Antes de empezar con este capítulo quiero puntualizar un par de cosas. Algunas ya las he dicho, pero por si no habéis presitado atención lo volveré a poner en este capítulo.
1-En este capítulo se introduce a Naruto. Ya comenté en capítulos pasados que su padre (Minato) está vivo y vive con él. Su madre está muerta. No tiene a Kyubi, y por tanto no tiene los bigotes característicos de su cara. Sin embargo el resto de su aspecto es igual, viste de naranja a pesar de lo llamativo que es para un ninja, y es muy extrovertido.
2-El clan Aburame no existe, como dije también antes. Por tanto, Shino Aburame no existe. Al introducir a Bakugo, habrían 10 personajes principales en la clase. Así que decidí eliminar al tipo que menos juego me da en mi fic porque, básicamente, apenas habla.
3-En este capítulo, todos tienen 8 años casi recién cumplidos. No he querido mirar fechas de cumpleaños porque no me parece importante y me da pereza ver si se sacan 6 meses o 1 mes. Así que pensad en que sus madres se pusieron de acuerdo aprovechando que había paz, y quedaron embarazadas casi a la vez. En conclusión, el mayor de la clase en mi fic no es ni siquiera un mes mayor.
4-Ya llevan 2 años en la academia los niños (de los 6-7 años y de los 7-8). Actualmente están empezando el tercer año de academia, salvo Bakugo que será su primero. Bakugo va a estar en la academia 4 años (de los 8-12 años) y el resto 6 años (de los 6-12 años).
5-Quinto y último punto. Ningún niño de la clase sabe lo que ha ocurrido con el clan Uchiha. A sus padres no les pareció un tema de conversación que sacar a sus hijos.
Pues ya con esto empezamos con el capítulo.
Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Bakugo entró por primera vez, a lo que a partir de ahora y en los siguientes 4 años iba a ser como su segundo hogar, a la clase que impartía el profesor Iruka Umuno. El rubio ceniza estaba de pie con las manos en los bolsillo, junto al atril del profesor. En la clase había 26 niños y, salvo alguna excepción, todos estaban hablando en voz alta, casi a gritos, con sus grupitos de amigos ignorando al profesor Iruka, que llevaba pidiendo silencio más de un minuto.
—Niños, niños. ¿Podéis prestarme atención un segundo? —suplicó Iruka gesticulando con las manos. A Iruka se le empezó a hinchar la vena en la frente del cabre, viendo que nuevamente no le hacían ni caso. —¡CALLAOS DE UNA VEZ! —gritó a todo pulmón.
El chillido consiguió el efecto deseado por Iruka. Todos se callaron de inmediato. Por fin repararon en la presencia de Bakugo. Hubo cuchicheos por parte de los niños, preguntando si alguien conocía al rubio que estaba de pie junto a Iruka-sensei. El único que lo conocía era Sasuke, que se mantenía callando observando atentamente todos los movimientos de Bakugo.
—Querido alumnos, os presento a vuestro nuevo compañero de clase, Katsuki Bakugo. —anunció Iruka. —¿Quieres decir algo para que te conozcan mejor, Katsuki?—
—Tsk. —masculló Bakugo. —Si valoráis vuestra, más os vale no llamarme por mi nombre de pila. Eso te incluye a ti, mister cicatriz. —dijo Bakugo desafiando a Iruka.
—Otro alumno problemático. —pensó Iruka, apareciéndole una gota en la nuca.
—¿Algo más que quieras decir? —dijo Iruka con una sonrisa nerviosa.
—Juro... —todos los niños lo miraban expectantes, sobretodo Sasuke. —... que seré el Quinto Maestro Hokage. —finalizó así su discurso Bakugo
El corazón de Sasuke y el de un niño rubio, que se parecía al Yondaime, dieron un vuelco antes las palabras de Bakugo.
—¡Ey Naruto! ¡Ese chico es como tú! ¡También quiere ser el Godaime! —susurró un niño gordo al oído del niño rubio.
—¡Aquí el único que va a ser el Godaime soy yo, dattebayo (vaya que sí)!—gritó Naruto en respuesta a la declaración de intenciones de Bakugo.
—¿Dattebayo? —arqueó una ceja Bakugo, confundido. —¡Espero por tu bien que no me hayas insultado, bombona de butano! —dijo esto último en alusión a la ropa naranja que llevaba Naruto.
—¡Bakugo, siéntate en ese hueco libre y deja de causar problemas! —ordenó Iruka señalando un sitio al fondo de la clase en una esquina.
—Tsk. —masculló Bakugo, pero aún así obedeció sin rechistar.
Durante su trayecto del atril del profesor a su asiento, multitud de cuchicheos revolotearon por toda la clase.
—¿Creéis que será más fuerte que Naruto y Sasuke?—
—Naaa. Imposible.—
—Esos ojos rojos ... me dan mucho miedo. —
—Quiero ver cuan fuerte es...—
—Mañana lo veremos en acción. —
Bakugo decidió no prestar atención a los comentarios de sus nuevos compañeros. Aún con las manos en los bolsillos, llegó a su sitio y puso sus pies encima de la mesa tal y como era común en él en su época de colegio en Musutafu.
Su sitio daba con la pared en su parte derecha, a la izquierda tenía una niña con el pelo corto, con dos largos mechones y el flequillo recto, azul oscuro y la piel blanca. Pero lo más característico de su apariencia eran sus ojos. Su iris oscilaba en una tonalidad entre el blanco y el violeta y no tenía pupila.
