La nieve caía reposada, con una delicadeza que contrastaba con la velocidad que había tomado el volvo tras alejarse un poco de la zona montañosa. Las capas blancas que cubrían los alrededores boscosos alejaban a Kyo de la realidad por instantes. No recordaba la última vez que había atesorado tanto aquellos momentos de quietud. Sin conflictos, sin pérdidas, sin temores.
Suspiro recostando la cabeza en el sillón.
— Iori...crees que si las cosas hubiesen sido de otra manera. ¿Estaríamos juntos en todo esto? — Preguntó Kyo algo distraído con el exterior nevado. Iori lo miró de soslayo un instante antes de regresar la vista a la carretera.
— El desacuerdo sería el mismo. De una u otra forma habríamos terminado abordando el asunto.
— ¿Crees que aun así, hubiésemos acordado una alianza...o, una relación como esta? — Indago de nuevo el castaño sin mirarlo. Se denotaba pensativo, con la dolorosa expresión de quien mira el pasado con arrepentimientos. Iori guardó silencio. El punto al que habían llegado ambos había sido orquestado por aquella serie de infortunios. Y tras lo hablado la noche anterior con Eizai, no deseaba responder a esa pregunta.
— Tu cambiarías todo de tener la oportunidad ¿no? — Preguntó Iori en respuesta. Kyo posó la vista sobre la carretera en un punto vacío.
— ¿Tú no? — Preguntó sin rodeos. Iori sonrió con amargura.
— Tenerte a ti es suficiente para permitir que las cosas sigan el curso que tomaron. — Respondió Iori con total y cruda sinceridad. Kyo lo observó algo anonadado.
No sabía qué sentir ante aquella aseveración. Una sensación contrastante lo cruzó negandole las palabras. El entendía que después de todo, tal vez Iori no tenía mucho que perder. Al menos no mucho de lo que realmente le importaba, y todo aquello, de una manera monstruosamente cruel, los había unido de una forma impensable.
- Si...lo cambiaria. Pero siento que igualmente habría llegado a ti sin importar las diferencias. - Anexo Kyo quedamente sin mirarlo tras recuperar el habla. Iori bufo por lo bajo.
— Tal vez te habría asesinado de una vez por todas. — Puntualizó con una sonrisa amarga.
— Pff. No engañas a nadie Yagami. — Espeto Kyo divertido. Seguro de su nueva realidad.
— Estamos suponiendo una situación muy diferente Kusanagi. — Recalcó Iori.
— Aun así. Dudo que lo hubieses hecho. —esbozó Kyo pensativo y cambió la expresión de repente—. Tendrias que superarme primero. — Sonrió con malicia juguetona.
— No juegues con tu suerte Kusanagi. Aun puedo hacerlo. — Miró Iori de soslayo, siendo recibido por la amplia sonrisa de Kyo, ante lo cual suavizó su gesto devolviendo una sonrisa con desdén. Kyo había virado completamente el camino de la conversación de manera intencional, y así estaba mejor. Tenían poco tiempo de tranquilidad a solas para sumarse tensión entre ellos.
El resto del camino Iori hablo poco. Pero Kyo parecía no querer dejar silencios entre ellos y le contó sobre algunos paisajes que había visitado el invierno pasado. Lugares de un ambiente muy ameno y familiar, muy ajenos a los que solía frecuentar Iori para reconocerlos. Aun así, el castaño le describia de una manera casi poética todo lo relacionado al entorno y las sensaciones experimentadas. Como si hablara consigo mismo.
Al principio lo considero incómodo, pensando que mencionaria a su novia o a su familia y la felicidad pasada con estos. Pero luego termino escuchando atentamente las palabras del castaño. Distraídas y soñadoras, llenas de expectante deseo de tranquilidad. Palabras que podría considerar hermosas e impropias en el Kusanagi.
Una faceta por mucho desconocida para Yagami. Casi pudo asegurar que Kyo era algún lector de closet que gustaba de la poesía, pero descartó la idea divertido de solo imaginarlo.
— ¿No crees que sería interesante que viajáramos juntos a algún lugar? —preguntó Kyo algo distraído, aun en el ensueño de los recuerdos. Habían ingresado ya a los lindes de la ciudad de Tokyo—. Un lugar lejos de todo esto…— Agregó pensativo. Pero no espero respuesta, como saliendo del ensueño señaló a Iori un costado que se internaba en un malecón solitario unas cuadras más allá.
— Déjame ahí, es mejor si llegó casualmente desde algún lugar del que no puedan especular. — Indicó el castaño.
