Capítulo 6
Excursión de Casería
Silmarien observaba desde la ventana como la nieve se iba amontonando en el alfeizar, más allá los arboles desnudos parecían estar hechos de cristal los cuales brillaban con la poca luz de sol que las nubes de nieve dejaban escapar. Miró alrededor de la apacible sala y todos parecían estatuas vivientes acomodadas estratégicamente alrededor del fuego de la hermosa chimenea. Euriel sostenía un libro en sus manos y solo sus ojos se movían recorriendo las páginas, Glorfindel imitaba su gesto con un volumen más grande, mientras Kherion inclinado sobre un escritorio escribía una carta, del otro lado de la sala, Ereinion y Elrond leían y firmaban pilas de pergaminos, y de vez en cuando comentaban algo sobre los impuestos, las cosechas de la siguiente temporada, sobre el Gremio de Herreros de Lindon.
-¿Qué es lo que tiene que hacer uno para no morir de aburrimiento?- dijo Euriel visiblemente contrariada y dejando a un lado el libro que hasta ahora la había mantenido ocupada.
-Leer- comentó Glorfindel sin despegar su mirada de la lectura.
-¿Cuántos libros tienes que leer para que se te quite el aburrimiento?- preguntó Euriel mirando la pila de libros que tenía en la mesa de su lado. Glorfindel cerró su libro y se lo pasó a la doncella.
-Te falta este de leer.
-Alguien no está acostumbrada a los inviernos con tormentas de nieve- dijo Elrond sonriendo- no te preocupes Euriel, si las predicciones climatológicas de Bartar son acertadas ésta es la última de la temporada y termina mañana.
-No recordaba que fuera tan aburrido el invierno, el clima de Lindon no es así de extremoso- Euriel frunció el ceño- Hasta Silmarien está desesperada por hacer algo, solo que es demasiado educada para decirlo.
-De hecho en Armenelos nieva igual que aquí en invierno, pero siempre podemos huir a Eldalonde si queremos un poco de cálida brisa marina.
-¿Qué les parece si jugamos algo?- propuso Kherion- no sé, a las adivinanzas.
-Ya me quede sin repertorio la última vez que jugamos- dijo Euriel enfadada.
-¡ya se! ¡A las escondidas!- dijo Kherion, con tal de encontrar algo que satisficiera a la rubia doncella.
-Tal y como si fuéramos niños- rio Silmarien.
-Uno no sabe hasta dónde puede orillar la desesperación y el aburrimiento- dijo Glorfindel.
-A mí me parece muy buena idea, ¿quién se une?- dijo Euriel entusiasmada.
-Ereinion no juega, con su poder nos encontrará a todos- dijo Glorfindel
-No te preocupes Señor de la Casa de la Flor Dorada- dijo el Rey desde su escritorio haciendo énfasis en el título nobiliario del Elda- tengo cosas pendientes que hacer en estos momentos, pero gracias por la invitación de igual forma.
- Yo también paso- dijo Elrond
-¿Silmarien?
-Suena divertido.
-Muy bien, Kherion, tu nos buscas, danos un minuto para poder escondernos, no se vale fuera de la casa…- decía Euriel mientras desaparecía por la puerta y arrastraba a Silmarien con ella.
-Pero…- decía Kherion, Glorfindel le dedicaba una mirada de "fue tu idea" y desapareció también tras la puerta.
-Si te sirve de algo, Glorfindel fue a esconderse a las caballerizas, la dama Silamrien a la biblioteca y Euriel al campanario- decía Ereinion sin despegar la mirada de un pergamino que estaba firmando.
-A veces me das miedo- decía Elrond.
-No suelo meterme en la mente de las personas pero no pude dejar pasar la oportunidad de arruinarle el juego a Glorfindel- dijo Ereinion sonriendo.
-Gracias, estoy seguro que de algo me servirá- dijo Kherion saliendo con una sonrisa maliciosa en su rostro.
Los celestes vestidos de la doncella ondeaban en su carrera de llegar al campanario, los pasillos se sucedían unos a otros y cada vez que se topaba con alguien hacía un ademan de silencio para que no la saludaran y evitar que dijeran su nombre. Por fin había encontrado las escaleras que llegaban hasta el punto más alto del campanario, había comenzado a subir pero en el primer escalón se detuvo y pensó para sí misma "No, el campanario no, es demasiado obvio, solo hay un campanario y seguramente es el primer lugar en el que Kherion iría a buscar". Una gélida brisa revoloteó sus cabellos dorados arrancándole un escalofrió, volvió su mirada a una ventana que se había quedado abierta y encontró un pasillo que no recordaba haber recorrido todavía.
