donde logro controlar el miedo que carcomía sus entrañas.

Entendía perfectamente las intenciones de su esposo. Ninguno de los dos deseaba a su hijo inmiscuido en una situación tan volátil y delicada. Kyo no poseía el temple para manejar lo acontecido e informarle en aquel momento tan tenso, solo lo pondría en peligro.

– Ya pueden retirarse. – habló la mujer con regia autoridad. Los hombres que había dejado Saisyu para cuidar de ella salieron tras una leve reverencia.

Shizuka Kusanagi, a solas, no pudo contener las lágrimas. En la profundidad de su ser presentía que sería la última vez que vería a su esposo y aquella sensación de pérdida premeditada la embargaba de miedo. Lo único que logro hacer entre agazapados sollozos, fue repetirse una y otra vez que eran solo los nervios.

Kyo abrió los ojos, se sentía mareado, con un fuerte cosquilleo en el cuerpo, pero sin dolor. No reconocía el cuarto donde se encontraba, hecho que se había vuelto casual en la última semana. El techo era muy alto y las vigas de madera cruzada ascendían a un punto triangular. La habitación estaba sumida en una tenue oscuridad, el día aún no había despuntado su luz, pero la sutil visibilidad ya daba pistas de estar cerca del amanecer. Recordó la noche anterior y levantó la sabana que lo cubría. La herida del abdomen estaba nuevamente vendada, igual que otras partes del cuerpo donde Iori le había lastimado. Se toco la nariz sintiendo una banda delgada sobre el tabique. El cuerpo parcialmente insensibilizado, le reiteraba el efecto que le habían dejado los fármacos días atrás.

Suspiro molesto y miro al otro extremo de la cama con la vista ya adecuada a la oscuridad. Noto a Yagami tendido en una posición casi mortuoria, respirando con absoluta calma, sumido en un sueño profundo. Pasar la noche en la misma cama que Iori por segunda vez, cuanta ironía, pensó mientras posaba la mano en el cuello cerciorándose de que en esta ocasión no lo había intentado estrangular. Observó con atención y no consideró tan radical la cercanía con la que durmieron juntos ya que, en aquel lecho acolchado, fácilmente podrían dormir unas 4 personas. Kyo analizó como el rostro de Yagami en aquella calma letárgica, sin pesadillas, sin aquellos intensos irises rojos, tenía la apariencia de una porcelana de rasgos pulidos bajo la penumbra.

– Debes ser popular con las chicas Yagami –habló sabiendo que el pelirrojo era incapaz de percibir nada en ese momento. Denoto un delgado micropore cubriendo parte de la ceja, allí donde Kyo le había golpeado cegando su ojo derecho. Bajo los parpados la piel cambiaba el tono a sutiles líneas oscuras.

– No dormiste mucho por curar nuestras heridas ¿eh Yagami? –habló el castaño quedamente. No recordaba bien en que momento había perdido la consciencia, pero la última imagen que tenía de la noche anterior pertenecía a Iori, retirando de él la camisa humedecida por la sangre.

El sol despunto finos rayos que se filtraron por el ventanal, aclarando todo dentro de la habitación. Los rasgos de Iori se matizaron con la luz dándole un aire más rudo, pero de igual inmutabilidad.

Kyo extendió el brazo sobre Iori y paso los dedos por la herida de la ceja. Ambos cargaban encima marcas en el cuerpo, heridas propinadas por concesión mutua y algunas de esas heridas dejarían cicatrices que jamás se borrarían. Recuerdos físicos de la presencia de ambos en sus vidas.

– A veces no te comprendo en lo absoluto Iori. –habló Kyo distraído, recordando la sangre compartida, delineando el surco que esta había hecho por la mejilla del pelirrojo. El rostro de Yagami se contrajo con levedad ante la caricia, sin romper el descanso.

Kyo retiró la mano con exabrupto apreciando como el rostro de Iori regresaba a la absoluta calma. Se levantó de la cama con la intensión de no romper el descanso del pelirrojo, cargando una incredulidad austera.

