Bueno, después de una racha media horrorosa de mi vida, encuentro tiempo de subir viejos trabajos. Sin embargo, es la primera vez en mucho tiempo que me emociono y siento el feelling necesario para escribir un capítulo como este. Sé que es tarde, demasiado tarde. Solo quería dejar una imagen más clara de esta pareja en su imaginación. Espero sea de su agrado.
El vuelo de las aves
I
Sakura miró en dirección a Neji, quien se encontraba en la entrada principal investido con toda la dignidad propia del patriarca de los Hyūga. A lo cual no supo con exactitud que era lo que más le molestaba de él en ese momento, si la mirada suave casi angelical que le dedicaba o su rostro radiante besado por el sol. Lo único de lo que era consciente era que estaba enojada, su corazón había comenzado a latir violentamente, signo inequívoco de su incipiente enojo.
Por supuesto que tenía que ser eso, las irracionales y arcaicas conductas de los viejos Hyūga eran suficiente para provocar que su rostro se abochornara de un momento a otro sin que tuviera que buscarle una explicación a profundidad.
Sakura solía dedicarle saludos formales pero amables, y con el paso del tiempo un poco más amenos. Pero su rictus serio y sus finas cejas fruncidas a Neji le hicieron saber de inmediato que la calidez de días anteriores brillaría por su ausencia, tragó fuerte, podía adivinar a qué se debía. A lo que carraspeó y dio un paso adelante cual sacrificio humano.
Quizá así pudiese amainar la ira de la jefa de médicos.
—Salí de una reunión del consejo cuando escuché que un miembro del Bouke estaba aquí —intentó excusarse — …. Me quedaba de paso así que…
Sakura alzó una ceja, ¿había escuchado bien?¿Qué clase de disculpas era esa?, se dijo, ¿sólo porque le quedaba de paso?
—Sí, se lastimó mientras entrenaba gracias al famoso ayuno intermitente de tu Clan —lo interrumpió Sakura, señalando a quema ropa a los Hyuga. La joven médico sintió que la sangre le hervía — Creí que ya habíamos hablado al respecto de eso, Neji. No es correcto que un niño en crecimiento realice tales prácticas; al parecer no fui lo suficientemente clara o importante como para ser tomada enserio.
La sala de urgencias se quedó en total silencio, no era para menos, frente a ellos tenían al patriarca del Clan Hyuga siendo regañado abiertamente por Sakura con total desfachatez, al punto de omitir honoríficos y llamarlo por su nombre de pila. Lo normal sería dirigirse a él con pleitesía y respeto, pero aquella actitud irrespetuosa por parte de su superior escapaba del entendimiento de sus subordinados.
Todos miraban expectantes, si el patriarca de los Hyuga se quejaba, todos ellos estarían de acuerdo en recibir felizmente el castigo en nombre del prestigioso equipo médico de su maestra, el problema… era que dudaban que su líder tuviese la intención de perder o peor aún, de disculparse.
—Neji-sama… agradecemos su preocupación, el niño ya se encuentra bien gracias a… —intercedió Tsuki, tratando de fungir como intermediaria, pero Neji le hizo un ademán y pasó de ella, acercándose a Sakura.
—¿Qué no eres lo suficientemente importante? —la respuesta era evidente— Lo eres, Haruno. Tus consejos son tomados en consideración y respeto —respondió en cambio Neji, con voz plausible—. Simplemente es difícil implementar cambios con años de cimientos tras mi espalda, pero lo intento llevando tu amable sugerencia y cooperación. Prometo que pondré más inri para que algo así no vuelva a suceder. Sin embargo, es grato saber que los miembros de mi Clan y de la aldea se encuentran seguros bajo tu apasionada jurisdicción —musitó con sinceridad Neji, quien se disponía a irse, pero se detuvo al recordar "eso" importante que había ido a comunicarle antes de enterarse del joven niño del Bouke —. Podrás saldar tu molestia conmigo más tarde —dijo en cambio, suavemente—. Si está bien para ti, ven a mis dependencias al terminar tu turno. Podemos continuar donde nos quedamos la última vez.
