Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Después del primer encuentro con la familia Uchiha, Bakugo pasó muchas tardes en la casa de los Uchiha. Él sólo quería estar con Mikoto y al ser ama de casa, sabía que cuando pasara por la casa estaría por allí. Que estuvieran el viejo, el enano o el ojeroso le importaba tres mierdas al rubio ceniza.

Con el tiempo dejó de ver a Mikoto como una mujer atractiva, para verla como una sustituta de su madre. No le gustaba reconocerlo, pero echaba de menos a sus padres, sobretodo a su madre. La presencia de Mikoto en su vida hacía de su vida menos miserable de lo que era. Añoraba a sus compañeros, incluso al inútil de Deku. Y para colmo, sin villanos no podía ser un héroe, le habían quitado su razón de ser. Mikoto se había convertido en el pilar que sostenía su vida. Sin ella y su bondad ... No quería ni pensar en aquella.

Una de las muchas tardes en las que Bakugo las pasaba en la mansión Uchiha, Sasuke regresó del entrenamiento completamente abatido.

—Este chico... —dijo Mikoto negando con la cabeza. —Deberías aprovechar las tardes que no tienes clases para descansar. No tienes por qué esforzarte tanto, Sasuke.

—Pero Itachi pasó todos los cursos de la escuela en un sólo año. Siento que cada día que pasa estoy más lejos de él. —dijo Sasuke con amargura a su madre.

—No le des tantas vueltas a la cabeza, enano. Seguro que ojeroso hizo trampas y por eso lo consiguió así de rápidos. Parece un empanado, pero el cabrón es más listo de lo que aparenta. Igual chantajeó a sus profesores. —meditó Bakugo. Mikoto acostumbrada a la mala boca de su casi hijo adoptivo no le reprendió.

—¡Itachi no hizo trampas! ¡Tú no le conoces! —exclamó sSasuke alzando la voz.

—No te enfades con Bakugo, Sasuke. Ya sabes como es Bakugo. —dijo Mikoto zarandeando al rubio cariñosamente.

—Encima que intentaba animarte, enano. —replicó Bakugo.

—Sasuke tienes que saber que eran otros tiempos. Acabábamos de salir de la guerra y la villa necesitaba urgentemente a más ninjas capaces de defender Konoha en caso de ataque. —explicó Mikoto. —Además, Itachi siempre ha sido especial.

Bakugo se tensó ante esto último. No le gustaba escuchar de boca de Mikoto que Itachi era especial. Sentía celos.

—Yo también soy especial, Mikoto. —dijo con altanería el rubio. Era el único nombre que merecía la pena ser recordado de Konoha.

—Claro que lo eres, Katsuki. —dijo Mikoto sonriéndole y revolviéndole el cabello. Cada vez que Mikoto le revolvía el cabello, Bakugo sentía una felicidad inmensa.

—Sí, claaaaro que lo eres. —dijo Sasuke con sarcasmo rodando los ojos.

—No me gusta el tonito que has usado, enano. —dijo Bakugo frunciendo el ceño. —¿No crees que soy especial?

—No lo creo, lo sé. —replicó Sasuke.

—Tienes suerte que tu madre está aquí, enano. —dijo de forma intimidante Bakugo.

—Siempre tienes alguna excusa para no demostrar lo que dices. Eres solo palabras. —

—Grrrrr. —gruñó Bakugo. —No puedo usar mi poder contra críos como tú, sino estarías arrepintiéndote ahora mismo. —

—Está bien. ¿Por qué no nos enseñas a tu poder, Bakugo? No hace falta que sea peleándote contra mí. Puedes mostrarlo contra un árbol. —desafió Sasuke.

—Me encantaría verte en acción, Katsuki. —dijo entusiasmada Mikoto dando una palmada.

—Mmmm. —reflexionó Bakugo mesándose la barbilla. —Es una buena idea. No eres tan tonto como creía, enano. Vamos, acompañadme. Vais a ser testigos directos de mi asombroso poder.—

Se fueron los tres al campo de entrenamiento donde solía entrenar Sasuke a solas.

—Mikoto, da un paso atrás. No quiero lastimarte. —dijo Bakugo ignorando el bienestar de Sasuke.

Mikoto, cogió a Sasuke del hombro y dieron unos pasos hacia atrás. Miraba al rubio expectantes. El más curioso de los dos era Sasuke. ¿Y si en verdad Bakugo era alguien tan fuerte como su hermano? Tragó saliva de los nervios que sentía.

Bakugo extendió ambos brazos hacia delante. Empezaba a realizar su secuencia para realizar una gran explosión como la que realizó contra Cara Redonda en el festival. Primero concentrar el sudor de su cuerpo en la palma de sus manos, hecho. Segundo, segregar de su sudor nitroglicerina. Tercero, activar la explosión a su antojo ... Un momento, Bakugo tenía problemas con el paso segundo. ¡No podía crear nitroglicerina!