Salió de la habitación cuestionándose aquel gesto con Iori, sintiendo aun el tacto tibio de su mejilla en los dedos, pensando en cómo algo dentro de sí se encogía, dando pie a una sensación casi placentera ante una simple reacción de Yagami. No era solo no entenderlo a él. A veces no se entendía siquiera a sí mismo.

Iori despertó con la luz indirecta de un destello que reflejaba el día. Se sentó en el borde de la cama y bostezo adormecido, el cansancio aun le rondaba. Se percató de las cortinas abiertas que tiznaban todo de una blanquecina luz casi invernal. Kyo no se encontraba más en la cama.

Al abrir el ventanal que daba salida a un balcón amplio de piedra, una ráfaga helada de viento refresco el rostro del pelirrojo, revolviéndose el cabello. El día estaba nublado y sus tonos grises ocultaban cualquier especulación horaria. El estómago le gruño con furia.

Tras asearse un poco y espabilar el amodorramiento, Iori recogió las vendas ensangrentadas desparramadas por el baño. Curar las heridas de Kyo había tomado más tiempo del esperado y aun así, los lapsos de reacción del castaño, las expresiones ambivalentes de dolor acompañadas de gemidos entrecortados por el sueño, era algo que Iori disfrutó con alarmante placer. Había algo que Kyo producía en él y no parecía estar asimilando bien que era y por qué.

Se negó a darle más vueltas al asunto, descartando con facilidad la idea, justificando para sí mismo el tergiversado deseo de las voces que bullían con la sangre Yagami. El estar cerca de Kyo solo le traía un constante oleaje de murmullos acusadores y ordenes inteligibles. Aunque sentía el reptar asesino al tenerlo muy cerca, la sangre de Orochi no poseía ninguna desbordante influencia sobre sí y ya podía controlar con extrema facilidad aquella pulsión; incluso le era fácil reducir aquel bullicio a solo un susurro tímido.

Después de recuperar el Magatama, la consciencia que poseía sobre el influjo de Orochi, era enorme. Descubrir parte de esa naturaleza le facilitaba mantenerla a raya, por lo menos mientras aquel espectro no hiciera contacto.

Bajó las escalas al primer piso, dejando atrás la cuestión. Una corriente fría refrescaba la sala de estar, las puertas estaban abiertas de par en par y en los escalones que daban al jardín de mármol y abandono, estaba Kyo sentado con el cabello ondeando al viento. Rastros de humo eran alejados a velocidad por las ráfagas ocasionales. Abstraído totalmente de la presencia de Iori, fumando a solas bajo aquella álgida mañana.

Iori se percató del plato con vegetales y jamón acompañado de un jugo de frutas en conserva. Comió con avidez observando en silencio la quietud que rondaba a Kyo, este con la mirada perdida en algún pensamiento que revoloteaba con el viento. Finalizo la comida, caminó hasta situarse a un costado del castaño y prendió un cigarrillo.

Kyo mantenía la mirada perdida en el horizonte arbolado, ambos bajo una compañía silenciosa apreciaron los truenos lejanos.

– No quiero más comida enlatada. –rompió el silencio Kyo mientras recostaba la cabeza en la mano izquierda y dirigía una mirada desinteresada a Iori–. Si vamos a recuperarnos antes de tomar alguna acción al respecto, debemos alimentarnos mejor y evitar pelearnos…por el momento. –sonrió airado. Iori le miro directamente respondiendo aquella sonrisa con otra nada amable.

– Que propones Kusanagi.

– Primero ir a comprar algo decente para comer. Si no quieres cocinar, yo me encargo de improvisar algo comestible mejor que las conservas. –habló frunciendo el ceño. Iori sonrió calmo encendiendo otro cigarrillo con un destello violeta.

– Segundo, quiero que calculemos bien cuanto tiempo tomara esto, no deseo pasar muchos días fuera mientras esos bastardos acechan a los clanes.

– No tomara más de una semana, no creo que requieras más tiempo para curar esas heridas. –respondió Iori tras una bocanada de humo que el viento arranco de su boca y arrastro lejos. Kyo rió socarrón.

– Lo dices como si tú mismo no estuvieras mal herido. –habló levantándose frente a Iori.

