Capítulo 9

La hora del Crepúsculo

Analizaba minuciosamente el collar de mithrill a través de la lupa en forma de monóculo, las esmeraldas, rubíes y zafiros brillaban exquisitamente, la pieza era la belleza plasmada en metal y piedras preciosas, pocas cosas existentes se le llegaban a parecer, pero en su mente el destello de un diamante en forma de estrella se presentaba constantemente. Se retiró el monóculo chasqueando los dientes y dejando cuidadosamente en su escritorio el hermoso collar, se arremolinó en su silla, sus manos entrelazas en su abdomen se movían nerviosas.

Almandur había salido de las fraguas esa mañana después de casi una semana sin que los rayos de sol tocaran su piel, su pasión por la metalurgia lo llevaba a adoptar exigentes horarios de trabajo, que él complacido cumplía sin siquiera medir el tiempo. Pero desde que había entregado el anillo a Gil Galad algo no iba bien para él, sentía que algo le habían arrebatado, y una congoja se había añejado en su pecho. La sencilla belleza de la circunferencia plateada del anillo era un recuerdo recurrente, aparecía en su mente con tanta frecuencia que lo hacía desconcentrarse de lo que estaba haciendo, todo parecía recordárselo aunque poco tuviera que ver una cosa con la otra. "Es la maldición de la Casa de Feanor", pensó en sus adentros arrancándole una mueca de disgusto, parecía haberlo alcanzado, esa maldición que hacía que se enamoraran perdidamente de sus creaciones, al punto de dar la vida y el honor por ellas.

Su mirada se paseó inquieta alrededor de su despacho. Por su mente había pasado la loca idea de pedirle al Rey que le permitiera dejarle ver el anillo con la excusa de ofrecerle algún servicio de mantenimiento al diamante, excusa bastante incoherente ya que el anillo apenas tenía unos meses de haber sido entregado. Recorría mentalmente una y otra vez la circunferencia plateada del anillo, tan gris y lisa, con su brillo opaco, le recordaba a algo que no lograba definir, como si estuviera en la orilla de su memoria a punto de caer.

La pesada puerta de roble de su despacho se abrió violentamente y una alta figura entró como un remolino, mientras que una segunda figura entró con una calma e imperturbabilidad totalmente contrastante.

-¿No te enseñaron a tocar la puerta?- dijo Almandur molesto.

-Almandur, tenemos serios problemas- dijo Othar, su rostro mostraba su profunda preocupación- le expusimos a Lomion el número de armaduras que necesitamos manufacturar y la cantidad de mithril que necesitamos y se ha negado rotundamente a apoyarnos.

-No me sorprende, no ayuda a quienes sabe que hacen mejor trabajo que el- dijo Almandur todavía reclinado en su silla- ¿cuál ha sido su razón?

-Los proveedores- dijo Tulmo tranquilamente, su ceño apenas fruncido era signo de la consternación que compartía con Othar- desde las querellas que surgieron a partir de la caída de Ost-in- Edhil, los Naugrim de Moria han reducido significativamente la cantidad de mithril que nos envían.

-Todavía que negaron su ayuda a nuestros hermanos de Eregion cuando trataron de escapar de la ciudad, se dignan a reducirnos los materiales- Othar golpeó el escritorio de cedro que lo separaba de Almandur.

El pelirrojo lo miró seriamente, sabía cuánto tiempo y esfuerzo les había tomado a sus colegas diseñar esas armaduras, pero lo que más le pesaba es que en una futura guerra con Sauron, la cual parecía inminente, esas armaduras serían materia decisiva entre la vida y la muerte de los guerreros, muchos de ellos amigos y familiares, no podía quedarse sentado y lamentarse por el fallido proyecto.

-¿Han intentado negociar con los Naugrim directamente? Si les ofrecen un buen precio y alguna que otra joya les será muy difícil negarse- dijo Almandur.

-Apenas que tengas escondido un Silmaril entre tus cosas- dijo Tulmo- ya les hemos ofrecido de todo y aun así se niegan, sospecho que ellos mismos están trabajando en algún proyecto que no les queda mithril apenas para exportar.

