Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—Ey chico, chico. —Minato estaba zarandeando delicadamente a Bakugo, que había perdido la consciencia por la tensión acumulada y se encontraba nuevamente en la cama del hospital. —¿Estás bien?—
Bakugo abrió lentamente los ojos y vio la cara del ninja rubio. Después de un momento de confusión, recordó todo lo sucedido. El ataque de los villanos, la conversación con la enfermera y lo sucedido con el teléfono que hizo que se diera cuenta de la gravedad de la situación.
No sólo le habían encogido el cuerpo, sino que también le habían enviado a otro mundo. Un mundo con una tecnología muy anticuada.
—¿A ti te parece que estoy bien, subnormal? Dame un respiro ... —dijo levantándose y separándose de él. —¡Acabo de descubrir que ...! —
Bakugo lo pensó mejor y decidió callarse la boca. No sabía nada de ese mundo, era muy probable que si dijera que venía de otro mundo lo llevaran a un manicomio. Lo mejor sería informarse de todo lo relacionado con ese mundo. Aunque dificilmente le sería de alguna utilidad.
Por la conversación con la enfermera, comprendió que no había héroes. Y por tanto, no habían poderes (quirks) ni villanos. Además, su tecnología era muy precaria. Sería muy difícil que algo o alguien tuviera la habilidad de transportarse entre mundos.
Era más probable que saliera de allí esperando a que alguien le rescatara. Pensó que con suerte alguno de los héroes ya habría capturado al hombre de negro y le obligarían a deshacer el quirk.
Así que su objetivo inmediato era no parecer un loco y sobrevivir el tiempo suficiente hasta que lo rescaten.
—¡Acabo de descubrir que ...! Olvídalo, me duele la cabeza. Necesito tomar aire fresco. —dijo Bakugo emitiendo un suspiro
—¿Es seguro para el chaval salir de aquí? —preguntó Minato al jefe del hospital
—Le acabamos de hacer un TAC (escáner de la cabeza), y no se muestran signos de lesión intracraneal. Un par de días más en el hospital y le podemos dar el alta. —aseguró el jefe del hospital.
—Ya has oído al doctor. En un par de días podrás salir de aquí. Hasta entonces descansa. Vendré a verte entonces y te daré un paseo por la villa. Que me ha dicho la enfermera que no eres de por aquí. —
—Está bien. —dijo Bakugo sin protestar. Pensó que le vendría bien para descansar y con suerte , en su mundo, en estos dos días todo se podría solucionar este problema.
Minato se fue de allí despidiéndose con la mano. En los dos días que estaba en cama, para no morirse del aburrimiento ya que no había ni internet ni televisión en el hospital, se leyó un par de libros que trataban sobre la historia de las Guerras Ninja. Hasta la fecha habían habido tres Guerras Ninja, y por lo visto, el rubio que le había visitado era una leyenda viva que había derrotado a multitud de enemigos en la tercera Guerra Ninja. Era como el All Might de este mundo.
Por desgracia para Bakugo, en su mundo no estaban siendo muy rápidos para solucionar esto. La prueba de ello es que le habían dado de alta y él seguía allí, atrapado en Konoha.
Tal y como prometió Minato, fue a verle de nuevo una vez que le dieron el alta. Se marcharon del hospital, el niño vestido con el pijama del hospital y Minato con sus ropas de kage. Caminaban por la aldea y todos los aldeanos que los veían pasar saludaban al Yondaime haciendo una reverencia.
—Me han dicho que te llamas Katsuki Bakugo y que no te gusta que te llamen Katsuki. Yo me llamo ... —fue interrumpido por Bakugo.
—Minato Namikaze. He leído un libro en el que sale tu cara en la portada, viejo. No te lo tengas muy creído, estoy seguro que podría patearte el culo en cualquier momento. —dijo Bakugo con las manos en los bolsillos.
—¿Tan joven y ya peleas? —preguntó interesado Minato, sin importarle los malos modales del niño. A decir verdad, le gustaba que no le tratara con respeto como el resto de la gente. Aún se avergonzaba por los honoríficos. —Eso es impresionante.—
—Aunque no lo creas, tengo dieci ... —de nuevo se lo pensó dos veces antes de abrir la boca. Recordó que no debía hacer que pensaran que estaba loco... —... Tengo cinco años.—
—Qué casualidad. —dijo Minato con una sonrisa. —Mi hijo Naruto también tiene cinco años, puede que en un futuro seais amigos.
—Lo dudo. —contestó Bakugo. Y no solo por el hecho que él en verdad tenía 16 años. Bakugo no era muy sociable, lo único parecido a un amigo que tenía era Kirishima.
—No digas eso chaval, estoy seguro que os llevaréis genial. —siguió Minato, sin dejar de sonreír. —Hablando de Naruto ..., ese es el sitio que más le gusta comer en el mundo.—señaló al puesto de Ichiraku Ramen.
—¿Ichiraku Ramen? —leyó en voz alta Bakugo con una mueca. —No tiene pinta de ser muy bueno, viejo.
—Las apariencias engañan, Bakugo. Vamos, te invito a lo que quieras. —dijo entusiasmado el Yondaime.
—Tsk. —masculló Bakugo. —Espero que tengan algo picante.—
Ya dentro de la tienda, había un adulto vestido como un chef haciendo un bol de ramen
—Oh, ¡que grata sorpresa Yondaime! Y nuestro cliente más fiel ...Un momento ... tú no eres Naruto. ¿Quién es este chico, Yondaime?—dijo extrañado el dueño del local.