Sakura se llevó el envés de la mano a la cara queriendo ocultar su sonrojo, negando con la cabeza con vehemencia. No sabía cabalmente qué debía negar pero estaba segura que las palabras de Neji habían sonado muy mal al ver los rostros desencajados de sus alumnos.
—¿No? —espetó Neji, sin prestar atención a la muchedumbre que parecían a punto de colapsar de la emoción—, puede ser mañana si hoy se te dificulta.
Sakura ladeó el rostro, incapaz de verle. ¡Qué estaba diciendo!
—No es eso… —acotó con voz baja, sus mejillas continuaban rojas, azorada por sus palabras.
Eso hizo que Neji se percatara de que el resto del escuadrón médico se encontraba en la misma situación, con las caras visiblemente abochornadas sin creer lo que escuchaban, estaban estupefactos. ¡¿Qué clase de conversación era esa?!, ¿Era posible que el patriarca del clan más antiguo y prestigioso y su superior tuviesen…?
Hisao jaló discretamente la elegante manga de la investidura de su joven amo y le hizo una señal, lo mejor era retirarse. Entonces él lo entendió de inmediato. Esquivó la mirada de Sakura sin evitar sentirse avergonzado de sí mismo al tomar conciencia de aquel enrarecido ambiente que había provocado.
Neji carraspeó, retomando la compostura. Qué imprudente de su parte, pensó, la combinación de sus palabras habían sonado terriblemente mal, a una peligrosa insinuación. ¡Dioses!
Y lo había dicho frente a todos. A ese pasó Sakura no podría casarse, ni con él ni con nadie.
—Me refiero al entrenamiento inconcluso, Haruno-san —Tonto, usar honoríficos en ese punto de la conversación no aplacaría lo dicho previamente, pensó Sakura— Ha terminado la cumbre Feudal, podemos retomar el entrenamiento del taijutsu Kyokushin por la tarde —explicó él, queriendo desaparecer bajo las incautas miradas de los presentes que los seguían con fervor— Mis deberes han cesado momentáneamente, por lo cual no debería haber inconveniente en reanudar los entrenamientos.
Sakura asintió con la cabeza, quería gritarles a todos que regresaran a sus actividades y a Neji que volviera por donde vino, pero no pudo formular ninguna oración, solo asintió con la cabeza con lo que Neji procedió a salir deseando nunca más pisar una sala de urgencias en toda su vida.
—Hisao, ¿es posible construir una torre médica dentro de nuestras dependencias? Ya sabes, algo exclusivo… —creía saber la respuesta, pero no tenía nada de malo internarlo— De esa manera el bouke y el souke tendrían más privacidad…
—No señor, además… las mejores manos y conocimientos están bajo la estricta jurisdicción de Sakura-sama.
Neji se crispó ante la repentina mención de su nombre.
—Quizá lo podríamos reconsiderar si la señorita se uniera al Clan y decidiera administrar el territorio y la torre médica… ya sabe, sería parte del deber como esposa del patriarca —musitó y caminó un par de pasos delante de su amo, ignorando la punzante mirada que sentía clavada en su espalda.
El sol brillaba suave sobre sus cabezas y el olor a flores empezaban a invadir las calles, sin duda era un buen día. Y si kami-sama estaba de su lado, pronto tendría a una joven señora a la que atender.
II
Hisao llevaba una ligera sonrisa en los labios desde que habían salido del hospital de Konoha, y un rictus casi… solo casi de felicidad, diferente al aura oscura que desprendía Neji. Ambos habían llegado desde hacía un par de horas y pese al trabajo burocrático que atendía en la oficina principal, la sonrisa del hombre no desaparecía de su cara.
—No es de buena educación el burlarse de tu maestro… —afirmó Neji, visiblemente irritado.
—Lo sé —respondió, Hisao—. Pero lo hecho, hecho está, Neji-sama. Por lo que es inevitable no hacerlo, la ha liado en grande allá adentro. Sakura-sama se ha enterado de sus intensiones más oscuras y con ella todo su equipo médico. Se hablará de eso por días…
¡POR DÍAS…!
Hisao continuó hablando, pero Neji había dejado de escuchar porque en su cabeza solo se repetía "POR DÍAS" como un molesto eco, por lo que su rostro se ensombreció aún más.