-A parte de Moria, el único lugar de la Tierra Media que produce esas cantidades de Mithril es Numenor- dijo Almandur, en su mente el destello del anillo volvió a surgir.

-Así es, diste en el clavo- dijo Othar. Almandur lo miró inquisitivamente sospechando lo que el herrero le pediría que hiciera.

-Me gustaría poder interceder por ustedes pero, como bien saben, Lomion y yo no somos el mejor equipo, no tomaría ninguna sugerencia mía, no aceptaría mi propuesta de importar mithril desde Numenor, ya lo he intentado, siempre ha puesto el pretexto de la distancia y el precio elevado de la transportación.

-No es con Lomion con quien tienes que hablar- dijo Othar cambiando su cara de preocupación por una que mostraba entusiasmo- Numenor tiene excelentes relaciones comerciales con Lindon, ¿verdad?

-Si…- Almandur asintió con la cabeza y Tulmo tenía cara de tratar de seguir el hilo de la conversación de Othar para descubrir a donde quería llegar su socio.

-Y tengo entendido que recientemente conociste a Gil Galad- Almandur volvió a asentir- tal vez a El Rey Supremo de los Noldor le interesaría apadrinar este humilde proyecto metalúrgico que al fin de cuentas beneficiara a todos en caso de que se desatase otra guerra.

-Así que quieres que hable con Gil Galad y lo convenza de aceptarnos en Lindon- dijo Almandur completando la idea de su amigo. Othar asintió con una amplia sonrisa en su rostro.

-Te felicito Othar, no es una mala idea- dijo Tulmo.

-Por supuesto que no es una mala idea, se me ocurrió a mí- dijo Othar con aire de presunción- espero que los herreros de Lindon no se sientan amenazados de quedar rezagados cuando vean nuestras armaduras.

-No canten victoria, necesito hablar con Gil Galad y orar a Eru porque nos acepte en su reino, recuerden que es un poco especial con eso de aceptar Maestros Herreros prodigios- dijo Almandur.

-Si te estás refiriendo a Sauron Annatar, es bien sabido que Gil Galad puede ver más allá de lo que la gente común percibe, y si no lo aceptó es que algo en él no le gustó, y vaya que razón tenía- dijo Tulmo- no creo que vea nada parecido en nosotros.

-Deberías de hablar con él entre hoy y mañana, creo que ya está preparándose para regresar a Lindon, solo estaba esperando que pasara la última nevada y la primavera ya está en puerta- se apresuró a decir Othar que no podía con la impaciencia.

Almandur se puso de pie y caminó hacia la ventana, dejó escapar un suspiro. Afuera el rio Bruinen corría abundante y de las laderas de la Montaña bajaban torrentes de gélida agua debido al deshielo. Hablar con un Rey con el que solamente has cruzado unas pocas palabras, y para pedirle o tal vez suplicarle que lo acepte en su reino, no era tarea fácil. Necesitaba pensar bien sus palabras para acentuar a su conveniencia los beneficios que su adición al gremio de herreros de Lindon le traería al Rey.

Euriel contemplaba inquieta cada salto del fino corcel, se contenía a ella misma de salir corriendo hacia ellos con cada movimiento que considerara brusco, aunque era evidente que el jinete dominaba la actividad de forma maestra, no necesitaba su ayuda, pero no podía evitar tener los nervios de punta.

-Tranquila Euriel, Asfaloth jamás ha dejado caer a ningún jinete, además Kherion está completamente rehabilitado- dijo Glorfindel percatándose del nerviosismo de la rubia doncella.

Euriel le sonrió casi imperceptiblemente y siguió contemplando a Kherion cabalgar por el verde valle, sus brazos cruzados sobre su abdomen y su mano posándose en sus labios demostraban su ansiedad. Después de haber pasado gran parte del invierno convaleciente sin apenas salir de la casa era necesario que Kherion volviera a tomar una montura, más ahora que Gil Galad había ordenado prepararse para el regreso al puerto de Lindon, necesitaba volver a acostumbrarse a pasar largas horas cabalgando.

