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CAPÍTULO 21

"Huracán de confusiones"


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Acurrucados en la cama, Blaine sostenía a su esposo por detrás, repartiendo besos entre su hombro y espalda.

Cuando planeó su velada, terminar abrazados después de hacer el amor hubiera sido "la cereza del pastel", sin embargo, el escenario distaba mucho del original ya que se encontraba tratando de hacerlo sentir mejor luego del desagradable e inesperado momento que enfrentaron horas atrás.

—Sabes que no tienes que volver a preocuparte por ninguna de esas cosas. Nunca más tendrás que hacerlo.

Kurt respiró profundamente intentando acallar su mente y relajarse al sentir que las lágrimas amenazaban con salir una vez más, y ya había llorado lo suficiente por un día.

—Cuando Vane y yo tomamos la decisión de tener un bebé y nuestros padres nos dieron la espalda, la vida nos cambió por completo y pasamos por tantas dificultades. Su embarazo fue un constante sube y baja porque vivimos hermosas experiencias y también estuvimos llenos de temores, pero sin importar qué, al final del día nos teníamos el uno al otro para apoyarnos.

Cuando ella se fue, entre la soledad, el dolor que sentía por la pérdida, la angustia de no saber cómo cuidar a una bebé o qué hacer para cubrir los gastos, más todo lo que me abrumaba, hubo muchos momentos en los que pensé que no lo lograría, que no iba a salir adelante, y eso me aterraba porque ya no se trataba de mí únicamente, tenía una hija de la cual hacerme cargo. Un ser tan pequeño e indefenso que dependía de mí para todo, y no podía fallarle.

Blaine no estaba seguro de qué decir, pero sí tenía claro que debía dejar a su esposo liberar sus sentimientos y todo aquello que llevó guardado durante mucho tiempo, así que lo sostuvo con firmeza como un recordatorio de que estaba a su lado y ahora contaba con él.

—Ya no estás solo —susurró tras una pausa sólo para confirmarlo.

Esas palabras fueron suficientes para que Kurt hipara y varias lágrimas brotaran irremediablemente.

—Te amo, Blaine.

—Te amo más —le besó el hombro.

—Lo sé. Puedo sentirlo cada día, a cada instante… —intentó controlar su respiración— Nunca imaginé que encontraría a alguien que me amara tanto.

Conocerte ha sido una de las mejores cosas que me han pasado, y no por tu dinero, como se empeñan en decir tus padres, sino por todo tu amor, por tu apoyo, porque estás a mi lado en las buenas y en las malas, porque contigo descubrí cosas nuevas y maravillosas, por la forma en la que me haces sentir —suspiró—. Te juro que nunca creí que esto fuera posible.

Alguna vez soñé con encontrar a alguien y formar un hogar a su lado, pero después ese sueño se desvaneció. Steph se convirtió en mi prioridad y no podía pensar en nada que no fuera su bienestar. Era como si las ideas de cuidar de ella y tener a alguien en mi vida no compaginaran, hasta que llegaste tú.

Aun así, sabes mejor que nadie cuánto me costó asimilar que te habías adueñado de mi corazón y lo mucho que batallé para aceptar todo lo que me ofrecías, lo sigo haciendo.

Ahora tengo más de lo que imaginé en todas las formas posibles. Sé que hay un futuro brillante esperándome, que tengo la familia y el hogar que una vez soñé, sin embargo… —negó con la cabeza y suspiró afligido.

—¿Sin embargo qué, cariño?

—A veces siento que no lo merezco, que todo esto es demasiado. Siento que no te merezco y que podrías encontrar a alguien mejor.

—Eres único, extraordinario, maravilloso y mereces cada una de las cosas buenas de este mundo. No lo dudes ni por un instante. En cuanto a mí, tengo al mejor hombre que puede existir. No te imaginas la manera en la que has cambiado mi vida y todo el bien que me haces.

Kurt giró sin soltarse para poder mirarlo.

—Blaine… —sollozó.

—Te mereces lo mejor —le limpió el rostro—. Repítelo una y otra vez hasta que te convenzas de ello.

—A veces me cuesta.

—Entonces yo te lo diré cada día hasta que no te quede ni una sola duda.

Kurt batalló contra sus emociones mientras volvía a hipar.