—¿Qué demonios... ? —pensó Bakugo aterrado. —¿Soy un quirkless (sin poderes) como Deku antes de lo de All Might?—

A decir verdad, desde que llegó a este extraño mundo, Bakugo aún no había intentado usar su poder. Era parte de su ser, así que nunca se le ocurrió que no pudiera seguir usándolo. Además, lo seguía sintiendo en sus células. ¿Por qué podía concentrar el sudor, pero no crear nitroglicerina? Recordó que en los últimos momentos en su mundo, ya con el cuerpo empequeñecido, usó su poder contra la villana pelirroja. No resultó una gran explosión, pero sí que chamuscó a la villana.

Por tanto, el problema no era su nuevo cuerpo. El problema era su nuevo mundo.

—No tenemos todo el día, Bakugo. —dijo Sasuke, impaciente.

—Enano, necesito hablar con el ojeroso urgentemente. —dijo Bakugo volteándose, y yendo en dirección a Sasuke. —Ya os mostraré otro día cuan especial soy. —

—Ya sabía que Bakugo era perro ladrador, poco mordedor. —pensó Sasuke, satisfecho de ser más poderoso al rubio.

—Sí, claro otro día —dijo en tono irónico Sasuke. —¿Y para qué quieres ver a Itachi? —preguntó Sasuke arqueando una ceja.

—Es complicado de explicar. —contestó Bakugo evadiendo el tema. —¿Sabes dónde está ojeroso o no?

—Está hablando con mi marido en la comisaría, pero no creo que a mi marido le haga ... —Bakugo no siguió escuchando a Mikoto y se fue corriendo al cuartel general de la policía de Konoha.

Durante el trayecto hacia la comisaría, Bakugo le iba dando vueltas a la cabeza lo de su poder. Lo que hacía que los ninjas en este mundo tuvieran esas técnicas tan asombrosas como el teletransporte del cuarto debía ser lo que le faltaba para activar su poder. Tenía que descubrir que le faltaba, y no conocía mejor persona que pudiera resolver ese misterio que el niño que a los 11 años se convirtió en un ninja de las fuerzas especiales de la Aldea Oculta de la Hoja.

Al ver la puerta de la comisaría, su corazón empezó a latir con más fuerza. Entró sin pedir permiso recibiendo malas caras de los policías del interior. Subió las escaleras con un par de policías persiguiéndole y ordenándole que se detuviera. Abrió la puerta del despacho y ahí encontró el que podía ser su salvador, como ya lo fue al llevarlo al hospital el primer día de su nuevo mundo. Dentro del despacho estaban Fugaku, Itachi y un joven de unos 18 años y de metro setenta de altura con el pelo oscuro y corto. Instantes después entraron también los dos policías que perseguían a Bakugo.

—Jefe, sentimos la interrupción. Pero ese niño corre más de lo que parece. —dijo el policía jadeando y yendo a por Bakugo.

—¡Ni se te ocurra tocarme, capullo! —dijo Bakugo, preparándose para pelear si era necesario.

—Podéis retiraros. Yo me encargo de este asunto¿Qué haces aquí, Bakugo? —preguntó Fugaku enfadado. No sentía mucho apego por el rubio, pero sabía que su esposa adoraba al pequeño, así que no podía ser muy duro con él.

—He venido a hablar con el ojeroso de algo muy importante. —contestó Bakugo mirando a Itachi.

—¿De algo muy importante conmigo? Me tienes intrigado, Bakugo. —dijo Itachi.

—¿Conoces a este niño, Itachi? —preguntó el joven que no había visto nunca Bakugo.

—Es un amigo de la familia, Shisui. Se llama Katsuki Bakugo. —Bakugo no le corrigió ya que no quería perder el tiempo discutiendo. Necesitaba resolver este problema cuanto antes.

—Vámonos a un lugar más tranquilo. —ordenó Bakugo y cogiendo a Itachi del brazo, no esperando un no por respuesta.

—Bakugo, ahora mismo estoy muy ocupado luego lo hablamos.

—Lo mío es más importante. ¡Es un asunto de vida o muerte! Deja que el viejo y el otro se ocupen. —

—Ve. —dijo Fugaku. —No quiero que tu madre me riña por ignorar al niño. Mañana seguiremos donde lo dejamos—

Se fueron ambos de la comisaría y pasaron cerca del río Nakano. Bakugo viendo que ya estaban lo suficiente alejados y aislados se detuvo.

—¿Qué era eso tan urgente de vida o muerte, Bakugo?—preguntó Itachi.