Kherion hacía trotar a Asfaloth, correr y saltar obstáculos mientras Euriel y Glorfindel supervisaban atentos su desempeño. Solo sentía una pequeña incomodidad en su costado, donde yacía la horrenda cicatriz que lo acompañaría de por vida, pero era una incomodidad que no llegaba a ser dolor, así que dio por superada la prueba. Kherion miró a lo lejos a Euriel y le sonrió antes de precipitarse hacia ella con un grácil trote.

-Ven acompáñame- dijo Kherion extendiéndole la mano a Euriel, la rubia doncella le sonrió cálidamente y recogiendo sus vestidos tomó la mano de Kherion y en un impulso subió a Asfaloth.

-¿No te importa que te dejemos unos momentos solo, Glorfindel?- pregunto Euriel.

-Adelante, sirve de que te convenzas de que Kherion no morirá tratando de llegar a Lindon- Glorfindel rio ante el ceño fruncido de Euriel, al parecer no estaba de humor para bromas.

-¿Piensas que no voy a llegar a Lindon?- dijo Kherion entre risas tratando de mirar a Euriel que se encontraba sentada frente a él.

-Por supuesto que no- dijo Euriel molesta por la indiscreción de Glorfindel.

-Vamos a ver a donde nos lleva Asfaloth- dijo Kherion azuzando las riendas y echando a trotar al níveo corcel.

Glorfindel escuchó con su agudo oído elfico el leve sonido de unos cascos acercándose por su espalda y cuando volvió su mirada al camino que llevaba a la casa, vio a Ereinion cabalgando hacia él sobre Roch. Era sorprendente lo sigiloso que podía llegar a ser el meara de Ereinion, apenas su andar era perceptible para los Elda, pero un simple mortal jamás se hubiera percatado, era una de las cosas que lo hacían tan temido en batalla, pues caía sobre sus enemigos como una niebla mortífera.

-¿También vienes a cerciorarte de que Kherion sobreviva?- dijo Glorfindel cuando Roch estuvo a su altura, Erenion miró a la pareja que parecía de los más divertida cabalgando.

-No parece que tenga ninguna dificultad- dijo Ereinion devolviendo el saludo de la pareja alzando su mano.

-Asegúrate de tener a Euriel cerca y no le verá dificultad a nada- dijo Glorfindel.

-Eso me recuerda a cierto caballero que se atrevió a luchar contra un Balrog- dijo Ereinion desmontando- solo pocos sabemos quién estaba entre esa multitud que huía y por quien se atrevió a dar su vida- Ereinion palmeó la espalda de Glorfindel y por unos instantes pudo ver un destello en los ojos del Señor de la Casa de la Flor Dorada.

-Y lo volvería a hacer si pudiera-dijo Glorfindel sonriendo cálidamente- ¿y qué haces aquí? ¿Me estabas buscando?- de pronto Ereinion puso un semblante serio.

-Estaba buscando a alguien, pero no era a ti- Glorfindel esperó a que continuara pero no le tomó más de 5 segundos darse cuenta de quien se trataba.

-Bajó al rio con Elrond hace casi una hora, tomaron aquel camino y siguieron en línea recta- dijo Glorfindel apuntando el camino del valle del Bruinen- cuando llegó también estaba preguntando por ti y como no te dignabas a aparecer Elrond le ofreció un paseo.

-Me dejó una nota avisándome que estaría aquí con ustedes, pero todos los preparativos del regreso a Lindon me consumen gran parte de mí tiempo, sin mencionar que tengo que ir a Tharbad antes de partir- decía Ereinion con un aire de frustración.

-Siempre has estado abrumado por los menesteres de tu posición, pero al parecer hasta ahora te das cuenta de lo demándate que es, ¿porque será?- dijo Glorfindel sonriendo pícaramente. Ereinion le sonrió.

-No pierdo más tiempo- dijo Ereinion subiendo a su caballo ágilmente y sin dar más explicaciones al Señor de la Casa de la Flor Dorada.