—Jeje. Es una larga historia, Teuchi. —dijo Minato rascándose la cabeza. —Luego te lo explico, pero quiero ahora que demuestres a este chiquitín que mi hijo tiene razón cuando dice que es el mejor restaurante del mundo.—
—¡Eso está hecho! —dijo Teuchi, orgulloso del piropo del Hokage. —¿Qué te pongo chaval?—
—El plato más picante que tengas, abuelo. —contestó Bakugo sentándose en uno de los taburetes de la tienda.
—¿Eh? Pero ... —Teuchi miró dubitativo a Yondaime.
—Ya le has oído, Teuchi. —dijo Minato.
—En fin, como dice el dicho: El cliente siempre lleva la razón. —dijo Teuchi. —Marchando un bol de ramen extrapicante.—
El dueño se dio la vuelta y dejó que Yondaime y el niño hablaran de sus cosas.
—Me voy a poner un poco serio, Bakugo. —dijo Minato, su cara ya no reflejaba la sonrisa que le había acompañado hasta ahora. —¿Cómo se llaman tus padres, Bakugo?—
—La vieja bruja se llama Mitsuki. Mi viejo, Masaru. —respondió Bakugo, aburrido y apoyando la cabeza en el mostrador
—¿Sabes donde viven? —preguntó Minato.
—No están aquí. —dijo Bakugo con indiferencia. No podía decir la verdad porque le tomaría por un loco, pero no quería mentir acerca de sus padres, así que respondió con una media verdad que daba entender que estaban muertos. —No están en este mundo.
—Lo siento. —dijo Minato apenado. —Mis padres y mi mujer tampoco están entre nosotros. ¿Tienes hermanos? ¿Algún familiar?—
—No. —respondió Bakugo incómodo. Sabía que le preguntaría acerca de su vida. Pero le resultaba incómodo. Katsuki Bakugo no eran de las personas que hablaran sobre su vida.
—¿Sabes cómo acabaste en medio del bosque y con una brecha en la cabeza? ¿Sabes quién te lo hizo?—
—No. —mintió Bakugo.
El Yondaime detectó que mentía Bakugo, pero no quiso presionar más al pobre chico. Ambos se quedaron callados hasta que vino Teuchi.
—Ramen con extra de picante para el caballero. —anunció Teuchi con una sonrisa en la cara. Se moría de ganas por saber la reacción del niño con el cabello rubio.
Bakugo primero lo olió y luego lo probó un poco. Miró a Teuchi defraudado y menos de 30 segundos se engulló todo el bol de ramen.
—¿A esto lo llamas picante, abuelo? —dijo indignado Bakugo.
A Teuchi le creció una vena gigantesca en la frente.
—¡Ahora verás mocoso! ¿Quieres picante? ¡Yo te daré picante! —dijo dándose la vuelta y preparando otro bol, pero esta vez con sus ingredientes más picantes.
—Jeje, Teuchi, es un crío ... —dijo el Yondaime con una risa incómoda y una gota en la nuca.
—¡Nadie se mete con mi comida, Yondaime! ¡Me da igual que sea una mujer, un crío o un Kage! Hoy se le van a quitar las ganas a este renacuajo de pedir picante. —
Bakugo, apoyó sus manos en la nuca y se balanceó hacia atrás como si la cosa no fuera con él. Al cabo de 5 minutos se dio de nuevo la vuelta el chef, y apareció con otro bol de ramen. Pero este desprendía un olor, que sólo con el aroma se te resecaba la garganta y te hacían llorar los ojos.
—Estás a tiempo de dar marcha atrás, mocoso. —dijo de manera desafiante Teuchi a Bakugo. —Una retirada a tiempo es una victoria. —
—¿Ya has terminado de hablar, abuelo? Tengo hambre y me estás jodiendo la comida. —respondió de manera provocativa.
—Como quieras, chaval. —saco una jarra de agua de 2 litros. —Ten, la vas a necesitar.
Bakugo ignoró la sugerencia de Teuchi y se dispuso a comer el plato de ramen. Cuando llevaba algo más de la mitad se detuvo. Teuchi y Yondaime miraban a Bakugo con los ojos como platos.
—No está mal, abuelo. —dijo Bakugo, haciendo un gesto de aprobación.
—¡Es imposible! —dijo asustado Teuchi. —¡No eres humano!
—Al final te has apiadado del pobre chaval. A ver, déjame probarlo. A mí tampoco me disgusta los platos picantes. —dijo Minato. Le dio un sorbo grande al bol. Al instante su cara se tornó roja. —¡AAAAAA! ¡FI FEFUA! ¡FE FEMO! ¡FE FEMO! ¡AFUA!. —se bebió de un trago toda la jarra de agua.
(Por el ardor no ha podido pronunciar bien el Hokage, ha dicho exactamente ¡Mi lengua! ¡Me quemo! ¡Me quemo! ¡Agua!)
—Aún no había acabado el plato, viejo. Pídete el tuyo después. —dijo Bakugo recuperando el bol de ramen. Acto seguido se acabó lo que quedaba de ramen. Todo eso sin beber una gota de agua.
—¿Cómo sigues vivo? —preguntó en serio Minato después de pedir otra jarra de agua. —¡Esto es la cosa más impresionante que he presenciado en vida! ¡Y te lo dice alguien que ha estado en una guerra y ha visto a bestias gigantes!—dijo con sinceridad el Yondaime.
—Que quieres que te diga, viejo. —dijo Bakugo encogiéndose de hombros. —Me gusta la comida picante.—
