Capítulo 13
No era solo un sueño
Parte 2
-Amor, te he esperado toda la noche, ¿Por qué no me has llevado contigo a donde sea que hayas ido? - Silmarien fingía vanamente una sonrisa que apenas era perceptible, pero Ereinion la miraba como miras a alguien que ya ha muerto, con ese halo de perdida y despedida.
-Porque de aquí en adelante seguimos caminos a parte- dijo Ereinion secamente, insensible a los brazos de Silmarien que lo rodeaban como quien no quiere desprenderse. La princesa sintió como la exhalación se le había quedado atorada en el pecho ante las palabras de Ereinion.
- ¿Qué me quieres decir con esto? - logró decir Silmarien en un susurro.
-Nuestras vidas jamás debieron de haberse cruzado, regresarás con tu hermano a Numenor y me jurarás que no pisaras estas cosas otra vez.
Silmarien quedó muda por unos momentos y bajó su mirada sin poder comprender qué es lo que estaba pasando, Ereinion se había librado de su abrazo y le daba la espalda otra vez recargado en el barandal de la terraza, su mirada fija en el Oeste, como si quisiera llamar a los Valar para implorarles que le cedieran un poco de la inmortalidad de sus tierras a la princesa humana, porque no podía concebir que el mundo siguiera sin ella pisando la Tierra, hubiera dado su propia vida para guardarla en las Tierras Inmortales, verla caminar por las calles de piedras preciosas de la hermosa Tirion, sobre la colina y bajo la sombra de los bosques de esmeraldas. Apretó sus puños tanto como sus ojos y las lágrimas comenzaron a escapar silenciosas, las imágenes de la visión que, hasta la noche anterior había dejado pasar por un sueño, volvieron a él y maldijo de nuevo su don.
-Por fin te diste cuenta lo difícil que sería lidiar con una vieja decrepita cuando los años caigan sobre mi- la voz de Silmarien sonó firme ante tal afirmación- Tal parece que el Rey Supremo de los Noldor no piensa todo con claridad antes de tomar decisiones importantes, aquella noche en Imladris en que me diste este anillo no tenías todo claro, solo estabas cautivado por una belleza que es solo un espejismo cruel que el tiempo se encargara de desaparecer.
Ereinion se volvió hacia ella sorprendido y Silmarien pudo ver los hermosos ojos empapados incrustados en un rostro desencajado. Silmarien sabía que la pesada carga que se le ha dado a los hombres no podría ser entendida por ningún inmortal, y aunque estuvo en negación por mucho tiempo ignorando este hecho, ahora le quedaba claro.
-Toma, no querrás ver este anillo en unas manos arrugadas y huesudas- dijo Silmarien sacándose el hermoso anillo y estirándoselo a Ereinion, el diamante antes luminoso se apagó y se ennegreció. Ereinion permaneció de pie mirando el anillo extendido hacía él pero no movió un dedo para tomarlo.
-Jamás me hubiera alejado de ti por las razones que tu supones- comenzó Ereinion- no eres la primera persona que he apreciado que ha muerto por vejez o por decisión propia como se van los Reyes de Numenor, yo los acompañé hasta que cerraron sus ojos para nunca más abrirlos. Pero contigo es diferente…
Silmarien permanecía inmóvil como una estatua de marfil, aun con la mano estirada devolviendo el anillo, ya nada que Ereinion dijera podría consolarla, a menos que al final admitiera que todo esto hubiera sido una broma de muy mal gusto.
-Es tuyo, es un regalo, quiero que te lo lleves a Numenor- dijo Ereinion apesadumbrado, pero para su sorpresa Silmarien se agachó y colocó cuidadosamente el anillo en el suelo de mármol.
Un sentimiento de abandono se apoderó de ella al mirar el anillo en el suelo, quieto, abandonado por ella, así como Ereinion la estaba abandonando en ese momento. Miró hacia el Rey Noldo pero sus ojos ya se encontraban invadidos por las lágrimas que jugaban carreras por sus mejillas.
