Capítulo 8
Un mes había pasado y el tiempo no parecía avanzar para mí. Intentaba seguir con mi vida, como hice hace años, pero esta vez me resultaba más difícil. Supongo que tener las esperanzas vivas cambiaba bastante las cosas. Al menos durante ese tiempo de espera tenía algo a lo que aferrarme, pero ya no quedaba nada. Ya no hacía falta esperar algo que sabía que no iba a llegar.
Todo se había roto, como aquella promesa.
—¿Te apetece ir a algún sitio después de clase y tomamos algo? —la voz de Nara resonó a mi lado. Un día más, caminábamos juntas yendo al instituto.
—Nara, es lunes —dije con obviedad.
—¿Y?
—Que los lunes siempre nos cargan a trabajo —sobre todo la profesora de lengua. Nunca nos librábamos.
—Bueno, por un día no va a pasar nada. Anda, aunque sea un rato —hizo un puchero, intentando convencerme. Suspiré, sabiendo que no dejaría escapar la oportunidad tan fácilmente—. Además, necesitas despejarte un poco, últimamente estás muy apática. Te vendrá bien —insistió, dándome un codazo amistoso. Lo sopesé un poco. Al ver la expresión esperanzada de mi amiga, supongo que no tuve el corazón de decirle que no.
—Está bien...
—¡Genial, ya verás qué bien lo pasamos!
—Supongo que iremos a la cafetería donde trabaja Hiro, ¿no?
—¿Qué comes que adivinas? —rió después de mostrarme una mirada traviesa. Negué con la cabeza justo cuando entramos en el edificio. Había mucho bullicio en los pasillos, más de lo normal. Al pasar a clase, todo estaba un poco ajetreado también, como si hubiera pasado algo. Nos acercamos a nuestras mesas, vi a Daichi sentado justo detrás de la mesa de Nara.
—¿Qué pasa? Hay mucho alboroto ahí afuera —le comenté.
—Ni idea, yo acabo de llegar.
—¿Alguna vez te enteras de algo? —dijo Nara, sentándose.
—Podría decir lo mismo de ti —refunfuñó, tomando un mechón de su cabello y tirándolo hacia atrás, pero sin llegar a hacerle daño. Nara se giró, ofuscada.
—Con mi pelo no, idiota —intentó alcanzar el suyo, pero él se retorció entre risas, impidiendo que lo alcanzara. La pelinegra se volvió hacia su escritorio después de desistir, no sin mostrarse enfadada, aunque no lo estuviese de verdad.
Después de pasados unos minutos, el profesor Tanaka entró y todo el ruido en el salón se fue acallando poco a poco. Esperamos respetuosamente a que empezara.
—Bueno, antes de comenzar, debo daros una noticia —dijo mientras sacaba sus cosas del maletín, colocando los libros de texto en la mesa—. Hoy se incorpora un nuevo alumno a nuestra clase —hubo algunos murmullos. ¿Un nuevo compañero que se incorpora a mitad de curso?—. Procede del programa de intercambios. Después de algunas semanas de trámites y papeleo, por fin se puede integrar en el grupo. Espero que lo recibáis con el respeto y amabilidad que se merece —añadió, intentando esclarecer un poco las dudas y calmar a los estudiantes.
Se giró hacia la puerta e hizo una señal con la mano, dando paso a quien estaba fuera esperando. Deslizó la puerta corrediza y no se hizo esperar más. Varios jadeos se escaparon en el aire cuando caminó hacia el profesor y se puso de pie a su lado.
Mi corazón se detuvo en seco, así como lo hizo mi respiración por escasos segundos. Mi amiga pareció notarlo, ya que movió un poco mi brazo, intentando que reaccionara, sin entender lo que ocurría. Pero yo solo pude mirar al recién llegado, sintiendo una espiral de emociones cohesionar en mi interior.
—Preséntate, chico —lo animó el profesor. Hizo una pequeña reverencia de respeto ante todos, para luego erguirse de nuevo. Examinó el aula con la mirada, como si buscara algo. Solté el aire que tenía guardado cuando sus ojos se cruzaron con los míos. Y sin apartar la vista ni por un segundo, escuché su voz después de un insufrible y largo mes.
—Mi nombre es Nigihayami Kohaku Nushi, encantado de conoceros a todos.
