El cuerpo del joven convulsionó con levedad hasta encogerse en los brazos de Iori, su rostro se contrajo con fuerza contra el pecho del pelirrojo, aún estaba sumergido en la pesadilla de la conexión. Las manos de ambos se entrelazaban con fuerza, aferrándose al deseo de romper el abismo del sueño. Finalmente el cuerpo del castaño decayó flácido, quedando inconsciente en el regazo de su rival.

Iori paso los dedos, borrando una lágrima sanguinolenta que se escapó solitaria de los ojos de Kyo, entendía perfectamente su padecimiento, conocía bien los efectos que la conexión causaba en el cuerpo del receptor y los estragos que dejaba en la mente. Le consterno la rápida manifestación, que para él había tomado una larga semana de tortuoso proceso, pero que para Kyo, en cuestión de un día, le había afectado a un nivel casi terminal. Recordó los estragos que hizo en la velada de la primera noche de contacto con el espectro, pero relaciono la pérdida de control al disturbio. Kyo debía de haberle ocultado alguna manifestación anterior.

Paso una mano por el cabello del castaño, retirando del rostro desordenados mechones húmedos. La temperatura de Kyo estaba por las nubes y un sonrojo febril arrebolaba en las mejillas. Iori maldijo recordando la misma expresión, unas horas atrás, cuando este lo observaba con desproporcionado resentimiento desde el sillón del estudio, pero esa imagen la había adjudicado al alcohol, ignorando que en realidad Kyo había enfermado por descuido una vez más. No se percató a tiempo por evitar el contacto visual con el castaño durante su conversación, las palabras de Kyo habían logrado mover algo en Iori y lo desprecio por ello.

Alejó los pensamientos que buscaban ligarse a aquellas palabras y cargó el cuerpo inconsciente, notando como la mano de Kyo continuaba aferrada con fuerza a la tela de su camisa. Lo llevo hasta la habitación superior y tras limpiar con minuciosidad la sangre que estaba en proceso de secado, se cercioró de que no hubiese daños extra en el cuerpo del Kusanagi. Era un hecho que estaban accediendo a él por medio de aquel ritual y aunque desconocía quien podría ser la víctima, en el estado debilitado en que se encontraba el cuerpo de Kyo, era posible que aquella criatura afectara aún más su mente.

Tras media hora de observación y un par de anti febriles, Iori bajo a revisar los daños en la habitación de servicio. Todos los enceres de madera eran solo objetos renegridos reducidos a formas retorcidas. La pared de drible que cubría la piedra estaba completamente contraída por el calor, dejando expuesto el sistema de redes de enfriamiento con que la IA había evitado que la combustión se extendiera.

El humo ya había sido dispersado tras la apertura de ventilación de la casa. Iori observó el piso renegrido por el toque de las llamas, teniendo el recuerdo latente de él mismo muchos años atrás, incendiando todo el lugar. Evocó la mirada impotente de Alexander ante la capacidad destructiva de la sangre de Orochi, proveniente de un niño.

Dispersó aquellos pensamientos y regreso a la sala. Accedió al panel de Evacorp para anular el registro que el sistema debió generar para la aseguradora, cerciorándose de que no se activara nuevamente. Lo que menos deseaba era tener gente desconocida husmeando en la propiedad a causa de la alarma.

Dejó atrás la planta baja como si el asunto estuviese zanjado, necesitaba centrarse en vigilar a Kyo. Si este perdía una vez más el control antes de recuperar la consciencia, debía ayudarlo a romper la manifestación para reducir los daños que le causaría a su cuerpo.

El resto de la madrugada hasta ya avanzado el amanecer, Iori se mantuvo al lado de Kyo, observándole. Analizando en que podía cambiar la naturaleza de la conexión que el ritual había logrado con él días atrás y cómo este afectaría al Kuanagi. Temía que el rápido proceso en el que Kyo estaba embarcado tuviese otros efectos adversos. Aguardó paciente el despertar del castaño, la crisis inicial ya había pasado, pero eso no aseguraba nada.

Una paz de proporciones aterradoras, pensó Kyo al no percibir nada, salvo sus propios pensamientos. Casi desconociéndose por un instante a sí mismo en la absoluta ausencia. Un volátil olor a tabaco le llego sutil, transformándose con violencia en un intenso aroma a hiervas amargas, que le hacia escocer los ojos y le dolía respirar. Las voces lejanas de unos hombres resonaban con eco en algún espacio amplio que no percibía.

"Trae a los Bhiksu...pronto tendré la ubicación..." aseguró la voz grave de un hombre mayor.

Abrió los ojos, la luz de la habitación le punzó con un fuerte dolor. Se cubrió el rostro protegiéndose, no recordaba con claridad donde estaba e incluso se demoró un momento en reconocerse como Kyo Kusanagi. Una enorme laguna lo hacía sentirse ajeno a todo, pero con el paso de los segundos acentuó la cabeza, reconociendo la habitación de Yagami. Había bebido mucho la noche anterior, aunque aquel vacío en su mente no lograba relacionarlo a ello.

Recordó algunas palabras vergonzosas que había compartido con Iori y dio un respingo alterado al tomar consciencia de estar medio desnudo bajo las sabanas. Miro con desconfianza a su alrededor sin recordar que había pasado, sin siquiera permitirse pensar algo indebido, imposible, vergonzoso.

Encogió las rodillas sosteniéndose la cabeza, está aún le daba vueltas, se sentía aturdido y un extraño sabor metalizado le impregnaba la boca. Algo había sucedido, algo importante. Había soñado nuevamente con el fuego, con un lugar parecido a un templo, con la voz de Chizuru, con algo más, pero no recordaba que. Lo único que le quedaba de aquello era una ajena sensación de miedo.

Un sutil olor a cigarrillo, similar al sueño, llego a Kyo acompañado de una corriente helada. Las cortinas blancas del balcón ondeaban en una danza zigzagueante y tras estas, al borde de la piedra pulida, estaba Iori con el cabello revuelto, observando a la distancia el panorama invernal. Kyo lo miró distraído largo rato, mientras este terminaba de fumar. Aferrándose a la seguridad que buscaba arrebatarle el miedo enajenado.

Respiro profundo buscando calma, objetividad. Aguardando a que Iori regresara adentro, determinado a hablar de aquel hecho importante que dejo a un lado por vergonzosas trivialidades entre ellos.

Cuando Iori entró en la habitación, la sorpresa se plasmo en su rostro al ver a Kyo sentado tranquilamente esperando su acercamiento.

– ¿Cómo te sientes? –preguntó Iori con leve inquietud.

– Terrible… ¿Qué sucedió? ¿Por qué estoy medio desnudo en tu cama? –habló Kyo con cansina socarronería, buscando suavizar la conversación, intentando ordenar con más calma las ideas sobre lo que conllevaba asegurar la conexión con el espectro. Iori bufó molesto.

– Déjate de juegos Kusanagi. ¿Desde cuando tienes las alucinaciones? Estoy seguro de que no puede haber sido algo repentino. – dijo acercándose a la cama, manteniéndose erguido frente a Kyo, el cual sonrió con tristeza.