Era cierto que se había preocupado por el niño del Bouke, pero de alguna manera, muy en sus adentros tenía la intención de ver a Sakura así fuese por un resquicio, y si la suerte estaba de su lado, informarle que podían regresar a sus anteriores hábitos de entrenamiento.
Ellos habían comenzado a frecuentarse desde hacía cuatro años, cuando ella lo había buscado directamente mencionando que no quería solo hacer uso de su fuerza descomunal; si bien dominaba un nivel alto de taijutsu, quería seguir perfeccionándolo y de ser posible, aprender todos los diferentes estilos de lucha cuerpo a cuerpo y administrar su poder, y él era el más adecuado para contener su fuerza, sin el miedo constante de destrozar la aldea.
—Quiero hacer más efectiva mi fuerza y mi cuerpo, necesito tu cooperación.
Neji había sonreído y estrechado la mano de Sakura, sellando un pacto en mutuo acuerdo.
—Lo haré.
En un inicio Neji creyó que sería complejo lidiar con un aprendiz, nunca había tenido uno. Desde pequeño había crecido solo, se había cuidado solo, entrenado solo. Se había superado y vuelvo fuerte por sí mismo. En sus tiempos con el equipo Guy incluso entrenaba por separado, al volverse jounin no había accedido a que le asignasen un grupo de la academia, prefería encontrar su destino en el campo de batalla aceptando todo tipo de misiones de alto rango, ese era su camino, un guerrero por sí mismo.
Pero la vida le había dado otra oportunidad y con ello otra vida, y ahí estaba él, siendo un guerrero y un diplomático por un bien mayor que sí mismo, un guía para las futuras generaciones. Sakura también le había demostrado que no lidiaría con un aprendiz, sino con un igual. Ambos eran jounin, ambos tenían un control excepcional de chakra y ambos eran genios a su manera. Además ella había sido clara:
—Quiero volverme más poderosa.
No había dicho "quiero hacerme poderosa", ella sabía que ya lo era, quería volverse más poderosa.
—Y para conseguirlo necesito de la persona más poderosa en el cuerpo a cuerpo. Así que por favor, tómame en serio.
Y él lo hizo.
Desde entonces refinar su estilo de pelea se había vuelto el objetivo de Sakura, y ayudarla a conseguir su meta el objetivo de él. Era una forma de agradecerle por haberle salvado la vida. Día a día practicó con Sakura las técnicas de apertura con puños, bloqueos, patadas, estrangulamientos, derribes, el empleo correcto de cada uno de sus huesos y extremidades como armas de combate.
Finalmente Sakura se decidió por el Kyokushin, ciertamente le quedaba, al ser uno de los estilos más mortíferos sin duda iba con su personalidad. En un inicio Neji practicaba con Sakura sin usar su dojutsu y evidentemente, ella no usaba su super fuerza. Era la forma más equitativa de entrenar y de igualar condiciones. Pero pronto la velocidad de Sakura lo obligó a emplear su byakugan para seguirla y guiarla de mejor manera.
Fue la primera vez que encontró exitante el entrenar y crecer junto a un compañero que consideraba su igual. No porque ambos tuviesen estilos similares, sino porque podían aprender cosas del otro, trabajar en equipo y contrarrestarse en caso de ser necesario.
Un compañero…
Tenía un compañero.
Esa fue la primera vez que sonrió con franca honestidad cuando por fin se hizo consciente de la presencia de Sakura y de lo interesante que era entrenarse a su lado.
Nunca había sentido miedo de ser alcanzado por un golpe, pero gracias a ella había descubierto que tampoco deseaba ser alcanzado por uno de los suyos.
Pronto, el verse todas las tardes después de sus respectivas actividades se había vuelto una costumbre. Practicaban en el dojo de los Hyūga, lavaban sus cuerpos y si les restaba tiempo, solían compartir la cena y triviales pláticas de sobre mesa. En otras ocasiones, Sakura era un erúdito consejero que le ayudaba a encontrar soluciones a temas de gestión de su territorio. Estaba bien versada en temas de política, administración y desarrollo por haber servido fielmente a tres Hokages: su maestra, Kakashi Hatake, y por supuesto, Naruto.