-Seremela- llamó a una doncella de cabello castaño que iba pasando- ¿a dónde lleva ese pasillo?
-Son unas estancias que no se usan mucho por lo alejadas que están de las salas principales de la casa, raras veces alguien va ahí.
-¡Perfecto! Gracias, si Kherion te pregunta por mí, no me has visto hoy- dijo Euriel tomando el pasillo escondido.
Había tres habitaciones del lado derecho y del lado izquierdo una serie de ventanales daban luz al lugar. Euriel decidió entrar a la habitación de en medio la cual terminó siendo una pequeña biblioteca, era más un salón de estudio y lectura, las paredes estaban rodeadas de libreros y archiveros, su mirada los escudriño hasta que encontró el lugar perfecto para meterse, abrió una de las puertas y desapareció dentro de uno de los muebles. Llevaba bastante tiempo acuclillada en su reducido escondite y ya el cuerpo se le estaba entumiendo, al parecer había elegido demasiado bien y Kherion no la había podido encontrar. Se rindió y se dispuso a salir de él, pero cuando se proponía a abrir la puerta de la sala de estudio escuchó unos pasos que se acercaban, seguramente era Kherion, y entre risas volvió a tomar su puesto en su escondite. Los pasos se acercaban cada vez más y más, y después solo escuchó la puerta abrirse y cerrarse.
-¿Estás seguro de lo que quieres hacer?- decía una voz conocida.
-Completamente, ya lo he pensado demasiado, si no lo hago me arrepentiré toda mi vida.
Euriel entre abrió la puertecilla de su escondite cuidadosamente y por el rabillo pudo distinguir a Ereinion y a Elrond parados frente a la puerta de la habitación. Por un momento pensó en salir de ahí pero la conversación se volvió más personal y le dio pena que la descubrieran escuchando lo que no debía, era más fácil fingir demencia y hacer como que nada había sucedido. Una carcajada de Elrond la hiso brincar del susto.
-No puedo creer que el Rey Supremo de los Noldor, el soltero más codiciado de la Segunda Edad vaya a sentar cabeza- decía Elrond divertido.
-¡¿Qué?!- pensó Euriel que casi grita de la sorpresa al tiempo que ella misma se tapaba la boca con sus manos.
-Pues así como lo oyes, y no te burles, que a ti también te llegará el día.
-Espero que aun este muy lejano, y ¿cuándo se lo dirás a la afortunada?
-Tan pronto regresemos, aun que te juro me muero de la impaciencia- Elrond miró por primera vez en su vida a Ereinion nervioso y no pudo evitar lanzar otra carcajada.
-Te debo confesar que hace mucho me lo esperaba, todos esos paseos por Lindon juntos, la forma diferente en que le hablas, ya sabía yo que algo estabas tramando, pero no me imaginé que te fueras a animar a decir algo tan rápido, serás el Rey de los Noldor y no le temerás ni al mismo Morgoth, pero estas cuestiones amigo mío, ni querías mencionarlas, te aterraban.
-Créeme que ni yo mismo me reconozco, pero supongo que estas cosas así son, sabes que es la indicada cuando empiezas hacer cosas que nunca pensaste qué harías.
-Ahora eres todo un poeta romántico- dijo Elrond cuando de pronto escuchó unas risitas- ¿escuchaste algo?
-Si…- dijo Ereinion y de súbito abrió la puerta y encontró a Kherion detrás de ella.
-Disculpen la intromisión, me dijeron que cierta damita se había escondido aquí, ¿la han visto?- dijo asomándose a la habitación por encima del hombro de Ereinion. Elrond y Ereinion se miraron mutuamente con aire de seriedad.
-No hemos visto a nadie, ¿Cuánto tiempo llevabas tras la puerta?
-Iba llegando cuando la abriste, ¿Por qué?
-Por nada.
Los tres caballeros salieron de la habitación, y cuando se escuchó el sonido de la puerta al cerrarse Euriel salió de su escondite desplomándose en el piso mirando al techo.