– No lo sé…creo que desde que estabas inconsciente en casa de Benimaru, pero no estoy seguro. –respondió con cierto dejo en la voz, recostando el mentón en los brazos sobre las rodillas. Iori lo miró en silencio, con la mandíbula tensa y las manos empuñadas.

– No fue como lo describiste…fue vago y diferente. Y luego, fue solo un sueño, uno donde me llamaban Yuki y Chizuru. ¿Cómo podía asegurar que esa era la conexión?

– ¿Y no se te ocurrió la brillante idea de preguntarme algo al respecto Kusanagi? –indagó Iori irónico, evitando presionar a Kyo, tragándose la rabia.

– Bueno, fuiste tú el que se largó sin mayor explicación por si se te olvida. –Iori miró incrédulo a Kyo, recordándole con un gesto simple, la acalorada conversación de la noche anterior, dando a entender que este no mencionó nada al respecto–. Y eso…bueno, estaba ebrio, no me iba a preocupar por un sueño, tenía otras cosas importantes en mente…y… – Kyo titubeo sin saber que decir, evadiendo la mirada acusadora de Iori, sintiéndose de repente avergonzado.

Ante el impulso cohibido, casi tímido de Kyo, Iori desvió la mirada hacia la puerta. ¿Qué era esa maldita reacción? Pensó, sintiendo a su vez un leve encogimiento en el estómago.

Un silencio incomodo revoloteo con el ulular de las corrientes frías, que danzaban entre ellos, provenientes del balcón.

– …creo que no quería aceptar la idea de tener miembros de mi familia siendo torturados mientras yo me ponía cómodo en este maldito lugar –alzo Kyo la vista tras romper la tensión incomoda–. Ya es un hecho Yagami. Tienen a alguien de los Kusanagi y están intentando localizarme.

Iori lo observó de soslayó, con cierta frialdad calculadora. Si Kyo lograba revelar algo más concreto, menos limitado a lo que él había percibido a causa del riot, tendrían una gran posibilidad de ubicar el lugar donde se llevaba a cabo el ritual.

– ¿Que recuerdas de lo que has visto o soñado? –preguntó Iori dejando atrás la molestia.

– Recuerdo un templo, con enormes vigas de madera, había inscripciones en los muros. Todo ardía. Recuerdo la voz de Chizuru advirtiéndome, pidiendo que me alejara…las voces de unos hombres y un particular olor… –se detuvo Kyo pensativo, reconociendo su similitud–. Es el mismo olor a hiervas que tenía el templo de Chizuru. –puntualizo como si hubiese hecho un gran descubrimiento.

Iori calló pensativo, en el recorrido de la parte externa del templo Kagura no se había topado con ningún olor particular dentro del lugar, pero si recordaba un aroma similar, años atrás, cuando buscaba a Chizuru para que le diera respuestas sobre la sangre de Orochi. En los rituales realizados en el templo, abundaban aquellas esencias que dejaban un regusto amargo en la boca. Aunque no lograba asegurar la similitud exacta, pudo relacionarlas.

– Esas esencias, no recuerdo que los Kusanagi las hayan usado en algún ritual o reunión. ¿Crees que tenga alguna relación Yagami?

– Hmm. Desconocemos la situación del clan Kagura tras la pérdida de su sacerdotisa.

– Mi padre aseguró no haber dado con ninguna pista sobre Chizuru. Eso quiere decir que no tuvo mucho contacto con el clan o habrían trabajado en comunión con los Kusanagi, pero...

– Exacto, no sabemos nada de ellos... –Iori apretó las manos recordando la información que le había entregado Saíto, pensando en que tantas personas estaban inmiscuidas en el cambio radical de las familias del sello. Se acercó a la ropa que tenía explayada sobre una silla. Sacó del bolsillo una pequeña USB y la apretó entre los dedos, una ira profunda refulgía con odio en su interior–. ¿Hasta dónde estarás dispuesto a llegar Kusanagi? –preguntó con una expresión inquietante.

Kyo miro a Iori detenidamente, sopesando las intenciones asesinas en su semblante.

– Primero debemos descubrir quiénes son, luego buscaremos la forma de solucionar todo esto. Intentare no hacer arder de entrada a esos mal nacidos. –respondió Kyo ronco. Solo pensar en las personas que habían terminado afectadas por ellos, lo enojaba mucho, pero hacer un baño de sangre no lograría develar la fuente de todo el problema. Iori rió con una expresión macabra.

– Yo no dudare ni un instante en hacerlos cenizas, sea quien sea. Así que más te vale no meterte en mi camino Kyo.

Ambos hombres se miraron tensos, en su alianza temporal y en la dinámica de acercamiento que habían tenido la última semana, habían olvidado parte de la fútil relación de odio y muerte entre los clanes. Kyo observó cómo Iori le daba la espalda para salir de la habitación.

– No pienso matarte. –habló Kyo, recordando las palabras dichas la noche anterior.

Con una sonrisa triste pensó en lo fácil que era para ellos retroceder al punto de partida. O al menos lo fácil que era para Iori, odiarle. No tenía la intención de permitirle hacer una masacre innecesaria, pero tampoco estaba entre sus deseos enfrentarlo a muerte. No antes y mucho menos ahora. Suspiro agotado de sus conversaciones con Yagami, ya pensaría en algo llegado el momento.

Iori bajo a la primera planta, estaba enojado, irritado con el castaño por insistir con esos sinsentidos de querer romper el odio entre ellos, cabreado consigo mismo por percibir a Kyo de otra manera, por no controlar la calidez que el castaño influía en él.

Buscó en la sala de estar el portátil, lo ubicó en la mesa de mármol y tras encenderlo, conecto la USB que le había entregado Saíto. Ya Kyo se encontraba mejor y aunque no podían bajar la guardia, estar cerca del castaño cuando estaba consciente, le irritaba con facilidad. Las voces no abandonaban la constante intensidad ante cada aproximación.

Kyo bajó a la planta inferior tras un baño rápido, el fuerte mareo del despertar era ya solo un suave dolor punzante en la cabeza. Apreció a Iori completamente abstraído, revisando algo en el portátil. La USB que había retirado de la chaqueta estaba empotrada a un costado. Analizó de reojo el pequeño objeto, seguro de que era fruto de su "búsqueda de información".

Se acercó a la cocina y tomo un par de frutas, se sentía hambriento, pero no soportaba la idea de comer mucho. Se recostó en el muro de piedra detallando al pelirrojo, este se percató, pero no dio señales de interés. Kyo lanzó una de las manzanas sin previo aviso y Iori la atrapó en el aire con un movimiento rápido.

– Supongo que tampoco has comido. –hablo con la boca llena de fruta. Iori dio un mordisco ávido, dejándola a un lado del portátil. Kyo termino de comerla apreciando el cambio de actitud en Iori. Sintiendo que nuevamente era viable dialogar.

– Eh Yagami ¿Cuándo piensas contarme que averiguaste? – preguntó Kyo despreocupado, tomando asiento en la poltrona frente al pelirrojo.

– Cuando lo averigüe… –respondió Iori distraído, sumergido en la lectura de un archivo.