—Supongo que me afectó escuchar a tantas personas menospreciarme durante varios años. Y lo que ocurrió hoy con tus padres fue… —exhaló con pesadez.

—Lamento mucho que pasaras por esas experiencias desagradables, y lamento tanto lo de mis padres —le limpió las lágrimas—. No tenían ningún derecho a tratarte así ni a decirte esas cosas. Pero he cortado toda relación con ellos porque no voy a permitir que te falten el respeto ni a la familia que hemos formado.

—Es triste saber que no me consideran bueno para ti. A pesar de todo son tus padres y…

—Si no pueden ver lo maravilloso que eres, es su pérdida. En cuanto a mí concierne, mis tíos son los únicos que cuentan, y ellos te adoran, al igual que a nuestra hija.

La respiración de Kurt se volvió errática y un sollozo brotó con fuerza de sus labios.

»No te pongas así, amor.

—Escucharte llamarla hija me conmueve mucho.

—Es nuestra hija. Para mí ha sido una bendición que me permitieras ser su papá. Estoy inmensamente agradecido contigo y con la vida por eso.

—Ay, Blaine… —nuevas lágrimas cubrieron su rostro— Lo siento, estoy muy sensible. De verdad lo siento.

—No te disculpes por expresar tus emociones, no tiene nada de malo. Si dije que no te pusieras así es porque no me gusta verte llorar.

Kurt abrió los ojos lentamente, luchando con la pesadez que sentía hasta que logró divisar los alrededores.

Se encontraba en su habitación y Blaine estaba dormido a su lado, pero no lo tenía abrazado, sino que sujetaba su mano al nivel del pecho.

Confundido frunció el ceño. Una vaga remembranza de haber estado llorando en la ducha se hizo presente junto a borrosas imágenes de Blaine empapado secándolo, pero eso no tenía relación con aquella plática que tuvieron abrazados, además de que había ocurrido al poco tiempo de haberse casado y… ¡Oh! Había sido un recuerdo que se presentó mientras dormía.

Un profundo suspiro brotó desde el fondo de su ser acompañado por una gran nostalgia.

Cuando estuvo sumergido en la piscina, sus ideas aparentemente se ordenaron y lo llevaron a tomar una decisión que en ese momento le pareció correcta, pero luego del sueño que tuvo y despertar para ver a pareja sujetarle la mano de esa forma, ya no estaba seguro.

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Kurt sonrió de tal manera que sus ojos se cerraron un poco y cruzó sus brazos por detrás de la cabeza de Blaine.

—Soy muy feliz contigo.

—Y yo contigo —devolvió la sonrisa—. Soy tan afortunado de tenerte —llevó los brazos alrededor de la cintura de su cónyuge y lo acercó más.

El de ojos claros suspiró y aprovechando que se encontraban en la piscina, elevó las piernas con un pequeño impulso para envolverlas en el cuerpo de Blaine.

—Te amo mucho —enredó los dedos entre los espesos rizos.

—Te amo más todavía —lo besó de forma dulce y acompasada.

Al separarse, ambos suspiraron y Kurt no esperó para volver a juntar sus labios, suave, despacio, vibrando con todas las sensaciones que lo invadían.

Blaine empezó a recorrer la anatomía de su amado con una mano mientras lo sostenía con la otra. Los toques eran sutiles y perfectos. El sonido de los pequeños gemidos fueron una invitación para profundizar el beso, la cual no rechazó.

Los "te amo" se repitieron incesantes como una canción de moda y sus cuerpos danzaron sin parar.

Kurt abrió los ojos en medio de un jadeo y parpadeó desorientado varias veces hasta que pudo registrar lo que estaba pasando.

Había estado soñando nuevamente, y hubiera querido no despertar.

Su mente por alguna razón estaba evocando varios recuerdos, pero este había sido tan vívido que las sensaciones aún estaban presentes por todo su cuerpo. Con un suspiro miró hacia un costado, encontrando la cama vacía.

—Buenos días —resonó minutos después—. ¿Cómo te sientes?

Hummel volteó en dirección de dónde provino la voz y vio a Blaine salir del baño acomodándose la ropa, entonces elevó los hombros como respuesta.

