Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—Deberías no haberle salvado, es un desagradecido. —dijo el niño en bajito, pero no lo suficientemente bajito ya que lo escuchó Bakugo.
—¡Tú a callar, retrasado!—gritó Bakugo. El niño de pelo azabache intentó matar al rubio con la mirada.
—Jeje. —dijo con una sonrisa nerviosa y una gota en la nuca Itachi. —Y Bakugo, este es mi hermanito. Se llama Sasuke Uchiha.—
—Deja que me baje, niisan. —sugirió Sasuke, pero Itachi se negó a aceptar la petición de su hermano
—No quiero que te esfuerces, Sasuke. Tu tobillo podría ir a peor. —replicó Itachi. —Bakugo, ahora íbamos a casa a comer, ¿por qué no te vienes y comes con nosotros? Nuestra madre cocina muy bien—
Bakugo estaba en un pequeño dilema. Por un lado, no aguantaba al ojeroso, y menos aún al retrasado de su hermano. Pero por el otro lado, en el orfanato se comía peor que en el hospital. Al final el estómago ganó a la razón.
—Mmmm, está bien. ¡Pero que conste que no me haces un favor invitándome a comer, ojeroso! —recalcó el rubio. —¡Te lo hago yo a ti con mi presencia, que es infintamente más valiosa que una comida cualquiera!
—No me cabe la menor duda. —dijo Itachi.
—¡Noooo! ¿Por qué lo invitas? ¡Me ha insultado! —se quejó Sasuke susurrando en el oído a Itachi. En esta ocasión no le escuchó Bakugo
—Es su forma de ser. Pero en el fondo es buena persona. —razonó Itachi.
—Lo dudo... —murmulló Sasuke.
—¿Estáis hablando de mí? —preguntó Bakugo frunciendo el ceño.
Los hermanos Uchiha decidieron ignorar la pregunta y encabezaron la marcha hacia el barrio de los Uchiha. Unos minutos después, pasaron en frente de la comisaría de Konoha.
—Aquí es donde trabaka Otoosan (papá), ¿no es así? —señaló Sasuke a la comisaría con el símbolo del abanico de los Uchiha en ella. Itachi, que cargaba a sasuke, se detuvo
—¿Otoosan? —pensó, confundido Bakugo mirando dónde señalaba Sasuke.
—Sí. Es el cuartel general de fuerza policial de Konoha. —respondió Itachi.
—Siempre me ha llamado la atención una cosa. ¿Por qué el emblema de los Uchiha es también el símbolo de la policía?— preguntó Sasuke.
—Vaya, te has dado cuenta ... —pero cuando estaba por contestar a su hermano, Bakugo lo interrumpió.
—¡A mí me importa tres mierdas sí es el emblema de la policía o sí es el emblema de una licorería! ¡Hablad de estas mierdas cuando yo no esté, capullos! Es que manda huevos que precisamente el día que os acompaño tenga que ser el día que queráis contaros las historietas de vuestra familia. —
—¡Nadie te ha obligado a venir con nosotros, Bakugo! ¡Vete a tu casa y déjanos en paz a mí y a niisan!—
—Tienes suerte que no no me parece bien pegar a disminuídos psíquicos, retrasado. —dijo Bakugo con una vena en la frente del enfado.
—¡Pero si tienes pinta de ser un debilucho! Estoy seguro que no eres capaz ni a un aldeano. —replicó
—¡DEBILUCHO YO! —gritó Bakugo ofendido. —¡TE VAS A ENTERAR, CAPULLO!—
—Tranquilízate Bakugo. —dijo calmadamente Itachi. — Me da la impresión que no eres del tipo de personas que lucharía contra alguien herido. ¿Por qué no aplazáis la pelea cuando se recupere Sasuke?
—Tsk. —masculló Bakugo, cruzándose de brazos. —Es cierto lo que dices, no sería muy heroico de mi parte patear el culo a un lisiado.
—No tienes que preocuparte por mí, niisan. Solo necesito un brazo para derrotar a este brabucón. —dijo Sasuke.
Esta vez fue Bakugo el que trataba de matar con la mirada a Sasuke. Itachi vio complacido como Bakugo se quedó callado consiguiendo que se enfriara la disputa. Un rato después llegaron a la mansión del líder del clan Uchiha que era su padre, Fugaku Uchiha.
—Es muy tarde. ¿Qué estabais haciendo?. —preguntó Fugaku, cruzado de brazos y apoyado en la pared de la mansión. El líder del clan aún no se había percatado de la presencia del rubio ceniza.
—Estábamos entrenando, otoosan. —dijo avergonzado Sasuke por llegar tan tarde.
