Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Después de su charla con Itachi, Bakugo fue directo al orfanato a comenzar con la meditación que le había propuesto el moreno Uchiha.

—Van a alucinar todos cuando vean que soy un experto del chatra en menos de 1 semana. ¿1 semana? ¡Qué modesto soy! ¡En menos de 1 día! Mmmm, ¿un momento se decía chatra? Bahh, dominaré la como se llame la mierda esa en menos de un día. —pensó Bakugo con una sonrisa arrogante.

Sin embargo, las cosas no fueron como había planeado Bakugo. Un día pasó ... sin progresos. Una semana. Un mes. Y nada de nada. Harto de no progresar nada, un Bakugo enfurecido fue a encarar a Itachi para exigir explicaciones. Al no encontrarlo en su mansión, recorrió toda la aldea hasta que lo vio cerca del río Nakano charlando con su amigo Shisui.

—¡OJEROSO! —gritó Bakugo echando humo por las orejas. —¡ERES UN CABRÓN MENTIROSO! ¡ESTÁS MUERTO!—

—¿Qué sucede ahora, Bakugo? —preguntó Itachi, calmado ya que estaba acostumbrado a los ataques de ira del rubio. Su amigo Shisui sonrió divertido, solo había visto a Bakugo antes una vez en la comisaría. Le parecía todo un personaje.

—¿Que qué sucede? ¿Me preguntas que qué sucede? ¡Pues resulta que lo de la meditación no sirve para una mierda! ¡Así que dime el truco para controlar el chatra! ¡Y no me vuelvas a soltar la mierda de la meditación, o sino te mataré!—amenazó el rubio.

—Chakra. —corrigió Shisui.

—Lo que sea. ¡Y nadie ha pedido tu opinión, subnormal! —exclamó Bakugo al amigo de Itachi. Shisui se tapó la boca aguantando la risa para no aumentar la ira del niño rubio ceniza.

—Bakugo, ya te lo dije. Los no nacidos de ninja tardan, en el mejor casos, años para adquirir la habilidad de manipular chakra. No hay trucos ni atajos. Si tienes tantas ganas de aprender a controlar chakra ... ¿por qué no vas a la academia ninja? Ahí te lo explicaran mejor que yo todo el proceso. —razonó Itachi.

—¡Ya te dije que no quiero ser un ninja! —dijo elevando la voz Bakugo. —¡Eso es para perdedores como vosotros!—

—Pues solo te queda meditar... —dijo Itachi. Bakugo apretó fuertemente los puños de la rabia que sentía. ¡Otra vez con lo de la meditación!

—¡GRACIAS POR NADA, OJEROSO! —gritó Bakugo dándose la vuelta.

—Tu pequeño amigo es muy divertido, Itachi. —dijo Shisui en voz baja, pero lo escuchó Bakugo.

—¡VETE A TOMAR POR CULO Y MUÉRETE DE UNA VEZ, SUBNORMAL! —chilló Bakugo a Shisui, dándose la vuelta por última vez antes de irse de nuevo a su orfanato.

—Sí que lo es. —dijo Itachi con una pequeña sonrisa.

De vuelta en el orfanato, Bakugo daba vueltas a su cuarto enfurecido, casi subiéndose a las paredes por la frustración.

—No me voy a rendir por solo un mes de fracaso, voy a aprender el chakra cueste lo que cueste y demostraré a Mikoto lo alucinante que soy, y de paso patearé el culo al ojeroso y al imbécil de su amigo. —pensó Bakugo, recuperando los ánimos.

Pero poco a poco, los ánimos iban a menos a medida que los días pasaban y seguía sin poder segregar nitroglicerina a través de su sudor. Aún acudía a la mansión de los Uchiha, pero lo hacían con menor frecuencia por la vergüenza que sentía. Tenía un gran complejo de inferioridad con respecto a Itachi, e incluso con respecto a Sasuke. Mikoto tenía dos hijos que eran unos genios, y él no podía utilizar su poder porque era incapaz de moldear chakra.

Una tarde, en la mansión Uchiha, Bakugo y Mikoto estaban jugando a shogi. El rubio ceniza estaba de mejor humor ya que había mejorado en el shogi y ya era capaz de ganarle más de la mitad de las veces a Mikoto. Además, ese día estaba en racha. Llevaba 3 victorias de 3 partidas jugadas.

—Katsuki, has mejorado mucho. —dijo Mikoto con una sonrisa afectiva.—. Eso me pone contenta, significa que estás creciendo. Pero también significa que dentro de poco ya no podré ganarte y no querrás jugar conmigo. —dijo haciendo pucheros.

—¡Eso nunca pasará, Mikoto! —contestó Bakugo, molesto porque pensara eso. —No eres tan alucinante como yo, pero no te quedas muy atrás.—

Unos minutos después, en medio de su cuarta partida, apareció Sasuke corriendo por el salón con un papel y con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Mira kaasan (madre)! ¡Son las notas del primer semestre!—explicó Sasuke dándole el papel a su madre. —¡He quedado el primero de la clase en todas las asignaturas! ¡He superado incluso a Naruto, el hijo del Hokage! ¿Estás contenta, kaasan?

—¡Por supuesto que sí, hijo mío! —contestó Mikoto dándole un abrazo a su hijo. —No esperaba menos de un hijo mío.—

La escena fue un duro golpe para Bakugo. Sin decir nada, se levantó y fue camino a la salida.