– Ya te lo había dicho, el diablo cuida de los suyos Kusanagi. Yo curo más rápido que tú.

Kyo extendió la mano tomando el cigarrillo de Iori con un suave roce entre los dedos, el pelirrojo no se resistió al robo. El castaño dio una profunda calada y dejo escapar el humo que revoloteo con la corriente otoñal.

– Eso me deja en desventaja ¿eh? Pero aun así no has logrado derrotarme. – habló provocador, con una sonrisa más propia de Iori que de él. Los restos del cigarrillo ardieron hasta desaparecer en un destello naranja frente a Yagami.

Iori controló con éxito el impulso arrebatador de someter a Kyo y hacerle tragar aquellas palabras. Sabía que estaba poniendo a prueba su temple. Bufó irritado dándole la espalda al Kusanagi.

– Prepárate para salir, iremos no muy lejos y haremos esas compras rápidas.

– Hai –fue la respuesta corta que llego a espaldas de Iori cuando Kyo regreso al interior de la cabaña.

Analizo un momento el estacionamiento, considerando optar por usar el otro auto, sabiendo que el Volvo ya era algo que podían relacionar con facilidad a ellos.

El Audi era un convertible con solo dos asientos y aunque su tamaño era menor, poseía una gran amplitud y la cojineria se acoplaban con mayor comodidad al cuerpo. Tenía un sistema integrado con GPS que controlaba todas las funciones, nivelando la capacidad del auto a las exigencias del conductor. El Audi no solo era un costoso coche de alta gama, si no que también parecía haber sido modificado con un sistema regulador similar a la IA de la cabaña. De nuevo la primera interacción de Yagami con el auto fue desactivar la inteligencia sistematizada y tomar el control a modo manual.

A pesar del día frío y la inminente amenaza de lluvia, Iori dejo las ventanas abajo, permitiendo a las heladas corrientes de aire surcar con suave velocidad al interior del auto.

– Veo que Alexander tenía gustos bastantes costosos ¿Pertenecía a una rama millonaria de los Yagami? –habló Kyo con simpatía, sopesando la reacción de Yagami, esperando una respuesta cortante. Pero esta no llego, Iori no se inmuto ante el comentario.

– Alexander era el tío paterno de mi madre. No tenía nada que ver con los Yagami. –respondió con tranquilidad el pelirrojo, sin una mínima incomodidad en la voz. Kyo sintió que ante la despreocupación con la que Iori había hablado, tal vez era el momento para indagar más sobre Alexander. Tenía la impresión de que este hombre había sido una gran influencia en el pelirrojo.

– ¿Entonces él, quería mucho a tu madre…?

– Tras la muerte de su hermano, él paso varios años con la familia y le tomo un gran cariño a ella. El viejo estaba decidido a evitar que mi madre fuese comprometida con los Yagami, pero no era decisión suya. Como tampoco lo fue cuando intentó alejarme a mí del clan. – respondió Iori, observando la carretera con una sonrisa amarga.

– Ese anciano testarudo, parecía una buena persona... –acoto Kyo mirando al cielo, pensando en lo lejos que quedaba aquella cabaña de cualquier lugar poblado. Iori no dio respuesta, pero adopto una expresión más amable.

Llegaron al almacén tras media hora de recorrido. El lugar estaba ubicado a las afueras de un asentamiento pequeño de parcelas suburbiales que daban paso a terrenos privados, tenía un enorme frente con algunos automóviles estacionados.

Al ingresar al lugar Iori anuncio a Kyo que él estaría en la limitada sección tecnológica haciendo algunas compras. Kyo se separó con un gesto indiferente de la mano y se internó entre los estantes cercanos.

Gran variedad de verduras lo recibieron en el lado opuesto a la entrada, frescos tubérculos, hortalizas y frutas Premium en su mayoría. La calidad que abarcaban los productos en el almacén dio a Kyo la acertada especulación de suponer la zona en la que debían encontrarse. Agarro al azar los ingredientes que considero necesarios, camino a lo largo de los altos estantes de granos, pastas y especias, depositando algunos reconocibles y otros por simple curiosidad. Finalmente termino en la zona de los cárnicos amontonando sin miramientos.

