Confidencias en los Puertos Grises

Caminaba bajo el cielo rosado del atardecer con las riendas de su caballo en las manos, su cabello oscuro ondeaba libre al compás de las ondas del viento, y por un momento sintió un alivio que hace mucho no experimentaba. Se agachó para quitarse las botas de montar y sus pies descalzos tocaron la suave arena, y con esa sensación de calma suspendida emprendió de nuevo su andar hacia la casa que se encontraba en la lejanía, recortada bellamente en el lienzo del cielo rosa y el mar azul profundo. La bella casa se encontraba a orillas de la playa, y un muelle salía de esta misma como un brazo extendiéndose al mar que tomaba con fuerza una espléndida embarcación cisne. Ereinion no despegó la mirada de esta morada de madera blanca hasta que estuvo a unos cuantos metros de la entrada principal. Su caballo azabache conocía esos territorios como si fuera su propio hogar, el Rey no necesitaba amarrarlo a ningún poste, Roch no se iría a ningún lado, el también disfrutaba de la paz que ese lugar les brindaba y que al igual que su amo, también necesitaba.

Ereinion subió las escalinatas de madera del pórtico y rodeó el perímetro de la casa, que era de unas dimensiones bastante generosas, y cuando estuvo del otro lado, del lado del mar, ahí donde se desplegaba el brazo del muelle, se detuvo a admirar el atardecer, y a lo lejos una figura ondeaba su brazo entero para que el Rey notara su presencia, Ereinion sonrió un breve instante y dirigió sus zancadas hacia ella recorriendo el muelle de madera hasta llegar al lado de la embarcación cisne. Cirdan jalaba con fuerza las gruesas sogas que atarían el navío al muelle y Ereinion se apresuró a cuclillarse para tomar el extremo de la cuerda y ayudarle a Cirdan a hacer el nudo en uno de los postes. Sabía que no necesitaba su ayuda, pero esa escena le recordó cuando era solo un niño viviendo en las Falas, y ayudaba a Cirdan con esos menesteres. Los dos eldar jadeaban por el esfuerzo y se secaban las aperladas frentes a causa del sudor.

-Para ser un Noldo sabes hacer bien los nudos- dijo Cirdan palmeando el hombro de Ereinion.

-Tuve al mejor maestro- dijo Ereinion sonriendo al Elda de cabellos platinados- aunque pasen siglos sin navegar, hacer un nudo jamás se me olvidará, es como atarme las botas.

-Me alegra, siempre hay un puerto donde uno tiene que aparcar- dijo Cirdan invitando a Ereinion a caminar en dirección a la casa con un ademan de su mano.

Ereinion hiso caso al que siempre había considerado su padre, al que siempre lo había visto como su roca y apoyo más grande en su vida, a parte de Galadriel. Tenía la fortuna de llamar a los dos Eldar más sabios de la Tierra Media sus parientes, de sangre o corazón, de quienes había aprendido todo lo que sabía de la vida, en cuestiones de la guerra, la dura experiencia y circunstancias se habían encargado de ese tanto. Y era en esos momentos en los que más los necesitaba, Galadriel estaba demasiado lejos al sur, pasando montañas y valles como para llegar a ella en un solo día, pero Cirdan estaba a unas horas caminando desde Mithlond, en su villa en la región de Forlindon. Esta era de las pocas poblaciones enteramente Teleri que quedaban en la Tierra Media y Cirdan era su Señor, como siempre lo había sido desde el principio de su existencia.

-¿Qué es lo que te trae a mi puerta? Debo confesar que me extraña que no estés fuera cazando orcos, o incluso en Imladris con Elrond y Glorfindel- Cirdan tomó asiento en una banca y recargó su espalda en la pared en la casa, con su vista eternamente buscando el mar.

-Euriel me hizo prometerle que no me movería de Lindon por una temporada- dijo Ereinion sentándose en el suelo frente a Cirdan, dobló su rodilla izquierda y recargó su brazo en ella tomando una actitud pensativa, tomaba su barbilla ansiosamente, como si mesara una barba inexiste en su hermoso rostro carente de bello facial- pero a decir verdad no me siento cómodo en mi propio palacio, así que pensé en venir a pagarte una visita.

