Capítulo 6

No pasó mucho tiempo antes de oír la puerta de metal abrirse de nuevo. Rápidamente enjuagué mis lágrimas, si era él, no quería que me viera llorar así.

—¿Sen? —una voz femenina susurró desde la plataforma. Miré entre los huecos de los escalones para ver a Lin buscarme con la mirada, preocupada por si me había ocurrido algo. No demoré en levantarme y sacudir mi ropa para sacar el polvo. Cuando me vio subir, enseguida se acercó—. ¿Estás bien? —asentí, hizo una mueca, no muy convencida—. Ese cretino... No sé qué mosca le ha picado, pero me las pagará. ¡Eso dalo por hecho! Nadie más que yo se mete con mi hermana —le di una leve sonrisa de agradecimiento—. Vamos, entra antes de que pilles un catarro.

—¿Sigue dentro? —no me moví del sitio, dejando que se adelantara. Se giró para verme, con la mano alzada hacia el pomo metálico.

—No, se acaba de ir —una oleada de alivio me inundó, pero una voz en mi interior me dijo que eso no era lo que hubiera querido en realidad. No quería que las cosas sucedieran de ese modo...

Dejé salir un leve suspiro antes de pasar cuando abrió la puerta. Kamaji dirigió su atención hacia nosotras nada más sintió la brisa que provenía del exterior. Se asomó desde su tarima, brindándome una mirada llena de disculpa y pena.

—Lo siento mucho, Chihiro. Solo quería que arreglárais las cosas, pero ha resultado todo lo contrario.

—No es culpa tuya, Kamaji —dije, sentándome en el escalón.

—Por supuesto que no. La culpa es de ese dragón engreído —Lin ordenó los cojines, casi tirándolos en el rincón junto al futón de Kamaji—. ¿Quién se cree para ir dando órdenes? Se supone que Sen es su amiga, ¿y así la trata? Después de que le devolviera el nombre... ¡Vaya un desagradecido!

—En eso estoy de acuerdo —asintió el anciano. Yo, por mi parte, no dije nada. Aún estaba asimilando lo ocurrido—. Pero, me extraña el comportamiento de Haku. Podrá ser así de frío con los demás trabajadores que hay arriba, ¿pero contigo? —me señaló con la mirada—. Algo no encaja.

—¿Y por qué debería ser diferente conmigo? —era verdad que siempre me había tratado bien. Dejando de lado ese momento en el ascensor y cuando me recibieron en mi primer día de trabajo. Pero eso había sido porque Yubaba lo estaba vigilando, no podía permitir que descubrieran que nos conocíamos de antes. A saber qué le hubiera hecho si se llegaba a enterar... Sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral al pensarlo.

—Oh, venga. ¿No me digas que no te has dado cuenta aún? —Lin me miró con incredulidad, cruzada de brazos. Cuando le di una mirada extrañada y expectante, bufó y empezó a gesticular mucho con las manos—. Claro, tú no has estado por aquí en mucho tiempo. Pero ese chico no ha sido persona desde que te fuiste —fruncí el ceño, sorprendida e incrédula por lo que acababa de decir—. Sí, no me mires con esa cara porque es verdad. Aparenta ser un tipo duro y sin escrúpulos, pero está claro que esa fachada cae cuando se trata de ti —eso último lo dijo con algo de picardía.

—¿Se supone que me lo tengo que creer? Me mintió y me hizo una promesa que nunca iba a cumplir —por mucho que mi corazón anhelara que fuera verdad, no pude verle la coherencia a sus motivos.

—¡Estáis tan ciegos! Mira, está claro aquí que– —el carraspeo de Kamaji la cortó antes de que pudiera terminar la frase. Lo miré para ver si le pasaba algo, tan solo tosió pesadamente antes de mirar a la castaña.

—Lin, ¿no crees que ya es hora de que te vayas a trabajar? Los demás estarán buscándote desde hace rato.

—Pues que se busquen la vida. Me estoy cansando de ser su niñera —refunfuñó, volviendo a cruzar los brazos sobre el pecho. Otra tos por su parte hizo que su mala cara aumentara. Miré a ambos, intentando averiguar qué era lo que pasaba por ese contacto de miradas—. Además, Sen no se quedará por mucho tiempo. Me gustaría pasar un buen rato con ella antes de que se vaya. ¡No seas un abuelo acaparador! —Kamaji, visiblemente ofendido y molesto por estas acusaciones, quiso rebatir pero creí oportuno cortar esa discusión lo antes posible.

—Tranquilizaos —al oírme hablar, ambos callaron instantáneamente—. Lin, creo que Kamaji tiene razón. Deberías volver —hizo una mueca—. No te preocupes, no me iré inmediatamente. Cuando termines el trabajo esperaré a que regreses para charlar. Cuando todos vayan a dormir en la madrugada, me iré. ¿Te parece bien?

Hizo como que se lo estaba pensando, pero no tardó mucho en ceder.

—Está bien. Pero como vuelva y te hayas ido sin despedirte, te enterarás —me amenazó con el dedo, haciendo que riera por el gesto. Agarró la bandeja antes de abrir la puerta pequeña de madera—. Esto es lo que pasa cuando eres buena en tu trabajo, que no saben vivir sin ti —murmuró.

—Dímelo a mí —corroboró Kamaji cuando oyó el sonido de un timbre y varias tarjetas cayeron en frente suyo, amarradas por una cuerda. Iba a tener mucho trabajo por un buen rato.