El castaño deposito todo el peso en el acolchado suave. Toda la urgencia que había sentido el día anterior, lo había abandonado. Con la angustia y la ansiedad completamente desaparecidas sin razón alguna, le quedaba un vacío en la memoria. No entendía a cabalidad cómo funcionaba lo de la conexión, pero empezaba a comprender el impacto que tenía en su cuerpo. Debilitar tanto física como psicológicamente para luego enviar esas cosas a cazar. Un ritual bastante cruel dado el destino que corrían los que establecían la conexión.

La imagen de Shizuka regreso a Kyo intempestiva, aunque ya no poseía la urgente necesidad de escucharla, el miedo no daba tregua alguna. Se levantó abrupto del asiento y camino rápido en dirección a la habitación que había estado usando.

– No necesitas entrar allí Kusanagi. –habló Iori desde la sala de estar sin despegar la atención de la pantalla. Kyo observó desde el corredor, la piedra renegrida del fondo y el olor poco intenso a madera quemada. Lo inundo la frustración de no saber qué había sucedido, de conocer solo retazos incongruentes del sueño. Ingresó presuroso al cuarto y se percato de que todo, incluyendo su celular, estaba hecho una masa mal forme y oscura, salteada por partes escarchadas.

– Un maldito "quemaste la habitación" es un detalle importante para mencionar Yagami. –reprocho el castaño regresando a la sala de estar–. Necesito hacer una llamada. – Puntualizo altanero parándose a un costado de Iori con toda la intención de quitarle a la fuerza el dispositivo si se negaba. Yagami bajo la pantalla del portátil donde se visualizaban las fotos de unos hombres en traje de gala.

El pelirrojo saco el celular, depositando el objeto en la mano de Kyo sin soltarlo.

– No hables de más, ni hagas nada estúpido Kusanagi.

Kyo le arrebato con fuerza el celular ignorando la advertencia y marco presuroso el número de Shizuka. Yagami se contuvo de continuar las observaciones en el portátil, interesado en lo que podrían informar las fuentes Kusanagi.

El teléfono repico reiteradas veces hasta entrar una vez mas en el buzón de mensajes, aquello sacaba de quicio a Kyo. Luego del tercer intento, respiró profundo manteniendo la calma, evitando reducir a cenizas el maldito aparato. Pensó con claridad que opciones tenía y finalmente marco el número que siempre había estado disponible a ayudarlo.

– ¿Hola? –pregunto tosco Benimaru al responder la llamada de un número desconocido.

– Beni, necesito tu ayuda urgente.

– ¿Kyo? Maldición, me tenías preocupado. ¡Por qué nunca contestas el maldito celular! Después de que me entere de la muerte de aquel Kusanagi por las noticias intente contactarte. ¿Estás bien? – habló el rubio con urgencia. Una corriente fría recorrió la espina de Kyo.

– De que estás hablando. ¿Quién murió?

– No recuerdo bien el nombre, era un político algo reconocido, miembro de tu familia.

–Seiki...– susurro Kyo alterado. Era él quien había dispuesto la guardia para la familia líder del clan Kusanagi, el mismo que estaba profundamente involucrado en la investigación de las desapariciones, junto con su padre. Kyo cayó en una cautela ensordecedora, especulativa.

– Ah si, ese era su nombre. Kyo ¿Esta todo bien por tu lado?

– Necesito localizar a mi madre Benimaru. Necesito que vayas a la casa y contactes con ella.

– Bueno Kyo, eso fue lo primero que hice al no recibir respuesta tuya. En la casona no se encuentra absolutamente nadie, pero me atreví a llamar a tu madre viéndome corto de opciones. No me dijo mucho, salvo que la familia se estaba reuniendo. La escuche bastante alterada y me preguntó por ti. –Nikaido bufó con levedad–. Todos preguntamos por lo mismo y nadie sabe nada. Eres un maldito inconsciente Kyo, reporta por lo menos que estas vivo, posiblemente ella este pensando lo peor.

– ¿Cuando hablaste con ella?

– Ayer en la tarde...–respondió el rubio confuso. Kyo había recibido constantes respuestas del buzón al intentar contactarla el día anterior. Significaba que ella no había querido responder sus malditas llamadas. Se tensó molesto ante toda la angustia que le había hecho padecer un simple rechazo de contacto.

– Llámala, dile que el numero desconocido soy yo. Dile que ya se lo de Seiki y que responda la maldita llamada. –habló con mas resentimiento del esperado.

– Esta bien, pero prométeme que vas a mantenerte en contacto. Todos estamos preocupados por ti Kyo. Han habido rumores de varias muertes de personas del clan Kusanagi y del clan Yagami. Algunos especulan que hay un enfrentamiento abierto entre uds. ¿Es eso cierto?

– No lo se. –habló Kyo cansino–. Solo dale mi mensaje. Gracias.

Iori fumaba con tranquilidad observando con detalle al castaño. Le entretenía ver el fácil cambio de actitud en este. Pasar de exigirle amenazante el dispositivo a manejar una expresión vulnerable y herida con solo algunas palabras sobre su familia.

Levantó la pantalla del portatil simulando concentrarse en ésta para evitar romper el ensimismamiento con que Kyo parecía contar los segundos.

Kyo marco una vez mas al numero de Shizuka. Tras varios tonos que se acercaban al buzón la llamada fue contestada.

– Kyo. – sonó la voz de la mujer, quitando del castaño un peso agobiante.

– Madre ¿Estas bien? ¿Qué esta sucediendo? ¿Como esta el viejo? ¿Que ha pasado? –preguntó sin poder contener el torrente de preguntas. Un silencio que se le hizo eterno, dejó percibir al fondo de la linea el murmullo de un motor.

– Estoy bien Kyo, no te preocupes. Ya te enteraste de la muerte de Seiki por lo que veo. –su voz se quebró por un instante mínimo, recuperando con facilidad el aplomo–. Todos están bien. Tu padre se esta encargando de...solucionar el asunto con el clan. Pronto me reuniré con él.

– ¿Por que no respondiste mis llamadas?

– Quería evitar preocuparte Kyo. No es mucho lo que podemos hacer por ahora, así que es mejor que estés alejado del clan por el momento.

– Se sincera conmigo. Dime que esta sucediendo. –puntualizo el castaño con aplomo, con palabras rígidas. El silencio que llego a través de la linea le daba una terrible sensación. Su madre estaba ocultando algo.

– Hay problemas internos Kyo. Tu padre. –frenó Shizuka de golpe con un suspiro entrecortado–. Nosotros estamos intentando mantener el orden...por favor se cauteloso hijo, mantente seguro y evita cualquier contacto con algún miembro de los Yagami. Hay tensiones graves entre los clanes.

– ¿Donde estas? ¿Donde esta el viejo? –preguntó Kyo sopesando el peor de los panoramas para ellos. La pelea con los Yagami no era lo que le importaba en ese momento.

– Lo siento Kyo, debo irme. Mantente alejado, te informare todo lo que pueda hijo. –finalizo Shisuka antes de colgar sin esperar respuesta de este. En su voz se notaba cierta angustia que inquietaba al castaño.

Kyo tomo asiento aturdido. Algo estaba acongojando a su madre, pero no comprendía bien que podía ser. Seiki estaba muerto, existían tensiones dentro del clan y una guerra con los Yagami se había desatado. Habían razones de sobra para preocuparse, pero algo dentro de él no parecía convencido del todo. Ese maldito miedo enajenado que no lo liberaba.