Ya finalizada la selección, Kyo cruzó de regreso por la estantería de especias, había olvidado la Soya. A pesar de la variedad en las compras, casi la mitad de los ingredientes que llevaba en la canasta le eran desconocidos y pensar en sus limitadas habilidades culinarias, le hizo desear comer más enlatados. En el peor de los casos seria solo una intoxicación, pensó irritado.

Tomo la salsa de Soya y la deposito en el carrito de compras como parte final del recorrido. Giró de regreso por el pasillo en con la intención de buscar una caja cercana a Iori, pero en ese momento la sensación de acercamiento repentino lo invadió, un susurro espectral llego a sus odios. Una voz temblorosa en multiplicidad de tonos rugió apagada.

"Kusanagi"

El castaño dio un giro violento buscando la fuente, pero solo vio estantes repletos de productos, carteles y colores acompañándolo, no había nadie ni nada que pudiese provocar aquel sonido.

– Que demonios…– susurro Kyo. De repente las luces del pasillo menguaron su potencia y cambiaron a los cálidos tonos de una vela. El estante parecía haberse extendido al infinito donde la mitad de su forma no era más una repisa de productos, esta se transformaba en un muro de madera que se desplegaba hacia la más profunda oscuridad, frente a Kyo. Desde el centro de la penumbra, aquella voz corrupta y temblorosa habló con más intensidad.

"Kusanagi"

Kyo sintió miedo, uno tan profundo y ajeno como la negrura que se cernía sobre el almacén. De repente, del centro de toda aquella ausencia de luz brotaron llamas, furiosas y naranjadas, extendiéndose veloces, abrasando a su paso todo lo que tocaban para finalmente llegar a Kyo y envolverlo en un golpe de calor insoportable. El castaño retrocedió un par de pasos cubriéndose con los brazos, chocando con algo a su espalda.

– ¿Se encuentra bien señor? – una joven de baja estatura con la mano posada en su hombro lo observaba con expresión preocupada. Kyo regresó la vista al frente, el pasillo de especias estaba intacto, las luces, los carteles, todo estaba en su lugar. Giró confundido y asintió con la cabeza. La mujer rió con dulzura algo sonrojada ante la sonrisa avergonzada del joven y se alejó.

Kyo apretó con fuerza el borde del carrito de compras, estaba alucinando. ¿Había sido eso el espectro que Iori le describió? Era muy diferente a lo que este le había dicho. ¿Tendrían a alguien atrapado ya? Pero de ser así habría sentido algún tipo de padecimiento. Lo que sabía y lo que había visto no encajaba muy bien, pero si estaban intentando establecer una conexión, eso quería decir que tenían bajo su poder a algún Kusanagi. Aquel pensamiento causo un vacío en la boca del estómago del castaño.

Iori miraba desdeñoso un portátil de marca reconocida. A pesar de tomarse el tiempo de escoger minuciosamente la compra, no le importaba mucho las capacidades de la máquina, solo la quería para reemplazar temporalmente el que no había llevado consigo. Sabiendo que pasarían varios días apartados de la ciudad y que la casa de Alexander no contenía ningún tipo de contaminación visual relacionada a la tecnología, lo mejor era obtener una nueva herramienta de búsqueda más cómoda que el celular, aquel dispositivo al que aprendió a despreciar con facilidad tras el acoso constante de los Yagami por las reuniones extracurriculares.

Tomo el portátil sin perder mucho más tiempo eligiendo y anuncio la compra en la caja. Aunque el lugar no era lo suficientemente amplio para ser un almacén de cadena, aun así, tenían justo lo que necesitaba.

Una joven de oscuros cabellos y rostro pulido lo atendió entre provocadora y tímida. Accediendo con docilidad y registrando silenciosa el producto mientras ofrecía ocasionales miradas expectantes al pelirrojo. Tras la mujer se desplegaban una limitada cantidad de televisores HD pantalla líquida. Estos parecían estar proyectando entretenimiento nacional en vez de demostraciones programadas; un joven técnico parado cerca de una consola, estaba cuadrando la muestra mientras rotaba los canales, sincronizando las pantallas.