- ¿Por qué no pensaste mejor las cosas antes de prometerme una vida contigo? Me déjaste amarte sin riendas y ahora ya es demasiado tarde para reprimir tanto, lo que siento por ti ya no cabe en mi - la voz de Silmarien comenzaba a quebrarse – prometo alejarme cuando empiece a ser una carga para ti, para que no me tengas que ver marchita y arrugada, pero déjame quedarme contigo.
Silmarien sollozaba y se doblaba en su hermosa figura por el llanto que ya no era posible de contenerse, como una flor que comienza a marchitarse y su tallo poco a poco se va doblando, Ereinion ya no pudo más, corrió a abrazarla y estrecharla contra sí mientras ella ahogaba su llanto contra su pecho. Hubiera querido dar su inmortalidad por irse del mundo junto a ella, pero su visión le mostraba un futuro abrupto.
- "Yo no le habría molestado, cuando acabara mi corta juventud. No habría cojeado como una bruja tras sus pies brillantes, cuando ya no fuera capaz de correr junto a él"- recitó Silmarien entre sollozos ese fragmento de la conversación de Andreth con Finrod que ella y Ereinion muy bien se sabían, porque era un reflejo de ellos mismos.
- "Él no habría corrido delante de ti. Habría permanecido a tu lado para sostenerte"- continuó Ereinion. Silmarien lo miró con sus ojos grises a través de las nubes de sus lágrimas y Ereinion la besó, un beso largo, dulce y amargo, apasionado, profundo como el eterno adiós. Y los dos juntos desearon quedarse en ese momento para siempre olvidando amigos y familiares, guerras y paz. Era un beso que confirmaba que el amor no era lo que hacía falta, tampoco el valor, pues era firme, seguro en cada rose y en cada movimiento. Ereinion y Silmarien unieron sus frentes cerrando sus ojos, acariciaron sus cabellos que el viento revoloteaba tímidamente y guardaron silencio poniendo toda la atención en la respiración uno del otro.
- ¿Por qué quieres alejarme, amor? ¿No era yo todo lo que querías? - Silmarien le susurraba, casi sin aliento.
-Eres todo lo que necesito en este mundo, es por eso que tengo que protegerte de todo, hasta de mí mismo- Silmarien levantó la mirada y encontró los ojos azules de Ereinion, el rostro de la doncella reflejaba incertidumbre al no saber las razones detrás de las acciones del Rey Noldo. Ereinion tomó aliento como agarrando fuerzas y continuó- El sueño que tuve la noche antes de la tormenta me había tenido intranquilo, y aunque algo en él me decía que no era un sueño normal decidí dejarlo pasar, no quería que nada mancillara la felicidad de tenerte conmigo en esos momentos, bloqueaba todas las visiones que trataban de asaltarme incluso por las noches, pero me he descuidado…
Ereinion hiso una pausa y miró al suelo, pensaba en como proseguir sin lastimarse en el intento, mientras Silmarien lo miraba atenta esperando su siguiente palabra, su corazón latía tan estrepitosamente que podía escuchar su pulso en sus oídos. Ereinion pasó su mano por su rostro cuando las imágenes de la visión volvieron a su mente. Veía al caballero acercársele, el cabello rojo como un fuego inextinguible aun con la copiosa lluvia que lo empapaba. No le era posible distinguir sus rasgos, pero la energía que le transmitía era lastimera y llena de pesadumbre. Volvió a escuchar la voz del caballero tan nítida como si se encontrara a su lado en ese momento y no dentro de su mente.