Agacho la cabeza y la interno entre las manos respirando profundo. No podía extender mas su tiempo de recuperación. Miró directamente a Iori, el cual lo observaba en silencio, mientras jugueteaba con un cigarrillo apagado entre los dedos. Sus ojos rojos escudriñaban las intenciones de Kyo.

Estaba decidido, con Iori o sin él, abandonaría la cabaña al día siguiente, tras un día mas de recuperación.

Shizuka Kusanagi salió del auto, tenía pocas personas custodiando su seguridad, pero eran las únicas en las que podía confiar. Sus manos temblaban, mentir de manera tan descarada a su hijo, le alteró aun mas los nervios.

Estaba al corriente de lo sucedido. Los hombres que la acompañaban le habían informado que tras la salida de Saisyu de la mansión Kusanagi, en compañía de un miembro importante del clan y otro de gran influencia en la familia, se había generado un atentado contra los mas ancianos. Hombres, que algunos miembros denominaron ninjas Yagami, atacaron desde las sombras sembrando el caos en la mansión. El clan había terminado por reducir el ataque y asesinar los perpetradores, pero varios de los viejos miembros que componían el circulo interior, habían sido dados de baja en el proceso.

Todas las tensiones se había agudizado cuando Saisyu Kusanagi hizo un anuncio abierto ante el concejo, asegurando que dentro de la familia habían instigadores relacionados con las desapariciones. Dejando parte de la culpabilidad del clan Yagami como una tapadera conveniente para los traidores. A pesar de continuar con aplomo tras la revelación de la carta de Chizuru, los Kusanagi habían quedado contrariados.

Los agentes de Saisyu sostenían con veracidad la existencia de un sabotaje dentro de la congregación. Aseguraban que la reunión del concejo Kusanagi estaba premeditada, que de esa manera buscaron facilitarles a los asesinos, el acercamiento a los miembros mas importantes, llevando así, a la eliminación de algunos de los lideres mas tradicionales de la familia.

Conocer las sospechas de los hombres de Saisyu aterraba a Shizuka y su miedo fue absoluto cuando el cuerpo de Masaki, el hombre que su esposo había escogido para escoltarse, fue descubierto sin vida en la carretera. Todos desconocían el paradero de Saisyu Kusanagi, salvo un escolta herido, miembro del cuerpo de seguridad del anciano que acompañaba a Saisyu al salir de la mansión y que también estaba desaparecido. El hombre afirmaba haber escuchado a su señor, antes de partir, mencionando el viejo templo Kusanagi de las montañas del norte.

Era la única pista que Shizuka poseía, pero era suficiente para actuar, para no soportar un minuto mas de agobiante espera. Nada le aseguraba que allí hubiese algo, pero aún así había dejado claro a los ninjas bajo el mando de su casa que si no regresaba en 24 horas, debían tomar medidas de búsqueda y avisar a su hijo.

Shizuka apretó el Kimono sencillo que llevaba puesto, se sentía desmoronar en cualquier instante, temía que no hubiese nada en aquel lugar, pero temía aun mas que si lo hubiese. Pensó en Kyo con remordimiento. Se disculpo internamente por haberle mentido, pero era incapaz de soportar que él también estuviese en riesgo de muerte.

– Lo siento Kyo. –habló Shizuka a su hijo ausente mientras se internaba acompañada, a paso inseguro, por el sendero que cruzaba la arboleda. En la lejanía, ascendiendo la enorme zona boscosa, se podían observar los techos altos del gran templo que los Kusanagi usaban en antaño.

Kyo tomo el celular y extendió el brazo, regresando este a su dueño. La mano le tembló por un instante, justo cuando Iori recibía el dispositivo.

Yagami se cerró la mano en la muñeca de Kyo retirando el celular y girándola frente a sí. Kyo observó la maniobra extrañado y Iori rotó la palma presionando un punto doloroso que tensó la extensión del brazo. Kyo retiro la mano con brusquedad denotando que el temblor había cesado.

– Son secuelas de la conexión. Acosa tu voluntad, diezmando todo. Busca debilitarte y lo sabes. –habló Iori airado ante la imagen vulnerable que daba Kyo. El castaño sonrió con rabia.

– Les hará falta de mucho mas que eso para diezmar algo en mi. –respondió molesto, apartando el temor que le arañaba por dentro. Su madre le había confirmado que todo, en la medida de lo posible, se encontraba bien. Aunque no era un panorama muy alentador, sus padres no se estaban bajo ningún peligro apremiante. Esto le daba a Kyo un poco mas de tiempo y le traía gran calma.

– Ya me estaba preguntando hasta cuando dejarías de llorar Kusanagi. – habló Iori con una sonrisa maliciosa.

– Lo mismo pensé yo cuando caíste en ese sueño comatoso. –respondió el castaño altanero. Iori evito el comentario sin mayor alteración y adopto una posición de negociación.

– Tienes que estar enfocado Kusanagi. Sabes que no sera la última vez que te busquen. Debes estar atento a cualquier detalle que nos de la posibilidad de dar con su paradero. Necesitamos ubicar donde están haciendo el ritual.

– Lo sé, yo me encargo de eso. – sonrió Kyo arrogante, con la voluntad férrea en encontrar a los culpables.

– ¿Y que quemes todo en el proceso, sin siquiera recordar un mínimo detalle? –sonrió Iori ante cambio molesto en el rostro de Kyo–. Yo me encargare de mantenerte anclado a la realidad Kusanagi, solo sigue mis indicaciones.

– No gozas de mucha confianza ¿sabes? –respondió Kyo airado.

– No necesitas confiar en mi, solo hacer lo que digo. –habló Iori centrado en el portátil.

Kyo se estiro las piernas recostando el cuerpo en el espaldar sin ganas de discutir.

– ¿Ahora si vas a decirme que descubriste de los Yagami? Según me comentaron, creo que tienes una excusa mucho mas estable para querer matarme. –habló el castaño sin intención en la voz, con la vista situada en los tragaluces del techo. Iori desvió una fugaz mirada hacia Kyo y regresó la atención al portátil.

– La guerra entre los clanes es un hecho. Los Kusanagi acusan a los Yagami de todo lo sucedido. –respondió despreocupado Iori. Kyo se centro en sus palabras observando pensativo el reverso del portátil–. La cuestión es que no es una acusación sin fundamentos. Pueden tener razón.

La sorpresa acentuó los rasgos del castaño.

– ¿A que te refieres? –preguntó Kyo intrigado y algo desconcertado por la calma con que Iori dudaba de su propio clan.

El pelirrojo giró el portátil mostrando los archivos visualizados. En la pantalla estaban proyectadas unas listas de texto y costos. En la parte inferior se encuadraban algunas fotografías.

– Hace mas de un año hubieron movimientos grandes en las inversiones hechas con los recursos de la familia. –señalo Iori los textos densos–. Son registros de inversiones armamentistas hechas a ciertas empresas gubernamentales. También hay contratación militar. –Iori minimizo los textos y amplifico las imágenes, revelando las fotos de algunas personas en traje de gala–. Este es Takeshi Yagami, el actual líder elegido por el consenso Yagami. Esta reunido con miembros del parlamento, funcionarios de defensa e incluso agentes del Theno, pertenecientes a la familia real.