El auto fue estacionado a un costado de la calzada y ambos caminaron unos metros hasta el mirador. Alargando el último instante antes de una nueva separación que dejaba en entredicho la posibilidad de verse de nuevo en poco tiempo.
Kyo aspiró hondo el aire álgido, observó el mar invernal mientras un vaho cálido revoloteó a su alrededor. Después de escuchar todo lo que tenía que decir Eizai Kagura, sentía que los momentos de calma y cercanía entre ellos dos, podrían verse muy limitados.
— Después de que cumplas con las demandas de esa criatura y yo regrese de mi encantadora reunión familiar. -miró el castaño a Iori—. Me escabulliré unos días para que asaltemos el último Hokora y...nos tomemos un tiempo a solas. — Agregó desviando la mirada sutilmente, aun se le dificultaba referirse a su nueva intimidad.
— A solas...para que Kusanagi? — Pregunto iori con tono provocador, divertido con esa repentina expresión de timidez en el castaño. Kyo sonrió irritado, Iori lo estaba tanteando intencionalmente.
- Bueno. La próxima vez serás tú quien se entregue a mi Yagami. - Aventuró el castaño con un dejo de agresividad que Iori consideró descarada coquetería.
— Eso lo veremos cuando llegue el momento Kusanagi. — Instigo Iori cerrando el espacio que los separaba.
— No es una pregunta. — Puntualizó Kyo con una mirada audaz y la sonrisa intacta. Iori sonrió con malicia.
—...quien te crees...— esbozó Iori por lo bajo con voz incitante y mirada dominante. Kyo cortó su última palabra con un beso brusco en el que ahogó la réplica. Al separarse, el castaño se mantuvo cerca a sus labios, sintiendo su aliento cálido en medio del ambiente helado.
— ...tu dueño. — Susurro Kyo a Iori al romper el contacto de sus cuerpos. Iori río.
— Oh Rey Kusanagi, y qué piensas hacer. ¿Marcarme como un perro? — Indago divertido el pelirrojo. Kyo bufo molesto.
— No me des motivos. — Espeto el castaño con tono engreído y golpeó el hombro de Iori con algo de fuerza. Iori sonriendo recibió el impacto con el hombro firme.
— Mas te vale regresar sin un rasguño. —agregó Kyo dando un par de pasos atrás para disponerse a partir—. O será más doloroso... — Puntualizó con exagerada despreocupación.
Iori bufó algo sorprendido. Que Kyo bromeara con aquello solo denotaba lo cercanos que se habían vuelto en los últimos días.
— No vuelvas sin resolver los problemas con tu clan, Kusanagi. — Espeto Iori a la espalda de Kyo. El castaño continuó alejándose sin girar e hizo un ademán con la mano a modo de respuesta. Uno que Iori considero muy similar a los usados por Terry Bogard.
Regresó al automóvil pensando en que después de compartir tantas situaciones complejas con los demás miembros de aquel improvisado grupo, era normal verse influenciado por estos. El mismo parecía haberse suavizado con el tiempo. Pensó en Kaoru y en su esquiva actitud desde lo sucedido con Kioshi Yagami. Eso debía esperar un poco más.
Encendió el motor y avanzó hacia la principal dando un último vistazo a la figura lejana de Kyo. Consideró que ya era hora de organizar con Saito la cacería del Hokora.
— Es una historia muy larga, no me pidas detalles. Cuando podamos vernos hablaremos. -espetó Kyo apresurado—. El punto es que sabemos donde están las otras tumbas y parte de los Kagura están totalmente hasta el cuello en esto. Necesito que estés pendiente de Yagami, la última vez que atacamos un condenado Hokora de esos, casi nos mata.
— Genial, ¿De nuevo niñera de tiempo completo? — Indagó Benimaru a modo de sarcasmo. Kyo gruño.
— Beni, esa cosa que trae Iori adentro se alimenta de la energía y uno solo no parece ser suficiente. Si perdemos la oportunidad de liberar, o lo que sea que esté buscando ese espíritu...estamos acabados. — Aseveró Kyo intentando sonar serio.
— Cuando no ha traído Yagami cosas raras dentro...—susurro benimaru y Kyo gruñó irritado—. Ok ok, sin bromas de por medio. —suspiro el rubio—. Me quieres como una batería viviente para que esa cosa no se coma a Yagami. Perfecto...Pero dime como funciona eso. ¿Es como algún cambio de pilas y de repente yo le doy energía a esa cosa? — Indagó Nikaido pensativo.