-Esto ha sido tu culpa…
Y automáticamente Ereinion miró de nuevo el cuerpo que tenía recostado en su regazo, miró con nitidez la sangre que manaba como ríos interminables, y volvió a sentir el dolor en su pecho, como si le hubieran arrancado el corazón de tajo y sin aviso. El Rey Supremo de los Noldor se aferró al cuerpo sin vida y de nuevo la visión de ese rostro hermoso ultrajado por el dolor se hiso nítida, los ojos grises de Silmarien se habían cerrado para siempre, de su pecho había salido su última exhalación y su voz ya no pronunciaría más su nombre bajo los bosques de Imladris. La doncella más hermosa de los Dunedain y la más amada yacía inmóvil en medio del campo de batalla, recostada sobre lodo y sangre en vez de una colina con mullido pasto, mirando al cielo y sonriéndole a Earendil, la injusta vida la había arrojado a la inmundicia, a una muerte dolorosa, la había sumado a los caídos en batalla, ¿De qué guerra? Ereinion no lo sabía, solo tenía certeza de lo que delante de sus ojos se desplegaba. El poderoso Rey se dobló de dolor y comenzó a besar el rostro de su amada lentamente disfrutando de cada beso que sería el ultimo, su frente, sus mejillas, sus ojos eternamente dormidos, y las lágrimas comenzaron a escapar como si ellas mismas huyeran del agudo dolor por el cual se estremecía su cuerpo.
-Levántate
Volvió a escuchar la afligida voz del caballero, llena de coraje y resentimiento, y sintió el filo de la larga espada en su cuello, pero no tuvo fuerzas para obedecer, aunque terminar en ese momento tan oportuno con su vida se le presentara como un regalo piadoso.
La visión desapareció y volvió a la terraza de su palacio, y volvió a ver los ojos grises de Silmarien atónitos, con lágrimas rápidas y silenciosas, ella lo miraba sorprendida, nunca había imaginado morir en batalla, siempre se imaginó recostándose como quien va a dormir para dejar el mundo, como los Dunedain morían, por decisión propia.
-Perdóname por decírtelo- Ereinion tomó las manos de Silmarien y las comenzó a besar- pero creo que si con alguien he de ser honesto es contigo.
-No tienes nada de que disculparte, me alegro que me lo hayas dicho- Silmarien se sintió débil por un momento y Ereinion percibiendo su estado la rodeó con sus brazos y la ayudó a caminar hacia una banca cerca del barandal. Silmarien estaba notablemente afectada, pero sus ojos trasmitían determinación y fuerza.
-Esto es lo único que agradezco de este don o maldición de ver más allá del presente, si puedo salvar tu vida, todos los sufrimientos habrán valido la pena- dijo Ereinion, pero Silmarien negó la cabeza en desacuerdo.
-No le tengo miedo a la muerte, Ereinion, siempre he sabido que es el final de mi camino, y si he de morir en tus brazos no podría estar más complacida, y si puedo pelear en tus guerras, puedo decir que Iluvatar me ha hecho afortunada, esta vida contigo es más de lo que yo me hubiera atrevido a pedir jamás.
-Silmarien, tu morirás cuando tú lo decidas, en tu lecho en el palacio de Armenelos, no en un campo de batalla junto con los cadáveres de las inmundas criaturas que Morgoth ha creado, y ese día todavía es muy lejano- la voz de Ereinion sonó clara como una orden.
-Moriré como yo lo decida haz dicho, pues yo decido morir cerca de ti, y no en un palacio de mármol frio lejos de ti, aunque eso me lleve a morir en batalla como tú lo has visto ya.
-Eso no pasará, no mientras yo aún este respirando- dijo Ereinion severo y en sus ojos brillaba la determinación, él bien sabía que Silmarien se negaría a partir de su lado, aunque eso significara la muerte, porque eso es lo que él hubiera hecho si estuviera en el lugar de la princesa, pero no permitiría que su visión llegara a consumarse.
En ese momento los cuernos del puerto retumbaron al unísono llegando incluso al risco donde estaba edificado el palacio, hasta la bella terraza donde ellos se habían convertido en estatuas. Los dos volvieron su rostro al mar, a lo lejos se dibujaba la forma de un barco numenoreano recortado entre el horizonte y el mar y los cuernos de Mithlond le daban la bienvenida. Tar- Minastir había vuelto.