Kyo miro estupefacto, no comprendía la complejidad del asunto, pero le fue suficientemente claro entender los movimientos Yagami, muchos meses antes de las desapariciones.

– ¿Estan armando un ejercito? Tienen el apoyo del gobierno...? –preguntó quedamente, sin darle crédito a la respuesta entregada por las fotografías. Ese hombre estaba organizando una re estructuración en las inversiones de los Yagami.

– Kyo, no se si lo entiendas bien, pero han asesinado varios de los miembros mas viejos del clan Yagami... ¿A quienes han asesinado en tu familia?

El castaño guardó silencio pensando en la gran influencia que poseía Seiki Kusanagi en el clan. Intentando recordar las personas que habían desaparecido.

– ¿Intentas decirme que los Yagami buscan cambiar la estructura tradicional de ambos clanes?

Iori giró la pantalla cambiando la galería de imágenes. Rotando una vez mas el portátil frente al castaño.

– Esta es de hace unos pocos meses. ¿Reconoces quien es? –preguntó, conociendo la respuesta, queriendo escucharla de Kyo.

El castaño miró anonadado la foto. La persona que estaba dialogando en una mesa con Takeshi Yagami, era un miembro conocido del clan. Alguien lejano que aunque no recordaba el nombre, sabia que poseía gran influencia entre los Kusanagi. Aun así lo que mas le sorprendió, fue que en medio de ellos, compartiendo la reunión, estaba Seiki Kusanagi. El Seiki que trabajaba con su padre por el bien del clan, el mismo que les había facilitado agentes para la protección de la familia ¿o acaso era una excusa para vigilar los movimientos del líder? pensó Kyo colérico.

– ¿Se aliaron para asesinar a todos...? –habló el castaño en voz baja, con una ira intensa arrebujando en su vientre–. Malditos hijos de puta. ¿Desde hace cuanto tiempo están planeando esto? ¿Hay mas involucrados?

– Es posible... –Iori cerró el portátil de un golpe seco y miró a Kyo–. ¿Entiendes que están buscando?

– Comprendo que esos hijos de puta la van a tener difícil con nosotros cuando los encontremos. –respondió Kyo cargado de ira–. Que si quieren nuestras reliquias van a tener que arrancarlas con sangre, si es que logran no arder primero.

Iori sonrió complacido con la respuesta de Kyo. El mismo enardecía en el mas puro deseo de matar a Takeshi. El silencio que prosiguió fue interrumpido con una renovada sinfonía tormentosa. El clima amenazaba con inundar la tierra una vez más.

El pelirrojo se levantó del sillón dando otro mordisco a la manzana que le había facilitado Kyo. El castaño estaba con el cuerpo encorvado y los codos apoyados en las piernas. Las manos estaban entrelazadas con fuerza y denotaba gran tensión en los músculos. Esta vez fue Iori quien tomo una fruta al azar y se la lanzó a Kyo. Este reaccionó rápido, atrapándola en el aire, pero resintiendo dolorosos segundos después, la herida del costado.

– Ya tendremos la oportunidad de pensar en ello, por lo pronto come y descansa Kusanagi. Ahora hay un asunto mas urgente y estará en tus manos que logremos dar con su ubicación. Debes recuperarte rápido o no seras de mayor utilidad. –habló Iori despectivo quitando importancia al asunto. Sabiendo que la venganza era un plato que se servia frío.

Kyo mordió de mala gana la pera, tenía la seguridad de que sus padres también tenían conocimiento de algo de todo aquello. Recordó la visita de los ancianos a la casa Kusanagi, sabiendo que esta solo eran un preámbulo a las reuniones grandes. Consciente de eso y de la actitud extraña de su madre, supuso que debieron ocultarlo para evitar que él se expusiera ante los traidores, algo que hubiese hecho son sobrada confianza. Se sentía molesto con todos por considerar de manera absurda su bienestar. Especialmente molesto, con la honestidad cínica de Iori, quien le restregaba en la cara su debilidad, sin tomar en cuenta su propio estado.

– Tú no te vez mucho mejor Yagami, tal vez deberías dormir un poco. –habló Kyo con cierta ironía reprochante. Él no era el único con heridas o agotamiento.

– Ya te lo dije Kusanagi, el que debe descasar eres tú. –camino parco hasta el inicio de las escalas–. Tienes que estar en buenas condiciones si buscamos encontrar algo útil con esa conexión tuya. – respondió seco. Kyo miro el corredor, sintiendo el leve aroma carbonizado.

– No parece que tenga ya donde descansar debidamente...tiendo a subir de temperatura en las noches al parecer. –acoto sarcástico, quitando importancia a las exigencias de Iori.

– Subiremos a la habitación de la segunda planta, descansaras allí bajo mi supervisión. –puntualizó el pelirrojo ascendiendo las escalas, sin esperar respuesta.

Kyo suspiro molesto, pero tranquilo al mismo tiempo. Observó con ironía como Yagami le generaba cierta seguridad ante la situación, como este le daba la impresión de ir por el camino indicado.

¿Y ahora confías tanto en él? pensó cansino, subiendo a la segunda planta.

Descargo el cuerpo pesadamente sobre la cama. El acolchado de aquel mueble era uno de los mas relajantes que hubiese conocido. Se sentía capaz de aceptar las condiciones de Yagami con solo dejarse envolver por aquella nube artificial. Iori se situó justo al extremo izquierdo de la cama recostando la espalda en la madera baja del espaldar.

– Si quieres dormir a mi lado no necesitas sacar excusas Yagami. –habló Kyo socarrón, girando la cabeza en dirección al pelirrojo. Iori miró molesto la sonrisa engreída, casi coqueta del castaño, e irritado, desvió la atención hacia el balcón.

– Deja esas bromas desagradables Kusanagi. Alguien tiene que cuidar de que no mueras estupidamente. –respondió airado.

– Vaya, esto de ser niñero se te da bien. ¿Eh? – dijo Kyo mirando al techo, mofándose de si mismo.

– Cállate y duerme, imbécil. –puntualizo Iori, estrellando una de las almohadas en el rostro del castaño. Cubriendo con esta, la sonrisa que le fastidiaba.

Kyo empujo la almohada a un lado y permitió a la sensación amodorrante del sueño, tocarlo con una suavidad amable, nada abrupta. Aún así dormir se le hizo imposible, el solo recordar las pesadillas le robaba cualquier atisbo de sueño.

Tras una hora de silencio, evadiendo los ataques sofocantes de Morfeo, Kyo estaba sumido en pensamientos amargos. Se sentía plenamente autónomo para diferenciar aquel miedo en su interior. El efecto rezagado del vinculo con aquel familiar.

¿De quien era aquella sensación de perdida? ¿Pertenecía realmente a aquella persona atrapada? ¿O era suya, siendo intensificada por el otro ser al que estaba conectado? Pensar en el sufrimiento que podía padecer alguien mas, por la sola intención de ubicar al recipiente de la reliquia sagrada, le enfermaba. Como podía siquiera aceptar las palabras de Yagami de usar la conexión, valerse del absoluto sufrimiento de aquella persona para rastrear los perpetradores. ¿Como podría mirar a la victima, un miembro de su familia, y tener la consciencia de sacrificarlo como ganado por un bien mayor?