-Menetyalda!- Glorfindel y Ereinion volvieron sus miradas a lo lejos en el camino por donde un Elda de cabellos castaños se acercaba hacia ellos galopando, frenó la carrera del corcel a la altura de Ereinion y Roch e hizo una respetuosa reverencia al Rey inclinando su cabeza y posando la palma de la mano en su pecho.

-¿Qué sucede Handon?- dijo Ereinion tratando de ocultar lo más que pudo su enfado. Cuando pensó que podría tener unos minutos libres siempre aparecía algo más en que ocuparse.

-Uno de los Maestros Herreros está pidiendo una audiencia con usted.

-¿Te dijo de que se trataba?- preguntó Ereinion, si no era algo urgente podría agendarlo otro día.

-No dio muchas explicaciones- dijo Handon- solo comentó que quería discutir sobre un proyecto metalúrgico que al parecer quedó sin apoyo por la hermandad de Herreros de Imladris. Afirma que es de suma importancia.

Ereinion quedó pensativo un rato mirando hacia el suelo, luego desvió su mirada a Glorfindel quien parecía estar esperando su respuesta y chasqueó los dientes.

-Pásalo al despacho, en seguida voy para allá- ordenó Ereinion. Dicho esto Handon echó a andar su caballo y pronto se perdió en la distancia, donde tras una masa espesa de árboles se escondía la entrada al valle de Imladris y la magnífica casa-ciudadela.

-Ahora ya entiendo a qué te refieres- dijo Glorfindel sintiendo un poco de pena por su amigo.

-Espero no demorarme demasiado, pero si no vuelvo para cuando regresen a la casa, dale esto de mi parte por favor- dijo sacando de entre su fino chaleco un papel con una nota, Glorfindel lo tomó asintiendo.

Ereinion azuzó las riendas de Roch y el espléndido corcel se dirigió apresuradamente hacia Imladris. En poco tiempo jinete y corcel estuvieron cruzando la entrada arcada de la casa y uno de los sirvientes ya estaba esperando al Rey. Ereinion bajó de un salto de Roch y dio las riendas al sirviente, atravesó las estancias y galerías apenas contestando las reverencias que hacían a su paso. Cuando divisó la gran puerta del despacho vio a un Elda de cabello rojizo de una altura considerable atravesando la habitación sin percatarse que el Rey estaba a escasos pasos fuera. Ereinion se sobresaltó y detuvo sus pasos, como si se le hubiera aparecido un fantasma, por un momento creyó ver la viva figura de Maedhros, tal como la última vez que lo vio en la batalla de Arvenien. Recuperó su compostura y entró en la habitación, el pelirrojo Señor Elfo que había tomado asiento, se puso de pie de inmediato e hiso una reverencia, Ereinion contestó su saludo inclinando su cabeza.

-Alassea Ree, Menetyalda- dijo Almandur- espero no interrumpir ninguno de sus menesteres, pero tenía que hablar con usted antes de que parta de Imladris.

-Me dijeron que es sobre uno de tus proyectos y que es de suma importancia- dijo Ereinion caminando hacia su escritorio y haciendo a Almandur una señal con su mano para que tomara asiento- pero me intriga saber porque te has dirigido directamente a mí en vez de consultárselo a tu superior en la Hermandad de Herreros.

-El Maestro Lomion ha retirado el apoyo que esperábamos de él, no proveerá el material que se necesita, y mucho menos vendrá a abogar por nosotros- la expresión de Almandur se tornó severa.

-Pude notar la tensión con la que se tratan, la cual no se esfuerzan en lo más mínimo en ocultar- dijo Ereinion reclinado en su silla, su mirada era penetrante y libre de cualquier inseguridad, pero el orgulloso espíritu de Almandur le permitía sostenerle la mirada al Rey cuando muchos otros terminaban mirando al suelo después de pocos segundos.

-En palabras más sencillas, ya hemos pasado la etapa de ocultar nuestro mutuo descontento y ahora estamos en la etapa de controlar los impulsos- dijo Almandur esbozando una pequeña sonrisa burlona.