—...sin bromas? —se escuchó el susurro divertido de Kyo al otro lado de la línea—. Solo, ayudale a destruir el Hokora de ser necesario. Ya sabrás cuando llegue el momento. — Entonó de manera autoritaria.
— Yes Lord Kusanagi. ¿Se le antoja algo mas? ¿Algún registro fotográfico de nuestra heroica misión? — Preguntó el rubio con total condescendencia.
— No estaría mal, ya que lo ofreces. — Esbozó Kyo divertido.
— Muy gracioso...ya vere que logro organizar con Yagami.
— Gracias Beni. — Habló Kyo con tono suavizado.
— Sin gusto. -respondió Benimaru—. Y no se que es lo que vas a hacer, pero ten cuidado con cómo resuelves las cosas en tu clan. — Anexó Nikaido antes de despedirse.
Kyo dejó el móvil en su chaqueta y cruzó el portón de la casona Kusanagi. Los sirvientes fueron diligentes al recibirlo. Ya tenían preparado todo para que partiera inmediatamente al encuentro de la señora Shizuka. Al encuentro que definiría el liderazgo de los Kusanagi.
Toda la tensión que había logrado mantener a raya, descendió repentinamente con un golpe pesado. Había llegado el momento de marcar, con fuego si era necesario, su dominio sobre el clan.
A mitad de la tarde Kyo avanzó rumbo a su destino. Dadas las riñas situacionales con los Yagami y la enorme desconfianza en las estructuras gubernamentales. El personal de seguridad había considerado más seguro movilizarse por tierra. El automóvil blindado que llevaba a Kyo iba custodiado por dos autos similares que se enfilaban. Mientras abandonaba la prefectura, las personas observaban ocasionalmente el cruce de los automóviles polarizados, e incluso algunos vehículos les cedían el paso a pesar de desconocer quiénes eran sus pasajeros. Una vez más Kyo sintió el peso que traía el representar a una familia como la Kusanagi.
Solo al finalizar el día, tras estudiar de manera satelital gran parte de la zona demarcada por el monje Kagura, Iori fue contactado por Saito. Había pasado gran parte de la tarde esperando que el ninja se manifestara, mientras evadía las llamadas de Nikaido y sus mensajes por chat.
Entendía que el rubio quisiera inmiscuirse en ello a causa de Kyo. Pero no quería a nadie más cerca. Tenía que sopesar primero que tantos riesgos y posibilidades tenía al intentar destruir él solo la tumba. Debía prevenir cualquier situación impredecible, que le dejara como única opción para enfrentar aquella petición del espíritu. Si podía evitar que Kyo tuviese que usar su energía para reducir el objetivo y lograba encargarse él solo de todo, lo haría igual con el tercer hokora.
Miró una vez más el chat con los mensajes pendientes de Benimaru Nikaido y los ya leídos de Kyo. El castaño le había escrito ocasionalmente para saber cuándo irían por el Hokora y si tenía algún plan. Pero era muy difícil definir un plan de acción efectivo sin saber a profundidad que estaban haciendo.
Era un hecho que debía destruir las tumbas en las que habían pactado los Kagura con el espíritu de Ankoku, No era una tarea fácil. Eso había quedado claro de manera bastante dolorosa para ambos.
A pesar de los sacrificios realizados que llenaban de una energía densa la zona, esta misma parecía ocultar las tumbas a la vista de cualquier posible viajero. Tener a aquel espíritu en su interior le revelaba el camino, pero no definía la mejor manera de destruir el Hokora. La única certeza que tenían, era que al hacerlo, parecían liberar una parte de la voluntad de aquella criatura.
Iori no estaba del todo seguro si era conveniente desencadenar aquel ser que tanto dolor les había causado, pero al no tener más opciones y considerar el tiempo en contra, solo le quedaba confiar en que era Chizuru quien guiaba sus pasos.
Cerró el portátil y vistiendo la chaqueta, salió al encuentro del líder Supaida.
El anciano parecía una sombra delicada y elegante, con sus cabellos canos y su figura oscura, casi hacía parte del invernal paisaje boscoso. Había algo en su semblante que evitaba que Iori alcanzara a tener verdadera confianza en aquel hombre. Pero era la mejor herramienta que le había dado el liderazgo del clan.
— Mi Señor. —hizo una reverencia el hombre ante la llegada de Iori. — Veo que el anciano Kagura le dio información valiosa.
— Si y necesitare a los Supaida para el siguiente asalto. — Habló Iori con autoridad.