Iori le había exigido esto, conociendo el funcionamiento de la conexión. Pero sabiendo los estragos que generaba en las partes mediadas. ¿Como podía hablar con tan fría calma? ¿No había sufrido él en carne propia, la muerte de dos personas de su familia?

Kyo miro a Iori, este recostado en el espaldar de la cama, tenía la cabeza inclinada y el cabello cubría gran parte de su rostro.

– Eh Yagami... ¿Acaso no tienes a alguien por quien preocuparte? –preguntó con un leve resentimiento en la voz. Pero no recibió respuesta.

Se inclino un poco sin tocar a Iori, confirmando su sospecha al considerar que Iori era terrible montando guardia. Sonrió cansino ante la expresión pacifica con que el pelirrojo dormía. Una tranquilidad inofensiva, absolutamente contrastante a la crueldad que ejercía con facilidad. Se denotaba cansado, débil. Una faceta que hasta en los peores momentos, Iori lograba ocultar reacio.

Kyo bajo la vista, pensando en que él no era alguien para juzgarle. Entendiendo que algunas de las personas que alguna vez le importaron a Iori, estaban muertas. Recordó la fotografía de Alexander con la madre y el pequeño Iori ¿Sería capaz él mismo de sopesar una perdida tan grande? pensó, levantando una de las sabanas delgadas y cubriendo a Iori hasta la cintura. El clima frío revoloteaba dentro de la habitación a causa del balcón abierto.

Kyo posó una almohada abollonada entre los dos y recostó la cabeza en ella, dando soporte al cuerpo inclinado del pelirrojo. Descansar con solo un poco de la tranquilidad con que Iori lo hacía, no podía ser tan malo, pensó y se dejó caer en los abismos del sueño.

Luces cándidas danzaban solitarias en medio de la oscuridad. Sus tonos naranja destilaban visibilidad sobre la madera. Kyo caminaba con el alma desnuda al filo de la desesperación. Podía palparla ajena a si mismo, podía evitar sentirla. Su consciencia dentro del espacio onírico del sueño era absoluta. Pero había un umbral, delgado como una pantalla de agua, que separaba el vinculo. Sabia bien que si lo cruzaba no habría retorno y aunque el temor de hacerlo era grande, algo dentro él lo impulsaba a continuar. Un compromiso con Yagami que no parecía significar nada en ese momento, pero que le movía al interior.

Pasar a través de la pantalla de agua fue una sensación fría que le caló el cuerpo inmaterial en la vacua existencia de la mente. Frente a él se revelaba un pasillo, largo, casi eterno, similar al que se le había plasmado en un sueño lívido anterior. Cada paso que Kyo daba dentro del lugar, era una caída al padecimiento. Primero llego el agotamiento, la sed, el hambre. Luego llego el dolor palpitante y suave. A medida que se acercaba más a la profundidad del pasillo, era embargado por una ira profunda y primigenia, una tristeza frustrante y el mas atroz miedo.

Cuando Kyo cruzó el portal, erguido hacia lo desconocido, su cuerpo cayó en el mas espantoso dolor. Un dolor inicialmente físico, pero luego desbocado a una extenuación espiritual que se mantenía con la voluntad férrea de no ceder. Sus pulmones se llenaron de aire caliente, cada bocanada le dejaba en carne viva la garganta. Caminar se le hizo imposible, las piernas le fallaron y cayó de rodillas en un charco viscoso y oscuro. Estaba aterrado y no lograba mirar con claridad.

– Cálmate...Kyo... –la voz de Iori sonaba como un eco lejano–. debes...observ...

Kyo aplacó el terror y en medio de dolorosas bocanadas de aire mantuvo la calma. A medida que su mente se despejaba, el dolor parecía crecer abrumador, pero los soportó observando como su entorno tomaba formas claras. Unas columnas rojas, muy gruesas, se alzaron sosteniendo un techo viejo, tan alto, que las tenues llamas que lo iluminaban no alcanzaban su tope, dejando un vacío nocturno extenderse sobre su cabeza.

Al frente suyo se abrió con nitidez palpable, un templo rodeado de vigas de madera sin muros divisores. En el centro de este yacía una fuente metálica con grabados extraños y surcos que goteaban fuego. Al rededor en las vigas, se plasmaban inscripciones y símbolos en sangre y en el centro de la cabecera superior, El sol del clan Kusanagi yacía tallado en la madera, cubierto de tonos dorados. Un templo Kusanagi de proporciones colosales, se alzaba frente al castaño.

De la nada sombras amorfas se proyectaron en la instancia y voces provenientes de estas, entonaron palabras graves. Un rezo ensordecedor llenó el espacio con sonidos bajos y tántricos que vibraron en el aire.

– ¡Responde! ¿Donde esta el portador de la espada? Si lo entregas...prometo que no sufrirás... prometo que...no sera involucrada cuando resolvamos esto. –la voz suave, irritada, llegó a Kyo desde el fondo del templo tras la fuente. Aunque los rezos tántricos lo aturdían, pudo comprender con claridad lo dicho.

– No te resistas mas...sabotear la conexión no lograra evitar que lo encontremos...solo has esto mas fácil y menos doloroso...deja de negar el vinculo...déjanos ver donde esta...

Kyo sintió como si el mundo se transformara en una espiral ingrávida, no lograba entender donde estaba la fuente y donde estaba situada la voz. Pero tenia claro que la persona que estaba vinculada se resistía a dejarlos ver donde se encontraba. La ira trajo lagrimas amargas a sus ojos, la ira y la sensación de quemarse por dentro. Sentía como se ahogaba paulatinamente mientras las imágenes se le revelaban con mayor precisión, solo que el lugar parecía una descomposición fractal y los sentidos estaban alterados por el dolor.

– No Kyo ¡Detente! No debes vincularte. –la voz acongojada de una mujer sonó ansiosa, triste. Chizuru Kagura le hablaba nuevamente–. No lograras nada menguando su dolor Kyo. Él ha luchado mucho por mantenerte lejos. No permitas que su sacrificio sea vano...por favor. – Chizuru sonaba como un susrro apremiante, sin forma, ni magnitud.

No, no, no. Kyo no percibía donde iniciaba y donde terminaba su entorno, sus sentidos trastocados y el suplicio agobiante lo embotaron. Esa persona sufría de manera desproporcionada, en una silenciosa lucha de la voluntad contra la aflicción.

– Cállate! –gritó Kyo desesperado y deseo tomar su lugar, deseo evitarle tanto dolor, tanta angustia. Lo supo en ese momento, para él era imposible usar de cebo a un miembro de su familia y mas si era alguien que buscaba protegerlo con tanto ahínco.

–Detent...Kyo..–la voz de Yagami llego como un susurro, demasiado distante.

– No. Aquí estoy maldito engendro. ¡Aquí estoy! –gritó iracundo. El entorno trastocado retorno a su eje grávido, la imagen traslapada en planos, reanudo su forma objetiva y la escena dentro del templo fue concisa aunque irreal.