-Espero que trabajen en su tolerancia, no sería un espectáculo muy grato ver a dos Maestros Herreros peleándose como si fueran huargos- Almandur asintió su cabeza sonriendo y guardándose para sí el comentario de "es un espectáculo del que me encargaría de no tener público"- Pero bueno, nos desviamos del tema inicial, háblame sobre tu proyecto.

-Aquí está toda la información- Almandur extendió al Rey un rollo grueso de pergamino, Ereinion lo tomó y lo extendió sobre el escritorio que los separaba. En los pergaminos estaban trzados los diseños de unas magníficas armaduras jamás vistas, ni siquiera en las guerras de Beleriand.

Almandur prosiguió a explicar cada detalle del diseño y proceso de manufacturación de las armaduras, los materiales que eran necesarios y la maquinaria de producción, la cual se construiría especialmente para el proyecto, ya que solo existía en ese pedazo de valioso pergamino que los dos Señores Elfos escudriñaban a conciencia, Ereinion no trató de ocultar su inmediato interés en el proyecto, y la tarde pasó entre preguntas por su parte y respuestas por parte del Señor Herrero.

-Sabemos que Numenor es un importante exportador de mithril, y ya que los Naugrim de Kazadum nos han limitado de este material, Lindon se ha convertido en nuestra única esperanza para llevar a cabo nuestro diseño por cercanía y buenas relaciones con Elena*- explicaba Almandur apasionadamente- si este se realiza, podría salvar muchas vidas, incluso ser parte decisiva de la victoria o la derrota en contra de Sauron.

Ereinion quedó pensativo, repasaba mentalmente todos los pros de la causa, y aparentemente no había ningún punto en contra, pero a pesar de esto, saboreaba un sabor amargo, tal vez a causa del último Gran Herrero que se presentó en Lindon para que le abrieran sus puertas y que terminó siendo el siervo más cruel de Morgoth. Miró como la luz del sol se ocultaba detrás de las montañas tiñendo de naranja la atmosfera para después volver su mirada azul a los ojos de Almandur que lo miraba con la misma llama del atardecer.

-Diles a estos compañeros tuyos que los felicito por el diseño maestro de las armaduras- Ereinion hiso una breve pausa antes de proseguir- y que todo estará listo en las fraguas de Mithlond para que puedan empezar de inmediato con la creación de su proyecto.

Los ojos de Almandur se inundaron de gratitud pura y con una gran sonrisa en el rostro hiso una respetuosa reverencia al Rey.

-Estaremos eternamente agradecidos con el Rey Supremo de los Noldor.

-Cuando estas armaduras estén terminadas, la gratitud de toda nuestra gente se volverá hacia ustedes.

-Me retiro, tengo una gran noticia que comunicar y muchas tareas que dejar listas antes de que partamos a Lindon- dijo Almandur haciendo otra reverencia al Rey para después salir del despacho.

La Dama Blanca entraba en esos momentos y se topó de frente con el Maestro Herrero, Almandur no pudo evitar impresionarse con la belleza lirica de la dama e hiso una reverencia la cual le pareció un poco torpe y apresurada, no era la primera vez que la veía, pero era inevitable sorprenderse ante la poderosa presencia de la última princesa que cruzó el Gran Mar desde Valinor. La Dama Galadriel asintió su dorada cabeza con un rostro que Ereinion encontró extrañamente serio, pero cuando los ojos aguamarinas de la Dama lo encontraron su semblante cambió a uno más alegre.

-¿Estas ocupado?- inquirió la Dama.

-Nunca estaré ocupado para cualquier cosa que necesites hablar conmigo- dijo Ereinion besando la mano de Galadriel, la cual sonrió cariñosamente.

-Te pareces tanto a Fingon, tan serio y al mismo tiempo tan naturalmente sensible- dijo Galadriel, Ereinion sonrió sutilmente.