— Para lo que usted desee estamos. —respondió Saito condescendiente—. Pero me temo que debe explicarme mejor en esta ocasión. ¿Qué es lo que vamos a hacer en aquel lugar?
— Destruir una tumba. — Puntualizó Iori. Saito sonrió condescendiente.
— Supongo que es algo más complejo que solo destruirla. O no requeriría de su presencia y de nuestra ayuda.
— Lo és. Y no será nada fácil. Necesito que me cubran e intenten dañar la tumba en caso de que yo demore mucho. El lugar es agresivo y el poder del espíritu impredecible y peligroso. — Explicó Iori entregando una impresión del lugar demarcado.
— Entiendo. —extendió la mano Saito reconociendo el mapa y guardando el papel sin mirarlo—. Nuestra prioridad será su bienestar.
— No. La prioridad será destruir del Hokora. Y debe ser pronto. Cuando organice a los Supaida informeme. — Ordenó Iori apreciando la panorámica invernal de la ciudad.
— Por supuesto. Unas horas de reconocimiento serán suficientes. Mañana le informaré cuando tenga todo listo. —asintió retirándose algunos pasos como el viento mismo, sin dejar huella alguna—. Por cierto señor. La joven Kaoru parece tomarse bastante tiempo para sopesar la información que consiguió con Kioshi Yagami. Sería prudente presionarla un poco. — Agregó el ninja, antes de desaparecer entre la espesura.
Iori guardó silencio. El casi podía entender las dudas que cargaba aquella chica. Casi podía comprender su deseo de lucha y bienestar para todos. Pero era algo imposible, y ella lo sabría en algún momento. No tenía afán para atribular aun mas sus tristezas. Extendería aquella exigencia hasta que no hubiese otro camino. Tal vez hasta que ella comprendiera lo que debía hacer.
Sacó el móvil y desplegó el chat, abriendo la ventana de Kyo, antes de abandonar el lugar.
Iori: Mañana sera el asalto.
Escribió finalmente a la última pregunta que Kyo había formulado horas atrás.
La respuesta la recibió cuando subía en el ascensor rumbo al apartamento.
Kyo: Mas te vale mantenerme informado 24/7. ¿Benimaru irá contigo?
Iori: Nikaido tenía cosas que hacer.
Kyo: No has hablado con él...parece que sigues sin saber que es una promesa.
Iori: Todo está bajo control.
Escribió recostandose en el fondo del ascensor despreocupadamente.
Kyo: Recuerdo la última vez que dijiste eso y no me da mucha confianza.
Iori: Eres molesto Kusanagi.
Kyo: Y tu un dolor en el trasero. Mas te vale hacer esto bien Yagami.
Iori: Lo dices de manera literal?
Preguntó Iori sonriendo con malicia ante la primera frase. Era mejor irritar al castaño que tenerlo regañandolo como si fuera su padre. Una chica que ingresaba al mismo tiempo que Iori salía del ascensor, sonrió algo coqueta al toparse con él. Daba la impresión de que lo conocía y eso no le gustó. Iori la miró con desdén, saludando de manera casi imperceptible y continuó rumbo al apartamento.
Kyo: ...muerete Yagami
Iori: Y ahora quieres que muera. Nadie te entiende...
Puntualizó el pelirrojo sonriendole a la pantalla. Pensó que tal vez era la primera vez que tenía un gesto tan casual como ese. A pesar de usar regularmente su móvil, no le agradaban los chats.
Kyo: .i. (emoticon de dedo medio) Solo mantenme informado.
Iori: Lo haré.
Guardó el móvil y entró al nuevo apartamento. Un lugar pequeño pero bien distribuido, con pocas divisiones y un espacio amplio donde habitaban tanto el estudio como la cama. Un lugar ideal para una sola persona. Sitio que solía usar uno de los músicos de aquel bar de extranjeros, para cuando visitaba la ciudad o se llevaba alguna chica luego de las presentaciones.
"Listo y equipado para su uso...y a tus ordenes" le había dicho aquel anciano libidinoso con tono indecente cuando le entregó las llaves.
Iori lanzó la gabardina a una de las poltronas, se sirvió un vaso de Wisky y miró el techo pensativo.
Después de tantas noches difíciles en el último mes, dormir al lado de Kyo le había resultado balsámico. Las pesadillas rezagadas habían desaparecido al sentir el contacto y la respiración pesada del castaño a su lado.
Pasar la noche en aquel improvisado templo Kagura derruido por el tiempo, había sido una de las noches más tranquilas que había tenido en mucho tiempo. Finalizó el vaso de wisky y se dispuso a ponerse cómodo para dormir. Al otro día tendría tiempo suficiente para pensar en todo lo demás.