—¡Nos vemos! —la despedí agitando mi mano. Cuando se fue, tan solo se oían las calderas y el fuego crepitar.

—¡Dios mío, qué descanso! Te dije que esa mujer es un dolor de cabeza.

—Pero también es como si fuera tu nieta, no lo puedes negar —sonreí.

—Eso no lo pienso afirmar con tanta ligereza, jovencita —bufó.

Pasé lo que quedaba de noche haciendo compañía a Kamaji, cosa que agradeció. Dijo que no se sentía así desde que me fui hace tantos años. Me comentó que Haku bajaba de vez en cuando para visitarlo, aparte de Lin. Por lo poco que sabía, no parecía haber cambiado en absoluto.

Entonces, ¿por qué había sido así conmigo?

Las dudas no dejaban de atormentarme. Era como un puzzle en donde ninguna de las piezas encajaba.

Más tarde, Lin volvió al haber terminado su turno. Estuvimos hablando largo y tendido. Por lo que me contó, tenía éxito con los hombres, pero al conocer más a fondo su carácter, muchos se echaban atrás casi de inmediato.

—Cobardes —se burló—. Parece que les atemorice que una mujer sepa mejor lo que quiere hacer con su vida, que ellos mismos.

No estaba interesada en tener pareja, estaba más ocupada intentando conseguir dinero para irse a la ciudad. Aquella de la que me habló una vez, la que quedaba más allá de las vías del tren.

No me cabía duda de que lo conseguiría algún día, era perseverante y con mucho esfuerzo lograría lo que quisiera. No se merecía menos.

Cuando quise darme cuenta, la hora de partir había llegado. Dejaron de llegarle pedidos a Kamaji, por tanto, los clientes ya debían estar retirándose a sus habitaciones. Era el momento de las despedidas.

—Cuídate mucho, Sen —Lin me abrazó con fuerza.

—Por cierto, mi nombre real es Chihiro —crucé mis brazos en su espalda. Estaba tan acostumbrada a que me llamara así, que siempre se me había olvidado decírselo.

—Lo sé, pero yo te conocí como Sen. La pequeña y torpe Sen —sentí melancolía en su tono, cerré los ojos, sintiendo que se me contagiaba el sentimiento de añoranza. Mis años de infancia ya quedaban muy lejanos. Se separó de mí para verme mejor—. Hay que ver, vas a terminar por destruir mi imagen de chica fuerte —se enjuagó un poco el ojo, probablemente anticipando que las lágrimas salieran. Reí por lo bajo, las cosas no cambiaban.

—El abuelo también quiere despedirse —llamó Kamaji, el cual estaba detrás de Lin, esperando con algo de mal humor hacia ella. Lin hizo un sonido de indignación antes de darme un apretón amable en el brazo y ponerse a un lado para dejarle pasar—. Te extrañaremos mucho por aquí, vuelve a visitarnos si hay ocasión —me envolvió cálidamente. Un pensamiento poco optimista cruzó mi mente. No sabía si podría volver a verlos... Lo deseché con rapidez y me concentré en darle el mayor de los abrazos, atesorando esos momentos para llevarlos conmigo para siempre.

—También os echaré de menos... —me agarró las manos, sonriendo levemente. Me quedé pensando por un momento. No sabía si decirlo o no—. Kamaji... —inclinó la cabeza, esperando a que terminara la frase. Miré la puerta de madera justo detrás de él. Al seguir mi mirada, pareció intuir lo que estaba intentando decir.

—No te preocupes —sonrió—. Haku ya no se mete en problemas, puedes quedarte tranquila.

Me sonrojé. ¿Tan obvio era? Aunque quisiera, no podía evitar preocuparme.

—Gracias —asentí, algo más relajada. Con un último apretón bajé el escalón para ser recibida por las bolas de hollín, las cuales también querían decirme adiós. Acaricié las pequeñas cabezas de cada una, enternecida.

Caminé hasta la salida, pero me detuve antes de abrir, mirando hacia atrás. Ambos me sonreían, queriendo ocultar la tristeza que conlleva una nueva separación.

Odiaba las despedidas.

Me esforcé en ofrecerles mi mejor cara y una amplia sonrisa antes de salir. Los rayos de luz me deslumbraron por un momento, haciendo que posara mi mano frente a mis ojos, acostumbrándome poco a poco.

Subí las escaleras hasta llegar a los jardines, pasando por el puente hasta llegar a las calles llenas de restaurantes. Memorizaba cada detalle en mi mente, sabiendo que podía existir la posibilidad de que nunca pudiera volver. Ya había tenido bastante suerte, dudaba que se volviera a repetir.

Al llegar a las escaleras y la estatua de piedra que estaban justo antes del río, tuve un déjà vu. Pero aquella vez estaba sola.

Me quedé parada, en el mismo lugar que hacía siete años. Mil recuerdos me inundaron la mente. Miré hacia mi lado izquierdo y luego hacia el cielo azul, por el cual surcaban pequeñas nubes.

Por alguna razón no pude ni quise moverme. Era como si esperara algo.

O alguien.

Tuve el impulso de mirar hacia atrás, pero sus palabras sonaron claras en mi memoria. Tomé aire entrecortadamente. Después de dar el primer paso, prácticamente corrí hasta la torre del reloj, fundiéndome de nuevo en la oscuridad.

«Si hubiera mirado hacia atrás, ¿habrías estado allí, Haku?»