Bakugo, con el rabillo del ojo, le echó una mirada a su compañera de clase. Ésta al sentirse observada miró a su mesa y empezó a jugar con sus dedos, estaba increíblemente nerviosa.
—Bienvenido Bakugo-kun ...—tartamudeó la niña. —Yo me llamo Hinata Hyuga.—
—¿Y a mí que más me da como te llames, ojos raros?—dijo Bakugo sin voltear la cabeza. Su atención estaba en el rubio que alzó la voz contra él y en Sasuke, que estaban sentados en las filas de delante.
—¿Ojos raros? —pensó Hinata apenada, y roja de la vergüenza.
—Yo ... ummm ... lo siento ... Bakugo-kun—tartamudeó Hinata.
—¿Y ahora por qué pides perdón, ojos raros?—preguntó Bakugo, molesto por la debilidad de la niña.
—Yo ... esto ... Lo ...—Hinata iba a volver a decir lo siento, pero se calló no queriendo cabrear más al rubio ceniza.
El primer día de clase de Bakugo no fue muy distinto a uno cualquiera de su antiguo mundo. Matemáticas, ciencias, historia, escritura ... Todo muy normal salvo por el hecho que esas asignaturas estaban aplicadas específicamente al mundo shinobi. Así que nuestro pequeño protagonista, a pesar de lo inteligente que era, estaba más perdido que un pulpo en un garaje. No lo mostró durante la clase, ya que su orgullo le impedía hacer preguntas que le serían útiles por no quedar como un estúpido.
—Bueno, con esto la clase ha acabado. Podéis iros a casa. —los niños recogieron de prisa sus cosas y hablaron a gritos entre ellos. —¡Recordad que mañana tendremos clases prácticas de Ninjutsu y Genjutsu! —gritó Iruka para hacerse oír, ya que los alumnos estaban pensando en que podían jugar durante la tarde.
—Genjutsu ... Ninjustu ... —pensó Bakugo arqueando una ceja. —¿Qué cojones significará eso?—
No le dio más vueltas y se levantó de su pupitre, ya lo descubriría mañana. Él y Sasuke fueron los últimos en marcharse del aula. Bakugo, viendo que era una oportunidad perfecta para charlar a solas con el Uchiha, se acercó al pelinegro.
—Sasu ...—trató de iniciar la conversación Bakugo, pero Sasuke le golpeó con el hombro y pasó de largo.
—Ignórame, perdedor. —dijo Sasuke secamente. —Olvídate que alguna vez llegamos a ser algo más que conocidos. Si es cierto que quieres ser el Hokage, no te puedes permitir perder el tiempo hablando conmigo con el bajo nivel que tienes. Al igual que yo tampoco puedo perder el tiempo con perdedores como tú si quiero conseguir mi objetivo. Céntrate en tu camino y yo me centraré en el mío.—
Sasujke se marchó de la clase sin decir nada más, Bakugo optó por no detenerle, ya que las palabras de Sasuke, aunque duras, eran ciertas. De todas formas, nunca le cayó bien a Bakugo el pelinegro. Su único vínculo con él era Mikoto, y la culpabilidad que sentía por no haber podido hacer nada contra Itachi. Sería mejor seguir el consejo de Sasuke, cada uno por su camino y no forzar una conversación incómoda.
Ya fuera del recinto de la academia, Bakugo vio como Naruto le esperaba con los brazos en cruz.
—¿Qué quieres, bombona de butano?—preguntó Bakugo, molesto con Naruto porque aún no sabía lo que significaba dattebayo.
—Otoosan me ha hablado mucho de ti, Bakugo. —dijo Naruto estudiando la reacción del rubio ceniza. —Es el Yondaime. —aclaró Naruto al ver la confusión en la cara de Bakugo.
Bakugo no entendía muchas palabras que se usaban en este mundo (las japonesas). Sin embargo, algunas, de tanto oírlas, sí que las conocía, como por ejemplo otoosan, okaasan, konoha, Hokage o Yondaime. Así que entendió que este niño era el hijo de Minato Namikaze, el cuarto Maestro Hokage.
—¿Así que eres el hijo del viejo, eh?—dijo Bakugo entrecerranjo los ojos.
—Mañana, en clase, demostraré que el único que va a convertirse en el suceso de otoosan soy yo, dattebayo. —afirmó Naruto con convicción.
—Ja. —sonrió con soberbia Bakugo—No le vengas a llorar al viejo cuando te machaque en clase, bombona de butano. —
Pasó de largo de Naruto y fue camino al área de entrenamiento donde venía practicando la última semana después de pedir al Hokage que le inscribiera en la academia.
—Pero eso será mañana, ahora tenemos que divertirnos, dattebayo. —dijo Naruto con una sonrisa sincera. —¿Quieres jugar con Choji, Kiba, Shikamaru y conmigo? —
—Que te den, bombona de butano. —dijo Bakugo con los ojos cerrados y con las manos en los bolsillos sin ni siquiera girarse. —¡Y de paso cuando vayas a tu casa le dices al viejo que le den a él también!—gritó para que le oyera porque cada vez se alejaba más y más de Naruto.
Naruto a lo lejos hacía aspavientos e insultaba a Bakugo, pero estaba ya tan lejos del rubio ceniza que éste no le pudo escuchar.
