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CAPÍTULO 25
"Momentos como estos"
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• Tres meses después •
Sentado en la arena, apoyado contra una de las sillas se encontraba Blaine con Kurt recostado entre sus piernas y la espalda reposando sobre su pecho. Lo tenía envuelto con un brazo mientras que con la mano libre enviaba mensajes desde su celular.
• Se quedó dormido hace poco.
•• ¿Y cómo está?
• Hay días que todavía le resultan difíciles, tiene altas y bajas, pero ahora comprende a qué se debe, y el saberlo de algún modo le ha ayudado.
•• Qué bueno. De verdad me alegro por él. Es un gran avance.
• Lo es. Aún tiene un camino largo que recorrer, pero en general está mucho mejor.
•• ¿Cómo le va con mi amigo?
• Lo ha ayudado bastante. Cada vez que tiene sesión con él, regresa relajado y pasa muy bien.
•• ¿Sigue alternándolo con la terapia?
• Sí. Ahora le resulta más fácil. Batalló mucho al comienzo, pero está comprometido consigo mismo para recuperarse, y eso es lo más importante. De verdad está haciendo todo lo que le ayuda a sentirse mejor.
•• Como alguien que sufrió de ansiedad durante varios años, sé como es ese proceso, pero una vez que encuentras lo que te ayuda y trabajas en ello, el cambio es sorprendente.
• Totalmente. Incluso la doctora nos dio luz verde para realizar este viaje, y debo decir que le ha sentado muy bien. De las opciones que teníamos, haber elegido la playa fue lo mejor.
•• Me imagino. Es un lugar en donde uno puede relajarse y estar tranquilo. Difícilmente va a surgir algún detonador ahí.
• Ya vienen mis tíos con Steph. Después te escribo.
•• No hay problema. Salúdalos de mi parte.
• Seguro.
Blaine dejó el teléfono a un costado y realizó varios movimientos con la mano para indicarles que Kurt estaba dormido conforme se fueron acercando, y evitar así que hicieran bulla.
Michelle con un gesto le hizo saber que mejor se iban a seguir paseando, y él asintió.
Minutos más tarde Kurt comenzó a removerse algo inquieto mientras hacía pequeños sonidos.
Blaine le acarició el rostro suavemente y lo sostuvo con firmeza.
—Shh, tranquilo, amor —susurró—. Estás bien y a salvo. Todo está bien. Descansa —introdujo los dedos en la castaña cabellera para acariciarla de ese modo que sabía que lo relajaba.
Cuando el sueño de su esposo volvió a ser apacible, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
—¡Qué sorpresa tan agradable es verlos aquí! —dijo la terapeuta con una sincera sonrisa— Pasen, por favor.
Kurt permaneció estático en la entrada observando todo como si fuera la primera vez que estuviera en el consultorio.
Blaine se acercó y le extendió la mano.
Le tomó unos segundos al menor aceptar y otros más antes de que avanzaran juntos hasta el sofá.
»¿Desean algo de beber?
—Un té, por favor —respondió Blaine observando el temblor en la pierna de su esposo y lo tenso que lucía.
—¿En qué puedo ayudarlos? —se sentó frente a ellos luego de entregarles las tazas.
—Kurt quiere retomar la terapia, pero le resulta difícil salir de la casa, como usted sabe.
—Me alegra saberlo ¿Cuándo te gustaría que empezáramos? —miró al castaño, pero este no respondió.
¿Estás seguro de que él quiere regresar? —dirigió la mirada hacia el empresario.
—Sí, claro que… ¿No estará pensando que lo obligué a venir?
—Sé que no harías eso, pero su silencio y lo inquieto que luce me indica que algo no está bien.
—Está nervioso porque cerca de aquí, al llegar a la intersección principal, un auto ignoró el semáforo y casi nos golpea. Yo también estoy tenso, pero a él le afecta más.
—¡Oh, por Dios! ¿Están bien?
—Sí, aunque nos llevamos un susto bien grande.
—Por supuesto, y ahora entiendo lo que sucede. Pueden tomarse un tiempo para relajarse. El té les va a ayudar, y si desean, tengo valeriana. A los dos les va a hacer mucho bien.