Iori vio el enunciado cuando el canal opcional se detuvo unos segundos, mudo, en las noticias de la tarde. "Asesinado reconocido parlamentario Seiki Kusanagi" Iori caminó rápido y detuvo al técnico cuando este se disponía a rotar el canal nuevamente. Le indicó subir el volumen del TV más cercano y la voz de la mujer presentadora llegó a ellos.

"…rpo fue encontrado en la madrugada de ayer sin vida. El brutal asesinato del parlamentario ha alterado a la comunidad política y las autoridades están haciendo las investigaciones pertinentes para determinar la muerte y las posibles conexiones de los asesinos. Temen por una retaliación de las fuerzas insurgentes de los Yakuza a causa de unos debates que buscaban cohibir y prohibir algunos flujos económicos en Tokyo, Kyoto, Nagoya y Yokohama.

La familia Kusanagi está profundamente acongojada por la pérdida de uno de sus miembros más ilustres, pero aún no han dado comunicado del impacto de este suceso en el conglomerado…"

Iori exigió con brusquedad al técnico que sincronizara algo diferente a los canales nacionales. El joven algo confundido por el cambio de opinión del pelirrojo, sintonizo las pantallas en la imagen por defecto del almacén.

Al retomar la compra en la caja, pagó sin prestar atención a la coquetería de la chica. Tomo el paquete con el portátil y caminó en búsqueda de Kyo. Lo mejor era que este no se enterara de lo sucedido, tenerlo puyando por regresar a la ciudad tan pronto, no era conveniente. Él necesitaba mínimo un par de días más para recuperar fuerzas suficientes. Iori gruño molesto, estar preocupado por el bienestar del Kusanagi, así fuese solo con la intención de estar preparados para futuras peleas, era la ironía más grande de su vida.

Divisó a Kyo fuera del almacén tras el vitral de la fachada. Tenía las bolsas de compras encima de una banca exterior. Estaba hablando por el celular mientras caminaba en círculos, se denotaba ansioso. Cuando Iori se acercó, este ya había colgado la llamada y miraba a la lejanía de la carretera, pensativo.

– ¿Hablabas con tu familia? – Pregunto Iori, sospechando que ya le hubiesen informado. Kyo giro distraído.

– ¿Qué…? Ah sí, preguntaba si estaban todos bien. –respondió quedamente el castaño.

– ¿Sucedió algo? –tanteo Iori el terreno.

– No…al parecer todo está bien. –habló Kyo mirando el piso.

– No pareces muy convencido Kusanagi. –acoto Iori recogiendo varias bolsas de la banca. Los truenos estallaban con más fuerza en el firmamento, acercándose con ahínco la tormenta.

Kyo rió con vaguedad sacudiendo la preocupación infundada. Estaba seguro por aquella alucinación que alguien debía haber desaparecido, pero su madre le confirmó lo contrario, diciendo que todo estaba bien por el momento. La preocupación que le teñía la voz lo inquietó, pero reconoció que era un estado natural en ella sabiendo que él no podía informarle donde se encontraba. La tensión que perdió la voz de Shizuka al él reportarse y preguntar por la familia, le trajo tranquilidad. Miro a Iori, este ya estaba terminando de poner las bolsas en el auto, soltando la portezuela de equipaje y prendiendo un cigarrillo, mientras esta se aseguraba sola.

Decirle sobre la alucinación no llevaría a nada, Iori estaba cerrado ante la idea de mantener un bajo perfil hasta la recuperación de las heridas en ambos. Sensatez, pensó Kyo, una cualidad que nunca habría relacionado a Iori Yagami. Ponerlo sobre aviso solo lo haría más molesto y aun no estaba seguro si aquello había sido exactamente efectos del espectro.

Heladas gotas cayeron sobre los dos hombres, ambos miraron al cielo casi sincronizados, Iori abrió la puerta del auto tras anunciarle a Kyo que partieran. Kyo permitió que algunas gotas de lluvia se deslizaran por el rostro antes de subirse. Había algo dentro de él que no dejaba de estar inquieto a pesar de las tranquilizadoras palabras de su madre.