El recuerdo de Kyo aun en sus labios y algo de calma, era lo único que necesitaba para descansar.
Kyo vio extenderse frente a su vista un terreno de bosque abierto y jardines pulcramente ornamentados. Unas pequeñas y numerosas lámparas ardían tenues iluminando todo el camino en piedra con tonos dorados y cálidos, muy contrastantes al frío exterior que empezaba a apoderarse de todo con su toque blanco.
Entre aquellas sombras que desvanecía la oscuridad de las zonas lejanas, resaltaban baches blanquecinos y se percibían ocasionales figuras rápidas circundando el territorio. La mansión Kusanagi de aquella prefectura estaba muy bien vigilada, incluyendo talismanes y estatuas de protección que reforzaban la guardia.
En esta ocasión el clan Kusanagi no permitirían que sucediera una situación similar a la que arrebató la vida de varios ancianos representativos, pensó Kyo.
Aunque la considerada casa principal, era la de su padre y no escatimaba en zonas, jardines y hasta un mediano templo interno. En medio de una ciudad tan cosmopolita era difícil generar un terreno como aquel. Tan amplio y absolutamente abstraído de la actualidad. Un pedazo del pasado entre los suyos.
Kyo ingreso erguido y algo tenso bajo la numerosa mirada de los sirvientes y miembros de aquella casa. Un escrutinio que parecía variar entre el respeto y el resentimiento.
El espacio amplio era una especie de antesala tras los primeros pasillos que daban al exterior nevado. En un recibidor perfectamente simétrico, amaderado e iluminado, aguardaba por él un hombre mayor. En el centro había una mesa larga a altura de piso, el hombre le hizo un gesto para sentarse y Kyo se ubicó frente al anciano, ante lo cual segundos después pusieron dos bebidas verdes humeantes en sus respectivos lados.
— Sea bienvenido joven Kusanagi. Mi nombre es Sadao y me encargare de acompañarlo en todo el proceso ritual del enfrentamiento. — Puntualizó el hombre haciendo una reverencia leve. Kyo asintió en silencio.
— En este momento no es necesario atribularse con las cuestiones del protocolo. Su madre lo espera en las habitaciones principales del ala este. Pero es mi deber antes de guiarlo con ella, explicarle las medidas que hemos tomado para la seguridad de todos. —
— Entiendo. — Respondió Kyo observando el entorno y posando la vista sobre el enorme sol eclipsado, bordado en hilo de oro sobre un telar al fondo del recibidor.
— Después de los desafortunados sucesos en los que murieron algunos de nuestros ilustres representantes, la familia ha decidido pactar con algunos clanes más pequeños, cercanos a la familia Kusanagi. —hizo una pausa posando sobre la mesa al lado del té intacto de Kyo una pequeña bolsa de tonos granate—. Aquellos clanes han trabajado al lado del nuestro en la construcción de protecciones especiales en contra de ataques espirituales. Los Kagura también han sido particularmente serviciales en este aspecto para con los nuestros. —
Kyo tomo la bolsa y revisó su contenido. Deslizó sobre su mano una pequeña manilla de esferas talladas en jade pálido, con la pequeña figura de un magatama en el mismo material colgando a un extremo. Un kanji de protección yacía tallado sobre la piedra pulida.
El castaño miró con cierta curiosidad divertida como le era entregado un magatama más. Uno Kagura, otro Kusanagi. Solo faltaba que Iori le diera la reliquia de la familia. Evitó sonreír y miró al anciano.
— Debe llevarlo con usted todo el tiempo joven Kusanagi. Es importante limpiar y aislar su espíritu antes del combate. Ya que solo la fuerza primigenia y descendiente de cada guerrero, es la que debe levantarse en el enfrentamiento. —acotó con otro ademán condescendiente—. Si tiene alguna duda que requiera una respuesta rápida, dígame. Mañana estare disponible completamente para usted joven.
— No, esta bien asi. Puede irse si lo desea. — Hablo Kyo intentando sonar decente mientras deslizaba la manilla en su muñeca. El anciano sonrió con sutileza.
— No siendo más, sígame por favor. Lo llevaré donde su madre y le indicare donde está su habitación. — Anexo el hombre levantándose con calma y avanzando a un pasillo exterior.
El jardín congelado reflejaba la iluminación cálida de los pasillos. Mientras la oscuridad rodeaba en la espesura. Una vez más, por un instante, Kyo sintió como si hubiese viajado en el tiempo. Siendo solo el movil en su bolsillo, testigo de que estaba en el presente.