-SIlmarien, te lo pediré por ultima vez, regresa con tu hermano a Numenor y no mires de nuevo hacia estas costas que no te aguardan un final feliz- le imploró Ereinion tomando sus manos y mirando fijamente los ojos de la dama quien lo miraba entre lágrimas, pero desafiante.
- ¿Qué harás si me niego a subir a ese barco?
-Haría lo que sea por evitarte esa muerte horrenda- dijo Ereinion, sus manos aun aferraban las de ella porque sabia que sería la ultima vez que las tocaría.
-Pero me estas obligando a vivir una vida horrenda, sin ti- dijo Silmarien.
-Vida al fin- espetó Ereinion.
La princesa quedó pensativa volviendo su mirada hacia el barco que ya tocaba puerto, y por primera vez en su vida sintió resentimiento hacia su hermano, que ni idea tenia del asunto, pero que al fin de cuentas llegaba para llevársela lejos de lo único que quería en la vida. Miró a Ereinion de nuevo, pero se sintió amada y despreciada al mismo tiempo, y el primer ápice de amargura de su vida se alojó en su corazón, formando lo que después sería una capa dura como un caparazón. Pero el amor que sentía por él sobrepasaba cualquier mal sentimiento que llegara a su mente, lo debilitaba y destruía.
-No voy a regresar a Numenor- dijo soltando sus manos de las de Ereinion y le dio la espalda para retirarse.
Ereinion la miró alejarse hacia la entrada a palacio, suspiró cerrando sus ojos de zafiros como quien es obligado a hacer algo que ha tratado de evitar. Abrió de nuevo sus ojos, la miró con determinación y caminó tras ella, sus largas zancadas ayudaron a alcanzarla antes de que ella entrara a palacio y la tomó de la mano con fuerza y la viró hacia él.
Silmarien lo miró sorprendida y molesta, ¿No se daba por vencido? Nadie mas podría decidir por su vida mas que ella, ella decidiría como morir o como vivir, y el la estaba obligando a hacer algo que odiaba, vivir sin él.
-Te amo- dijo Ereinion de una forma que parecía estarse despidiendo en contra de su voluntad. La miró por unos segundos más antes de besarla, sus dedos se entrelazaban en su cabello atrayéndola más hacia él, estrechando más sus labios y su cuerpo, casi convirtiéndose en uno mismo. Esta acción desarmo a Silmarien y pronto sintió que su fuerza se esfumaba, trataba de abrazar a Ereinion pero sus brazos ya no le respondían, y en cuestión de segundos el cuerpo inanimado de la doncella pendía de los brazos de Ereinion, quien la miraba apesadumbrado, estrechándola en su pecho, besando su frente y sus mejillas delicadamente.
-Espero que algún día llegues a perdonarme, mi amor- le susurraba tiernamente- no me has dejado otra opción- dijo retirando un mechon de cabello del rostro de Silmarien quien parecía dormir apaciblemente. Ereinion levanto la mirada para encontrar a Glorfindel mirándolo seriamente- Glorfindel, recibe a Tar- Minastir en mi despacho y que preparen una buena cena, necesito hablar con el y me temó que nos tomara bastante tiempo…
Glorfindel no pronunció palabra alguna, solo asintió con la cabeza mientras miraba como Ereinion se retiraba hacia el ala de los aposentos con el cuerpo de la doncella en sus brazos, el rostro del Rey estaba tan cerca del de la doncella que parecía que no había dejado de besarla, pero que en realidad de su boca solo salían hermosos versos en quenya que eran tan íntimos y melancólicos que el rubio Señor no se atrevió a escuchar.
Nota de Autor: He hecho este capitulo un poco mas corto porque quería que se centrara solamente en esta escena, y si hubiera agregado mas temas al capitulo le hubieran restado fuerza e intensidad.
La conversacion de Finrod y Andreth que se mesiona en el capitulo la pueden encontrar en este link, habla de entre muchas cosas, del amor que se tenían la humana Andreth de la casa de Beor y el principe Noldo Aegnor, hijo de Finarfin.
Espero les haya gustado, por favor déjenme sus comentarios para saber que les pareció. Saludos!