Al cabo de varios minutos, y con su taza vacía, Kurt exhaló.
—Gracias.
La mujer lo miró a los ojos y asintió.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor.
—Qué bueno. Y ahora que estás más tranquilo me gustaría agregar que realmente me alegra que dieras este paso, y más sabiendo el gran esfuerzo que requiere.
La plática fue surgiendo, y durante esta, Kurt le explicó todo lo que había sucedido después de que se fue del consultorio acompañado por Michelle, la conversación que sostuvo con Blaine y lo que le hizo decidirse a volver a buscar ayuda.
—Con respecto a eso —dijo la mujer—, me gustaría hacer unos ajustes, de los cuales ya vamos a hablar. Por supuesto que espero verte aquí tanto como te sea posible, sin embargo, quiero que alternemos tus visitas con video llamadas.
—¿P-puedo hacer e-eso?
—Es importante que te sientas lo más cómodo posible, y si hay días en los que te resulta complicado salir, no quiero que eso te impida tener tus sesiones.
Kurt respiró y el alivio en su postura y rostro fueron automáticos.
—Eso sería genial. De verdad me ayudaría mucho si lo podemos hacer de esa manera porque no quiero que esto siga avanzando. Deseo estar bien, por mí y por mi familia.
—Blaine… Blaine…
—¿Mmm? —frunció confundido.
—Blaine…
—¿Ah? ¿Qué sucede? — enderezó la cabeza.
—Perdón por despertarte.
—Descuida, amor. ¿Estás bien?
—Sí. Sólo me preocupa la postura en la que estás. Sería mejor que te acuestes en un camastro o te acomodes en la silla.
—Estoy bien aquí.
—¿Y tus piernas?
—Están bien. No hay nada por lo que debas preocuparte —se inclinó hacia el frente y le besó un costado de la cabeza.
—¿Seguro?
—Si estuviera incómodo de alguna manera, te lo diría. ¿O es que quieres levantarte?
—No… No me sueltes —susurró.
—Nunca.
Kurt suspiró y cerró los ojos.
—Te amo.
—También te amo.
—¿Y Steph?
—Con mis tíos.
—¿Hace cuánto que me dormí?
—Como unos quince minutos.
—¡Oh! Pensé que había pasado más tiempo.
—No, cariño. Descansa tranquilo que Steph sigue paseando feliz.
—Sí, claro.
—¿Te ocurre algo? Te siento inquieto.
—Amm… Soñé con Vane… Fue un recuerdo —miró al cielo durante unos segundos—. A ella le encantaba la playa, y en una época en la que estaba mejor, aprovechamos para ir un fin de semana. Ahí tuvo la idea de tatuarse porque amaba con locura a nuestra bebé desde el momento en el que la concibió, y a la pequeña familia que éramos —recordó con una sonrisa—. El caso es que ella misma lo diseñó. Eran 2 corazones entrelazados con el nombre de Steph y el mío en el centro de cada uno.
Cuando regresamos me contó que quería mandar a hacer un dije para regalárselo a Steph porque quería que tuviera algo con que recordarla. Sin embargo, se sentía culpable ya que no teníamos tanto dinero, y el viaje que realizamos había estado fuera de nuestro presupuesto.
Sabía que tenía razón, pero ¿cómo negarle ese deseo? ¡Imposible! Así que le dije que me encantaba la idea y que podíamos afrontarlo, que yo me encargaría de eso. Me costó convencerla, pero al ver la dicha en su rostro supe que cualquier esfuerzo que tuviera que hacer lo valdría por completo.
Se inspiró en el tatuaje, pero fue modificando el diseño, haciendo combinaciones de todo tipo hasta que hubo una que pensó que representaba lo que quería plasmar, y fuimos directo a una joyería para encargarlo.
El dije lo conforman tres corazones plateados entrelazados, cada uno con nuestros respectivos nombres cerca de la unión y una piedra de distinto color.
Cuando vio el resultado no pudo parar de llorar y me pidió que se la entregara a nuestra niña en una ocasión especial.
Al despertar me quedé pensando en eso hasta que sentí que tu cabeza resbaló y te llamé porque parecía que estabas incómodo.
—Gracias, amor, pero no lo estoy —le besó la mejilla—. ¿Y qué más sucedió?