»Voy a llevar a Steph a la escuela y luego pasaré por la empresa. Mi tío quiere mostrarme unos papeles urgentes. De ahí vengo directo para que podamos hablar.

El castaño asintió sin pronunciar palabra alguna.

»No tardo, pero si necesitas algo, por favor, no dudes en llamarme.

La preocupación en el rostro de Blaine era más que notoria, y eso le produjo un nudo en la garganta a Kurt. Tal vez debería decirle que iba a seguir durmiendo para que se pudiera ir tranquilo, pero ningún sonido salió cuando intentó hablar.

Fingió un bostezo y se puso de lado para abrazar la almohada, luego cerró los ojos esperando que el hombre de pie frente a él captara la señal.

Cuando escuchó el clic de la puerta al cerrar, exhaló sonoramente.

No pasó mucho para que la voz de Steph resonara del otro lado de la puerta y entrara despacio.

—Papito, buenos días —dijo con voz suave y gateó por la cama para darle un beso.

—Mi princesita hermosa —sonrió—. Buenos días. ¿Cómo estás?

—Bien, papito. ¿Y tú?

—Estoy bien. Siempre que te veo me siento mejor que nunca.

La niña le dio una de sus sonrisas brillantes.

—¿Cómo sigue la tía Mercedes?

"¿Cómo sigue de qué?" —pensó— "¡Oh, sí! Habían inventado que Mercedes estaba enferma y que él se había ido a cuidarla".

—Está mucho mejor, amor.

—¡Qué bueno! ¿Por eso regresaste?

—Sí —sintió el nudo volviendo a su garganta debido a las mentiras.

—Si hablas con ella, salúdala de mi parte, y dile que cuando regrese de la escuela la voy a llamar.

—Lo haré.

—Stephie —se asomó Blaine.

—Sí, ya voy —suspiró—. Papá me dijo que estabas muy cansado y que te dejara dormir, pero quería saludarte antes de irme, por si acaso al regresar no te encuentre, así como ayer.

Kurt miró a su pequeña sin saber cómo responder. Era tan perspicaz… Sin duda, cada día se parecía más a su mamá.

—Stephie, amor, se nos hace tarde —volvió Blaine a asomar la cabeza.

—No es mi culpa que te quedaras dormido —protestó—. Quería ver a mi papá.

—Aquí voy a estar cuando regreses —dijo Kurt acariciándole la mejilla—. Ve a la escuela, diviértete y aprende mucho.

—Está bien, papito —se inclinó y lo abrazó.

—Te amo mucho, mi niña.

—Yo también te amo mucho, papito.

Una vez a solas, Kurt soltó el aire retenido y dejó salir todo. Las lágrimas interminables acompañaron a los sollozos violentos y se aferró a la almohada como si fuera un salvavidas.

La rabia y la impotencia que sentía Kurt eran tan grandes que sus ojos se encontraban nublados y no paraba de temblar.

—Ven aquí, amor —dijo Blaine aproximándose para abrazarlo.

—¡Es que no entiendo cómo pude ser tan estúpido! —gruñó— ¡Voy a perder el semestre después de tanto esfuerzo!

—Las cosas se van a solucionar. Necesitas tranquilizarte para poder analizar todo con calma y encontrar la forma de hablar con el profesor, el decano o con quien sea necesario.

—Es que…

—Respira profundo y despacio, cariño. Relaja tu cuerpo y tu mente —frotó su espalda de arriba hacia abajo y luego en círculos.

Kurt cerró los ojos y soltó los puños poco a poco, dejándose envolver en el calor y la serenidad que su pareja le transmitía.

—Gracias —susurró todavía molesto, pero menos tenso.

—Se va a solucionar. Todo va a estar a tu favor.

—Eso espero.

—Así será. Confía en ello —le besó la frente.

Kurt despertó una vez más, y frotó su rostro. Al sentir la almohada mojada, frunció y la aventó a un costado. Cuando logró despejarse recordó que se había quedado dormido llorando.

Estar en ese constante dormir y despertar sólo lo hacía sentir más cansado, confundido y con un terrible dolor de cabeza, así que se sentó para evitar que el sueño lo volviera a vencer.