—Katsuki. Aún no hemos acabado, si te retiras ahora habré ganado yo. Jijiji. —bromeó Mikoto. Viendo que Bakugo no decía nada y seguía caminando a la salida le miró con preocupación. —¡Quiero la revancha mañana, Katsuki!—

Bakugo la ignoró de nuevo y salió de la mansión con las manos en los bolsillos. No recorrió ni 100 metros cuando fue interceptado por el niño de cabello color azabache.

—¿Por qué no te has despedido de kaasan, Bakugo? ¡Has sido un maleducado con ella! —exclamó Sasuke.

—Apártate de mi camino si no quieres morir. —dijo Bakugo entrecerrando los ojos. Sasuke sonrió acostumbrado a las amenazas vacías del rubio ceniza. —¿No me crees? Aaaa ya claro. ¡El inútil de Bakugo que es incapaz de usar el chakra es solo palabras! ¡Eso es lo que piensas! ¿A que sí? —Lágrimas amenazaban con salir del rubio ceniza. Sasuke no contestó, perplejo ante esta nueva faceta de Bakugo. Nunca lo había visto así de frágil. —¡Deja de mirarme por encima del hombro, enano! —

—Bakugo yo no te miro por encima del hombro. —y era verdad para Sasuke. Al principio estaba celoso de él, pero ahora lo consideraba como un amigo de la familia.

—¡Estoy harto de ti! ¡De ti, de tu estúpido hermano y de tu estúpida familia! —Sasuke reaccionó como un resorte y le dio un fuerte puñetazo a Bakugo que le hizo retroceder un par de pasos.

—¡Retira lo que acabas de decir, Bakugo! ...ordenó Sasuke, cabreado.

—¡Oblígame, enano! —le contestó Bakugo.

El rubio ceniza trató de devolverle el golpe, pero Sasuke lo esquivó con facilidad y le propinó una fuerte patada en el estómago a Bakugo. Esto hizo que se sujetara la tripa por el dolor. A pesar que SAsuke solo tenía 6 años y medio, esa patada le dolió más que las que le dieron los matones de 13 años hace medio año. Y es que Sasuke, a diferencia de los matones, era un aprendiz de ninja con mucho entrenamiento de combate.

—¡Discúlpate, Bakugo! —volvió a ordenar Sasuke.

—¡Yo nunca pido perdón, Uchiha! —dijo Bakugo, esto último de manera despectiva.

Sasuke notó el desprecio y se abalanzó sobre el rubio. Sucesiones de golpes del moreno eran detenidos a duras penas por el rubio ceniza. Físicamente era superior Bakugo, pero el uso del chakra hacía inclinar la balanza hacia el lado de Sasuke. Gracias a ello, el miembro del clan Uchiha se movía más rápido y se cansaba menos que el héroe. Por tanto, solo era cuestión de tiempo que las frágiles defensas de Bakugo cayeran ante el hostigamiento de Sasuke. Y así fue, al cabo de unos minutos Bakugo cayó al suelo ya incapaz de levantarse por la fatiga.

Sasuke, viendo a Bakugo tan magullado y cansado, se apiadó del rubio y le tendió la mano para ayudarle a levantarse. Inmediatamente, el recuerdo de la infancia de Deku haciendo el mismo gesto le vino a la mente. Los dientes le chirriaban por la frustración que sentía. Con las pocas fuerzas que le quedaban, le dio un manotazo a la mano de Sasuke y se levantó por su propio pie.

—¡No te permito que sientas lástima por mí, enano! —gritó Bakugo con la voz entrecortada por la mezcla de ira, frustración y tristeza que sentía. —¡Yo soy el que debería sentir lástima por ti! ¡YO! ¡NO TÚ! ¿ME OYES? ¡Yo era lo más asombroso del mundo hasta que vine hasta esta mierda de aldea! ¡No es justo! —Bakugo se dio la vuelta para que Sasuke no viera sus lágrimas

—Bakugo ... —Sasuke no sabía que decir.

—No quiero saber nada de tu familia nunca más. —dijo Bakugo limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.

—¡No digas eso, kaasan se pondrá muy triste si le digo eso! —dijo Sasuke, no queriendo reconocer que a él también le apenaría.

—¡Ella no es mi madre! ¡Yo ya tengo madre! —Bakugo se quedó un rato callado recordando a su madre. —O tenía ... —dijo esto último mirando al suelo con gran pesar.

—Pero... —dijo Sasuke sin saber como continuar la oración.

—¡Ni el ojeroso ni tú sois mis hermanos tampoco! ¡No estoy cómodo aquí! ¡Somos de mundos diferentes! —dijo Bakugo esforzándose para no derramar más lágrimas. —Adiós, Sasuke. —después de decir eso se marchó a paso lento, por la fatiga del combate, hacia el orfanato.

Sasuke se quedó unos minutos parado en el sitio por el shock. Era la primera vez que le oía decir su nombre. A pesar de sus peleas y de sus celos por el afecto de Mikoto, Bakugo era lo más cercano a un amigo que había tenido en su vida. Era el día más triste en la corta vida del pequeño Sasuke. Lo que no sabía Sasuke es que el dolor que sentía ahora mismo, no se acercaría ni remotamente a lo que sufriría dentro de año y medio .