Cirdan lo conocía mejor que la palma de su mano, él lo había criado y desde el primer día no se había despegado de él como se lo hiso prometer Fingon, esa última vez que lo vio parado en un muelle muy similar al que estaban en esos momentos. Sabía perfectamente que no era el palacio lo que le incomodaba a Ereinion, era él mismo en su propia piel. El Señor de los Teleri guardó silencio, el Rey Noldo venía por paz y a depurar un poco de ese mal que sentía que lo estaba devorando por dentro hacia fuera, él solo comenzaría a hablar si lo necesitaba. Y así permanecieron un largo tiempo, Cirdan miraba las gaviotas volver a Tierra mientras el sol se ocultaba y traía a las estrellas, y Ereinion continuaba en su postura cavilante hasta que se animó a decir palabra.

-He recibido una carta hoy…- Cirdan volvió su mirada gris al Rey y Ereinion lo miró fijamente tratando de encontrar como proseguir sin perder la compostura- Tar-Minastir me pide que autorice a los Herreros a ir a Numenor, sus propios herreros parecían estar al punto de sublevación y no pudo más que acceder a sus peticiones y reclamar la parte del acuerdo que los Noldor no han entregado.

-Suena justo- dijo Cirdan.

-Si lo es… solamente no quería abrumar a Numenor con la presencia de Elfos Noldor, bastante tienen con los Teleri de Eressea- dijo Ereinion chasquiando la lengua.

-Estoy seguro que a los numenoreanos no les incomoda en lo más mínimo tener como maestros a los Herreros Noldor, pero yo sé que solo te importa una persona en toda la isla- Ereinion volvió su mirada a Cirdan quien a su vez lo miraba con gravedad- pero aunque uno más lo desee, no todo puede estar en nuestro control y tenemos que conformarnos en hacer lo que está en nuestro alcance.

-Podría retener a los Herreros un poco más…- empezó a decir Ereinion pero Cirdan no lo dejó terminar su oración.

-Más que a esa cuestión me refería a la primordial que te tiene aquí sentado conmigo en lugar de estar en la compañía que más anhelas- Ereinion frunció el ceño, sabía perfectamente a que se refería Cirdan y no estaba de humor, había recurrido a él por un momento de paz en su ahora dolorosa existencia.

-Cirdan, de verdad no estoy en la mejor disposición para hablar de esto- el Rey Noldo desvió su mirada de su interlocutor y cruzó sus brazos en su pecho, su lenguaje corporal demostraba que su conversación había terminado, pero era algo que Cirdan pasaría por alto.

-Yo sé que el dolor te ciega a no ver más opciones además de la decisión que ya has tomado de alejarte, pero solo espero que algún día comprendas que hay situaciones que nos rebasan y no está en nuestro poder cambiar, es algo que incluso a la Dama Galadriel y a mi nos costó entender, y la vida nos lo hiso saber de las formas más crueles y dolorosas.

Ereinion lo miró de nuevo con pena, y encontró en los ojos de Cirdan los posos más profundos que jamás había visto, y entendió a qué se refería, las guerras de Beleriand se desplegaron frente a él, su huida a las Falas, y sin intención había encontrado un temor que le había acosado siempre desde que su padre Fingon lo había dejado a sus cuidados: el perderlo. Y encontró un dolor similar al suyo, un sentimiento hermano, perdida, impotencia.

Apartó su mirada de Cirdan y se quedó mirando a la nada, absorto en sus pensamientos. El Señor de los Teleri le había mostrado todas esas imágenes y le había expresado sus sentimientos sin decir una sola palabra, solo con su mirada. Tomó un profundo respiro y recargó su cabeza hacia atrás en la balaustrada de madera del puerto, en sus ojos turquesa se reflejaba la luna plateada que ya se había levantado alta en el cielo, que no le podía recordar a nada más que a los ojos grises de Silmarien.

-No puedo dejar que tengas razón en esto Cirdan- le dijo severamente- no puedo ni decirlo en voz alta, pero aunque sé que es probable, no puedo permitirlo, viviré o moriré luchando contra la visión que me mostró la muerte de Silmarien.

-Ereinion, ella es mortal, su muerte es inminente, tienes que hacer lo mejor con el tiempo que se les ha concedido, ¿Prefieres vivir una eternidad sufriendo? ¿o vivir los años más feliz a su lado, tantos cuantos Eru les haya concedido?