Alrededor de la fuente estaban cuatro hombres con túnicas blancas, en sus espaldas reposaba el símbolo que representaba al clan Kagura. Todo el dolor, el miedo y la angustia abandonaron el cuerpo de Kyo por segundos donde el tiempo, tan relativo en ese plano, se detuvo. Uno de los monjes retrocedió convulso y levanto la cabeza cubierta, mirando al techo. El cuerpo se desplomo en movimientos retorcidos sobre el piso, mientras los otros tres hombres abandonaban su posición frente a la fuente para rodear el cuerpo. Todo sucedió tan lento, que Kyo sintió demorar una eternidad, solo mirar la caída del primer hombre.

Del cuerpo convulso entre las telas claras, se proyecto una extraña sombra, que al nacer de su vientre y pecho, menguo todas las fuentes de luz a su alrededor. La criatura empezó a tomar forma humanoide, compuesta por sangre y oscuridad. De ella provinieron un sin fin de voces susurrantes, agresivas, caóticas. De todos los murmullos inteligibles, unas distorsionadas voces enfocaron un sonido reconocible.

"Kusanagi"

Kyo paralizado, aprecio como los colores se perdían en la profundidad, como todo pasaba a un segundo plano, menos el espectro que se acercaba sin moverse. Cuando la oscuridad devoró las llamas a su alrededor y Kyo sintió como los rezos tántricos aplacaban todos sus intentos por convocar las llamas, el castaño recayó en el abismo del padecimiento. Todas las afectaciones físicas y espirituales regresaron de golpe sin mediar intensidad. Sintió como todo el cuerpo era dragado a la oscuridad y como su alma era arrancada a pedazos.

– ¡Nooo! –la voz distorsionada de un hombre sonó atronadora, ensordeciendo al joven. El dolor se aplacó y la oscuridad se alejó parcialmente. La victima vinculada lo protegía una vez mas.

– Regres...Kyo! –la voz de Yagami resonó con sorda intensidad.

– ¡No! –grito Kyo testarudo, retornando a la agonía. No toleraría un sacrificio más, él no les permitiría herirlo nuevamente. En lo profundo de aquel vinculo, aunque desconocía la identidad de aquella persona, Kyo podía sentir la desbocada devoción que este tenia al evitar que lo alcanzaran.

Iori sostenía el cuerpo de Kyo con fuerza, lo tenía sometido, retorciéndose entre las sabanas. Sus ojos, ciegos por un fulgor dorado, observaban desesperados a la nada. Densas lágrimas de sangre se derramaban por las mejillas y de sus orejas goteaba un rojo carmesí. Estaba congestionado sin poder respirar, se estaba ahogando en su propia sangre.

– ¡Maldición Kyo, detén esto! ¡Regresa! –grito desesperado al cuerpo convulso del Kusanagi, pero la única respuesta que recibió fue una ronca y ahogada negativa. Kyo grito retorciéndose de dolor mientras los músculos se tensaban y se marcaban bañados en sudor frío. Mancho las sabanas con un explosivo acceso de tos que salpico sangre en Iori.

Yagami sintió como la temperatura de Kyo aumentaba de golpe, resintiendo el contacto. Los ojos nublados enfocaron al frente cargados de furia, no era Iori a quien miraba, pero la ira asesina que proyectaban, fue una amenaza inminente para Yagami. Kyo se movió rápido, agresivo, superando la fuerza de Iori por un instante suficiente para soltarse. Con una potencia descomunal apoyo la pierna en el pelirrojo y lo golpeo de lleno en el pecho. El impacto lo impulsó varios metros hasta chocar con el muro, rompiendo el espejo del tocador y derribando el mueble. Acto seguido las ropas y las sabanas cerca al Kusanagi iniciaron una lenta combustión.

Kyo estaba encorvado con los brazos cruzados en el abdomen, goteando alarmantes cantidades de sangre por la boca, intentando respirar. Su cuerpo temblaba y las inhalaciones eran cortas y rápidas. Las venas de la cabeza y los brazos estaban brotadas con violencia. Iori miró alarmado como el cuerpo de Kyo iba rumbo al colapso. Si seguía así podría morir.

Yagami arrancó del cajón destrozado, el botiquín con los medicamentos y sacó sin miramientos uno de los calmantes, mientras Kyo se arrastraba fuera de la cama lo lleno a rebosar.

– Maldito Kusanagi, te dije que siguieras mis indicaciones. –le habló con rabia al castaño.

Kyo se levanto de la cama desorientado, tambaleante, caminando hacia algún lugar inexistente. Iori avanzo dos pasos para retenerlo, pero su presencia era fácilmente mezclada con lo que sea que Kyo combatía en la mente.

Su sola aproximación desato la desesperación en el castaño y sosteniéndose con dificultad para no caer, lo maldijo iracundo. De el cuerpo del Kusanagi brotaron con violencia, intensas llamas escarlata que lamieron la piedra y redujeron a chirriantes formas carbonizadas, toda la madera cercana. Iori retrocedió de un salto fuera de la habitación y a pesar de que en esta ocasión la alarma no sonó, el sistema de control de incendios se activó, cubriendo todo con una nube blanca y explosiva.

Aunque el fuego fue aplacado por la nieve carbónica, las flamas escarlata evitaron que esta siquiera tocara a Kyo. Tras un par de pasos Kyo se sacudió con violencia y se encorvo sobre si mismo. Una bocanada interrumpida de aire lo sofocó y cayó de rodillas clavando los dedos de las manos en la clavícula, sin poder respirar. Las flamas escarlata no desaparecieron, pero menguaron su intensidad, la ropa de Kyo se deshacía a pedazos.

Iori se abalanzo abrupto sobre el castaño, derribando su cuerpo debilitado contra el piso. Las flamas lo agredieron débiles, pero intensas. La aguja perforo presurosa en el cuello y el líquido se deslizo al interior del castaño, pero aun así antes de la mitad del trayecto del fluido, la jeringa cedió al calor y estallando, derramó casi todo el contenido fuera del cuerpo de Kyo. Iori maldijo, soportando el calor abrasador, evitando con su propio fuego Yagami, ser herido de gravedad.

– ¡Kyo! –gritó consternado Iori, mientras soportando el contacto dañino al tocarle, lo sometía–. ¡Rompe la maldita conexión!

Kyo había desbocado su furia en forma de fuego y había hecho arder al espectro, aplacando la oscuridad creciente, pero no lograba eliminarlo y los rezos tántricos a su alrededor le saboteaban el control de las llamas. Sentía el cuerpo pesado y no lograba pensar con claridad, el dolor lacerante en el pecho traspasaba el corazón, empalando los pulmones en el proceso. El solo acto de respirar era un suplicio insoportable y los sentidos parecían girar entrípicos, ofreciéndole imágenes recortadas y definidas del templo. El único objetivo claro en su cabeza radicaba en matar al espectro y evitar la ruptura del vinculo.

– Kyo...romp...maldit...conexión. –la voz de Iori se escuchaba intermitente, teñida de preocupación, pero aún así, distante y dulce en comparación con los rezos ensordecedores.