—¿En el sueño? Sólo eso. Creo que fue como un recordatorio de su petición.
¿Cuándo te parece que debo dárselo? ¿Qué ocasión especial debería ser? ¿Cuando termine la primaria? ¿Cuando se gradúe de la secundaria? ¿Cuando cumpla dieciocho? Aunque no quisiera esperar tanto tiempo.
—Pienso que Steph tiene la madurez necesaria para apreciar y valorar un regalo así.
—¿Ahora?
—Su cumpleaños se acerca, y celebrar el día en que nació es una ocasión bastante especial.
Kurt sonrió en medio de un suspiro.
—Sí, lo es, y puede que tengas razón. De verdad me gustaría dárselo.
—¿Pero?
—No recuerdo dónde puse el estuche. Sé que lo guardé en un cajón, mas no logro recordar en cuál ni en dónde.
—Está en el walking closet, en el área en donde tenemos todos los recuerdos. Lo encontré un día en que me puse a arreglar y limpiar.
—¿De veras? —sonrió con alivio.
—Sí. En donde tienes guardadas las cosas de Steph de cuando era bebé.
—¡Oh, sí! ¡Es cierto! ¿Y viste el dije?
—Sí. Confieso que sentí curiosidad y abrí la cajita para ver su contenido.
—¿Qué te pareció?
—Es precioso. Sin duda Vanessa hizo un gran trabajo al diseñarlo, y también vi una foto de ella con el tatuaje. Me encantó.
—No me habías contado eso.
—Fue en un momento cuando estaba luchando con la depresión y pasando por momentos difíciles. Ya después entre tantas cosas, lo olvidé.
—Entiendo —dijo con nostalgia.
—Oye, eso ya pasó. Fue una etapa difícil de mi vida, pero quedó atrás —lo tomó suavemente del rostro y lo hizo girar hacia un costado para darle pequeños besos en los labios—. No tiene caso pensar en ello —siguió besándolo—. Te decía que el dije es precioso, y tomaste una excelente decisión al mandarlo a hacer.
Kurt sonrió en medio de los besos.
—Ella tenía mucho talento y creatividad.
—Estoy de acuerdo.
—La cadena es sencilla, a pesar de que me tomó mucho tiempo poder ahorrar para comprarla, pero no podía pagar más con lo poco que ganaba.
—A mí me pareció hermosa. Y todo el sacrificio que hiciste para conseguirla le da más valor.
El castaño suspiró y sujetó los brazos de Blaine, acariciándolos suavemente.
—Gracias. ¿Crees que a Steph le vaya a gustar como regalo de cumpleaños?
—Estoy más que seguro de que le va a encantar, no sólo por lo hermoso que es sino por lo que representa.
—Me encantaría que tuviera un corazón extra o que hubiera algún modo de agregarle tu nombre.
—Kurt… —dijo conmovido— gracias. Lo aprecio muchísimo, pero está bien si sólo tiene los tres corazones. Es como una simbología de que ustedes son sus padres, de todo su amor hacia ella y que siempre van a estar a su lado.
—También eres su papá, y sé lo mucho que la amas.
—Por supuesto. Steph es todo para mí, sin embargo, ustedes dos hicieron posible que ella esté aquí. De eso se trata el dije —se inclinó una vez más y repartió varios besos por su rostro—, pero te agradezco infinitamente tu gesto —continuó besándolo—. Te amo mucho.
—Yo también te amo —suspiró— ¿Sería raro si me pongo de lado?
—¿Cómo?
—Si giro y me pongo de lado para abrazarte, ¿sería raro?
—No, pero no estoy muy seguro de que sea una posición cómoda.
—Mmm… Voy a averiguarlo —se fue moviendo con cuidado de no lastimar a su esposo y se arrastró hasta que quedaron a la misma altura, abrazándolo sin perder tiempo—. Hueles tan bien —frotó la nariz en su cuello.
—No me he puesto nada.
—¿Ah?
—Veníamos a la playa, así que no me puse ningún perfume, colonia ni nada.
—Ya lo sé —inhaló y cerró los ojos—. Me refiero a tu olor natural —repartió varios besos a lo largo del cuello de su amado—. Me encanta.