Viajaron en silencio bajo una torrencial lluvia, ambos sumergidos en sus propios pensamientos, que finalmente no divergían mucho.

Un agradable olor a carne guisada flotaba volátil en el espacio de la cocina, escapando hacia la sala de estar donde Iori postrado en el sillón central, con el portátil en las piernas, configuraba la conexión a internet. Levanto la vista en dirección al olor, impulsado por el hambre.

Kyo miraba con atención el celular, calculando a ojo las medidas que este le daba para la preparación de algo. Se veía molesto, el mesón estaba hecho un caos, pero olía condenadamente bien. Iori miro por varios segundos la escena. Kyo Kusanagi cocinando algo para los dos, hasta cuan absurda podría llegar a ser aquella situación, pensó Iori. Termino de configurar el portátil, lo cerró dejándolo a un lado y prendió un cigarrillo.

Fumo con calma observando desde el sillón todo el proceso que llevaba Kyo en la cocina. Vio como la irritación crecía con facilidad en el castaño, como salteando algunas verduras las flamas activaron el dispersor automático del fogón, haciendo que este maldijera al aparato y buscara desactivarlo sin éxito. Iori desactivo desde el panel de la IA las funciones automáticas de la cocina sin que Kyo se percatara. Observó cómo mientras el castaño leía que otro ingrediente añadir a la preparación, la carne se pasaba de cocción. Observó divertido a Kyo maldecir una y mil veces, hasta que el cigarrillo se le agoto y no tuvo más excusas para continuar en la sala de estar.

Tras un arduo y largo trabajo en la cocina, Kyo sirvió los platos en la mesa central de mármol, notando por primera vez, que un comedor no estaba entre las posesiones del difunto Alexander. La presentación dejaba mucho que desear, pero el sabor no había sido saboteado por el exceso de fuego.

– Dime que esa maldita cocina tiene sistema de limpieza automática. – habló Kyo resentido. Iori miro el desastre que había dejado el castaño en el mesón, parecía más un campo de batalla culinaria que la preparación de un plato sencillo.

– Tu ineptitud para esto es evidente Kusanagi. No entiendo tu intención de querer cocinar. –respondió Iori y comió otro bocado.

– Un "gracias por la comida" estaría bien maldita sea. –acoto Kyo molesto tomando un trozo vizcoso de carne, no soportaba la idea de comer solo conservas y enlatados–. Si esa maldita cocina no se limpia sola, creo que podremos regresar a las frutas con jamón.

Iori le miro divertido, la tensión creciente, el par de vendas en los dedos al fallar cortando algunas verduras y la quemadura en el dorso de la camisa cuando intentó saltearlas, hacían evidente la irritación del castaño.

– Yo me encargare de limpiar tu desastre Kusanagi. No es nada nuevo para mí lidiar con tus errores. –respondió despreocupado comiendo la última porción del plato.

– Como te atreves a hacer una comparación tan absurda. –habló Kyo enojado, cayendo de lleno en la burla, maldijo por lo bajó a Iori–. Lo que quieres es comer cómodamente ¿Eh? –acoto al pelirrojo, el cual recogió los platos de la mesa, inmutable ante el reproche.

– No estuvo nada mal para tus limitadas habilidades culinarias Kusanagi. –dijo al regresar al sillón y sacar la cajetilla de cigarrillos.

– Tomare eso como un cumplido. –respondió el castaño indignado.

Kyo se acercó a Iori y saco un cigarrillo del paquete sin solicitar permiso. Ambos observaron la lluvia incesante desde el ventanal, entre bocanadas de humo y silencio.

– ¿Desde cuándo vives solo Yagami? –habló Kyo pensativo.

– ¿Por qué quieres saber eso? –respondió Iori restándole importancia. Yagami no estaba negándose a hablar, estaba cuestionando a Kyo el "por qué" y el castaño no desaprovecho la oportunidad.

– Pasaremos bastantes días aquí, no esperes que soporte tu desinterés en hablar sobre cualquier cosa. Igual si quieres preguntar algo, solo hazlo. –puntualizo Kyo sopesando lo que sería justo.

– Yo no necesito saber nada de ti Kusanagi.

