Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Antes de empezar el capítulo, quiero aclarar 3 puntos:

1-Me he informado en la wikipedia de Naruto y en el mundo de Naruto existe tecnología, como teléfonos fijos o televisiones. Lo que pasa es que son muy raros y no los poseen en los hogares. Por tanto, que no os extrañe cuando sea mencionado en el capítulo.

2-Este punto es muy importante. Para evitar que las escalas de poder se disparen he tomado una decisión drástica. Como no pienso hacer a Bakugo un semidios en poder como al final hizo Kishimoto con Naruto y Sasuke, para equilibrar las fuerzas he decidido que Minato sigue vivo. En la batalla contra Kyubi, derrotó tanto a Tobi como al zorro haciendo que huyeran. Sin embargo, Kushina murió poco después del parto, cuando Tobi le extrae el Kyubi del interior de Kushina. Así que Naruto tiene padre, pero no tiene madre y tampoco tiene al Kyubi en su interior.

3-Otros cambios no tan drásticos son por ejemplo que el clan Aburame (el que pertenece Shino, el de los insectos) no existe y que Sarutobi murió de una enfermedad por la vejez. Por tanto, el Hokage es Minato.

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PERDIDO

En el hospital de Konoha, se encuentra nuestro protagonista, Katsuki Bakugo, con la cabeza vendada y con un gotero que le ayuda a recuperar las fuerzas. Han pasado dos días desde que Bakugo se desmayó en medio del bosque por la herida sufrida en su pelea contra los villanos. El que siga vivo el joven héroe es gracias a que un miembro de ANBU lo divisó mientras volvía de una misión de reconocimiento. Con gran rapidez lo llevó al hospital de Konoha y fue tratado eficazmente evitando su precoz muerte.

Finalmente, Bakugo abrió los ojos. Aún desorientado y aturdido mira por todos lados de la estancia. No se encontraba solo, había varias personas heridas dormidas en otras camas de la estancia.

—¿Qué diablos ..? —dijo Bakugo en un susurro, sobándose su dolorida cabeza. —¿Estoy en un hospital? —luego se echó un vistazo a sus diminutos brazos. —¡Joder!, el poder de la perra pelirroja aún no ha desaparecido. —masculló.

Una enfermera, morena, con un gorro blanco y vestida toda de blanco, que tendría unos 30 años entró por la puerta y al ver que Bakugo había despertado se le dibujó una sonrisa.

—¡Por fin despiertas muchachito! ¡Me tenías preocupada! —la enfermera se acercó a Bakugo y empezó a acariciarle su cabello rubio.

—¡Aparta, vieja! —dijo Bakugo, apartando con brusquedad el brazo de la enfermera. —¿Dónde esta la perra pelirroja?—

—¿Vieja? ¿Perra pelirroja?—dijo la enfermera, formándole una gota en la nuca por la incredulidad. —Debes moderar tu lenguaje, jovencito. —

—Oblígame, vieja. —la retó Bakugo con una pose intimidante. Pero era tan pequeño, que el efecto que producía era risa.

—Hemos empezado con mal pie. —dijo la enfermera mostrando mucha paciencia. —¿Por qué no nos presentamos? Yo me llamo Sanoda Balazar. ¿Y tú?—

—Katsuki Bakugo. —respondió Bakugo de mala gana.

—Bien Katsuki, ¿cuántos ...? —no pudo acabar ya que fue interrumpida por Bakugo.

—¿Katsuki? —dijo Bakugo enfadado. —¿Qué confianzas son esas, vieja? —

—Ufff. —Sanoda emitió un largo suspiro. —Está bien, Bakugo. ¿Cuántos años tienes? Yo tengo 29, así que no soy una vieja. —dijo con una falsa sonrisa.

—Tengo 16 años, vieja. —respondió Bakugo ignorando lo que dijo Sanoda acerca de su edad.

—Bakugo. —dijo Sanoda arqueando una ceja. —Los niños buenos no dicen mentiras.—

—Pues yo no soy un niño, ni soy bueno, ni digo mentiras. La perra pelirroja ha usado su poder y ha hecho que tenga este aspecto. —respondió Bakugo, frustrado por la derrota contra el par de villanos.

—¿Quien es esa perra pelirroja de la que tanto hablas? —preguntó la enfermera sin creerse ni una palabra de Bakugo.

—Bufff. Esto es una pérdida de tiempo. —se quejó Bakugo. —¿Dónde está el bastardo Mitad-Mitad? —

—No sé de quien hablas, Bakugo. —respondió con sinceridad Sanoda.

—Da igual. ¿All Might se ha pasado por aquí? —preguntó Bakugo.