-El Rey se va a casar…- masculló para ella misma.
-¡Ajá! ¡Ya sabía que aquí estabas…..!
-SHHHH ¡cállate!- dijo Euriel poniéndose de pie de un brinco y tapando la boca de Kherion que había reaparecido en la puerta, de un jalón lo metió a la sala y cerró la puerta, a Kherion le sorprendió la fuerza con que la dama lo había asido del cuello de su camisa- ¿quién te dijo que estaba aquí?
-Seremela…
-¡Traidora!- dijo Euriel molesta.
-No la culpes, es difícil resistírseme - dijo Kherion guiñando un ojo coquetamente.
-A mí no me parece nada complicado- dijo Euriel haciendo a un lado al Elda de cabellos oscuros y mirada azul- Ni se te ocurra mencionar alguna vez que me encontraste aquí, creo que escuché algo que no debí de hacer escuchado.
El calor de las forjas se sentía cada vez más intenso a manera que llegaba al final del pasillo marmóreo iluminado por antorchas mágicas, el sonido de los martilleos sobre el metal era más fuerte. La gran puerta de metal blindado se abrió al final del pasillo y un elfo de cabellos claros hiso una reverencia al dejar pasar al Rey.
-Aiya Aran Meletyalda- dijo el elfo.
-Aiya Tulmo, ¿podrías llamar a tu maestro herrero?- dijo Ereinion
-Ya lo estaba esperando Señor, enseguida lo mando llamar.
Las forjas de Imladris se encontraban bajando al valle del rio Bruinen en un complejo tallado en el interior de las paredes rocosas de las Montañas Nubladas, con los años los maestros herreros Noldor aumentaron su número, en su mayoría eran supervivientes de Ost- In- Edhil, y muchos habían sido incluso aprendices de Sauron Annatar o Celebrimbor, ahora las forjas eran una especie de palacete subterráneo que se dividía en varias estancias, cada una dedicada a un tipo de metal o piedras preciosas, de los que muchos artefactos mágicos y maravillosos que poseían los Elda en esos tiempos salieron de esas forjas.
-Meletyalda- dijo un elfo que se acercó haciendo una reverencia ante el Rey, aun llevaba puesto los guantes y protecciones con las que se debe trabajar en las Salas de la Plata- su encargo está casi terminado, solo hace falta incrustar el diamante en forma de estrella e impregnarlo del sortilegio protector que ordenó.
-Me alegra escucharlo, ¿en cuánto tiempo lo tendrá completamente listo?
-Yo calculo que al final de esta semana se lo podría estar entregando.
-Es el tiempo en el que lo necesito- dijo Ereinion adoptando un gesto más serio- le recuerdo que si sus compañeros o aprendices preguntan sobre el trabajo que le encargué, no diga que es para mí, le doy la libertad de inventar lo que guste.
-Puede confiar en mi Meletyalda- dijo el Eldar haciendo una reverencia con la cabeza y su mano en el pecho- La verdad es que su presencia en las forjas si ha levantado curiosidad dentro del gremio de herreros, pero nada ha salido de mi boca que lo pueda perjudicar.
-Se lo agradezco, no quiero que se vayan a esparcir los rumores.
-Señor- dijo Tulmo reapareciendo en la sala- El Señor Glorfindel está preguntando por usted.
-Muy bien, me despido- dijo Ereinion haciendo una reverencia y saliendo a toda prisa de las forjas.
La tormenta de nieve había pasado hace ya varios días y el sol brillaba en el cielo despejado de una hermosa mañana de invierno. Ereinion tomó el camino del rio y subió por las escaleras esculpidas en la pared de la montaña con dirección a las caballerizas, donde seguramente ya todos sus hombres estarían esperándolo para su excursión de casería. Antes de entrar a los establos se topó con varios de los caballeros que le acompañarían que lo saludaban con una reverencia, todos tenían un ánimo alegre, después de pasar tres semanas encerrados gracias al mal tiempo, era una bendición por fin poder salir a hacer actividades al intemperie.
-Aiya Glorfindel- dijo al entrar a las caballerizas y encontrar al rubio Elda cepillando su caballo blanco Asfaloth- ¿Elrond ya está listo?
-Aiya, si, ya está esperando en la explanada.
-¿Y Kherion?