—Kurt… —pronunció con una risita melodiosa y movió la cabeza para darle más acceso.
Los suspiros no faltaron y pronto sus labios se encontraron en una suave danza hasta que el de ojos claros se apartó.
—¿Sabes qué? No fue la mejor idea. Se me está durmiendo el brazo. Ayúdame a enderezarme, por favor.
Blaine lo sostuvo y lo fue empujando con cuidado hasta que regresaron a la posición inicial.
—Podemos acostarnos.
—Sí, eso me gustaría, pero quiero un poco de agua primero —se puso de pie—. ¿Quieres algo?
—Agua está bien, amor.
Mientras Kurt fue a buscar las botellas a la hielera, Blaine movió la silla hacia un lado y acomodó un par de cojines sobre la toalla para usarlos como almohadas.
Una vez acostados, el castaño suspiró acariciándole el pecho.
—Si meses atrás me hubieran dicho que esto iba a suceder, jamás lo habría creído. Lo hubiera deseado con todo mi corazón, pero no creído por como estaban las cosas.
—Pero aquí estamos —lo tomó de la barbilla y lo besó.
—Aquí estamos —suspiró en los labios de su esposo—. Gracias por apoyarme, por tus cuidados y la paciencia que has tenido.
—Te amo, Kurt, y siempre voy a estar a tu lado.
—También te amo.
—Gracias a ti también por ayudarme en mi proceso.
—Que esos hermosos ojos tuyos ya no estén tristes es como un regalo.
Blaine volvió a sujetarlo de la barbilla para otro beso, esta vez más largo.
—Tú eres un regalo —susurró.
El joven padre suspiró y asentó la cabeza sobre el bronceado pecho, permaneciendo en silencio durante un par de minutos, deleitándose en el momento.
—Me gusta esto. Tú y yo aquí abrazados disfrutando de la brisa, del sonido del mar, de la tranquilidad que se siente.
Estar en una playa privada es maravilloso. Sin bulla, sin personas por todas partes, sin miradas inquisidoras. Y lo mejor es que puedo hacer esto —acomodó más de la mitad de su cuerpo sobre el de su pareja y empezó a besarlo.
Anderson correspondió de inmediato todas las atenciones que estaba recibiendo y prosiguió hasta que se vio forzado a detenerse.
—Cariño… —dijo agitado— por mucho que deteste tener que hacer esto, es mejor que nos calmemos. Pueden llegar en cualquier momento y sería terrible que nos encontraran así. Necesito enfriarme un poco.
—Sí, deberías. Porque hay una grave situación ocurriendo ahí.
—Tan grave como la tuya.
Kurt rio con picardía y escondió su rostro en el hombro de Blaine.
—Después de un largo periodo de abstinencia, no puedo evitar desearte todo el tiempo.
—Te deseo tanto —gimió—, pero aquí no podemos hacer nada más.
—Sí, tenemos que calmarnos, aunque lo único que quiero en este momento es… —le dijo algo al oído.
—¡Oh sí! —jadeó— Pero esa imagen que tengo ahora en mi cabeza, no ayuda, y que tu cuerpo esté presionado sobre el mío tampoco lo hace.
—Lo siento —se acostó a un lado y le dio una rápida mirada—. Amm… creo que mejor nos tapamos con una toalla porque es bastante obvio lo que nos ocurre, sobre todo a ti con ese traje de baño tan ajustado.
—Bueno, tu traje no es tan diferente al mío, y me gusta lo que veo.
—¡Blaine!
—Sí, sí —sacudió la cabeza—. Debemos dejar de pensar en eso.
—¡Ay no! Acabo de darme cuenta lo bochornoso que sería si nos vieran, y escuché unas voces aproximándose.
Anderson levantó la cabeza para observar en la dirección en la que su familia había partido.
—Sí, allá vienen.
—Dime que no es cierto.
—Creo que es el momento ideal para ir a bañarnos.
—Sí, es buena idea.
Ambos se pusieron de pie y se dirigieron hacia el mar tomados de la mano.
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Luego de un entretenido juego en familia y haber disfrutado de varios refrigerios, Ezequiel estaba acostado tomando el sol, Steph y Michelle se encontraban a pocos metros haciendo un castillo, y Blaine y Kurt estaban sentados observándolas.