El hombre lo llevó a otro módulo de la casona y lo guió por varios pasillos cálidos señalándole al fondo su habitación e indicando al costado inicial de la entrada. Unas puertas corredizas que daban a un pequeño recibidor.
En aquel espacio más acogedor y reducido estaba Shizuka Kusanagi con ese silencio elegante y triste que la caracterizaba ahora. Observó a Kyo con una mirada cansada y una sonrisa dulce. Kyo se acercó dócil hasta sentarse a su lado frente al paisaje helado. Había empezado a nevar con delicadeza.
— Fue inevitable, aunque hice lo que pude para que no se diera de esta manera. — Habló Shizuka con calma.
— Lo sé, has hecho mucho por mi. Es mi culpa que sea así. — Respondió Kyo.
— ¿Era con él con quien estabas? — Preguntó con un tono neutro su madre. Kyo dio un suspiro corto sabiendo que abordarian el tema.
— Sabes que está tan involucrado en esto como nosotros. —
— Si, pero es nuestro enemigo Kyo. — Respondió Shizuka con la misma calma.
— No, ya no lo es. Cuántas veces debo decírtelo. — Espetó Kyo.
— Que confíes en él, no lo hace un aliado nuestro. No es alguien que vaya a luchar por nuestros intereses. — Respondió la mujer con fría parsimonia. Kyo guardó silencio, sabía que era inútil insistir y no deseaba más tensiones con su madre.
— Hiciste un buen trabajo en los últimos días Kyo. Independiente del combate contra Jun, si continuas así, será fácil recuperar la confianza de todos. —
Kyo asintió pensativo jugueteando con el brazalete de jade.
— ¿Los Kagura han estado ayudándonos? — Preguntó intrigado queriendo abordar otros temas.
— Los Kagura han reorganizado el clan, están en el escrutinio de nombrar una nueva sacerdotisa. Hace poco se acercaron para ayudar con la protección de los nuestros y apoyar los movimientos de reconocimiento. Sin la reliquia y con la muerte de Chizuru están vulnerables. —hizo una pausa en la que miro a Kyo y posó una mano sobre la suya—. Me tomé la libertad de solicitar a una de sus sacerdotisas principales. Esta mujer nos ayudará con la brecha en tu espíritu luego del enfrentamiento de mañana. —
Kyo observó a su madre un instante sopesando las palabras.
— ¿Ya lo saben todos? — Preguntó cauteloso.
— No, solo nuestra casa y unos pocos Kagura que han estado debatiendo con nuestros monjes cómo sellarla. —apretó la mano de Kyo—. Por eso es muy importante Kyo que no uses tu fuego mañana. Así eso implique que Jun pueda asumir el liderazgo del clan. Primero debemos equilibrarte, luego buscaremos el modo de... —
Kyo bufo incrédulo.
— ¿Me estas pidiendo que incluso renuncie al clan?
— Jun es un guerrero formidable en el control de las técnicas Kusanagi. Así lo superes en combate, su dominio del fuego es uno de los mejores dentro del clan. No podemos poner en riesgo tu vida. Y tampoco la del otro heredero. —Kyo retiró la mano lentamente del contacto de su madre, aun sin palabras—. Si es necesario que uses tu fuego, permite que gane. Luego cuando recuperes el equilibrio de tu energía podremos encontrar el modo de restaurar el liderazgo. —
— Mi padre...todo lo que hemos perdido...¿y me pides renunciar a la razón por la cual murió? —preguntó contrariado—. Tú me presionaste para asumir esto y cuando estoy a las puertas de pelear mi posición...esto es un mal chiste. — Se interrumpió estupefacto, indignado. Entendía, pero a la vez no lograba aceptarlo en absoluto.
— Se que Saisyu jamás te haría renunciar a tu herencia. Sé que él luchó, resistió y murió por ti. Por que tu pudieras liderar nuestra familia. —apretó Shizuka las manos, compungida—. Pero también lo hizo por tu bienestar, por nuestra seguridad. Si mueres allí Kyo, no habrá razón alguna para todo esto. Yo no podría vivir con ello. — Puntualizo con voz firme pero expresión profundamente dolida. Kyo la observó y toda la molestia se esfumó en su semblante. Abrazo a su madre.