En ese tiempo había aprendido que detrás de la imagen de Sakura Haruno como sucesora de Tsunade, existía una mujer educada y altamente capaz de dirigir cualquier sector donde se le colocara. Era una estratega, una diplomática y una agradable conversadora. Tal vez fuera porque él no era tan bueno con las palabras que disfrutaba más de escucharla y analizar sus opiniones que ser el centro de atención. Al final, antes de despedirse agradecía su amable compañía esperando que llegara el día siguiente.
Para él, ese tiempo significaba un desahogo de los procesos burocráticos, una manera de romper el estrés de su cotidiano día. Y para ella, como le había confesado en alguna ocasión, el escapar de sus deberes explotando la energía almacenada en su cuerpo. Podía entregarse libre al combate sin limitaciones, sabiendo que tenía frente a ella a alguien capaz de contenerla y respetarla.
Neji levantó la vista de sus documentos, firmemente convencido.
—Hisao.
—¿Si, señor?
—No hay nadie más adecuada que ella.
Hisao no necesitó explicación alguna, sabía perfectamente a lo que se refería. Y no podía estar más de acuerdo.
—Por favor, prepara la "prenda" de mi familia. Quizá hoy podría ser el día…
Aquello hacía inmensamente feliz a Hisao, sin embargo, había un pequeño detalle.
—Mi joven, Neji. Es algo que tengo listo con antelación… sin embargo… —el hombre lo miró con obviedad, a veces Neji podía ser terriblemente inexperto en algunos temas— De acuerdo con el protocolo, primero tendrías que hablar con la familia de la dama, obtener la bendición de su familia y posteriormente hablar con la dama…
Neji lo miró extrañado. Eso era ridículo, en su lógica el orden estaba invertido. Nada importaba más que la voluntad de las personas a desposarse. No había forma que la opinión de un tercero importara más que la de Sakura. Era ella quién debía decidir si lo aceptaba o lo rechazaba.
—Es por un motivo de respeto, señor. Ya sea la más humilde campesina hasta la más fuerte y autosuficiente shinobi, las jovenes tienden a guardar respeto a su casa y a sus padres. Y nuestro Clan tiene reglas muy estrictas al respecto, principalmente porque anterior a usted, se defendía la pureza de la sangre y se buscaba excluir a cualquier mujer ajena a la sangre Hyūga. Además, se considera un acto de orgullo mismo para la familia de la novia el recibir en su hogar al pretendiente de un noble clan, y en su caso, al jefe de familia. Si leyó el protocolo de matrimonio, debió tenerlo en consideración.
Neji soltó un bufido. Por supuesto no lo había leído. No le interesaba desposar a nadie y no pensaba que fuese tan complicado comprometerse. Pero ahora se daba cuenta que había sido un completo ingenuo, su Clan que amaba tanto las normas, era imposible que no tuviesen un protocolo estrictamente armado para la ocasión.
—Anteriormente las alianzas matrimoniales eran una arma política que buscaba unir poder, estatus o un objetivo en común. El llevarte a la novia como usted pretende, significaba una falta de respeto hacia la otra familia, por supuesto que no se puede permitir eso. Y tampoco creo que a Sakura-sama le agrade ser tratada con poco decoro y con tan poco tacto… ya sabe, las tradiciones existen para…
—Ya para. Ya. Ya entendí —Neji chasqueó los dientes y se dio la vuelta, pasándose una mano por el cabello— El protocolo, sigamos el protocolo. Acabo de recordar que amo las tradiciones.
Hisao sonrió complacido.
—Excelente, me haré cargo de los preparativos. Enviaré una carta a la familia de Sakura-sama avisando de su visita…
—Sí, haz eso —Neji se masajeó la cien— Pero haré una parte del protocolo a mi manera.
Aquello sin duda no le dio buena espina a Hisao que amaba con rigor los protocolos, pero antes de conseguir preguntarle, Neji lo echó de su despacho. Tenía cosas que pensar.