No entendía qué le estaba pasando, y por más intentos que hacía no lograba recordar nada después de haber estado llorando en la ducha con un fuerte dolor en el pecho y la dificultad para respirar que… ¿Acaso tuvo otro ataque de ansiedad? ¿O uno de pánico?

Blaine secándolo y diciéndole algo, que ahora le resultaba inaudible, era parte de aquel recuerdo, pero después de eso, ¿qué ocurrió?

Una terrible duda lo invadió y se estremeció ante la sola idea, pero no encontraba otra respuesta, su esposo le había dado algo para calmarlo y eso era lo que lo tenía en esa especie de trance.

Blaine no dejaba de llorar mientras hablaba de su pequeño hijo y como tal vez pudo hacer algo para salvarlo si hubiera estado presente.

Kurt no dijo nada, sólo lo dejó desahogarse y lo abrazó con todo su amor. Cuando sintió el cuerpo de Blaine temblar agotado, lo sostuvo tan fuerte como pudo. Quería aliviar ese dolor, hacer que desaparecieran la culpa, la incertidumbre y todo lo que lo atormentaba, mas sabía que no era posible. Lo único que podía hacer era apoyarlo y estar listo para no dejarlo caer.

Daría lo que fuera por volver a ver la hermosa y brillante sonrisa que tanto adoraba y que extrañaba, pero sabía bien que en la vida hay momentos difíciles que marcan y vuelven vulnerables a las personas. Para Blaine era lo de su hijo, y lo había guardado durante tanto tiempo que ahora que por fin lo dejaba salir, era como si su mundo se hubiera caído en pedazos.

En definitiva, cubrir una herida pretendiendo que no existe, jamás es la solución porque en lugar de ayudarla a sanar, esta va creciendo terriblemente.

Le frotó la espalda una vez más y repartió varios besos desordenados. El hombre entre sus brazos había sido su fortaleza, su apoyo y su roca cada vez que lo necesitó, ahora era su turno de serlo para él.

La sensación de caer al vacío fue horrible y Kurt abrió los ojos asustado sosteniéndose del filo del colchón.

¿En qué momento se volvió a dormir si se había sentado justamente para evitarlo? Eso no era normal.

Con su corazón palpitando con fuerza debido al susto, se levantó y en medio de un vaivén fue a lavarse la cara.

El sólo pensar que la persona en la que más confiaba hubiera actuado a sus espaldas lo hizo sentirse enfermo. Quería creer que Blaine no sería capaz de traicionarlo, pero ¿por qué estaba así? No había ninguna explicación lógica.

Cerró la llave y se sostuvo con fuerza del mesón sintiendo como su respiración se agitaba.

Con el agua goteando por todas partes levantó la cabeza y se observó en el espejo. Sus ojos lucían oscuros y sin vida. Tenía una barba creciendo desaliñada y su cabello estaba largo y opaco.

La última vez que se descuidó así fue cuando Vane falleció y tuvo que luchar contra el dolor que sentía por su ausencia y la desesperación de ver a su hija llorar todo el tiempo, como si supiera que había perdido a su madre.

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—Hola tío, ¿cómo estás? —saludó Blaine al entrar a su oficina.

—¡Hijo, qué gusto verte! —se puso de pie y fue a su encuentro— ¿Cómo te sientes?

—No estoy seguro, pero aquí sigo intentando cada día salir adelante por mí y por mi familia.

—Sabes que cuentas con nosotros siempre —lo abrazó.

—Sí, claro que lo sé.

—¿Cómo sigue Kurt?

Blaine exhaló con fuerza. No fue necesario que dijera nada para que su tío comprendiera.

»¿Así de mal? Y supongo que no has dormido mucho porque luces agotado.

—Fue una noche algo complicada.

—Mientras él no retome la terapia las cosas no van a mejorar.

—Es difícil que lo haga porque le cuesta salir de casa.

—Por eso mismo necesita la ayuda de un profesional.

—Pero no puedo obligarlo. Sería contraproducente.

—Ay, Blaine… —suspiró preocupado— Deberías irte a casa, no hay problema. Yo veo cómo soluciono esto.

—Ya haces demasiado al estar a cargo de mis negocios, lo mínimo que puedo hacer es venir cuando hay que revisar algo.