– Porque ya sabes mucho de mí maldito Yagami. Pero yo no, así que. Dime ¿Desde cuándo vives solo? ¿Desde cuando eres líder de los Yagami? ¿Por qué no estas como el amo y señor en el trono de tu familia?

– ¿Quieres entender por qué mi propia familia busca matarme? –preguntó Iori quemando con un destello la colilla del cigarrillo. Kyo pensó molesto lo fácil que era para Yagami leerlo.

– Asumí el cargo de líder estando aún muy joven, tras la muerte de mi padre. Nunca me sentí particularmente atraído a liderar el clan, no antes, no ahora. Cuando tuve la edad suficiente me largué del maldito lugar. Solía rehuir las responsabilidades de líder y no pasaba mucho tiempo en un solo sitio, eso les complicaba localizarme.

– Es un milagro que aun seas líder. –habló Kyo recostando la espalda al ventanal.

– Los Yagami con el poder del fuego de Orochi tienen poco tiempo de vida Kusanagi, es común que los más jóvenes asuman el liderazgo de clan, así que encargar casi todo a las manos derechas que servían a mi padre, no generaba mayor problema. –Iori tomo asiento al borde del sillón–. Aun así, supongo que tener la potestad de manejar el clan no les molestaba en absoluto y por ende volcaban todo el apoyo al linaje. Ahora que una de esas manos derechas está muerto, he de suponer que si la otra sigue viva, podría estar confabulando con los asesinos. –puntualizo Iori con la mirada perdida en la caída de la lluvia. Se percibía agotado con solo mencionar el tema.

Kyo lamento sacar la situación a colación, no era mucho lo que podían hacer justo en ese momento, así que hablar de ello era solo una tortura inútil. La respuesta de Yagami le había dejado un mal sabor de boca por varias razones, así que como Iori no parecía reacio a continuar la conversación, Kyo decidió cambiar un poco el tópico.

El castaño desvió la conversación centrándose en sucesos pasados sobre los clanes y los anteriores torneos de KOF, Yagami no paso por alto la intención de este y se permitió dialogar con Kyo sobre cosas irrelevantes. No fue una conversación muy fluida y en su mayoría se la pasaba respondiendo las preguntas de Kyo, pero lograron un ambiente parcialmente ameno en medio del cual Iori organizo con presteza el desastre que el castaño había dejado en la cocina. Entre cinismos y socarronerías, incluso Kyo rió con fuerza un par de veces ante la antipatía de Iori hacia el mundo.

Luego de que Iori terminara y Kyo compadeciera al encargado de administrar las propiedades Yagami tras enterarse de que varias de estas estaban bajo nombres desconocidos, Iori hizo un comentario sarcástico sobre la invasión a la propiedad y Kyo visualizo el recuerdo del recorte con su fotografía, quedándose callado un momento, en el que Yagami miro una vez más el exterior lluvioso y opaco.

La noche helada empañaba los ventanales con niebla, las horas habían pasado casi imperceptibles bajo el ulular violento de la tormenta. Iori observó la hora en el celular sorprendiéndose de lo fácil que el tiempo se había deslizado entre ellos. Lo único que quedaba en el aire era un silencio incomodo, la consciencia de haber compartido un rato tan foráneo a su enemistad.

– Eh Yagami…tú, tenías un recorte de una vieja noticia...–habló Kyo sin contener la curiosidad sobre aquello, Iori se tensó por un instante ínfimo–. Siento haber entrado a tu casa así, pero… ¿Por qué guardabas eso? –pregunto titubeante Kyo, sin saber qué respuesta esperar. El pelirrojo suspiro irritado, molesto por confirmar que el imbécil de Kusanagi había visto aquel papel.

– Haces bien en lamentar entrar en propiedades ajenas Kusanagi. –se alejó en dirección a las escalas–. Ya debes tener esa mórbida curiosidad tuya satisfecha. –respondió cortante y subió a la segunda planta.

Kyo sonrió cansado ante la repuesta evasiva, le había tomado a Iori bastante tiempo molestarse en esta ocasión. Regresar a las preguntas sin respuesta sería mucho más cómodo, supuso.