III
Sakura se pasó el resto del día evitando las miradas indiscretas y las preguntas inapropiadas de sus subordinados que le cuestionaban con descaro el desarrollo de su amor con el lider de los Hyūga, por lo que su jornaba había transcurrida dolorosamente lenta. Entendía que al tratarse de Neji, cualquier palabra que saliera de su boca el resto de las personas las tomarían textualmente, sin detenerse a pensar que quizá el contexto podría estar equivocado.
Por otro lado, no podía culparlos, incluso ella se sintió ruborizada al escucharlo y tenerlo tan cerca. Sakura se llevó las manos a la cara, su corazón apenas había conseguido tranquilizarse un poco al verlo marcharse, pero volvía a desvocarse cuando lo recordaba. Debía estar enferma o algo similar.
Para cuando salió del hospital, el sol aún resplandecía en el ocaso. Si decidía ir a casa llegaría temprano, quizá su madre apenas empezaría a preparar la cena… por otro lado, si seguía el camino contrario a su hogar, y caminaba con ligera prisa, llegaría a las dependencias de los Hyūga, alcanzando la última hora decente para entrenar con Neji sin verse descortés.
Sakura comenzó a caminar, cabilando en su mente la clase de guiso que prepararía su madre. ¿Curri?, tenía tiempo que no lo probaba, quizá salmón al ser el favorito de su padre, pensó. De cualquier manera sabría delicioso.
—Buenas tardes, Sakura-san, tiempo sin verla.
Una voz agradable la sacó de su ensimismamiento.
—Señora Akiko —saludó Sakura a la anciana en un tono monocorde— ¿Cómo se encuentra?, ¿su nieto se ha recuperado por completo?
La anciana asintió y le agradeció a Sakura por haber ayudado a su nieto con anterioridad.
—Ya sabe como son los niños, desde que entró a la academia está obsesionado con entrenar, por lo que frecuentemente se lastima las muñecas. Dice que quiere traer gloria y honra al clan. Espera algún día ser reconocido por el líder.
Aquello hizo que la espalda de Sakura se envarara. La señora Akiho y su nieto eran Hyūgas. Ella se había adentrado por inercia a los territorios del Clan. Sin darse cuenta había llegado a la parte más profunda, donde las altas paredes de piedra y cantera se erguian orgullosas.
¡Oh, no!
—Debe estar yendo para encontrarse con el patriarca, ¿cierto? —inquirió la anciana visiblemente entusiasmada.
Sakura solo asintió, nerviosa.
—Lamento interrumpir su camino, dígale que rezamos por una buena salud y una larga vida para su señoría.
—Se lo haré saber, señora Akiho. Estoy segura que estará complacido por las bendiciones de su gente.
La señora Akiho le sonrió de manera afable y la despidió con un apretón de manos.
—Deseamos una mayor bendición para el futuro próximo de nuestro señor. Y también para usted, Sakura-san —musitó la anciana calidamente, antes de adentrarse a su hogar— Que kami-sama guíe su camino de flores.
Sakura no supo como interpretar aquello. No era que sintiera mal intencionadas las palabras de la mujer… sino todo lo contrario, como el tipo de bendición que los ancianos y abuelos solian dar a las parejas en señal de un matrimonio próspero.
¡Qué tontería!, desde el incidente de la mañana su mente le jugaba malas pasadas, donde Neji y ella eran protagonistas.
Sacudió la cabeza y continúo su camino hasta que vislumbró la imponente fachada de la dependencia principal de los Hyūga. No era la primera vez que estaba en ese lugar, pero por alguna razón sentía que los formidables y altos muros de piedra volcánica se le figuraba una inmensa fortaleza que se extendía a lo ancho abarcando varias cuadras del clan hasta perderse hacia los lindes del bosque. Las vigas de madera bermellón y negra sostenían la entrada del torii que identificaba aquel lugar como una residencia sagrada.
Sakura continuó caminando y a medida que se acercaba las puertas se abrieron como si la estuviesen esperando con anticipación. Eran los centinelas que custodiaban la dependencia y que con el paso del tiempo se habían ido acostumbrando a su presencia, como si de otro integrante del souke se tratara.