—¿All Might? ¿Quién es ese, un amiguito tuyo? —dijo la enfermera, esforzándose para descubrir algo más acerca del misterioso niño.

—¿Estás de broma? ¿No sabes quien es All Might? —la enfermera negó con la cabeza. —¡Es el jodido héroe número 1 del mundo! Bueno, ya no ... —Bakugo dijo esto último con tristeza.

—¿Héroe? ¿Qué es eso? —preguntó Sanoda.

Bakugo abrió los ojos como platos ante la ignorancia de la enfermera.

—¿Ein? ¿Has vivido debajo de una piedra toda tu vida o qué? ¿Sabes al menos en que hospital estoy? —preguntó, molesto por lo estúpida que era su enfermera.

—Estás en el maravilloso hospital de Konoha. —respondió sonriendo Sanoda.

—¿Konoha? No lo he oído en mi vida, así que no debemos estar en Musutafu (la ciudad donde se desarrolla la historia de Boku No Hero Academia). ¿En qué ciudad estamos? ¿En Tokyo?—preguntó Bakugo empezando a cansarse de no saber nada.

—Estamos en en la aldea oculta de la hoja, Konoha. —respondió Sanoda.

—¿Estoy en una aldea? —preguntó asombrado Bakugo. —Bueno, eso explica tu incultura y que no haya un triste televisor en toda la sala. —A Sanoda le creció una vena en la frente por lo maleducado que estaba siendo el niño.

—Para tu información, no nos podemos permitir tener una televisión para que lo pases bien. Solo el Hokage y los señores feudales los poseen. —explicó Sanoda.

—Pues yo en mi casa tengo tres televisores, vieja. Y te aseguro que no soy rico. Estoy seguro que Cola de Caballo tendrá más de 10. —dijo Bakugo.

—Deja ya de inventar cosas, niño. Estoy intentando ayudarte y no estás cooperando en nada. —dijo algo enfadada Sanoda.

—Esto está siendo una conversación de besugos. Déjame tu móvil y así veo con el GPS cuán lejos estamos de Musutafu estamos, y de paso llamo a la vieja bruja para que me recoja. —ordenó Bakugo, haciendo un gesto con la mano para que le prestara su teléfono móvil.

—¿Móvil? —arqueó una ceja Sanoda. Era el niño con más imaginación que se había encontrado jamás.

—¿Tampoco sabes lo que es un móvil? —dijo indignado Bakugo. Trató de mantener la calma. —Hay gente que le llama celular.—viendo que la enfermera seguía sin entender se puso las manos en el rostro desesperado y se tumbó. —¡Genial! ¡Esto es jodidamente genial! ¡Debo estar en el único puto sitio del mundo en que no haya teléfonos móviles! —dijo a nadie en particular

—Teléfono sí que tenemos. —dijo Sanoda. Bakugo se incorporó de golpe.

—¡Estupendo, vieja! Te acompaño y llamo a la vieja bruja para que busque en internet donde está esta estúpida aldea. —viendo la cara de circunstancias de la enfermera, Bakugo frunció el ceño. —Tampoco sabes lo que es internet, ¿verdad? —Sanoda negó con la cabeza. —¡Joder! Esto es para mear y no echar gota (expresión española para expresar incredulidad).—

—No debo juzgar a este niño, quizás el golpe que sufrió en la cabeza ha hecho que tenga alucinaciones. —pensó Sanoda.

—Bueno. ¿A qué coño estamos esperando, vieja? ¡Guíame de una puta vez a donde tengáis el teléfono!—exigió Bakugo levantándose de la cama.

—Si sigues así, tendré que lavarte la boca con jabón. —dijo Sanoda, molesta por las palabras malsonantes del niño.

—Tsk. Quiero salir de aquí lo antes posible. Así que , ¿sería tan amable de acompañarme hacia el teléfono, señorita? —dijo irónicamente Bakugo.

—¡Eso está mejor, Bakugo! —dijo Sanoda con una sonrisa

—Bruja... —masculló Bakugo por lo bajo, rodando los ojos.

—¿Qué has dicho, Bakugo? —preguntó Sanoda sin dobles intenciones, ya que era verdad que no le había escuchado.

—Que eres muy guapa, señorita. —el sarcasmo de Bakugo no lo pilló la enfermera ya que se ruborizó un poco por el halago.

—Tu también eres muy guapo, muchachito. Ojalá tuvieras 15 años más. Estoy segura que serás todo un Don Juan. —dijo Sanoda mientras caminaban juntos hacia el despacho del jefe del Hospital.

—Tsk. —decidió ignorar a la enfermera y no provocar su ira. Tenía que salir de allí de inmediato y no quería perder más el tiempo discutiendo.