Miró el balcón interno vacío y apreció el repiquetear de la lluvia en los vitrales laterales. Le sorprendía bastante que, a pesar de la reticencia de ambos a comunicarse debidamente, pudieran compaginar a la larga con tanta naturalidad. Tal vez era eso lo que más temían, descubrir lo bien que podrían llevarse.

El calentador de gas ubicado al fondo de la cocina se encendió, Kyo sintió una punzada de envidia y se estremeció por el frío, opto por no revisar los niveles de calefacción ya que no quería cometer errores de configuración en la IA. Se retiró a la habitación y tras un largo baño tibio, concilio el sueño intranquilo.

Caminaba sin cuerpo por el vacío, solo dejando tras de sí huellas corruptoras de luz, la oscura ausencia de todo se transformó en un camino amaderado y tibio. Del cielo brotaron pequeñas gotas de luz que al caer se transmutaron en esquirlas de fuego, fuego naranja, fuego escarlata. Kyo intentó tocar una con su inmaterialidad, que parecía ser consciente de un cuerpo incapaz de ver. La llama familiar a su energía no acogió aquel toque desinteresado. El fuego reaccionó violento y combustiono rapaz, envolviendo todo el campo visual de Kyo.

Gritos se extendieron a su alrededor, hombres y mujeres que soltaban maldiciones, consumidos por la ira llenaron el silencio. Fuego anaranjado entrelazado a muerte consigo mismo, danzaba asesino. La voz apagada de una mujer que llamaba por su nombre se hizo nítida.

"Ayúdame Kyo" la voz acongojada de Yuki le llego clara, concisa, en medio del caos. Kyo corrió hacia ella sumergiéndose en la caótica llamarada de gritos.

– ¡Yuki! – grito desesperado al no encontrarla en medio de la conflagración. Su piel inexistente se quemaba, el fuego que lo lamia ardía como jamás lo hubiese imaginado.

"No…Kyo...aléjate... no te acerques más." La voz potente de otra mujer llego a él, el tacto helado de algo lo envolvió, expulsándolo de la llamarada.

"No…Kyo…es demasiado doloroso... vete…" Kyo sintió una punzada perforadora, la carne desde el pecho hasta la columna cedió al más aturdidor dolor que hubiese sentido en su vida.

– ¿Chi…zuru? –vocalizo con dificultad Kyo. El dolor agudo le impidió siquiera pensar y sintió como algo lo empujaba al vacío.

Despertó de golpe con el pulso agitado y el corazón acelerado. Estaba en la cama con la sabana humedecida por el sudor. Tenía los músculos tensos y un miedo irracional lo apresó. Se encogió en posición fetal sintiendo los efectos rezagados de la pesadilla, calmando sus sentidos, tomando consciencia de la realidad.

Salió de la habitación con torpeza tras un largo rato de quietud y calma. Desconocía que había sido aquella extraña pesadilla, pero no podía ser más que un sueño o eso creía. Se acercó a la sala de estar con la intención de abordar a Iori con el tema. Aunque se repetía que nada había sido real, no podía arrancar de sí la ansiedad y el temor.

Una nota reposaba sobre la mesa central de mármol:

"Estaré fuera varias horas, no hagas nada estúpido Kusanagi, regresare antes del anochecer.

PD: No guardes nada para mí."

– "No guardes nada para mí" – susurro Kyo indignado. Como si fuese su maldita mucama, maldito Yagami, pensó el castaño iracundo. Largarse así sin mayor explicación después de haber dicho que debían guardar reposo y mantener un bajo perfil. El papel se deformo dentro del puño de Kyo, casi hasta romperse. Las llamas Kusanagi se alzaron haciéndolo cenizas.

Kyo tomo el celular, la rabia, mezclada con los rezagos del temor infundado por la pesadilla lo invadían. La voz de Yuki y la de Chizuru aún estaban latentes en la memoria. Abrió el panel de llamadas y reitero el ultimo numero marcado.

A través de la línea solo hubo un repiqueteo mudo que llevaba una y otra vez al buzón de mensajes. Shizuka Kusanagi no respondía la llamada.