Al traspasar la entrada una de las doncellas la saludó cortesmente y la dirigió al interior de la casa por un sendero de piedra que daba a la parte trasera.
Antes de dirigirse al dojo la escoltaban a una de las habitaciones de invitados y procedía a cambiarse la ropa de trabajo por el karate-gi. Neji siempre le tenía preparado un uniforme de entrenamiento a su disposición. En esta ocasión no fue la excepción. O eso pensaba ella.
—Sakura-sama, el patriarca a ordenado que el día de hoy ambos laven sus cuerpos previo al entrenamiento —indicó la doncella, que se encontraba detrás de la mampara con el rostro cabizbajo en señal de humildad.
Aquello le pareció un poco raro a Sakura. Usualmente lavababan sus cuerpos después del entrenamiento para eliminar el excedente de sudor y polvo. Lo que la hizo suponer que quizá era un dia especial en el calendario de los Hyūga. Algunos clanes solían realizar ayunos durante cierto mes del año, otros oraban al alba y a la puesta del sol en honor al dios Amaterasu, y quizá los Hyūga se encontraban en algun día particularmente espiritual.
¿Habría sido imprudente su visita?
—Señora, ¿desea qué le ayude?
—No, no es necesario. Lo haré por mi misma —informó. Y no se trataba de que tuviese pudor, solo necesitaba su espacio para reflexionar.
Entonces Sakura observó una bañera de porcelana que había sido colocada en medio de la habitación a propósito, estaba vertida hasta la mitad con agua tan clara que a su criterio, el agua desprendía un brillo cristalino, similar al que se mencionaba en la leyenda del río donde el dios Tsukuyomi se bañaba previo a ver a su amada.
A medida que Sakura se desvestía la doncella le informó que encendería una vara de incienso, y fue ahí donde su curiosidad no pudo más. Y se dirigió a la joven.
—¿El incienso y el lavarme pulcramente tiene algún significado? —inquirió.
A medida que se introducía lentamente en la tina sentía que los dedos de sus pies hormigueaban y poco a poco la pesadez de su mente abandonaba su cuerpo, clareando su juicio.
—Se trata de un ritual de purificación —Explicó llanamente desde el otro lado la joven— El agua proviene desde el manantial que se encuentra en el territorio del Clan y que llega al Templo Santo. Se dice que fue bendecido por el Dios Tsukuyomi en la Primera Era como regalo a su querido hijo, que sería señor de estas tierras. Desde entonces el Templo refuerza el poder de sus aguas con oraciones llenas de la bondad del mundo. Gracias a ello tiene la facultad de curar la mente y sanar el cuerpo. La residencia principal tiene acceso directo a sus aguas por ser la cabeza que dirige la voluntad de Tsukoyomi.
Sakura no podía ver el rostro de la doncella, pero por su voz, estaba segura que su pecho estaba lleno de orgullo. No podía ser para menos, estaba hablando de su sangre, aunque fuese una humilde doncella del souke, no dejaba de ser una Hyūga. Un ser cuyo linaje descendía del Dios protector de la luna y los mares.
Sakura sumergió por última vez su cuerpo y lavó su cara. Lo dicho por la doncella sonaba a un regalo precioso que los Dioses habían tenido para los Hyūga, como una huella inequívoca de que su poder y sangre venía de la divina Providencia. ¿Por qué motivo le darían tal honor a una persona ajena a su Clan?
No lo entendía, tendría que preguntárselo directamente a Neji.
—¿Señora?
—He terminado —Sakura tomó una de las toallas y envolvió su cuerpo. La doncella se acercó a ella y la guió al tocador, donde comenzó a secar sus largos cabellos con mimo. Después recogió su cabello en una alta, como de costumbre y procedió a colocarle el karate-gi, sin embargo, en esta ocasión se percató que el karate-gi era negro lo que significaba que era más formal y tradicional.
Una forma de reconocimiento de que había alcanzado un rango de cinturón negro o superior. ¿Acaso Neji la estaba dando el mismo nivel de fuerza y autoridad que él dentro del dojo de los Hyūga?
La doncella ató finalmente el obi y la dirigió donde su maestro la esperaba.