— Que poca fé tienes en mi. Todo saldrá bien. No necesito mi fuego para demostrarles que soy el mejor para esto, y así requiera usarlo, podré controlarlo sin problemas si no es durante demasiado tiempo. —se alejó un poco mirando la expresión incrédula pero silenciosa de Shizuka y suspiró—. Prometo que si el enfrentamiento se sale de control, lo dejaré ganar. —
Shizuka envolvió a Kyo en un abrazo fuerte y el castaño por primera vez percibió lo frágil que podía ser su madre.
— Lo más importante es tu vida Kyo. No importa nada mas. Prometeme que no te pondrás en un riesgo inminente.
— Lo prometo. — Puntualizó Kyo rodeándola a su vez. Regresar a esa sensación de fraternidad con su madre le daba una enorme tranquilidad. Sonrió pensando que nunca había sido tan expresivo con ella, y le gustaba.
La noche cayó sobre el castaño con una calma absoluta y sus sueños fueron claros, silenciosos.
La mañana había estado atareada entre tramitar algunos papeles con la policía y cubrir a Mai en el hospital una vez más. El hermano de Terry había anunciado que en unos días viajaria a Japón, a pesar de la insistencia de Bogard de que ya estaba mejor. Aun así Kaoru dudaba que le dieran de alta pronto.
La chica había dejado a un lado las tormentosas ideas que la rondaban constantemente mientras se ocupaba de cubrir a su amiga y atender a Terry, que era un paciente nada ideal.
Había evadido completamente la cuestión de la lista desde que habló con Iori. Sumergida en su nueva tarea no quería pensar en la agobiante idea de la familia. Sentirse útil y necesitada la hacía sopesar menos la constante imagen de Aki en su cabeza.
— ¿Han sabido algo de Kyo y Yagami? — Preguntó Terry de repente rompiendo el ensimismamiento en el que se veía sumergida Kaoru.
— Ah...no. Benimaru estuvo intentando contactar a Iori, Kyo al parecer esta bien. Pero tenía algo que hacer con su clan. — Respondió aterrizando las ideas.
— Entiendo. He, supongo que tendrá mucho que explicarle a su madre. — Agregó Terry inclinándose en la cama y estirando el brazo para tomar algo de agua.
— No señor Bogard. No debe hacer movimientos muy bruscos. — Lo regañó la chica, alcanzando la jarra con agua y el vaso. Terry frunció el ceño casi como un niño y luego sonrió afable.
— Es usted muy amable señorita Kaoru. Pero creo que no estoy lisiado. Alcanzar el agua es algo sencillo. — Insistió. Kaoru lo ignoro vertiendo agua en el vaso y entregandoselo.
— ¿Por que dice que Kyo deberá explicarle cosas a su madre? — Preguntó la chica cambiando de tema para evitar más reticencias de parte del rubio.
— Hmm, con todo lo que ha pasado y lo que nos pidió aquel día, supongo que algo debe saber de Iori y Kyo.
— ¿Ella lo sabe? ¿Se los dijo? — Pregunto Kaoru sorprendida. Sabía que Shizuka se había reunido con ellos, aunque desconocía de qué habían hablado. Después de la muerte de Kioshi y la herida de Terry, el tema había perdido importancia.
Aun así, si ella fuera Shizuka Kusanagi, ya habría desaparecido a Iori Yagami. Aunque ciertamente no sería algo fácil de lograr.
— No. No lo dijo directamente. Es una mujer muy mesurada y decente. Nos pidió de casi buena manera que ayudaramos a Kyo y lo hiciéramos entrar en razón. Creo que entre los Kusanagi, en este momento debe ser la persona más razonable de todas. Incluso más que Kyo — Rió Terry con suavidad. Kaoru lo miró sorprendida.
Que la madre de Kyo Kusanagi, justo después de perder a su esposo en manos de traidores y miembros del clan Yagami. Se tomara con tranquilidad el hecho de que su hijo, el heredero Kusanagi, anduviera en otras cuestiones con el anterior y reconocido líder y enemigo del clan, Iori Yagami...y no solo actuará en alianza con el, si no que faltara a sus propias tradiciones por ello. Y aun asi solo les había pedido razonar con Kyo. Eso era algo increíble.
Ella sabía que Shizuka Kusanagi era alguien de caracter calmo, pero absolutamente resuelto y firme frente a los intereses del clan. La reputación de Shizuka era de alguien mucho más radical entre los suyos. Pero por Kyo...pensó Kaoru dubitativa.
No, no solo por Kyo, por toda la situación en general. A pesar de las dificultades, era una mujer flexible y tal vez entendía mejor que ellos la complejidad de la situación. ¿Incluso para pensar en el bienestar de otros? ¿Sabría ella de su presencia en el grupo de Kyo? Pensó la chica mientras miraba a la nada sosteniendo la jarra de agua.