-Yo solo recuerdo al padre estricto y al grandioso guerrero de las canciones- Ereinion volvió a mirar atreves de la ventana, el Sol ya se había ocultado y la Luna comenzaba a ganar terreno en el cielo. Lanzó un suspiro involuntario, el día había terminado y no había tenido tiempo para ver a la persona que más deseaba tener a su lado. Galadriel no tuvo que preguntar nada ni mirar dentro de los pensamientos de Ereinion para saber lo que le ocurría.

-Venia solamente a despedirme, aprovecharemos que el paso del Caradhras ya está despejado y volveremos a Lorien mañana- Ereinion miró a Galadriel como recordando que ahí estaba.

-Celeborn nunca superara su aversión a los Naugrim, ¿verdad?- dijo Ereinion- tan sencillo que hubiera sido que atravesaran por Kazadum.

-Jamás lo superará, esa es una de las pocas batallas que considero perdidas- dijo Galadriel sonriendo con melancolía y mirando detenidamente al hijo de su primo- espero nos podamos ver pronto y que sea en tiempos felices y de paz.

-Así será- dijo Ereinion.

-Y espero que la familia haya crecido para entonces- Ereinion lanzó una carcajada.

-Confío en Eru que así será- Galadriel besó la mejilla de Ereinion y salió silenciosamente de la estancia.

Ereinion quedó pensativo mirando hacia la puerta, esperando que algún sirviente entrara y le anunciara un nuevo compromiso que lo ocuparía tiempo que él deseaba destinarlo a cosas que su corazón creía más importantes. Pero nadie entró, era la oportunidad perfecta para salir huyendo hacia sus aposentos, la casa a esas horas se encontraba apacible, la mayoría de sus habitantes se reunían en las terrazas para disfrutar de la brisa de la primavera recién llegada, para después encerrarse en sus habitaciones.

Ereinion entró a la sala de estar que precedía a sus aposentos. Los rayos plateados de la Luna entraban libremente por los hermosos ventanales dándole un toque que en esos momentos a Ereinion se le antojó melancólico y vacío. Desabrochó su cinturón de oro que ceñía la fina camisa azul de bordados dorados, y lo arrojó con desgano al sillón más cercano como si de una baratija se tratara, había sido un largo día. Caminó hacia la mesa que se situaba en los ventanales y se sirvió una burbujeante copa de un fuerte vino del jarrón que siempre los sirvientes procuraban tener lleno para el Rey. Solo un trago se necesitó para que Ereinion sintiera como su cuerpo se iba relajando. Su mirada turquesa atravesó los ventanales, viajó más allá de las Montañas Nubladas, dentro de sus recuerdos, y pudo ver una hermosa y alta dama de cabellos tan negros como el manto de Varda, cabalgando libre sobre una verde llanura, dejando atrás cualquier sombra. Había recordado la anécdota que Minastir le había contado una mañana en Lindon sobre su hermana en las colonias del Sur. Sonrió involuntariamente y dio un sorbo más grande a su copa de vino.

Unos níveos brazos rodearon su cintura desde su espalda. No se sorprendió ante el hecho, hacía rato que sus agudos sentidos elficos habían identificado su presencia y su aroma había delatado su identidad. Ereinion cerró los ojos dejándose llevar, acarició los sedosos brazos que lo habían hecho prisionero y al echar hacia atrás su cabeza ceñida por su corona había encontrado el tacto de una cálida frente. No pudo evitar relajar aún más su cuerpo y sonreír aún más ampliamente.

-Haz estado huyéndome todo el día- una delicada voz susurró en su oído.

-No era mi intención, hasta este momento he tenido un poco de paz con todos los preparativos del regreso a Lindon- Ereinion se incorporó y dejó la copa de vino sobre la mesa para poder girarse y encarar a la dueña de esa exquisita esencia. Silmarien vestía un vaporoso vestido de verano sin mangas, sus cabellos negros caían sueltos por su espalda- es apenas en este momento en que puedo decir que tengo un poco de paz en mi vida.