IV
Cuando Sakura entro al dojo, Neji ya la esperaba en el centro con su tradicional postura firma y elegante. Vestía un karate-gi oscuro similar al suyo y su cabello usualmente atado por lo bajo se encontraba recogido en una cola alta, dejando su blanca y limpia frente al descubierto.
No había marcas ni cicatrices. Nada que lo atara al pasado.
Sonrió.
De alguna manera, verlo con la frente limpia, sin vendas que cubrieran su sello la hacía sentir orgullosa. Por fin podía ver a Neji andar libre sin nada que ocultar.
—Para ser el primer entrenamiento que tenemos en semanas, te he hecho esperar —exclamó, Sakura, mientras iba en su dirección.
—No pasa nada, he sido yo quien te ha hecho pasar por este contratiempo —confirmó, para después agregar—. Hace mucho tiempo debí entregarte ese karate-gi, Haruno-san. Hace un año has alcanzado el objetivo principal por el cuál acudiste a las dependencias de mi Clan. Tu objetivo era hacerte más fuerte y ya lo eres, no hay nada más que pueda enseñarte que no sea la práctica continúa como tu compañero. Desde que me di cuenta de eso te veo y trato contigo no como discipulo, sino como un igual. Lo natural es que recibas algo que acredite tu proceso, tu fuerza y tu honor conseguido. Si no lo hice antes fue por mi codicia.
—¿Cómo? —algo parecía no ir muy bien con el discurso de Neji, el cual no lograba hilar adecuadamente— ¿Qué quieres decir?
—Digo que si te hubiese reconocido como se debe hace un año, no habría ningún motivo para que siguieras acudiendo a mí —se sinceró finalmente Neji. Él ya había tomado una decisión, y era demasiado tarde para dar un paso atrás. Por otro lado, el corazón de Sakura comenzó a latir violentamente como había hecho en la mañana, pero en esta ocasión no encontraba vestigios de enojo o ira, no existía ningún sentimiento negativo en su mente o en su corazón hacia Neji.
No más que gratitud, respeto y un "algo" que no era capaz de ponerle nombre en ese momento.
Neji dio un par de pasos adelante y quedó a una palma del cuerpo de Sakura. La miró a los ojos y supo que jamás había mirado tan intensamente a nadie.
—Te quiero —declaró, como tampoco antes había sido tan sincero con nadie— Y tengo la clara y firme intención de hacerte mi esposa.
Sakura lo escuchó tan honesto que le fue imposible pensar que la estuviesen engañando, la manera en la que Neji la observaba y su calor corporal habían anestesiado sus sentidos. La mente que el agua bendita había aclarado era de nuevo envuelta en un mar de recuerdos donde todo giraba en torno a Neji. En las, quizá, pequeñas señales en forma de detalles que Neji le había estado mandando todo ese tiempo.
Desde las caminatas nocturnas por el jardín principal, hasta la pequeña flor de cerezo que torpemente se había atrevido a colocarle en primavera.
Ahora una parte de lo que acontecía cobraba sentido frente a ella.
La ceremonia de purificación, el karate-gi, él le estaba dando una ceremonía de purificación como reconocimiento a su objetivo alcanzado. Tal como había dicho " el objetivo era hacerte fuerte", pero ahora que ya lo era y lo reconocía le daba la libertad de que eligiera romper lazos con los Hyūga porque ya no habría nada que enseñarle y por lo tanto nada que los uniera. No habría más excusas para compartir tiempo juntos por la tarde o cenas y pláticas triviales por la noche. En otras palabras, si ella no aceptaba sus sentimientos, podía marcharse ahora que había logrado su meta. No tenía que rechazarlo verbalmente si no lo deseaba, Neji le estaba dando la oportunidad de hacerlo de forma discreta, sin que sintiera culpa…
Al final del día, como él había dicho… por su codicia —de mantener su cercanía— había aplazado todo.
Sakura bajó la mirada y cerró los ojos. Era increíble que el patriarca del clan más poderoso fuese tan tormentoso y desconsiderado. ¿Cómo podría rechazarlo si se portaba de esa manera?, ¿cómo se atrevía a confesarse a una mujer y echarla de su vida tan raudamente?