-Acaba de salir a todo galope, casi arrolla a Handon, pero creo que ni se percató por el entusiasmo.
-Ya hacía falta un poco de actividad física- dijo Ereinion subiendo a su montura.
-Lo que pasa es que fue a despedirse de Euriel antes de que partamos- dijo también subiendo a su nívea montura- Está poniendo todo su esfuerzo en conquistarla.
-No creo que Euriel se deje muy fácilmente, no le gustan los elfos que se creen la última hidromiel de la Tierra Media, y Kherion ya tiene su larga lista de conquistas.
Hablaban así cuando llegaron a la explanada arbolada que antecedía al puente de Imladris, ahí estaban apostados los caballeros con sus relucientes espadas y arcos prestos a ser usados. Kherion como había mencionado Glorfindel se despedía de la rubia doncella la cual contra todas sus fuerzas no pudo evitar que sus mejillas se tiñeran de rosado al recibir un buqué de flores de parte del caballero.
-Esa larga lista de conquistas le ha dado mucha experiencia- dijo Glorfindel- creo que sus tácticas están empezando a rendirle frutos.
La Dama Blanca se despedía de los caballeros bajo una arcada de diseño ramificado y flanqueándola se encontraban su esposo Celeborn a su derecha y a su izquierda la dama Silmarien. Ereinion de pronto sintió un nudo en la garganta con una combinación de mariposas en el estómago, no podría explicar con detalle la sensación, era la primera vez que la experimentaba, pero sin embargo ahí estaba, haciendo mella en el porte orgulloso del poderoso Rey.
-Ereinion, suerte en la cacería y sobre todo mucho cuidado, no bajen la guardia en ningún momento- aconsejó Galadriel a medida que Ereinion se acercaba en su montura para despedirse.
-No te preocupes, tengo a Elrond y a Glorfindel para cuidarnos las espaldas, ¿Señor Celeborn, está seguro de que no quiere acompañarnos?
-Con Cirdan en Viyalonde, me he acomedido para ser el anfitrión de Imladris en lo que Elrond está fuera, en otra ocasión será.
-¿Estará mucho tiempo fuera, Señor?- preguntó Silmarien.
-Una semana si todo va como se ha planeado.
-Espero que así sea- dijo Silmarien, Ereinion se limitó a asentir sin perder la vista de esos ojos claros que desde que los había visto por primera vez no habían salido de su mente. En ese momento el cuerno de caza retumbó en el aire y la comitiva de Eldar se puso en movimiento, galopando esplendidos uno a uno por el estrecho puente de Imladris para después desaparecer en el pasadizo rocoso del camino oculto de las montañas.
Silmarien se acercó a Euriel que se encontraba todavía mirando a la distancia como buscando algún indicio de la comitiva que acababa de partir, tomaba fuertemente el buqué de flores silvestres que Kherion le había ofrecido.
-Te tiene comiendo de la palma de su mano- dijo Silmarien sonriendo.
-Por favor- dijo Euriel poniendo los ojos en blanco- no iba a rechazarle las flores enfrente de todos.
-Claro, todo sea por el honor del caballero- dijo Silmarien exagerando el sarcasmo en su tono de voz.
-Tiene que hacer muchos méritos todavía para poder ganarme, no la tiene tan fácil.
Silmarien miró la luz que resplandecía en los ojos de su amiga, y no pudo evitar sonreír ante el hecho de que sabía que Euriel trataba de disimular fallidamente el agrado que sentía hacia el caballero. Su semblante se tornó serio, miró hacia las montañas por donde había desaparecido la comitiva de Eldar y suspiró, ojala las cosas fueran más sencillas para ella misma, pero en cambio, su corazón fue ambicioso y se posó en un imposible.
El sigiloso paso de los caballos elficos apenas y hacia mella en la espesa nieve del camino, era casi imposible rastrearlos, aun un grupo de veinte Eldar como ese. El grupo de casería siguió hacia el Sur el cauce del rio Bruinen por un día completo hasta que alcanzaron el límite del bosque que rodeaba el valle donde se escondía Imladris, en el cual optaron por levantar el campamento, los arboles comenzaban a hacerse más tupidos y el rio corría cerca. El día había concluido y la noche tomaba su dominio en el mundo, el manto estrellado del cielo titilaba en la lejanía, mientras los Eldar se reunían alrededor de la fogata que ardía en el centro del conjunto de tiendas.