Ereinion se puso de pie de pronto y dio la espalda a Cirdan con rapidez, inclinándose sobre la balaustrada, sus puños cerrados eran signo inequívoco de su molestia, su enojo y frustación. Cirdan suspiró y se puso de pie detrás de Ereinion y sobó su espalda, como lo hacía para consolarlo como cuando de niño caía de un árbol y se golpeaba la rodilla. Pero en ese momento Ereinion apenas y sentía su tacto, su mente se había sumergido en el recuerdo de la visión que aún lo acechaba por las noches, aunque Silmarien se hubiera alejado. Él arrodillado sobre el cuerpo ensangrentado de ella, y el pelirrojo Elda sin rostro gritándole que todo era culpa suya.

-Si tan solo pudieras ver lo que se me ha revelado podrías entender porque hago lo que hago- dijo Ereinion sin apartar la mirada del oscuro mar, solo iluminado tenuemente por la Luna y las estrellas.

-Soy todo oídos- dijo Cirdan alentando a Ereinion, necesitaba comprenderlo para tratar de ayudarlo. Ereinion le dirigió la mirada, pequeños cristales empezaron a formarse en ellos.

-Ella muere en combate, de una guerra a la que yo la arrastré al hacerla mi Reina, he visto su corona y he visto a mi ejercito con ella en la vanguardia, junto a mi- Ereinion golpeó con sus puños la madera de la balaustrada y se quedó cabizbajo, con su rostro escondido entre sus brazos, y estos empapándose de las silenciosas lágrimas de dolor. Esto era más que el golpe de una rodilla, pero igual Cirdan siguió sobando su espalda en silencio, compartiendo el dolor de su hijo adoptivo.

Era la primera vez que Ereinion derramaba lágrimas, siempre había querido permanecer inquebrantable, El poderoso hijo de Fingon de la estirpe de Finwe que había nacido para ser el Rey Supremo de los Noldor. Pero esta ocasión una catarsis era necesaria para aminorar el dolor continuo. Silmarien valía sus lágrimas, las únicas que jamas hubiera derramado, pero él mismo se hiso la promesa de no volver a derramar una sola mas.

Aún a pesar de su sufrimiento, su reino prosperó y se embelleció, aún más que en los días antes de la guerra, y todos creían que la alegría volveria al hermoso Palacio de Gil-Galad, pero este permaneció cerrado por muchos años, donde antes la música jamás paraba y había celebraciones constantes, el silencio reinaba, porque el Rey no pasaba mucho tiempo en su morada, ni en ningún lugar cerca del Mar, muchos decían que empezó a temerle, pero otros decían que lo amaba demasiado y solo evitaba tomar un barco sin rumbo para jamás volver. En todo caso, Gil-Galad pasaba más tiempo en los bosques de su extenso reino, y en las montañas donde terminaba Eriador, y a menudo visitaba a su heraldo, Elrond, en Imladris, y visitaba los Puertos Numenoreanos de Tharbard y Vinyalonde, porque memorias felices le traían esos lugares, de días lejanos cuando Tar-Aldarion llegaba del Gran Mar. Pero a decir verdad, El Rey solo trataba de escapar de si mismo, y por eso no podía estar tranquilo en un solo lugar, y aunque eran tiempos de paz, vivía alerta de cualquier movimiento que viniera del Sur, porque bien sabia que el enemigo no descansa, sino que siempre esta maquinando la forma de volver a asediar la tierra, pero era algo que solamente hablaba con sus más allegados, porque no quería arruidar la felicidad en la que su gente estaba sumergida.


NOTA DE AUTOR: Este capitulo tardó años en publicarse, aun que sea corto y estuviera casi terminado cuando el anterior se publicó. Pero muchas cosas han pasado en los ultimos 3 años, a parte de la pandemia que todos vivimos, tambien me convertí en mamá. y me cambio totalmente la vida, y a 1 mes de que mi niño cumpla sus 3 años, puedo decir que apenas estoy volviendo a mis hobbies y mis antiguos habitos. Siempre dije que esta historia la terminaría por mucho que me tardara, y es un pendiente que nunca abandono mi cabeza, pero asi como a mi me ha cambiado la vida en los ultimos años, tambien cambió la historia en mi mente y el rumbo ya no va hacia donde antes terminaría, algunos de los momentos desicibos estan en bosquejos, pero por lo menos he aterrizado mis ideas y es cuestion de desarrollarlas.

No se si alguien aun esta pendinete de mis publicaciones, estarpia gratamente sorprendida si asi lo es. Pero repito mi promesa, esta historia la terminaré cueste lo que cueste, aun si ya nadie la espera.

Saludos y que esten muy bien!