Sakura lo tomó con firmeza de la solapa y lo obligó a acercarse a ella. Era la primera vez que Neji sentía que Sakura realizaba un gesto con fuerza desproporcionada sobre su persona, lo que hizo que se sobresaltara. ¿Acaso sus sentimientos tanto la habían ofendido?
Pero la perspectiva de Sakura era otra:
—Sí planeas confesarte y declarar que tienes una firme convicción de matrimonio no es adecuado que intentes echar a la prometida por la puerta todo en el mismo momento —le susurró cerca de su oido. Neji tragó fuerte y el cuerpo de Sakura reaccionó por sí mismo ante su cercanía.
Poco a poco fue soltando su afiance y cerró los ojos, y solo entonces Neji se atrevió a tomar el rostro de Sakura con las manos y depositó un casto beso en sus labios.
Se sentía como un ladrón, Sakura no había comentado abiertamente que aceptaba sus intenciones, aunque su cuerpo desprendiera un deseo urgente. Y ella pudo sentir parte de su ansiedad en el afiance de sus dedos.
—Ambos debemos tener miedos y temores con respecto a los sentimientos del otro, Neji —comenzó Sakura—. Temo de mis sentimientos y el poder lastimarte sin pretenderlo…
Neji sabía lo que significaban aquellas palabras, en su mente siempre estuvo la posibilidad que el corazón de Sakura aún estuviese ocupado por Sasuke. Pero su miedo no era más grande que lo que sentía en ese momento.
—Sin embargo —continuó Sakura—, quiero aprender a conocerte y que tú me conozcas a mi… hasta que tus miedos y los míos amainen y sepamos si estamos en el camino adecuado.
Hasta hace poco algo como lo que vivían en ese instante era imposible, aún tenía muchas preguntas al respecto y no sabía si su baño de purificación había aclarado las dudas de su mente o por el contrario, había hecho que brotaran aquellas ideas más recónditas que identificaba como fábulas. Pero había abierto una brecha en su cabeza y estaba tomando un voto de fe, sin saber hacia donde se dirigía, con la única certeza que no lo hacía sola. Porque Neji continúaba sosteniendo sus manos y sonriéndole con afecto.
Entonces, él tomó la mano de Sakura y del interior de su karategi sacó una argolla la cual deslizó suavemente por el dedo anular de la joven.
—No es un anillo de compromiso —explicó Neji, y Sakura quisó gritar—. Se trata de un anillo de promesa. El día de mañana hablaré con tus padres y te entregaré el que te corresponde como mi compañera y prometida.
Sakura no fue la única que sintió que el alma le regresaba al cuerpo, en una esquina Hisao observaba la escena con detenimiento. Por un momento pasó por su mente el caos que armaría el consejo de ancianos cuando se enteraran que una "mujer externa" había sido lavada con agua bendita, sin contar que no exitía una alianza matrimonial protocolaria previa.
Pero tanto Sakura como Hisao respiraron con tranquilidad una vez más. Todo parecía ir en orden.
Neji sonrió, al final había hecho algunos ajustes a las arcaicas normas de los ancianos pero no había roto ninguna, sobre todo, había ido por el favor y la aprobación de Sakura. De ninguna manera pediría el permiso a alguien más sin respetar los deseos de ella. No había nada que quisiera más que la libre elección de Sakura hacia él.
—Debes tener muchas dudas que aclarar con respecto a mi familia y de todo lo que ocurrirá desde este punto —dijo Neji, quien pasó una mano por su espalda y la guió de regreso al interior de la residencia principal.
A su entrada, los sirvientes y doncellas a cargo del palacio interior los recibieron con una reverencia.
Sakura no había visto un gesto similar hacia ella antes, ¿o era hacia Neji?, no obstante, Neji no se detuvo, más tarde le explicaría que todos la reconocían desde ese momento como una extensión de él, merecedora del mismo respeto dentro y fuera de las dependencias.
Agradezco infinitamente a las personas que con cariño acunan mis historias, y que pese al tiempo, se toman la amabilidad de compartir su emoción conmigo. Siempre bendiciones a cada uno.