-Deberíamos adentrarnos en el bosque, es más probable que los zorros salgan de sus guaridas en la noche a casar- decía Kherion recargado en una bolsa de vituallas cerca del fuego, sostenía de un extremo una flecha de punta plateada mientras con un ojo cerrado y el otro abierto se cercioraba de que no estuviera curva.
-Acabamos de levantar el campamento Kherion, deberías revisar qué otras cosas hacen falta- dijo Glorfindel dejando en el suelo un pesado tronco que serviría para leña de la hoguera.
-¿Siempre eres así de impaciente?- dijo un rubio Elda acercándose.
-No soy impaciente.
-Claro que si- reprochó Handon pelando una manzana con una navaja- casi me arrollas con tu caballo saliendo de los establos, estoy seguro que si no te hubiera dicho ni te hubieras dado cuenta de que casi cometes un asesinato.
-Lo tenía todo calculado, no seas melodramático.
-¿Tenias calculado que me iba a tirar a un costado para esquivarte?
-quería saber que tan agiles son tus reflejos- dijo Kherion luciendo una sonrisa burlona en sus labios pero sin dejar de revisar sus flechas, hasta que un golpe seco en la cabeza lo hiso mirar la manzana que rodó por el suelo.
-Creo que tus reflejos no son tan buenos- dijo Handon.
-¡Muy maduro de tu parte Handon!- le gritó al rubio Elda mientras este se alejaba.
-Da gracias que pensó en arrojarte la manzana y no la navaja que tenía en la mano- dijo Glorfindel divertido.
Los días pasaron como se había planeado, la caza fue fructífera así que a la llegada a Imladris habría un gran banquete con las presas reclamadas. Aún quedaba un día más antes de partir, así que desde el alba, los caballeros se dispusieron a adentrarse al bosque en busca de las últimas presas que esa excursión les ofrecería.
Ereinion acompañado de Elrond y unos cuantos caballeros más, siguieron el rio hacia el bosque esperando encontrarse alguna criatura bebiendo en la orilla. Habían andado ya por algunas horas sin tener ningún existo y cuando planeaban dar la vuelta, Ereinion divisó en la lejanía un magnifico ciervo, hiso una seña a sus hombres para que miraran hacia aquella dirección y lo siguieran. La criatura se encontraba grácilmente inclinándose hacia la orilla del rio, bebía de sus aguas inconsciente de que esos serían los últimos tragos de su vida. Ereinion tensaba la cuerda de su poderoso arco tras el cobijo de un árbol, se acercó un poco más a la orilla agachado, evitando que el ciervo sintiera su presencia, apuntó a la criatura y volvió a tensar el arco, sus dedos rígidos estaban a punto de liberar la cuerda cuando un aullido se elevó en el cielo retumbando en todos los rincones del bosque. El ciervo levantó su cornada cabeza y se alejó trotando hacia la espesura. Ereinion como imitando los movimientos de la criatura se alejó de la orilla y volvió con sus compañeros que se encontraban observándolo desde sus puestos.
-Huargos Ereinion!- le gritó Elrond mientras otro aullido más se elevaba.
-Pensé que ya habíamos acabado con esas malditas bestias- dijo Ereinion consternado- volvamos al campamento, tenemos que partir esta noche, no deben de estar muy lejos y pueden percibir nuestro aroma. ¡Ustedes dos vayan a buscar a los demás y díganles que levanten el campamento!
-Señor, no podemos dejarlo sin protección- replicó uno de ellos rehusando abandonar a su Rey.
-Aquí el Señor Elrond y yo somos capaces de defendernos solos, hagan como les he pedido.
El grupo de Eldar se separó y Ereinion y Elrond recorrieron el camino hacia el campamento, y si antes les había tomado varias horas en recorrerlo, ahora estuvieron en una hora en los lindes del bosque donde lo habían levantado. Ya muchos caballeros habían regresado y se encontraban recogiendo todo, en seguida divisaron la melena dorada de Glorfindel que cargaba unos fardos y los acomodaba en las monturas ayudado por otros Eldar. Dos caballeros se acercaron corriendo apareciendo desde la espesura del bosque, observaron al Rey y se dirigieron a él de inmediato.