Si los tenían vigilados realmente, nunca habían intentado nada en contra hasta el momento. ¿Y si lo sabía y no actuó por el bienestar mismo de todos ellos?
¿Era Shizuka Kusanagi una persona tan comprensiva? Se preguntó reiteradamente la chica viendo un atisbo de luz en la densa oscuridad de la situación. Si tan solo alguno de los miembros de su familia tuviese una posición similar...sopeso intentando encontrar una salida. Pero algo destello dentro de su mente.
Y si las personas de la lista que Kioshi le había entregado no eran realmente traidores. Y si por el contrario eran miembros de su familia que estaban relativamente cerca a Takeshi pero que Kioshi sabia que podia contar con ellos...Kaoru sintió que por un momento dejaba de respirar. Kioshi había muerto antes de confirmarle la finalidad de esa lista y ella había dado por sentado de que todos eran traidores .
Debía corroborar quiénes eran y descubrir si podía confiar en ellos. Tambien a quienes debía influenciar para que les brindaran apoyo con la búsqueda. Si tan solo algunos tuvieran la misma templanza de Shizuka Kusanagi ante la situación apremiante. Tal vez y solo tal vez, podría incluso solicitar a aquella mujer Kusanagi que unieran esfuerzos y cohesionar a los Yagami simpatizantes bajo la misma causa.
La emoción fluctuó durante un instante sobre su rostro estupefacto y sus mejillas tomaron un color rosa. Terry la miró preocupado.
— Y si...yo tambien pienso que debe ser incomodo decirle a tu madre que tu mas grande enemigo es ahora...otra cosa. —aventuró Terry inclinándose hacia la chica y tomando la jarra de agua antes de que esta la dejara caer al suelo en ese estado de anonadamiento—. Supongo...que para ti tambien es dificil que tu prometido tenga una amistad tan cercana con el enemigo del clan Yagami...— Siguió Terry algo incómodo sin saber cómo suavizar el hecho, ante la chica que parecía absorta y sonrojada.
— ¿...ah? ¿Qu…? — Pregunto Kaoru aterrizando de nuevo por las palabras del rubio, aun algo confusa, emocionada.
— ¿Estas bien? —preguntó Bogard y la chica asintió con la cabeza como si no hubiese escuchado lo que dijo—...mejor cambiamos el tema. — Puntualizó el rubio con una sonrisa empática. La chica abrió los ojos retomando el hilo de la conversación.
— Oh no...no. A mi no me molesta. Yo los entiendo...yo también...— Se detuvo nerviosa sin atreverse a completar la oración y enrojeció aún más. Terry la interrumpió.
— Hehe. Querer a alguien hace todo diferente, lo sé. Pero creo que es mejor si dejamos de hablar sobre el asunto. — Agregó sonriente alborotando el cabello de la chica para que relajara su postura.
En ese instante la puerta se abrió de golpe y entró mai con una pequeña canasta llena de frutas.
— Hey Handsome. — Habló Mai en el idioma natal de Terry con un marcado acento japonés—. Que estas haciendo con esa chiquilla toda sonrojada. ¿No estarás intentando conquistarla o si? Se de alguien a quien no le gustaría para nada eso. — Expresó con una sonrisa picara.
— ¿A ti? — Regresó la pregunta Terry con descaro, divertido por el comentario. Kaoru lo miró escandalizada.
— Él no estaba...— Intentó decir la chica para excusarse a ambos pero Mai ya había lanzado una fruta a la cara del rubio que la atajo con un movimiento no tan rápido. Luego gruñó por lo bajo, un dolor punzante lo envolvió a causa del movimiento y se recostó.
— Lo sé, no tienes que explicar nada. —le sonrió Mai a la chica—. Ya quisieras, Bogard. — Acentuó la frase con cierta coquetería despreocupada.
— Uh, tus regalos duelen. — Sonrió Terry con simpatía mientras pasaba el dolor.
— Si tienes ánimos para renegar y no hacer caso. Te mereces ese recordatorio.
— Okay. — Respondió Terry dándole un mordisco a la fruta.
Los tres rieron afables y charlaron de otras cuestiones. De repente el ánimo de la chica Yagami parecía haber cambiado. Se notaba más enérgica y expectante. La idea de aquella mínima posibilidad de que pudiera unir parte de ambos clanes, le daban tal vez la única esperanza considerable dentro de aquel panorama tan hostil.