—¡Papi! ¡Papito! ¡Miren como está quedando!
—¡Está increíble!
—¡Me encanta!
—¡Quisiera vivir ahí!
La niña rio adorablemente y continuó con su trabajo.
—Es toda una artista —dijo Michelle—. Yo sólo estoy ayudando en lo que ella me indica.
—Tiene el talento de su madre —suspiró Kurt en voz más baja—. No había nada que Vane no pudiera hacer una vez que tenía una idea. Su creatividad, su destreza, todo… De verdad era asombrosa, y veo eso en Steph desarrollarse conforme va creciendo. Cada día se parece más a ella, incluyendo lo físico.
—Yo le encuentro un gran parecido a ti.
—De mí sacó el color del cabello y pequeños rasgos, pero de ahí, todo en Steph grita Vane, en especial sus ojos. Son idénticos a los de ella.
—Papito, ven a ayudar. Papi, tú también. Quiero que el castillo sea grande.
Los dos se levantaron y fueron hacia donde estaba su hija.
Cuando terminaron, tomaron varias fotos, tanto al castillo como a Steph junto a su creación, y un par más en grupo.
—Ya regresamos —dijo Kurt—. Vamos a caminar un rato.
—Diviértanse —respondió Michelle con una sonrisa.
—Vamos, amor —dijo Blaine extendiendo la mano a la pequeña, quien disfrutaba de un helado.
—Yo ya caminé con mis abuelitos.
—¿Entonces no nos puedes acompañar? —fingió estar indignado sujetando su pecho con una mano.
—Ay… No sé —siguió el juego.
—Ya que conoces el camino, nos puedes guiar —añadió Kurt.
—Está bien —se puso de pie—. Yo les muestro por donde debemos ir.
Los tres se alejaron, con Steph al frente dando indicaciones.
—Me parece un sueño todo esto —dijo Ezequiel—. Después de lo mal que estaban, verlos así de tranquilos y felices es bueno.
—Ya sé. Pasaron por mucho. Todavía no puedo olvidar el día que Kurt me llamó llorando porque se iba a llevar a Steph. Nunca lo había visto así, y todo lo que sucedió después fue caótico.
—Ha sido un proceso largo, pero que estén recuperados valió todo el esfuerzo, las preocupaciones, las noches en vela y demás.
—Recuerda lo que nos dijo la doctora —lo tomó de la mano—. Ellos no están bien todavía, están mucho mejor, pero les falta un largo camino por recorrer porque sus cuadros eran graves. Aún pueden tener una recaída.
—Ni lo digas, mi amor. Por eso me parece tan extraño y a la vez tranquilizante que estén felices.
Cuando nos pidieron que nos mudáramos a su casa porque necesitaban ayuda, supe que iba a ser complicado, pero jamás imaginé lo difícil y doloroso que sería verlos atravesar sus altas y bajas, las crisis y todo lo que vivieron. Luego cuando Kurt aceptó medicarse y eso lo puso peor, fue terrible.
—Verlo así quebró a mi niño por completo, hasta estuvo tentado a tomar los antidepresivos en más de una ocasión —negó con la cabeza—. Pero después de todo eso las cosas fueron mejorando. Es como si hubieran tenido que tocar fondo juntos para poder levantarse. No sé cómo, sin embargo, sucedió.
—Estaban muy comprometidos a hacer todo lo necesario para recuperarse, por ellos mismos, por Steph, por su matrimonio, por su familia. Y Jimmy llegó como caído del cielo en el momento preciso.
—Ese muchacho nunca ha sido santo de mi devoción, pero reconozco que las cosas empezaron a tomar forma y a acomodarse, y su ayuda tuvo mucho que ver, así como la presencia de Pam.
—El día que llegó a la casa, me dejó estupefacto. Sabía que había tenido un acercamiento previo con ellos y que se había disculpado con Kurt, pero de ahí a que formara parte de todo el proceso, nunca lo hubiera imaginado. Hasta se enfrentó a James porque él se oponía rotundamente a que los ayudara.
—La verdad es que nunca he entendido como es posible que ese hombre tan nefasto sea tu hermano.