-Majestad, es una jauría pequeña de huargos, no llevan jinetes- decía uno de ellos con la respiración entrecortada por la maratónica carrera que había emprendido junto con su compañero para alarmar a los demás tan pronto como descubrieron la avanzada de bestias.
-había dos acechando en el rio, y tres más en una colina más al sur- decía el otro caballero.
-Se han de tratar de los supervivientes a la guerra, aniquilamos hasta el último orco, por eso no tienen jinetes- concluyo Elrond.
-Recupérate, en unos momentos más partiremos- dijo Ereinion palmeando la espalda del caballero que se encontraba agachado tratando de normalizar su respiración.
Pronto toda la comitiva se puso en movimiento de vuelta a Imladris, monturas y jinetes expectantes y atentos en el camino, los caballos se mantenían inquietos, señal de que el peligro estaba cerca. El sol estaba cayendo en el oeste, la noche los cubriría y solo la luz de la luna y las estrellas serian testigos de su apresurada huida. Un aullido lastimero se elevó en la noche cuando ya estaban a mitad de camino a Imladris, Ereinion miro hacia las colinas que se erguían a su lado izquierdo y alcanzo a divisar dos figuras sobre la cima, tomo su arco y se preparó para el ataque.
-¡Prepárense!- gritó en plena carrera al resto del grupo, los jinetes desenvainaron espadas y tensaron arcos.
Los huargos se precipitaron sobre la comitiva de Eldar agresivamente, seis bestias se abalanzaron sobre ellos con la furia que solo experimentaban en el campo de batalla, pronto dos de ellas yacían agonizantes en el suelo, atravesadas por las certeras lanzas y flechas elficas, Ereinion hundió su espada en las fauces de uno de los huargos que saltó sobre él, pero en el acto cayó de su caballo y rodó por el suelo, inmediatamente la escolta de caballeros rodeó a su Rey justo en el momento que otro de los huargos arremetiera contra él.
-¡Ereinion!- le gritó Glorfindel extendiéndole su mano sin frenar el ágil trote de Asfaloth, que resplandecía como marfil bajo la luz plateada de la luna. Ereinion realizó una maniobra acrobática y subió al corcel.
Un súbito grito de dolor hiso eco en las montañas, uno de los huargos había arrojado al suelo a uno de los jinetes y arremetía contra él en el suelo.
-Kherion!- gritó Handon que vio como la bestia forcejeaba con el Elda, donde solamente el filo horizontal de su espada lo separaba de los colmillos del huargo y una muerte dolorosa. Dos flechas en la cabeza fueron suficientes para acabar con la vida del último huargo de la manada, pero este ya había maltratado sobremanera el cuerpo de Kherion.
Elrond bajó de su caballo y corrió hacia el herido para socorrerlo. Kherion apenas y estaba consiente, el huargo había rasgado parte de su jubón de cuero y había hecho una herida profunda en su costado, el forcejeo había terminado por extinguir la fuerza que le quedaba, solo la adrenalina lo mantenía con los ojos entreabiertos. Elrond pasaba sus manos sobre la herida pronunciando palabras arcanas y era como la energía curativa se tiñera de una tenue luz azul que pasaba de las manos del Medio Elfo a la piel rasgada del herido. Glorfindel jaló las riendas de Asfaloth para que volviera sobre sus pasos.
-¿Como esta?- dijo Ereinion bajando del niveo corcel.
-Logre parar la hemorragia, pero no resistirá por mucho tiempo si no es atendido debidamente- decía Elrond visiblemente consternado- Debemos de llegar lo antes posible a Imladris.
-Glorfindel llévalo, Asfaloth es el caballo más veloz que tenemos, Elrond acompáñalos, Kherion te necesita más que a nadie- dijo Ereinion.
Elrond asintió gravemente y con ayuda de Handon colocó lo más cuidadosamente posible a Kherion sobre Asfaloth al frente de Glorfindel, de manera que el rubio Elda lo pudiera sostener.
-Noro lim Asfaloth!- azuzó Glorfindel a su corcel y junto a ellos Elrond se perdió en la lejanía y en la oscuridad de la noche.
Un aullido estremeció a los caballeros que quedaron expectantes junto al rio. Ereinion escudriñó en la oscuridad y desenvainó su larga espada. Un par de ojos espectrales los observaba desde la espesura de la noche.