Mirando fijamente los ojos grises de Silmarien tomó una de sus manos y la besó tierna y lentamente, disfrutando el sabor de su piel. Silmarien sonrió y en ese momento el anillo que llevaba puesto en su dedo anular resplandeció tenuemente, como si estuviera vinculado de alguna forma a su corazón, y disfrutara como ella el placer de estar tan cerca de Ereinion. Cuánto se habían deseado en secreto, al punto de sentir que sus almas ardían por la privación de sentirse ajenos, y ahora que se tenían uno en brazos del otro, ese fuego avivado por el deseo no había cesado, ardía y quemaba con más fuerza.

Ereinion sintió el tacto frio del anillo en sus labios, desvió su mirada hacia el diamante estrellado y quedó unos momentos meditando. Silmarien no interrumpió sus cavilaciones, se limitó a contemplar al hermoso y poderoso ser que era su futuro esposo.

-¿Hubieras preferido esperar a estar de vuelta en Lindon para que tu hermano estuviera presente?- Ereinion volvió a mirarla con un ápice de preocupación en las aguamarinas de sus ojos, en cambio Silmarien borró con una sonrisa esa consternación.

-No cambiaría nada de lo que ha pasado desde que te conocí, solo quisiera haber nacido antes, y tener una vida tan larga como la tuya- Ereinion sonrió amargamente, todavía no entendía como los hombres hablaban de la muerte con tanta ligereza, y no se había permitido pensar en el futuro, solo quería disfrutar del presente, donde los dos estuviera, vivieran, rieran y amaran. Sentía que había desarrollado una especie de fobia a las visiones que trataba de evitar cuando se le presentaban, su don de la clarividencia ya no le parecía precisamente un regalo- Solamente quisiera ser prudente y no hacerlo oficial hasta que hablemos con Minastir, él es el que debe darnos su bendición ahora que mi padre ya no está.

-Totalmente de acuerdo, no quisiera empezar con el pie izquierdo con mi cuñado, que resulta ser el Rey de Numenor y poseedor de uno de los ejércitos más poderosos de la Tierra Media.

-Jamás he visto a Minastir de esa forma- dijo Silmarien riendo con agrado- Siempre lo he visto como el hermano mayor y regañón.

-Pues no he dicho mentiras ni he exagerado en nada- dijo Ereinion sonriendo y volviéndose a la mesa del vino para servir dos abundantes copas.

-Lo gracioso es que lo dice el Rey Supremo de los Noldor, Ereinion Gil Galad, hijo de Fingon y nieto de Fingolfin- dijo Silmarien un poco acalorada y recibiendo la copa de vino que le ofrecía Ereinion- trato de evitar recordar tu árbol genealógico para no sentirme pequeña.

-Jamás te sientas de esa forma, para mi eres lo más grande.

Silmarien no pudo evitar ruborizarse, miró a Ereinion recargado en la mesa del vino con la copa grácilmente en su mano, era como una visión de los días antiguos, había tenido una regresión a una vida pasada y lo que tenía frente a ella era uno de los antiguos señores de los Eldar que cruzaron el mar, alto, orgulloso y hermoso, los ventanales y la luz de la luna que los atravesaban, hacían ver a Ereinion tan etéreo como lo pudiera ser cualquier sueño.

No pudo más. Tomó de un solo trago la copa llena de vino ante la sorpresa de Ereinion, y la colocó en una mesa de té que tenía a un lado, dejó atrás cualquier etiqueta que le hubieran enseñado en la corte de Numenor y se precipitó hacia el Rey plantándole un apasionado beso. La copa de Ereinion cayó inevitablemente haciéndose mil pedazos y regando el rojizo contenido en el suelo, tomó a Silmarien en un estrecho abrazo y correspondió con la misma pasión ese beso, sentir su cuerpo tan cerca del suyo le provocaba un placer que jamás había experimentado en todos sus años, y comer de sus carnosos labios era como descubrir que en todo este tiempo había estado muriendo de hambre y no había tenido conciencia de ello hasta que probó sus besos.

Ereinion se separó sin dejar de abrazar su cintura y miró los labios de Silmarien que hiperventilaba. La dama acarició el joven rostro del Rey con delicadeza y quitó algunos mechones de cabello que habían escapado de su corona.