Bakugo prestó atención a la apariencia del desconocido adulto. Tenía el cabello castaño hasta el cuello y los ojos negros como sus hijos. Además llevaba el chaleco ninja de los jounin con el símbolo de la Policía Militar de Konoha, y una capa azul con triángulos blancos en la parte inferior. Se parecía en aspecto más a Itachi que a Sasuke.
El rubio ceniza frunció el ceño. No le daba buena espina a Bakugo el padre de los hermanos Uchiha, había algo en esa mirada que parecía ocultar un secreto terrible. Bakugo para calar a las personas podía a llegar a ser muy perspicaz.
—¿Eh? —por fin Fugaku se percató de Bakugo. —¿Qué haces aquí? Vete a casa antes de que le cuente a tus padres que estás merodeando en casas ajenas.
—Tsk. —el instinto de Bakugo le decía que no debía meterse con ese hombre, así que actuó con inteligencia y permaneció callado esperando el devenir de los acontencimientos.
—Le he invitado yo a comer. —dijo Itachi dejando a Sasuke en el suelo. —Y para tu información, no creo que le importe demasiado esa amenaza. Bakugo es huérfano. —
El rictus del líder no se inmutó ni un poco a pesar de saber que ese niño era huérfano.
—¿Por qué le has invitado, Itachi? —inquirió Fugaku curioso.
Mientras tanto, Sasuke miraba alternando a su hermano y a Fugaku, con algo de preocupación. Temía que volvieran a discutir. Últimamente discutían muy a menudo. Sobre todo desde que se unió a las fuerzas especiales ANBU. Por otro lado, Bakugo seguía concentrado en Fugaku a ver si conseguía una pista de ese secreto que escondía su mirada.
—Porque me cae bien. —dijo Itachi encogiéndose de hombros.
—¿Ein? —Bakugo dejó de observar a Fugaku para prestar atención a Itachi. No se esperaba esa respuesta del ojeroso.
—¿Por qué te cae bien? —dijo en tono irónico Fugaku. —¡Qué clase de respuesta es esa! —dijo elevando el tono. —Él no es un Uchiha. ¡No puede estar aquí ...! —
Itachi le desafió con la mirada. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Por suerte, no duró mucho ya que entró una señora al cuarto.
—Vamos, cariño. Deja que se quede el niño. Es muy raro ver a Itachi trayendo a amigos. —dijo la señora con una sonrisa angelical.
—¿Amigos? Tampoco nos pasemos, señora. —dijo Bakugo con las manos en los bolsillos. La sonrisa de la señora se ensanchó ante la divertida contestación del chico.
—No nos hemos presentado. Ya conoces a mis hijos, Sasuke e Itachi. Este cascarrabias ... —dijo abrazando a Fugaku del brazo. — ... es mi marido y líder del clan, Fugaku Uchiha. Y yo soy Mikoto Uchiha. ¿Y tú eres ...?—
A diferencia de Fugaku, su esposa parecía la bondad personificada. Bakugo, en ese instante, pensó que si una persona tan buena estaba casada con Fugaku, quizá el secreto que escondía no era tan terrible. Quizás se equivocaba en su percepción. Era raro que se equivocara, pero no sería la primera vez. Así que el joven rubio ceniza dejó de estar a la defensiva. Al menos delante de la madre.
—Katsuki Bakugo. —contestó Bakugo, con rubor en las mejillas.
A diferencia del resto de presentaciones, esta vez a Bakugo le tembló la voz. No hay que olvidar que en aunque poseía el cuerpo de un niño de 6 años, su mente era la de un adolescente repleto de hormonas de 16 años. Para Bakugo, Mikoto era bastante atractiva. La última vez que sintió algo similar fue con Cara Redonda en su mundo original.
—Katsuki. Que nombre tan bonito ... —dijo Mikoto acercándose a Bakugo, y revolviéndole su cabello color rubio ceniza. Eso solo consiguió que Bakugo enrojeciera aún más.
—Madre, a Bakugo no le gusta que le llamen por su nombre de pila. —dijo Itachi.
—¿A no? Con lo bonito que es. .. —dijo Mikoto con pesar.
—¡No es cierto! —dijo Bakugo con toda la fuerza de voluntad que tenía para no tartamudear. —Dije que tú no podías llamarme así, ojeroso. Bueno, el enano y el viejo tampoco me pueden llamar así. Pero tú madre me puede llamar como quiera. —dijo esto último mirando al suelo avergonzado.
—¡Ay que mono eres, Katsuki! —Mikoto se agachó y abrazó a Bakugo con fuerza como una madre haría. Bakugo, entre lo agradable que era Mikoto y que echaba en falta a su madre Mitsuki, devolvió el abrazo
Sasuke entrecerró los ojos mirando la escena con celos. No le caía bien al pequeño Sasuke el rubio ceniza. Meno aún cuando, éste último, al sentir la mirada de Sasuke, le dedicó una peineta al moreno sin que lo viera la madre.