Tras aquellas palabras Kyo sintió un adormecimiento del dolor, una despersonalización del sufrimiento. El espectro que se cernía sobre el, parecía alejarse de repente.

– ¡No! –gritó Kyo aferrándose al vinculo. Y resintiendo agonizante, los estragos del mismo. Iori lo estaba arrastrando fuera de ese lugar y aunque no tenía plena consciencia de que era o como había llegado allí, lo maldijo por eso y resistió al intento de ruptura. Podía sentirlo, sabia bien que aquella persona era alguien muy importante para él, aunque desconociera su identidad.

Kyo levanto el brazo desorientado, rozando con torpeza el mentón de iori y bajando con tacto errante por el cuello hasta aferrarse al pecho. La expresión del castaño parecía retomar la consciencia, pero sin éxito. Una tristeza desgarradora le deformo el rostro y densas lágrimas propias se mezclaron con la sangre. Suplicando a Iori, sin palabras, en un instante ínfimo de cordura, que le dejara continuar.

– ¡Detén esto ya! –le gritó Iori. Su voz cargada de una angustia inusitada. Las llamas de Kyo no lo envolvían, pero cerca suyo los objetos congestionaban expontáneos en tonos naranja-rojizos, propinando sobre Yagami, varias quemaduras leves. El fulgor dorado se intensificó nublando la vista y Kyo cayó presa de la conexión una vez mas.

– No...Maldito Kusanagi...

Cuando el mundo retrocedió vertiginoso, reduciendo la imagen del espectro a un mínimo atisbo en el vacío, las palabras de Iori llegaron a Kyo. No entendía donde estaba él y donde Iori. Donde iniciaba la pesadilla y donde empezaba la realidad, pero se alejó de la presencia que infundía Yagami, regresando al vacío ingrávido.

Les daría lo que querían, eso y todo lo necesario para que no tuviesen necesidad del vinculo. Al retornar vertiginoso a la oscuridad, al llamado del espectro, a los rezos tántricos que lo aplacaban, Kyo abrió sus sentidos al entorno y centro su atención en los detalles del templo. Una edificación muy vieja en roble oscurecido. Un lugar perdido en los albores del tiempo.

Camino cruzando una vez mas la pantalla delgada que impersonalizaba el vinculo. Y marcho decidido al encuentro con la sombra. El dolor, agudo, penetrante, retorno embotando la consciencia. Una vez mas el templo se tergiverso en retazos fragmentados y Kyo sintió como su alma era incapaz de soportar otro toque de la oscuridad. Pero el deseo apremiante lo movía, el sentimiento de perder algo en extremo importante le impedía retroceder, no lo abandonaría, no les permitiría que le arrebatasen a aquella persona.

La sombra era su mundo ahora, voces desgarradoras susurraban, gritaban, se lamentaban, maldecían el destino de los antepasados y los presentes. Kyo soportó la agonía que cortaba paulatinamente su vida y anulaba sus sentidos. Una tristeza insondable, ajena, llego a él.

– Chico tonto...vete. En tus manos esta el destino Kusanagi...–Kyo escucho aquella voz, profunda, herida. Sintiendo como su voluntad se quebraba al reconocerla. – Se fuerte hijo. Cuida de ella por mi. Vive...por favor.

Iori presiono nuevamente el pecho de Kyo. Una, dos, tres. Una bocanada intensa de aire. Posó una vez más la cabeza en el pecho del castaño, el corazón continuaba sin palpitaciones. Reitero con mas fuerza el CPR.

– Vamos Kyo. No te atrevas a morir. No así. Maldición. – habló Iori al cuerpo inerte, la angustia y la ira se mezclaban, incapaces de diferenciarse mutuamente. Una vez mas el movimiento ondulante que descendía con presión sobre el pecho, una vez mas los labios ya fríos abriéndose para ser imbuidos con aire. Una vez mas el corazón del Kusanagi, no respondía.

– Vamos Kyo. ¡Aguanta maldición! – grito Iori frustrado, presa de un miedo creciente. La presión que aplicó sobre el pecho fue agresiva, hiriente, reiterativa.

El castaño dio una bocanada entrecortada que fue ahogada por un acceso de tos. Kyo se encogió en posición fetal y tosió con violencia, escupiendo sangre sobre el piso. Tembló desorientado e intentó levantarse con debilidad. Iori lo soportó para que pudiese sentarse, Kyo miro a su alrededor sin reconocer nada, observo a Yagami como a un ser desconocido, un hombre pálido con sangre en los labios que lo observaba intranquilo.

El fulgor en la mirada del castaño decaía paulatinamente, la sangre goteaba débil desde el mentón y Kyo recupero con lentitud la percepción de la realidad. De sus ojos se derramaron gruesas lágrimas sin motivo apreciable, en su pecho se acunaba un dolor intransigente que superaba con creces el daño físico.

– Donde...–pregunto Kyo reconociéndose a si mismo y a Iori. Palpando con toque tembloroso las lágrimas derramadas, intentando entender que había sucedido.

Imágenes entrecortadas de la pesadilla llegaron a él. Tiritando oprimido por todos los sentimientos dolorosos que lo embriagaban, Kyo se quebró.

– Lo tienen, lo sabía...era mi padre. –miró a Iori con una expresión profundamente herida, infante, y tras ocultar el rostro bajo una mano temblorosa, recostó la cabeza en el hombro del pelirrojo. Sin soportar erguido un instante más, lloró amargamente, incapaz de controlar la abrumadora oleada de sensaciones. Sin poder evitar todo el dolor rezagado del vinculo, mezclado con el suyo propio.

La ira que rasgaba el interior de Iori se aplacó. Ver a Kyo completamente vulnerable, presa de un llanto obstruido, silencioso, como un pequeño niño al que la desesperación se le hace insoportable, le hirió. Lo que sentía en aquel momento distaba mucho de ser placentero, una tristeza empática por la pérdida, se ciño entre ellos. Estaba preocupado, afectado por aquel el sufrimiento desgarrador de Kyo y al mismo tiempo, aliviado por que el hombre que deseaba muerto desde hace tantos años, había regresado a la vida.

Los brazos de Iori rodearon al castaño en un abrazo fuerte, casi doloroso.

– Esta bien Kyo. Aun no ha terminado. Se fuerte. Todo saldrá bien. –habló Iori con suavidad al oído del castaño, ofreciendo a Kyo lo único que podía ayudarle en ese momento, seguridad.

Kyo recibió con profundo agradecimiento aquellas palabras y aunque no aplacaron el dolor que lo embargaba, suavizaron el padecimiento. El castaño extendió con lentitud los brazos alrededor de Iori y se aferró a su cuerpo, como si este fuese la única certeza que la realidad le guardaba, tras el sentimiento de haber perdido algo demasiado importante.

Iori, con el deseo de venganza enardecido y la mirada posada en el punto vacío del odio, sintió como el calor y los latidos del Kusanagi, le eran suficiente para calmarse. Incluso las voces malditas que reaccionaron irascibles al contacto, se aplacaron con facilidad.

El castaño perdió la consciencia poco después a causa de la extenuación. Aún así, a pesar de mantener una respiración pausada y estable, Iori Yagami, continúo abrazando con firmeza el cuerpo desfallecido del joven.