—Sabes que es un gusto para mí poder ayudarte. Y no te preocupes que entiendo si…

—Para ser muy honesto contigo, necesito despejarme un poco antes de regresar.

—¡Oh!

—Sé que suena mal, pero…

—No, no. Tranquilo, tienes que cuidar de ti también —le frotó el hombro—. Imagínate si tuvieras una recaída.

—Ni lo digas. No puedo ni quiero volver a pasar por eso, menos en estos momentos.

—Mayor razón para que te cuides. Sabes que toda esa situación te afecta.

—Lo sé, lo sé, y por eso quiero centrarme por un momento en otra cosa.

—Entiendo —le dio una palmada y se dirigió hacia el escritorio—. Lo que quería mostrarte…

Estudiaron varios documentos, realizaron llamadas telefónicas y agendaron citas con clientes, proveedores y accionistas.

Blaine revisaba la computadora mientras Ezequiel le daba varias instrucciones a Alana, y al ver un nombre, frunció.

Una vez que la chica salió de la oficina, el mayor miró a su sobrino.

—¿Qué pasa?

—Amm… Este señor Burt Hummel…

—Es uno de nuestros nuevos clientes. Tenemos grandes tratos con él. ¿Lo conoces?

—No, pero es su apellido lo que me llama la atención.

—¿Por qué?

—Porque ese era el apellido de Kurt antes de tomar el nuestro.

—¿Estás seguro de que era Hummel?

—Por supuesto.

—¿Crees que sea algún familiar?

—No lo sé. Podría tratarse de una coincidencia, aunque no es un apellido común.

—Podrías preguntarle a Kurt.

—No voy a hacer eso. Con todo lo que está pasando, no quiero alterarlo más. Como sabes, él no tiene trato con ningún miembro de su familia. Sus padres le dieron la espalda y nadie lo apoyó en realidad. Tíos, abuelos, primos… alguien debió estar para él, pero no fue así, ni siquiera cuando se quedó solo con Steph.

—Eso es duro y muy triste.

—Lo es. Y si ese señor está relacionado con él, no me gustaría tenerlo aquí.

—No deberías mezclar lo personal con lo profesional.

—Eso intento, pero creo que depende de las circunstancias, y en este caso siento que no sería correcto.

—Admito que es una situación complicada —suspiró—. En todo caso, desconocemos si tienen algún parentesco.

—Tiene que haber algún modo de saber.

—Dentro de dos días tengo programada una reunión con él. Quizá pueda averiguar algo.

—Perdón que los interrumpa —dijo Alana ingresando con una carpeta que le entregó al hombre mayor—, pero el Sr. Midlen está aquí y quiere hablar con ustedes.

—Él no tenía cita —contestó Ezequiel.

—Es lo que le dije, pero insiste en que es urgente.

—Bien. Hazlo pasar.

—Yo me retiro, tío.

—Dijo que tiene que hablar con los dos. Le indiqué que usted estaba de paso, pero…

—Está bien —suspiró Blaine—. Es uno de nuestros mejores clientes. Sólo espero que sea rápido.

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Un mañana llena de recuerdos y una terrible verdad descubierta fueron demasiado para Kurt, pero como si eso no hubiera sido suficiente, las nuevas revelaciones lo tenían aturdido y completamente agitado.

Con manos temblorosas marcó un número en su celular, rogando que contestaran.

~Hola.

~Michelle…

~Sí, cariño. ¿Qué pasa?

~Soy Kurt…

~Lo sé, pero ¿qué te ocurre? —preguntó preocupada— ¿Por qué estás llorando?

~Le prometí a Blaine nunca hacerle eso.

~Cariño, no comprendo a qué te refieres.

~Iba a hacer algo terrible.

~¿Dónde estás?

~En mi auto, frente a la escuela de Steph —sollozó.

~¿Y qué haces allí?

~Vine a buscarla.

~¿Por qué? ¿Le pasó algo? —salió corriendo de la casa rumbo hacia su auto.

~No.

~¿Entonces?

Kurt miró las maletas en el asiento trasero y su llanto se volvió más fuerte.

~Me voy…

~¿Cómo que te vas?

~No puedo… Ya no sé… No quiero…

~Amor, no te entiendo, pero no hagas nada. Respira profundo y espérame. Estoy en camino.