-Haz echado sobre mi alguna magia elfica de la que no tengo conocimiento y de la que no quiero escapar- dijo Silmarien tomando la barbilla de Ereinion y obligándolo a mirarla a los ojos. Ereinion se consumaba adicto a ella, la besó de nuevo y ella entrelazó sus dedos en el cabello atrayéndolo más hacia sí.

Pero en un movimiento involuntario, Ereinion golpeó el jarrón del vino que terminó cayendo al suelo en mil pedazos, el estruendo fue tan fuerte que los dos aunque inducidos en ese trance pasional, se miraron el uno al otro sobre saltados.

-Creo que deberíamos calmarnos si no queremos quebrar alguna otra cosa- dijo Silmarien sonriendo y tomando el rostro de Ereinion entre sus manos.

-O algún que otro protocolo- dijo Ereinion separándose de ella y pasando una mano por sus cabellos.

Escucharon unos pasos que se acercaban apresurados y por la puerta de la habitación apareció uno de los sirvientes de la casa con rostro alarmado.

-Menetyalda, ¿está todo en orden?- pregunto el sirviente, un elfo silvano a juzgar por sus cabellos extremadamente rubios.

-Solo se me cayó el jarrón del vino- dijo Ereinion girándose hacia él.

-Escuché el golpe y vine a ver que se le ofrecía- dijo el elfo lanzando miradas a Silmarien, quien a esas horas debería de estar en su propio dormitorio y no en el del Rey.

-Hazme el favor de traerme otro jarrón con vino- dijo Ereinion tratando de deshacerse del sirviente.

-Me retiro, alassea lome Menetyalda- dijo Silmarien haciendo una reverencia con una sonrisa de complicidad.

Ereinion le guiñó un ojo y la miró salir de su habitación escoltada por el sirviente. Después de todos los retrasos había valido la pena esperar a que cayera el crepúsculo.

"Yo solía pensar que había nacido para ser un rey, me sentaría en mi trono y haría mi trabajo en solitario pero estaba equivocado al conocerte me di cuenta de que yo nací para amarte, para pertenecerte y hacerte mi reina."

Nota: Quiero pedirles disculpas por la demora del capítulo, espero que haya valido la pena y les haya gustado, últimamente se me ha complicado sentarme a escribir por el tiempo, y porque tengo ciertas ideas en la mente que no sé cómo ligar, y me tardo un poco en desarrollar esos huecos en el tiempo. También quiero agradecerles por sus reviews, los aprecio mucho y me motivan para seguir con mi historia, le dan sentido al tiempo e imaginación que invierto ya que me doy cuenta que hay alguien que me lee. Yanily, muchas gracias por seguir mi historia y dejarme tus comentarios, yo sé que hay indicios de que algo va a pasar entre Ereinion y Silmarien, y la verdad es que si, habrá mucho drama, pero todavía no lo escribo y no lo aterrizo =), y a ti también gracias Lady Laurelin, que bueno que te ha gustado la historia y la disfrutas.

Si lees mi historia pero aun no dejas tu comentario, te invito a hacerlo, me interesa mucho que piensan tanto dl relato o mi manera de escribir, también sus opiniones de cómo debería de ir la historia, porque aun puedo cambiar muchas cosas ya que capitulo que escribo es capitulo que subo, no tengo más escritos.

*El ultimo escrito entre comillas me lo encontré en internet y me gustó la manera en la que embonaba con la historia de Ereinion y Silmarien, busqué si tenía autor pero no encontré por ningún lado el nombre, pero igual aquí especifico que no es de mi invención, pero es lo suficientemente bello y parecido a mi historia que decidí agregarlo.

*Elena: es uno de los nombres que se le da a Numenor, "Tierra de la Estrella", esto refiriéndose a la forma estrellada que tenía la isla.

*Menetyalda: significa "Su Majestad" en Quenya.

*Alassea lome: Buenas noches.

*Alassea Ree: Buenos días.