En la entrada al despacho del jefe del hospital, Sanoda tocó a la puerta varias veces.

—¿Se puede? —preguntó la enfermera.

—Adelante. —respondió el jefe desde el otro lado de la puerta. Bakugo y Sanoda entraron por la puerta. —Vaya, este es el niño que encontró el escuadrón ANBU hace dos días en el bosque, ¿me equivoco Sanoda?—

—¿Escuadrón ANBU? —pensó Bakugo sin entender a que se refería

—No, no se equivoca jefe. Se llama Katsuki Bakugo. Aunque prefiere que se refieran a él por su apellido. Es lo único en claro que he sacado. Quiere usar el teléfono para llamar a su madre. —explicó Sanoda.

—Vaya, tu familia debe ser muy rica. Hay pocos hogares que cuenten con teléfono. —dijo sorprendido el jefe del hospital.

—Yo creo ...—la enfermera tapó los oídos a Bakugo — ... que el golpe ha sido más fuerte de lo que pensábamos y le ha provocado alucinaciones.—

—¡Quita, vieja! —dijo Bakugo, harto de seguir fingiendo que era un buen chico.

Se separó de la enfermera bruscamente y fue directo hacia el teléfono. Marcó el número de su casa.

—El teléfono marcado no existe, asegúrese de haber marcado bien los números. —sonó el contestador del teléfono.

—¿Eh? Qué raro... —pensó Bakugo.

Volvió a marcar otra vez.

—El teléfono marcado no existe, asegúrese de haber marcado bien los números.—

—¿Qué rayos ..? Es imposible que me haya equivocado dos veces. No soy tan inútil y tengo una memoria excelente. —pensó Bakugo extrañado.

Marcó una tercera vez.

—El teléfono marcado no existe, asegúrese de haber marcado bien los números.—

Estaba empezando a preocuparse de verdad. Probó con el número de móvil de su madre...

—El teléfono marcado no existe, asegúrese...—Lo intentó de nuevo.El teléfono marcado ... —colgó de inmediato.

Luego probó con el móvil de su padre, y de nuevo esa estúpida voz del contestador le decía que se había equivocado. Por último, intentó probar con el teléfono de Kirishima, que era el único que se sabía de memoria a parte del de sus padres.

—El teléfono marcado no existe, asegúrese de haber marcado bien los números.—

—¡Me cago en la puta! ¡Este teléfono está roto! ¡Dame uno que funcione, viejo!—exigió Bakugo.

—Jovencito, te aseguro que funciona. Es más, te lo voy a demostrar ahora mismo. El Yondaime me ha pedido que le llame cuando recuperases la consciencia, y eso es lo que voy a hacer. —se puso a marcar el número de Minato Namikaze. —¿Maestro Hokage? Sí, sí. Estoy bien. Gracias por preguntar. El niño rubio ha despertado. —

Bakugo pudo oír la conversación, y comprendió que el teléfono no estaba roto. De pronto se acordó que el villano que vestía de negro le lanzó una esfera negra y que aterrizó en otro lugar, en un bosque. Al ver que la enfermera le hablaba en su idioma, suponía que estaba en algún lugar de Japón ... Ya no estaba tan seguro.

Un sudor frío le recorrió toda la espalda. Tenía miedo de hacer la pregunta que le rondaba la cabeza.

Al cabo de un instante apareció de la nada un adulto rubio con una capa blanca y una bandada en la cabeza con un símbolo extraño.

—Nunca me canso de presenciar el Hiraishin no Jutsu (la técnica del Dios Trueno Volador). Por algo el Yondaime es el ninja más fuerte del mundo. —dijo con orgullo el jefe del hospital.

—Jeje. —dijo Minato rascándose la cabeza avergonzado. —Me vas a poner rojo. Todo el mérito lo tiene el Segundo Hokage, Tobirama Senju, que fue el que me enseñó la técnica.

—¿Ninja? ¿Técnica? ¿Ese teletransporte no ha sido un quirk? —pensó asustado Bakugo.

—Bueno, jovencito. Tú y yo tenemos muchas cosas que hablar. —dijo Minato acercándose a Bakugo.

—Un momento. —dijo Bakugo con la voz temblorosa. Armándose de valor, preguntó la cuestión que tanto temía —¿En qué país estamos?—

—En el gran País del Fuego, jovencito. —respondió Minato.

Ese fue el instante que su cerebro comprendió la situación en la que se encontraba. El villano vestido de negro le había enviado a otro mundo.

—¡MIERDAAAAAAA! —gritó Bakugo.

La tensión acumulada hizo que perdiera el conocimiento de nuevo.